lunes, 12 de abril de 2021

Alcohol ( I )


Gerald F. O’Malley, DO, Grand Strand Regional Medical Center 

Rika O’Malley, MD, Albert Einstein Medical Center  | Junio 2020

El alcohol (etanol) es un depresor. El consumo de grandes cantidades de forma rápida o regular puede causar problemas de salud, incluyendo daño orgánico, coma y muerte. 

·       La genética y las características personales son importantes en el desarrollo de los trastornos relacionados con el alcohol.

·        Beber demasiado alcohol puede causar somnolencia o agresividad, afectar la coordinación y las funciones mentales e interferir en el trabajo, en las relaciones familiares y en otras actividades.

·        Beber demasiado alcohol durante un largo periodo de tiempo puede dar lugar al desarrollo de dependencia al alcohol y causar lesiones en el hígado, el cerebro y el corazón.

·        Los médicos pueden emplear cuestionarios o medir el nivel de alcohol en sangre para identificar a las personas con trastornos asociados al consumo de alcohol.

·        El tratamiento inmediato de la sobredosis puede consistir en asistencia con ventilación, sueros, tiamina y, en ocasiones, otras vitaminas (para corregir las carencias relacionadas con el consumo crónico de alcohol) y, para los síntomas de abstinencia, benzodiazepinas.

·        Los programas de desintoxicación y rehabilitación pueden ayudar a las personas que padecen trastornos graves asociados al consumo de alcohol.

 

Cerca de la mitad de los adultos en Estados Unidos son bebedores habituales, un 20% son ex bebedores y de un 30 a un 35% nunca han bebido alcohol. Beber cantidades elevadas de alcohol (más de 2 a 6 bebidas al día) durante periodos prolongados de tiempo puede provocar lesiones en varios órganos, especialmente el hígado, el corazón y el cerebro. No obstante, beber una cantidad moderada de alcohol puede reducir el riesgo de muerte asociada a trastornos cardíacos y vasculares (cardiovasculares). Sin embargo, no se recomienda consumir alcohol con este propósito, sobre todo cuando existen otras medidas más seguras y efectivas disponibles.

Trastornos relacionados con el alcohol

La mayoría de las personas no consume suficiente alcohol o con la frecuencia suficiente para que su salud y sus actividades cotidianas se vean afectadas. Sin embargo, en Estados Unidos entre un 7% y un 10% de los adultos tienen problemas con el consumo de alcohol (trastorno por consumo de alcohol, también conocido como alcoholismo). Los varones son de dos a cuatro veces más propensos que las mujeres a desarrollar un trastorno de alcoholismo. Las personas afectadas por el consumo de alcohol y otros trastornos por consumo de sustancias continúan consumiendo una sustancia a pesar de los problemas asociados a dicho consumo.

·        Beber grandes cantidades de alcohol puede causar la muerte rápidamente.

El alcoholismo puede llevar a muchos comportamientos y efectos destructivos:

·        Conducir ebrio

·        Lesiones producidas en caídas, peleas o accidentes de tráfico

·        Violencia, incluida la violencia doméstica

la embriaguez puede alterar las relaciones familiares y sociales. La tasa de divorcio es un 50% más elevada cuando uno de los cónyuges es un bebedor empedernido. El absentismo extremo del trabajo puede conducir al desempleo.

Poblaciones especiales

Los niños pequeños que beben alcohol (generalmente de modo accidental) tienen un riesgo significativo de presentar hipoglucemia grave y coma.

Las mujeres pueden ser más sensibles que los hombres a los efectos del alcohol, independientemente de su peso.

Los ancianos pueden ser más sensibles a los efectos del alcohol que los adultos jóvenes.

Las mujeres que beben alcohol durante el embarazo tienen un mayor riesgo de dar a luz un bebé con síndrome de alcoholismo fetal.

Aunque la sensibilidad a los efectos del alcohol puede variar con la edad, todos los grupos de edad pueden padecer los trastornos relacionados con su consumo. Cada vez más, el consumo y abuso de fármacos y otras sustancias entre los adolescentes se ha relacionado con consecuencias especialmente desastrosas. Los que empiezan a beber a una edad temprana (sobre todo en la edad preadolescente) tienen más predisposición a ser dependientes del alcohol en la edad adulta.

Causas

-El trastorno relacionado con el consumo de alcohol se relaciona hasta cierto punto con aspectos hereditarios. Los familiares directos de las personas con trastorno por consumo de alcohol son más propensos a padecer trastorno asociado al consumo de alcohol que la población general y dicho trastorno se desarrolla con mayor probabilidad en los hijos biológicos de las personas con trastorno por consumo de alcohol que en los adoptados.

-Algunas investigaciones sugieren que las personas con riesgo de trastorno por consumo de alcohol se intoxican con menos facilidad que las que no son bebedores problemáticos. Es decir, su cerebro es menos sensible a los efectos del alcohol. Los familiares directos de las personas con trastorno por consumo de alcohol pueden tener esta característica.

-Ciertos entornos y rasgos de la personalidad pueden predisponer a una persona a padecer un trastorno por consumo de alcohol. Las personas con trastorno por consumo de alcohol suelen provenir de familias desestructuradas, y con frecuencia las relaciones con sus progenitores están alteradas. Los alcohólicos tienden a sentirse aislados, solos, tímidos, depresivos u hostiles. Pueden exhibir comportamientos autodestructivos y ser sexualmente inmaduros. No se sabe con certeza si tales rasgos son la causa del trastorno por consumo de alcohol o su consecuencia.

Síntomas

El alcohol origina tres tipos básicos de problemas:

·        Los que se presentan de manera inmediata cuando las personas beben demasiado en un momento determinado (intoxicación y sobredosis)

·        Los que se presentan a lo largo de un periodo prolongado de tiempo cuando se consumen cantidades excesivas de manera regular

·        Los que aparecen al interrumpir bruscamente un consumo intenso y prolongado (abstinencia)

 

Efectos inmediatos

El alcohol tiene efectos casi inmediatos, ya que se absorbe a mayor velocidad de lo que se procesa (metaboliza) y se elimina del cuerpo. Como resultado, los valores de alcohol en la sangre aumentan rápidamente. Los efectos pueden aparecer al cabo de minutos de haber bebido. 

Los efectos varían ampliamente en función de cada persona. Por ejemplo, los que beben de manera regular (2 o más bebidas al día) se ven afectados en menor medida por una determinada cantidad de alcohol, que los que normalmente no beben o que lo hacen solo de manera social, un fenómeno denominado tolerancia. Quienes han desarrollado tolerancia al alcohol pueden tener también tolerancia a otras drogas que enlentecen la función neurológica, como los barbitúricos o las benzodiazepinas. 

Los efectos varían según la concentración de alcohol en el torrente sanguíneo, que generalmente se expresa en Estados Unidos en términos de miligramos por decilitro (1/10 litros de sangre), abreviado como mg/dL, y en otras partes del mundo como milimoles por litro, abreviado mmol/L. Los niveles reales en sangre necesarios para originar síntomas varían en gran medida según la tolerancia, pero en los consumidores típicos que no han desarrollado tolerancia, los siguientes síntomas son comunes:

·        De 20 a 50 mg/dL (4,3 a 10,9 mmol/L): calma, ligera somnolencia, cierta disminución en la coordinación motora fina y alteración de la capacidad para conducir

·        De 50 a 100 mg/dL (10,9 a 21,7 mmol/L): deterioro del juicio y disminución mayor de la coordinación

·        De 100 a 150 mg/dL (21,7 a 32,6 mmol/L): marcha inestable, dificultad para hablar, pérdida de las inhibiciones conductuales y deterioro de la memoria

·        De 150 a 300 mg/dL (32,6 a 65,1 mmol/L): delirio y letargo (probable)

·        De 300 a 400 mg/dL (65,1 a 86,8 mmol/L): a menudo, pérdida del conocimiento

·        ≥ 400 mg/dL (≥ 86,8 mmol/L): posiblemente mortal.

 

Los vómitos son frecuentes en las intoxicaciones alcohólicas moderadas a graves. Debido a que la persona puede encontrarse somnolienta, el material vomitado puede introducirse en los pulmones (aspirado), en ocasiones provocando una neumonía e incluso a la muerte.

En Estados Unidos, todos los estados definen el hecho de conducir con un contenido de alcohol en sangre (BAC, por sus siglas en inglés) igual o superior a 80 mg/dL (17.4 mmol/L; 0.08%) como un delito, si bien las leyes y penas estatales específicas varían.

Sobredosis

En personas que no beben alcohol regularmente, un nivel de alcohol en la sangre de 300 a 400 mg/dL (65,1 a 86.8 mmol/L) causa a menudo inconsciencia y un nivel de alcohol en la sangre igual o superior a 400 mg/dL (≥ 86,8 mmol/L) puede ser mortal. La muerte puede sobrevenir como consecuencia de la respiración alterada o los ritmos anómalos del corazón (arritmia cardíaca), especialmente cuando se bebe una gran cantidad de alcohol de forma rápida. La ingesta de grandes cantidades de alcohol da lugar a presión arterial baja y niveles bajos de azúcar en la sangre.

Los efectos de un determinado nivel de alcohol en sangre son distintos en bebedores habituales. Muchos parecen no estar afectados y funcionar con normalidad con niveles relativamente elevados (como 300 o 400 mg/dL) L (65,1 a 86,8 mmol/L).

El alcohol, incluso en dosis moderadas, altera la formación de la memoria a corto plazo, lo que puede causar lapsus de memoria. El individuo intoxicado puede parecer gregario y locuaz pero tendrá un recuerdo limitado del lapsus de memoria.

Efectos a largo plazo

El consumo prolongado de cantidades excesivas de alcohol lesiona muchos órganos del cuerpo, sobre todo el hígado (hepatopatía relacionada con el alcohol). Dado que es probable que no se siga una dieta adecuada, también es posible que desarrollen déficits vitamínicos y otras deficiencias nutricionales. 

La hepatopatía relacionada con el alcohol incluye la inflamación del hígado (hepatitis), el hígado graso y cicatrización hepática (cirrosis). Un hígado dañado por el alcohol tiene menos capacidad para eliminar los productos tóxicos residuales que pueden originar disfunción neurológica (encefalopatía hepática) del organismo. Las personas que desarrollan encefalopatía hepática pueden manifestar embotamiento, somnolencia, estupor y confusión, y terminar por entrar en estado comatoso. El coma hepático amenaza la vida de la persona y debe ser tratado de forma inmediata. 

Por lo general, las personas con insuficiencia hepática también tienen aleteo hepático (asterixis): cuando se extienden los brazos y las manos, estas caen bruscamente, para volver a continuación a su posición original. El aleteo hepático se asemeja a un temblor pero no es lo mismo. 

La cirrosis del hígado (hepática) provoca el aumento de la presión en los vasos sanguíneos próximos al hígado (hipertensión portal). La presión acumulada en estos vasos sanguíneos puede causar inflamación de los vasos sanguíneos del estómago y del esófago (varices). Estos vasos hinchados pueden romperse y sangrar de manera intensa, provocando vómitos de sangre. La hemorragia representa un problema especial, ya que el hígado lesionado no sintetiza de manera suficiente las sustancias necesarias para la coagulación de la sangre.

El consumo excesivo de alcohol puede causar una inflamación del páncreas (pancreatitis). La persona puede desarrollar dolor abdominal intenso con vómitos.

El consumo excesivo de alcohol también puede causar daño a los nervios y a partes del cerebro. Cuando se ven afectados los nervios de los brazos y las piernas (nervios periféricos), la persona puede notar pérdida de sensibilidad o sentir hormigueo en las manos y los pies. Puede desarrollarse temblor crónico. La lesión en la parte del encéfalo que coordina el movimiento (cerebelo) puede conducir al movimiento mal controlado de brazos y piernas y alterar el equilibrio. El consumo intenso y prolongado de alcohol puede dar lugar a un daño cerebral irreversible y psicosis. También puede lesionar el revestimiento (vaina de mielina) de los nervios en el cerebro, lo que origina un trastorno denominado enfermedad Marchiafava-Bignami. Las personas con este trastorno sufren agitación, confusión y demencia. Algunas presentan convulsiones y caen en coma antes de morir. 

El consumo intenso y prolongado de alcohol puede provocar un déficit grave de tiamina, una vitamina B. Este déficit puede conducir a la encefalopatía de Wernicke (una enfermedad que se caracteriza por confusión, incapacidad de coordinar la marcha o dificultad para coordinar el movimiento ocular), la cual, si no se trata rápidamente, puede provocar síndrome de Korsakoffcoma o incluso la muerte. 

Una depresión existente puede empeorar a causa del consumo de alcohol, y las personas con trastorno por consumo de alcohol tienen una probabilidad más alta de sufrir depresión que los no alcohólicos. Dado que los trastornos asociados al consumo de alcohol, especialmente el consumo compulsivo, provoca a menudo intensos sentimientos de remordimiento durante los periodos en los que no se toma alcohol, las personas con trastorno por consumo de alcohol son propensos al suicidio incluso en periodos de abstinencia. 

En una mujer embarazada, el consumo de alcohol puede causar graves problemas en el feto en desarrollo, como bajo peso al nacer, talla pequeña, cabeza pequeña, lesiones cardíacas y musculares y cociente intelectual bajo o discapacidad intelectual. Estos efectos se denominan síndrome alcohólico fetal. Por lo tanto, se recomienda evitar el alcohol durante el embarazo.

 

sábado, 10 de abril de 2021

El valor de enseñar a los niños a decir "por favor", "gracias" o buenos días"


VALERIA SABATER     |   mejorconsalud.as.com    |     11/02/2021 

Enseñar a los niños a decir las palabras "por favor", "gracias" o "buenos días" tiene un valor que en ocasiones se nos olvida. Paremos un momento a analizarlo.

 

Decir gracias, pedir algo por favor o dar los buenos días son señales de sensibilidad y respeto hacia el otro. Por ello, el valor de enseñar a los niños estas pautas básicas se presenta como una clave esencial para cualquiera que ejerza el rol de educador.

 

Es posible que tú mismo seas “de esa generación”. De aquella a la que le enseñaron con firmeza que a las personas se les considera y que es necesario tratar con cariño para, a su vez, ser tratado también de buen modo. Por tanto, si fomentamos este tipo de costumbres en los más pequeños, conseguiremos que den el ejemplo y que, además, propicien entornos sociales más humanos.

 

La fórmula para crear un mañana más íntegro pasa por detalles como estos. Lo creamos o no, pequeños gestos crean universos enteros. Te invitamos a reflexionar sobre ello a continuación.

 

El valor de enseñar a los niños a comunicarse

Decir “por favor”, “gracias” o “buenos días” no es solo un acto de cortesía. Se trata más bien de una forma de conseguir que los niños piensen y pasen de ese egocentrismo habitual de la infancia temprana al reconocimiento del otro y de sus necesidades.

El desarrollo moral en los niños

Uno de los autores más conocidos a la hora de hablar del desarrollo moral de los niños fue sin duda Lawrence Kohlberg. Si bien pueden existir ciertas diferencias de niño a niño e, incluso, de hermano a hermano, lo habitual es seguir esta evolución en lo que se refiere a la toma de conciencia del respeto, las reglas y el reconocimiento del otro.

·        Durante la primera infancia, entre los 2 y los 5 años, el niño se rige solo por los premios y los castigos. Entiende que hay normas impuestas que debe obedecer para ganar afecto y para evitar posibles regañinas.

·        En la segunda fase acontece la edad de oro. Esta tiene lugar entre los 6 y los 9 años y en ella se deja a un lado esa atención en uno mismo de forma gradual.

·        Con posterioridad, entre los 8 y los 10 años, el niño ya es capaz de entender ese bien común, ese respeto que ofrecer a los demás y que luego vuelve a uno mismo. Por ello es frecuente que, en estas edades, salga en defensa de sus amigos y hermanos y que tome conciencia de lo que es justo también a nivel colectivo.

·        Poco a poco y ya con la adolescencia, los jóvenes irán adquiriendo sus propios valores. Se volverán críticos ante determinadas cuestiones que consideran inadecuadas o abusivas.

Las muestras de cortesía y el valor de enseñar esto a los niños

Cuando alguien ofrece a un niño de cuatro años un regalo, es usual que los padres le indiquen aquello de “¿Qué se dice ahora?”. Ante esto, el hijo, casi a regañadientes y en voz baja, dice eso otro de “gracias”.

No importa si hemos de repetírselo un montón de veces. Es más, llegará un momento en que no solo lo automatizará, sino que se dará cuenta de lo que consigue.

Por ejemplo, cuando pide “por favor” las materiales en clase, el pequeño puede descubrir que un compañero se los ofrece con una sonrisa. A su vez, al expresar agradecimiento, el otro responderá con amabilidad. Todo esto propicia poderosas conexiones basadas en emociones positivas.

 

Este tránsito entre dar las gracias de forma obligada hasta que el propio niño lo hace con espontaneidad y con agrado es un proceso maravilloso que repercutirá para bien en su vida. Estos gestos aportan calidez a las interacciones y hace que estas sean, además, más fáciles.

El poder de la crianza respetuosa

El término de “crianza respetuosa” hace referencia a un concepto acuñado por autores como William Sears o John Bowlby.

En esta interesante corriente se enfatiza la necesidad de promover la adaptación natural del niño a sus entornos, así como de fomentar su empatía. Tal vínculo emocional le permitirá entender mejor el mundo, a las personas y a sí mismo. Así, la crianza respetuosa es aquella en la que se fomenta un apego saludable entre los padres y los niños. Hay cercanía física, abrazos, caricias, palabras agradables y una comunicación continua.

Bajo estas claves, la educación se basa en el refuerzo positivo. Acciones como dar las gracias, pedir por favor, ser pacientes y aceptar los ritmos y los tiempos de los niños a la hora de adquirir conocimientos son elementos presentes en este modelo.

El valor de enseñar a los niños estos sencillos detalles

Con todo, cuando el niño descubre lo que obtiene al comportarse con cortesía y respeto, incorpora tales actos a su conducta social de manera fluida.

Si como educadores lo tenemos en cuenta y lo transmitimos lo antes posible, el beneficio que recibirán las futuras generaciones será un legado constante.

¿Te acordarás de las expresiones mágicas de “por favor”, “gracias” o “buenos días”?

 

jueves, 8 de abril de 2021

Los huesos y el estrés, una relación interesante


Edith Sánchez    |    La Mente es Maravillosa   |   10/01/2021 

Artículo verificado y aprobado por el psicólogo Sergio de Dios González

Hay una relación entre los huesos y el estrés, como lo comprobó un equipo de científicos estadounidenses. Los datos indican que, por ejemplo, la hormona ósea osteocalcina aumenta su concentración en situaciones de estrés.

Un grupo de científicos de la Universidad de Columbia, dirigido por Gerard Karsenty del Centro Médico Irving, descubrió una interesante relación entre los huesos y el estrés. Detectaron una hormona ósea que es liberada como respuesta al estrés agudo.

 

La investigación fue publicada en la revista Cell Metabolism y representa un hallazgo importante. Hasta ahora se pensaba que el organismo respondía al peligro segregando cortisol, adrenalina y noradrelina. No se hablaba de una relación entre los huesos y el estrés.

 

El equipo de Columbia detectó que hay otra hormona que participa en la respuesta ante un estímulo estresante. Se trata de la osteocalcina, una hormona ósea. Esto prueba no solo que existe una relación entre los huesos y el estrés, sino también que el esqueleto, desde el punto de vista evolutivo, se formó en gran medida para responder al peligro.

 

La noción de que el hueso media la respuesta al estrés es totalmente nueva, al igual que la noción de que las glándulas suprarrenales no median la respuesta al estrés”. -Gerard Karsenty-.

 

Las hormonas del estrés

Como muchos lo saben, cuando un organismo se expone a un estímulo amenazante se produce una respuesta de estrés agudo, que prepara el cuerpo y la mente para la lucha o huida. Dicha respuesta está mediada por el sistema nervioso simpático y es fundamental para garantizar la supervivencia.

La respuesta ante el peligro implica la segregación de tres hormonas: el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina. Todas ellas son secretadas por las glándulas suprarrenales que están ubicadas encima de los riñones.

 

Una vez que esas hormonas entran en acción, se producen una serie de cambios fisiológicos. Aumenta la temperatura, se eleva la frecuencia cardíaca, así como la frecuencia respiratoria y la presión arterial. De este modo, los músculos se preparan para la acción, que, en condiciones de peligro, puede ser lucha o huida.

 

Gerard Karsenty, director de la nueva investigación, señaló que todo esto estaba muy claro, excepto por un punto: el cortisol es un tipo de hormona que requiere de varias horas para provocar cambios fisiológicos. Aunque participa en la respuesta al estrés agudo, su acción no es tan inmediata. Por lo tanto, Karsenty pensaba que debía existir “algo más” en ese esquema.

 

Los huesos y el estrés

La hipótesis de base de Gerard Karsenty y su equipo era que la función original de los huesos es la de responder al peligro. Esto es debido a que protegen los órganos internos y permiten que los organismos se muevan y puedan huir. Sobre esa premisa, plantearon la idea de que también debían estar involucrados en el estrés agudo.

 

Para probar su idea, el equipo retuvo a un grupo de ratones en una jaula por 45 minutos. Esto era un estímulo estresante. Así se dieron cuenta de que la hormona osteocalcina había aumentado un 50 % en los ejemplares retenidos.

 

A ese grupo de animales se le expuso a un hisopo de algodón empapado en orina de zorro, enemigo natural de los ratones. Esto llevó a que el nivel de osteocalcina aumentara a un nivel de 150 %. Era claro que había una relación entre los huesos y el estrés.

 

Nuevas evidencias 

Para corroborar los hallazgos, el equipo de investigadores les extirpó las glándulas suprarrenales a algunos ratones. Al hacerlo, impedían que se secretaran las clásicas hormonas del estrés. Después se les expuso a un estímulo amenazante y comprobaron que los niveles de osteocalcina aumentaban de manera significativa.

 

Lo interesante es que la osteocalcina fue capaz de desatar una respuesta al estrés agudo. En otras palabras, cumplió el papel de provocar los cambios fisiológicos propios de una situación de peligro. Por lo tanto, hubo aumento de frecuencia cardiaca y respiratoria, incremento de temperatura, etc., sin adrenalina, ni cortisol, ni noradrenalina.

 

La relación entre los huesos y el estrés se reconfirmó con una nueva prueba. A ratones sin glándulas suprarrenales y sin capacidad para producir osteocalcina se les inyectó esta última en una alta proporción. A los pocos minutos los ejemplares mostraron un aumento de temperatura corporal, mayor frecuencia cardiaca y todo el cuadro de estrés convencional.

 

La pregunta de oro es: ¿opera así mismo en los humanos? La respuesta es: sí. Un grupo de 20 personas fueron sometidas a un estímulo de estrés: hablar en público. La respuesta fue similar a la de los ratones y se pudo verificar el aumento de osteocalcina. Además, hay un dato adicional: la relación entre los huesos y el estrés se reduce con los años. A mayor edad, menor capacidad para producir esa hormona.

 

martes, 6 de abril de 2021

¿Cómo entretener a los niños?. ¡Deja que se aburran!. Es más productivo


ROCÍO CARMONA    |    La Vanguardia    |    11/04/2020

En un momento en el que muchos padres se pasan el día buscando y compartiendo recursos para entretener a los críos en casa, algunos expertos reivindican el derecho de los más pequeños al aburrimiento. Aburrirse es, afirman, una de las experiencias formativas más importantes en la vida de una persona. La capacidad para lidiar con el aburrimiento es un signo inequívoco de buena salud mental, y experimentarlo obliga a los más pequeños a aprender a enfrentarse con la soledad y a desarrollar recursos internos para hacerlo. Así, con cada “mamá, me aburro”, pueden ir descubriendo los tesoros que se esconden en su imaginación.
 
El aburrimiento es un trampolín a la creatividad”, afirma en este sentido la psicóloga y terapeuta Lara Terradas Campanario. Las situaciones de aburrimiento, explica Terradas, siempre llevan implícitas dos opciones. Imaginemos por ejemplo que está lloviendo mucho y el niño quiere salir a jugar fuera (y aquí podemos sentirnos libres de cambiar la palabra “lluvia” por la palabra “virus”). La primera opción sería salir a jugar y mojarse. En la segunda, imaginemos que valoramos que al llover tanto (o al haber un virus ahí fuera que por ahora impide la libre circulación) es necesario esperar a que escampe un poco.
 
“Si en esta situación yo me quedo fijado en la lluvia (o el virus) como culpable de que no pueda hacer lo que deseo, me aburriré”, asegura esta especialista. Y continúa: “Pero al cabo de un rato, y siempre que nadie me distraiga, me ponga un chupete emocional en forma de pantalla, juegos, comida, conversaciones o canciones que no me interesan, y que lo que hacen es tapar el valioso mensaje del aburrimiento trae, seguro que se me ocurrirá un plan B: mirar a qué puedo jugar adentro, como segunda opción, quedándome en cuerpo y alma donde estoy y buscando alternativas, focalizando mi atención a lo que sí es y dejando atrás lo que no es, para así, abrirme a las posibilidades del presente. Pies para qué os quiero si tengo alas para volar, que decía Frida Kahlo”.
 
¿Y cuál es ese mensaje vital del aburrimiento? ¿Hacia dónde dirige nuestro vuelo y por qué deberíamos pensárnoslo dos veces antes de correr a responder a la demanda de entretenimiento de nuestro hijo? El propósito del aburrimiento es, para Terradas, ayudarnos a conectar con nuestro sentir y crecer como personas creando realidades nuevas.
 
Aburridos crecen como personas.
 
“Es un puente hacia el encuentro conmigo mismo. Cuando me relaciono conmigo directamente y no me distraigo por otros estímulos externos, entonces puede florecer mi imaginación y mi creatividad, que son las fuentes de la verdadera realización humana. Después les vamos a preguntar a estos mismos niños qué quieren ser de mayores, cuando no habrán tenido ni tan siquiera el tiempo de sentir qué quieren hacer ahora mismo, y quizá en el futuro nos encontraremos frente a adultos autómatas que estudian carreras por cumplir el expediente y trabajan de algo que no tuvieron la oportunidad de sentir si tenía que ver con una llamada de su corazón”, explica contundente.
 
Pero lo cierto es que, aunque nos cuenten o empecemos a intuir que aburrirse es una cosa buena para los más pequeños, a menudo nos sentimos incómodos ante ese sentimiento y nos cuesta dejar de reaccionar. Para Terradas Campanario, el motivo de ello es que vivimos en una sociedad que se exige todo el tiempo por encima de sus posibilidades.
 
La incomodidad de los padres
 
“La infancia es un reflejo de los mandatos bajo los cuales vive la sociedad y en estos tiempos vivimos bajo la hiperexigencia. Es común encontrar en el diccionario infantil los siguientes términos: “más, mejor, ahora, rápido, diferente. El tiempo infantil está más embutido que los pavos navideños americanos, no suele quedar ni un hueco para el aburrimiento”, afirma.
 
Incluso en estos momentos de cofinamiento, muchos padres se afanan por llenar todas y cada una de las horas de sus hijos entre deberes, iPads y clases online. No debemos olvidar, tampoco ahora, la importancia de permitirles disfrutar de grandes espacios de tiempo no estructurado.
Lo que tampoco quiere decir que no actuemos si vemos que nuestro hijo se queda estancado en ese ”me aburro”, pues si eso sucede será una señal de que el aburrimiento no está cumpliendo con su propósito. ¿Cómo acompañar, pues, este sentimiento sin sobreprotegerlos ni dejar de atenderlos? He aquí diez recomendaciones de Lara Terradas:
 
1. No sentirse responsable
Acompañar significa no interferir, no modificar. No tenemos que “salvar” a las criaturas de ese estado de aburrimiento.
Si los padres “salvan” al niño del aburrimiento se acomoda en lo pasivo, en que le den lo que quiere, sin buscarlo.
En lugar de correr a salvarlos, pues, debemos aprender a escuchar: “Preguntar qué les ocurre, poner la oreja, abrir el corazón a la curiosidad de su respuesta, cerrar la boca y acallar los pensamientos, nos dispone para una escucha activa que acoge lo que la criatura expresa”.
 
2. Observarse
Para ser capaces de no interferir, antes debemos mirar qué nos pasa cuando los niños “no hacen nada”. “Quizá nos alarmamos porque se pone en entredicho el mandato de la hiperproductividad que tenemos tan asumido que nos cuesta cuestionar.
 
3. Dejar que se aburra
 “La mejor manera de encontrar la solución correcta es tomándose un descanso, dijo Van Zuylen. No empujar el río ni pretender que ocurra otra cosa. Darse cuenta de que dentro del propio aburrimiento existe la solución al mismo, la semilla para la transformación está dentro del mismo fruto que se está pudriendo, no hay que desestimarlo ni ofrecer otro”.
 
4. Ayudar a nombrar los sentimientos opuestos
Podemos proponer al niño hacer una lista con las cosas que quiere y otra con lo que hay. También se puede jugar a: “Si pudiera hacer lo que me da la gana…” Y recrearse en la ilusión, en la fantasía. “Con ello estamos dejando salir la parte del deseo frustrado, que al ser identificada, nombrada y absorbida por la aceptación de quien escucha, deja de apretar tanto adentro, porque se le ha dado un lugar”, dice Terradas.
 
5. Acoger su frustación
 “Es importante abrir un espacio emocional para que el niño se frustre delante de la imposibilidad de tener lo que quiere (amigos, escuela, calles, correr, aire libre, sol, parque..) y permitir la expresión de esa frustración. Recordemos que la frustración es el puente que nos permite atravesar de la orilla de lo que queremos a lo otra orilla de lo que es.
 
6. Abrir la mirada al presente
Una vez ese dolor se ha manifestado, estamos más dispuestos a ver lo que tenemos delante de los ojos, entre nuestras manos. “Se puede hacer una lista (también podemos pasarnos una pelota y a cada turno nombrar algo) con lo que nos gusta de lo que tenemos. Agradecer eleva la vibración y protege nuestro sistema inmunológico.
 
7. No obligar
En esta situación de parón parece que cueste asumir que parar es más natural que seguir haciendo. “He oído quejas de recibir tareas de la escuela que no pueden ser acompañadas por las familias, por falta de tiempo o porque se crea una relación de tensión cuando mamá o papá se ponen de profes, o porque mamá o papá recién aterrizan del teletrabajo y no tienen la capacidad de estar disponibles para mis tareas, etcétera”. En este sentido, Terradas afirma que no es momento de seguir el curso es colar como si nada pasara.
 
8. Jugar al aquí y ahora
¿Cómo sería estar totalmente presente en este momento? Hacer alguna actividad casera, tipo, fregar los platos y permitirse oler el olor del jabón, notar la temperatura y el roce del agua en las manos...
 
9. Jugar al abogado del diablo
 “Tengo muchas ganas de patinar y no puedo”, puede decir el niño. Y nosotros podemos preguntar: “¿Seguro que no puedes?” Cuestionar la validez de un pensamiento, explican los expertos, puede abrir puertas a la creatividad. Quizá puede patinar en el pasillo o, en su defecto, se puede visualizar patinando y hacer un cuento al respecto.
 
10. Evitar el juicio
Observa qué pensamientos se activan cuando vemos a nuestro hijo aburrido. Si pensamos que el niño es esto o es lo otro porque no sabe qué hacer con su tiempo, y entonces nos enfadamos, aunque no lo digamos, se percibe que no estamos cómodos con la situación. “Recordemos que si un niño no sabe qué hacer con su aburrimiento probablemente es porque de alguna manera hemos colaborado en silenciar su propia brújula interna, y que detrás de esa actitud hay un malestar”.
 
11. No hagas nada
Considera no hacer nada de las recomendaciones anteriores si con ello vas a bloquear la posibilidad de que tu hijo lleve a cabo su propio proceso de indagación. Debemos tener cuidado de no convertirnos en animadores de la gestión del aburrimiento.