lunes, 10 de mayo de 2021

Cómo supervisar a un adolescente sin invadir su espacio


ROXANA IBÁÑEZ MACHADO    |    la Vanguardia    |    03/01/2021

La intromisión de los padres en la vida de sus hijos adolescentes debe ser fruto de la confianza y no de la imposición  

Llega la adolescencia de tu hijo o hija y tienes miedo de quedarte fuera de juego. Aparecen las dudas. ¿Hasta qué punto hay que mantener la supervisión paternal? ¿Cómo enfocamos el control sobre cosas suyas, como las redes sociales y otros aspectos de su vida, sin vulnerar su intimidad? ¿Podemos o debemos invadir su espacio privado? ¿Cuáles son los límites?

 Lo que sí hay que tener claro es que, en cualquier caso, la intromisión de los padres en las redes sociales o en cualquier terreno debe ser siempre con consentimiento, no solo porque la ley ampara a los hijos en cuanto a su privacidad, sino porque debe ser fruto de la confianza y no de la imposición. Y siempre se puede recurrir a ciertas fórmulas para no perderlos de vista.

!Acéptalo! No siempre puedes saber todo de su vida

Es cierto que por un lado existe la responsabilidad de los padres de velar por el cuidado de los hijos. Pero también lo es que hay que preservar su derecho a la intimidad. Y aún es más importante en la adolescencia. Lo ideal será buscar el equilibrio entre estas cosas, comenta Héctor Galván Flórez, director clínico de Instituto Madrid de Psicología.

No se debe olvidar que la adolescencia es una época bisagra. Es decir, los chicos y las chicas están saliendo del “túnel” de la infancia, están atravesando un cambio social y personal muy importante en su vida, están empezando a conformar su identidad y su personalidad frente a los demás y ellos mismos, y están descubriendo que tienen más responsabilidades y menos tiempo libre, por lo cual necesitan tener esa sensación de un mundo que es único de él o de ella, afirma Galván. “A esas edades, si no sienten que tienen una vida, una información, un mundo propio, pueden tener dificultades en su desarrollo”, advierte. 

Asimismo, debemos tener en cuenta que siempre va haber un espacio de privacidad de algo que no conocemos que es íntimo y privado de nuestros hijos, apunta el psicólogo Roger Ballescà. Por muy pequeños que sean los niños, siempre tienen un espacio privado que, conforme va aumentando la edad, va haciéndose cada vez más grande. 

“Y no tiene que ser vivido como algo problemático, si no como algo natural; la intimidad forma parte de las personas y tienen derecho igual que todos,” puntualiza el experto, que es también coordinador del Comitè d'Infància i Adolescència del Col.legi Oficial de Psicologia de Catalunya (COPC).

“Cuando un hijo ya tiene entre trece y dieciséis años va a haber cosas que no las vamos a saber y es normal”, recalca Galván. “Es sano aprender a convivir con ello sin sentirse necesariamente inseguros. Todo parte porque ese hilo de relación se hace más fino durante esta época de la vida, pero ya se volverá a fortalecer más adelante; y que se mantenga va a depender exclusivamente de que los hijos nos sientan a su lado como cuidadores incondicionales” reflexiona.

Ni mucho ni poco: ¡Supervisión equilibrada!

¿Cómo hacerlo? “No hay pautas establecidas de hasta qué punto hay que mantener un control en cada momento”, dice Ballescà. “Pero nos podemos basar en algunos elementos sobre qué cosas son adecuadas para cada edad- continúa-; por ejemplo, los juegos tienen clasificaciones por edad y también el uso de redes sociales, o en otras cuestiones, como hacerse un piercing o un tatuaje, que solo están permitidos a los mayores de 18 años y los que son menores necesitan el consentimiento de los padres. Si ya la propia ley dice que necesitan del consentimiento de los padres, pues quiere decir que también pueden dar su opinión sobre eso y que pueden negarse a que lo hagan”.

Sin embargo, a la hora de aplicar la supervisión parental resulta conveniente mantener cierta sensatez. La actitud de inspección hacia los hijos es sana, pero llevada al extremo conduce a problemas importantes.  “El control de los padres a veces no es bueno o malo en sí mismo, sino en función del grado en el que se aplica”, puntualiza Ballescà.

¿Demasiado control podría debilitar la relación con los adolescentes?

Héctor Galván coincide. Y no por el hecho de que sea más o menos control, sino por la forma del mismo. “Es decir, si al ejercerlo transmitimos sensación de desconfianza, de no creer que él o ella tengan sentido común o que sepan desenvolverse, lo que va a suceder es que los adolescentes cada vez se cierren más y se comuniquen menos con nosotros”. La clave está en formarles como personas. Eso es lo que les va a proteger más antes los demás y ante el mundo externo.

Es más útil preguntar que indicar o imponer… ¿Qué tal te encuentras? ¿Cómo te va en el instituto? ¿Te preocupa algo?, etc. “Hay que dejar que ellos se expresen y, más importante aún, ¡no juzgarles!”, dice Galván. “Y además -prosigue- es bueno ayudarles a que aprendan a pensar en solucionar los problemas con preguntas como: ¿Has pensado qué hacer?, ¿Cómo lo resolverías?, ¿Qué se te ocurre si pasará tal cosa?... No tanto darle, soluciones ya hechas”. 

A estas edades, estos gestos les va creando una sensación de incondicionalidad y sienten un apego seguro, que sus padres van a intentar entenderles y apoyarles sin juzgarles inmediatamente de entrada, y que son personas con las que se puede compartir las cosas en momentos de preocupación, indica el especialista.

Dos claves para tener acceso a la vida de un adolescente

1-Ve de menos a más. La primera cosa que hay que hacer es preguntar y establecer una buena comunicación con nuestros hijos. Y solo si eso falla, hay que poder ver qué está ocurriendo, observar si hay alguna conversación que nos dé pistas, resalta Ballescà. Hay que ir de las estrategias menos invasivas a las más invasivas. La mayoría de las veces, cuando necesitamos meternos en la vida íntima a través de estrategias invasivas es porque en cierto modo ha fracasado, la comunicación con los hijos y eso ocurre frecuentemente porque no es extraño que se produzcan tensiones y haya épocas que nos explican muchas menos cosas.

2-Pregúntate: ¿cuánto sabes de tu hijo o hija?. Compartir momentos, conversaciones o actividades con ellos es la mejor forma de generar confianza e, indirectamente, de tener un control de sus vidas, dice Galván. Aunque, más que control, sería mejor hablar de conocimiento. Es decir, cuando conocemos qué o por dónde va la vida de nuestros hijos, hay un control sano y no impositivo. “No sirve de mucho que nos dediquemos el día a trabajar y no compartamos momentos con ellos y que simplemente en un momento dado le preguntemos ¿qué haces?, ¿con quién vas?, ahí el chaval se va a sentir interrogado”. Y en muchas ocasiones va a ser más fácil conocer de su vida haciendo deporte o realizando alguna actividad juntos en el que de forma natural van a ir saliendo conversaciones, preocupaciones o preguntas, pero que el chico o la chica las hacen hacia los padres, no al revés, esto les crea confianza y al final es la mejor forma de sentir ese control sano.

¿Existe algún salvoconducto que nos permita invadir su privacidad?

Nos queda claro que debemos respetar la privacidad de nuestros hijos, no solo porque la ley lo dice, sino también porque es una manera sana de sobrellevar la relación con los chavales a estas edades. Pero desde el punto de vista educativo, según explica el psicólogo Héctor Galván, podríamos darnos la licencia de “entrometernos” si detectamos indicios claros de que puede estar sucediendo algo.

Por ejemplo, si observamos que llora sin razón alguna, que tiene una mala expresión no verbal, que no quiere contar nada, que de forma repentina intenta evitar ir al colegio, o si ha dejado de golpe de verse con sus amistades de siempre. Ante estas señales, más que invadir bruscamente su espacio, es importante hablar con ellos. O, por ejemplo, con los tutores del colegio para tratar de entender si está pasando algo más.

Haz un pacto con el uso de las tecnologías

Los psicólogos insisten en que se debe respetar la intimidad de los hijos. Aunque reconocen que también se puede tener un cierto control a una determinada distancia. “Por ejemplo, en el uso de las tecnologías e internet, el móvil o el ordenador, cada vez se pueden hacer más cosas, no solo buscar información, sino también conocer gente, hacer compras, arruinarte la vida o hacerte muy exitoso”, comenta Roger Ballescà. 

“Por lo tanto- continúa- hay que pensar que es una puerta más de nuestra casa y por la cual se puede entrar y salir. Y de la misma manera que cuando nuestros hijos salen del hogar físicamente le preguntamos a qué hora van a volver y qué van hacer, pues con el uso de las tecnologías pasa exactamente lo mismo, tenemos que poder saber qué tipos de páginas visitan o cuáles son las actividades que realizan. Hasta qué punto debemos saberlo dependerá de la edad que tengan”.

Asimismo, los expertos ponen el foco en el uso de los móviles a estas edades. Para Galván no es recomendable que antes de los 12 años tengan smartphones porque no tienen una madurez suficiente para exponerse a todo lo que esto implica. Aunque lógicamente habrá que sortear la presión que puede suponer que los tengan sus compañeros de clases o amigos menores de esa edad. “Y de ser así, más allá de algún tipo de control, lo que realmente se trata aquí es de educarles en el uso de las tecnologías y de su propia intimidad, deben tener claro que nunca deben facilitar datos personales como dirección o el nombre completo, por ejemplo”.

Ballescà lo resume con una imagen visual: “¿Verdad que no le permitirías a tu hijo que pusiera una llave en la puerta de su habitación y que solo él o ella tuviera la llave de entrada? Sería absurdo, no?. Pues ocurre exactamente lo mismo con los dispositivos móviles.

“Es aconsejable que, hasta los 16 años como mínimo, los padres puedan tener acceso a las claves de los móviles u ordenadores, otra cosa es que hagan uso o no de ellas”, enfatiza Ballescà. “Esto establece una especie de acuerdo tácito entre los padres y los hijos- argumenta- Y en cierto modo se lo ponemos un poquito más difícil. Ellos saben que hay ciertas cosas que se abstendrán de hacer sabiendo que sus padres pueden acceder en cualquier momento a sus dispositivos. Aunque esto no quiere decir que no puedan buscar mil maneras de salirse con la suya”.

Si conviene, se puede recurrir a la ayuda de las aplicaciones o herramientas de control parental porque limitan tipos de contenidos a determinadas edades.

¿Espías sus redes sociales? ¡Alto! Hay otras maneras de llegar a ellos

Los padres no deberíamos olvidar algunas reglas cuando se habla de redes sociales o de videojuegos. La primera de ellas, según Ballescà, es que tienen una edad recomendada para empezar a hacer uso de las mismas. Y lo mejor es seguir estas recomendaciones, aunque a menudo son los padres los primeros que se saltan esa regla, agrega el experto del COPC.

Tampoco es un secreto que hoy en día la gran mayoría de los adolescentes son activos en las redes sociales, y puede que muchos padres caigan en la tentación de espiarles. Los expertos son contundentes al respecto y recuerdan que no solo es un delito que está regulado, sino que siempre, educativamente, lo mejor es preservar su intimidad. Por lo cual no debería ser el primer recurso, sobre todo cuando se intenta tener una vigilancia sana. Se podría recurrir a esta actitud como último término, dice Galván.

 “A lo mejor al chico o chica no le importa ese control en algunas redes sociales, pero en otras quiere tener su espacio de mayor privacidad y es importante tener en cuenta ese aspecto, porque si el adolescente no desea que sus padres estén en sus redes sociales va a buscar esa individualidad en otras áreas que pueden ser más peligrosas”, advierte Galván.

Es bueno ser amigos de nuestros hijos en las redes sociales sobre todo si parte de un acuerdo entre los progenitores y los chavales. Pero puede ser contraproducente si es vivido como una imposición de los padres, matiza Ballescà. Aunque deberíamos de planteárnoslo, apunta. “Entre otras cosas porque los padres debemos de entender que no somos los amigos de nuestros hijos, somos sus padres. Podemos tener una relación excelente y en algunos puntos muy parecida o muy próxima a una relación de amistad, pero ejercemos funciones diferentes y hay que tener claro eso. Lo cual no es ni mejor ni peor, es distinto”, concluye.

Supervisar amigos y relaciones de pareja ¿sí o no?

Más allá de las redes sociales también hay otros espacios en la vida de los adolescentes en los que conviene prestar atención. Por ejemplo, sus amistades. “En este aspecto la intromisión a su espacio debe hacerse solo en el caso de que detectemos que hay alguna cosa que no nos cuadra”, dice Ballescà. Es decir si observamos conductas extrañas en casa, si empieza a bajar mucho el rendimiento académico o si notamos conductas de aislamiento más exageradas de las que son normales en la adolescencia. 

También si observamos que llega en malas condiciones porque ha bebido o si huele porque ha fumado. Entonces es cuando debemos poder dar un paso adelante e inmiscuirnos en cierto modo en un ámbito de su privacidad, el mismo que debemos dejar preservado en el caso de que no haya ningún elemento que nos haga sospechar de que nada vaya mal.

En esta etapa también surgen esos primeros amores y es normal que muchos padres quieran saber un poco más sobre esas cosas que son importantes para sus hijos. Pero, ¿hasta qué punto hay que inmiscuirse en sus relaciones de pareja? Tal como explica Ballescà, una de las cosas que más les cuesta a muchos adolescentes es hablar sobre su sexualidad, y eso incluye las relaciones de pareja. 

Y el hecho de entrar en el móvil, ver sus conversaciones con la novia o el novio sería una violentación y no dejar espacio al otro, apunta el experto. “Lo ideal es tener una actitud respetuosa hacia su intimidad y abierta al diálogo, porque es más fácil que nos expliquen cosas. Si forzamos demasiado, lo único que conseguiremos es que se cierren todavía más”, enfatiza el psicólogo.

 

domingo, 9 de mayo de 2021

La personalidad divertida, rasgos psicológicos que la definen


VALERIA SABATER     |    La Mente es Maravillosa     |    1/05/2021

La personalidad divertida no es ingenua o despreocupada. Ha aprendido a mirar la vida desde otra óptica, una más relajada donde hacer incluso el día a día mucho más fácil a los demás. Todos podríamos adoptar alguna de sus características.


La vida es corta y a veces excesivamente complicada. Uno no sabe qué va a pasar mañana y cuando cree tenerlo todo bajo control, llega el destino -siempre caprichoso- y lo desbarata. ¿Qué hacer ante este panorama tan caótico a veces? Los científicos lo tienen claro: un modo de ganar en salud psicológica es desarrollando una personalidad divertida.

 

No es broma, tampoco una ironía. Poner algunas pinceladas de sentido del humor en nuestro carácter mejora el ánimo. Adoptar cierta flexibilidad mental, aplicar un poco de ironía a los días grises y unas gotas de ese entusiasmo que contagia a los demás de alegría y positividad, lejos de hacer daño, sienta realmente bien.

 

Sin embargo, ¿cómo hacerlo? ¿Qué hacer si tenemos una personalidad algo taciturna, introvertida o incluso poco social? ¿Cómo desarrollar un carácter algo más distendido? Lo cierto es que puede costar, pero todos nos beneficiaríamos si adoptáramos un enfoque más relajado, chispeante y divertidoVeamos cómo.

¿Cómo es la personalidad divertida?

La personalidad divertida no es ingenua, no se toma las cosas en broma ni es tendente a caer en el chiste fácil. En realidad, estamos hablando de un perfil tan interesante como reluciente.

Para empezar, la persona alegre, luminosa en su carácter y original en su trato, siempre evidencia una destacada brillantez intelectual. Es decir, en buena parte de los casos, el sentido del humor va de la mano de una buena inteligencia.

 

No es fácil encontrar a hombres y mujeres que hagan uso de ese delicado, pero certero sentido del humor que lejos de caer en la burla o la crítica, alegran verdaderamente el corazón.

 

Tener a alguien cerca con estas características revierte en nuestro bienestar. Ahora bien, pero ¿qué características definen su personalidad? ¿Si quisiéramos aplicar o imitar alguna de sus rasgos ¿en qué deberíamos fijarnos?

Estas son las líneas de carácter que perfilan a las personas divertidas.

Para descubrir a la personalidad divertida podemos hacer un mapeo a través de la teoría de los 5 grandes rasgos según Goldberg. Este modelo o taxonomía de los rasgos de la personalidad humana nos pueden servir para comprender un poco más a dicho perfil.

·        Son personas extrovertidas, con mucha energía, disfrutan de la conexión social y son, por lo general, muy auténticos en todo lo que hacen, dicen y sienten. No tienen vergüenza, son espontáneos y muy hábiles para aprovechar el aquí y ahora de manera distendida.

 

·        Evidencian además una buena estabilidad emocional. Lejos de caer en el neuroticismo o sentir en exceso el peso de la ansiedad o la preocupación, por lo general, manejan bastante bien estos estados.

 

·        Tienen una mente muy abierta, disfrutan aprendiendo cosas nuevas, son inteligentes, creativos y se deleitan al conectar con diferentes puntos de vista.

 

·        Son diligentes, disciplinados, correctos y muy educados. La idea de que la diversión es sinónimo de caos no encaja en la personalidad divertida. Cuando la diversión va de la mano del bienestar hay orden y equilibrio.

 

·        La amabilidad es otra de sus características. Son empáticos y solidarios.

 

En este caso, jamás hacen uso del humor que hace daño o denigra.

 

Cómo desarrollar un carácter más “divertido" para ganar en salud psicológica 

Somos conscientes de que ser divertidos, chispeantes y hábiles para sacar sonrisas en los demás es un arte que no todos podemos disponer. Sin embargo, la personalidad divertida alberga múltiples fortalezas psicológicas que todos podemos integrar para sentirnos mejor.

No es difícil, no supone variar nuestro carácter, sino albergar recursos y habilidades que nos permitirán sentirnos mucho mejor y afrontar de manera más hábil el estrés cotidiano.

Cómo desarrollar las fortalezas psicológicas de la personalidad divertida 

Sentido del humor, creatividad e inteligencia siempre van de la mano. De hecho, trabajos como los realizados en la Universidad de Tel Aviv destacan cómo mejoran los entornos de trabajo cuando se trabaja en los empleados su creatividad y también el sentido del humor. Una cosa revierte en la otra y a la inversa.

 

·        Por tanto, un primer camino para desarrollar una personalidad divertida es aplicando la flexibilidad mental. Ser capaces de ver la realidad desde múltiples prismas, ser originales a la hora de pensar, decidir y crear nos beneficiará de infinitas maneras.

 

·        Otra forma de ganar en unos rasgos más abiertos y distendidos es centrarse en el aquí y ahora. Lo que importa está en el presente, el pasado alimenta la tristeza y el rencor y la mirada que solo se focaliza en el futuro, tiembla de ansiedad y preocupación. Centrémonos en el ahora.

 

·        Cambiar el diálogo internoser amable con uno mismo, aplicar un filtro más distendido. Ser positivos no va de ser ingenuo, sino de saber qué merece nuestra atención y qué no, en comprender que lo que preocupa debe resolverse y lo que no tiene solución, se acepta.

 

·        Intentar dar lo mejor de uno mismo a los demás. Aprender a sacar sonrisas a los demás, a dejar de preocuparse por lo que dirán. Se vive mucho mejor siendo auténtico, buscando la conexión y no la distancia.

Para concluir, bien es cierto que nadie puede cambiar su forma de ser de hoy para mañana. Sin embargo, facilitar esos cambios que revierten en el bienestar psicológico siempre es una buena idea. Hacerlo no duele, sino todo lo contrario…

viernes, 7 de mayo de 2021

Desarrollo de una adicción

ALEJANDRO VERA      |     Madrid     |     psicologiaynutricion.com

“La motivación para abandonar una adicción suele venir cuando encontramos un sentido para hacerlo (reconexión).”

 

El consumo prolongado va construyendo el laberinto desde el que cada vez cuesta más escapar, promoviendo la necesidad de conectar con la sustancia y desconectarnos de nosotros y la vida.

 

Por otro lado, y desde la parte más pragmática, abandonar una situación de consumo prolongado conlleva tener que atravesar determinadas situaciones complejas como la ansiedad angustia que nos puede provocar su ausencia en los momentos en los que la requeríamos, la culpa por recaer o la dificultad de tener que negarse el deseo.

Quizás el punto más complicado sea el de conseguir convencerse de la necesidad de abandonar la adicción, muchas de ellas viven integradas en una vida aparentemente normal y al no llamar la atención, se siguen manteniendo.

 

Adicciones más comunes

 Alejandro Vera

Algunas de las adicciones más comunes son; alcoholismo, ludopatía (adicción al juego), adicción al cannabis, adicción a los videojuegos, adicción al sexo, adicción a la cocaína y otras drogas de diseño, étc.

 

Todas y cada una de ellas, tienen una forma diferente de expresarse. Representan una forma de satisfacer de forma temporal y efímera una necesidad real.

Las adicciones suelen dividirse en dos categorías principales: las adicciones con sustancia y las adicciones sin sustancia.

No obstante cada adicción o dependencia, tiene sus particularidades. Por eso, el tratamiento debe ser personalizado y debemos comprender, como decía anteriormente, la función vital que está cumpliendo para la persona.

¿En qué consiste el tratamiento de una adicción?

No os voy a engañar, el tratamiento y la desintoxicación en un caso de adicción es una tarea dura. Lo cual no quiere decir imposible, ni mucho menos. 

Lo ideal en el tratamiento de las adicciones es que este sea compartido por un psicólogo especialista en adicciones y un médico (intervención farmacológica).

 

Será necesario, además del trabajo personal que nos lleve a comprender que nos falta y que necesitamos llenar, medidas y herramientas para afrontar el cambio:

§  Prepararnos para las recaídas.

§  Habilidades de regulación emocional

§  Decidir como comenzar a regular el consumo o abandonarlo directamente

§  Aprender a evitar los estímulos discriminativos que nos despiertan la necesidad de consumo

§  Encontrar acciones sustitutivas gratificantes

§  Otras

La adicción no es más que un sustituto muy degradado de una verdadera experiencia de gozo. – DEEPAK CHOPRAEn 

jueves, 6 de mayo de 2021

Un niño que roba, ¿cómo abordar la situación?


EDITH SÁNCHEZ   |  La Mente es Maravillosa   |    29/04/2021                                                    Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio de Dios González                                                                                                                                       

Muchos niños, cuando están experimentado con el concepto de propiedad privada, roban. Pues bien, en este artículo queremos hablar de qué podemos hacer, como educadores, cuando identificamos esta conducta.

Un niño que roba suele causar gran disgusto a sus padres, pero también preocupación e incluso alarma. Es importante recordar que se trata de un niño y por eso no es bueno apresurar las conclusiones. Es una persona que está en proceso de formación y que, en la mayoría de los casos, solo ha cedido a un impulso.

Es claro que se trata de una conducta que no se puede dejar pasar sin más. Es muy importante que los padres orienten a un niño que roba para que comprenda por qué su acción no es aceptable. Así mismo, en algunos casos es necesario profundizar e indagar lo que puede haber detrás de ese comportamiento. 

La mayoría de los niños se quedan con algo que no les pertenece en algún momento. Lo hacen de una forma ingenua y su conducta no proyecta un futuro delincuente. Un niño que roba, por lo general, solo lo hace porque algo lo atrae y no cree que sea grave apropiarse de ello. De todos modos, se trata de una situación que se debe abordar.

“El robo está siempre asociado a la idea de poder”. – Fernando Savater – 

Un niño que roba

En este punto la edad es importante. Antes de los 6 años, los pequeños tienen muchas dudas alrededor del concepto de propiedad, especialmente en lo que se refiere a la propiedad ajena. Esto se debe a que en esas edades el niño es muy egocéntrico; un posicionamiento natural frente al mundo normal en relación con el momento evolutivo por el que están pasando. 

Por lo tanto, el niño solo tiene en consideración sus propios deseos y necesidades. Un niño que roba antes de los 6 años no debe ser castigado, ya que no comprenderá muy bien por qué su conducta es negativa. Lo que sí podemos es explicarle por qué no debe hacerlo.

En cambio, el niño mayor de 6 años ya suele trabajar con un concepto de propiedad privada menos rudimentario. Por lo tanto, si lo hace debería recibir algún tipo de sanción y una fijación clara de los límites que no debe sobrepasar. Lo indicado es llevar a cabo estas acciones:

·        Permanecer calmados y manejar la situación con serenidad.

·        Confrontar la situación de inmediato. Nunca hay que “dejarlo de ese tamaño”, postergar el asunto o minimizar la situación.

·        Aplicar consecuencias. Esta conducta genera efectos que el niño debe afrontar. No basta con señalarle que está mal lo que hizo.

¿Por qué roba un niño?

Un niño que roba, en la mayoría de los casos, solo cede a una tentación. Sin embargo, también hay algunos factores que se convierten en estímulos o detonantes de esta situación. Por ejemplo, si un niño toma algo que no le pertenece y los padres no educan su conducta, podrían estar reforzándola. 

Así mismo, no hay que olvidar que los niños suelen imitar lo que ven en los adultos. Si el niño ve que nosotros también “robamos" -ejemplo, coger material de la oficina para casa-, es probable que nos termine imitado -ejemplo, cogiendo material que es del colegio-.

También se da el caso de los niños en los que los padres no cuenta con el dinero suficiente como para satisfacer los deseos materiales de su hijo. A veces deben renunciar a un deseo muy intenso de tener algo que llama poderosamente su atención y no lo logran, entonces roban. Así mismo, hay ocasiones en las que su grupo de iguales roba y ellos actúan así para sentirse integrados.

El robo y la carencia

Por supuesto que también existen los casos en los que entran en juego aspectos psicológicos más complejos en el robo. Al respecto, hay una interesante explicación que ofrece Donald Winnicott, quien establece una relación directa entre las conductas antisociales y la deprivación emocional durante la infancia.

Winnicott señala que, frente a la deprivación emocional, el niño suele optar por una de dos alternativas: o aniquila su yo verdadero, o convulsiona a la sociedad hasta obtener de ella protección. La deprivación es un estado en el que el niño se siente privado de los cuidados de la familia. 

Lustgarten de Canteros dice que, en esos casos, la conducta antisocial “es una llamada para a ser registrado por el otro, constituyendo una búsqueda de los cuidados hogareños que siente haber perdido”. Por lo tanto, antes de imponer sanciones o límites a un niño que roba, también es importante preguntarse si el pequeño está recibiendo la atención y afecto que necesita.

 

martes, 4 de mayo de 2021

Tipos de emociones explicadas con ejemplos y su significado ( II )


Psicología General     |     grullapsicologiaynutrición.com    |    13/02/2021

 

Las enfermedades y las emociones

Todos sabemos que las emociones son muy importantes, pero somos consciente de hasta qué punto pueden afectar a la salud ¿?.

Seguramente no lo suficiente. Una rama de la psicología llamada psicosomática, es la encargada de comprender cómo el malestar psicológico o emocional se traduce en malestar físico.

 

Y esto no es decir nada mágico, cuando las personas no nos encontramos bien, nuestro cuerpo comienza a generar una serie de sustancias químicas como por ejemplo son las citoquinas, que van poco a poco debilitando nuestro sistema inmune.

 

Por ejemplo, numerosos estudios han relacionado el patrón de personalidad tipo A con el infarto de miocardio, y el patrón de personalidad tipo B, con el cáncer.

Ambos tienen problemas con la emoción rabia. Mientras el primero por exceso, el segundo, por reprimirla. Esto son sólo dos ejemplos de cómo las enfermedades y las emociones pueden interactuar.

De modo que para cuidar nuestra salud, debemos cuidar también nuestros sentimientos y emociones.

Libros para aprender sobre las emociones

Siempre que hago un artículo me gusta recomendar alguna lectura para aquellas personas más curiosas y que quieren profundizar en el tema.

Sobre emociones hay muchísimos libros, pero a mí, hay particularmente uno que me encanta: El rostro de las emociones de Paul Ekman.

Paul Ekman es bajo mi punto de vista, el mejor investigador en el campo de la psicología de las emociones y la motivación. Este libro explica paso a paso como se manifiesta en el cuerpo y qué sentido tiene cada emoción.

Leerlo es una forma de entender nuestras respuestas naturales, como lo que son, naturales. Esto nos ayudará a poder controlarlas:

Este libro también nos enseña como leer las emociones en el rostro de otras personas y su fisiología.

¿Existen las emociones positivas y negativas?

Seguro que has oído hablar sobre esto o tú mismo te refieres a ellas de esta manera. Uno de los grandes culpables de que esto fuese así, es Daniel Goleman, quién hizo una clasificación entre emociones positivas y negativas.

Como imagino sabrás, todas las emociones tienen un valor adaptativo y sirven para algo. Esto quedó muy bien reflejado en la película Inside Out.

Emociones como la tristeza no son negativas, ya que esta es necesaria para la supervivencia. Sería más correcto hablar de emociones agradables y desagradables. 

 

Emoción y aprendizaje

Sin emoción no hay aprendizaje. La emoción es el marcador de la memoria. Las emociones actúan como marcador de la memoria, es decir, le dicen a nuestro hipocampo la importancia que tiene o no recordar aquello en cuestión.

Es por esta razón por la que apenas nos acordamos de las cosas que hemos estudiado en el instituto. El tipo de enseñanza al que estamos acostumbrados tiene como esencia aprobar un examen (urgencia-emoción). En el momento que lo pasamos, nuestro recuerdo se diluye, ya que incorporamos información ajena a nuestro interés solamente para poder seguir avanzando.

En resumen:  la emoción es a la memoria, lo que el sabor a una comida. 

Aprendemos de la experiencia

Esta es la razón por la que cuando nos ocurre algo con un impacto emocional muy fuerte nos quedamos “pillados”. Así, es cómo se construye el trauma.

Cuando tenemos una experiencia traumática es porque su valor emocional ha sido tanta alto que ha cambiado nuestra forma de pensar o sentir respecto a algún aspecto relacionado con la vida o nosotros mismos.

Cómo identificar mis emociones

Saber cómo identificar emociones no es siempre una sencilla tarea. Para algunas personas, conseguir entender qué es lo que sienten consigue ser una auténtica odisea. A las personas que les cuesta hacerlo, suelen llamar “ansiedad” a sentimientos y sensaciones muy diferentes.

¿Emociones y sentimientos son lo mismo?

La emoción es una reacción universal e inmediata, de duración generalmente corta. Sin embargo, los sentimientos se producen por un mix de nuestras emociones y pensamientos.

Dicho de otro modo, los sentimientos tienen mucho que ver con lo que hemos aprendido a pensar sobre la vida. Siguiendo con el ejemplo anterior: quizás en Sudán pasearse desnudo no sea motivo de vergüenza, pero atrévete a subir a lo alto de la Torre Eiffel como Dios te trajo al mundo.

En el lenguaje cotidiano a menudo usamos indistintamente emociones y sentimientos.

Otro ejemplo más simple: mientras el rencor es un sentimiento, la rabia sería una emoción. El rencor suele incluir a la rabia, y esta deja una resaca emocional que se activa cuando pensamos en aquello que nos hicieron.

Como podéis ver, la emoción, en este caso la rabia, actúa como color del sentimiento. Mientras que el sentimiento es algo mucho más elaborado y lleno de matices.

Tipos de estados emocionales

Los estados emocionales son en realidad los sentimientos y existen tantos como estrellas hay en el cielo.

Mediante las palabras tratamos de ponerles nombres, pero en realidad, nos podemos sentir de millones de maneras.

Los tipos de estado emocionales más populares son: rencor, melancolía, apatía, ilusión, esperanza, decepción, arrepentimiento, etc.

Emociones y educación

La razón por la a menudo tenemos tantas dificultades para comprender esta diferencia entre emociones y sentimientos, o cualquier otro aspecto relacionado con el mundo de las emociones, tiene que ver con la falta de entrenamiento emocional.

Algunas familias prescinden de la emoción y se enfocan principalmente sobre los elementos prácticos. Cada vez las escuelas se enfocan más sobre esta cuestión, sin embargo, la mayoría de personas adultas no hemos recibido nunca educación emocional.

No obstante, es algo que podemos entrenar. Nuestro cerebro es flexible y es capaz de crear nuevas rutas neurológicas para aprendizajes adquiridos.

¿Para qué sirven las emociones y cómo controlarlas?

Yo no soy muy fan de los tips o soluciones mágicas para las cosas. Si tenemos alguna emoción o trastorno emocional, deberíamos plantearnos acudir a un profesional que nos ayude con ello.

Lo que voy a hacer a continuación es daros algunas pautas generales sobre cómo abordar o afrontar las principales emociones básicas y como se sienten en el cuerpo.

¿Qué es la inteligencia emocional?

Muchas personas piensan que tener una alta inteligencia emocional consiste en ser capaces de entender a otras personas. Sin embargo, la IE va mucho más allá.

identificar y comprender las emociones, son sólo dos de las primeras ramas de la mayoría de modelos en inteligencia emocional. Las dos siguientes, y más complejas, tienen que ver con la regulación y la expresión emocional.

En otras palabras, no basta con saber lo que sentimos, sino, saber qué hacer con ello.