PABLO CUBÍ DEL AMO | cuerpomente.com | 08/06/2026
El niño que llevamos dentro sigue admirándose en sus héroes. O puede encontrar otros nuevos y que van a ser importantes. El maestro de la resiliencia Boris Cyrulnik nos enseña que la esperanza puede estar en una película o en una biografía.
Los seres humanos no solo admiramos a otras personas por
lo que hacen, sino por lo que nos permiten imaginar de nosotros mismos.
Un niño que se engancha a Spider-Man, una adolescente que admira a una
deportista que salió de un barrio difícil o un adulto que encuentra consuelo en
la biografía de alguien que tocó fondo y volvió a levantarse tienen algo en
común.
Todos ellos están
haciendo algo más que entretenerse. Están ensayando posibilidades de vida.
El profesor Albert Bandura lo explicó desde la teoría
del aprendizaje social. No aprendemos únicamente por experiencia directa, también mirando a
otros.
Así, la figura que
admiramos nos hace de guía emocional. Nos muestra que hay una salida a las dificultades. “La mayor parte de la
conducta humana se aprende observacionalmente mediante modelos”, confirma
Bandura.
Los héroes a los que
admiramos
Otro de los que ha
abordado esta figura del modelo es Boris Cyrulnik, neuropsiquiatra, y padre del concepto de resiliencia. Antes de ser el pensador que
popularizó la idea de reconstruirse tras un trauma, fue un niño marcado por la Segunda
Guerra Mundial.
Su propia experiencia le
sirvió para analizar cómo el ser humano puede combatir el sufrimiento y las dificultades. Sobre la
figura del héroe escribió en un libro en 2016 titulado precisamente (Super)héroes.
¿Por qué los necesitamos?
Allí Cyrulnik desarrolla
que los héroes nos importan porque han sufrido, han caído y han vuelto a
levantarse. “Necesitamos héroes porque en sus luchas reconocemos las nuestras;
en sus caídas, nuestros tropiezos; y en su renacimiento, la esperanza de poder cambiar”, escribe.
Se fija sobre todo en que
los héroes que más triunfan no son inmaculados. Le interesan Tarzán, Marco,
Oliver Twist, Batman o Superman, todos personajes heridos.
Un ejemplo de superación
Si repasas sus
historias, estos personajes han pasado por una pérdida, abandono o una
injusticia. Supermán es huérfano y expatriado en otro planeta. Batman
perdió a sus padres, como Tarzán, Marco y Oliver.
Precisamente
por eso, pueden acompañar simbólicamente al lector. La épica no está en no
sufrir, sino en encontrar una forma de
seguir viviendo después
de la pérdida.
Esa idea enlaza con la
teoría fundamental de Cyrulnik. La resiliencia no es hacerse invulnerable ni
repetir frases optimistas. “Es iniciar un nuevo desarrollo después
de un trauma”, explicaba.
Sin embargo, matiza que
eso no depende solo de la voluntad individual. Hacen falta seguridad,
tener buenos lazos de apoyo social y afectivo. Y haber tenido
una educación adecuada.
Los héroes son mediadores
Por eso sus
héroes no son ídolos esculpidos en mármol. Son mediadores. Ayudan a
ordenar el dolor, a ponerlo en un relato y a imaginar un futuro. “Los
necesitamos para construirnos cuando somos pequeños y también
para repararnos cuando estamos heridos”, explicaba el
psiquiatra.
No obstante,
hemos de matizar la relación con estas figuras idealizadas. Cyrulnik dice que
de niños necesitamos héroes porque somos pequeños e indefensos, pero que de
adultos esa necesidad puede convertirse en signo de debilidad personal
y social.
No es lo mismo
inspirarse en alguien que entregar el propio criterio a un salvador. Ahí ese
héroe deja de ser espejo y se convierte en dueño de nuestra voluntad. Delata
una baja
capacidad de decisión.
Ser adulto
también es asumir nuestros retos. Precisamente por esa
infantilización o por una realidad social complicada surgen los líderes
políticos autoritarios, revestidos de esa aura de héroes.
Los tres papeles que juegan
La psicóloga
Elaine Kinsella quiso analizar las funciones sociales y psicológicas
que tienen los héroes.
Encontró tres
papeles: protegen simbólicamente, elevan a
las personas y sirven de modelos morales. Es decir, nos pueden dar
una sensación de apoyo, orientación y mejora personal.
Otros estudios,
como los de Scott Allison, también apuntan que las historias heroicas
cubren necesidades cognitivas y emocionales como sabiduría,
esperanza, inspiración y crecimiento.
La clave está en que el héroe no solo nos deslumbra con
sus capacidades. También enseña cómo moverse cuando la vida se
complica.
El viaje del héroe
La sociología, la
filosofía y la literatura han estudiado cómo se construye el héroe. Casi todas las historias tienen
una estructura narrativa similar.
El héroe sale de casa,
atraviesa pruebas, desciende a una zona oscura y regresa triunfante y
transformado. Esta estructura ha funcionado desde las primeras leyendas hasta la actualidad.
El escritor Bertolt
Brecht, sin embargo, ya advertía, como apuntábamos, del riesgo
de aplicarlo en política. “Desdichado el país que necesita héroes”, escribió.
La frase no niega el
valor de la valentía, sino que alerta a las sociedades que delegan su
responsabilidad en figuras carismáticas y providenciales. ¿Tengo que darte
nombres?
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