lunes, 15 de junio de 2026

Ejercicio aeróbico: el hábito que puede reducir la depresión y la ansiedad tanto como la terapia o los medicamentos

 MARTINA CORTÉS MOSCHETTI     |     infobae.com      |      09/05/2026

Un metaestudio con más de 70.000 personas reveló mejoras sostenidas en el bienestar mental gracias a actividades simples y adaptables a cualquier etapa de la vida

Un metaestudio internacional publicado en el British Journal of Sports Medicine desafía la visión tradicional de los tratamientos para la salud mental: el ejercicio físico aeróbico podría ser tan eficaz como la medicación o la psicoterapia para tratar la depresión y la ansiedad.

Este análisis, citado por entidades como la Asociación Estadounidense de Psiquiatría y la Organización Mundial de la Salud (OMS), incluyó datos de más de 70.000 personas de entre 10 y 90 años, convirtiéndose en una de las revisiones más amplias y rigurosas sobre el vínculo entre ejercicio y salud mental.

La investigación examinó el impacto de actividades aeróbicas como correr, nadar o bailar en la reducción de los síntomas de depresión y ansiedad, tanto en personas con diagnóstico formal como en quienes no presentan trastornos identificados.

Los resultados muestran que el ejercicio aeróbico reduce de manera significativa los síntomas en todos los grupos de edad, con una eficacia comparable a la psicoterapia o los tratamientos farmacológicos, según el British Journal of Sports Medicine y la evaluación clínica de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA). Este hallazgo plantea nuevas oportunidades para la prevención y el manejo de los trastornos mentales desde la atención primaria.

El metaestudio recopiló décadas de ensayos controlados aleatorizados publicados hasta julio de 2025. Los autores, especialistas en medicina deportiva y psiquiatría, compararon programas de ejercicio físico frente a tratamientos convencionales, placebos u otras actividades, excluyendo a quienes presentaban enfermedades crónicas físicas diferentes.

El objetivo fue determinar cómo influyen variables como la duración, la frecuencia, la intensidad, el formato (individual o grupal) y la supervisión en la evolución de los síntomas de ansiedad y depresión.

El ejercicio aeróbico, la intervención más eficaz según la evidencia médica

El ejercicio aeróbico emergió como la intervención más efectiva para mitigar los síntomas de depresión y ansiedad, superando a modalidades como el entrenamiento de resistencia, cuerpo-mente (yoga, tai chi) y los programas mixtos.

Según el British Journal of Sports Medicine y la OMS, este efecto positivo fue similar al obtenido con tratamientos farmacológicos o intervenciones psicológicas y se mantuvo estable en todos los grupos de edad y sexo. Los autores subrayaron que “el impacto comparable al de tratamientos farmacológicos o intervenciones psicológicas, apareció de forma transversal en la muestra analizada”.

El metaestudio detectó, además, mejorías especialmente notorias en adultos jóvenes y mujeres en periodo posparto, quienes mostraron una reducción superior de la ansiedad respecto a la media general. Los datos indican que los programas breves (hasta ocho semanas) y de baja intensidad fueron especialmente eficaces en estos subgrupos.

El análisis identificó que los programas supervisados o en grupo mostraron mayor efectividad para personas con depresión, lo que sugiere que el componente social puede potenciar los beneficios del ejercicio.

En el caso de la ansiedad, todos los formatos evaluados resultaron eficaces, aunque los de menor duración y baja o moderada intensidad mostraron una tendencia favorable.

Asimismo, no se hallaron diferencias relevantes en los resultados globales por edad o sexo, salvo en los subgrupos mencionados.

Una limitación relevante señalada por los autores es la ausencia de una “dosis óptima” de ejercicio, consecuencia de la variabilidad en la definición de intensidad y duración entre los estudios incluidos. Además, la evidencia es menos sólida para ciertos subgrupos, como niños pequeños y personas mayores evaluadas a largo plazo.

Principales limitaciones y recomendaciones clínicas

El equipo investigador advierte que las diferencias metodológicas entre los estudios dificultan establecer una cantidad de ejercicio válida para todos los perfiles. La evidencia sobre los beneficios también es parcial en algunos subgrupos y en periodos prolongados.

No obstante, los autores respaldados por el British Journal of Sports Medicine, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría y la OMS sostienen que el ejercicio físico representa una alternativa costo-efectiva y sin efectos secundarios relevantes frente a los tratamientos convencionales, con beneficios adicionales para la salud física y el bienestar general del paciente.

El estudio sostiene el rol del ejercicio como una opción accesible, práctica y segura para abordar la depresión y la ansiedad, especialmente en contextos donde los tratamientos tradicionales presentan barreras de acceso o aceptación social.

El trabajo, avalado por fuentes médicas y de psicología internacionalmente reconocidas, redefine el lugar del ejercicio físico en la estrategia terapéutica para la salud mental, abriendo nuevas líneas de intervención multidisciplinaria.

José Luis Marín, psiquiatra: “La depresión no está en tu cerebro, la depresión está en tu vida”

 CHRISTIAN JIMÉNEZ     |     lavanguardia.com     |     05/05/2026

El experto defiende una mirada menos centrada en la etiqueta diagnóstica y más atenta a la biografía, los vínculos y el origen del sufrimiento

El malestar contemporáneo se ha convertido en diagnóstico casi automático, hasta el punto de que cabe preguntarse si realmente se está nombrando el sufrimiento o reduciéndolo. Con frecuencia, lo que antes se entendía como dolor vital, pérdida o desajuste con la propia historia, se etiqueta hoy como depresión o ansiedad. Pero ¿y si parte del problema no estuviera en el cerebro, sino en la forma en que se interpreta la vida?

“Lo que hoy llamamos ansiedad suele empezar mucho antes de los síntomas”, señala el psiquiatra José Luis Marín, invitado en el pódcast Vidas Contadas, donde cuestiona algunas de las ideas más asentadas sobre la salud mental. Con una trayectoria de más de cuatro décadas, plantea una tesis tan provocadora como debatida: que buena parte de lo que hoy se diagnostica como depresión no reside en el cerebro, sino en la biografía de cada persona, en aquello que ha ocurrido y no siempre ha podido ser escuchado a lo largo de la vida.

A partir de su experiencia, el psiquiatra advierte del peligro de etiquetar el sufrimiento con un diagnóstico psiquiátrico: “Lo hemos estado haciendo durante los últimos años. Entender o creer que el sufrimiento humano es un problema médico, y que puede resolverse como tal, se traduce en etiquetas diagnósticas”, empieza diciendo.

En ese proceso, el malestar acaba a menudo convertido en un nombre clínico: “Tú estás sufriendo absolutamente y tenemos que encuadrarlo en algún sitio. No estoy seguro de que se tenga que hacer, pero se hace. Los diagnósticos psiquiátricos no son una manera adecuada de referirse al sufrimiento. No es bueno ni para quienes sufren ni para los profesionales”, añade.

Dentro de su consulta, Marín señala que muchas personas llegan con una comprensión clara de su propio malestar: “Si escucháramos a los pacientes, podríamos llegar a un diagnóstico y a un tratamiento. Ellos lo saben todo y te lo cuentan”, apunta. En ese sentido, el relato del paciente no es un añadido secundario, sino la clave para entender el origen y la lógica del sufrimiento que se expresa en forma de síntomas.

La vida como origen

El experto considera la psicoterapia como un fenómeno apoyado biológicamente con un mecanismo llamado neuroplasticidad: “Eso se puede hacer perfectamente y es un aprendizaje. Los psicoterapeutas básicamente facilitamos que la persona vea su historia y que la serotonina alterada no es la causa de su sufrimiento. Siempre digo que la depresión no está en tu cerebro, la depresión está en tu vida”, destaca. 

Desde esta perspectiva, primero es necesario comprender la propia biografía. Al hacerlo, la persona suele reconocer patrones que se han ido consolidando con el tiempo. Algunas reacciones, como respuestas intensas o incluso síntomas físicos, pudieron tener sentido en la infancia, pero hoy persisten como bucles automáticos que ya no resultan útiles. Solo desde esa comprensión es posible empezar a modificar respuestas automáticas y abrir la posibilidad de nuevas formas de reaccionar menos marcadas por la desconfianza o la alerta permanente.

Patrones que persisten

Una de las preocupaciones que atraviesan muchos padres es la idea de satisfacer por completo las necesidades de los hijos. Marín recuerda que se trata de una tarea imposible: “Los padres van a decepcionar, no hay manera de llenar el depósito al cien por cien”, señala.

También cuestiona la tendencia a querer ocupar el lugar de los amigos en la crianza: “Los padres no tienen que ser amigos de sus hijos. Ser amigo de un hijo supone una pérdida de rol. Lo que necesita es un padre, una figura sólida y estable. Y eso implica asumir una responsabilidad que a veces es dolorosa: saber decir que no”, explica. En su opinión, la claridad del rol paterno no solo ordena la relación, sino que aporta la seguridad emocional que sostiene el desarrollo de los hijos.

Poner límites, concluye, es una de las tareas fundamentales de la paternidad, junto con la capacidad de reconocer el error y sostener la propia incertidumbre: “Uno necesita seguridad para saber que se equivoca y que puede equivocarse”. En esa tensión entre la firmeza y la vulnerabilidad se construye, para Marín, no sólo el ejercicio de ser padre sino la base emocional sobre la que se organiza buena parte de la vida adulta.