domingo, 17 de mayo de 2015

La huella del orfanato en los niños adoptados

PSICOLOGÍA
La falta de apego en los primeros años es uno de los principales problemas de los menores. Unidades médicas especializadas abordan estos trastornos.

JAIME PRATSValencia | El País | 15/05/2015

Carla, de 10 años, apenas tenía año y medio cuando fue adoptada en China. Desde el principio, sus padres se dieron cuenta de que todo le costaba más de lo normal. “Acudimos a neurólogos, a logopedas, a centros de estimulación temprana, no sabíamos qué hacer…”, relata su madre. No empezó a hablar hasta los seis años. Tenía dificultades en hacer amigas, sufría falta de atención, era muy insegura. Y no había forma de saber qué le sucedía. Hasta que, hace unos meses, la respuesta llegó a través de la Unidad del Niño Internacional del hospital La Fe de Valencia: su hija sufría trastorno del vínculo, un problema afectivo que hunde sus raíces en su estancia en el orfanato. “Era de los que peor fama tenían”, rememora la madre.
Este tipo de unidades hospitalarias —también asisten a niños en acogimiento o inmigrantes— se han ido consolidando en paralelo al boom de la adopción internacional durante la década pasada. Entre 2004 y 2007, España fue el segundo país que más niños recibió del mundo (19.084), solo por detrás de Estados Unidos. Además de La Fe, hospitales como Sant Joan de Déu de Barcelona o La Paz-Carlos III de Madrid ofrecen también estas atenciones.
          España, un país de acogida.
2004 fue el año con el mayor número de niños llegados del exterior (5.423). Por detrás de España estaban Francia, Italia, Canadá, Alemania, Suecia, Países Bajos, Dinamarca, Suiza y Australia.
Debido a la crisis y las restricciones introducidas por algunos países las adopciones han bajado hasta las 1.188 en 2013, lo que sitúa a España en quinta posición. Por delante están Estados Unidos, Italia, Francia y Canadá.
Los principales países de origen fueron en 2013 Rusia, China y Etiopía (fuente: Coordinadora de Asociaciones en Defensa de la Adopción y el Acogimiento).
En ellos cubren desde consultas preadoptivas —para orientar sobre el informe médico que las familias reciben del niño— hasta los 18 años, ya sea por cuestiones ligadas al menor (institucionalización, fracaso en acogimientos previos) o a los padres (falta de preparación, expectativas incumplidas).
La principal preocupación de las familias son los problemas físicos. En función de su procedencia, los pequeños pueden presentar rasgos de desnutrición o sufrir enfermedades infecciosas (parasitosis intestinal, tuberculosis, hepatitis). Pero, aunque menos evidentes, las patologías más graves suelen ser trastornos psicológicos asociados a la estancia en instituciones como orfanatos o residencias. Uno de cada tres niños que han permanecido en este tipo de centros hasta los tres años sufre trastornos cognitivos (relacionados con la inteligencia). La misma proporción padece alteraciones afectivas (del vínculo), frente al 2% y 4%, respectivamente, de la población general o de los menores que han estado en orfanatos menos de seis meses, que apenas presentan secuelas, de acuerdo con un estudio británico con niños procedentes de Rumanía publicado en 2003 en Development and Psychopathology.
Problemas de atención
El trastorno del vínculo es especialmente relevante: suele estar en el origen de otros comportamientos, ya sean problemas de atención, de autocontrol, del aprendizaje, dificultades al manejar las emociones o problemas de identidad en la adolescencia. “La mitad de los niños que vemos en la consulta tiene este tipo de alteración del afecto”, destaca Gemma Ochando, experta en psiquiatría infantil que dirige la Unidad del Niño Internacional en La Fe junto a la especialista en enfermedades infecciosas pediátricas Carmen Otero. “Cuando el niño llora, la madre o el cuidador atiende sus necesidades: le da de comer, le duerme, le abriga... Esto no sucede en un orfanato. No se atienden individualmente las necesidades fisiológicas o afectivas, sino de forma colectiva. No se aprende a establecer relaciones emocionales”, indica la pediatra. El resultado es una adaptación a este medio hostil “en el que prima la desconfianza, la agresión, el rechazo y la evitación”, unos comportamientos que se pueden enquistar al llegar al nuevo entorno y que provocan incomprensión en la familia o el colegio.
Una fase clave en la vida de los niños adoptados es la adolescencia, que en ellos se suele adelantar a los 9 o 10 años, dos o tres antes de lo que suele ser habitual. Es la etapa en la que se presentan los problemas relacionados con la definición de la identidad y el momento en el que se encuentran buena parte de los chavales adoptados durante los últimos años en España. Si no se han encauzado por entonces los trastornos más graves, la situación puede desembocar en situaciones de fuerte tensión familiar o el fracaso de la adopción en los casos límite.
Ochando pone el ejemplo extremo de una paciente de origen indio de 13 años que se escapaba de casa para prostituirse y comprar sus caprichos. Al investigar su historia comprobaron que durante su estancia en el orfanato era la mayor y asumió un papel protector respecto al resto de niños. Allí ya se fugaba de la institución, se prostituía y con el dinero que obtenía compraba comida para sus compañeros. “Era la heroína del grupo, y consideraba este comportamiento como una conducta positiva”, señala la pediatra. Finalmente, la adopción se truncó. El objetivo es prevenir estas situaciones. Aprovechar la primera consulta, centrada en la revisión vacunal o las pruebas de enfermedades infecciosas, para establecer una valoración inicial de los problemas de salud mental que puedan presentar los menores y atajarlos de forma temprana. “Si la situación se degrada podemos hacer muy poco”, plantea Ochando.
Más hiperactividad entre los menores procedentes del Este
María, una niña adoptada de India llegó a su nueva casa con 18 meses y serias alteraciones afectivas. “No entendía ni de peluches, ni de caricias, ni de cuentos, ni de cariños”, rememora Carmen, su madre, cuyo nombre se ha cambiado, como el de las niñas que aparecen en este reportaje, para preservar su identidad. “Era como un cachorro salvaje; hasta los dos años no pudo tocarla mi marido”. Poco a poco fue superando estos comportamientos, aunque sus padres advirtieron que le costaba seguir el ritmo de las clases. “Tiene déficit de atención con hiperactividad (TDAH), en su caso no es impulsiva ni hiperactiva, tiene problemas de concentración”, apunta Carmen. “Está tratada y es una niña muy normal”.

Además del trastorno del vínculo, los problemas de conducta relacionados con el TDAH son comunes entre los niños adoptados, sobre todo los procedentes de los países del Este de Europa.
Algunos estudios elevan la tasa hasta el 50% de los menores llegados de Rusia. Este comportamiento se relaciona con el síndrome alcohólico fetal, vinculado al abuso de la gestante con la bebida o el tabaco, y con los partos prematuros.
El TDAH se puede confundir al principio con el estado de excitación en el que se encuentran los niños durante las primeras semanas de estancia en su nuevo hogar. Cambian la rutina a la que están acostumbrados por una situación de hiperestimulación, visitas de familiares, regalos… Todo ello que puede dar lugar a diagnósticos precoces y erróneos. Los expertos recomiendan mantener un seguimiento para comprobar la evolución de los síntomas.

jueves, 14 de mayo de 2015

El eterno miedo a suspender

           
Un 20,84% de los estudiantes universitarios sufre ansiedad durante las pruebas académicas. Planificar el estudio o practicar técnicas de relajación puede ayudar.

ANA TORRES MENÁRGUEZ | Madrid | El País | 12/01/2015 

Para la mayoría de estudiantes la etapa universitaria es una experiencia estimulante y positiva. Para otros puede ser un periodo de estrés, ansiedad o depresión. La época de exámenes es la que concentra el mayor índice de casos. Un 20,84 % de los universitarios asegura sufrir elevados niveles de ansiedad a la hora de enfrentarse a las pruebas académicas, según un estudio realizado con 28.559 alumnos de 16 universidades españolas en 2005 y publicado en la revista Education.
Las situaciones de tensión y nerviosismo son habituales en los campus; la universidad supone un salto importante en la demanda académica y dispara la autoexigencia. “Todo el mundo siente ansiedad ante los exámenes, es una reacción habitual. A veces, es incluso deseable, porque nos permite rendir más. El problema es cuando se da de forma continua e interfiere en el plano académico y personal”, apunta Ignacio Fernández, psicólogo de la Clínica Universitaria de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid.
La ansiedad es un estado en el que aparecen sentimientos de aprensión, incertidumbre y tensión por anticipar una amenaza real o imaginaria, según la definición de la estadounidense Diane Papalia, psicóloga y experta en desarrollo cognitivo de la Universidad de Virginia Occidental. La ansiedad continuada puede impedir al estudiante alcanzar los objetivos que se propone. Estudiar, ir al examen y aprobar se convierten en obstáculos insalvables.
¿Cómo se puede identificar? Hay síntomas que son fácilmente observables: nerviosismo intenso desde el punto de vista fisiológico (palpitaciones, tensión muscular o incremento de la sudoración); aceleración del pensamiento; anticipación de futuros fracasos; bloqueo (que en ocasiones puede provocar que el estudiante no quiera acudir al aula); problemas para conciliar el sueño; trastornos estomacales o mayor irritabilidad. Hay casos leves que se manejan con tres o cuatro pautas y otros más graves que requieren terapia, tratamiento farmacológico o ambos, señala Ignacio Fernández, que asegura que en época de exámenes los estudiantes acuden más a la clínica de la Complutense.
Lo primero que se debe hacer es consultar a un experto para obtener un diagnóstico. “Hay alumnos que tienen tanto miedo a suspender que dejan de ir a clase, se quedan en blanco durante la prueba o no rinden a la hora de estudiar”. Para evitar estos extremos, Fernández recomienda mejorar la planificación y fijarse objetivos a corto, medio y largo plazo. Metas diarias o semanales. “Hay que escoger un espacio cómodo para el estudio y que sea exclusivo para esa actividad. Además, es importante planear las sesiones de estudio: empezar con contenidos de dificultad media, luego alta y finalmente baja”. Es conveniente programar descansos de unos 30 minutos para combatir la fatiga y reservar horas para el ocio y el descanso para rendir más el día siguiente y conciliar mejor el sueño.
Abordar la ansiedad con técnicas de relajación es otro de sus consejos. “El estudiante debe ser consciente de lo que le pasa. Concentrar la atención en la respiración y hacerla progresivamente más profunda y lenta ayuda a desconectar, calmarse e iniciar el estudio en condiciones óptimas”, recalca.
El caso de Reino Unido
La presión académica, las preocupaciones por encontrar un empleo en el futuro o la subida de la tasa de la matrícula pueden afectar a la estabilidad emocional de los universitarios. Los síntomas del estrés y la ansiedad se manifiestan en un 30% de los casos durante la noche, según un estudio elaborado por Nightline Association, una asociación impulsada y gestionada por estudiantes que ofrece atención nocturna presencial, telefónica y telemática a alumnos en más de 92 universidades británicas.
Esta iniciativa, nacida en la Universidad de Essex en 1970, se basa en dos principios: confidencialidad y anonimato. “Muchos estudiantes se sienten mal cuando llega la noche y termina el bullicio del campus. Ese momento de soledad hace que aparezcan sus miedos y se sientan desamparados. Para eso estamos ahí nosotros, una red de miles de voluntarios que nos limitamos a escucharles sin emitir juicios de valor”, cuenta Brendan Mahon, doctorando de 25 años en la Universidad de Cambridge y responsable de Nightline Association.
Según un estudio elaborado sobre 1.000 universitarios británicos en 2013 por este colectivo, que ofrece este servicio de forma gratuita, el 75% de ellos sufrió en algún momento angustia psicológica: el 65% estrés, el 43% ansiedad y el 29% preocupación por no encajar. Durante el pasado año, atendieron un total de 17.500 demandas de atención. Algunos campus disponen de espacios a los que los estudiantes pueden acudir a lo largo de la noche para compartir sus preocupaciones con alguno de los voluntarios, que previamente han recibido una formación para proporcionar información de utilidad a los afectados. “Si es necesario les derivamos a servicios de salud mental. El hecho de hablar con otro igual hace que las barreras para comunicar un problema no sean tan altas”, apunta Mahon.
Un informe del Royal College of Psychiatrists considera que un entorno de apoyo emocional entre personas de la misma edad y condición favorece la prevención de problemas de salud mental, sobre todo entre jóvenes. El leitmotiv de este colectivo es escuchar sin juzgar.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Así se ve el placer y el dolor en el cerebro

psiquiatria-NEUROCIENCIA

Un estudio desvela cómo funcionan dos circuitos neuronales claves para las emociones.
El hallazgo puede ayudar a comprender mejor la ansiedad, la depresión o la adicción a las drogas.

NUÑO DOMÍNGUEZ | El País | 29/04/2015                                                            

En la vida, todos los comportamientos posibles se resumen en dos: buscar placer y evitar el dolor. Lo dice la neurocientífica del Instituto Tecnológico de Massachusetts Kay Tye. Para hacerlo y seguir vivo hace falta un cerebro capaz de almacenar memoria emocional, recuerdos malos y buenos que nos dicen cómo actuar cuando volvemos a encontrar amenazas o premios. Por ahora es un misterio cómo diferentes redes de neuronas dentro del encéfalo se encargan de procesar toda esa información. Para intentar aclararlo, un nutrido equipo de neurocientíficos de EE UU ha analizado en directo el cerebro de ratones que experimentaban dolor o placer gracias a nuevas técnicas de neuroimagen. Los resultados muestran que los circuitos cerebrales que controlan las experiencias positivas y negativas están conectados y pueden anularse unos a otros. Las experiencias dolorosas no solo serían malas por sí mismas sino que además debilitarían la capacidad para procesar nuevas sensaciones agradables. Esto, piensa Tye, puede tener importantes implicaciones para el estudio de trastornos como la ansiedad, la depresión o la adicción a las drogas que podrían originarse cuando estas conexiones se desbaratan.
Ambos circuitos cerebrales se contrarrestan "como un péndulo"
“Estos circuitos son muy parecidos en ratones y humanos y creo que nuestros hallazgos pueden ser muy relevantes para las personas”, explica a Materia TyeSu equipo presenta hoy en Nature una instantánea de esos dos entramados de neuronas en pleno funcionamiento. Lo han conseguido introduciendo moléculas fluorescentes en el cerebro de ratones que bien sufrían unas pequeñas descargas eléctricas o recibían una golosina justo después de escuchar un sonido de alarma. Así han podido dilucidar qué neuronas intervienen en cada uno de los circuitos y, más importante aún, han visto cómo ambos están interconectados. Para comprobar cómo funciona cada uno, el equipo de Tye ha utilizado una técnica muy novedosa conocida como optogenética y que permite activar o desactivar una parte del cerebro a voluntad con luz. Eso les ha permitido demostrar que cuando se estimulan los circuitos que canalizan las experiencias placenteras, el circuito opuesto se bloquea y los ratones pierden la capacidad de aprender de experiencias dolorosas y viceversa.
Hasta ahora, la mayoría de estudios mostraban que el cerebro usa una sola parte para codificar experiencias buenas y malas: la amígdala basolateral. El estudio publicado hoy desvela que ambos circuitos, formados por miles de neuronas, parten de este lugar para bifurcarse a través de sinapsis, o conexiones con otras neuronas, en partes del cerebro específicas para buenos recuerdos y sentimientos de recompensa (el núcleo accumbens) o dolor y miedo (la amígdala centromedial). El equipo, financiado por el Instituto Nacional de Salud Mental de EE UU, ha podido caracterizar la anatomía y la genética de ambos circuitos cerebrales que explican la extraña compenetración entre ambos, “como si fueran un péndulo”, define Tye.
“Nuestro trabajo muestra que hay una interacción entre la valencia positiva y negativa [de las sensaciones] y creemos que por eso es relevante para el estudio psiquiátrico”, resalta. “El estrés crónico y la ansiedad grave pueden conducir a la depresión, que puede estar relacionada con la supresión de los circuitos de recompensa debido a que los circuitos del dolor o el miedo están hiperactivos”, detalla.
Redescubrir el cerebro
Usar la optogenética en humanos para regular ambos circuitos es imposible, pero este equipo y muchos otros piensan que las enseñanzas de este tipo de estudios pueden encaminarse hacia la búsqueda de nuevos tratamientos. “Desvelando el perfil genético de estos circuitos intentamos dirigirnos a un futuro en el que tengamos nuevos medicamentos o tratamientos que, al contrario que las drogas actuales, se dirijan a la plasticidad de las sinapsis ”, añade Tye.

El neurocientífico español Luis de Lecea, que no ha participado en la investigación, subraya su importancia para entender el funcionamiento del encéfalo en un nivel de detalle impensable hasta ahora. “La amígdala era una zona muy difícil de investigar porque es como un ovillo en el que las neuronas están enredadas”, señala. El nuevo trabajo ha sido el primero en desvelar que la valencia positiva o negativa de las emociones no depende de la neurona en sí, sino de sus conexiones con otras neuronas en otras partes del cerebro, resalta De Lecea, que dirige un grupo de investigación en la Universidad de Stanford (EEUU) sobre estrés y adicción. El trabajo entronca con toda una nueva disciplina dentro de la neurociencia que, gracias a la optogenética, está “redescubriendo el cerebro y observando la estructura detallada de sus conexiones tanto en un cerebro sano como en distintas enfermedades”, resalta. El objetivo final, claro, es saber si se puede reconectar el cableado para curarlas.


Pequeños hábitos que lastran nuestra felicidad

PSICOLOGIA
Lo hacemos casi instintivamente. Recordamos con vergüenza y nos recriminamos la debilidad. Así nos machacamos sin querer

CARLOS CARABAÑA | eL pAÍS | 28/04/2015
                                                                     
En la Encuesta de Condiciones de Vida del INE un 63,6% de la población valora su satisfacción global con la vida entre los siete y los diez puntos. Buena cifra, pero significa que hay un tercio que no cree que su vida en general merezca más de un seis en felicidad. Lo cual no deja de ser curioso porque al tratarse la felicidad de un estado mental, ¿no debería uno poder influir en él?
“Tenemos unos 4.000 pensamientos al día y el problema es que no los controlamos”, dice la psicóloga María Jesús Álava, directora de una clínica homónima y autora del libro Las tres claves de la felicidad. “Muchos están distorsionados, son catastrofistas y no son objetivos, del tipo 'Nada tiene solución, toda falla, siempre me ocurre lo mismo...' que nos llevan al límite y nos influyen de forma clara en nuestras emociones”. Es decir, el problema no es tanto lo que pasa sino cómo decidimos abordarlo.
Este tipo de pensamientos, en su opinión, causan una serie de hábitos que califica de tremendos. “Nos machacamos sin piedad, principalmente cuando hemos tenido un acontecimiento poco satisfactorio. Y deberíamos hacer justo lo contrario debido a que estamos especialmente débiles y vulnerables. Otro sería recriminarnos y traer a la memoria hechos pasados en los que actuamos de manera poco hábil, ya que el cerebro no distingue el tiempo verbal y los vivimos como si estuvieran pasando ahora, llevándonos a la inseguridad y la insatisfacción”. Para completar la lista: dejar que los demás nos culpen de sus problemas y sufrir por lo que no tiene solución.
Con esta filosofía, la doctora recomienda fijarse más en los hábitos que conviene potenciar. Aceptar la condición humana, llena de errores; asumir el desconocimiento y la falta de control sobre la vida, sobre todas sus variables; animarnos en los momentos duros; cambiar de actitud; usar el sentido del humor en las situaciones más límite; comprender que las cosas pueden tardar más en llegar de lo que desearíamos... “Tenemos que desarrollar al máximo el pensamiento lógico, que hay mucha gente que lo tiene atrofiado. La felicidad está en nuestras manos".
Álava reflexiona que el problema puede venir de que una educación centrada en lo negativo –“desde pequeños nos hacen prestar atención cada vez que hay un problema en vez de cuando pasa algo positivo”. Desde su consulta observa que adolescentes y jóvenes son los que cada día acuden más a solicitar sus servicios. “Cada vez tienen menos recursos ante la vida, pero a unos niveles tremendos, rindiéndose a las dificultades, con poca resistencia a la frustración ya que no los hemos preparado para luchar en condiciones de adversidad”. El motivo en su opinión es la sobreprotección.

Con esto en mente, un equipo de psicólogos de su centro, en colaboración con la Autónoma de Madrid, ha desarrollado Gomins, una aplicación para Android e iOs con el conocimiento de los 15.000 casos que asegura haber revisado. “Los juegos están diseñados para reforzar las competencias que necesitan los niños en el presente actual”. Algo que si ocurre desde luego los podrá ayudar en su futura existencia.


domingo, 3 de mayo de 2015

Entrevista al psiquiatra Jorge L. Tizón, autor del libro "El poder del miedo"

Jorge L. Tizón : "La tensión por el miedo puede provocar contracturas o artrosis".

El psiquiatra analiza en el libro 'El poder del miedo' la influencia que ejerce en las personas y la sociedad actual.

JUDITH MARTÍNEZ | Barcelona |La Vanguardia | 25/02/2013

En su último libro El poder del miedo, el  doctor Jorge L. Tizón reflexiona sobre la creciente influencia de los medios de comunicación en nuestra conducta. Gracias a ellos “los temores se multiplican y aparecen más terribles de lo que en realidad son”, alerta este psiquiatra, psicoanalista y neurólogo, distinguido  con varios premios a la excelencia médica, como el que otorga el Colegio de Médicos de Barcelona.

-¿Qué es el miedo?
-Es una de las emociones humanas más básicas, preprogramada desde el nacimiento.

-Parece una emoción asociada a los niños y, sin embargo, actualmente está en boca de muchos adultos…
-Como el resto de las emociones, el miedo nos acompaña durante toda la vida, forma parte de nuestra constitución y de nuestra dotación genética como especie. No podemos eliminarlo, pero sí aprender a soportarlo o a enfrentarnos a él.

-Juan sin miedo, no existe…
-Sería un muerto.  Imagínate si no tuviéramos miedo a ser atropellados por un coche, o un autobús. ¿Cuánto duraríamos en una gran ciudad?  Hay un tipo de miedo fundamental  para preservar al individuo y a la especie.

-¿A qué tenemos miedo?
-Existen los miedos específicos (o fundamentales) como el miedo a la oscuridad, a las alturas, o a la soledad. Por otro lado,  los miedos personales, que se desarrollan en el ámbito de la  familia y de los grupos sociales, que, siendo la permanencia de los anteriores y presidido por el miedo a tener miedo,  pueden degenerar en patologías o fobias.  Y por último, los que tienen que ver con la cultura y la sociedad, como el miedo al terrorismo, a la impopularidad, a pasar desapercibidos, a la dependencia, el paro, la pobreza, la soledad, la caída de los sistemas de pensiones, sanitarios, de enseñanza…

-¿Vivimos en una sociedad sometida al miedo?
-La teoría dominante del contrato social, de Hobbes, afirma que nos unimos en sociedad precisamente por el miedo.  Y que el miedo es el cohesionador social fundamental.  El estado debe ser el gran Leviatán, el monstruo más poderoso, que impida los atentados contra el orden establecido…

-Entonces, ¿solo nos unimos por el miedo a…?
-Es una teoría dominante, pero no la única.  También nos juntamos  por otras emociones, como el deseo de conocimiento, de obtener placer, alegría. No solo nos unimos para evitar la soledad, sino porque nos gusta conversar, compartir...

-¿Existen los miedos infundados?
-Al contrario, todos tienen su base. El miedo a perder la seguridad económica, provoca situaciones de gran alteración social, de profunda manipulación de las conciencias y voluntades. Es un miedo omnipresente que dificulta nuestro desarrollo social e individual. Pero no siempre somos conscientes de que es así…

-¿Qué tipo de acciones positivas provoca el miedo? Tengo miedo a perder el trabajo, entonces trabajo mejor…
-El miedo es una forma de conocimiento, pero tiene sus limitaciones. En referencia al ejemplo anterior, el miedo a perder el trabajo difícilmente hará que  trabajemos mejor: trabajaremos y nos esforzaremos más, pero para trabajar mejor hará falta que se impliquen otras emociones. Sin embargo, ayuda a modular otras, como la ira, o a preservar nuestra integridad, y a evitar rupturas, pérdidas  o situaciones dañinas.

-¿Cuándo es negativo?
-Cuando es excesivo, y limita nuestro pensamiento, nuestra capacidad de captar el mundo, la naturaleza, las relaciones sociales, el placer o el conocimiento.

-¿Qué efectos provoca en nuestro organismo?
-La tensión crónica provocada por el miedo puede causar contracturas, artrosis,  y otras enfermedades orgánicas… También sabemos, que si es grave y persistente, la expresión de determinados genes y componentes genéticos cambia. Por eso es importante proteger el desarrollo de los seres humanos del miedo excesivo y crónico.

-¿Cómo debemos proteger a nuestro hijos?
-Hay que evitar abandonos afectivos, abusos sexuales o físicos, así como situaciones sociales desbordantes, como el hambre, el paro…

-¿Cómo se puede gestionar el miedo a lo imprevisible?
-¿Por qué hay que tener miedo a lo imprevisible? Ese es un pensamiento dominado por el miedo.  No hay que tener miedo a la sorpresa, pues es la base del humor, del aprendizaje, de la creatividad, de la innovación…

-¿Por eso las empresas dominadas por el miedo son menos creativas?
-Exacto. Y tienen peores resultados que las que logran crear un clima en el que predominan otras emociones, como el placer, la alegría, la solidaridad…

-En cambio, se utiliza el miedo para preservar el poder
-Históricamente, lo han utilizado tiranos, conquistadores…  Sin embargo, actualmente existen métodos más sofisticados de difundirlo, como la publicidad, el marketing, y los medios de comunicación masivos, convirtiéndolo en arma de destrucción masiva. Cualquier gobierno intenta controlar esos medios porque conocen su poder; el poder de controlar a sus ciudadanos.

-¿En qué medida afectan las cifras del paro?
-Si el miedo a perder el empleo nos llega a dominar, este dará lugar a pensamientos aterradores y a una predisposición contraria al cambio, a la sorpresa.

- ¿Cómo neutralizarlo?
-Hay terapias psicológicas, basadas en los beneficios de la distracción, la fantasía, la imaginación guiada; también técnicas de relajación, el deporte.  Para los casos más patológicos, tenemos el recurso de los ansiolíticos y los antidepresivos.

-Existen personas miedosas o personas que tienen miedo a hechos, circunstancias...
-Es miedosa una persona especialmente sensible al miedo. Pero si puede modularlo, no tiene por qué ser patológico. El miedoso suele reaccionar con gran sensibilidad para captar situaciones potencialmente peligrosas,  expresándolo con un sudor excesivo, temblando, anulando su capacidad para pensar con claridad. 

sábado, 2 de mayo de 2015

Comer sin sufrir

PSICOLOGÍA

Ingerir alimentos de forma compulsiva puede enmascarar frustración, rabia o tristeza.

Si es de las personas angustiadas con la comida y las dietas, siga algunos consejos para volver a disfrutar de la comida de forma relajada y en armonía.

PATRICIA RAMÍREZ  |  El País  |  30/01/2015                                                        

 “Tengo una terrible angustia que me lleva a comer de forma compulsiva. Me siento nerviosa, estoy frustrada en mi trabajo, llego a casa y todo son problemas: los niños y sus deberes, mi marido llega tarde porque está hasta arriba, no consigo seguir una dieta y estar motivada para perder peso, y me siento culpable cada vez que me salto el régimen. La ansiedad la calmo atracando el frigorífico. Pico sin ganas y me acabo las sobras de los niños de la cena. Me encantaría poder comer en paz, disfrutar de la comida en lugar de engullirla y saber parar cuando no tengo apetito. Quiero perder peso, pero estoy metida en un bucle que no me deja vivir”.

Comer de forma compulsiva puede ser un comportamiento sustitutivo. No siempre se realiza por el propio placer de comer, sino que se lleva a cabo para enmascarar emociones como la frustración, la rabia, la tristeza o la ansiedad provocadas por el estilo de vida, las circunstancias de cada uno o la forma de interpretar el entorno que está viviendo.

Comer puede ser, además de una conducta vital para la supervivencia, un placer. No solo el acto en sí, sino toda la parafernalia que conlleva: el arte de cocinar, compartir una velada con alguien, la sobremesa y sus temas de debate. Pero también puede convertirse en el enemigo; la nevera, el rival al que hay que derrotar; un cálculo matemático contando calorías, el desencadenante del sentimiento de culpabilidad por tomar lo prohibido y una verdadera lucha contra usted mismo.

¿Por qué la ansiedad o la tristeza llevan a comer alimentos calóricos, ricos en grasas e hidratos de carbono? Son muchos los estudios que demuestran que alimentos como el chocolate reducen el hambre, elevan el estado de ánimo y provocan un aumento de la activación. El consumo de carbohidratos lleva a estados de bienestar y tranquilidad, y el azúcar influye en la liberación de serotonina y de endorfinas. Pero no es oro todo lo que reluce, porque un artículo de la British Journal of Clinical Psychology afirmó que aunque el chocolate proporciona placer, este es de corta duración y va acompañado de sentimientos de culpa para aquellos que consideran que no lo deben tomar.

Serotonina y endorfinas desempeñan un papel fundamental en la regulación del bienestar. Las personas a las que su trabajo no les llena, que se sienten solas, que se atan a dietas imposibles de seguir o que viven otras situaciones frustrantes terminan por buscar consuelo en la comida en lugar de soluciones al problema de origen. Ahogar las penas abriendo la puerta de la nevera, mantener una lucha interna entre “quiero comerlo, pero no debo”, solo le lleva a parchear las emociones. Si realmente fuera eficaz, recuperaría su sonrisa y su tranquilidad. Pero lo cierto es que al rato se vuelve a estar tan triste y ansioso como antes de comer lo que no era una elección, sino un impulso por saciar su ansiedad.

La relación entre emociones y alimentación es bidireccional. Lo que se ingiere provoca cambios en la conducta: la cafeína del café excita y despierta, el azúcar y la glucosa dan energía y el consumo de alcohol desinhibe. Los estados de humor afectan también a los hábitos de alimentación. Una vida equilibrada favorece conductas saludables. Si alguien practica deporte, descansa de forma apropiada, disfruta con su trabajo, aprovecha su tiempo libre, dispone de tiempo para comer de forma pausada y cocinar sano, tenderá a alimentarse mejor. Una persona que se esfuerza por hacer ejercicio también se esforzará eligiendo alimentos saludables.

Otra de las variables que llevan a angustiarse con la comida es la necesidad absurda de responder a un canon de belleza que se relaciona con lo perfecto. Perder peso de forma sana, como aconsejan los nutricionistas y dietistas, es más de sentido común que de experimentos privativos que luego generan un efecto rebote y modifican su humor.

Vivir en paz para comer con tranquilidad. Si es de las personas angustiadas con las dietas y el peso y desea disfrutar de comer y hacerlo de forma relajada y con armonía, puede seguir los siguientes consejos:
Tenga paciencia y consiga un ritmo en el que todo fluya. Perder peso no es algo de hoy para mañana. Cuanto más exigente sea con su objetivo, mayor será la presión. No se trata de todo o nada. Lo que se quiere conseguir de forma inmediata puede generar un efecto rebote.
No abuse del autocontrol. La investigación sobre la fuerza de voluntad y el autocontrol asegura que tener capacidad para decir no y decidir lo correcto es un factor de éxito. Pero si tensa la cuerda y no se permite de vez en cuando un margen de error, igual le llevará a un fracaso mayor.
Planifíquese. Si no quiere comer lo que no está en sus planes, tenga la despensa llena de lo que sí está en ellos. Póngaselo fácil.
Visualice dónde quiere llegar y cómo será su vida cuando consiga el objetivo. Imagine el tipo de ropa que se podrá poner o lo cómodo que se sentirá al caminar. Podrá empezar a practicar deportes que ahora le cuestan o dejará de tener dolores en articulaciones y complicaciones debidas al sobrepeso.
Sea flexible con usted mismo. No tiene que ser perfecto, exigirse mucho y no permitirse un margen de error elevará su nivel de ansiedad e insatisfacción. De vez en cuando, y de forma planificada, decida en qué va a transgredir la dieta.
Busque argumentos.  Habrá mucha gente que le incite a romper su plan, porque fracasar en la dieta y caer en lo que no debe le convierte en “uno de los nuestros”. Utilice la técnica del disco rayado. Consiste en repetir una y otra vez, con el mismo tono de voz, la misma frase: “Gracias, prefiero seguir la dieta”.
Disfrute de la comida. Busque tiempo para comer tranquilo, aunque sea media hora.
Retrase, no prohíba. Cuando sienta la necesidad imperiosa de lanzarse al dulce, no se martirice con un debate interno entre “venga, hombre, si no es nada” y “dónde vas con lo que llevas ya conseguido, ¡ni se te ocurra!”. Trate solo de retrasar el deseo en lugar de prohibirse el capricho.
Practique el buen humor y haga cosas que le plazcan. Disfrute de la vida. No todo es perder peso. Haga deporte, salga con amigos, lea y busque el placer en nuevos hobbies. Si su estado de ánimo es positivo, no necesitará acudir a la comida para sentirse mejor.

A veces no son los kilos los que pesan, sino la mochila llena de frustraciones, obligaciones, estar sometido al qué dirán o ser un actor de reparto en la película de la vida de cada uno. Antes de empezar a tachar alimentos de la lista, elimine lo que le aprieta en su vida.