domingo, 14 de diciembre de 2014

¿Mentir es bueno para la salud?

PSICOLOGÍA
Faltar a la verdad alivia y relaja en un momento dado, ¿pero qué ocurre a medio o largo plazo con esta práctica ancestral?

SILVIA CANDANO | El País | 14/11/2014                             

Desde la infancia nos han inculcado la idea de que hay que ir con la verdad por delante, pero lo cierto es que la mentira ha estado siempre presente en la historia de la Humanidad. En las épocas más remotas, los hombres primitivos tenían que engañar a las fieras y a las tribus enemigas para procurarse cobijo y alimento y, curiosamente, muchos miles de años después continuamos mintiendo, ya no para cubrir nuestras necesidades vitales más básicas, pero sí para lograr la aceptación del grupo, un mayor prestigio, un puesto de trabajo reconocido…
También mentimos para aparentar lo que no somos o no tenemos, para ajustar nuestra realidad a un escenario más apetecible y para no enfrentarnos a algo que nos hace sufrir o que nos exige un esfuerzo extra. Diversos estudios realizados por el psicólogo e investigador de las emociones Paul Ekman concluyen que, en general, las mujeres mienten para proteger a otra persona, los hombres para mejorar su imagen y los niños, para evitar un castigo. Sea como sea, la realidad nos demuestra que generación tras generación seguimos recurriendo a la mentira, y a la vista está que su uso nos ha resultado de lo más práctico. Tanto es así, que los primatólogos Richard Byrne y Andrew Whiten se atreven a relacionar el origen del intelecto humano con la capacidad para manipular y engañar al otro. Según sus investigaciones, la selección natural favoreció a los individuos más astutos, a los que mejor disimulaban, a los que más mentían… "Empleando estas artimañas, lograban convertirse en líderes del grupo y alcanzaban más éxito social y reproductivo", aseguran. Por su parte, el profesor de Antropología Volker Sommer, en su obra Elogio de la mentira, también señala algunos beneficios físicos de mentir: la relajación por haber salido del paso, la satisfacción por haber sabido convencer al otro, la sensación de control y de superioridad ante los demás…
Los secretos de familia generan estrés
A la vista de estos datos tan “positivos”, ¿merece la pena inventar? ¿Beneficia nuestra salud mental e incluso física, con las consecuencias que tiene el estado de relajación antes mencionado? Los psicólogos y psiquiatras no se atreven a dar una respuesta rotunda a esta pregunta, pero sí están de acuerdo en que la decisión de mentir o no depende de dos factores: de cada persona y de cada circunstancia. La psicóloga clínica Concepción Ocaña detalla: “Hay personas muy rígidas que por educación o por convencimientos religiosos se sienten obligadas a decir siempre la verdad, aunque hagan daño al contarla. Han sido educadas así, y si cuentan una mentira se sienten tan invadidas por el sentimiento de culpa, que prefieren no mentir nunca. En cuanto a las diversas situaciones, jamás debemos mentir para eludir las consecuencias de una mala conducta nuestra y culpar de ella a otra persona, ni inventarnos algo de alguien con el objetivo de que sea rechazado por la comunidad. Sin embargo, si con una mentira piadosa podemos evitar una buena dosis de sufrimiento, ¿por qué no emplearla?”.
Es evidente que la mentira forma parte de nuestra cotidianidad… incluso aunque no contemos embustes. Esto es así porque el acto de faltar a la verdad no consiste solo en decir algo que no es cierto, sino en ocultar las certezas, poner una falsa sonrisa o adoptar posturas que aparentan lo contrario de lo que sentimos.Š El filósofo David Livingstone Smith (uno de los estudiosos de la mentira más célebres del mundo) asegura que mentimos de una manera tan natural como sudamos y que cada día, entre las trolas que relatamos, escuchamos y leemos, llegamos a las 200.
Esta práctica carece de importancia la mayoría de las veces (decir a un vecino que se ha interesado por nosotros que nos va fenomenal, cuando en realidad estamos hechos polvo, facilita nuestra relación social y protege nuestra intimidad), sin embargo, según la psicóloga Isabel A. Wagener: “El problema surge cuando debido a nuestra inseguridad y a nuestra necesidad de sentirnos aceptados, mentimos de continuo. Llegados a este punto, mentir ya no reporta los beneficios antes citados, sino que nos obliga a mantenernos siempre en estado de alerta, a emplear toda nuestra energía en no quedar al descubierto; y esto conlleva un desgaste constante que resulta agotador”. Coks Feenstra, psicóloga infantil, insiste: “Los grandes secretos de familia impiden alcanzar la felicidad. Por ejemplo, al no decir a un niño que es adoptado, los padres siempre están en tensión, con miedo a que el pequeño descubra la verdad. Y el crío tampoco se siente relajado y a gusto, pues vive con la angustia de que ocurre algo”. La OMS alerta de que el estrés es uno de los grandes riesgos para la salud, ¿por qué no atenuarlo con unas pinceladas de verdad?
Entendido, ¿pero cómo lo hago?

El profesor de Psicología R. Edward Gaiselman, de la Universidad de California (EE. UU.), subraya que mentimos más cuanto más rápido actuamos, cuando no nos damos tiempo para pensar. Por el contrario, si nos procuramos unos instantes para cavilar y argumentar las cosas, nos mostramos mucho más sinceros y hablamos más lento, con más paz… y verdad. “Mostrarnos como somos ante los demás, sin miedo a las posibles críticas, es lo que crea vínculos auténticos, reales y duraderos entre las personas”, concluye el también profesor Volker Soomer.


jueves, 11 de diciembre de 2014

Contagiados por el virus de la prisa

Pretendemos hacer más cosas cada minuto. Pero la velocidad pasa factura. Analizamos junto a Carl Honoré las consecuencias de la aceleración moderna y aprendemos a frenar.

ALESSANDRO RYKER | El País | 18/06/2014
                                                     
Carl Honoré parece la viva demostración de que somos artífices de nuestro destino. Es tan afable como alto y acompaña con gestos suaves sus respuestas pausadas, que revelan que este experiodista independiente reconvertido en el teórico de una filosofía slow –que hasta ahora se limitaba al movimiento gastronómico del italiano Carlo Petrini– practica los principios que promulga.
Pregunta. Para comenzar, señor Honoré, aclárenos una duda, por favor. Muchos piensan que para ser slow hay que ser rico. ¿Es así? ---Respuesta. En absoluto, porque la lentitud no es un lujo. La filosofía slow es un estado de ánimo, una mentalidad, un cambio de chip. Por ejemplo, si en vez de hacer las cosas lo más rápido posible intentas hacerlas lo mejor posible, todo cambia. Dicho esto, tampoco se trata de hacerlo todo a paso de caracol, sino a la velocidad adecuada. Es la idea de “tempo justo”, como dicen los músicos. Por supuesto, cada uno tiene su “metrónomo” personal, su propio tempo.
P. Entonces, ¿por qué no vivimos ya en un mundo slow? ¿En qué reside la cuestión? “ La empresa ya empieza a valorar el papel de la lentitud a largo plazo. Los políticos, en cambio, todavía no ” ---R. En que la sociedad ha generado un vínculo entre eficiencia y rapidez. Ese es el problema. Nos han hecho creer que para ser más eficientes hay que ir más rápido, lo cual es un mito, la gran mentira contra la que lucho.
P. ¿Diría que, a la hora de desarrollar esta idea de la vida, ha influido en usted el hecho de haber crecido en Canadá, cuyos habitantes son famosos por su lentitud?---R. Comparados con nuestros vecinos estadounidenses, sí que somos “lentos”. Siempre he creído que la lentitud la había aprendido en casa, porque mi madre es muy rápida y mi padre, en cambio, es lo contrario. Me he criado en un contexto con estos dos modelos. Inicialmente opté por el de mi madre, pero después aprendí que la felicidad es una mezcla de los dos. En este sentido Canadá es una mezcla de Europa y EE UU: un país más lento pero más exitoso.
Cinco actitudes 'slow' para una vida más plena
1. Dormir.- Un mínimo de siete horas, para recuperar las fuerzas.
2. Trabajar.-Producir con calma y calidad; y con horarios sanos.
3. Pensar.-Cocer las ideas a fuego lento para asegurarnos su éxito.
4. Hijos.-Tratarles como personas en lugar de productos o proyectos.
5. Esperar.-La paciencia es clave para poder gozar en su momento.

De hecho, en la vida las decisiones más importantes suelen ser el resultado de meditaciones muy largas… Es verdad: por más que parezcan instantáneas, las epifanías siempre son resultado de procesos lentos y difíciles de analizar.
P. ¿Recuerda en qué momento supo que algo no funcionaba en su vida y que tenía que cambiar?---R. Sucedió cuando empecé a leerle cuentos a mi hijo. Se suponía que debía ser el momento más relajado e íntimo del día, pero no era así, porque yo trabajaba a todas horas y… Darme cuenta de esto fue para mí una llamada de atención. Mi hijo tenía cuatro años cuando decidí realizar un cambio profundo en mi vida familiar. Ahora tiene 15 y seguimos leyendo cuentos, pero ahora en francés (para mejorar su manejo del idioma). En inglés leo con mi hija, de 12 años.
P. Desde el Futurismo, el mundo ha ido enloqueciendo cada vez más con la velocidad. ¿Cuánto tiempo haría falta para recuperar un ritmo de vida normal?---R. Tras más de un siglo de aceleración constante, cambiar las reglas del juego no va ser un proceso rápido. La revolución será lenta: no creo que podamos crear un mundo slow antes de dos generaciones, porque llevamos demasiado tiempo contagiados por este virus de la prisa. Así que falta mucho; pero avanzamos.
P. ¿Qué grado de culpa tiene el sistema capitalista en todo ello?---R. Mucha. Yo no soy anticapitalista, pero ha surgido un modelo de “turbocapitalismo” que es un problema objetivo. Estamos atrapados en un carrusel de consumo, de producción y búsqueda compulsiva de recursos financieros como fin en sí mismo. Existimos para servir a esta gran máquina de producción y tendríamos que darle la vuelta a la ecuación, pues la raíz de la crisis financiera ha sido un exceso de velocidad basado en las ganancias y en el consumo rápidos. Esto ha destapado un deterioro general de las instituciones antiguas, la iglesia, la política, la economía, sobre las que deberíamos debatir y reflexionar conjuntamente, pues se necesita un cambio profundo. Debemos discutir sobre qué tipo de sociedad queremos dejarles a nuestros hijos y nietos dentro de cuarenta años.
P. ¿Qué virtudes deberíamos desarrollar para conseguirlo?---R. Si tuviera que elegir solo una, sería la solidaridad. El virus de la prisa va de la mano de una sociedad basada en el egoísmo. Vivimos encerrados en nuestras propias necesidades, deseos, miedos y complejos, todos reforzados con la velocidad. Y con tanta velocidad ya no tenemos tiempo para pensar en el otro, conectar con él. Creo que si abriéramos espacios a esas conexiones sociales, la gente empezaría a alimentar y a poner más énfasis en la solidaridad: así, el consumo bajaría de la lista de prioridades y también podríamos abordar los problemas complejos a los que nos enfrentamos como sociedad. Por eso, necesitamos trabajar juntos; y tenemos las herramientas para hacerlo.
P. ¿Se refiere a Internet?---R. Por ejemplo. Entre otras, porque en Internet puedo entrar en un foro e intercambiar ideas desde mi casa con alguien que está en Vietnam o en África. Con esos diálogos podemos generar mejores soluciones y también forjar relaciones humanas.
P. ¿Qué opinión le merece, en este sentido, el Movimiento 5 Estrellas italiano, liderado por el excómico Beppe Grillo, del que tanto se habla en Europa y en Estados Unidos?---R. No sé si será un movimiento. De momento, el carácter de la reacción parece interesante, porque subraya que estamos necesitando esa nueva visión –de colectividad, de solidaridad, de hacer las cosas todos juntos– de la que hablo. No digo que haya que tirar por la borda la competencia y la competición, porque también tienen sus roles. Digo que tenemos que buscar el equilibrio entre aquellas y la colaboración. Y el fenómeno de Grillo entra claramente en esto, porque es lo que la gente está solicitando.
P. Lo que acaba de decir es algo que se oye cada vez más, y no desde un solo lado o ambiente…---R. Sí, está en el aire, sobre todo en la nueva generación, porque los jóvenes que llegan al mercado laboral lo hacen con una visión distinta, mirando al pasado y diciéndose algo parecido a: “No sé si quiero sacrificar mi alma, mi cuerpo, mi salud, mis relaciones afectivas y mis sueños, en el altar de la velocidad y del consumo”. Quieren trabajar para empresas que no destrocen el medio ambiente, que tengan responsabilidad social, que devuelvan algo a la comunidad. Es otra señal de que estamos entrando en una época de toma de conciencia de que somos seres sociales, no robots para la producción y la productividad. Hay distintas maneras de expresarlo, y la lentitud es sin duda una óptica, una vía para abordar este problema básico.
P. En su libro Elogio de la lentitud promueve usted la idea de disculpa, el saber reconocer nuestros errores…---R. Esto también tiene su dimensión social, porque hablo de un trato nuevo con los demás. La cuestión es interesante, porque desde que salió el libro a menudo me preguntan qué sector es el más reacio a esta idea, y yo siempre contesto que es el mundo empresarial. Sin embargo, en realidad los más reacios son los políticos, pues el ambiente empresarial sí que se va dando cuenta de que la lentitud tiene un importante papel a largo plazo y que ralentizar un mundo demasiado veloz tiene un sentido de productividad y de inversión. En cambio, los políticos siguen muy aferrados al “cortoplacismo”.
P. Todos los capítulos de su libro comienzan con citas. ¿Hay, entre todas ellas, alguna que sea su preferida?---R. Me gustan todas, pero tal vez me quedaría con la de C. G. Jung que encabeza el capítulo sobre los trasplantes de órganos en España: No puede haber transformación de la oscuridad en luz y de la apatía en movimiento sin emoción. Me gusta porque vivimos en un mundo en el que hemos puesto la matemática en un pedestal y seguimos pensando que podemos resolver cualquier problema con cifras, cuando en realidad los problemas importantes tienen una clara dimensión humana.
P. ¿Tal vez porque, igual que sucede con las religiones, el hecho de que todo sea matemático apacigua la humana ansiedad? ---R. Sí, en cierta forma la “matematización” de la vida es una respuesta para una sociedad que ha dejado atrás la religión y busca otro sistema de creencias que genere en nosotros el mismo efecto, y no hay duda de que es tranquilizador poder pensar que las cifras se encargarán de todo, ya que eso significa implícitamente que yo solo no puedo hacer nada o, al menos, nada importante. Por otra parte, el mundo no exige mucho tiempo ni mucho esfuerzo si se lo entrego a las fórmulas y a los algoritmos. Lo cual, si me apura, es otro ejemplo de que la velocidad no es más que una forma de huida.

P. ¿Cuál es su mayor motivo de alegría en su profesión?---R, Hay dos ejemplos casi vinculados, ambos en el campo de la educación de los niños. A finales de agosto de 2012, en el Día Nacional de Singapur, el Primer Ministro del país, Lee Hsien Loong, dedicó su discurso a los chinos que viven allí. Les dijo que sus chicos estaban enloquecidos, que corrían demasiado, que lo que tendrían que hacer era aburrirse, jugar libremente, hacer menos deberes y menos actividades extraescolares. El insólito discurso cayó como una bomba, porque vino a decir cosas como: “Vamos demasiado rápido, los niños crecen como máquinas de sacar buenas notas; pero no pueden pensar creativamente, y tienen problemas de salud. O sea, que lo estamos haciendo fatal con este exceso de velocidad”. Me pareció un cambio de actitud muy importante. Por otra parte, también me sorprendió mucho que el colegio inglés Eton me propusiera desarrollar un programa de educación lenta para alumnos inteligentes y ambiciosos que viven en este estado frenético vigente, que les genera problemas en sus relaciones sociales y en su salud. Para mí, que un colegio tan célebre admitiera de manera tan implícita que había perdido la brújula y que debía recuperar y reivindicar el valor de la lentitud, fue otra señal inequívoca.

Los medios de comunicación y la salud mental

Agrupación Para la Defensa del Paciente Psíquico de Lanzarote | 25/02/2014

Me da miedo. Cada vez que veo un titular en un periódico que hace referencia a alguna enfermedad mental, me da miedo leer el artículo.

Me da miedo porque suele pasar que SÓLO SE HABLA DE LAS ENFERMEDADES PSIQUIATRICAS CUANDO HA SUCEDIDO UN SUCESO TERRIBLE Y MORBOSO.
Así, no es raro que una buena parte de la opinión pública, relacione SIEMPRE la enfermedad mental con agresiones, violencia y terror.

Casi nunca se habla de Salud Mental fuera de las páginas de sucesos. Como si no hubiera otras muchas maneras de tratar los temas relacionados con la salud y con la enfermedad mental.

Es cierto. En alguna ocasión, algún enfermo psiquiátrico se ve afectado por algún suceso desgraciado y violento. Unas veces como actor de algún hecho desgraciado y otras veces, más frecuentemente, cómo VÍCTIMA de alguna desgracia. Pero SIEMPRE COMO VICTIMA DE UNA ENFERMEDAD que puede más que él.

NO es el enfermo quién realiza ese acto violento: es la enfermedad que padece.
Además, también la población SUPUESTAMENTE SANA tiene o es víctima de situaciones violentas.

Tratando el tema como lo hace la prensa, termina dando la impresión de que TODOS los enfermos psiquiátricos son violentos y/ o peligrosos.

En conclusión: los medios de comunicación, (escritos, radiofónicos o televisivos) tienen la grave responsabilidad de estar creando una opinión pública de marginación y miedo a los enfermos psíquicos.

Y lo peor es que ESTO NO ES VERDAD. No es justo que hagan una prensa tan amarilla aprovechando el morbo de las enfermedades psiquiátricas y pensando solo en lograr beneficios económicos a costa de un colectivo que NO ES COMO LO PINTAN.

La mayoría de los enfermos psíquicos, luchan por su salud, y contra su enfermedad pacientemente, día tras día, con un tesón y una constancia digna de admiración.

Cuando conoces bien a muchas personas afectadas por enfermedades psíquicas, te asombra el mérito que tienen de mantener el ánimo y seguir luchando contra enfermedades siempre angustiosas y difíciles a pesar de notar en la sociedad la marginación y el estigma.

A veces se comprendería que algunos enfermos se revolvieran contra una sociedad que, no solo no les ayuda bien, sino que les margina y habla de ellos como peligrosos y terribles cuando en la mayoría de los casos, su sensibilidad, su humanidad y su valor están muy por encima del de la media de la población “normal”

Nosotros “ la sociedad”, nos creemos un grupo aparte y MEJOR que los que padecen alguna enfermedad psíquica.
ILUSOS. Acaso no nos damos cuenta de que los enfermos mentales TAMBIEN SON NOSOTROS. Ellos iban por la vida como usted y como yo, sin más mérito y sin más culpa. Pero les vino una enfermedad y ahora, bastante tienen con sobrellevarla y tratar de curarse.

Y NOSOTROS, QUE SOMOS ELLOS, no solo no les damos la mano para acompañarlos en su lucha, sino que creamos un tabú de peligrosidad, riesgo, violencia…

La verdad es que pienso que NOSOTROS somos mucho más crueles que ELLOS sin darnos cuenta de que mañana, la enfermedad psíquica puede llegarme a mí. O a mi hijo. O a mi madre……. O ellos pueden curarse (si les dejamos).

Es decir, mañana NOSOTROS PODEMOS SER ELLOS. Y ELLOS NOSOTROS.

J. Santiago. Psiquiatra


jueves, 4 de diciembre de 2014

Depresión: certezas, mitos y errores frecuentes de quienes rodean al afectado

20 MINUTOS EP INFOSALUS | 21/09/2014 

La depresión es uno de los problemas de salud que mayor rango de percepciones distintas tiene entre la gente. Quienes no han tenido un caso cercano, en ocasiones, lo perciben como un mal leve, que se puede curar con el tiempo y no demasiado grave para quien lo padece. Algo, que especialistas como el doctor José Antonio López Rodríguez, vicepresidente de la Asociación Española de Psiquiatría Privada (ASEPP) trata de desterrar en un artículo de Infosalus.
La depresión supone que el cerebro trabaja a bajo rendimiento, como si tuviera una batería a punto de agotarse. Como explica José Antonio López Rodríguez, este bajo rendimiento cerebral afecta a las áreas del pensar, sentir y la conducta que se ven alteradas.

En la esfera de los sentimientos aparece la tristeza y la angustia, en el del pensamiento o cognitivo los problemas de concentración y memoria y en la conducta la falta de motivación y placer. Así, los síntomas se encuentran en estos tres ámbitos, en la esfera de los sentimientos aparece la tristeza y la angustia, en el del pensamiento o cognitivo los problemas de concentración y memoria y en la conducta la falta de motivación y placer en las actividades que antes lo proporcionaban (anhedonia).
Prevalencia y mayor predisposición

El portavoz de la ASEPP señala que los datos oficiales de prevalencia apuntan a que entre el 8 y el 10% de la población ha sufrido un episodio de depresión mayor, sin embargo, este porcentaje se elevaría hasta entre un 15 y un 20% si se incluyen otros trastornos depresivos como la distimia, una depresión leve y crónica, o los trastornos depresivos somatizados en los que subyace la depresión.

En cuanto a las características de las personas que padecen el trastorno, López Rodríguez señala que no hay un perfil específico único y que más bien existen tantos tipos de depresión como pacientes e incluso apunta que una misma persona puede sufrir distintas depresiones a lo largo de su vida que difieran entre sí.

Eso sí, el psiquiatra señala que existen personas con una personalidad que predispone a la depresión, es el caso de aquellas que son muy rígidas, autocríticas, que se preocupan en exceso en el día a día, autoexigentes, controladoras y que viven en un estado de tensión continua. Aquellos que muestran una tendencia pesimista o una visión más negativa de la vida también son proclives a la depresión. Sin embargo, cualquier persona puede sufrir una depresión con independencia de su estilo de personalidad.

Posibilidades de recaída.
 Aunque López Rodríguez señala que la depresión se puede y se debe curar para lo cual es clave el diagnóstico y la adherencia al tratamiento. En los pacientes existe un 50% de posibilidades de sufrir una recaída pero este porcentaje puede elevarse si la depresión no se cura como es debido, como sucede en cualquier tipo de enfermedad física, aclara el especialista.

La tristeza es un síntoma más y su presencia por sí sola no es suficiente para el diagnóstico. Sobre si existe la depresión coyuntural, López Rodríguez explica que ésta en realidad se denomina trastorno adaptativo de tipo depresivo y es un cuadro depresivo leve que tiende a curar por sí mismo. Es el caso del trastorno depresivo post-vacacional, cuando muere algún ser querido, se pierde el trabajo o se produce la pérdida de una ilusión.

Según señala el doctor, el síntoma típico de la depresión y que debe ser una señal de alarma y un motivo para visitar al médico es la denominada 'anhedonia', un término que hace referencia a la pérdida de la capacidad para experimentar placer con las actividades que antes lo proporcionaban. La tristeza es un síntoma más y su presencia por sí sola no es suficiente para el diagnóstico.

Falsas creencias
En relación a mitos o falsas creencias sobre esta enfermedad, López Martínez apunta a cuatro aspectos sobre los que se hace necesario una mayor conciencia social:

Es una moda: absolutamente falso, no es una tendencia social ni una moda, es cierto que ahora existe un mayor número de personas que la sufren y que se diagnostica más. "Es el precio que pagamos por el tipo de vida que llevamos", apunta el psiquiatra. Es común entre las personas débiles: no es un signo de debilidad en ningún caso, las personas que la sufren no son personas más débiles y pueden sufrirla todo tipo de personas: extrovertidos, tímidos, emprendedores, reservados o conservadores sin exclusión de ningún otro rasgo de personalidad.

Se cura sola: la depresión es una enfermedad que no tratada puede desaparecer al cabo del tiempo pero que si no se ha tratado vuelve a aparecer. Una depresión puede curarse o controlarse en semanas mientras que dejada sin tratar puede permanecer meses. "Es una enfermedad más que debe tratarse con fármacos o psicoterapia o ambos tratamientos y que requiere del seguimiento de un profesional de la salud", afirma López Martínez.

El paciente no pone de su parte: el paciente lo único que puede hacer es pedir ayuda a un especialista y seguir el tratamiento indicado. Es como pedirle a una persona que ha sufrido un ataque cardiaco que se levante y ande, ejemplifica el psiquiatra.
Errores que cometen (a veces) los allegados
En el ámbito familiar o laboral, la depresión supone una serie de alteraciones que a su vez repercuten en la persona enferma, según López Martínez quienes conviven con la enfermedad deben de ser conscientes de aquello a lo que se enfrentan:

Desconocimiento de la enfermedad: los más cercanos piensan y comunican al enfermo que tiene que poner de su parte, salir e intentar animarse lo que genera en la persona deprimida sentimientos de culpabilidad, incomprensión y presión de su entorno más próximo.

Cansancio: las personas más cercanas se cansan de la situación en la que se encuentra el paciente y en muchos casos es la pareja la que peor parada sale de la enfermedad.

Falta de tolerancia: la actitud de las personas que rodean al paciente cambia hacia una menor tolerancia debido sobre todo al cansancio que genera la convivencia con la persona deprimida.



miércoles, 3 de diciembre de 2014

Nuevos hallazgos sobre el funcionamiento del cerebro de las personas con autismo

INVESTIGACIÓN | Fusión de técnicas

·        Su cerebro reacciona distinto al escuchar palabras que implican acciones sociales
·        No se les activa la zona relacionada con la concepción que tienen de uno mismo

CLARA MARÍN | Madrid | El Mundo 03/12/2014

La ciencia sigue intentando escudriñar el cerebro humano, quizá el órgano más enigmático de todos, ya que sus implicaciones van más allá de lo puramente físico. Trastornos como el autismo siguen siendo todo un reto para psiquiatras y neurólogos, muy atentos a cualquier avance o novedad que se produzca en su investigación.
Un equipo de la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh (Pensilvania, EEUU), ha conseguido, a través de una novedosa combinación de técnicas, descubrir cómo se comporta el cerebro de las personas autistas cuando piensan en determinadas acciones sociales como "persuadir", "abrazar", "humillar" o "alentar".
A través de una resonancia magnética funcional se ha observado cómo 34 personas -17 de ellas con autismo y otras 17 sin él- reaccionaban al escuchar estas palabras. Después, la información se introducía en un sistema de "aprendizaje de máquinas", una técnica informática compleja conocida en inglés como machine learning, mediante la que se sabía, en un 97% de los casos, si la persona en cuestión pertenecía al grupo de los autistas o no.

Son técnicas de combinación de datos para intentar predecir situaciones clínicas, esto es, el famoso big data. Estas técnicas "se están utilizando muchísimo en Psiquiatría", explica a este periódico Carmen Noguero, psiquiatra del programa AMITEA (dedicado al trastorno del espectro de autismo) del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.

La investigación, publicada ahora en la revista Plos One, intenta indagar en la concepción que las personas con autismo tienen de uno mismo. Observando su reacción al escuchar palabras como "patada", "adorar" o "insultar", se comprobó una falta de actividad en la corteza cingulada posterior, un área del cerebro que, precisamente, está relacionada con la representación que las personas se hacen de uno mismo.

"Al pensar en dar un abrazo o persuadir a alguien, los participantes sin autismo se veían a ellos mismos en esos pensamientos como parte de la interacción. Las personas con autismo, sin embargo,consideraban la idea más bien como una definición en el diccionario o como si vieran una película, esto es, sin participación propia", ha señalado Marcel Adam Just, responsable del estudio y director del Centro de Imagen Cerebral Cognitiva de la Carnegie Mellon.
A la doctora Noguera no le sorprende este resultado, y explica que "a las personas con autismo les cuesta más ponerse en el lugar del otro, darse cuenta de su papel en las situaciones sociales y tener conciencia de su rol dentro de la relación con los demás". No obstante, señala que esto no lo único a tener en cuenta: "Es una característica importante del autismo pero sólo con ella no puedes hacer un diagnóstico a nadie", aclara.

Uno de los puntos más interesantes y novedosos de este estudio es el hecho de que se intenta determinar la correlación entre las alteraciones a nivel psicológico con las alteraciones cerebrales. "Hemos descubierto un marcador en el cerebro para una alteración en el pensamiento. Yo lo llamo 'marcador de pensamiento' de origen biológico", ha señalado Just a EL MUNDO.
"Este tipo de técnicas son muy interesantes porque todavía no hay marcadores biológicos para el autismo o para otros trastornos psiquiátricos: no se puede saber a través de un análisis de sangre si una persona tiene depresión o no", explica Noguero. La psiquiatra pone en valor el enfoque "pionero" de este estudio, pero considera que "no es posible afirmar que se hayan descubierto los marcadores biológicos del autismo y que a partir de ahora baste con meter a la gente en una resonancia magnética".

Lo que sí está claro es que la utilización de esta técnica de combinación de imagen cerebral y análisis de datos es un avance a la hora de comenzar a entender, desde un punto de vista biológico, las alteraciones del pensamiento y sus consecuencias psicológicas. No obstante, Nogero señala que "aunque equipos de resonancia magnética hay en todos los hospitales", otra cosa es tener las máquinas y el sistema que puedan analizar los datos a este nivel.
En cualquier caso, esta psiquiatra experta en autismo señala que son técnicas de las que, sin duda, se beneficiará la Psiquiatría. "Ahora mismo se están utilizando a nivel de experimentación, pero en el futuro seguramente pasen a aplicarse en la clínica", ha señalado.

martes, 2 de diciembre de 2014

Radiografía de los perfeccionistas

PSICOLOGÍA

Hay personas con un alto nivel de autoexigencia para las que nada nunca es suficiente. Pero ¿qué hay detrás de este estilo de comportamiento?

BORJA VILASECA | El País | 05/10/2014

De todos los defectos que existen, el perfeccionismo es uno de los mejor considerados por la sociedad. En el ámbito laboral, por ejemplo, ser una persona que persigue la excelencia está tan bien visto que muchos candidatos, al ser entrevistados para un puesto de trabajo, suelen destacar este rasgo de personalidad como su principal área de mejora. De este modo consiguen dos objetivos: primero, ocultar sus verdaderas carencias. Y segundo, tratar de impresionar a su interlocutor.

No en vano, tener este rasgo en el carácter implica comprometerse con imprimir un sello de calidad en todo lo que se hace. La Real Academia Española define esta conducta como una “tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado”. De ahí que, en un primer momento, se relacione con productividad, eficiencia y excelencia. Pero tal como dice un refrán español, “no es oro todo lo que reluce”.

Insuficiencia y autoexigencia
Y entonces, ¿qué hay detrás de la búsqueda constante de perfección? ¿Por qué en muchas ocasiones esta característica del carácter suele generar insatisfacción? A los miembros de este club puede que les resulte incómodo reconocer que el motor de sus acciones es la permanente sensación de insuficiencia que sienten en su interior.
En un nivel muy profundo e inconsciente, los perfeccionistas consideran que no está bien ser como son. Sienten que hay algo erróneo que han de corregir. No saben exactamente el qué, pero esta sensación de imperfección interna les mueve a querer cambiar y les fuerza a comprometerse con mejorar.
El secreto de la serenidad es aceptar cada situación tal y como es

Para poder alcanzar la perfección deseada, desarrollan una autoexigencia feroz e implacable. Y empiezan a escuchar a un juez interno dentro de su cabeza que juzga y critica aquellas decisiones, acciones y resultados que les alejan de dicho ideal. Dado que su conducta se rige por medio de un imperativo moral, suelen hablar en términos de “tengo que” o “debo..."
Así, los perfeccionistas miran el mundo a través de una lupa, mediante la cual ponen el énfasis en todo aquello imperfecto que debería ser mejor de como es ahora mismo.

Prepotencia y frustración
Aprender a cambiar
El gen del perfeccionismo viene de nacimiento. De ahí que muchos perfeccionistas asocien a su infancia un sentimiento de no haber sido considerados lo suficientemente buenos por sus padres. Con el paso del tiempo, interiorizan que no está bien cometer errores. Así es como desarrollan la rigidez y la inflexibilidad. Y acostumbran a creerse en posesión de la verdad. Una de sus máximas aspiraciones es tener la razón. Y suelen mostrarse intolerantes y prepotentes cuando se sienten inseguros, amenazados por opiniones que discrepan de las suyas. 
Uno de sus mecanismos de defensa consiste en evitar trabajar en equipo. Les cuesta muchísimo delegar en otras personas, pues no confían en nadie más que en sí mismos.

Para compensar su sensación de insuficiencia tienen que aparentar ser perfectos a los ojos de la gente. De ahí que suelan ser muy susceptibles. Tienden a irritarse con facilidad cuando se sienten criticados. No soportan que nadie les diga cómo tienen que hacer las cosas. Sin embargo, esto es lo que acostumbran a decirles a las personas con las que interactúan.moción predominante es la ira. No es ninguna casualidad que entre el colectivo de perfeccionistas muchos somaticen la rabia, el estrés y la tensión en forma de dolores de cabeza, espalda y bruxismo.

Serenidad y aceptación
La clave para que el perfeccionismo no sea fuente de insatisfacción reside en el arte de cultivar la serenidad y la aceptación. Comprender que ellos no son ese juez interno tan exigente es el primer paso para recuperar el equilibrio perdido en su afán de ser perfectos.

Una práctica muy recomendable consiste en reírse de su voz interna cada vez que comience a resaltar lo que debería mejorarse. A la hora de concluir con alguna actividad, en vez de preguntarse si es intachable  pueden verificar si es “digna”, algo que sí está a su alcance. Más que nada porque el secreto de la serenidad consiste en aceptar cada situación tal y como es, en vez de esperar que sea como ellos quieren.
Al recuperar el contacto con la serenidad, los perfeccionistas asumen que los errores que cometen no son buenos ni malos, sino necesarios para aprender y evolucionar. También comprenden que todo lo que sucede está en su proceso hacia la perfección, que, por cierto, es invisible a los ojos. No tiene tanto que ver con los acontecimientos externos como con lo que uno siente por dentro al relacionarse consigo mismo.

En la medida que estas personas profundizan en aceptarse tal como son, comienzan a hacer lo mismo con los demás y sus circunstancias. Aceptar es comprender que todo tiene su razón de ser y que de nada sirve luchar o tratar de cambiarlo. Lo paradójico es que cuando se aceptan de verdad, surge la transformación. Aparentemente nada ha cambiado. Pero al modificar su forma de mirar, cambia por completo su manera de vivir y de relacionarse. Y el único indicador fiable para saber si han conquistado dicha aceptación es la paz interior.

Nota.- He omitido algunos párrafos que no me han parecido importantes porque el artículo es muy largo. Si alguna persona quiere leerlo entero lo puede encontrar en el periódico indicado al encabezar el artículo

Los menores sufren menos depresión y ansiedad pero son más hiperactivos

PSIQUIATRÍA
Un estudio canadiense que incluye a 30.000 personas sugiere que la mayoría de las dolencias psiquiátricas, como la depresión o los impulsos suicidas, han descendido

DANIEL MEDIAVILLA | El País | 04/11/2014

"Los medios de comunicación tienden a perpetuar la idea de que la prevalencia de trastornos mentales está creciendo”, afirma Ian Colman, Presidente de Investigación de Canadá en Epidemiología de Salud Mental. “Sin embargo, la investigación que apoya esta posición no ha sido consistente”, añade en un artículo publicado en elCanadian Medical Association Journal. Para tratar de comprobar si esta percepción sobre la salud psiquiátrica es cierta, Colman y su equipo analizaron información sobre este aspecto obtenida durante diez años en un estudio que incluye a 11.725 niños de 10 a 11 años, 10.574 de 12 a 13 y 9.835 de 14 a 15. Los resultados sugieren que estas dolencias no están aumentando sino más bien al contrario.
Entre los niños de entre 10 y 13 años, los síntomas de depresión y ansiedad no cambiaron significativamente y entre los de 14 y 15 se encontró incluso un leve descenso. La agresividad física y a otros aspectos de agresividad indirecta, como el comportamiento manipulador, descendió, algo que también sucedió con la prevalencia del comportamiento suicida. El único problema que registró un incremento fue la hiperactividad entre los 10 y los 13 años.
El único problema que registró un incremento fue la hiperactividad
Además de ser un resultado optimista, con muchas similitudes a lo que cabría esperar en otros países desarrollados, este análisis, que choca con otros trabajos que sí encontraron un incremento en el impacto de las enfermedades mentales en niños y adolescentes, muestra la dificultad para medirestas dolencias. Un estudio británico mencionado por Colman y su equipo, por ejemplo, mostró que mientras los diagnósticos de depresión descendían, la incidencia de los síntomas depresivos detectados por los médicos se multiplicaron por tres entre 1996 y 2006. “Estos cambios pueden no representar un cambio real en las tasas de depresión o los síntomas depresivos, sino un cambio en la práctica clínica”, explican.
También existen diferencias importantes en la forma de medir los problemas mentales. Algunos se basan en el diagnóstico de profesionales, otros en entrevistas cara a cara y otros se basan en informes de padres o profesores sobre el comportamiento de los niños. En este último estudio, la información se obtenía de cuestionarios respondidos por los propios niños y adolescentes.
Acabar con el estigma
Uno de los aspectos que puede explicar estas diferencias es la reducción del estigma en torno a la enfermedad mental y un mayor conocimiento sobre estas dolencias. “Al aumentar el conocimiento sobre salud mental, los padres y cuidadores tienen más probabilidades de detectar estos problemas en los niños y dirigirlos a profesionales”, afirman los autores. “Esto puede explicar por qué los estudios que emplean información de padres y profesores muestran un incremento en las tasas de enfermedad mental en niños y adolescentes, y por qué las tasas de problemas mentales diagnosticados han crecido en los últimos años”, concluyen.

Pese a los resultados, que, en general, son positivos, los autores recuerdan que estudios recientes muestran que la mayor parte de los jóvenes que sufren enfermedades mentales no están accediendo a tratamientos y que es necesario reducir las barreras que dificultan a los jóvenes con problemas para buscar ayuda. Por último, los investigadores concluyen que los avances en diagnóstico y tratamiento de la enfermedad mental pueden estar detrás de los descensos de los síntomas que se han observado.