martes, 4 de octubre de 2022

5 hábitos de las personas con depresión oculta

GEMA SÁNCHEZ CUEVAS        |     La Mente es Maravillosa       |       24/06/2020

Escrito por Edith Sánchez

No todas las personas deprimidas se ven tristes y aisladas. A veces reír demasiado, o ser obsesivamente sociable, por ejemplo, constituye una señal de que hay una depresión oculta. 

La depresión oculta es una condición en la cual una persona no presenta los síntomas típicos de la depresión, sino otros patrones y rasgos que hacen de disfraz. De hecho, el primero en pasar por alto esta situación en quien la padece. De eso se trata precisamente: de mantenerse a distancia del malestar. 

Ese proceso de tratar de encapsular o maquillar los síntomas de la depresión se da de manera inconsciente o preconsciente. No es que la persona deliberadamente quiera aparentar algo que no es o que no siente. El ocultamiento es una forma de defenderse de un sufrimiento que quizás el afectado no se siente con la capacidad de abordar. 

Por supuesto, el hecho de ocultarle a los demás, y a uno mismo, este tipo de problemas, no es una buena estrategia para solucionarlos. Por el contrario, a veces solo se consigue que se vuelvan crónicos. ¿Cómo reconocer que puede haber una depresión oculta? Estas son cinco señales que envían quienes la padecen.

Dime amigo: ¿La vida es triste o soy triste yo?”. – Amado Nervo


1.     Son obsesivamente sociables

A las personas con depresión oculta les cuesta trabajo estar solas. Los demás son una especie de pretexto, porque temen quedarse a solas consigo mismos. Si no tienen gente a su alrededor, afloran más fácilmente los sentimientos agudos de tristeza. 

Esta es la razón por la que suelen ser obsesivamente sociables. Siempre están buscando la forma de organizar reuniones, buscar eventos sociales y cosas por el estilo. Si no lo logran, entonces simplemente llaman por teléfono a sus familiares, amigos, compañeros, etc. No quieren ver a la soledad ni por asomo, porque esta actuaría como un espejo, haciéndoles pensar.


2.    Enfatizan en su bienestar exageradamente


Es muy usual que un comportamiento exagerado revele un intento de compensación para el sentimiento completamente opuesto. Suele suceder, entonces, que las personas con depresión oculta tiendan a sobredimensionar su supuesto estado de bienestar. Si les preguntas cómo están, no te van a decir que bien, sino “estupendamente” o “muy bien”. 

Como anotábamos, esta es una forma inconsciente de compensación. Es casi un intento por auto-convencerse y convencer a los demás acerca del estado de ánimo. Una cortina de humo para alejar la idea del malestar y así mantenerse a distancia de la depresión.


3.    Hablan reiterativamente del pasado 

En la depresión oculta, como en cualquier forma de depresión, el pasado juega un papel protagonista. Por eso es muy usual que haya temas del ayer que siempre salgan a relucir en las conversaciones con personas que manifiestan la depresión de esta manera. Es posible que se refieran a esos asuntos de forma jocosa, incluso, pero lo importante es que aluden a ellos con frecuencia. 

El hecho de no lograr desprenderse del pasado es un indicador de que hay vivencias no resueltas. Ese pasado pudo haber sido positivo o negativo, no importa. Lo relevante es que alguien siga reviviendo eso que ya sucedió a través de la evocación. Implica que hay lazos fuertes con el ayer y que no ha sido posible ubicarse en el presente real. 


4.    Tienen hábitos alimenticios desordenados

Los desórdenes alimenticios siempre son indicadores de algún malestar emocional; en particular, de depresión. Especialmente si los cambios en el apetito no son pasajeros, sino que tienden a volverse permanentes, e incluso se hacen más marcados cada vez. Estos hábitos incluyen comer menos de lo normal, más de lo normal, o hacerlo de una forma anárquica o extraña. 

Es muy usual que una de las formas de expresión de la depresión oculta tenga que ver con el apetito. A veces la persona no deja de comer, o come más, pero sí manifiesta asco por determinados alimentos, o presenta problemas digestivos muy frecuentes. También hay casos en los que lo que se produce es una obsesión por comer algo o hacerlo de cierta forma.


5.     No logran dormir plácidamente 

El sueño es otro de esos factores que hace visible el malestar emocional. Como en el caso de la alimentación, lo que se aprecia en estos casos es que hay alguna suerte de anomalía que puede ser de muchos tipos. Por lo general, se duerme poco, o se duerme demasiado.

En algunas ocasiones aparecen otros comportamientos como noctambulismo, dificultades para dormir en la cama en posición horizontal, sueños intermitentes, etc. Cualquiera de estas formas de descanso, a todas luces inadecuadas, podrían ser un síntoma de depresión oculta. 

Por supuesto, todos estos indicadores deben ser evaluados con cuidado. La depresión es más que un estado de tristeza o de negación encubierta y no tiene nada que ver tampoco con un estado de confusión pasajero. Hablamos de una condición que debe ser evaluada por personal capacitado para ello.

sábado, 1 de octubre de 2022

¿Por qué a veces hablamos con nosotros mismos? Todo sobre los soliloquios

ENRIQUE ZAMORANO        |        elconfidencial.com-ACV      |         23/08/2022 

En ocasiones, tenemos muchas cosas que contarnos. Así de mágico es nuestro cerebro, pudiéndose desdoblar con facilidad. Una psicóloga experta nos habla de esta situación. 

O no me voy a poner triste ahora por eso me pregunto por qué no se quedó a pasar la noche pensé todo el tiempo que era algún extraño que había traído en lugar de andar vagando por la ciudad tropezándose con quién sabe Dios trasnochadores y rateros a su pobre madre no le habría gustado eso si estuviera viva malográndose de por vida quizás de todos modos es una hora bonita tan silencioso me gustaba volver a casa después del baile el aire de la noche...". Este atropellado fragmento de la novela 'Ulysses' de James Joyce es uno de los mejores ejemplos de plasmación del monólogo interior a la literatura. El escritor irlandés era un auténtico mago de las palabras, llevando la rapidez del pensamiento y la velocidad de la imaginación libre a la narración de una forma que pocos autores han conseguido estampar en obras posteriores. 

El ejemplo de Joyce es más que paradigmático, pues si tuvieras que poner voz a toda esa corriente de pensamientos que te vienen a la cabeza en apenas un minuto no sabrías ni por dónde empezar. Pero, de hecho, lo hacemos a diario y de manera involuntaria: el soliloquio es la forma de comunicación más curiosa y extraña de un ser humano. Al fin y al cabo, todos hablamos con nosotros mismos, pero... ¿Por qué? ¿Con cuánta frecuencia? ¿Alguna vez has pensado que estás un poco loco al expresar palabras que solamente van dirigidas a tu yo interior? ¿Has vivido episodios en los que de repente ha emergido esta voz interna y estabas con gente y después te has sentido avergonzado? ¿Hasta qué punto podría ser un problema? ¿Y una virtud? 

"La reflexión interior en voz alta y a solas, se puede producir por varios motivos", asevera Loreto Barrios, psicóloga del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (COP) y doctora, a El Confidencial. "Uno de ellos es para darnos instrucciones verbales cuando estamos realizando tareas complejas porque ayuda a mantener la concentración en el objetivo. Pero, en general, podemos distinguir entre dos motivaciones principales: aquellas positivas que sirven para afrontar determinadas circunstancias, y las negativas, que son básicamente rumiación o ruido mental". 

En efecto, pensar en voz alta es una excelente forma de memorizar y reflexionar sobre asuntos complejos, como la doctora Barrios admite. De ahí que hablar con uno mismo sea una táctica muy efectiva de cara a estudiar. Y por otro lado, como asegura la experta, el sentido positivo o negativo de esa voz interior determinará nuestro estado de ánimo y, por ende, el ambiente que vayamos a imprimir en las conversaciones con otras personas, no solo con nosotros mismos. Por ello, cuando "una persona tiene un diálogo interno negativo, es frecuente que acabe contagiando su negatividad a los demás, mientras que si es positivo generará un clima agradable". 

La Terapia Gestalt

Por tanto, la calidad de nuestros soliloquios es uno de los apartados que más atiende un psicólogo de cara a tratar algún trastorno de ansiedad o depresión, por desgracia tan comunes en nuestra realidad pospandémica. Para facilitar el acceso al diálogo interno verbalizado del paciente, se suele utilizar la Terapia Gestalt, la cual es muy útil para que la persona acepte e interactúe con esa parte de sí misma que le está lastrando y haciéndole daño. "En realidad, más que un soliloquio, es un monólogo mantenido con un sujeto ausente", explica Barrios. "Este puede ser un síntoma, otra persona o incluso una parte de uno mismo, y que puede convertirse en diálogo si el paciente asume el otro rol".

En dicha terapia, el sujeto se sienta al lado de una silla vacía para hablar consigo mismo. "Es un método para abordar cuestiones no resueltas", prosigue la doctora. "Por ejemplo, para tratar la ansiedad o el estrés, el paciente ve en la silla esa parte de sí mismo que intenta mandarle mensajes para así después poder gestionarlos y actuar en consecuencia. O también en los casos de duelos, que en esta época tratamos mucho, para 'hablar' con el ser querido que ha fallecido y cerrar el duelo enquistado". 

La infancia y sus amigos imaginarios 

Por otro lado, una de las épocas vitales en las que más hablamos con nosotros mismos suele ser la de la infancia. Tal vez como asunción de nuestra propia consciencia y presencia en el mundo, de ahí que muchos niños puedan tender a crear amigos imaginarios. Hay una amplia discusión académica sobre por qué se produce este hecho, la corriente más psicoanalítica argumentará que este soliloquio de la infancia es consecuencia de la separación del niño y la madre, es decir, cuando el sujeto se da cuenta de su individualidad. 

"Hay dos referentes en psicología del desarrollo, el ruso Lev Vygotski y el suizo Jean Piaget, ambos nacidos a finales del siglo XIX, que difieren en su apreciación respecto a lo que denominan 'el habla egocéntrica del niño'", reflexiona Barrios. "Para Vygotski, el habla es de origen social, y solo con el tiempo llega a tener propiedades autodirigidas. Piaget, sin embargo, considera que hay dos tipos de lenguaje, el egocéntrico y el socializado, el cual es posterior a la evolución del niño". ¿Influye de algún modo el hecho de que el niño se sienta particularmente solo para que desarrolle un diálogo consigo mismo más fluido? 

La importancia del afecto y la comunicación 

"Puede ser", admite la psicóloga. "Como dice el doctor Mario Alonso Puig, el ser humano es un ser de encuentro. Cabe pensar que la soledad anima a practicar el diálogo con seres imaginarios, mascotas u objetos. Muchas veces no sabemos precisar bien lo que pensamos hasta que somos capaces de verbalizarlo y pasarlo a una vía consciente. Pero es difícil de saber o de precisar, habría que pensar mucho sobre cómo vivimos cada uno nuestra infancia y si tendíamos a la creación de amigos imaginarios o al soliloquio porque estábamos solos o por mera inercia".

 
Lo que sí que es cierto es que la sociabilidad y las muestras de afecto son imprescindibles para que un humano sobreviva en un entorno, como demostró un curioso estudio realizado hace más de 100 años que menciona Barrios. "Ahora no se podría repetir por razones éticas", advierte. "Se dividió en dos grupos a un conjunto de niños. A uno solo le daban lo necesario para sobrevivir, es decir, comida y lecho. Al otro, lo mismo, pero con la diferencia de que se les hablaba y cuidaba. Al final del experimento, el primer grupo de niños acabó muriendo. El ser humano necesita ser escuchado, sentirse querido, transmitir pensamientos y emociones... si no, se muere". 

viernes, 30 de septiembre de 2022

¿Qué es la aritmomanía?


JOSÉ PADILLA         |      La Mente es Maravillosa     |     15/09/2022
 
El trastorno obsesivo-compulsivo tiene diferentes manifestaciones, pero todas ellas derivan en actos que acaban por limitar la vida de la persona. En esta ocasión hablaremos de la aritmomanía, un tipo de TOC relacionado con los números. ¡Sigue leyendo!
 
El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es a menudo una condición incapacitante que consiste en pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes, molestas e intrusivas que provocan una sensación de incomodidad. Para reducir la ansiedad y la angustia asociadas con estos pensamientos, el paciente puede emplear compulsiones o rituales. El DSM-5 define las compulsiones por los siguientes puntos:
 
·        Comportamientos repetitivos o actos mentales que la persona se siente impulsada a realizar en respuesta a una obsesión.
·        Las conductas o actos mentales tienen como objetivo reducir la ansiedad o prevenir alguna situación temida. No obstante, estos comportamientos o acciones mentales no conectan de manera realista con lo que quieren prevenir.
 
La causa del TOC aún se desconoce, pero es probable que sea multifactorial. Se cree que existe una predisposición genética, ya que del 45 % al 65 % de sus variaciones son atribuibles a factores genéticos. De hecho, la investigación ha demostrado que la heredabilidad de este trastorno es tan alta que va del 45 % a 65 % en niños y del 27 % a 45 % en adultos.
 
También se ha observado que la incapacidad para hacer frente a la incertidumbre, un mayor sentido de la responsabilidad y el pensamiento mágico parecen predisponer a los hábitos obsesivo-compulsivos.
 
Ahora que ya tenemos un panorama global del TOC, adentrémonos en una de sus más interesantes variaciones: la aritmomanía.
 
¿Qué es la aritmomanía?
 
Es un tipo de TOC caracterizado por la compulsión de contar objetos o acciones y hacer cálculos matemáticos. La persona puede verse desbordada por un irresistible impulso de llevar cuentas de las cosas que tiene a su alrededor. Quienes padecen aritmomanía no pueden evitar contar números, objetos, palabras o, incluso, dejar de repetir acciones cierto número de veces.
 
Este TOC opera como cualquier otro, un pensamiento incómodo (obsesión) invade a la persona, la angustia se dispara y las acciones o rituales emergen (compulsiones) como mecanismo para neutralizarla.
 
Apelar a los rituales compulsivos es la principal estrategia que la persona obsesiva usa para afrontar su angustia. Sin embargo, aunque puede que esto le ayude en el momento, a la larga es muy perjudicial y produce más angustia que no hacer la compulsión.
 
Las manifestaciones más comunes de la aritmomanía
 
·        Contar palabras. La persona puede contar las palabras en una conversación, en un texto…
·        Contar objetos. Hay quienes cuentan los escalones que van subiendo, las matrículas de los coches, la cantidad de cosas en una sala, etc.
·        Realizar cálculos matemáticos. El individuo está constantemente haciendo cálculos aritméticos: sumas, restas, multiplicaciones, entre otros.
·        Contar hasta un número antes de hacer algo. Antes de salir de casa, la persona tiene que contar hasta 50, por ejemplo.
·        Repetir algo un número de veces. El sujeto puede mirarse al espejo 3 veces, dar 5 vueltas al café antes de tomarlo, enjabonarte las manos 3 veces…
·        Evitar un determinado número. La persona evita un número (esto no tiene nada que ver con la superstición). Por ejemplo, tiene que lavarse 3 veces las manos porque hacerlo una vez le generaría demasiada ansiedad.
 
Otros ejemplos de la aritmomanía son los siguientes:

·        Contar los elementos de un cuadro.
·        Pulsar el interruptor de encender la luz un determinado número de veces.
·        Hacer las cosas un determinado número de veces y que sea par o impar.
·        Comprobar que la puerta de casa está cerrada un determinado número de veces, etc.
 
La aritmomanía afecta negativamente la calidad de vida
 
Al igual que todo TOC, la aritmomanía puede afectar de manera significativa la vida de quien lo padece. Este trastorno puede obstaculizar el crecimiento y el desarrollo social de una persona.
 
Un estudio encontró un marcado deterioro en todos los dominios específicos de la calidad de vida del paciente con TOC, incluida la capacidad para trabajar y realizar tareas domésticas, la sensación subjetiva de bienestar, las relaciones sociales y la capacidad para disfrutar de actividades de ocio en comparación con las normas de la comunidad.
 
Como te podrás imaginar, la aritmomanía es limitante, ya que requiere estar constantemente prestando mucha atención al entorno. Las consecuencias más frecuentes son las siguientes:
 
·        No poder mantener un trabajo. Estar constantemente contando hará que no se pueda rendir lo suficiente en las labores asignadas. En muchos casos, conlleva al despido por bajo rendimiento.
·        Aislamiento social. Como la mente suele estar ocupada contando, la persona no suele estar atenta a sus interacciones sociales.
·        Ansiedad. Hemos dicho previamente que la compulsión, a corto plazo, puede reducir la ansiedad. Sin embargo, a la larga solo genera más.
·        Depresión. Los sentimientos de tristeza suelen ser recurrentes en este tipo de trastornos.
 
Intervenciones para afrontar la aritmomanía
 
La identificación temprana y la intervención inmediata del TOC son importantes. Es más, la intervención puede ser más efectiva cuando el trastorno se diagnostica temprano. A menudo, quienes tienen este trastorno experimentan una mejora significativa en los síntomas con un trabajo terapéutico adecuado y oportuno. Algunas incluso logran la remisión (Fenske y Schwenk, 2009).
 
·        Terapia de exposición con prevención de respuesta. Es un tipo de terapia cognitiva que se usa para tratar el TOC. La exposición con prevención de respuesta tiene como finalidad ayudar al paciente a romper el ciclo de obsesiones y compulsiones para mejorar su calidad de vida en general. Este tipo de terapia alienta a la persona a enfrentar sus miedos sin involucrarse en conductas compulsivas.
·        Terapia cognitiva conductual. Este tipo terapia se enfoca, entre otras cosas, en las distorsiones cognitivas, los pensamientos irracionales, las emociones y los comportamientos problemáticos que son parte del TOC.
·        Entrevista motivacional. En algunos estudios se ha demostrado que el uso de entrevistas motivacionales aumenta la participación en la terapia y mejora los resultados para las personas con TOC.
·        Psicofármacos. Hay varios tipos de medicamentos que se pueden recetar para tratar el TOC. Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) son la farmacoterapia inicial preferida para este trastorno. Los ISRS funcionan bloqueando la recaptación del neurotransmisor serotonina para que no sea reabsorbido de nuevo en la neurona presináptica que lo liberó.
 
Para concluir, la aritmomanía es un tipo TOC relacionado con contar o hacer cálculos matemáticos. Es una condición bastante limitante que afecta la calidad de vida de las personas.
 
Lidiar con el TOC puede ser un desafío, tanto para el paciente como para los miembros de su familia, por eso, es necesario que quien lo padezca reciba el acompañamiento de un profesional de la salud mental.