ACyV | elconfidencial.com | 18/07/2026
La especialista invita a
replantear el ritmo con el que afrontamos el día a día y explica por qué
reservar unos minutos de silencio puede marcar la diferencia en el bienestar
psicológico.
La velocidad con la que consumimos información y afrontamos el día a día puede pasar factura al bienestar psicológico, según advierte la especialista, que invita a recuperar momentos de pausa para cuidar la mente.
Vivimos rodeados de estímulos y con la sensación
permanente de que el tiempo nunca alcanza. Mensajes instantáneos, vídeos a
velocidad acelerada, pódcast reproducidos al doble y una agenda cada vez más
repleta han convertido las prisas en un estilo de vida. Para la psicóloga Silvia Severino, este ritmo constante
tiene consecuencias que muchas veces pasan desapercibidas hasta que afectan a la salud mental.
En un
vídeo publicado en redes sociales, la especialista reflexiona sobre cómo la
costumbre de hacerlo todo deprisa acaba modificando también la forma
en la que pensamos y procesamos lo que nos ocurre. A su juicio, el problema no
es únicamente la falta de tiempo, sino la incapacidad para detenerse.
"Vivimos en modo
aceleración y eso nos está destruyendo sin que nos demos cuenta",
afirma Severino al inicio de su intervención. Como ejemplo de
esa tendencia cotidiana menciona los "audios a 1,5", los pódcast
reproducidos "a velocidad doble" y la necesidad constante de consumir
contenido de la forma más rápida posible.
El riesgo de
vivir siempre deprisa
La
psicóloga sostiene que acelerar el ritmo de la vida implica renunciar a
procesos mentales esenciales. "Cuando le metes aceleración a la vida dejas
de frenar, dejas de reflexionar,
dejas de contemplar y te pierdes
los detalles", explica.
Según
expone, existen investigaciones que apuntan a que escuchar contenidos a una velocidad superior permite
quedarse con la idea principal,
pero dificulta retener aquellos matices que realmente aportan profundidad al
mensaje. Por eso considera que esa forma de consumir información termina trasladándose
también a la vida diaria.
Para
ilustrarlo utiliza una comparación sencilla. Es, dice, como acudir a un
restaurante, disfrutar de una
comida excelente y engullirla tan deprisa que al terminar
únicamente se recuerda que "era carne con salsa". Lo verdaderamente
valioso, señala, está en saborear
cada bocado, algo que solo es posible cuando se reduce la velocidad.
La reflexión conecta con una
realidad cada vez más habitual. La tecnología permite hacer varias tareas al mismo tiempo y
consumir enormes cantidades de contenido en pocos minutos, pero también
favorece una atención más dispersa y una menor capacidad para detenerse en los
pequeños detalles.
El
cerebro necesita momentos de descanso
Durante
su intervención, Severino recuerda que el cerebro humano no está preparado
para permanecer de manera continua en un estado de alerta. La activación
constante puede generar una sensación de agotamiento
mental y dificultar tanto la concentración como la capacidad de disfrutar del presente.
"El cerebro no está diseñado para vivir siempre en
modo alerta", afirma. Por ello insiste en que necesita "pausa",
"silencio" y momentos en los que no tenga que responder de forma
inmediata a estímulos externos.
No se
trata, según explica, de realizar grandes cambios ni de desconectarse
completamente de la tecnología, sino de reservar pequeños espacios de
calma dentro de la rutina diaria. Esos momentos permiten
ordenar los pensamientos, reducir
la sobrecarga mental y recuperar cierta sensación de equilibrio.
Quince
minutos para desconectar
La recomendación práctica que plantea la psicóloga es sencilla y accesible para la mayoría de personas. Propone dedicar alrededor de quince minutos al día a permanecer sin teléfono móvil, sin notificaciones y sin otras distracciones. "Solo tú y tus pensamientos", resume. Ese breve espacio, asegura, constituye "la inversión más pequeña con el retorno más grande que puedes hacer para tu salud mental".
La idea no pasa por llenar ese tiempo de actividades productivas, sino precisamente por permitir que la mente descanse. En una sociedad acostumbrada a medir el rendimiento en función de la rapidez y la multitarea, Severino invita a recuperar el valor de la pausa como una herramienta para proteger el bienestar emocional.
Su mensaje pone el foco en una cuestión cada vez más
presente entre los especialistas en
salud mental: reducir el ritmo no significa perder tiempo, sino ganar
capacidad para prestar atención a aquello que, por
ir demasiado deprisa, muchas veces dejamos escapar.
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