JUDIT GONZÁLEZ PERNÍAS | lavanguardia.com | 26/06/2026
El especialista analiza
cómo la hiperconectividad está transformando nuestra atención y la forma en la
que nos relacionamos con el mundo
¿Hace cuánto que no tomas apuntes a
mano? ¿Cuándo fue la última vez que leíste durante media hora seguida sin mirar
el móvil? En una época en la que todo parece estar al alcance de un clic, el
psiquiatra Miguel Ángel Álvarez de Mon explica que algunas de las herramientas
que se suponía que iban a hacernos más eficientes podrían estar dificultando
nuestra capacidad para concentrarnos, recordar y pensar de manera profunda. Esa
es una de las reflexiones que plantea en Desaprender (Paidós),
un libro en el que invita a cuestionar ciertos hábitos digitales que hemos
normalizado.
Licenciado en Medicina por la
Universidad de Navarra y especialista en Psiquiatría por la Clínica Universidad
de Navarra, actualmente ejerce en el Hospital Universitario Infanta Leonor y es
profesor asociado en la Universidad Complutense de Madrid. A lo largo de su
libro, analiza cómo la hiperconectividad está transformando nuestra atención,
nuestra memoria y nuestra forma de relacionarnos con el mundo.
Escribir con bolígrafo activa más áreas del cerebro
Uno de los hábitos que Álvarez de Mon reivindica en el
libro es la escritura a mano. Cuenta que, frente a la digitalización de
prácticamente todas las tareas, volver al papel y al bolígrafo puede aportar
beneficios que van mucho más allá de la nostalgia. Según explica el autor,
diversos estudios han demostrado que escribir a mano activa más áreas del
cerebro que teclear. En la obra, recuerda las investigaciones de los
científicos Ruud van der Weel y Audrey van der Meer, que observaron una mayor
conectividad neuronal durante la escritura manual, clave para el aprendizaje y
la memoria.
Además, señala que escribir a mano obliga a
sintetizar, organizar y procesar mejor la información. Mientras que el teclado
permite transcribir casi literalmente lo que se escucha, la escritura manual
exige una elaboración mental previa. Por eso, cuenta que distintos trabajos han
observado que los estudiantes que toman apuntes a mano suelen recordar y
comprender mejor los contenidos que aquellos que utilizan un ordenador. Para el
psiquiatra, se trata de un ejemplo de cómo algunas herramientas tecnológicas,
aunque útiles, pueden acabar desplazando procesos cognitivos que resultan
valiosos para el cerebro.
La lectura profunda requiere tiempo y continuidad
La preocupación por la atención también aparece
cuando aborda nuestros hábitos de lectura. Álvarez de Mon cuenta en el libro
que leer en papel favorece una comprensión más profunda que hacerlo en
pantalla, especialmente cuando se trata de textos largos o complejos. También
explica que el formato físico ofrece referencias espaciales, el inicio, la
mitad o el final de una obra; la página izquierda o la derecha, que ayudan al
cerebro a construir recuerdos más sólidos.
En cambio, sostiene que la lectura digital suele
favorecer el escaneo rápido de contenidos, la fragmentación de la atención y la
multitarea. “Las pantallas están diseñadas para interrumpir”, explica. Incluso
cuando no hay notificaciones visibles, la posibilidad de que aparezcan ya
consume parte de nuestros recursos atencionales.
El especialista cuenta que esta dinámica ha contribuido
a “erosionar la llamada lectura profunda”. Antes era habitual dedicar largos
periodos de tiempo a un libro, una novela o un periódico. Hoy, en cambio,
muchas personas alternan entre pestañas, titulares y aplicaciones sin detenerse
demasiado en ninguna de ellas. Como plantea en el libro, información y
comprensión no son necesariamente lo mismo.
¿Cómo afecta a la memoria?
Más allá de la escritura y la lectura, Álvarez de Mon
también reflexiona sobre otras capacidades que, según explica, se están viendo
afectadas por la hiperconectividad. Una de ellas es la memoria. En Desaprender recuerda el llamado “efecto Google”,
un fenómeno por el que tendemos a recordar menos información cuando sabemos que
podremos consultarla fácilmente más adelante. Por ello, defiende la importancia
de seguir ejercitando la memoria con pequeños gestos cotidianos, como recordar
un número de teléfono, una dirección o un poema breve.
El psiquiatra también pone el foco en las relaciones
personales. Cuenta que la simple presencia de un teléfono móvil sobre la mesa
durante una conversación puede modificar la calidad del encuentro. Aunque nadie
lo consulte, el dispositivo actúa como una posible interrupción y reduce la
sensación de atención plena y escucha.
Algo similar ocurre, según explica, con los paseos.
Caminar ha sido una herramienta de reflexión, regulación emocional y
creatividad. Sin embargo, hacerlo siempre acompañado de pódcast, vídeos o redes
sociales puede impedir esos momentos de silencio mental. En el libro propone
recuperar los paseos sin auriculares como una forma de entrenar la atención
sostenida y favorecer la introspección.
Álvarez de Mon insiste en que la solución no pasa por
rechazar la tecnología, sino por aprender a utilizarla de forma consciente. De
hecho, él mismo reconoce: “He llegado incluso a desinstalar Instagram y volver
a instalarlo solo cuando quiero utilizarlo. De esa manera, soy yo quien decide
cuándo usar las redes sociales y no al revés”.
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