EL CONFIDENCIAL | elconfidencial.com | 09/05/2026
Intervenir de forma
constante ante cualquier dificultad impide que el cerebro infantil aprenda a
gestionar el miedo, la frustración y la toma de decisiones
Un niño intenta atarse los cordones, se frustra, duda… y antes de que pueda intentarlo de nuevo, un adulto se adelanta y lo hace por él. La escena es cotidiana y nada del otro mundo, pero para la psicóloga Marian Rojas Estapé encierra una enseñanza clave sobre cómo se forma el cerebro infantil y, a largo plazo, la personalidad adulta.
La experta
explica que cada vez que un niño se enfrenta a un reto, por pequeño que sea, su
cerebro entra en acción. Por un lado se activa la amígdala, la zona encargada de detectar el peligro y generar miedo. Al
mismo tiempo, entra en juego la corteza prefrontal, que analiza la situación,
busca soluciones y ayuda a tomar decisiones. Es ese diálogo interno el que permite
avanzar pese a la inseguridad inicial.
El problema
está en que el adulto interrumpa constantemente ese proceso. “Si el padre le
soluciona todos los problemas a un niño, está
bloqueando su corteza prefrontal”, señala Rojas Estapé. En lugar de
aprender a pensar alternativas, el menor recibe el mensaje de que no puede solo
y de que el miedo manda. Así, la amígdala se refuerza, mientras la parte
racional del cerebro apenas se entrena.
Con el tiempo,
ese desequilibrio deja huella. Niños sobreprotegidos pueden convertirse en
adultos con dificultades para tomar decisiones, con temor al error o con una
gran dependencia emocional. No porque
carezcan de talento o inteligencia, sino porque nunca
aprendieron a tolerar la incomodidad ni a confiar en su capacidad
para resolver problemas.
La psicóloga insiste en que educar no es eliminar los
obstáculos del camino, sino enseñar a transitarlos. Acompañar al niño, observar
desde cerca y ofrecer apoyo cuando lo necesita no implica resolverle
cada dificultad. De hecho, permitir que se equivoque y que experimente
frustración moderada es una forma de fortalecer su cerebro y su autoestima.
En una sociedad cada vez más orientada a la inmediatez y al confort, el mensaje de Rojas Estapé invita a parar y reflexionar. Proteger no siempre es ayudar. A veces, el mayor regalo para un niño es dejarle pensar, intentar y descubrir que puede enfrentarse a los retos de la vida por sí mismo.
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