martes, 2 de mayo de 2023

Nomofobia: el miedo irracional a no tener el móvil


Iberdrola.com

El uso del teléfono móvil ha ido creciendo de manera exponencial en los últimos años, sobre todo tras la eclosión de los dispositivos inteligentes. Los smartphones ahora son nuestros compañeros de vida en el ámbito laboral, social, lúdico e incluso familiar. Sin embargo, un uso excesivo puede generar problemas de dependencia, adicción y miedo. 

La nomofobia, o miedo a estar sin móvil, puede generar ansiedad, depresión y aislamiento, además de problemas físicos como dolor de cabeza.

Si nos paramos a pensar qué es lo que más miramos a lo largo del día probablemente la respuesta no sería a nuestra familia o amigos, tampoco la televisión o los libros. La opción más factible sería el móvil. Ese pequeño aparato que forma gran parte de nuestra vida con los emails del trabajo, los mensajes instantáneos, las redes sociales o los vídeos bajo demanda. En casos extremos, puede generar la conocida como “nomofobia”, un trastorno que los expertos han calificado como la enfermedad del siglo XXI.

Qué es la nomofobia

La nomofobia representa el miedo irracional a estar sin teléfono móvil. El término fue acuñado en 2009 en Reino Unido y proviene del anglicismo “nomophobia” (“no-mobile-phone-phobia”). La dependencia al dispositivo electrónico provoca una infundada sensación de comunicación en el usuario que no dispone del aparato, ya sea porque se lo haya dejado en casa, se haya agotado su batería o esté fuera de cobertura. En esta línea, un estudio de YouGov Real Time señalaba en 2019 que el 44 % de los británicos encuestados sufrían ansiedad si no podían disponer de su móvil para "seguir en contacto" con su círculo.

Aunque por ahora la OMS no ha catalogado la nomofobia como una patología mental, los expertos alertan de la creciente dependencia hacia este pequeño dispositivo electrónico desde la aparición de los smartphones. El crecimiento de estos móviles inteligentes ha sido exponencial. Statista cifra en 6,37 billones el número actual de usuarios de smartphones en el mundo, lo que significa que el 80,7 % de la población global tiene uno de estos dispositivos, frente a los 3,67 billones que había en 2016, solo el 49,4% de la población mundial. Los expertos coinciden en que este aumento, unido a las facilidades de conexión a Internet, ha sido el germen del desarrollo de esta dependencia tecnológica.

Las consecuencias psicológicas más comunes de la nomofobia son la ansiedad, la depresión o el aislamiento  – se piensa que los móviles nos mantienen en contacto con los demás, pero el problema aparece cuando las relaciones online sustituyen a las que se desarrollan cara a cara. También existen consecuencias físicas como dolores de cabeza o de estómago, molestias en la vista por una elevada exposición a la pantalla o dolores de muñeca y cuello por una posición inadecuada.

Los investigadores han desarrollado un test de nomofobia para determinar los síntomas que genera este desorden. El cuestionario pide a los encuestados que califiquen en qué medida están de acuerdo o en desacuerdo con afirmaciones como:

 

  • “Me sentiría incómodo sin el acceso constante a la información a través de mi móvil".
  • "Quedarme sin batería me asustaría".
  • "Me sentiría ansioso porque no podría mantenerme en contacto con mi familia y / o amigos".

¿Eres adicto al móvil?

 

CAUSAS Y PERFIL DE LAS PERSONAS NOMOFÓBICAS

 

Entre las causas más reconocidas de la adicción al móvil se encuentran la baja autoestima y los problemas a la hora de mantener relaciones sociales. De hecho, la inseguridad personal es el factor más común que provoca la nomofobia, ya que muchos jóvenes desencadenan una dependencia absoluta hacia los demás y encuentran en el móvil una manera de estar presentes en su círculo social. El perfeccionismo es otra de las razones por las que aparece este trastorno, ya que las personas que lo padecen sienten la necesidad de actuar sin cometer ni un solo fallo. Por ejemplo, si este tipo de usuarios reciben una llamada y no tienen el móvil a mano, sienten que están decepcionando y el miedo se apodera de ellos.

 

Cualquier persona puede sufrir nomofobia. Sin embargo, este trastorno suele afectar sobre todo a los adolescentes, siendo el grupo de entre 14 y 16 años el de mayor prevalencia. Las generaciones más jóvenes tienen mayor riesgo de caer en la nomofobia por dos motivos: sienten una gran necesidad de ser aceptados por los demás y están más familiarizados con las nuevas tecnologías que las personas mayores. 

 

Adam Alter, psicólogo de la Universidad de Nueva York, ha investigado profusamente el impacto de la nomofobia en los adolescentes. El autor de Irresistible: The Rise of Addictive Technology and the Business of Keeping Us Hooked realizó en 2017 un estudio en el que preguntó a una muestra de estos jóvenes si preferían ver su móvil caer y partirse en millones de piezas o romperse un hueso de su mano. El autor descubrió que las participantes de mayor edad priorizaban su salud frente a una comodidad reemplazable. En cambio, alrededor del 40 % o el 50 % de los adolescentes preferían romperse sus huesos a tener el móvil roto. Además, el experto observó que estos jóvenes hacían preguntas como qué mano sería la afectada por la lesión o si podrían seguir usando el móvil y haciendo scroll con el hueso roto.

 

PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO DE LA NOMOFOBIA

 

Como en todas las adicciones, la prevención es la clave. Existen algunas acciones sencillas para evitar que un uso excesivo de los teléfonos móviles acabe generando una dependencia extrema o un trastorno mayor. Entre las más efectivas se encuentran las siguientes:

 Desinstalar algunas aplicaciones que consideremos que nos hacen perder el tiempo como juegos.
 No utilizarlo en las comidas.
 Silenciar las notificaciones.
 Establecer horas determinadas para consultarlo y disminuir el tiempo de uso.
 Nunca mirarlo si estamos charlando, comiendo, compartiendo ocio con otras personas.
 No usarlo como despertador, ya que puede interferir en nuestro ciclo de sueño.
 Cargarlo fuera del dormitorio.
 Hacer pequeñas salidas a la calle sin teléfono.

 

Es fundamental que aceptemos que no podemos disponer del móvil a cada momento y que creemos un compromiso propio de uso saludable de las tecnologías. En los casos más extremos deberemos acudir a un especialista. El tratamiento dependerá del nivel de autocontrol de cada persona. Si este aún existe, se procederá a la eliminación progresiva de la dependencia del móvil. Si ya no es posible gestionar la ansiedad, el tratamiento será de choque y supervisado por un especialista en salud mental que ayude a afrontar las sensaciones negativas mientras se consigue el desenganche.
 

domingo, 30 de abril de 2023

¿Cúales son los indicadores de una personalidad inmadura?

 

JORGE LAREO       |      institutoclaritas.com     |     04/02/2022

 

¿Qué es la madurez?

 

Madurez es una palabra que podemos escuchar todos/as habitualmente en nuestro día a día: “tengo que madurar más”, “eres un inmaduro”, “mira a tu primo, es una persona muy madura”, etc. Pero bien, ¿Qué es la madurez? ¿A qué nos referimos cuando hablamos de madurez en Psicología?

 

Sigmund Freud, el reconocido psicólogo que creó el modelo de Psicoanálisis, define la madurez como la capacidad para amar y para trabajar. Es decir, para él una persona madura es una persona capaz de afrontar sus responsabilidades académicas y/o laborales y al mismo tiempo capaz de compartir intimidad afectiva y sexual con otras personas. Esta definición engloba muy bien lo que comprendemos como madurez en psicología. No obstante, voy a añadir dos aspectos a tener en cuenta para ayudar a comprender a qué nos referimos con madurez.

 

A nivel evolutivo, desde que nacemos vamos atravesando distintas etapas en nuestra vida: infancia, adolescencia/juventud, adultez y vejez. En cada una de estas etapas existen diferentes retos que tenemos que afrontar si queremos desarrollar nuestra madurez psicológica (diferenciar nuestra identidad de nuestros padres, desarrollar nuestras relaciones con amigos y/o pareja, afirmarnos en nuestro trabajo, emanciparnos, etc.). Estos retos los llamamos retos evolutivos. Una persona madura es una persona que afronta los retos evolutivos que le corresponden.

 

Por último, es importante mencionar que una persona madura es responsable con sus emociones. Esto quiere decir que es capaz de identificar y expresar sus sentimientos hacia las personas con las que se relaciona. Por ejemplo, si me siento inseguro con mi pareja o con mi trabajo, afrontar mi miedo significa poder reconocer lo que estoy sintiendo y poder hablar de ello. Beber en el bar con mis amigos o machacarme en el trabajo buscando olvidar este miedo sería un comportamiento inmaduro.

 

Beneficios de una personalidad madura

 

La madurez psicológica aporta distintos beneficios en nuestras vidas. Estos beneficios son:

·        Individuales: Adecuada regulación emocional, buena autoestima, buen nivel de autoconocimiento, confianza en uno mismo/a para afrontar problemas.

·        Relacionales: Construir relaciones de amistad y relaciones de pareja sanas, autenticidad a la hora de mostrarme en mis relaciones, comunicación sincera y asertiva.

·        Familiares: Independencia emocional y económica, límites claros frente a cargas y conflictos familiares que no me corresponden, buenos vínculos afectivos con padres y hermanos.

·        Laborales: Disminución de ansiedad laboral y buen manejo de la misma, responsabilidad, buen rendimiento, afrontamiento de retos laborales.

 

Indicadores de una personalidad inmadura

 

Existen ciertos comportamientos de una persona que nos pueden indicar que no tiene madurez psicológica. Señales de una personalidad inmadura pueden ser:

·        Evitar responsabilidades académicas o laborales. Faltar al trabajo, negarse a buscar trabajo o no cumplir con sus tareas laborales son indicadores de que la persona no cuenta con madurez suficiente para afrontar su vida laboral.

·        Engañar en sus relaciones afectivas. Mentir a la pareja o a los amigos es una señal de inmadurez psicológica dado que la persona está evitando mirar la realidad y expresar lo que siente en estas relaciones.

·        Miedo al compromiso. Si una persona sistemáticamente se aleja de sus relaciones cada vez que alcanzan un mayor grado de compromiso es una señal de que tiene dificultades para compartir una intimidad afectiva y un compromiso con alguien. Estos son indicadores de una personalidad inmadura.

·        Locus de control externo. Una persona que tiene un locus de control externo es una persona que culpa a su entorno de lo que le ocurre en la vida. Es decir, no asume la responsabilidad de sus actos. Es un claro indicador de personalidad inmadura.

·        Actitudes regresivas en la familia. Hablamos de actitudes regresivas cuando una persona adulta se comporta de la misma forma que cuando era un niño o un adolescente. Buscar cobijo emocional en su madre porque está triste y agobiado por el trabajo o cogerse una rabieta por algo que le ha salido y aislarse en casa son ejemplos de actitudes regresivas. A veces es normal adoptar ciertos comportamientos regresivos para posteriormente afrontar nuestros problemas. Pero si estas actitudes son habituales y mantenidas en el tiempo, podemos decir que es un indicador de personalidad inmadura.

·        Evitar los conflictos. Una persona inmadura puede encontrar miles de formas para evitar los conflictos (alejarse de personas, hacer como si no ha pasado nada, dejar el trabajo, no parar de hacer cosas durante el día para distraerse, culparse por “ser así”, etc.). La evitación de los conflictos es una de las señales más evidentes de inmadurez psicológica.

 

La psicoterapia es el espacio indicado para trabajar los aspectos inmaduros de nuestra personalidad y aprender a crecer psicológicamente para afrontar las diferentes dificultades que nos encontramos en la vida. 

viernes, 28 de abril de 2023

El proyecto artístico de una fotógrafa, una asociación y una fundación para luchar contra los estigmas

 

DOMINGO MARCHENA         |     El Masnou      |     23/04/2023

 

El velero Ikigai (una expresión japonesa que se podría traducir como “la razón para vivir”) no es el más grande del puerto de El Masnou, en el Maresme, pero sin duda es el que tiene más historias a bordo. Están, por ejemplo, las tres rosas que esperan en el camarote. Y está David Jarque, el patrón, que dejó una lucrativa carrera en el mundo de los seguros y las empresas para poner su barco a disposición de colectivos vulnerables.

 

Y, sobre todo, están Jeni, Laura, Marcela y otro David, del colectivo Nikosia o Radio Nikosia, como la conoce casi todo el mundo por su iniciativa más exitosa: el programa que se emite los miércoles en Barcelona por radio Contrabanda, de 16 a 18 horas, en el 91.4 de la FM. Jeni y sus amigos son personas interesantes, sensibles e inteligentes, aunque casi siempre se les presente como personas con. Con trastornos mentales.

 

Nikosia lucha contra los estigmas de mil maneras, no solo con el programa de radio. Por eso, para dar una lección de cordura, Jeni y los demás han hecho una travesía en el velero. La fotógrafa profesional Quintina Valero, otra de las navegantes, se alió con la asociación sociocultural Radio Nikosia para crear un proyecto que subyugó a la Fundació La Caixa y a su iniciativa Art for Change, el arte como motor de transformación social.

 

Art for Change financia proyectos creativos que fomenten la participación de colectivos vulnerables. La candidatura de Quintina Valero y Nikosia, que propone una reflexión sobre los márgenes de la ciudad a través de fotos analógicas y digitales, fue una de las vencedoras en la última convocatoria. La idea es que los integrantes de Nikosia, tan habituados a los márgenes, fotografíen Barcelona desde otras orillas, otras perspectivas.

 

Era inevitable, pues, que el velero Ikigai y su propietario se convirtieran en el tercer vértice de este triángulo. En el 2019, con 47 años, David Jarque era un profesional de éxito con el futuro asegurado, pero ese no era el futuro que él quería. Alquiló su piso del Poblenou y se fue a vivir a su barco. Ahora se gana la vida con travesías chárter, trasladando a grupos de Barcelona a Menorca en verano. Pero tiene mucho tiempo libre.

 

Ocupa parte de ese tiempo colaborando con Amics de la Gent Gran. Por eso tenía tres rosas en un lugar de honor de su barco para este 23 de abril. Serán para señoras mayores sin compañía, una de ellas, su amiga María Vicenta, de 94 años, a la que visita regularmente desde el 2019. También ha puesto su velero a disposición de entidades como la propia Nikosia o la Fundación Paliaclínic, entre otras, sin pedir nada a cambio.

 

O a cambio de cantidades simbólicas, como se empeña en hacer Nikosia gracias a la ayuda que ha recibido de la Fundación La Caixa. Son singladuras cortas, de unas cuatro horas, con origen y final en el puerto de El Masnou, pero el navegante logra así gratificaciones que en su anterior vida no hubiera logrado ni con todo el dinero del mundo: las caras satisfechas de Jeni, Laura, Marcela y de su tocayo David, el de Nikosia, son la prueba.

 

Este otro David se embarcó sin muchas expectativas. “¿Es tu primera vez en un velero?”. “No lo sé, la verdad: he tomado tantos fármacos en mi vida que mi memoria flaquea”, respondió. Pero acabó el viaje extasiado. Mònica y Fabiana, dos puntales de los proyectos de Nikosia, han visto aquí sonrisas que hacía mucho que no veían. El silencio mar adentro, las olas y las fotos enseñan una cosa: no hay personas con. Solo personas.

 

Cuatro voces

 

“Las etiquetas son para la ropa”

 

A Jeni, de 27 años, que realiza un curso de administración, le apasionan el dibujo y el diseño. Laura, de 25, experta en geopoética, estudia antropología y ha dejado boquiabiertos a todos con un discurso sobre el viento con resonancias de Neruda (“Polvo en el trigo, arena en las arenas / el tiempo, el agua errante, el viento vago / nos llevó como grano navegante”). Marcela, de 49, está pendiente de unas pruebas para trabajar como camarera en un bar. David, de 54 años, presidente de Radio Nikosia desde hace uno, trabaja como amo de casa y cuidando a su madre. Son cuatro miembros de esta asociación cultural, pero podrían ser casi un centenar. Todos opinan lo mismo. “Una vez trajimos a la radio a una persona migrada que nos preguntó: ‘¿Qué es peor? Los trastornos mentales o los estigmas?’. Y todos le contestamos a una: ‘¡Los estigmas!’. ¿Sabes qué nos respondió ella? Que se sentía como en casa. Aplaudió cuando le dijimos que las etiquetas para son para la ropa, no para las personas.

 

Cualquiera puede tener a lo largo de su vida un trastorno de salud (incluido, por supuesto, un trastorno de salud mental). Por eso es tan importante destruir estereotipos. Cuando las fotos analógicas y digitales y en blanco y negro del proyecto Art for Change se exhiban en una muestra a nadie se le ocurrirá etiquetar con adjetivos a sus autoras y autores. Artistas, sin más. Y algunas miradas con notable talento, como la de Jeni.

 

Mientras navegaba junto a ellos, entre El Masnou y la playa del Somorrostro, en Barcelona, La Vanguardia les pidió que resumieran la labor de Nikosia. Sus respuestas fueron: “Sensibilidad”, “Un refugio”, “Un lugar de descanso”, “Una alternativa filosófica al sistema de vida actual y que demuestra que es posible sobrevivir con dignidad antes, durante o después del sufrimiento mental”. No hay que estigmatizar a nadie. Esta es la lección de cordura del velero Ikigai, una razón para vivir.

miércoles, 26 de abril de 2023

El éxito y la perfección: las trampas de la juventud actual

 

CLAUDIA LÓPEZ MADRIGAL    |   UIC-Barcelona    | 24/03/2023 
Cada día vemos más titulares preocupantes sobre los jóvenes. Cifras de salud mental, datos de abandono escolar, abuso y delincuencia juvenil, desempleo… Ante este panorama, las preguntas repetidas que se escuchan por las calles son: ¿qué está pasando con los jóvenes?, ¿cómo han llegado a estar tan mal?
Lejos de tener la respuesta, algo que puede aportar luz a este asunto es colocarnos en sus zapatos y entender los modelos de perfección y éxito a los que están expuestos constantemente y la frustración que genera no conseguirlos.
 
La realidad sobre la salud mental de los jóvenes
 
A escala global, existe una crisis en los jóvenes adultos y son la generación que presenta mayor prevalencia de padecimientos relacionados con la salud mental. Las alarmantes cifras se han convertido en un problema de salud pública no solo por las consecuencias que estos generan en su desarrollo y bienestar, sino por los costes socioeconómicos y sanitarios derivados.
 
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (2020), globalmente, la depresión es la primera causa de incapacidad y el suicidio es la segunda causa de muerte de los jóvenes entre 15 y 29 años. Además, estudios de los últimos años muestran que el 50 % de las enfermedades mentales comienzan a gestarse a los 14 años, pero el 75 % se desarrollan en torno a los 24 años (National Alliance on Mental Illness, 2021).
 
La depresión es la primera causa de incapacidad y el suicidio es la segunda causa de muerte de los jóvenes entre 15 y 29 años.
 
En España, el número de muertes por suicidio aumentó un 3,7 % en 2019 con respecto al año anterior y se mantiene como la tercera causa de muerte en jóvenes de entre 15 y 29 años (INE, 2019). Asimismo, un informe realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud en 2021 revela que el 36,2 % de los jóvenes de entre 15 y 29 años declaró tener algún problema de salud mental diagnosticado: la depresión (45 %) y los trastornos por ansiedad (43,9 %) son los dos prevalentes. Respecto al desempleo, alrededor de un 17 % de jóvenes de entre 15 y 29 años no encuentran trabajo, pero tampoco pueden permitirse estudiar.
 
A pesar de que la pandemia ha visibilizado grandes problemáticas respecto a los jóvenes, esto solo fue una amplificación de algo que ya venía gestándose desde antes. Sin duda, existen muchos factores (personales, sociales, políticos, económicos) relacionados y son diversos los esfuerzos para apoyar a nuestra juventud desde cada una de estas vertientes.
 
Las trampas de la perfección y el éxito
 
Todos deseamos ser aprobados, respetados y amados. Al ser personas sociales, estos deseos forman parte de lo que compartimos como humanidad. Sin embargo, puede suceder que buscamos la aprobación, el respeto y el amor en los lugares equivocados. 
 
"Tengo que ser perfecto”, “No puedo fallar”, “Quiero viajar y tener dinero, sin atarme a un trabajo”, “He de tener éxito”, “Tengo que hacerlo todo bien”, “Las cosas deben ser fáciles” ... Estas son las frases que escucho constantemente en la consulta y en los pasillos de la universidad. Ya sea a través de lo que miran en las redes sociales, las letras de las canciones de la industria musical, o las historias detrás de otros medios audiovisuales, los jóvenes constantemente van integrando una idea de cómo debería de ser la “vida ideal”.
5 claves para trabajar la exigencia de las ventajas y desventajas que tiene exigirte para ser perfecto/a o exitoso/a.
1-      Enumera las ventajas y desventajas que tiene exigirte para ser perfecto/a o exitoso/a - ¿Cúales tienen más peso?
2-     La meta como la carrera son igual de importantes. No te enfoques solo en el resultado final, disfruta también el proceso y el camino recorrido.
3-      Cuestiona tu idea. Sin duda podrás acceder (o no) a distintas oportunidades, sin embargo, ¿eso realmente te hace feliz contigo y quienes te rodean?
4-     Recuerda, eres humano, cometes errores y somos limitados. Podemos luchar constantemente contra nuestras debilidades, pero la contrariedad es algo que nos va a acompañar siempre.
5-     Pide ayuda. Busca herramientas y soluciones con un profesional.
 
Basta con ponernos en la piel de lo que escucha, mira y/o consume un joven en su día a día para darnos cuenta de que las tres ideas que constantemente se repiten son: la solución fácil y rápida es la mejor; lo que importa es lo que te haga sentir bien, evita lo que genera incomodidad; y si tienes un buen cuerpo, viajas y tienes dinero eres exitoso.
 
Podemos pensar “Eh, pero eso no está tan mal, ¿cuál es el problema?”. El foco del problema no está en el contenido de lo que se vende (que en muchos casos puede ser discutible), ni en aspirar a tener una vida mejor de la que tenemos ahora. El foco del problema está en asumir que solo ese es el camino para la felicidad, la aprobación y el amor. La realidad no es ni fácil, ni cómoda, ni perfecta. Cuando estos modelos se convierten en una exigencia y norma que tengo que cumplir, la misma realidad supone una lucha y fuente de frustración.
 
Estudios de los últimos años muestran que el 50 % de las enfermedades mentales comienzan a gestarse a los 14 años – Universitat Internacional Cataluña (Barcelona)
 
Si asumo que mi valor y aprobación depende de que yo tenga éxito, cualquier cosa que se interponga con mis planes llevará a un sentimiento de profunda decepción: un examen no aprobado, no tener planes con amigos, no tener el cuerpo estrella, trabajar para conseguir dinero, no sentirme bien todo el tiempo… Y encima, si a esto se le añade el peso de suponer que lo que me sucede “depende únicamente de mí y de mi fuerza de voluntad”, esto hace que la contrariedad sea aún mayor.
 
A la larga, el fracaso asociado a pensar que yo soy el problema puede derivar en una baja autoestima, ansiedad, depresión, consumo de substancias para evitar el malestar, y/o complicaciones con mis círculos sociales. Sin duda, muchos otros factores están en juego, y sería muy reduccionista afirmar que la causa de las problemáticas juveniles actuales se debe a esto únicamente, no obstante, considero necesario cuestionar cuáles son los esquemas y modelos de perfección o éxito que los jóvenes integran a diario, y la relación que esto pueda tener con su bienestar y salud mental.
 
Me he enredado en una trampa: ¿ahora qué?
 
No hay que olvidar aquella idea: todos deseamos ser aprobados, respetados y amados. Por esto, la clave está en entender que no hace falta dejar de buscar la aprobación, el respeto y el amor, sino empezarlo a buscar en los lugares correctos, de la manera adecuada. “No hay nada más inestable que la superficie” dijo el arquitecto Bosco Gutiérrez en una entrevista. A pesar de que el barco esté en movimiento, el ancla que lo sostiene está en lo profundo.
 
La clave está en entender que debemos buscar la aprobación, el respeto y el amor en los lugares correctos, de la manera adecuada.
 
Constantemente estamos atados a la superficialidad. Invertimos mucho de nuestro tiempo y paz mental en lo que aparentamos y en lo que los demás pueden pensar de nosotros. Nuestro tiempo es un bien escaso, hay que empezar a desenredar las trampas que venden y empezar a dirigir nuestra atención y esfuerzo a aquello que realmente llena: amistades verdaderas, conexiones reales con las personas, nutrirse de aquello que valoramos, hacer alguna acción que impacte en la vida de los demás, conversaciones profundas, amar y ser amado...
 
Atreverse a no tenerlo todo bajo control y tolerar la frustración es incómodo y requiere esfuerzo, sí, sin embargo, lo que se obtiene a cambio es una tranquilidad y satisfacción que se mantiene a pesar de las dificultades.