HELENA ORTEGA | lavanguardia.com | 27/05/2026
La investigadora Jacqueline Harding,
especialista de la Universidad de Middlesex, sostiene que hacer reír a los
niños puede ayudar a calmar su sistema nervioso y fortalecer los vínculos
emocionales
Jugar, bromear y reír en familia no solo mejora el ambiente en casa. La ciencia empieza a demostrar que esos entrañables momentos van más allá: pueden influir directamente en el desarrollo emocional, el aprendizaje y la capacidad de los niños para afrontar situaciones difíciles.
El cerebro necesita reír
La risa infantil suele verse como algo espontáneo o incluso anecdótico, pero cada vez más investigaciones apuntan a que tiene un papel mucho más profundo. Según recoge Europa Press, la investigadora Jacqueline Harding, directora de Tomorrow’s Child y especialista de la Universidad de Middlesex (Reino Unido), sostiene que hacer reír a los niños puede ayudar a calmar su sistema nervioso, fortalecer los vínculos emocionales y mejorar su resiliencia frente al estrés.
En su libro El cerebro que ama reír: Una guía visual del humor y la conexión
humana en la primera infancia, Harding explica que la risa activa
distintas regiones cerebrales relacionadas con las emociones, el movimiento y
el pensamiento. Además, disminuye hormonas vinculadas al estrés, como el cortisol
y la adrenalina, y favorece la liberación de sustancias relacionadas con el
bienestar, entre ellas la dopamina, la serotonina y las endorfinas.
La autora insiste en que el humor no es
algo superficial. Al contrario: considera que la risa forma parte de un
mecanismo biológico complejo que ayuda al cerebro infantil a aprender, conectar
y desarrollarse. “Cuando vemos reír a los niños, presenciamos la brillantez del
cerebro en acción”, señala. Asimismo, el estudio destaca que el humor
obliga al cerebro a resolver tensiones y contradicciones, algo que estimula la
creatividad, la memoria y la neuroplasticidad. En otras palabras, reír no solo
relaja: también entrena la mente.
Reír juntos fortalece el vínculo
Harding explica que compartir momentos de juego y humor entre padres e hijos puede aumentar los niveles de oxitocina, conocida como la hormona del apego, y mejorar la sincronización emocional entre ambos. Ese vínculo no solo beneficia a los menores: también ayuda a reducir el agotamiento y el estrés de los propios adultos.
La investigadora aclara que no se trata de
estar contando chistes constantemente, sino de fomentar espacios de juego
espontáneo, contacto visual y atención compartida. Según su análisis, esas
experiencias quedan grabadas en el cerebro infantil y ayudan a construir
herramientas emocionales para el futuro.
Además, el
estrés prolongado durante la infancia puede afectar al aprendizaje, al sistema
inmunitario y a la salud mental a largo plazo. Por eso, introducir dinámicas
positivas y momentos de conexión emocional podría actuar como una especie de
“amortiguador” frente a la tensión cotidiana.
La idea de utilizar la risa como
herramienta para reducir el estrés también es compartida por otros expertos. En
una entrevista con La Vanguardia, el coach y escritor Pancho Campo defendía que reír es una de las formas más eficaces
de liberar endorfinas y mejorar el bienestar emocional.
Campo, autor
del método SMILE, sostiene que el humor puede convertirse en una herramienta
útil para combatir la ansiedad y gestionar mejor la presión del día a día.
Según explica, el estrés crónico provoca una liberación sostenida de cortisol
que acaba afectando tanto a la salud mental como física. Frente a ello, la risa
actuaría como un mecanismo natural de regulación emocional.
El experto también subraya que muchas veces vivimos
demasiado pendientes del futuro, algo que alimenta la ansiedad y el miedo. En
ese contexto, actividades sencillas como compartir momentos agradables, jugar o
simplemente reír pueden ayudar a reconectar con el presente y reducir la
sobrecarga mental.
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