martes, 14 de julio de 2026

Boris Cyrulnik, padre de la resiliencia: "Necesitamos héroes porque en sus luchas reconocemos las nuestras; en sus caídas, nuestros tropiezos; y en su renacimiento, la esperanza de poder cambiar"

 PABLO CUBÍ DEL AMO     |     cuerpomente.com     |     08/06/2026

El niño que llevamos dentro sigue admirándose en sus héroes. O puede encontrar otros nuevos y que van a ser importantes. El maestro de la resiliencia Boris Cyrulnik nos enseña que la esperanza puede estar en una película o en una biografía.

Los seres humanos no solo admiramos a otras personas por lo que hacen, sino por lo que nos permiten imaginar de nosotros mismos. Un niño que se engancha a Spider-Man, una adolescente que admira a una deportista que salió de un barrio difícil o un adulto que encuentra consuelo en la biografía de alguien que tocó fondo y volvió a levantarse tienen algo en común.

Todos ellos están haciendo algo más que entretenerse. Están ensayando posibilidades de vida. El profesor Albert Bandura lo explicó desde la teoría del aprendizaje social. No aprendemos únicamente por experiencia directa, también mirando a otros.

Así, la figura que admiramos nos hace de guía emocional. Nos muestra que hay una salida a las dificultades. “La mayor parte de la conducta humana se aprende observacionalmente mediante modelos”, confirma Bandura.

Los héroes a los que admiramos

Otro de los que ha abordado esta figura del modelo es Boris Cyrulnik, neuropsiquiatra, y padre del concepto de resiliencia. Antes de ser el pensador que popularizó la idea de reconstruirse tras un trauma, fue un niño marcado por la Segunda Guerra Mundial.

Su propia experiencia le sirvió para analizar cómo el ser humano puede combatir el sufrimiento y las dificultades. Sobre la figura del héroe escribió en un libro en 2016 titulado precisamente (Super)héroes. ¿Por qué los necesitamos?

Allí Cyrulnik desarrolla que los héroes nos importan porque han sufrido, han caído y han vuelto a levantarse. “Necesitamos héroes porque en sus luchas reconocemos las nuestras; en sus caídas, nuestros tropiezos; y en su renacimiento, la esperanza de poder cambiar”, escribe.

Se fija sobre todo en que los héroes que más triunfan no son inmaculados. Le interesan Tarzán, Marco, Oliver Twist, Batman o Superman, todos personajes heridos.

Un ejemplo de superación

Si repasas sus historias, estos personajes han pasado por una pérdida, abandono o una injusticia. Supermán es huérfano y expatriado en otro planeta. Batman perdió a sus padres, como Tarzán, Marco y Oliver.

Precisamente por eso, pueden acompañar simbólicamente al lector. La épica no está en no sufrir, sino en encontrar una forma de seguir viviendo después de la pérdida.

Esa idea enlaza con la teoría fundamental de Cyrulnik. La resiliencia no es hacerse invulnerable ni repetir frases optimistas. “Es iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma”, explicaba.

Sin embargo, matiza que eso no depende solo de la voluntad individual. Hacen falta seguridad, tener buenos lazos de apoyo social y afectivo. Y haber tenido una educación adecuada.

Los héroes son mediadores

Por eso sus héroes no son ídolos esculpidos en mármol. Son mediadores. Ayudan a ordenar el dolor, a ponerlo en un relato y a imaginar un futuro. “Los necesitamos para construirnos cuando somos pequeños y también para repararnos cuando estamos heridos”, explicaba el psiquiatra.

No obstante, hemos de matizar la relación con estas figuras idealizadas. Cyrulnik dice que de niños necesitamos héroes porque somos pequeños e indefensos, pero que de adultos esa necesidad puede convertirse en signo de debilidad personal y social.

No es lo mismo inspirarse en alguien que entregar el propio criterio a un salvador. Ahí ese héroe deja de ser espejo y se convierte en dueño de nuestra voluntad. Delata una baja capacidad de decisión.

Ser adulto también es asumir nuestros retos. Precisamente por esa infantilización o por una realidad social complicada surgen los líderes políticos autoritarios, revestidos de esa aura de héroes.

Los tres papeles que juegan

La psicóloga Elaine Kinsella quiso analizar las funciones sociales y psicológicas que tienen los héroes.

Encontró tres papeles: protegen simbólicamente, elevan a las personas y sirven de modelos morales. Es decir, nos pueden dar una sensación de apoyo, orientación y mejora personal.

Otros estudios, como los de Scott Allison, también apuntan que las historias heroicas cubren necesidades cognitivas y emocionales como sabiduría, esperanza, inspiración y crecimiento.

La clave está en que el héroe no solo nos deslumbra con sus capacidades. También enseña cómo moverse cuando la vida se complica.

El viaje del héroe

La sociología, la filosofía y la literatura han estudiado cómo se construye el héroe. Casi todas las historias tienen una estructura narrativa similar.

El héroe sale de casa, atraviesa pruebas, desciende a una zona oscura y regresa triunfante y transformado. Esta estructura ha funcionado desde las primeras leyendas hasta la actualidad.

El escritor Bertolt Brecht, sin embargo, ya advertía, como apuntábamos, del riesgo de aplicarlo en política. “Desdichado el país que necesita héroes”, escribió.

La frase no niega el valor de la valentía, sino que alerta a las sociedades que delegan su responsabilidad en figuras carismáticas y providenciales. ¿Tengo que darte nombres?

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