lunes, 25 de noviembre de 2024

Patricia Ramírez (Patri Psicóloga): "Para saber disfrutar de la vida hay que decidir perdernos cosas y gozar de las que tenemos" (I)

JUAN PRIETO      |      granadadigital      |      17/11/2024

Con más de un millón de seguidores en redes sociales, la conocida divulgadora habla de su nuevo libro ‘Cómo tener tiempo para todo’ y recuerda los años que vivió en Granada

Es la psicóloga más conocida de España y una de las más influyentes, con más de un millón de seguidores en las diferentes redes sociales. Patricia Ramírez (Zaragoza, 1971), conocida como Patri Psicóloga, ha divulgado como nadie en este país no solo sobre la salud mental, sino sobre otros importantes aspectos como la actitud, la fuerza de voluntad, la confianza, el liderazgo, el optimismo y, en definitiva, la psicología de la vida. Y lo ha hecho a través de sus múltiples facetas como psicóloga, escritora, conferenciante e, incluso, como actriz en los últimos años. Se licenció en Psicología en la Universidad de Granada, donde hizo un máster de Psicología Clínica y de la Salud y un doctorado del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico. En la ciudad de la Alhambra inició su carrera profesional, siendo pionera en la psicología deportiva con el atleta Paquillo Fernández y, después, en el Club de Baloncesto Granada. De ahí pasó a equipos de Primera División de fútbol como el Mallorca, el Betis y el propio Granada CF, ya como preludio a una exitosa carrera profesional abarcando diferentes ámbitos de su especialidad e impulsada por sus numerosas colaboraciones en diferentes medios de prensa, radio, televisión y revistas. Feliz y orgullosa madre de dos hijos, acaba de escribir su duodécimo libro, ‘Cómo tener tiempo para todo’, que, vistas sus numerosas obligaciones, seguro que parte de su propia experiencia. Toda la labor divulgadora que ha realizado durante su trayectoria cuenta con un claro objetivo: mejorar la vida de las personas

Pregunta: Con todas las obligaciones personales y profesionales que acumulas, ¿tienes tiempo para todo?

Respuesta: Es que el título del libro viene a colación de la inquietud de muchas seguidoras que me preguntaban: "Patri, ¿cómo tienes tiempo para todo?". En el libro explico que cuando la gente me hace esta pregunta, lo que hacen es ver lo que hago, pero no ven lo que dejo de hacer. Y eso es importante. Ven a una mujer que actúa en el teatro, divulga en redes sociales, da charlas, cocina, hace deporte, tiene tiempo para la familia... ¿Y cómo lo hace? Lo peor que podemos hacer es compararnos con otras personas sin saber cuál es la vida que no vemos. Las redes sociales son como 'El show de Truman', vemos algo ficticio en el que se muestra una realidad, pero no muestra la otra en la que delego, en la que renuncio, en la que priorizo. Tengo tiempo para todo porque he convertido el todo en un 'todito'. A la vez que he ido haciendo cosas he ido sacando otras. Ya no paso consulta, no tengo pacientes, he dejado de escribir en Sportlife, ABC y en otros medios de comunicación. A medida que he ido haciendo el teatro, he soltado otras actividades. No comparemos la vida de una persona con la de otra y cómo le da tiempo a llevar todo y la casa porque desconocen las cosas que he delegado. Tener tiempo para todo es revisar nuestro todo para poder llegar a lo que es importante para ti.

P: ¿Cuál es el objetivo de 'Cómo tener tiempo para todo'?

R: Que la gente aprenda a honrar su tiempo. Nos hemos metido en este 'síndrome de la vida ocupada' donde pensamos que hacer, hacer y hacer es sinónimo de éxito. La gente llena su vida de actividades de ocio, profesionales o sociales pensando que cuanto más hacen más éxito tienen, y terminan pensando que su autoestima depende de la cantidad de cosas que hacen. En esta dinámica nos estamos equivocando. Lo que quiero es que la gente reflexione sobre este estilo de vida que tiene el nombre de 'síndrome de la vida ocupada' y que hemos normalizado porque a cualquier persona a la que le preguntas te dice que va liadísima, que la vida se le hace bola y que no tiene tiempo para todo. Hemos entendido que esto es lo normal, pero no lo es porque está causando daño a nuestra salud física y mental. No es normal estar todo el día ocupado y no tener un rato de descanso. No es normal que le robemos horas al sueño porque terminas cenando a las diez y media, sentándote en el sillón a las once y media, viendo tu serie favorita hasta las tantas, enganchándote al siguiente capítulo porque ya no hay que darle al play y levantándote agotado. No damos pie a que tenga lugar esa fase del sueño tan importante que recupera nuestras funciones cognitivas, memoria, atención y concentración. Así, te levantas irascible, ya vas enfadado, sigues corriendo porque vas agotado y has puesto tres alarmas porque no te levantas con la primera. Es como estar metidos en la rueda del hámster, todo el rato mirando para adelante, sin parar a pensar, sin salir de esa rueda y sin preguntarse si ese es el tipo de vida que quiero llevar. ¿De verdad quiero estar en esta dinámica todo el día con la lengua afuera, sin tiempo para pensar, sin tiempo para no hacer nada? La gente eso no se lo plantea, sigue, sigue y sigue...

P: Y llega un momento en que no puedes más y revientas.

R: Fíjate que, además, tenemos el móvil que, continuamente, te está diciendo todo lo que te estás perdiendo. Estás todo el día escuchando lo de cinco cafeterías veganas nuevas en Granada que no te puedes perder, tres rooftops que han abierto en los hoteles para tomarte un mojito con tus amigos que no deberías perderte, el atardecer en la Sierra que no deberías dejar de ver, tres rutas por Sierra Nevada... Y tú en tu casa con tus niños, dándoles de cenar, friendo croquetas y diciendo: "Pero qué mierda de vida tengo y la gente por ahí con cosas muy atractivas". Entonces lo que haces es trabajar más, intentar ganar más dinero para poder comprar todo eso a lo que no llegas, para poder hacer tanto viaje, tanta visita, tanta comida y tanta cosa que no te da tiempo ni de asimilar. Y cuando te das cuenta estás totalmente saturado y pensando en el futuro porque cuando estás en esa cafetería vegana que querías conocer, tu cabeza te dice que todavía te faltan otras cuatro que no has visitado. Y en lugar de disfrutar de ese café durante un rato, te lo tomas rapidito y corriendo para ir a ver el atardecer que te has perdido. Es un agobio esa sensación. Además, esto engaña a nuestro sistema de recompensa que es la dopamina, que es una sustancia que generamos y que nos lleva a desear y a involucrarnos en hacer cosas para poder alcanzar eso que deseamos. Entonces pensamos que lo que vamos a conseguir va a ser muy gratificante, pero resulta que hay una diferencia muy importante entre el deseo y el placer. El deseo siempre es mucho más intenso que el placer que luego nos producen las cosas. Cuando te escapas a esa cafetería vegana, sí, está bien, pero igual de bien que tu cafetería con tus tostadas de toda la vida. 

P: Te estás creando unas expectativas tremendas que nunca vas a cumplir. 

R: Unas expectativas que no son y que, aunque luego las cumplas, tampoco hacía falta cumplirlas porque con lo que tenías estabas bien. Antes veía gente que se iba a Bali o a las Islas Seychelles y yo pensaba que el día que pudiera hacer eso... Ahora ha llegado el momento en que me digo que no lo he hecho nunca y que no lo voy a hacer. No puedo estar pensando que me estoy perdiendo algo increíble porque igual las playas de Fuerteventura son tan bonitas como las del otro lado. Lo que tengo que hacer es que si voy a Fuerteventura, disfruto las playas de Fuerteventura.

P: Y, posiblemente, los de Bali estén deseando venir a Fuerteventura.

R: Exactamente. Ese estar todo el día pensando que me estoy perdiendo algo importantísimo en mi vida que me impide disfrutar del aquí y el ahora. Es una pena y nos estamos engañando. 

P: Me ha encantado lo de que hay que honrar el tiempo. En el libro hablas de que las palabras 'rápido', 'deprisa' y 'ya' las carga el diablo.

R: El cerebro es muy servil a las palabras que utilizamos. Se comporta, siente y actúa en función de lo que decimos. Si utilizas palabras como "venga, va, deprisa, niños a desayunar, vamos corriendo que no llegamos, que llegamos tarde"... El cerebro las interpreta como si fuera hubiese un fuego que apagar, porque el cerebro no entiende que estés corriendo todo el día para nada. Nadie le gana 57 minutos al día que luego va a dedicar al yoga. Si al final del día te sobra tiempo, lo vuelves a rellenar con más obligaciones que te metes. Cuando utilizas esas palabras, el cerebro cree que ahí fuera hay una urgencia y genera cortisol, que es la hormona del estrés, pero también activa esa respuesta de la ansiedad a través del sistema nervioso simpático. O sea, que tu sistema se activa porque entiende que correr es que estás en peligro. Hoy en día sabemos que cuando uno va por la calle paseando con tranquilidad, disfrutando del solecito, yendo a un paso normal y se encuentra con alguien por la calle y se para a hablar, en vez de ir corriendo sin saludar, cuando uno va de esa manera relajada el cerebro interpreta que se encuentra en un lugar seguro y lo que hace es desactivar esa respuesta de ansiedad que tienen otros cuando van corriendo a todos lados. Por eso una vida serena parte de un vocabulario sereno. Tenemos que empezar a hablarnos con mucha más compasión, amor y serenidad. 

P: Más tranquilidad en nuestras vidas.

R: Que palabras como 'calma' o 'tranquilo' estén en nuestro vocabulario. Pero, en cambio, la gente cree que si empiezan a hablarse de esa manera van a enlentecer el proceso, se van a convertir en menos ágiles o en menos productivos, que es otra palabra que odio, la productividad. Y es todo lo contrario. La gente va a conseguir estar más presente, disfrutar lo que hace. Estar con esa monotarea va a agilizar más porque cuando está tranquila consigue hacerlo mejor que cuando va con bulla cometiendo errores. Tenemos que permitir que ese momento nos deje una huella. Ahora, cuando vengo a Granada y paseo disfruto de una luz y de un momento que cuando vivía aquí ya había perdido. Ahora voy pensando qué luz más bonita hay en Granada, qué bonito es este rincón de Reyes Católicos, qué bonita aquí la Catedral... Eso, cuando vas corriendo, no lo puedes apreciar. Tienes que ir con los ojos muy abiertos por la vida para estar en esos detalles que son más importantes que conocer las cinco cafeterías veganas.  

P: Cuando sufrí el infarto, mi psicólogo me recomendó aplicar 'La regla del ocho': ocho horas para dormir, ocho para trabajar y ocho para disfrutar la vida. Porque, efectivamente, una de las razones por las que me dio el infarto es porque no disfrutaba la vida, estaba todo el día pensando en trabajar. 

R: Esa 'regla del ocho' es muy importante. Sobre todo, es orientativa. Y las ocho horas de descanso deberían ser innegociables. Si le robas horas al sueño, se las robas a la vida. El sueño es el momento de reparación. Es como cuando llevas el coche a la ITV, pero a diario. Y si no pasas la ITV a diario, repercute en cerebro, funciones cognitivas, sistema hormonal, sistema endocrino y sistema inmune. Funciones cognitivas como la memoria, la atención o la concentración no funcionan bien si no descansas. También te levantas por la mañana con menos glucosa y eso lleva a tener menos fuerza de voluntad y menos autocontrol, a ser personas más impulsivas y a tomar decisiones inapropiadas. El momento del descanso ayuda a reparar todo el daño celular que vivimos durante el día. Si no respetas ese horario de descanso, vas a ser menos longevo y, por supuesto, vas a sufrir alguna enfermedad. A ti la vida te pegó un susto mayúsculo con un infarto, pero la mayoría de la gente tiene un montón de consecuencias psicosomáticas debido a su estilo de vida: cefaleas tensionales, problemas en la piel, calvicie, dolores de estómago, tensión en la mandíbula, problemas relacionados con la ira, problemas de insomnio, toman antidepresivos y ansiolíticos, beben más alcohol, compran de forma compulsiva o comen mal. Por ejemplo, una persona que está frustrada o estresada no llega a casa y se hace una ensalada o un salmón ahumado, sino que se hincha de pizza y se toma dos copas de vino, que ha visto en las series que relajan. Esas partes psicosomáticas te permiten seguir siendo funcional porque, aunque comiendo de una manera inapropiada o con dolor de cabeza, puedes trabajar, llevar a los niños al colegio o puedes tener una vida en pareja, pero las consecuencias se atienden cuando llega el bombazo, que es lo que te pasó a ti, o cuando a alguien le da una hemiplejia, una parálisis facial o cualquier cosa fruto del estrés.

P: Hay que vigilar esos síntomas.

R: Deberíamos hacérnoslo mirar, porque si estás cansado físicamente de forma habitual, a nivel cognitivo tienes problemas de concentración, estás confuso, tienes ganas de llorar y no sabes por qué, tienes hábitos de vida poco saludables como no hacer deporte, tienes que estar tirado en el sillón porque estás agotado, comes mal, bebes mal, no eres capaz de dejar de fumar, tu carácter es un vinagre porque "es que antes me reía y ahora es que ya no me río". Si tienes eso, tienes que frenar. O sea, no puedes esperar a que llegue algo más gordo. Tienes que parar y salirte de la rueda del hámster en la que estás ahí sin contemplar nada más que mirar para adelante. Sal de la rueda del hámster, mira tu vida e igual que has hecho una carrera universitaria, una formación profesional, veinte másteres y tres cursos de inglés, dedica un poco de tiempo a estudiarte. Qué quiero, cuáles son los valores con los que quiero vivir. ¿Me gusta mi trabajo, me gustan mis compañeros, qué valores quiero en el trabajo, qué valores quiero en la vida, con qué gente me quiero relacionar, qué actividades quiero hacer? No te digo que cambies todo de golpe, pero empieza a trabajar en pequeños cambios para tener una vida con más sentido y que te permita disfrutar de tu presente.

P: Todos los libros que has escrito tienen un fin: mejorar la vida de las personas.

R: Y la mayoría de las personas querrían mejorar su estilo de vida y poder tener una vida más serena, pero están metidas en ese bucle en el que, como no saben dar un paso al lado, a pesar de que reconocen que tienen cosas que cambiar, siguen ahí metidos. Y hasta que la vida no te saca, siguen ahí.  

P: ¿Ese cambio no se hace por miedo? Por miedo a un despido, a perder el poder adquisitivo, a la posición social que se ostenta...

R: Eso también. Pero la mayoría de las veces es por no tener tiempo para dedicarte tiempo. La mayoría de padres y madres saben que educar a sus hijos desde el respeto, sin gritos, sin amenazas o sin castigos va a generar una confianza o una complicidad que luego, cuando llegue la adolescencia, va a ser maravillosa, pero no tienen tiempo para cambiar su estilo educativo y siguen gritando y siguen repitiendo las cosas veinte veces. La gente sabe qué es lo correcto, pero no tiene tiempo para cambiarlo. Deberíamos dedicar una horita o media horita al día a cambiar cosas de nuestra vida que mejore la relación con nosotros mismos y también la relación con los demás.

P: Especialmente con los más cercanos.

R: Claro, los hijos, la pareja, la gente del trabajo... La mayoría disfrutamos de esa persona que llega a tu vida y piensas: "Qué persona más tranquila, qué paz tiene, qué alegría, qué sonrisa". También puedes ser esa persona, pero tienes que pararte un momento y decidir cómo quieres estar presente en tu vida y en la de otros.

P: Son tantísimas cosas que gestionar como el tiempo, el estrés, la ansiedad, la educación de los niños, el trabajo, el ocio, la relación de pareja, el liderazgo... Y al final te olvidas de quererte a ti mismo.

R: Sí. En el libro hay un capítulo que es cómo aprender a decir que no y a poner límites porque tiene que ver mucho con la gestión del tiempo. Antes decía que hacer muchas cosas durante el día nos lleva a tener la sensación de que somos exitosos y que, además, nuestra autoestima termina configurándose en función de todo lo que se hace. Tu madre dice: "Mi hija es una todoterreno, es una madre increíble, lleva su casa, el trabajo, la acaban de ascender, va con las amigas a correr…". Aprendes que cuando haces muchas cosas la gente te valida. Y no eres capaz de decir que no a proyectos interesantes del trabajo. ¿Cómo voy a decir que no? Pensarán que dejo de ser competitiva, que no soy una mujer que me interese mi trabajo, sino que parece que me da igual y que no estoy motivada. Y cómo voy a decir que no a una cena con amigas... No sabemos decir que no por miedo a no cumplir con las expectativas de otras personas o por miedo a dejar de ser esa persona servicial que siempre está para los demás y que ha aprendido a recibir amor y afecto por cómo se vuelca con otras personas. Es cierto que nosotros tenemos que estar presentes en la vida de otras personas y ayudar, porque si no, nos extinguimos. Lo acabamos de ver en Valencia: o nos echamos toda la calle y arrimamos el hombro o aquello no sale adelante. Que seamos personas de valores comprometidas con los demás es increíble, pero el momento en el que ese compromiso anula el tuyo contigo tenemos un problema. Ahí es donde está el autocuidado. Tenemos que tratar de que en nuestro día haya momentos de autocuidado, que consiste en actividades que pueden ser tejer, ordenar cajones, hacer deporte, taichí, meditar, cocinar si fluyes cocinando, dibujar, escribir, leer, una rutina de belleza o dormir una hora más. Son rutinas y actividades que cuidan de la salud física y mental y a esas hay que hacerle hueco porque la mayoría, sobre todo mujeres, están con el "ya llegará el momento" o "ahora no tengo tiempo". Y si en tu agenda no metes running, gimnasio, yoga y lo pones ahí visible y subrayado, cuando alguien te llame para otro compromiso lo pondrás en ese lugar. O le haces hueco al autocuidado o el autocuidado nunca va a estar presente. Y todo esto es pagando el precio de la salud mental y la salud física.

P: Con respecto a todo esto que estamos hablando, ¿dirigimos nuestra vida con libertad o es la sociedad la que nos dice cómo tenemos que vivir?

R: La gente cree que es la sociedad la que nos presiona, pero nos presionamos más nosotros mismos. Tenemos un nivel de exigencia y de perfeccionismo que nos roba muchísimo tiempo queriendo hacer todo perfecto. Si tu hijo trae un ocho ya le estás inculcando que si hubiera dejado la tablet o el teléfono habría sacado un diez. Y tenemos la sensación de que, hagas lo que hagas, nunca es suficiente; que tienes que hacer las cosas mucho mejor para que la gente te quiera o para que te quieras tú mismo. Si pierdes el tiempo con ese nivel de exigencia, que luego igual la gente ni siquiera va a apreciar, lo estás robando a momentos de descanso. Vigilemos este nivel de exigencia y de control. Hemos montado con el control el éxito de nuestra vida. Hay que controlarlo todo. Si controlas lo controlable, bien, porque te puedes poner a salvo muchas veces y puedes prevenir muchas situaciones. Pero cuando tratas de controlar lo que no es controlable sufres un desgaste mental importantísimo, como si tu madre se toma la medicación y por eso la llamas cada día, o te pasas todo el día pensando si tu hijo se habrá puesto el chubasquero que le has metido en la mochila porque se fue de excursión. Y, claro, con ese desgaste mental, no puedes estar concentrada en tu trabajo o en tu momento de correr, porque tu cabeza está volando en los problemas de todos los demás, en cosas que no dependen de ti. Así que tengamos cuidado con este tema de la exigencia, la perfección o el control, porque nos roban un montón de tiempo y nos quitan mucha serenidad en la vida. 

(La entrevista continúa en el siguiente artículo) 

sábado, 23 de noviembre de 2024

Estudios en neurociencia y psicología revelan que el contacto con el mar, un río o un lago es clave para el bienestar emocional y fisico.

SOL VALLS        |        lanacion.com     |      13/11/2024                                   

A fines de 2018, en ese momento de cierre de año, de análisis en retrospectiva y de proyección a largo plazo, Marcos Rodriguez Sierra decidió que la vida en la ciudad ya no era lo suyo, que quería un cambio de escena para estar más conectado con la naturaleza, en particular, con las olas. A sus 29, después de sostener un año de escapadas a la costa atlántica casi todos los fines de semana, abandonó una vida típicamente urbana en Buenos Aires -con familia, amigos y un trabajo establecidos-, para mudarse a Mar del Plata y poder meterse al mar todos los días. “Tengo el recuerdo marcado de estar volviendo a la ciudad los domingos a la tarde y pensar «yo me quiero quedar», y de llegar a la oficina los lunes a la mañana y, en vez de abrir el mail, abrir las cámaras en vivo del mar y ver a cuatro personas entrando al agua pensando «yo quiero ser uno de esos tipos»”.

La conexión del ser humano con el agua se remonta a tiempos históricos. Este no solo la reconoció, desde el momento cero, como una fuente de vida, sino también como un espacio de renovación y tranquilidad. Desde los antiguos baños termales romanos a los rituales de purificación en el Ganges, las vacaciones en la playa y hasta la ducha al final del día, el agua tiene una larga lista de antecedentes siendo interpretada como un elemento clave para el reset físico y emocional.

Lejos de ser una sensación abstractatanto desde la ciencia como desde la psicología, esta relación fue estudiada con distintos abordajes y la conclusión -en líneas generales- fue siempre la misma: el contacto con el agua tiene un impacto positivo en el hombre, a nivel físico y emocional. En este campo de análisis, el mayor referente es Wallace J. Nichols, un biólogo marino que dedicó su vida al estudio de este fenómeno y lo bautizó como “Blue Mind” (mente azul en español).

En su bestseller, Blue Mind: La sorprendente ciencia que demuestra cómo estar cerca, dentro, sobre o bajo el agua puede hacerte más feliz, más saludable, más conectado y mejor en lo que haces (2014), Nichols presenta una amplia gama de estudios que vinculan la cercanía al agua, ya sea a través del océano, ríos, lagos o piletas, con la calma, salud, creatividad, eficiencia y, en definitiva, con el bienestar personal.

El autor compara el estado Blue Mind con el Red Mind, nombre que usa para referirse el estado de estrés crónico, sobreestimulación hiperactividad típico de la vida moderna que, a la larga, lleva a la ansiedad, fatiga mental y desconexión emocional.

Naturalmente atraídos

Para empezar, Nichols introduce el concepto de la biofilia marina para explicar por qué la mayoría de las personas se sienten atraídas por el agua y experimentan beneficios en su presencia. El término deriva de la teoría de la biofilia, popularizada por el biólogo Edward Wilson, y plantea que esta conexión es el resultado de millones de años de evolución cerca de ríos, lagos y océanos, que hicieron que nuestros cerebros estén programados para sentirse bien cerca.

También alude al hecho de que nuestra composición biológica es principalmente agua. “El cuerpo humano es un 70% agua y depende de esta para sobrevivir. Cuando la ves o la escuchas, tu cerebro recibe la señal de que estás en el lugar adecuado”, señala el científico.

La neurociencia detrás del fenómeno

Desde un enfoque neurocientífico, Nichols sostiene que los entornos acuáticos -a través de la exposición a estímulos sensoriales suaves y repetitivos como lo son el sonido de las olas, el contacto con el agua e incluso la contemplación de cuerpos de agua- desencadenan una serie de respuestas neuroquímicas que activan la producción de hormonas, como la dopamina, la serotonina y la oxitocina, todas asociadas con el placer, la relajación y la calma; al mismo tiempo que reducen los niveles de cortisol, la hormona del estrés.

Estudios clave a los que se refiere son, por un lado, el del psicólogo ambiental Roger Ulrich y su teoría de la recuperación en la naturaleza, con la que demostró que la presencia del agua y paisajes naturales acelera la recuperación de los pacientes y reduce el estrés.

Por otro, el del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad de Exeter, en Inglaterra, que reveló que las personas que viven a menos de un kilómetro de la costa reportan mejor salud mental en comparación con aquellos que viven más lejos de fuentes de agua. Mathew White, uno de los investigadores a cargo, es coautor de varios estudios que demuestran que vivir cerca del agua mejora la salud mental y reduce el riesgo de depresión.

En la misma línea, la psicóloga Mariana Kerestezachi (M.N. 47.483), que hace tres años se mudó a Miami, ciudad costera por excelencia, explica que el contacto con el agua se convirtió en un recurso terapéutico respaldado por la ciencia. “Hoy tengo la oportunidad de experimentar en persona lo que es vivir cerca del mar y los efectos que este tiene sobre la mente y el cuerpo”, cuenta en diálogo con LA NACION. La Lic. se refiere en particular a un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Canterbury de Nueva Zelanda, que reveló que vivir cerca del agua está vinculado a mayores niveles de bienestar mental, al asociarse con un aumento en las emociones y pensamientos positivos.

Nichols además sugiere que el contacto regular con el agua puede contribuir a la neuroplasticidad: la capacidad del cerebro para reorganizarse y formar nuevas conexiones neuronales, cosa que también conlleva a la reducción del estrés crónico. En este sentido, menciona la Teoría de Restauración de la Atención desarrollada por Rachel y Stephen Kaplan en la década de los 80, que sostiene que entornos naturales como el agua son restauradores, porque captan la atención sin esfuerzo, y permiten que el cerebro se recupere de la fatiga mental.

Beneficios de una vida en contacto con el agua

·        Producción de hormonas positivas como dopamina, serotonina y oxitocina

·        Reducción del cortisol, hormona asociada con el estrés y la ansiedad

·        Recuperación de la fatiga mental

·        Mejor calidad del sueño

·        Beneficios para condiciones respiratorias, como asma o alergias

·        Menor tendencia a padecer enfermedades crónicas

·        Mejor salud mental y menos riesgo de depresión

·        Potencia los procesos creativos y de introspección

Menos enfermedades y mejor sueño

Pasando al aspecto físico de la cuestión, Nichols aborda cómo vivir cerca del agua también está asociado con una mejora en la salud física.

Para hacerlo, el autor cita el proyecto BlueHealth financiado por la Unión Europea, que luego de investigaciones y estudios en varios países del territorio, observó que el contacto regular con espacios azules (como mares, ríos, lagos y canales) está asociado con una menor prevalencia de enfermedades crónicas -como las enfermedades cardiovasculares diabetes tipo 2- y con una tasa de mortalidad más baja.

Esto, explican, se debe a que las personas que viven cerca de entornos acuáticos suelen tener niveles de actividad física más altos y niveles de estrés más bajos; en otras palabras: niveles de cortisol y presión arterial más bajos.

Los estudios del proyecto BlueHealth también hablan de los beneficios para la salud respiratoria en los entornos costeros: el aire tiende a estar menos contaminado y es más húmedo, atenuando condiciones como el asma y las alergias; y de la relación entre los entornos acuáticos y la mejora en la calidad del sueño, al inducir estados de calma y relajación con facilidad, disminuyendo la ansiedad.

El campo de la psicología clínica refuerza estos beneficios. Kerestezachi menciona varios estudios que sugieren que nadar en el mar entre dos y tres veces por semana durante al menos 30 minutos puede generar mejoras significativas en el bienestar emocional, y que los ambientes acuáticos son particularmente efectivos para combatir el estrés y la ansiedad, lo que se traduce en una mayor felicidad y satisfacción personal. “Incluso para quienes prefieren solo contemplar el mar, dedicar al menos dos horas a la semana a estar cerca del agua es suficiente para notar efectos positivos”, sostiene la experta.

Creatividad, apertura y refugio emocional

El agua como fuente de creatividad y conexión emocional es otro de los aspectos en los que Nichols hace énfasis. El doctor sostiene que estar cerca del agua permite que la mente se desconecte de las distracciones cotidianas y entre en un estado más libre, donde las ideas y pensamientos innovadores fluyen con mayor naturalidad.

El agua calma todo el ruido y te conecta con tus propios pensamientos y tu sentido de ser”, explica en su libro. “Cuando te sumergís en el agua hay un cambio en tu conciencia, en la química de tu cerebro, que puede llevar a nuevas ideas y pensamientos creativos”.

Nichols hace referencia al concepto científico de la Red Neuronal por Defecto (DMN), un conjunto de regiones cerebrales que se activa cuando una persona no está concentrada en el mundo exterior, sino involucrada en pensamientos internos como la reflexión, la creatividad y la introspección, y sugiere que la cercanía al agua puede estimular esta red.

Siguiendo esta idea, investigaciones como la de la Brighton and Sussex Medical School encontraron que los sonidos naturales -como los de las olas, el fluir del río o el agua en general- activan la corteza prefrontal media y la ínsula, ambas áreas vinculadas con la autorreflexión y la percepción de estados emocionales internos; mientras que los sonidos artificiales tienden a inducir una atención relacionada con el estrés y la rumia mental.

Además, Nichols argumenta que, al promover comportamientos más relajados y abiertos, el agua tiene un efecto positivo en las relaciones interpersonales, fomentando la empatía y la cooperación.

Por último, la lógica Blue Mind plantea que el agua puede actuar como un refugio emocional en momentos de duelo o depresión. En su libro Espacios Azules: cómo y por qué el agua puede hacerte sentir mejor, Catherine Kelly, doctora en geografía, respalda esta idea con un análisis en profundidad sobre cómo la terapia basada en el agua puede ser un recurso para la curación de traumas emocionales.

Asombro y fascinación suave

Los neurocientíficos dicen que participar en actividades acuáticas, como nadar o surfear, puede ayudarnos a entrar en un “estado de flujo” donde nos encontramos totalmente inmersos en lo que hacemos. “Esto calma el estado interno de nuestra mente, que frecuentemente está absorbida por inquietudes y preocupaciones”, explica Ricardo Gil da Costa, neurocientífico y CEO de Neuroverse.

Aquellos que estudiaron el tema de cómo el agua afecta el cerebro humano también mencionan que el agua puede producir una “gloriosa sensación de asombro”. Esto, explican, se debe a que la reacción emocional ante algo vasto –como, por ejemplo, el océano-, expande y desafía nuestra visión del mundo, al mismo tiempo que reduce el estrés y ayuda a poner las cosas en perspectiva.

Otro concepto al que hacen referencia los investigadores es el de la “fascinación suave”, generada por el agua. Al moverse rítmicamente, produciendo juegos de luces, colores y sonidos, esta capta nuestra atención, pero no de una forma demandante. En lugar de esto, le da a nuestro cerebro un recreo de la atención

Kerestezachi recuerda una época de su vida profesional en la que trabajó con un psiquiatra argentino que también valoraba los beneficios de este elemento en la psiquis. “Él siempre lo recomendaba a los pacientes con depresión que yo le derivaba para tratamiento médico que nadaran al menos tres veces por semana. Era parte integral de su enfoque terapéutico y muchos pacientes reportaban mejoras significativas en su estado de ánimo. La evidencia apoya la práctica, puesto que tanto la natación como otras actividades acuáticas están relacionadas con la liberación de endorfinas y la reducción del cortisol”.

La psicóloga, que siempre vivió en ciudades alejadas del océano, asegura que el impacto que este tiene en su vida personal y profesional es inmenso y que, actualmente, su terapia es ir al mar. “La ciencia confirma lo que muchos ya sentimos: el agua tiene un poder transformador sobre nuestra mente y cuerpo”.

jueves, 21 de noviembre de 2024

Los beneficios de practicar el JOMO según Marian Rojas

VANITATIS – El CONFIDENCIAL       |       23/09/2024

Parar es necesario para reencontrarnos con nosotras mismas. Por eso es tan interesante lo que la experta psiquiatra nos recomienda para poner freno al ruido diario
 
 

En la actualidad, muchas de nosotras llevamos un ritmo de vida muy intenso, lleno de responsabilidades, compromisos y una sensación constante de no querer, ni poder, perdernos nada. Esto último es lo que se conoce como FOMO y es lo que nos hace estar siempre conectadas, no solo con lo que ocurre a nuestro alrededor, sino también con lo que acontece en redes sociales. 

Según Marian Rojas Estapé, cuando empezamos a sentirnos abrumadas por este exceso de actividad, es importante poner freno y reflexionar sobre cómo usamos nuestro tiempo, ya que solemos estar tan ocupadas con el deseo de cumplir todas nuestras obligaciones, que nos olvidamos de lo importante que es tener un espacio para desconectar. Ella nos recuerda que debemos permitirnos estar aburridas.

El 'aburrimiento permitido', del que ya ha hablado alguna vez, está relacionado con la desconexión mental, con apagar el ruido y conectar con todo aquello que realmente nos llena. No debemos confundirlo con no hacer nada de nada; se trata de vivir y disfrutar de la lentitud, de saborear los pequeños momentos que, aunque suene manido, es la forma de mantenernos en el momento presente.

Esto es lo que conocemos como JOMO, lo que es lo mismo que la alegría de perderse cosas. Practicarlo nos va a ayudar a entender que no siempre debemos saber todo, ni estar en todos los eventos o actividades. Esta renuncia nos traerá una mayor tranquilidad y paz, además de preservar nuestra salud mental. También vamos a mejorar nuestras relaciones sociales, ya que nos ayudará a estar más presentes cuando compartimos momentos con las personas que son importantes para nosotras. Aceptar que no vamos a poder multiplicarnos para estar en todo, ni hacer todo al mismo tiempo, trae consigo una sensación de felicidad, porque podemos estar más concentradas en todo aquello que nos importa y que nos hace sentir bien, haciendo que vivamos el momento presente al máximo. Este último concepto de vivir aquí y ahora es algo que la psiquiatra ha abordado ya en otras ocasiones.

 La meditación puede ser una herramienta de desconexión. Aprender a calmarnos en momentos donde la angustia es la protagonista es imprescindible para transformar todos aquellos pensamientos que no nos son útiles. Debemos ver estos huecos en los que decidimos perdernos cosas como oportunidades para disfrutar de un tiempo para nosotras y de algo tan valioso como es el silencio.

También es importante que, si sientes ansiedad o no te sientes bien, acudas a un especialista para que te pueda orientar y ayudar, basándose en tus circunstancias únicas y personales. De esta manera, encontrarás el mejor camino hacia tu bienestar.