lunes, 26 de septiembre de 2022

Inma Nogués, médica de familia: "Recetar un pensamiento le puede cambiar la vida a una persona"


ALDARA MARTITEGUI       |     Madrid/Barcelona      |     niusdiario.es     |      24/07/2022

Entrevista a la doctora Inma Nogués, autora del libro ‘El pasajero interior’, en el que hace una síntesis entre medicina y espiritualidad.

La autora es médica de familia en un centro de salud en Barcelona donde ejerce la medicina desde 
una visión holística de la persona. 
Nogués es presidenta de la asociación Merry Human Life Society que promueve el autoconocimiento, la auto-transformación y la expansión de la consciencia.
 

La doctora Inma Nogués no es una médica de familia cualquiera. Lamentablemente no es lo más habitual que un médico o médica occidental -sea cual sea su especialidad- tenga esta visión holística y esta comprensión tan profunda del ser humano en sus dimensiones física, mental, emocional y espiritual. “Tenemos tanta ignorancia de lo que realmente somos, tenemos tanta ignorancia de nuestra dimensión más trascendente-espiritual, que pensamos que no tiene nada que aportarnos”, me explica Nogués en una conversación por videoconferencia.

 

Por suerte, Nogués -que también es la presidenta de la asociación Merry Human Life Society- es de esas doctoras que, cuando el paciente está abierto a escuchar, se ocupa de recordarle que somos mucho más que un cuerpo físico. Note el lector que escribo ‘recordarle’ con toda la intencionalidad del mundo porque esa sabiduría, ese conocimiento sobre quiénes somos realmente, está en todos nosotros aunque muchos lo hayamos olvidado: “Lo que ocurre es que nos hemos polarizado hacia verlo todo desde un punto de vista muy material y nos hemos olvidado de nuestro origen, de nuestra esencia, de lo que realmente somos…pero es que eso está en nuestro ADN y por eso solo tenemos que recordarlo”, puntualiza Nogués.

 

Definitivamente no es lo más habitual que una médica de familia de un centro de salud cualquiera (¡que podría ser el mío o el de usted!) escriba como lo hace Inma Nogués sobre ciencia, medicina y espiritualidad, y siempre desde un absoluto respeto y gratitud hacia todo lo que la medicina alopática oficial le ha aportado. De hecho, fue la medicina oficial occidental la que le abrió la puerta a la sospecha de que el ser humano es mucho más que una suma de órganos físicos. De hecho, para Nogués, la física cuántica es la rama de la ciencia que puede hacer de puente para que definitivamente podamos comprender -desde un marco científico- esa dimensión espiritual del ser humano. “Ciencia y espiritualidad no son incompatibles, insiste la doctora, sino que se complementan”.

 

He de reconocer que, tras leer su segundo libro, El pasajero Interior (Diana 2021) pensé que ser médica de familia en un centro de salud era una cosa muy pequeña para una mujer tan grande en sabiduría como Inma Nogués…admito que me dejé llevar por mis prejuicios: “¡Pero qué desperdicio!, esta mujer debería estar dando conferencias en vez de pasando consulta”, pensé.

 

Ahora sé que subestimé el poder de una consulta de un médico de familia en un centro de salud cualquiera para impactar en la vida de las personas. Eso es lo que Nogués hace (o intenta hacer) cada día desde hace más de 25 años desde su centro de salud de Barcelona…Me comenta Nogués que lo que ella realmente desea es marcharse de este planeta pensando que ha valido la pena y que ha dejado su pequeña semilla.

 

Pregunta: Por lo que a mí me toca te puedes morir muy tranquila. Debo decir que, en mí, El Pasajero Interior sí ha dejado una semilla. Me parece tan fascinante esa síntesis entre ciencia y espiritualidad que planteas…

 

Respuesta: Es que estamos todavía inmersos en un paradigma que pertenece al siglo XVII y XVIII y aún no hemos dado el paso. Por eso, todo lo que nos aporta la física cuántica nos permite pasar ese paradigma para entrar -desde el sistema newtoniano cartesiano en el que todo se separaba- a esta dimensión más cuántica en la cual la conciencia participa y hay una unidad en todo, hay una gran conexión entre todo. Ya no solo es el análisis, sino que es la síntesis, la integración. Y esto, yo creo que se ha ido desplegando con los años porque es cuestión de evolución. La evolución nos va a ir llevando en esa dirección.


P: ¿Al final será la ciencia, a través de la física cuántica la que va a demostrar que somos seres espirituales viviendo una experiencia humana?    

 

R: La física cuántica es un puente que nos va a ayudar ahí, sí. Es una herramienta básica para este tránsito que nos va a ayudar como a hacer de puente (…) Ahora vemos que la ciencia del presente explica cosas del pasado que no se entendían y que podían clasificarse como un milagro. La ciencia del futuro nos dará las claves para entender lo que ahora no entendemos, porque la ciencia va siempre evolucionando y por eso esa idea de que lo que yo ahora no comprendo no quiere decir que yo no lo pueda comprender en el futuro. Muchas cosas que antes se consideraban extraordinarias hemos visto que es pura física y pura electricidad, cuestión de campos ordenantes, campos magnéticos, emisiones de energía que están contribuyendo a que, por ejemplo, mi campo energético ordenado, pueda equilibrar a una persona que no lo está. Y esto, en teoría, eran esos milagros que antes se producían, pero que ahora la ciencia te lo permite entender. La ciencia del futuro nos irá explicando más.

 

P: ¿Estamos ya en ese momento de despertar de la conciencia que nos va a llevar a un cambio de paradigma en el que tendremos más en cuenta nuestra dimensión espiritual?

 

R: Para mí, estamos saliendo de un paradigma de fisión, de separación, de análisis, para entrar en un momento de unión, de síntesis, de integración. Para mí, esa integración de nuestra dimensión más superior y de nuestra dimensión más física es uno de los propósitos de nuestra existencia.

 

P: ¿En qué notas que estamos iniciando ese cambio de paradigma?

 

R: Quizás hemos vivido muy de cara hacia fuera y hacia lo material, hacia el exterior y, lo que necesitamos ahora, es reorientar esto e ir más hacia el interior. ¡Pero es que la vida nos está obligando! Fíjate que la pandemia ya nos obligó a estar dentro, para que nos recogiéramos un poco más y tuviéramos tiempo de reflexión. Para algunas personas la pandemia ha sido muy compleja, pero para otras ha sido una enorme oportunidad. Yo pienso que es un momento en el que la vida ya no da más tregua, o sea nos está diciendo: ¡Despierta, reoriéntate!

 

P: Como humanidad, en general estamos aún muy dormidos. ¿A qué crees que se debe esto?

 

R: A que estamos metidos en un engranaje que no nos permite eso de decir: párate, párate y pregúntate hacia dónde vas para entender más la vida. Yo recuerdo que también tenía una visión como muy trascendente de la vida e incluso me decía a mí misma: ¿pero por qué soy tan trascendente? pero no podía evitarlo. Ahora, me vienen pacientes y me dicen: “Es que esta vida no tiene sentido” y yo les digo: No, la vida que estás viviendo no tiene sentido; realmente, la vida que tú estás viviendo, esa, no lo tiene…¡pero es que la vida no es esto!, es mucho más de lo que tú estás viviendo ahora. Estás viviendo un espejismo, algo que tú crees. Por eso, transformar nuestros pensamientos y transformar nuestras emociones y sentimientos es fundamental porque te transforma la vida.

 

P: Como médico de familia tienes la posibilidad de transformar la vida de muchas personas solo con recordarles que somos mucho más que esta dimensión física y material...

 

R: Eso es lo que yo intento en la medida en que me lo permite la vida: hacer que las personas vean la vida desde otro lugar, con sumo respeto y entendiendo que cada ser tiene su momento de evolución, que todo está correcto en cierto modo…pero a veces mi papel es simplemente acompañar a otros a expandir la conciencia, a ver las cosas desde otro lugar porque es que a veces recetar un libro o un pensamiento les puede cambiar la vida (…) A mí, lo que me gusta es decir eso de “convertirnos en enzimas”. Porque cuando el terreno está abonado, preparado, vienen pequeñas enzimas y esa pequeña acción de la enzima genera una gran reacción. Entonces, cuando el paciente está preparado puedes ser esa enzima que le ayude a hacer clic y hacer un gran cambio… pero ¡porque era su momento también! Y si no, pues simplemente acompañas: acompañas y respetas el propio proceso evolutivo.

 

P: ¿Alguna vez algún paciente te ha dicho: doctora no me cuente rollos y deme la receta?

 

R: Me ha pasado, sí… pero te voy a decir una cosa que te va a sorprender: yo los preparo y les digo que no se trata de que hagas lo que yo te digo, solo te lo sugiero. Primero les cuento siempre el ejemplo de un caso que yo tuve, es como que lo preparo, lo voy argumentando, y luego le digo: si tú lo sientes, hazlo y experimenta, y hazlo cuando lo sientas. Lo voy desplegando para que el otro también entienda por qué se lo estoy diciendo. Pero sí…a mí me han llegado a decir: mire doctora, estoy muy cansado, deme una pastilla y no me quiera cambiar la vida. Y yo, ante eso, siento un respeto total.

 

P: Aunque imagino que a veces sentirás ganas de sacudir al paciente: ¿pero no te das cuenta de que estás equivocado?

 

R: Es que nosotros tenemos que informar y no impresionar. Esto lo estoy aprendiendo…a veces, cuando tú crees que tienes tu parte de razón, quieres imponérsela al otro y lo presionas, quieres impresionar y eso genera una presión y eso es como un poco de violencia. Yo creo que lo mejor es informar y que el otro haga su propio camino desde el profundo respeto. Creo que lo más importante es que tú, en el momento que estás con el paciente, sientas lo que la persona necesita y no lo que yo quiero decir. En ese momento no estoy en mí, estoy observando y sintiendo al otro. Ese momento es único y el paciente es único y en ese momento, a lo mejor, de lo que te das cuenta es de que quieres recetarle un libro, o un pensamiento, o un antidepresivo…¡depende! Para mí, todo vale en el sentido de que ayuda a la persona.

P: Como médica, ¿realmente has visto en todos estos años cómo vivir la vida desde esa conexión con nosotros mismos, con nuestra esencia, nos ayuda a vivir una vida más plena?

 

R: Para mí, el trabajar hacia la armonía, hacia la belleza, hacia el amor, hacia la paz, hacia esa elevación de conciencia y de vibración, me parece importantísimo (…) Es que, como humanidad, estamos llamados a desplegar una luz y es lo que nos han venido a enseñar grandes seres como Buddha y maestros elevadísimos que nos han dicho que nosotros tenemos ese potencial en nuestro interior. También, a medida que avanzamos en conocimiento, en amor y sabiduría, pues cosas que consideramos negativas o quizás oscuras, en el fondo son enormes oportunidades de evolución y de cambio. Hay cosas que ‘son’, como decía Epícteto, pero depende de nosotros el cómo las interpretemos porque siempre hay un bien que prevalece detrás de un aparente mal.

 

P: Y ver la vida así, como un regalo y una oportunidad para crecer y evolucionar, tiene enormes repercusiones en nuestro bienestar…

 

R: Es que la vida muchas veces nos ha dado golpes duros que en un momento no entiendes, lo sufres y, al cabo de muchos años, te das cuenta de que aquello que me pasó, que me dolió tanto, ha sido un gran aprendizaje para mí. Yo me quedo ahí: que siempre, pase lo que pase, es para bien. Y entiendo que eso es muy difícil. Cuando estamos viviendo momentos muy duros, pasando enfermedades muy duras, situaciones económicas muy duras, yo entiendo que esto es difícil de integrar y de comprender.

 

P: Esto que haces es fascinante, pero no es lo normal. En las facultades de medicina no se enseñan estas cosas…

 

R: ¿Sabes qué pasa? que también eso ha sido producto de mi propia búsqueda porque a mí, esto, en la universidad no me lo enseñaron, no. Yo estaba fascinada y me encantaba todo lo que me enseñaban en la universidad y me parecía extraordinario, pero intuitivamente yo sentía que tenía que haber algo más, aunque no tenía palabras...tampoco era demasiado consciente. Fue precisamente cuando ya terminaba la carrera cuando la vida me lo pone por delante y yo estuve atenta a observar y decir: “Dios mío, pero aquí puede haber algo mucho más grande de lo que yo me imaginaba” Pero, en mí, ya estaba esa semilla de la búsqueda, primero muy inconsciente. Lo que ocurre es que estamos inmersos en una vorágine cotidiana que no nos permite parar ni pensar…

 

P: Por eso las personas que despiertan, como tú, sienten esa necesidad de compartirlo con el mundo…¿por qué crees que ocurre esto?

 

R: Porque nosotros hemos recibido tanto. O yo, al menos, he recibido tanto, la vida me ha dado tanta oportunidad, que es como que no puedes dejar de querer compartirlo. Es como un impulso interno que no puedes dejar de hacer. Es como cuando tú descubres un tesoro y a las personas que quieres les dices: “Ven, ven, mira, mira que tesoro”. Y, a lo mejor, los demás están en otra película, pero tú les quieres hacer partícipes. Eso ocurre hasta que llega un momento en que dices: “Mejor ser fuente y que el sediento vaya a la fuente, que no ser yo quien vaya a ellos”. Y para mí eso significa hablar de estas cosas solo cuando la gente me lo plantea. Pero, sí, la verdad, es que yo sigo teniendo esa ilusión de seguir compartiendo todo esto porque dices: “ ¡Dios mío, es que la vida es otra cosas, es que la vida es maravillosa!”.

sábado, 24 de septiembre de 2022

Pensar en el suicidio es algo que sucede en algún momento de la vida a la mayor parte de la población


UXÍA RODRÍGUEZ     La voz de Galicia     |      20/07/2022
 
Celso Arango López, director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital General Universitario Gregorio Marañón
 
¿Por qué cada vez se suicidan más jóvenes? ¿Cómo podemos cuidar nuestra salud mental en el día a día? ¿Cuáles son los trastornos más prevalentes? A todo esto y mucho más responde uno de los expertos más reconocidos en su especialidad

Hablar de salud mental con Celso Arango es un aprendizaje continuo. Acaba de ser elegido Académico de la Real Academia Nacional de Medicina de España representando la especialidad de Psicología Médica, es el director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital General Universitario Gregorio Marañón y jefe del Servicio de Psiquiatría del Niño y del Adolescente. Hasta hace dos meses fue el presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), de la que sigue formando parte como miembro del Comité Ejecutivo. Todo esto ligado a su carrera a nivel internacional porque también es miembro del European Brain Council (órgano asesor de la Comisión Europea) y forma parte del Comité Ejecutivo de la World Psychiatric Association. Con Celso Arango analizamos qué nos pasa, por qué estamos más deprimidos o cómo es posible que siga aumentado el número de suicidios en jóvenes.

—Si le pidiera un diagnóstico de la salud mental de la población, a nivel general, cuál sería. 
—Un poco peor que hace dos años. Que la gente no piense que lo que hemos vivido con la salud mental ha sido una epidemia, lo que ha pasado es que unas patologías muy frecuentes y prevalentes que afectan a una de cada cuatro personas en el mundo, se han incrementado, según la Organización Mundial de la Salud, entre un 10 y un 20 por ciento. Pero esto sobre un valor que ya era alto, por lo tanto, ¿cómo está la salud mental en general de la población? Pues un poco peor de lo que ya era hace dos años. 

—Lo cierto es que nunca se ha hablado tanto de salud mental como ahora. 
—Eso es verdad, pero como sucede y ha sucedido con otras cosas. Hay una expresión en inglés «tipping points», que son como puntos sin retorno. Pasó con el sida, con el cáncer… De repente, algo que estaba más estigmatizado o era más tabú, la gente se da cuenta de que es un problema y hay que afrontarlo hablando de ello y no mirando para otro lado. Esta pandemia ha desbordado un vaso que ya estaba lleno, el de la salud mental, pero ha permitido que se visualice. Incluso con personas más conocidas de distintos ámbitos públicos que han comenzado a hablar de ello en primera persona. Que personajes conocidos hablen de sus trastornos mentales es un mensaje muy potente porque, al final, tiene mucho más impacto en la población lo que ves que te puede ocurrir a ti. Si a él o a ella le pasa, también me puede estar pasando a mí.
 
 —¿Cuáles son los trastornos más prevalentes?
—Si hablamos de la pandemia, está claro que no ha afectado por igual a todos los segmentos de la población en base, por ejemplo, a rangos de edad, a nivel socioeconómico o, incluso, a sexo. La pandemia ha afectado más a mujeres que a hombres, a estratos socioeconómicos más bajos y, de forma muy llamativa, a población joven. Fundamentalmente, en niños y adolescentes, lo que más se ha incrementado han sido los trastornos afectivos, sobre todo depresión; trastornos de conducta alimentaria, fundamentalmente anorexia; y conductas autolesivas. En población adulta, sobre todo, los trastornos de ansiedad, cuadros depresivos y los trastornos relacionados con el sueño. En los profesionales sanitarios hay muchos trastornos por estrés postraumático.
 
 —Más del 50 % de los trastornos mentales comienzan en la infancia y en la adolescencia. ¿ A qué señales debemos estar atentos los padres?
—Las señales no han cambiado. Distinguimos dos grandes grupos de trastornos mentales, aquellos que aparecen desde el nacimiento (discapacidad intelectual,trastornos del neurodesarrollo, autismo), aquí lo que es fundamental es el retraso madurativo y la adquisición de los hitos evolutivos como andar, hablar, relacionarse, compartir, mirar a los ojos…. la señal de alarma es que no aparezcan o se retrasen mucho, por eso es fundamental, que en las visitas rutinarias al pediatría se evalúen todos estos signos. Luego están los trastornos que aparecen a lo largo de la vida del niño y del adolescente y aquí lo fundamental es el cambio, deja de ser el mismo. Era un niño que disfrutaba saliendo con los amigos, jugando, tenía sus hobbies y ahora está encerrado en la habitación, no le gusta hacer nada y no quiere ver a nadie; o era una niña que comía bien con la familia, ahora aparta la comida, está muy preocupada por las calorías y no para de perder peso… Dependiendo de cada patología los signos son distintos, pero la clave es ese cambio en el comportamiento que afecta a la vida, no hay que confundirlo con la rebeldía propia de la edad.
En todos los casos el mensaje es claro, todos los trastornos tienen tratamiento y el tratamiento, como sucede en cualquier ámbito médico, va a ser mucho más eficaz cuanto antes se intervenga. No es lo mismo un cáncer de mama cogido a tiempo que cuando ya tiene metástasis, pues tampoco lo es una depresión cuando un niño lleva tres meses así que cuando solo lleva quince días.
 
 —La adolescencia es una edad crítica. ¿Por qué hay cada vez más adolescentes deprimidos?
—La pandemia ha quebrado muchos de los pilares básicos que constituyen la adolescencia. Fue mucho tiempo encerrados, sin salir y sin negociación. El contacto con sus iguales fue solo a través de una pantalla. El pilar fundamental del desarrollo de la personalidad en la adolescencia se quebró y a eso se une la dificultad para proyectarse a uno mismo más allá de un futuro inmediato, lo que hace que gestión de la frustración, del no poder ser adolescente cuando tienes que serlo… Un cúmulo que ha hecho que se desborden las urgencias de todos los hospitales con adolescentes con tentativa de suicidio o suicidios consumados.
 
 —¿Lo que se ha vivido en esa franja de edad hará que estos adolescentes sean adultos distintos a lo que hubieran sido?
—Hay que aprender de la experiencia, de los aciertos y de los errores. Nunca habíamos vivido lo que vivimos, por lo tanto, no sabíamos cuál era el precio que iba a tener que pagar la sociedad desde el punto de vista de la salud mental. Tampoco se sabía que esto iba a tener más incidencia en niños y adolescentes. Hemos visto el precio de cerrar colegios, por ejemplo, esperemos que esto sirva de experiencia. 
Hemos aprendido que la educación que estamos dando a las nuevas generaciones de gratificación inmediata no vale, no se les entrena en la resolución de problemas… Es evidente que tenemos que hacer un aprendizaje socioemocional de gestión de la frustración, desarrollo de la empatía, respeto hacia la diversidad, de detectar cuándo hay que pedir ayuda y cuándo hay que ayudar. Dentro del currículo de alumnos de primaria deberían incluirse todos los aspectos que tienen que ver con la salud mental.

 —¿Qué lleva a un joven a autolesionarse o intentar suicidarse?
—En nuestro país se han triplicado los casos de suicidios consumados en menores de 12 años y el suicidio es la primera causa de muerte en adolescentes. Hay que decir que no se puede banalizar nunca ninguna señal de alarma en relación con el suicido, el 50 % de las personas que se suicidan, previamente se lo han comunicado a alguien. No se puede mirar para otro lado o pensar que ya se le pasará. El suicidio en adolescentes y en niños es más impulsivo que en población adulta. Hay varios factores de riesgo, como el consumo de tóxicos… Hay que tener en cuenta que el pensar en el suicidio es algo que sucede en algún momento de la vida a la mayor parte de la población, pero no se pueden dejar pasar las señales. Hay estudios donde se ve, por ejemplo, que en las familias que cenan juntas hay menos riesgo de acoso escolar y menos casos de suicidio. ¿Por qué? Porque se habla y el niño sabe que hay un espacio de seguridad para comentar las cosas. Por fin acabamos de poner en marcha en nuestro país el teléfono de atención al suicidio (024), que está recibiendo mil llamadas diarias, muchas son de menores de edad. 
 
 —Si vemos que alguien de nuestro alrededor da alguna de esas señales, ¿qué debemos hacer?
 —Hay que hablar con esa persona para infundir la esperanza de que lo que le pasa se puede solucionar y buscar ayuda profesional.
 
 —También hay un repunte de casos de trastornos de la conducta alimentaria. 
—Sí, fundamentalmente los trastornos de anorexia de tipo restrictivo. Ese es el que más ha aumentado en población muy joven.
 
 —Se habla siempre de las listas de espera para cirugías, por ejemplo, pero se habla mucho menos de la espera para que te pueda atender un psicólogo o un psiquiatra. 
 —La situación está muy mal. España es un país que nunca ha priorizado la salud mental, nunca. Esto no lo digo yo, del total del gasto sanitario, España dedica un 5,5 % a aspectos que tienen que ver con salud mental en general. La media europea está en el 7,5 %. La ratio de profesionales es de las más bajas de todos los países de la Unión Europea. Esto no es a raíz de la pandemia, siempre ha estado mal, ahora se habla más, pero los profesionales lo sabemos desde hace décadas. En infanto-juvenil mucho peor, hasta este año no se ha aprobado la especialidad. La psiquiatría está muy poco desarrollada y la psiquiatría infantil mucho menos. Hasta hace nada no teníamos ni siquiera unidades de hospitalización para menores.

—¿Si ahora mismo entrásemos en una Unidad de Hospitalización Infanto-Juvenil, qué nos encontraríamos?
—Adolescentes que en un cincuenta por ciento han ingresado por ideación suicida, veinte por ciento con trastornos de conducta alimentaria, diez por ciento con brotes psicóticos y luego una amalgama con pacientes con un trastorno obsesivo compulsivo grave, con conductas disruptivas importantes, pacientes con trastornos adaptativos importantes…  
 
 —Sabemos que hay que llevar una dieta equilibrada, hacer ejercicio… Que todo eso mejora nuestra salud. ¿Qué debemos hacer, cada uno de nosotros de manera individual, para cuidar nuestra salud mental?
 —Hay muchísimos estudios de cómo el ejercicio evita riesgos de padecer trastornos mentales y de cómo, en las que ya los tienen, produce efectos terapéuticos importantes. 
Después, algo que ayuda muchísimo es la relativización, es uno de los mecanismos de defensa mayores que tenemos. Pensar siempre lo afortunados que somos. Ver todo lo que pasa a nuestro alrededor, ver todos esos problemas que nos provocan ese estrés crónico desde otro punto de vista, salir de nuestro ombligo y mirarnos a nosotros mismos desde fuera, en relación con el mundo. Ese relativizar y parar, conocernos, es de los factores más protectores. El estrés crónico nos mata de muchas formas. Las personas con trastornos mentales graves viven veinte años menos que el resto de la población, se mueren por otro tipo de factores que desvinculamos de la salud mental pero no es así. Cuando vemos casos de parejas mayores que se muere uno y a los pocos meses el otro, no es casualidad, el que murió de segundo dejó de luchar para seguir viviendo. Muchas de las cosas que suceden en la vida tienen un trasfondo psíquico al que no le damos la importancia que tiene realmente.

jueves, 22 de septiembre de 2022

Un estudio cuestiona la principal teoría sobre el origen de la depresión


20MINUTOS – NOTICIA     |     29/07/2022
 
La noción de que la depresión es producto de desequilibrios químicos podría no ser tan sólida.
 
El trastorno depresivo mayor es uno de los problemas de salud mental más prevalentes en el mundo entero. Según los datos de la OMS, se estima que afecta a unos 280 millones de personas en todo el mundo.
 
Una idea muy extendida, y hasta ahora la más aceptada por la comunidad científica, es que la depresión se debe a desequilibrios químicos en el cerebro, y particularmente a niveles excesivamente bajos del neurotransmisor serotonina. De hecho, los medicamentos antidepresivos elevan los niveles de serotonina. Sin embargo, es posible que nos acerquemos a un cambio de paradigma.
 
Cuestionando viejas ideas
 
Precisamente, un reciente trabajo de revisión de literatura publicado en el prestigioso medio científico Mollecular Psychiatry ha encontrado que la evidencia que soporta la teoría de los desequilibrios químicos no es en realidad tan sólida como se creía. Y esto tiene implicaciones muy importantes.
 
Actualmente, las estrategias de tratamiento de la depresión son variadas y sobre todo muy personalizadas, y la psicoterapia suele jugar un papel muy importante en ellas. Pero, además, en los casos de moderados a severos, es común que los especialistas receten antidepresivos (la mayoría de las veces inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o ISRS)... Uno de cuyos principales efectos, como decíamos, es elevar los niveles de serotonina en el cerebro.
 
Revisar la teoría de los desequilibrios en la química cerebral implicaría, por tanto, también revisar la evidencia detrás de los antidepresivos. Hay que decir que no es la primera vez que esto se plantea, y de hecho mucha de la investigación que permitió la aprobación del uso de los ISRS en depresión tiene puntos cuestionables. El gran dilema que se presenta, no obstante, es que en un porcentaje significativo de los casos los medicamentos antidepresivos sí que ofrecen resultados positivos, y esto parece que podría resultar contradictorio con una depresión que no se deba a desequilibrios químicos en el cerebro.
 
Funcionan... pero no sabemos cómo
 
Aunque citan limitaciones en su propio análisis y en muchos de los estudios con los que han trabajado, la conclusión es que, si la pregunta es si las personas diagnosticadas de depresión tienen niveles de serotonina diferentes al resto de la población, la respuesta es no. 
 
No obstante, preguntarse si los antidepresivos funcionan es una cosa completamente diferente, y el peligro, dicen, es que este trabajo se use para responder a esa cuestión.
 
Y es que, señalan, ninguna de las teorías actuales sobre los mecanismos de los antidepresivos postula que funcionen únicamente corrigiendo un desequilibrio previo, pese a que esta fue la idea inicial que subyace detrás de estos medicamentos
 
Por tanto, lo que explican que debemos concluir de esta evidencia no es que los antidepresivos no funcionen, sino más bien que no entendemos por qué lo hacen. Y esto es importante, lo bastante como para investigar más profundamente cómo lo hacen. 

lunes, 19 de septiembre de 2022

El método para hacer frente a los pensamientos y sentimientos dolorosos de forma efectiva


20 MINUTOS - NOTICIA     |      12/09/2022

Entre otros fenómenos fascinantes, la era de internet nos ha traído 'El Juego'. Su premisa es muy sencilla: el objetivo es no pensar en el propio juego, y hacerlo significa una derrota.

Es fácil ver que, una vez que se conoce su única regla, es extremadamente complicado y que esforzarse en evitar pensar en 'El Juego' suele lograr justo el efecto contrario. Algo similar sucede con los pensamientos negativos: tratar de evitarlos suele conducir a pensar aún más en ellos.

Dejar de forcejear

En base a esto, el médico de familia y formador de ACT británico Russ Harris ofrece en su libro La trampa de la felicidad una técnica para evitar de verdad esos pensamientos y sentimientos dolorosos.

Concretamente, Harris explica que "forcejear" contra los pensamientos negativos a menudo es comparable a luchar para salir de unas arenas movedizas: cuanto más lo intentamos, más nos hundimos. El problema está en que hacer esto, resistirse para salir de las arenas movedizas, es algo intuitivo.

Por eso, esta técnica consiste justo en lo contrario: es preciso vencer ese instinto primordial de luchar contra ese pensamiento o sentimiento que nos hace daño y, en su lugar, abrirnos a él y darle espacio. Hacer esto, dice el experto, permite que nos centremos mucho más en las actividades que estamos realizando y que disfrutemos más plenamente de ellas.

Pensamientos con contenido útil

Según el médico, "la investigación no deja lugar a dudas: cuando respondemos así a nuestros pensamientos y sentimientos, los síntomas se reducen. Los niveles de ansiedad caen en picado, los niveles de estrés disminuyen; los síntomas de la depresión se reducen; e incluso el dolor físico causado por enfermedades como el síndrome de dolor crónico disminuye".

A esto, además, se añade otro beneficio de no luchar contra estos pensamientos: que a menudo "contienen información útil. [...] Nos pueden advertir de problemas de los que debemos ocuparnos, nos proporcionan evaluaciones sobre la vida que nos ayudan a reconocer si lo que hacemos nos funciona o no. No podemos usar esta valiosa información de forma eficaz si estamos ocupados forcejeando con estas experiencias internas, pero sí podemos hacerlo una vez detenemos el forcejeo", tal y como expresa Harris.

viernes, 16 de septiembre de 2022

Depresión, ansiedad, autolesiones y trastornos de la conducta alimentaria son algunos de los problemas más frecuentes entre los jóvenes


MARINA DÍAZ MARSÁ     |    www.lavozdegalicia.es     |     24/08/2022 

Marina Díaz Marsá es la Presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid y Jefa de la Unidad de los Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Clínico San Carlos. Además, forma parte del Proyecto Survive, un ensayo de cohorte que se está realizando en toda España con una muestra de 2.000 pacientes. ¿El objetivo? Desarrollar estrategias de intervención preventivas para pacientes con ideación suicida. 

Una parte fundamental de su trabajo es atender y estar en contacto con jóvenes y adolescentes, que son uno de los grupos en los que más han crecido los intentos de suicidio a raíz de la pandemia. A través de este contacto con ellos, la psiquiatra ha desarrollado una comprensión profunda de lo que para muchos padres y adultos es un código difícil de descifrar: las necesidades y las problemáticas de los adolescentes. Hoy, Díaz revela las claves para intervenir eficazmente y apoyarlos en el sostén de su salud mental. 

—¿En qué consiste el proyecto Survive?

—Es un estudio que está liderado por diferentes investigadores en diferentes centros de toda España. Es un estudio de cohorte y la idea es reclutar unas 2.000 personas que hayan realizado un intento de suicidio en nuestro país, realizar un seguimiento de 12 meses para evaluar la incidencia de nuevos intentos e identificar qué factores de riesgo pueden llevar a una persona a hacer un nuevo intento. En ese contexto, en estas 2.000 personas, se va a estudiar la eficacia de diferentes programas de intervención preventivos que se añadirán al tratamiento habitual. En concreto, un programa de seguimiento telefónico que está dirigido a adultos y supone la realización sistemática de llamadas telefónicas que buscan determinar el riesgo actual de suicidio del paciente y promover conductas saludables que eviten eso. Luego, hay un programa desarrollado por la Unión Europea contra la Depresión y el Hospital del Mar. Es una herramienta online con material psicoeducativo basado en el entrenamiento de habilidades, desarrollado para adultos con patología depresiva que tienen conducta suicida. Y el tercer tratamiento preventivo que se plantea es el Self Awareness Of Mental Health, el Samh, que es un programa que está especialmente diseñado para adolescentes entre 12 y 18 años y que incluye contenido psicoeducativo sobre qué es la depresión, sobre factores de riesgo y factores protectores frente a la conducta suicida, y también dirigido a entrenar habilidades de manejo del estrés y del comportamiento suicida en adolescentes. 

—¿Ha aumentado la incidencia de los intentos de suicidio en adolescentes?

—El suicidio es la primera causa de muerte no natural en España, y un total de casi 4.000 personas se suicidaron en el año 2020 en el país. El suicidio en adolescentes siempre ha existido, pero después del confinamiento se han incrementado de forma muy reseñable. Además, como otro ejemplo, la fundación ANAR, que es una fundación de ayuda a adolescentes, obtuvo más peticiones de ayuda en este período. La tercera parte de las consultas fueron por problemas de salud mental y llegaron a atender a 4.500 menores de edad por ideación suicida. En las Urgencias de los hospitales a partir del confinamiento vemos esta realidad. Cada vez hay más ideación suicida en adolescentes por depresión, por ansiedad, esto asociado muchas veces a autolesiones en estos contextos y también en el de los trastornos de conducta alimentaria. 

—¿Una persona que intenta suicidarse es más probable que recaiga?

—El riesgo de recaída existe, está ahí. Por eso queremos estudiar los factores de riesgo asociados a la recaída. Efectivamente, la persona que ha tenido un intento de suicidio tiene más riesgo de tener otro. Por eso es tan importante la intervención precoz ante una primera conducta suicida y de estos programas de prevención dirigidos a evitar una segunda conducta suicida. En España existen códigos en cada comunidad autónoma que hacen que si un paciente ha tenido un intento suicida se priorice su cita. La atención a estas personas va a ser lo antes posible. Yo creo que con un buen programa preventivo, con una mayor dotación de profesionales que podamos hacer una intervención en estos casos, las tasas de suicidio se pueden disminuir de forma considerable. Es algo donde se puede trabajar. Hay optimismo, lo que necesitamos son recursos para atender a estos pacientes lo antes posible. Pero ciertamente se puede incidir en la disminución del riesgo suicida.

—¿Por qué hay más intentos de suicidio en chicas?

—Los intentos de suicidio son más frecuentes en mujeres, tanto en adolescentes como en adultos, pero los suicidios consumados son más frecuentes en hombres, entonces, en adolescentes se sigue esta misma línea que ya existe en adultos. Los intentos de suicidio son más frecuentes en las mujeres adolescentes mientras que los varones a lo mejor tienen más frecuentemente consumo de sustancias o trastornos de heteroagresividad. Probablemente sea porque la mujer tiene más riesgo de depresión y de trastornos de la conducta alimentaria. Esos trastornos han aumentado a raíz del confinamiento y se asocian a un mayor riesgo de conducta suicida. Y son efectivamente las mujeres adolescentes las que más realizan estos intentos y, en ese contexto, las más afectadas por la pandemia. 

—¿De qué manera les ha afectado concretamente la pandemia a estas personas?

—Lo que ocurre es que estamos ante una situación de incertidumbre, de mal manejo del estrés, ante una situación de mayor exposición a las redes sociales, pérdida de rutina en los adolescentes y pérdida de vínculos con sus pares. La adolescencia es un momento en que la relación con los pares, es decir, con otros adolescentes, es muy importante. Todo eso, con el confinamiento, se perdió. Además, la sensación de incertidumbre socioeconómica en las familias también la perciben los adolescentes y yo creo que existe también un tema de convivencia familiar. En aquellos casos en los que la convivencia era mala, se hizo peor. Y también se ha puesto de manifiesto la necesidad de crear más familia, porque los padres y los hijos pasan poco tiempo juntos y el confinamiento sí que fue una oportunidad para eso, pero es que muchos no se conocían tanto previamente. Entonces, de repente se encontraron con unos padres a los que no conocían, en una situación de conflictividad, sin el apoyo de sus pares, ante una incertidumbre y con una mayor exposición a las redes sociales. Y eso es lo que ha contribuido a que los adolescentes tengan más trastornos de ansiedad, más trastornos depresivos, más TCA.

—¿Cómo se abordan esos casos?

—Lo que hacemos la mayor parte de las veces es un tratamiento combinado. Psicoterapéutico y psicofarmacológico. En función del trastorno se preferirá un tratamiento individual, grupal, o una combinación de ambas terapias. Y en función de si la psicoterapia ha ido bien o mal se añadirá algún tipo de fármaco y también en función de la gravedad del trastorno que estemos tratando. Pero en términos globales, el tratamiento casi siempre es mixto. 

—¿Qué otras cosas ayudan a estos jóvenes, además de las terapias?

—Primero, que lo comuniquen. El que uno pueda hablar sin miedo de lo que le pasa, que la familia y sus personas cercanas le acompañen. Que le acompañen no significa decirle lo que tiene que hacer, sino que estén ahí para poder ser receptivos en caso de que el adolescente quiera expresar algo. También puede ayudar que la población general entienda que los trastornos mentales son una cosa frecuente. Que una de cada cuatro personas padecerá un trastorno mental. Por lo tanto, no hay que estigmatizar a las personas que los tienen. La no estigmatización, el acompañamiento, el entender que nos puede pasar a cualquiera de nosotros y, sobre todo, la esperanza de que hay tratamientos eficaces y que tener un trastorno mental en un momento de la vida no quiere decir que lo vayas a tener para siempre son cosas que ayudan a la persona a poder superarlo de forma más satisfactoria. 

—Mencionas la influencia de la exposición a redes sociales en estos problemas. ¿Se recomienda que estos pacientes las abandonen?

—Cada caso es un mundo. Pero, en general, en los adolescentes, la excesiva exposición a las redes sociales suele ser contraproducente. Se comparan mucho, porque además, su capacidad de control, su lóbulo frontal, todavía no está desarrollado y tienen más riesgo de adicción. Además, empeoran el sueño y muchas veces producen ansiedad. Por lo tanto, sobre todo en pacientes que han tenido una conducta suicida, hacer una exposición limitada a las redes tendría sentido. 

—¿Hay mucho autodiagnóstico entre la población joven?

—Probablemente. Pero yo creo más que hay gente infradiagnosticada. Es verdad que un día puedes estar nervioso, un día puedes estar triste, puede apetecerte menos comer, pero eso no es un trastorno. Un trastorno es la sintomatología persistente en el tiempo que además altera la funcionalidad del individuo. Impide que el individuo haga una vida normal. Pero la tristeza, la ansiedad, el malestar, son emociones que forman parte de la vida. Solo cuando esas emociones negativas se intensifican en el tiempo, se hacen duraderas e interrumpen la biografía del sujeto o hacen que no pueda realizar su vida de forma normal es una patología mental. Pero no hay que pensar que vivir implica tener siempre emociones positivas. La vida implica tener emociones positivas y negativas y de la complementariedad de ambas se trata la vida. Es importante dar este mensaje: la tristeza y el estrés existen. Con lo cual, el autodiagnóstico quizás no tenga mucho sentido. Si alguien piensa que puede tener un trastorno mental o que sufre de ansiedad, anorexia o bulimia, lo más sensato es que consulten a un profesional de la salud mental, un psiquiatra o un psicólogo que les ayude a identificar qué patología tienen si la tienen y cuál es el mejor abordaje. 

—Dices que el rol de la familia es crucial. ¿Se incorpora a la terapia?

—En adolescentes, la terapia familiar es fundamental, porque los adolescentes viven en la familia la mayoría de las veces. A veces existen dinámicas en la familia que, de forma sutil, pueden aumentar o precipitar la patología de los adolescentes. Y los padres tienen que conocer cómo actuar ante estas situaciones. Muchas veces, hace falta hacer crítica y cambiar ciertas conductas familiares que a lo mejor al adolescente no le vienen bien. Por lo tanto, cuando hablamos de patología del adolescente, la intervención familiar es clave. Es imprescindible y es muy necesaria. 

—¿Qué cosas hacen las familias con buena intención pero con resultados perjudiciales?

—Hablaba de acompañar justamente por eso. Acompañar es estar, controlar es otra cosa. Hablo de acompañar y no de controlar o de vigilar. Al final, el adolescente tiene que desarrollar su propia motivación para el cambio, su propio deseo de hacer otra cosa con su malestar y esa tiene que ser una iniciativa personal que no la puede suplantar la familia. A veces los padres, por querer que esa situación remita lo antes posible, al depresivo intentan empujarlo a que haga muchas cosas, cuando no puede hacer muchas cosas. Eso es perjudicial, porque el depresivo no puede hacerlo, por lo tanto, que tú le digas que haga cosas le está minando más la autoestima. En el caso de los TCA el agobiarles con comida, hacer hincapié en que coman, puede ser contraproducente. Porque al final tiene que ser el adolescente el que decida hacer otra cosa con su malestar. Son adolescentes que sufren y les tenemos que acompañar, pero ellos tienen que aprender a manejar su malestar y su sintomatología de otra manera y a afrontar las situaciones de estrés de otra manera que no produzca patologías psicológicas.

—¿Qué necesitan los jóvenes de sus padres?

—Que estén con ellos. Que les den menos consejos, les escuchen más, y que estén. Uno de los principales problemas de muchos adolescentes que vienen a consulta es que, cuando tú empiezas a ver cómo es su vida, te das cuenta de que no hay familia. No comen juntos, no cenan juntos, los fines de semana no hacen cosas juntos. Entonces, para mí, una de las principales cosas es darles el mensaje de que es muy importante la familia y que la familia implica estar con ellos, escucharles, comprenderles, no juzgarles y acompañarles. Implica presencia, la presencia es familia.