jueves, 23 de junio de 2022

Volver al trabajo después de una depresión, ¿cómo hacerlo?


VALERIA SABATER       |     La Mente es Maravillosa 

Volver al trabajo después de una depresión puede no ser un paso fácil. No solo es complicado volver a cumplir con unas rutinas y unos horarios, también está el riesgo de una recaída e incluso el peso del estigma social. Lo queramos o no, todavía hay quien no entiende este tipo de condiciones psicológicas y, lejos de servir de ayuda o apoyo, dificulta el retorno al mundo laboral. 

Cuando hablamos de depresión, estrés o de los trastornos de ansiedad, no es común que encontremos información sobre cómo volver a nuestras vidas después de haber estado de baja. Es un tema sin duda tan importante como decisivo puesto que en muchos casos determinará la completa recuperación o el riesgo de recaídas. 

Los temores que habitan en la mente de la persona que ha estado cinco, seis meses o un año de baja pueden ser múltiples y a menudo dificultan ese regreso. La sensación de desconexión, las dudas sobre las propias competencias, el temor a ser juzgados o incluso la propia angustia por perder definitivamente el trabajo son obstáculo que complican un poco más la vuelta al trabajo. 

Ahora bien, en gran parte de los casos recuperar una rutina, tener contacto social e integrarse en las dinámicas laborales sirven de impulso para rescatar la motivación y la sensación de eficacia. Siempre que la persona lleve a cabo una adecuada transición y cuente con el adecuado apoyo de su entorno, ese regreso podrá ser todo un éxito. No obstante, vamos a enumerar algunas estrategias.

Gran parte de la población sufrirá en algún momento estrés, ansiedad o algún trastorno depresivo que le obligue estar de baja durante un tiempo. Las empresas deberían estar preparadas y contar con mejores recursos para apoyar a esos trabajadores que se incorporan a sus puestos.

Volver al trabajo después de una depresión: 5 claves para lograrlo 

Volver al trabajo después de una depresión entraña un reto. Pensemos que una depresión, con las consecuencias que se derivan, no termina cuando el médico nos da el alta, sino cuando volvemos a ser funcionales. Así, esta vuelta a la funcionalidad requiere de muchos pasos que no siempre son sencillos. 

Las bajas prolongadas dificultan mucho más el regreso

Un primer aspecto que debemos tener en cuenta a la hora de volver al trabajo después de una depresión es la duración de la baja del paciente. No es lo mismo haber estado un mes ausente que un año. Así, las bajas por depresión suelen ser extensas, teniendo como duración entre 6 meses o un año. Por norma podemos decir que cuanto más larga sea la baja, más posibilidades hay de que se produzcan complicaciones en el retorno. 

Otro factor que debemos tener en cuenta es que habrá casos en que la empresa opte directamente por el despido. Por tanto, en estas situaciones la persona deberá afrontar otro tipo de realidad, que no es otra que la de iniciar la búsqueda de un nuevo empleo. 

Trabajar los pensamientos, ideas y actitudes

Las bajas prolongadas suelen alimentar ciertos miedos e inquietudes en las personas a la hora de reincorporarse al trabajo. Las más comunes son las siguientes:

·        Temor a no ser competentes y efectivos en el trabajo.

·        Miedo a ser despedidos por no ser tan productivos como los demás.

·        Sentirse desconectados del ambiente laboral.

·        Temor a quedar agotados, a sentirse desanimados y no poder cumplir con toda la jornada de trabajo.

·        Miedo a ser juzgados u observados.

 

Estas y otras ideas deben ser trabajadas con el psicólogo. Lo mejor, si es posible, es que la vuelta sea paulatina, de manera que la persona pueda ir ganando en confianza. Además, también es recomendable dejar un pequeño tiempo de transición donde trabajar este tipo de ideas y actitudes para que la reincorporación sea más positiva.

Recuperar rutinas, organizar horarios, contactar con compañeros

Volver al trabajo después de una depresión implica, antes de nada, volver a recuperar rutinas. De este modo, algo muy positivo para la persona será trabajar las siguientes dimensiones:

·        Días antes de la reincorporación empezaremos a cuidar nuestros horarios. Nos iremos a dormir temprano y pondremos el despertador a la hora en que deberíamos levantarnos.

·        Organizaremos nuestras tareas, gestionaremos prioridades con el fin de prepararnos para el día de nuestra reincorporación.

·        Podemos también quedar con nuestros compañeros de trabajo para avisarles de nuestra vuelta. De ese modo, nos hacemos también una idea de qué vamos a encontrarnos en el trabajo, poniéndonos al día de los cambios más importantes. 

El regreso mejor progresivo, evitemos jornadas completas 

Somos conscientes de que esta fórmula no siempre es posible. Sin embargo, lo recomendable a la hora de volver al trabajo después de una depresión es que el regreso sea progresivo. Es decir, lo ideal es iniciarse con una media jornada. 

Además, es altamente positivo contar con un círculo de apoyo en el propio entorno laboral, es decir que en la empresa existan profesionales especializados en psicología para facilitar esa incorporación.

Actividades para evitar recaídas

Más allá del ámbito laboral, es necesario que las personas lleven a cabo diversas actividades para evitar recaídas en su depresión. Así, se sabe por ejemplo que la práctica del Mindfulness es muy adecuada en estos casos, tal y como nos revela un estudio llevado a cabo por los doctores Stefan Hofmann y Alice Sawyer, de la Universidad de California. 

Por otro lado, contar con alguna afición, tener una buena red social en la que apoyarnos y realizar algún deporte son alicientes beneficiosos que alimentan la motivación y nos alejan de ese estado de ánimo negativo que hace de carretera hacia la depresión.

Para concluir, si afrontar una depresión ya es por sí mismo una artesanía psicológica altamente compleja, también lo es reincorporarnos al trabajo después de una baja de larga duración. No obstante, este puerto, de camino de regreso, también se puede subir. 

martes, 21 de junio de 2022

"La felicidad está en tu cabeza, no depende de la realidad."

 

ANA ABELENDA       |       La voz de Galicia     |     19/05/2022

El psiquiatra Enrique Rojas, autor de «Todo lo que tienes que saber sobre la vida», asegura que una vida feliz tiene sobre todo cuatro notas. 

«Saber perder es fundamental. Las derrotas a mí me han educado mucho», revela el prestigioso médico que dirige el Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas. «Las únicas personas sin dificultades de pareja son los solteros y los viudos», nos advierte

Con una anécdota de una parada imprevista en una gasolinera, la fortaleza de su matrimonio y su sentido del humor, Enrique Rojas (Granada, 1949), psiquiatra hijo de psiquiatra y padre de psiquiatra (de Marián Rojas Estapé), «médico del alma», explica sin ambigüedades ni fórmulas complejas de qué va la felicidad, cómo superar una depresión o afrontar la vida en pareja. El autor de Todo lo que tienes que saber sobre la vida (quinta edición) nos atiende recién llegado de su conferencia de clausura del Congreso Internacional de la Juventud en Roma, a la que asistieron jóvenes de 22 países. ¿Cómo vio a esos jóvenes? «Una de las preguntas que me hicieron fue qué hacer con el bombardeo informativo. Hoy, hay un síndrome que es el síndrome por exceso de información. Excesiva información, y casi toda, negativa: la guerra en Ucrania, el problema del 9,8 % de la inflación en España, la pandemia...», comienza el director del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas. «Todo eso genera un fondo depresivo. Hay una sensación de falta de horizonte».

—¿Qué ve más hoy en consulta?

—Lo primero, depresiones. Lo segundo, ansiedad, la ansiedad flotante o las crisis de pánico. Lo tercero, los trastornos de la personalidad, que hoy se han multiplicado (tiene que ver la falta de madurez o de autoestima, con no haber superado heridas del pasado, con complejos o con la tendencia a convertir los problemas en dramas...) y el cuarto motivo de consulta son las crisis de pareja.

—Su fórmula de la felicidad es ya un clásico: buena salud y mala memoria. Pero a menudo se nos olvida...

—La fórmula mía de tener buena salud y mala memoria significa que la capacidad para olvidar y para perdonar, para perdonarte a ti mismo y a los que te han ofendido, es salud mental.

—Vemos felicidades por todas partes, pero cómo se encuentra la real, la que no necesita filtros. ¿Es genética o depende de las circunstancias?

—Hay dos tipos de felicidad. La felicidad absoluta, que no existe, que se da en el otro barrio cuando te mueres, y la relativa, que es la real. La felicidad relativa consiste en lo siguiente: que haya buena relación entre lo que yo siento, lo que yo pienso y lo que yo hago.

—Así que la felicidad es coherencia...

—Coherencia de vida.

—La memoria escoge lo bueno, edulcora. ¿Fuimos más felices en la infancia o solo somos capaces de ver lo felices que fuimos a toro pasado?

—Hay una relación entre la felicidad y la temporalidad. La felicidad en relación con el pasado es sufrimiento superado. En relación con el presente, es carpe diem, saber disfrutar de la vida cotidiana, con lo que uno hace, y en relación con el futuro, la felicidad consiste en ilusión. El hombre viejo es aquel que mira más hacia el pasado que hacia el futuro. El joven, el que tiene siempre ilusiones por cumplir, aunque tenga 80 años. La juventud va por dentro.

—¿Por qué aumentan hoy las cifras de ansiedad, autolesiones y suicidios entre los adolescentes? ¿No tienen nuestros chicos las ilusiones del joven?

—Los adolescentes viven un fenómeno nuevo. Los jóvenes están siendo bombardeados permanentemente. Se aprieta un botón y se tiene lo que se quiere, esa inmediatez. El móvil y las redes sociales favorecen esto y los jóvenes no aprenden a tener capacidad para afrontar y superar las frustraciones. De ahí vienen la ansiedad, el estrés...

—¿Qué pasa con el alto índice de suicidios en jóvenes, cómo se explica?

En Francia hay actualmente muchos suicidios juveniles. ¿Por qué? Porque la gente está perdida. Estás perdido cuando no tienes claro lo que quieres hacer. Cuando uno no sabe lo que quiere no puede ser feliz.

—¿Qué significa saber lo que uno quiere? No es lo mismo querer tener un coche que querer tener hijos...

—Saber lo que uno quiere tiene que ver, primero, con haber luchado por tener una personalidad de cierta madurez, estructurada, y en segundo lugar, con tener un proyecto de vida, un programa vital con cuatro grandes notas, que son amor, trabajo, cultura y amistad. En fútbol se habla del proyecto deportivo del año... Así debería ser en la vida. Las dos grandes patas del proyecto de vida son amor y trabajo; vida afectiva y vida profesional.

—Y perseverancia en ellas, ¿no?

—Decía Miró que la clave del éxito de su pintura era un poco de talento, y orden y constancia. La constancia es la madre de las mayores conquistas personales, esa perseverancia en lo pequeño.

—¿Cómo se entrena la felicidad?

—La felicidad está en tu cabeza, en tu mente, no depende de la realidad. Te voy a contar una anécdota. Volvía yo de Ávila con mi mujer de visitar a una de mis hijas. Íbamos con un par de nietos y paré en una gasolinera, la más cutre de la zona, pero uno de mis nietos quería ir al baño y otro tenía carraspera... Cuando entro a preguntar por el baño, me dice la chica que estaba atendiendo la gasolinera: «¡Mire usted qué suerte tiene, que acabo de arreglar el baño!». Le digo que quiero unos caramelos porque mi nieto tiene carraspera de garganta y me dice: «Mire, la mejor miel de la zona la hace mi abuela, se la traigo ahora. Y además me dice: «¿Quiere llevarse un saco de naranjas, que son de aquí y son buenísimas?». Y yo, que no sé decir que no, salgo con las naranjas, con los caramelos, con la miel, con unos bollos... Asombrado con la chica. Vuelvo al coche con todo y le pregunto a la chica: «¿Usted es feliz?». Y responde: «¿Cómo no voy a ser feliz si lo tengo todo?». La felicidad no depende de la realidad, sino de cómo interpretas la vida. La chica también me preguntó a qué me dedicaba yo y le dije: «Soy médico, médico de la cabeza». «¿De toda la cabeza?». «No, de la frente para dentro. Soy psiquiatra». «El de los nervios...». La felicidad depende de la capacidad para interpretar de forma positiva la realidad personal, depende de enfatizar lo positivo y minimizar lo negativo.

—¿Todas las cabezas tienen arreglo?

—Pues sí. La psicología y la psiquiatría han cambiado el mundo. Me quedo asombrado con lo que es hoy la psicoterapia, el arte de ver el lado bueno de las cosas. La derrota es el gran aprendizaje, la derrota te enseña lo que el éxito oculta.

—¿Hay que saber perder?

—Saber perder es fundamental. Yo he tenido en mi vida unas cuantas derrotas que me han educado mucho. Hay que moderar las ambiciones, no pedirle a la vida lo que no te puede dar. Conozco mucha gente que vive modestamente y muy feliz. Y conozco gente en Madrid que lo tiene casi todo y siempre está insatisfecha...

—Igual tiene todo, salvo lo esencial...

—Claro. El argumento esencial de la vida, para la felicidad, es el amor. Decían los clásicos, los escolásticos, que el amor es el primer movimiento de la voluntad hacia el bien. El amor es un trabajo, es artesanía, dedicación. No es un señor que está a tu lado y te dice: «Te amo, te adoro, eres maravillosa». La convivencia conyugal, ese es el gran examen.

—El amor que nos alucina, que nos venden, no tiene que ver con eso...

—El amor es entrega y magia, códigos secretos. Su meta es hacer feliz al otro, preguntarse: «¿Qué puedo hacer por hacer feliz a mi mujer?». El amor es sentirse feliz haciendo feliz al otro. Y esto lo saben las madres... Uno ama como ha sido amado.

—¿Y si no te amaron bien de niño?

—Entonces te diré que hay dos tipos de aprendizaje, el aprendizaje por imitación y el aprendizaje por contraste. Un problema de hoy es que en el terreno afectivo se han puesto de moda las revistas del corazón. Y un periodista español de cuyo nombre no quiero acordarme me decía: «Me interesa mucho la vida de los famosos cuando está rota». Es muy importante tener buenos modelos de identidad en la vida. Yo he tenido a mi padre, que era un tipazo, psiquiatra; mi madre, que hablaba francés y alemán, y me enseñó a leer a Valera y a Galdós. Mi hermano Luis era ejemplar... y la gran suerte de mi vida es mi mujer. Yo no me creo aún estar casado con Isabel, y llevamos 39 años. Cuando llega la Navidad y me dicen que compre lotería, digo: «¡Si me tocó el premio gordo hace años, es mi mujer!». Ella es rápida, dinámica; yo, lento, tranquilón.

—¿Las parejas que funcionan son entonces de complementarios? Los diferentes se atraen y, muchas veces, encajan.

—Sí. Mi mujer y yo tenemos, eso sí, un fondo común: la curiosidad por la cultura, el ser disfrutones, la fe, la familia. Mi suegro, cuando empecé a salir con mi mujer, le dijo a uno: «Hemos tenido muy mala suerte. Es andaluz, que allí no trabaja nadie, y es psiquiatra, que están mal de la cabeza». Ese fue mi suegro. Luego me lo metí en el bolsillo, con trabajo. Pasados los años, me dijo: «Tampoco eres tan malo...».

—¿El que algo quiere algo le cuesta?

—La voluntad es la joya de la corona de la conducta. Si tienes voluntad, tus sueños se hacen realidad. La realidad forma un binomio estrella con la motivación.

—¿De qué cosas o actitudes nos arrepentimos más en la vida?

—La enfermera australiana Bronnie Ware hizo un estudio sobre las cinco cosas de las que más se arrepiente la gente en su lecho de muerte. La primera era haber trabajado demasiado, y la segunda, haberle dado una importancia decisiva a cosas que, realmente, no merecían la pena. Es importante saber perdonarse a sí mismo. La vida es arte y oficio, y la experiencia, sabiduría acumulada. Aprendes a base de aciertos y errores, por eso debes ser tolerante contigo y con los demás.

—Denos tres buenos consejos para una pareja que atraviesa dificultades.

—El que no tiene dificultades conyugales es que está soltero o está viudo. Saber esto es importante. Y luego, lo primero es evitar discusiones innecesarias. Segundo, no sacar la lista de reproches del pasado. Tercero, aprender a darle a las cosas que nos pasan la importancia que tienen, no convertir una discusión en una tragedia griega. Y cuarto, aprender a perdonar y evitar el rencor. La diferencia entre una persona infeliz y una feliz es que el feliz no tiene rencor, pasa página, y la persona infeliz se queda atrapada, no sabe pasar página.

sábado, 18 de junio de 2022

Tratar con gente difícil

 

ALEJANDRA VALLEJO-NÁJERA       |     Telva      |     01/06/2022

Alejandra Vallejo -Nájera nos da las claves para entender la neurosis, una condición mental que afecta a la vida de quien la sufre y a quienes conviven con ella. ¿Quién no conoce "gente difícil"?

¿Quién determina qué es normal y qué no lo es? ¿Hasta qué punto las personas que dan problemas pueden considerarse patológicas? ¿Cuánto duran las bizarrías mentales?

Así da comienzo uno de los capítulos de mi libro Eres más de lo que piensas, en el que repaso algunas rarezas, excentricidades o chifladuras que campan a sus anchas en la sociedad actual.

ESTAR SANO ES LO NORMAL

Cuerpo y mente actúan al unísono y están diseñados para funcionar con precisión. Estar sano es lo normal. La enfermedad, por tanto, suele contemplarse como un desequilibrio que rompe una dinámica perfecta del organismo. Y su severidad depende de la agudeza del desequilibrio, los órganos que perjudica y cuánto distancia a la persona de la normalidad.

Pero, ¿quién decide qué es normal? Las sociedades funcionan en base a criterios que marcan qué es aceptable o inaceptable. Conviene que en el fluir de la convivencia entre unos y otros haya los mínimos tropiezos posibles. Y para eso hay normas que decretan el tipo de límites queda vetado pasar. Quien no sigue tales normas es tachado de anormal. Tal calificación resulta especialmente peliaguda cuando lo que falla no es la contribución al buen manar social, sino que son los sentimientos los que están involucrados. Personas de sensibilidad frágil, reactividad desmesurada, dolores, sufrimientos sostenidos o adaptación al medio deficitaria donde la capacidad de recuperación es más lenta de lo habitual.

Si la complicación es fisiológica: quebrantos musculares, infecciones, dolor de cabeza, sabemos más o menos qué hay que hacer para solucionarlo. Sin embargo, el remedio se convierte en un misterio cuando el órgano afectado no es físico, sino mental.

Lo que pensamos y hacemos después de pensarlo o, más aún, lo que hacemos sin pensar, puede incurrir en malformaciones de carácter que hacen sufrir tanto a la persona como a todos los que están a su alrededor. Hay desequilibrios marcados o sutiles, estables en el tiempo o fruto de un golpe del destino. Aunque pasen inadvertidas al observador ocasional, conviene considerar si en la biografía de la persona se han dado episodios con alteraciones bruscas del estado de ánimo, compulsiones, exageraciones, conflictos y rupturas frecuentes o fracasos profesionales abundantes. También si es proclive al exceso de introversión, al chismorreo (como método para no ver las goteras de su propia vida), al fanatismo que hace de ella alguien inasequible al razonamiento lógico, tendente a grupos sectarios e incapaz del pensamiento crítico.

RAREZAS

¿Hasta qué punto son anormales estas personalidades?

Una neurosis es una locura menor. Casi todos tenemos algún rasgo neurótico: ser perfeccionistaintransigente, con tendencia a ver el lado problemático de las situaciones o excesivamente optimista (con lo que se toman decisiones precipitadas que desembocan en la ruina). Ser alguien tozudo, procastinador, desordenado, alguien que va a su bola... Neuróticas son esas grandes o pequeñas manías que a veces dificultan una parte de la convivencia, pero que pueden pasarse por alto si su expansión no abarca y eclipsa el todo. La neurosis no es peligrosa ni grande como puedan serlo las psicosis, es decir los trastornos mentales severos: esquizofrenia, trastorno bioplar o de personalidad, delirio paranoide, impulsos alocados, aberraciones sexuales, adicciones, etc.

DE PRONTO SE LE PELA UN CABLE.

En los primeros contactos, los neuróticos pueden pasar por personas completamente normales. La percepción cambia cuando se convive con ellos.

La persona neurótica se aleja relativamente poco de la realidad. Lo que falla es cómo responde a la misma. Al definirle, los demás dicen de él o ella que es especial, que es raro, que salta por bobadas. La gente neurótica reacciona como si se le hubiese pelado un cable. Es de trato difícil, variable, a veces atormentada, a veces inmadura y sus rarezas pueden aumentar con los años. En las neurosis suele darse una adaptación deficiente al contratiempo y al sufrimiento. La persona neurótica no aguanta ni logra superar lo antes posible la indecisión y el conflicto. Puede que salte sin previo aviso y sin conmiseración alguna a los demás, o teme demasiado cometer un error, así que vuelve una y otra vez sobre el mismo tema, atrasa la toma de decisiones o declina comprometerse y responsabilizarse. O, directamente, suelta un exabrupto. La gente circundante se queda atónita con el cambio tan brusco de actitud y para orientarse hace algo que empeora las cosas: pregunta:

- ¿Pero qué he hecho? ¿Qué te pasa?

En ese momento la persona no está capacitada para responder. Sólo quiere salvarse a toda prisa.

Entre un estallido y otro, entre una caída y otra, la gente neurótica puede ser simpatiquísima, sentirse a tope, notarse de lo más animosa y social. Sin embargo, para su desgracia, un buen día se le cambia el chip. Y pasa de ser cordial a ser hipersensible y recelosa. Estar fuera de ruta la inclina a llorar, juzgar, exigir, tiranizar y despreciar sin lograr controlarse.

Normalmente la persona es consciente de que se sale del surco más de lo deseable y la mayoría siente enormes ganas de corregirse. El primer sorprendido ante sus incoherencias es el propio neurótico, que no entiende de dónde le vienen esas manías, ni tampoco encuentran la forma de modificar la angustia que las promueve. No están chiflados, no deliran, no son enfermos, saben empatizar y tienen clara conciencia de su estado, a diferencia de lo que sucede con los auténticos locos.

TRATAMIENTO DE LA NEUROSIS

En 1975 el psicólogo Seligman (padre de la psicología positiva) publica su libro Indefensión en el que relaciona las bases de los ataques neuróticos con la forma en que las personas en pleno bajón verbalizan sus experiencias. Las caídas de ánimo o los exabruptos, según los estudios de Seligman, guardan un paralelismo con la desmesura de creencias y expectativas utópicas que resultan casi imposibles de alcanzar.

De modo que en la terapia psicológica cognitivo-conductual puede la persona encontrar un gran remedio. Para bien propio y de todos aquellos que conviven y trabajan con ella.

jueves, 16 de junio de 2022

Esquizofrènia: de la psiquiatria a la genètica i la bioquímica


Xavier Pujol Gebellí     |     Diari ARA    |     27/05/2022 

Un consorci internacional verifica alteracions de base biològica associades a la malaltia

No és res que hagi de sorprendre ningú ni que cap especialista no sospités de fa temps. L’esquizofrènia, classificada en tots els manuals clínics com a malaltia psiquiàtrica, té un fort component genètic que té traducció en forma de reaccions bioquímiques que explicarien els seus mecanismes més bàsics i, de fet, fins i tot el seu origen. L’explicació rau en la sinapsi i la presència anormalment alta de gens mutats o amb alteracions. Ho ha vist el consorci internacional Psychiatric Genomics, en què participen investigadors de 45 països i que busca identificar els gens implicats en malalties i trastorns mentals. En aquest consorci hi ha la iniciativa SYNGO, focalitzada en l’estudi molecular de la sinapsi. En el seu darrer treball han identificat 120 gens alterats o mutats associats a l’esquizofrènia. Els resultats s’han publicat a la revista Nature.

 

Entre els centenars de signants del treball, liderats per Michael O’Donovan i James Walters, de la universitat britànica de Cardiff, destaca la presència d’Àlex Bayés, cap del grup de Fisiologia Molecular de la Sinapsi, de l’Institut de Recerca de l’Hospital de Sant Pau. “Qui més qui menys, tothom s’ho pensava”, diu Bayés sobre els resultats de l’estudi. “Semblava lògica l’existència d’un fonament biològic en l’esquizofrènia”. El que no se sabia amb certesa era quin.

 

El treball posa de manifest que hi ha una manca d’equilibri entre les anomenades sinapsis excitatòries i les seves contràries, les inhibitòries. Per tant, que en els pacients esquizofrènics hi ha una alteració en els senyals químics i elèctrics que es transmeten a través de les connexions sinàptiques de les neurones. Aquesta alteració està mediada per gens mutats o sobreexpressats que participen en el procés. Ara bé, quin dels 120 que s’han trobat fins ara és el més rellevant encara és una incògnita.

 

A la recerca de noves teràpies

Pensar-hi és un repte a llarg termini i no és el primer cop que es planteja. Ja hi ha fàrmacs que controlen el que es coneix com a símptomes positius, com les ideacions, els deliris o les al·lucinacions. Són els neurolèptics, que actuen sobre el sistema dopaminèrgic. Els símptomes negatius, que afecten les capacitats cognitiva, relacional o executiva i que poden ser incapacitants, “estan fora de control farmacològic”, assegura Bayés.

 

El cas és que s’entén que l’esquizofrènia es manifesta -normalment al final de l’adolescència o en els primers anys de l’edat adulta- quan es trenca l’equilibri entre senyals excitatòries i inhibitòries que tenen a veure amb els símptomes positius i negatius. En aquest mecanisme hi participen milers de proteïnes, cosa que implica un nombre elevat de gens. “Hi ha una disfunció de la sinapsi donada pel desequilibri entre senyals i que podria tenir un rol important com a causa de la malaltia”, afegeix l’expert, que admet que no és una idea ni nova ni revolucionària.

 

El que aquest estudi canvia, i per això és rellevant, és la magnitud. S’han recaptat dades de 76.755 pacients esquizofrènics i 243.649 individus de control. Com que les alteracions genètiques són “molt poc freqüents”, la inclusió de tantes persones ha permès que afloressin. Estudis posteriors han de veure quins dels 120 gens mutats són rellevants o si n’hi ha més. Haver identificat els gens i la seva funció serà fonamental per dissenyar teràpies i explicar què fa que aquesta malaltia sigui hereditària entre el 60% i el 80% dels casos.