miércoles, 9 de diciembre de 2020

La obsesión por ser feliz todo el tiempo te hace miserable

                                              

ANA TORRES MENÁRGUEZ     |     Madrid     |     El País     |     04/10/2019

El psicólogo israelí Tal Ben-Shahar, 25 años profesor en Harvard, cree que el gran mal del siglo XXI es que no se busca tiempo para el descanso

Tal Ben-Shahar (Ramat Gan, Israel, 1970), doctor en Psicología y Filosofía por la Universidad de Harvard, donde fue profesor 25 años, lleva otros tantos estudiando la felicidad. Como muchos otros expertos, cree que el gran enemigo del bienestar es el estrés: el 94% de los universitarios estadounidenses lo sufren. "Es la nueva pandemia global", dice en alusión al calificativo empleado por la Organización Mundial de la Salud. Los médicos lo llaman el "asesino silencioso", cuenta. Pero el psicólogo israelí cree que durante años se ha estado mirando al lado equivocado; no hay que estudiar los factores que lo provocan, sino las conductas que no lo curan. "Hemos dejado de darle importancia al descanso, a la recuperación y no basta con el sueño", apunta.

Ben-Shahar cambió hace unos años Boston por Nueva York y ahora imparte un seminario sobre la felicidad en la Universidad de Columbia, además de dirigir el Happiness Studies Academy, una plataforma online con cientos de estudiantes interesados en aprender a gestionar sus emociones. Desde hace años tiene claro el diagnóstico: la felicidad constante no existe.

Esta semana ha participado en EnlightED, un evento sobre el futuro de la educación y su relación con la tecnología organizado en Madrid por South Summit, la Fundación Telefónica, IE University y la Fundación Santillana.

Pregunta. ¿Existe un sistema inmune psicológico? ¿Hay personas que tienen mayor tendencia a la tristeza?

Respuesta. La genética marca la diferencia. Por ejemplo, yo no nací con una genética ligada a las emociones positivas. De niño sentía ansiedad, igual que mis padres y abuelos; la hemos padecido generación tras generación. El hecho de ser infeliz hizo que me interesara por este campo: la ciencia de la felicidad. En los años setenta, en Estados Unidos, se hizo una serie de investigaciones sobre gemelos con idénticos genes. Se les separó al nacer, fueron criados en países distintos, con economías diferentes. Pasados los años se observó que había muchas similitudes en cuanto a sus niveles de bienestar, su comportamiento e incluso sus pasiones. De media la felicidad depende en un 50% de la genética, en un 40% de las elecciones personales y en un 10% del entorno. Esos porcentajes pueden cambiar en situaciones extremas, como una guerra.

P. ¿Cómo se miden los niveles de felicidad en el cerebro?   

R. Hay patrones cerebrales que están asociados con la felicidad, con la depresión o con la rabia. No es solo una parte, sino múltiples que trabajan de forma conjunta. Un ejemplo es la corteza prefrontal: la parte izquierda se asocia con las emociones positivas y la derecha, con las negativas. Es importante conocer los hallazgos en este campo para entender que con nuestra conducta podemos mejorar los niveles de bienestar.

P. Hay un boom, cientos de best sellers sobre el tema. ¿Nos preocupamos más ahora por intentar ser felices? 

R. No, es algo ancestral. Hace 2.500 años, Aristóteles escribía sobre ello. La Biblia también trata ese tema. Siempre ha sido parte de nuestro pensamiento. La diferencia es que ahora tenemos más tiempo libre y a eso se suman unas expectativas de vida irreales. El resultado es que nos sentimos infelices porque no entendemos lo que es la felicidad.

P. ¿Qué es la felicidad?

R. No es posible estar siempre feliz. Las emociones negativas, como la rabia, el miedo, o la ansiedad, nos hacen falta. Solo los psicópatas están a salvo de eso. El problema es que, por falta de educación emocional, cuando las sentimos, las rechazamos, y eso hace que se intensifiquen y que nos domine el pánico. Si bloqueamos una emoción negativa, igualmente lo hacemos con las positivas. Hay que sentir el miedo y ser conscientes de que tiramos hacia adelante con él. No es resignación, sino una aceptación activa. Cuando nació mi hijo David, al mes empecé a sentir celos de él. Mi esposa le dedicaba más atención que a mí. En ocasiones las emociones se polarizan, llegamos a extremos y no por ello somos mejores o peores personas. Somos humanos.

P. Según un reciente estudio de la agencia europea Eurofound, los niveles de estrés están aumentando en la escuela y la transición de los jóvenes hacia la vida adulta se complica por las expectativas de sus padres y las presiones de la sociedad.

R. Las expectativas tienen un papel clave en la felicidad. La más peligrosa es creer que se puede estar en la cresta de la ola de forma constante. La obsesión por ser feliz todo el tiempo hace que la gente se sienta miserable. En los últimos años las redes sociales han influido bastante; ver las caras sonrientes de los demás, sus relaciones de pareja idílicas, un trabajo ejemplar. Cuando sentimos tristeza o ansiedad esas imágenes refuerzan nuestra idea de que algo estamos haciendo mal. Pero nada de eso es real, todos vivimos en una montaña rusa emocional. Es inevitable y no es malo.

P. El 14% de los jóvenes europeos entre 15 y 24 años está en riesgo de sufrir depresión —según el último informe de Eurofound— y lideran el ranking países como Suecia (con una tasa del 41%), Estonia (27%) y Malta (22%). En España, donde la tasa de desempleo juvenil es más elevada, está por debajo del 10%. ¿Qué está fallando?

R. Te pondré otro ejemplo. En Estados Unidos cada cinco años se miden los niveles de salud mental, que suelen variar un 1% hacia arriba o abajo. En el último periodo, los resultados han sido muy diferentes: entre adolescentes, los niveles de depresión han crecido hasta en un 30%. Uno de los motivos es que están disminuyendo las interacciones cara a cara, se sustituyen por el smartphone. Las relaciones personales son un antídoto contra la depresión.

P. En el siglo XIX se trabajaba hasta 18 horas diarias y ninguna ley impedía hacerlo 24 si era necesario. Hoy tenemos mayor calidad de vida. ¿Cuál es la raíz de la insatisfacción permanente?

R. La expectativa de vida de los trabajadores era proveer suficiente comida a su familia para sobrevivir. Hoy pensamos en ganar más dinero, en las vacaciones soñadas... Hoy lo puedes hacer todo; aunque tengas un empleo interesante y te gusten tus colegas, no es suficiente. Como puedes elegir y cambiar, nunca estás satisfecho.

P. ¿Cómo puede la escuela prepararnos para saber lo que es la felicidad?

R. Hay que enseñar a cultivar relaciones sanas, a identificar propósitos y sentido en lo que hacemos. Y lo más importante: a encontrar tiempo para el descanso. Las investigaciones han demostrado que ese el gran problema, que no nos recuperamos del estrés. No vale con leer best sellers de autoayuda, hace falta una acción. En el trabajo, hacer un parón cada dos horas de 30 minutos, o de 30 segundos si trabajas en Bolsa, pero desconectar y respirar. Tomarte un día libre. Aprender que la felicidad no es un código binario, de uno a cero, sino un subir y bajar. Es un viaje impredecible que termina cuando mueres.

lunes, 7 de diciembre de 2020

Beneficios de salir con los amigos para nuestra salud emocional


Elena Martínez Blasco    |   Mente sana   |   20/07/2020

( Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña el 20/12/2018

Además de ayudarnos a desconectar de los problemas, salir con los amigos nos permite ser más empáticos y nos proporciona a su vez un gran apoyo psicológico

Aprende a mostrar a tus amigos tus sentimientos, tus proyectos o anhelos. Así podrás disfrutar del aporte de felicidad, del apoyo emocional y de los incontables años de buenos momentos a su lado. El ser humano, por naturaleza, es un ser social. Necesita, como tal, desenvolverse en con los demás. Con el propio instinto de supervivencia nos aliamos o relacionamos con quienes son más afines a nosotros.


Por lo tanto, de nuestra propia necesidad de socialización, protección y de darnos a los demás sale una de las cualidades más bonitas del humano: los vínculos de amistad con los demás. Si quieres conocer más, sigue leyendo este artículo…

Un apoyo emocional

En la amistad entre dos o más personas no hay límites, ni reglas escritas sobre cómo deben ser las cosas. No obstante, es muy recomendable buscar tiempo para estar con los amigos como una prioridad. Salir con ellos nos nutre el alma, nos confiere soporte anímico, nos regala vitalidad. Además, aporta distensión en nuestra vida y nos sirve para abrir la mente y enfrentar mejor nuestro camino personal.

 

Por esto, ambas partes deben regar el árbol de la amistad, para que con los años crezca firme este bastón. Lo más probable es que necesitemos apoyarnos en él muchas veces. En este sentido, las tecnologías han ayudado a la comunicación entre las personas ya que, en ocasiones, los avatares de la vida nos hacen vivir a gran distancia. No obstante, tenemos que buscar tiempo para tomarnos ese café o llamarnos para contarnos qué tal nos ha ido el día. No hace falta un motivo, no es necesario que sea lógico. Solo hazlo, acércate a tu amigo.

Una vida más activa

Compartid vuestros gustos en común. Cualquier actividad que os aliente a salir de casa para estar juntos os sumará múltiples beneficios. No obstante, no debemos olvidar que jamás tenemos que dejar de lado a nuestra familia. Además, debemos cumplir nuestras obligaciones en el rol que tengamos dentro del hogar.

·        Hay muchas actividades comunes para salir con los amigos: cine, teatro, deportes, viajes, gastronomía, etc. El simple hecho de salir de tu zona de confort en el día a día puede reducir tu nivel de estrés laboral, despejar tu mente y hacerte, en definitiva, mejor persona.

·        Existen una gran cantidad de actividades para grupos en las que podréis relajaros y pasar momentos inolvidables.

·        Lo importante es reunirse, crear nuevas historias, anécdotas y sentir que mutuamente cuidamos y nos dejamos cuidar por estas personas tan necesarias que llamamos amigos.

Desarrollar la empatía

Tanto la alegría como el dolor que puede experimentar un buen amigo, en muchos casos, se vive como algo propio. Los problemas de los amigos solemos hacerlos nuestros, como si esas buenas o malas situaciones nos pasaran a nosotros mismos. Por lo tanto, salir con los amigos nos humaniza, nos hace más sensibles a lo que otros puedan estar sufriendo y, por consiguiente, más empáticos y abnegados.

Te recomendamos leer: 3 tipos de amistad según Aristóteles

Aprender a llegar a acuerdos

El hecho de salir en un grupo de amigos nos obliga a tomar pequeñas o grandes decisiones en común. Desde algo sencillo, como elegir una película, hasta planear un largo viaje; no siempre vamos a estar de acuerdo o va a ser de nuestro gusto personal lo que otros decidan.

 

·        Es muy beneficioso aprender a alcanzar acuerdos, a respetar ideas, incluso, contrarias a la nuestra.

·        Compartir experiencias en grupo nos fuerza a ser más flexibles y condescendientes con las opiniones ajenas.

Los amigos, nuestra segunda familia

Es muy común que los cónyuges e hijos de ambos amigos salgan juntos. Suele ser habitual ver en cafeterías con zonas para niños, cómo los hijos de varios amigos juegan juntos y empiezan a crear su propia amistad. Como si de una segunda generación de amistad se tratase, los lazos que se generan con los amigos benefician también a nuestras familias. De este modo, también los hace partícipes a ellos.

Conclusión

En conclusión, salir con los amigos sirve para sentir el pulso de nuestra propia vida, para asegurarnos una rutina activa y original, para ser más comunicativos, para saber escuchar a otros y ponernos en su lugar y para lograr una estabilidad emocional. Con ellos lograremos tener personas incondicionales a nuestro lado que nos ofrecerán lo mejor de sí mismos.

 

Los amigos te ayudan a sobrellevar el dolor 

Los buenos amigos deben ser cuidados como se merecen, pero también es necesario permitirles que nos ayuden cuando más lo necesitemos.

sábado, 5 de diciembre de 2020

Neuropsiquiatra: la gente ha perdido la confianza y eso aumenta el estrés


BEGOña fernández – REDACCIÓN   |  Madrid   |   La vanguardia  | 22/11/2020 

(EFE).- La presidenta de la Sociedad Española de Especialistas en Estrés Postraumático y neuropsiquiatra, Rafaela Santos, advierte de que la segunda ola de la pandemia está provocando más problemas psicológicos que la primera y eso se debe a que "la gente ha perdido la confianza, y esa desesperanza genera estrés y depresión".

En una entrevista con Efe, Santos, que también preside el Instituto Español de Resiliencia (IER), se muestra preocupada por "lo que pueda venir" que, en su opinión, "será peor" si no se ponen recursos destinados a la prevención del estrés, y pide a los políticos que encuentren un equilibrio entre la "prudencia y el miedo" porque "los mensajes negativos hacen mucho daño".

Esta experta en salud mental explica que cuando se pone fecha al final de un confinamiento, el cerebro "ve la luz al final del túnel" pero cuando se plantea un nuevo cierre, "el mensaje de miedo provoca estrés" por lo que entiende que esas "pildoritas" que manejan los políticos tienen que ser "coherentes" para no provocar más incertidumbre.

Para esta neuropisquiatra, los más vulnerables al estrés (que en España con la pandemia afecta ya a una de cada tres personas) son las personas que han roto su estructura económica, que han perdido su trabajo y carecen de recursos básicos para sobrevivir.

"Si el nivel económico baja mucho, y eso es una realidad, influirá en el estrés, en la ansiedad y en la depresión", avisa.

También preocupa el nivel de estrés de los sanitarios sometidos a una gran presión desde el inicio de la pandemia.

Por edades, la población mayor, que físicamente es la más vulnerable, no lo es mentalmente ya que tiene "una ventana de la tolerancia a las adversidades" más amplia que los jóvenes.

Por eso, son los jóvenes con edades entre los 24 y 34 años los más frágiles ante una situación de estrés ya que su nivel de tolerancia a las adversidades es muy bajo.

También los niños son vulnerables (uno de cada cuatro padece estrés) pero aquí la responsabilidad recae más en padres, profesores y tutores, ya que los menores son un "espejo" de sus actitudes, precisa.

Santos se refiere al "agotamiento pandémico" del que habla la Organización Mundial de la Salud y que no es más que "la incertidumbre de no saber adónde vamos".

También alerta de que podría darse una "oleada de suicidios, que es un añadido de la ansiedad". Y en este sentido, advierte de que las cifras de suicidios se han disparado y superan ya la mortandad por accidentes de tráfico.

Santos considera que para salir de la pandemia hay que contar con sanitarios y con empresarios, y se pregunta "por qué no ha habido un verdadero comité de expertos".

A juicio de Santos, se han sacado "muchas directivas y protocolos contradictorios" y los médicos han tenido que ir experimentando.

Para esta experta en salud mental, las directivas para frenar la Covid deberían tener en cuenta también a médicos, especialistas en salud y empresarios, "no pueden ser sólo directivas políticas".

No obstante y pese a un escenario incierto, esta neurosiquiatra se muestra optimista y mantiene su confianza en la "resiliencia, es decir, en saber gestionar a lo que nos enfrentamos" y para ello plantea programas en empresas, colegios, profesorado y a nivel individual para poder adquirir esa capacidad.

Santos relata que hace 20 años en Münich se comenzó a medir en ratones de laboratorio el nivel de estrés y su capacidad de resiliencia.

Cuenta que un ratón lanzado a un bidón de agua repentinamente llegaba a dar hasta 50 vueltas buscando la salida hasta quedar abatido.

A otro ratón se le hizo lo mismo pero en el último momento se le ofreció una ramita para trepar y salir. Tres días más tarde, ese mismo roedor fue sometido a la misma prueba pero su cerebro ya no se estresó igual porque esperaba la ramita para trepar que no llegó hasta que dio, no 50 sino 500 vueltas.

Es decir, según explica la neuropsiquiatra, "su cerebro se hizo fuerte y multiplicó por diez su capacidad de resistencia". "De eso hace 20 años pero esa es la prevención y la resiliencia que se puede aplicar a la salud mental".

Santos considera que la resiliencia es un potencial "que todos tenemos dentro pero que hay que entrenar" y asegura que "un euro destinado a prevención es igual a cien euros en tratamiento y mil en rehabilitación". EFE

bf-srm

jueves, 3 de diciembre de 2020

Tratamiento de la hipocondría

LAURA RUIZ MITJANA    |   La Mente es Maravillosa   |   13/09/2020

¿Qué tratamientos de la hipocondría han demostrado ser los más eficaces? ¿Cuáles son sus técnicas y elementos fundamentales? Averígualo a través de este artículo.

La hipocondría, conocida como trastorno de ansiedad por enfermedad (según el DSM-5), implica preocupación y miedo a tener o la convicción de padecer una enfermedad grave a partir de la interpretación personal de síntomas. Dicha preocupación persiste a pesar de las exploraciones médicas realizadas y dura como mínimo 6 meses -un requisito necesario para el diagnóstico-. Se calcula que entre un 1-5 % de la población padece hipocondría, según datos del DSM-5. 

Los tratamientos de la hipocondría desde una perspectiva psicoterapéutica (es decir, tratamientos psicológicos), se centran en trabajar sobre las sensaciones corporales que experimenta el paciente, su interpretación errónea y la vivencia de los mismos. 

Los autores más conocidos en el ámbito del tratamiento de la hipocondría son: Barsky y cols, quienes se centraron en un componente llamado “amplificadores somáticos” (cuando la persona se queda fijada en una sensación y la amplifica) y Warwick y Salkovskis, muy centrados en la perspectiva cognitiva del trastorno. 

En este artículo, enumeraremos los tratamientos psicológicos de la hipocondría más eficaces según la Guía de tratamientos psicológicos eficaces de M. Pérez (2010), uno de los manuales de referencia en salud mental. Los hemos clasificado según su orientación de trabajo/tipología. 

Como veremos, la mayoría de los tratamientos de la hipocondría, desde una perspectiva psicológica, se centran en trabajar sobre las creencias y los pensamientos disfuncionales del paciente asociados a su estado de salud/enfermedad. Por otro lado, la mayoría de ellos comparten los siguientes dos elementos como parte de la terapia: técnicas para reducir la ansiedad y reatribución de los síntomas (como ejercicio/técnica). 

“Tu cuerpo escucha todo lo que dice tu mente”. – Anónimo –

Tratamientos de la hipocondría cognitivo-conductuales.

Los tratamientos cognitivo-conductuales para la hipocondría son los más utilizados para este trastorno psicológico. Según la Guía de tratamientos psicológicos eficaces de M. Pérez (2010), estos presentan una eficacia tipo 2, lo que significa que son “probablemente eficaces” para tratar dicha problemática. Seguidamente, vamos a conocer los tratamientos más importantes que encontramos dentro de la esfera cognitivo-conductual: 

Tratamiento de Warwick y Salkovski.

Warwick y Salkovskis (1989, 1990) proponen uno de los tratamientos de la hipocondría más utilizados desde la perspectiva cognitivo-conductual.

Su principal propósito es enseñar al paciente a formular su problema de acuerdo al modelo teórico que sustenta dicho tratamiento; por otro lado, el paciente deberá identificar sus creencias erróneas y pensamientos automáticos sobre la enfermedad y la salud. Los elementos centrales de tratamiento cognitivo-conductual de Warwick y Salkovskis son los siguientes:

·        Obtención del compromiso del paciente.

·        Autoobservación de los episodios de ansiedad por la salud.

·        Reatribución de los síntomas.

·        Cambio de las conductas desadaptativas mediante procedimientos conductuales (por ejemplo: prevención de respuesta).

·        Modificación de las creencias disfuncionales sobre la salud/enfermedad. 

Tratamiento de Martínez y Botella (1997)

Otro de los tratamientos de la hipocondría más validados hasta el momento es el propuesto por Martínez y Botella (1997) desde una perspectiva también cognitivo-conductual.

Estos autores desarrollaron un protocolo de tratamiento estructurado en 10 sesiones, de periodicidad semanal y una hora de duración. El programa de tratamiento que proponen se desarrolla en tres fases bien diferenciadas:

·        En la fase uno, se realiza la formulación del modelo y se obtiene el compromiso del paciente (sesiones 1 y 2).

·        En la segunda fase del tratamiento se emplean las estrategias de intervención (sesiones 3-8).

·        Finalmente, en la fase tres se trabaja la prevención de recaídas (sesiones 9 y 10). 

Tratamientos de la hipocondría centrados en los déficits cognitivo-perceptivos

En primer lugar, mencionar que este tipo de tratamientos de la hipocondría, como su propio nombre indica, están centrados en los déficits cognitivo-perceptivos que la persona manifiesta durante el trastorno y que en gran medida son los causantes de los síntomas del mismo (según algunas teorías). Dentro de este grupo de tratamientos destaca el propuesto por Barsky y Cols. (1988). 

Se trata de un tratamiento grupal breve (6-8 pacientes), centrado en el aquí y el ahora y de tipología directiva. Su objetivo es potenciar la posible comprensión dinámica de los orígenes del síndrome. De esta forma, se trabajan los siguientes elementos o factores:

·        Atención y relajación.

·        Pensamientos y reatribución.

·        El contexto situacional.

·        El papel del estado de ánimo. 

Tratamientos de la hipocondría conductuales

Como tratamiento conductual de la hipocondría validado encontramos el de Avia (1993). A través de este tratamiento, se le ofrece al paciente (y a sus familiares) información precisa sobre su problema y sobre el tratamiento a seguir (psicoeducación). Además, el tratamiento incluye otra serie de elementos y técnicas:

·        Programación de tareas y prohibiciones.

·        Exposición en vivo a las sensaciones corporales.

·        Entrenamiento en técnicas de manejo de la ansiedad.

·        Inundación imaginada e in vivo ante la posibilidad de grave enfermedad o muerte.

·        Mejora de la autoestima.

·        Entrenamiento en técnicas de aserción.

·        Abordaje de áreas conflictivas de la vida del paciente. 

Programas centrados en las actitudes

Finalmente, tenemos los programas centrados en las actitudes. En este grupo de tratamientos de la hipocondría encontramos el programa de House (1989), en el que se trabajan una serie de objetivos. Dichos objetivos se trabajan de forma conjunta con el paciente y estos se centran en las creencias disfuncionales del mismo y en sus sensaciones y experiencias corporales. Consisten en:

·        Identificación de errores atribucionales.

·        Confrontación con esos errores.

·        Reatribución de la experiencia corporal percibida. 

Otros tratamientos de la hipocondría

Hemos enumerado los tratamientos de la hipocondría más efectivos hasta la fecha. Sin embargo, no son los únicos: también se emplea la terapia psicodinámica para combatir dicho trastorno (según M. Pérez, consiste en un tratamiento en fase experimental, con eficacia tipo 3) y la farmacoterapia (sucede lo mismo que con el anterior). En la parte de farmacoterapia, suelen utilizarse psicofármacos como los ansiolíticos, por ejemplo. 

Finalmente, encontramos también otro tratamiento, no enumerado anteriormente: el tratamiento de la fobia a la enfermedad de Kellner y Marks. A través de su método, los autores proponen un tratamiento para tratar la hipocondría de la misma forma en la que se trataría un trastorno fóbico múltiple. 

La hipocondría: una posible explicación

Como hemos visto, existen muchas opciones de tratamiento a la hora de afrontar un trastorno de ansiedad por enfermedad, más conocido como hipocondría. Dicha problemática afecta a un 1-5 % de la población, lo que supone una cifra a tener en cuenta. Además, esta cifra aumenta en la población ambulatoria, situándose en un 2-7 %. Por otro lado, la prevalencia es igual en hombres y en mujeres. 

Pero, ¿por qué los tratamientos de la hipocondría inciden tanto en la reatribución de los síntomas y en los pensamientos disfuncionales asociados a las sensaciones físicas? Esto tiene mucho que ver con el origen del trastorno; así, en cuanto a su etiología, si bien es cierto que existen varias teorías que explican su origen, una de las más conocidas es el modelo cognitivo del desarrollo de la hipocondría de Warwick y Salkovskis (1990), autores ya mencionados.

Según dicho modelo, la hipocondría se iniciaría con una experiencia previa de enfermedad propia, familiar o error médico; a raíz de vivir dicha situación, la persona empezaría a formar una serie de supuestos mentales disfuncionales. 

Seguidamente, al ocurrir un incidente crítico (por ejemplo: un síntoma que sugiera “X” enfermedad), automáticamente se activarían los supuestos disfuncionales anteriores. Una vez activados dichos supuestos, y siempre según el modelo, aparecerían en la mente de la persona pensamientos e imágenes automáticas negativas que originarían dicha ansiedad por la salud (y por ende, por enfermar).

“Busca paz en tu mente y obtendrás salud en tu cuerpo”. – Anónimo -