miércoles, 9 de marzo de 2022

La importancia de la familia en la salud mental


NAHUM MONTAGUD RUBIO         |      Psicología y Mente

Así es como el contexto familiar actúa favoreciendo o previniendo los trastornos psicológicos.

La familia condiciona cómo somos en muchos aspectos. Nuestros padres, hermanos, abuelos y hasta tíos y primos nos enseñan valores, costumbres, nuestra lengua materna y forma de relacionarnos con los demás, aspectos que conforman nuestra identidad y personalidad.

Sin embargo, para bien o para mal la familia también condiciona nuestra estabilidad emocional, ofreciéndonos un entorno estable y saludable en el que nos podemos desarrollar de forma adecuada o, por el contrario, un entorno marcado por la inseguridad e incerteza, que nos desestabiliza.

La importancia de la familia en la salud mental es un hecho, una realidad que vamos a explorar y analizar a continuación.

¿Por qué importa la familia en la salud mental?

La familia ejerce un papel fundamental en la vida de la mayoría de las personas. No son pocas las situaciones en las que se toman decisiones importantes en función de la familia, de lo que nos ha enseñado a lo largo de la vida, de su bienestar y de la forma cómo nos relacionamos con ella una vez somos adultos.

Las relaciones con nuestro núcleo familiar determinan mucho nuestra forma de ser y cómo nos relacionamos con otras personas, siendo un factor que repercute mucho también en nuestra salud mental.

En todas las familias se dan eventos que ponen a prueba nuestra salud mental y la condicionan. Los hay más leves, como puede ser una discusión momentánea entre nuestros padres, y los hay de más serios, como puede ser un divorcio o la pérdida de un padre a temprana edad. Vivir estas situaciones cuando se es pequeño influye en nuestra estabilidad emocional, pudiéndose vivir de forma especialmente intensa y, en caso de no acabar bien, desembocar en problemas psicológicos.

La familia: un entorno que condiciona nuestra vida

La familia es un entorno que condiciona nuestra vida y, claro está, nuestra salud mental. El medio ideal para que una persona crezca siempre es la familia sana y funcional, al margen de cuál sea su estructura y si hay lazos de sangre o no entre sus miembros. A día de hoy sabemos que el hecho de que una familia tenga un papá y una mamá, sea monoparental o se trate de un matrimonio homosexual no condiciona la salud del individuo, sino el estilo parental que ejerzan los padres para con sus hijos.

Toda familia funcional es aquella en la que los padres y madres saben educar bien a sus hijos, los crían en un entorno en el que el cariño y el amor está bien presente, pero sin dejar que los niños y niñas hagan todo lo que les venga en gana. La clave está en saber dar amor a la vez que se es responsable en el cuidado de los niños, aplicando un sistema democrático de crianza, y cumpliendo las tres principales funciones que todo buen padre y madre debe cumplir: protección, cuidado y afecto.

Si de pequeños nos dieron protección, cuidado y afecto de forma adecuada, también aprendimos que son aquello que le debemos brindar a nuestros hijos, lo cual funciona como factor de protección tanto a la hora de que desarrollemos trastornos mentales como que lo desarrollen nuestros hijos. En cambio, si estas necesidades no nos fueron satisfechas, es más difícil que se las ofrezcamos a nuestros hijos sin ayuda de otros compañeros en la crianza, puesto que no se puede brindar aquello que no tenemos ni recibimos, a no ser que lo aprendamos de forma consciente y voluntaria una vez somos adultos.

Que hayamos reducido a tres funciones básicas la crianza no quiere decir que estas sean fáciles. Dar protección, cuidado y afecto a nuestros hijos e hijas es una tarea complicada, que requiere de una profunda reflexión, paciencia y autoconocimiento, con tal de identificar errores que podamos cometer en nuestra forma de criar que, aunque no nos demos cuenta, pueden afectar de forma muy negativa a la salud de nuestros hijos. Si bien todos los buenos padres quieren lo mejor para sus hijos, esto no quiere decir que lo cumplan, aunque no lo hagan con mala intención.

Por ejemplo, comentarios como “estás tonto”, “no me seas dramática”, “lo podrías hacer mucho mejor” y demás, lejos de “motivarlos” puede hacer que piensen que no valen nada, que no son valorados ni por sus propios padres y, teniendo en cuenta la importancia que adquieren nuestros padres y otras figuras de autoridad en nuestro crecimiento, esto perjudica mucho en su salud mental, especialmente en su autoestima, autoconcepto y forma de relacionarse con los demás.

Además, los hijos, sean niños o adolescentes, aprenden a comportarse según lo que ven en sus padres. Si un hijo o hija se comporta de forma irrespetuosa con sus padres, lejos de pensar que es porque es mala persona o porque es una oveja negra, es bastante probable que se comporte así porque considera que sus padres no lo respetan o, también, porque sus padres se han comportado de forma irrespetuosa tanto con él como con otras personas del entorno familiar, como abuelos, hermanos, tíos o primos.

Salud mental de una familia con un miembro con psicopatología

En la mayoría de las ocasiones, que un miembro de la familia presente un trastorno mental supone un duro revés para la familia, en especial para la persona que se va a encargar de cuidarlo. Los familiares se pueden sentir muy agobiados y estresados al ver como una persona que conocían de toda la vida cambia, deja de ser cómo era antes y ahora requiere muchos cuidados. La psicopatología de un ser querido se vive como una pérdida y, a la vez, como la adquisición de una pesada carga.

Los familiares de personas con trastornos mentales son más propensos a experimentar sentimientos de dolor y pérdida, que aunque aumentan y disminuyen a lo largo de la vida acaban convirtiéndose en un profundo e intenso dolor crónico. Viven en una constante montaña rusa, cuyas subidas y bajadas dependen directamente de las recaídas y remisiones de la psicopatología del familiar a su cargo.

Al igual que las familias en general, las familias que tienen un miembro con un trastorno mental representan un grupo diverso. Cada miembro familiar tiene experiencias únicas, necesidades y preocupaciones distintas. Así pues, cada familia se puede comportar de forma distinta con su familiar, en función del diagnóstico y de los recursos que posean.

Con el paso del tiempo, aunque con gran dificultad y con ayuda de psicólogos y grupos de apoyo, los familiares que cuidan del miembro con un trastorno mental acaban aceptando sus síntomas, aprendiendo a hacerle frente al trastorno y gestionarlo de la mejor manera posible. Sin embargo, esto no les quita el profundo dolor emocional, estrés y ansiedad que viven como consecuencia de tener que atender a una persona mentalmente inestable, problemas que pueden hacer que ellos presenten también un trastorno mental.

Esto es especialmente notorio en las familias cuyo miembro con psicopatología presenta algún trastorno de la personalidad, esquizofrenia o trastorno bipolar y tiene poca conciencia de su trastorno. Es duro tener que aguantar a una persona que es incoherente en su comportamiento, que cambia de opinión de forma constante y que encima culpabiliza de sus errores a los demás o, incluso, se inventa que recibe algún tipo de agresión cuando, quizás, es él o ella que, sin darse cuenta, ejerce maltrato psicológico a las personas que le cuidan.

Familia como origen de psicopatología

Las familias que no saben enfrentarse sanamente a momentos de crisis y no ofrecen un entorno de paz y estabilidad emocional acaban debilitándose. De hecho, este tipo de familias, en lugar de promover el sano desarrollo de cada uno de sus miembros, puede convertirse en un factor de riesgo en su salud mental. Los abusos, los malos tratos, las adicciones y la crianza demasiado autoritaria contribuyen en la aparición de traumas, frustraciones y síntomas psicopatológicos varios que acabarán cristalizándose y convirtiéndose en un trastorno mental en la adultez de no ser tratados.

Un programa de televisión que refleja esta triste realidad es la serie documental estadounidense “My 600-lb Life”. Este programa narra la historia de personas que tienen obesidad tipo IV y que se han quedado postradas en su cama, sin poder moverse libremente ni siquiera para hacer sus necesidades y que para poder sobrevivir a largo plazo necesitan una intervención quirúrgica.

Las personas que alcanzan pesos superiores a los 250 kilos no alcanzan este peso por puro descuido o pereza. Una persona no alcanza un índice de masa corporal de 80 sentándose un día en el sofá, abriendo una bolsa de patatillas y comiendo hasta que un día se da cuenta de lo mucho que ha engordado. Las “estrellas” de este programa tienen problemas de conducta alimentaria, una adicción a la comida que es el resultado de haber tenido una infancia marcada por la violencia, la pobreza económica y, en muchos casos, las adicciones y abusos sexuales de personas cercanas.

La relación entre los participantes del programa y sus familias es extremadamente disfuncional, y no únicamente por el pasado familiar sino también por el presente. La familia, lejos de ser un soporte emocional para la persona con obesidad extrema y motivador para el cambio, en muchas ocasiones configura el entorno que ha hecho que se llegue a esa situación, provocándole mucho estrés que la empuja a comer.

En otros casos, suele pasar que los padres sienten mucha culpa por lo que le pasó a su hijo durante la infancia, especialmente si un tío o un amigo de la familia abusó sexualmente de su hijo y no se dieron cuenta o ellos mismos eran unos padres drogadictos y negligentes. Para compensar el no haber estado por ellos en su infancia, suele pasar que los padres se convierten en “enablers” (“facilitadores”), trayendo y cocinando ellos la comida, puesto que su hijo adulto de casi 300 kilos está postrado en la cama y no puede ir a comprar él por su cuenta.

Todo esto evidencia el poder que tiene la familia en el desarrollo de psicopatología y en su conservación. Las infancias disfuncionales ejercen como un importante origen en los trastornos mentales, y las adulteces disfuncionales contribuyen a mantener la psicopatología. Las familias con dinámicas tóxicas, disfuncionales y patológicas hacen que los pacientes, en este caso obesos mórbidos, no puedan progresar ni alcanzar sus metas a corto, medio y largo plazo.

lunes, 7 de marzo de 2022

Pensamiento positivo: detén el diálogo interno negativo para reducir el estrés


Escrito por el personal de MAYO CLINIC

El pensamiento positivo es útil para el manejo del estrés e incluso puede mejorar tu salud. Practica superar el diálogo interno negativo con los ejemplos que te ofrecemos.

¿Está tu vaso medio vacío o medio lleno? La forma en que respondas a esta vieja pregunta sobre el pensamiento positivo puede reflejar tu visión de la vida, tu actitud hacia ti mismo y si eres optimista o pesimista, e incluso puede afectar tu salud.

De hecho, algunos estudios muestran que los rasgos de personalidad como el optimismo y el pesimismo pueden afectar muchas áreas de tu salud y bienestar. El pensamiento positivo que suele venir con el optimismo es una parte clave del manejo del estrés eficaz. Y el manejo del estrés eficaz está asociado con muchos beneficios para la salud. Si tiendes a ser pesimista, no te desesperes, puedes aprender a pensar de forma positiva.

Información sobre el pensamiento y el diálogo interno positivo

El pensamiento positivo no significa que no quieras ver la realidad o ignores las situaciones menos agradables de la vida. El pensamiento positivo solo significa que enfrentas lo desagradable de una manera más positiva y productiva. Crees que lo mejor va a pasar, no lo peor.

El pensamiento positivo suele comenzar con el diálogo interno. El diálogo interno es ese flujo interminable de pensamientos no manifestados que te pasan por la cabeza. Estos pensamientos automáticos pueden ser positivos o negativos. Parte del diálogo interno proviene de la lógica y la razón. Otra parte puede surgir de las ideas erróneas que tú creas por falta de información.

Si los pensamientos que te pasan por la cabeza son en su mayoría negativos, es más probable que tu perspectiva de la vida sea pesimista. Si tus pensamientos son mayormente positivos, es probable que tú seas un optimista, alguien que practica el pensamiento positivo.

Los beneficios para la salud del pensamiento positivo

Los investigadores continúan explorando los efectos del pensamiento positivo y el optimismo en la salud. Los beneficios para la salud que el pensamiento positivo puede proporcionar incluyen:

·        Aumento de la expectativa de vida

·        Menores tasas de depresión

·        Niveles más bajos de angustia

·        Mayor resistencia al resfriado común

·        Mayor bienestar psicológico y físico

·        Mejor salud cardiovascular y menor riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares

·        Mejor capacidad de afrontar una situación difícil durante las dificultades y los momentos de estrés

 

No está claro por qué las personas que se enfocan en el pensamiento positivo experimentan estos beneficios para la salud. Una de las teorías es que tener una perspectiva positiva te permite afrontar mejor las situaciones estresantes, lo que reduce los efectos nocivos para la salud del estrés en tu cuerpo.

También se cree que las personas positivas y optimistas tienden a llevar un estilo de vida más saludable: realizan más actividad física, siguen una dieta más sana y no fuman ni beben alcohol en exceso.

Cómo identificar pensamientos negativos

¿No estás seguro de si tu diálogo interno es positiva o negativa? Las siguientes son algunas formas comunes de diálogo interno negativo:

·        Filtrar. Exageras los aspectos negativos de una situación y filtras todos los positivos, dejándolos de lado. Por ejemplo, tuviste un gran día en el trabajo. Terminaste tus tareas antes de tiempo y te reconocieron por haber hecho un trabajo rápido y completo. Esa noche, te concentras solamente en tu plan para terminar todavía más tareas y te olvidas del reconocimiento que recibiste.

·        Personalizar. Cuando sucede algo malo, tú automáticamente te echas la culpa. Por ejemplo, te enteras de que se canceló una salida con amigos y supones que el cambio de planes se debe a que nadie quería estar cerca tuyo.

·        Dramatizar. Tú automáticamente anticipas lo peor. La cafetería se equivoca en el pedido y automáticamente piensas que el resto del día será un desastre.

·        Polarizar. Ves las cosas solamente como buenas o malas. No hay término medio. Sientes que tienes que ser perfecto, o de lo contrario eres un fracaso total. 

Cómo enfocarte en el pensamiento positivo 

Puedes aprender a convertir el pensamiento negativo en pensamiento positivo. El proceso es simple, pero requiere tiempo y práctica: en definitiva, estás creando un nuevo hábito. Las siguientes son algunas formas de pensar y comportarse de manera más positiva y optimista:

·        Identifica las áreas para cambiar. Si quieres ser más optimista y tener un pensamiento más positivo, primero identifica las áreas de tu vida en las que sueles pensar de forma negativa, ya sea el trabajo, tu trayecto diario al trabajo o una relación. Puedes empezar de a poco, enfocándote en una sola área en la que te debes enfocar con mayor optimismo.

·        Evalúate tú mismo. Cada tanto, durante el día, detente y evalúa lo que estás pensando. Si encuentras que tus pensamientos son mayormente negativos, trata de encontrar una manera de darles un giro positivo.

·        No olvide el sentido del humor. Permítete sonreír o reír, especialmente durante momentos difíciles. Busca el humor en situaciones cotidianas. Cuando uno puede reírse de la vida, se siente menos estresado.

·        Mantén un estilo de vida saludable. Trata de hacer ejercicio durante unos 30 minutos la mayoría de los días de la semana. Incluso puedes dividirlo en intervalos de 10 minutos a lo largo del día. El ejercicio puede influir positivamente en el estado de ánimo y reducir el estrés. Mantén una dieta saludable para alimentar tu mente y tu cuerpo. Y aprende técnicas para controlar el estrés.

·        Rodéate de gente positiva. Rodéate de personas positivas que te apoyen y en quienes puedas confiar para que te den consejos y opiniones útiles. Las personas negativas pueden aumentar tu nivel de estrés y hacerte dudar de tu capacidad para controlarlo de manera saludable.

·        Practica la charla positiva con uno mismo. Comienza siguiendo una simple regla: no te digas nada a ti mismo que no le dirías a otra persona. Sé amable y alentador contigo mismo. Si un pensamiento negativo ocupa tu mente, evalúalo en forma racional y responde con afirmaciones de lo que está bien sobre ti mismo. Piensa en las cosas por las que estás agradecido en tu vida. 

Aquí hay algunos ejemplos de diálogo interno negativo y maneras de darles un giro positivo:

Pon en práctica el pensamiento positivo

Diálogo interno negativo

Pensamiento positivo

Nunca antes lo hice.

Es una oportunidad para aprender algo nuevo.

Es demasiado complicado.

Lo abordaré desde un ángulo diferente.

No tengo los recursos.

La necesidad es la madre de la invención.

Soy demasiado perezoso para hacer esto.

No he podido adaptarlo a mi agenda, pero puedo reevaluar algunas prioridades.

No hay forma de que funcione.

Puedo intentar que funcione.

Es un cambio demasiado radical.

Me arriesgaré.

Nadie se molesta en comunicarse conmigo.

Veré si puedo abrir los canales de comunicación.

No voy a mejorar en esto.

Lo intentaré de nuevo.

Practicar el pensamiento positivo todos los días

Si tienes una actitud negativa, no esperes convertirte en un optimista de la noche a la mañana. Pero con la práctica y el tiempo, tu diálogo interno contendrá menos autocrítica y más autoaceptación. También puedes ser menos crítico con el mundo que te rodea.

Cuando tu estado mental es generalmente optimista, eres más capaz de manejar el estrés diario de una manera más constructiva. Esa capacidad puede contribuir a los beneficios para la salud ampliamente observados del pensamiento positivo. 

sábado, 5 de marzo de 2022

La adicción a videojuegos entra en la lista de enfermedades mentales en vigor de la OMS


Redacción de La Vanguardia     |     Barcelona     |    13/02/2022
La OMS ha apuntado que los adictos a los videojuegos priorizan jugar sobre cualquier cosa y no lo pueden controlar.
Muchos jóvenes, en su mayoría adolescentes, juegan demasiadas horas a videojuegos. Sienten una necesidad imperiosa de sentarse durante horas con la videoconsola. Tantas que pueden acabar derivando en un problema. Ahora, la Organización Mundial de la Salud ya reconoce desde este viernes la adicción a los videojuegos como un desorden mental tras haberla dentro de su clasificación en vigor de enfermedades.
Este cambio se ha introducido en la undécima versión de la Clasificación Internacional de Enfermedades, que pasa a estar en vigor a nivel internacional para notificar las causas de muerte, pero también de enfermedad, incluidas las mentales. Entre los desórdenes mentales, la OMS ha considerado oportuno incluir oficialmente la adicción a los videojuegos, dentro de la categoría de "uso de sustancias o comportamientos adictivos", junto al trastorno por adicción a juegos de azar.
La OMS también ha empezado a reconocer el "uso peligroso de videojuegos" como uno de los factores que considera que influyen en el estado de salud, dentro de los usos peligrosos de sustancias, en la misma categoría que los juegos de azar pero también la falta de ejercicio físico o los hábitos de alimentación inapropiados.
Fornite y Fifa son algunos de los videojuegos que más enganchan
 
Una definición de adicción a los videojuegos pulida desde 2019
La nueva lista de enfermedades CIE–11 se confeccionó originalmente en la Asamblea Mundial de la Salud que se celebró en mayo de 2019 con la vista puesta a que los países miembros la empezaran a utilizar desde 2022. Entonces ya se incluía la adicción a videojuegos como una enfermedad mental. Desde entonces, los países que la adoptaron con anterioridad y los grupos científicos han recomendado nuevas modificaciones para perfeccionar la versión última que se publicó el pasado viernes. 
"La adicción a videojuegos se caracteriza por un patrón de comportamiento de juego persistente o recurrente — a juegos digitales o videojuegos —, que puede ser en línea — es decir, a través de Internet — o fuera de línea", explica la OMS en la nueva lista de enfermedades. Entre los rasgos que distinguen a las personas con este trastorno, se distinguen tres:
·        La falta de control sobre juego, tanto el momento en que se produce, la duración o el contexto
·        El aumento de la prioridad sobre el resto de actividades vitales
·        La continuación o intensificación del juego a pesar de las consecuencias negativas en la persona.
La adicción puede ser en una época concreta
 
La OMS ha explicado que el patrón de juego compulsivo "puede ser continuo o episódico y recurrente". Por lo tanto, se puede dar como resultado de angustia o deterioro en ámbitos importantes como el personal, familiar, social o educativo.

jueves, 3 de marzo de 2022

No soy bueno en nada, ¿qué hay detrás de esa idea?

VALERIA SABATER      |     La Mente es Maravillosa     |     07/02/2022 

A veces, tras la idea de que uno no es bueno para nada puede estar desde una educación autoritaria hasta la hiperexigencia. ¿Qué podemos hacer en estos casos? Analizamos una serie de claves que pueden ayudarnos.

“No soy bueno en nada, no importa lo que me proponga, al final siempre fracaso en todo”. Este tipo de autopercepción es como una sombra persistente que habita en el universo psicológico de muchas personas. Es la voz de la baja autoestima, el susurro que aniquila propósitos de vida, proyectos y hasta relaciones.

 

Lo cierto es que sería glorioso sentirnos siempre bien, estar seguros de nosotros mismos al 100 % y percibirnos competentes 24 h 7 días. Sin embargo, hay épocas así, momentos en los que dejamos de confiar en nuestras valías, virtudes y capacidades. ¿La causa? En realidad, hay muchos factores que orquestan en ese debilitamiento de la autoconfianza, desde experiencias pasadas hasta la hiperexigencia.

 

Todos hemos estado en ese territorio en algún momento. En esa esfera en la que nos sentimos más débiles y el suelo tiembla bajo nuestros pies. No nos atrevemos a avanzar porque tememos caer, fallar, hacer el ridículo y tomar el camino equivocado. Sabemos que vivir es asumir errores, pero en ocasiones etiquetamos un error como la muestra innegable de que no servimos para nada.

 

“¿Qué podemos hacer en estas situaciones? ¿Cómo demostrarnos que valemos para muchas más cosas de las que creemos? Debes mirar al mundo directamente a los ojos”. – Helen Keller.


No soy bueno en nada: ¿qué hay detrás de este pensamiento? 

Sentirse inútil, poco o nada hábil es una experiencia habitual en el ser humano. Lo es porque somos nuestros peores jueces y jurados, porque nos ponemos listones muy altos y nos han educado para ser perfectos, eficaces y talentosos. Asimismo, si uno echa una mirada a sus redes sociales lo único que apreciará con frecuencia es un universo absoluto de perfección.

 

Por ejemplo, es común que los adolescentes sientan de manera temprana que no son buenos en nada. Cuando aún están en proceso de aprendizaje y desarrollo,  algunos ya asumen que jamás serán tan competentes, atractivos y brillantes como esas celebridades que siguen en Instagram o TikTok. Vivimos en una sociedad en la que quien no sobresale en algo se autopercibe como un fracasado.

 

Este fenómeno se explica sobre todo por la comparación social que facilitan medios como las redes sociales. Así, trabajos de investigación como los realizados en la Universidad de California inciden en esto mismo. Medios como Facebook brindan escenarios accesibles y cercanos para observar y compararnos con infinidad de personas.

 

Esto puede tener un gran impacto para la autoestima en algunas personas, en especial los más jóvenes. Hasta el punto de distorsionar por completo la visión que tienen de sí mismos.

 

Muchos de nosotros nos focalizamos únicamente en nuestras debilidades, fallos y carencias. ¿La razón? Porque es más fácil descubrir lo que no tenemos al compararnos con los demás, que apreciar las virtudes y potencial que sí tenemos desde siempre.


Cuando sientes que no sobresales… ¿A qué se debe? 

La persona que no se percibe competente en nada refuerza una narrativa mental mediada por la baja autoestima. Eso lo sabemos. Sin embargo, ¿cuál es la raíz de la baja autoestima? Esa es la clave que debemos comprender y esos los factores que conviene tener en cuenta para comprender esta realidad psicológica tan común.

·        Ya hemos hablado de la primera causa: la comparación social. Nos hemos habituado a medir nuestras valías en función de lo que son, tienen y hacen los demás.

·        Otra causa es nuestra educación. El autoritarismo, la intolerancia al error o el deseo de algunos padres de tener niños perfectos y no felices inocula a menudo en algunas personas la sensación constante de fracaso. De no ser lo bastante buenos como esperan los demás.

·        A menudo, situamos la mirada en todos nuestros errores pasados sin apreciar nada más. Quedamos encallados en esa esfera fallida. Cada menosprecio del ayer, caída, puerta cerrada o rechazo puede hacer mella en nosotros. En lugar de procesar estas vivencias como oportunidades de aprendizaje, quedamos bloqueados por completo y con la autoestima dañada.

·        Asimismo, lidiar con algún trastorno psicológico como la depresión o la ansiedad alimenta los pensamientos negativos. También esa visión crítica y aniquilante sobre uno mismo.

·        Otro factor es el social y relacional. Hay personas que pueden proyectar en nosotros la idea de que no valemos para nada. A veces, una relación afectiva dañina puede destruir nuestro autoconcepto.

 

La hiperexigencia o la necesidad de ser perfectos o talentosos es otro factor que puede reforzar la idea equivocada de que uno no sirve para nada.

 

¿Cómo podemos desactivar la idea de que no tenemos ningún talento? 

La idea de que uno no es bueno en nada resulta aniquilante. Nos subestimamos porque no toleramos nuestros fallos. También porque habitamos en una sociedad que nos engaña, que nos hace creer que hay quien nace siendo perfecto y talentoso…

Cuando en realidad el talento se trabaja, cuando las valías no nos vienen dadas, sino que se labran mediante el esfuerzo, la autoconfianza y la autoestima. Por tanto, es momento de dejar de alimentar ese diálogo interno degradante.

 

Valemos mucho solo por estar aquí, solo por existir. Somos perfectos tal y como somos, y servimos para más cosas de las que pensamos.

 

Cómo recuperar la confianza en ti cuando crees que no eres bueno en nada

 

·        Evita la comparación social. Tú eres tú, los demás son los demás. 

·        Toma el control de tus pensamientos y tus autovaloraciones. Sustituye unas ideas por otras (“creo que no valgo para este trabajo” — “¿qué tal si lo intento a ver qué pasa?”).

·        Aprende de tus errores. Un fallo no es el fin del mundo. Es un paso atrás para tomar mayor impulso.

·        Replantéate alguna de tus relaciones. Tal vez haya alguien en tu vida que esté afectando a tu autoestima.

·        Haz una lista de todo aquello que se te da bien y de los logros de tu pasado. Esa persona también eres tú.

·        Entrena tu autocompasión. Eres alguien que merece tu respeto y aprecio. Es momento de hablarte mejor y de confiar en tus valías.

·        Decide cómo quieres sentirte contigo mismo y qué te gustaría lograr. Es hora de trabajar en ello.

Para concluir, si bien es cierto que es adecuado tomar conciencia de aquellas cosas en las que no somos buenos, evitemos llevar esta idea al extremo. Todos tenemos luces y sombras, todos somos falibles y extraordinarios a la vez. Somos mejores de lo que pensamos.