viernes, 25 de junio de 2021

Los pediatras advierten de una "pandemia" de salud mental en la población infanto-juvenil


ABC (Familia sana)      |      03/06/2021

Se prevé que en los próximos 2-3 años surja un aumento brusco de todo tipo de consumos de tóxicos en jóvenes, en lo que se denomina «los nuevos locos años 20»

La enfermedad física por COVID-19 se ha dejado sentir en menor medida en la población infantil y juvenil pero los pediatras han lanzando la voz de alarma ante el impacto psicosocial de la pandemia que está empezando a saturar las consultas y las urgencias hospitalarias. Se duplican los casos de urgencias psiquiátricas infantiles, los trastornos de conducta alimentaria, que son cada vez más graves, los casos de ansiedad, trastornos obsesivo-compulsivos, depresión y las autolesiones e intentos de suicido en adolescentes. También se ha incrementado la violencia sobre los menores, el maltrato y los abusos y se ha disparado el consumo de pantallas en niños y jóvenes. «Debemos recordar que los niños y adolescentes de hoy son los adultos españoles de las próximas décadas». Es la advertencia que han lanzado hoy, en la rueda de prensa del II Congreso Digital de la Asociación Española de Pediatría, su presidenta, la doctora María José Mellado, y la presidenta de la Sociedad de Psiquiatría Infantil (SPI), la doctora Azucena Díez.

 

La infancia, y de forma especial la adolescencia, son etapas especialmente vulnerables debido a los múltiples cambios que tienen lugar en cortos periodos de tiempo. Las repercusiones de la pandemia en la salud mental de niños y adolescentes será uno de los temas que se abordarán durante el II Congreso Digital de la AEP que reunirá a cerca de 3.500 pediatras entre los próximos días 3 y 5 de junio. La presidente de la AEP ha hecho un llamamiento de responsabilidad a las instituciones sanitarias para «activar un plan de prevención y respuesta» para preservar la salud de los niños y adolescentes.

 

Los principales factores de riesgo relacionados con esas consecuencias psicológicas han sido, inicialmente, la incertidumbre, el exceso de noticias, el distanciamiento social y familiar, la ausencia de rutinas, el abuso de pantallas, los ritmos irregulares de sueño y un patrón de alimentación menos saludable y, en muchos menores, la escolarización semipresencial. En algunos casos, se han añadido las dificultades económicas y de conciliación de trabajo con el cuidado familiar, y las posibles situaciones de enfermedad propia, de familiares cercanos o incluso el duelo por fallecimiento de seres queridos.

 

«El estrés agudo o crónico está descrito como un desencadenante de problemas de salud mental en los niños y adolescentes. Este es un momento clave para realizar todos los esfuerzos posibles con el fin de reducir este estrés y evitar que las dificultades psicológicas se cronifiquen en el tiempo dando lugar a psicopatologías más graves. Debemos recordar que los niños de hoy serán los adultos de mañana», ha advertido la doctora Díez.

 

En un principio el confinamiento pudo llegar a ser vivido como una aventura, en la que los niños agradecían no ir al colegio o pasar más tiempo con sus padres, y los adolescentes se sentían más libres de poder consumir más horas en Internet. Sin embrago, «pronto comenzaron a aparecer problemas como apatía, inquietud, aburrimiento, dificultades de concentración, insomnio o miedos excesivos», relata la especialista.

 

Los principales datos publicados hasta el momento, tanto en España como en otros países, muestran un aumento de los síntomas relacionados con diversos trastornos psiquiátricos, principalmente depresivos, de ansiedad, conductas autolesivas y de la conducta alimentaria. «Estos resultados son muy preliminares, y se espera que al retomar hábitos saludables y contando con apoyos necesarios, la mayoría de los niños recuperen su funcionamiento normal», aclara la presidenta de la SPI-AEP.

 

Adicciones a sustancias y pantallas

 

En los últimos años, se ha producido un crecimiento exponencial en el consumo de redes sociales y videojuegos y, como apuntan los expertos, “todas estas tecnologías tienen un componente adictivo”. Los adolescentes son un grupo muy susceptible a desarrollar problemas relacionados con la dependencia a dispositivos de acceso a internet, que se ha relacionado con diversos problemas psiquiátricos como ansiedad social, depresión y problemas de atención, así como una dieta menos saludable y un mayor nivel de sedentarismo, sobrepeso y obesidad.

 

Tanto en el confinamiento como en la llamada “nueva normalidad” el tiempo dedicado a pantallas ha aumentado de una manera muy llamativa por el aislamiento y la falta de estímulos. “Una de las medidas más efectivas para evitar conductas adictivas consiste en garantizar el acceso a actividades alternativas saludables. Cuando los niños y adolescentes tienen oportunidad de pasar tiempo al aire libre con sus iguales y realizar actividades deportivas y de ocio, el tiempo dedicado a pantallas se reduce de forma notable”, apunta la doctora Díez.

 

El consumo de tóxicos, como el alcohol o el cannabis, ha sido más difícil, aunque no imposible, durante el confinamiento, asegura la experta. Sin embargo, a pesar de que las consultas por motivos relacionados con los consumos en menores se habían reducido notablemente, ya se están igualando a las del periodo prepandémico. «Algunos expertos predicen, basándose en fenómenos históricos, que es probable que en los próximos 2-3 años surja un aumento brusco de todo tipo de consumos en jóvenes, lo que se está denominando `Los nuevos locos años 20´», alerta la presidenta de la SPI.

 

Recomendaciones para reducir el impacto psicológico de la pandemia en niños y adolescentes

 

Con el fin de minimizar las consecuencias psicológicas de la pandemia, durante el Congreso se dará a conocer el documento de posicionamiento de la SPI-AEP que recoge una serie de medidas pensadas para favorecer un estilo de vida saludable y, en consecuencia, la reducción del impacto psicológico de la pandemia por COVID-19 en niños y adolescentes:

 

Mejorar los sistemas de coordinación entre los equipos de atención primaria (pediatras y médicos de atención primaria que tratan adolescentes) y los servicios de salud mental, así como la accesibilidad a estos últimos. El uso de interconsultas virtuales podría agilizar esta coordinación. La incorporación de psicólogos a los dispositivos de atención primaria es determinante en esta labor de prevención y detección temprana.

 

Garantizar la incorporación completa al colegio para todas las edades, en cada una de las comunidades autónomas. La jornada completa, evitando en la medida de lo posible la escolarización semipresencial o intermitente, es una necesidad para los niños desde el punto de vista educativo y social.

 

Fomentar las actividades de ocio y muy especialmente las deportivas, con la apertura permanente de parques infantiles, centros deportivos y otras actividades organizadas para niños y adolescentes.

 

Agilizar la vacunación en los adolescentes y en los niños permitiría reducir los contagios en esta edad, facilitando el contacto social, evitando cuarentenas. En definitiva, incrementaría las probabilidades de conseguir un estilo de vida normalizado y reducir así las consecuencias psicológicas de la COVID.

 

Reconocer oficialmente la especialidad de Psiquiatría del niño y del adolescente y la de Psicología Infantil en España, único país de Europa donde no está aprobada, con el fin de procurar una atención especializada a niños y adolescentes.

 

Implantar programas de promoción de la salud mental universales e independientes enfocados en la prevención, detección temprana y lucha en contra del estigma de la enfermedad mental.

 

Aprobar e implementar la Ley de prevención del suicidio, con apartados específicos para adolescentes.

 

Aumentar el número de especialistas en psiquiatría infantil y psicología infantil por habitante. Ya antes de la pandemia se describían grandes diferencias entre comunidades en la disponibilidad y ratio de especialistas por habitante menor de edad (Libro Blanco de la Especialidad de Psiquiatría Infantil, 2014). Esta necesidad se está viendo incrementada durante la pandemia por COVID-19.

 

La doctora Díez recuerda que antes de la pandemia por COVID-19 ya se manejaban datos de importancia en referencia a la salud mental de los niños y adolescentes, como que casi la mitad de los trastornos mentales se inicia antes de los 14 años o que el 10 por ciento de los niños menores de 12 años y el 20% de los adolescentes desarrollan en algún momento algún tipo de trastorno mental. Por otra parte, «el suicidio es la segunda causa de muerte en jóvenes entre 15 y 29 años y su principal desencadenante es la depresión, en especial cuando no se diagnostica y no se trata», concluye la especialista.

miércoles, 23 de junio de 2021

Apoyo social: aprovecha esta herramienta para ganarle al estrés


Escrito por el personal de MAYO CLINIC     |    29/08/2020

Tener amigos cercanos y familiares ofrece grandes beneficios para tu salud. Aquí descubrirás cómo desarrollar y mantener estas relaciones esenciales.

Contar con una red de apoyo social sólida puede ser fundamental para superar el estrés en etapas difíciles, sin importar si se trata de un día complicado en el trabajo o un año lleno de pérdidas o enfermedades crónicas. La falta de apoyo social puede derivar en el aislamiento y la soledad. Puesto que el apoyo de tus familiares, amigos y compañeros de trabajo es una parte esencial de tu vida, cuanto antes comiences a cuidar estos vínculos tan importantes, mejor.

¿Qué es una red de apoyo social?

Una red de apoyo social está compuesta por amigos, familiares y pares. Una red de apoyo social es diferente de un grupo de apoyo, que suele ser una reunión estructurada liderada por un profesional de la salud mental.

Aunque tanto los grupos de apoyo como las redes de apoyo pueden cumplir un rol importante en momentos de estrés, puedes formar la red de apoyo social cuando no estés bajo estrés. Dicha red te brinda la tranquilidad de saber que tus amigos están disponibles para ti en caso de que los necesites. 

No debes formalizar tu red de apoyo. Una pausa para tomar un café con un amigo en el trabajo, una conversación breve con un vecino, una llamada telefónica a tu hermano o incluso una visita a la iglesia son todas maneras de entablar y fomentar relaciones duraderas con otras personas. 

Riesgos del aislamiento y beneficios del apoyo social

Los estudios han demostrado que el aislamiento social y la soledad están relacionados con un mayor riesgo de tener una mala salud mental y una salud cardiovascular deficiente, así como otros problemas de salud. Otros estudios han demostrado los beneficios de una red de apoyo social, que incluyen los siguientes:

·        Mejorar la capacidad de lidiar con situaciones estresantes

·        Aliviar los efectos de la angustia emocional

·        Promover la buena salud mental durante toda la vida

·        Mejorar la autoestima

·        Disminuir los riesgos cardiovasculares, como disminuir la presión arterial

·        Promover las conductas de un estilo de vida saludable

·        Fomentar el cumplimiento de un plan de tratamiento 

Cultivar una red de apoyo social

Si quieres mejorar tu salud mental y tu capacidad para combatir el estrés, rodéate de al menos algunos buenos amigos y confidentes. A continuación, se mencionan algunas ideas para que construyas tu red social: 

·        Ofrécete como voluntario. Elige una causa que sea importante para ti y participa. Seguro conocerás a otras personas que compartan intereses y valores similares.

·        Únete a un gimnasio o grupo de entrenamiento. Incorporar actividad física en tu día es una parte importante de un estilo de vida saludable. Puedes hacer amigos mientras haces ejercicio. Busca gimnasios en tu área o visita un centro comunitario local.

·        Toma una clase. Mediante un curso de educación comunitaria o una universidad local, estarás en contacto con otras personas que comparten pasatiempos o actividades similares.

·        Investiga en Internet. Gracias a las redes sociales, puedes mantenerte en contacto con amigos y familiares. Existen muchos sitios buenos para personas que atraviesan momentos estresantes, como enfermedades crónicas, la pérdida de un ser querido, la llegada de un nuevo bebé, un divorcio y otros cambios en la vida. Asegúrate de usar sitios de buena reputación y ten cuidado al organizar reuniones en persona.

Dar y recibir: la base de las redes sociales

Una relación exitosa es una calle de doble sentido que exige tu participación activa. Estas son algunas sugerencias para nutrir tus relaciones: 

·        Mantente en contacto. Si respondes llamadas telefónicas, contestas correos electrónicos y devuelves las invitaciones, les demostrarás a las personas que te importan.

·        No compitas. Ponte feliz en lugar de estar celoso cuando a tus amigos les va bien.

·        Sé un buen oyente. Escucha cuando tus amigos hablan. Averigua qué es importante para ellos.

·        No te excedas. Ten cuidado de no abrumar a tus amigos y familiares con llamadas telefónicas y correos electrónicos. Ahórrate esos momentos de mucha exigencia para cuando realmente los necesites.

·        Valora a tus amigos y familiares. Tómate un tiempo para dar las gracias y expresar lo importantes que son para ti.

·        Da algo a cambio. Apoya a tus familiares y amigos cuando ellos lo necesiten.

En resumen 

Recuerda que el objetivo de crear tu red de apoyo social es reducir el nivel de estrés, no aumentarlo. Ten cuidado con aquellas situaciones que parecen quitarte energía. Por ejemplo, evita pasar demasiado tiempo con alguien que sea constantemente negativo y crítico. Del mismo modo, evita a las personas que tengan comportamientos no saludables, como el abuso de sustancias y de alcohol.

Tomarse el tiempo para crear una red de apoyo social es una inversión inteligente no solo para tu bienestar mental, sino también para tu salud física y tu longevidad. Empieza a entablar nuevas amistades o a mejorar las relaciones que ya tienes. Independientemente de que seas quien recibe el apoyo o quien brinda el aliento, recibirás una gran cantidad de recompensas.

 

lunes, 21 de junio de 2021

Control de la ira: respuesta a tus preguntas


Escrito por el personal de MAYO CLINIC     |     05/03/2020

No siempre está mal sentir ira, pero hay que controlarla de manera adecuada. Ten en cuenta la finalidad de la ira y el mejor abordaje para controlarla.

La ira en sí misma no es un problema; la cuestión es cómo la manejas. Considera el origen de la ira, así como el modo de controlar la ira y qué hacer cuando estás frente a alguien cuya ira está fuera de control.

¿Qué es la ira?

La ira es una respuesta natural a las amenazas que se perciben. Hace que el cuerpo libere adrenalina, que los músculos se tensen y que la frecuencia cardíaca y la presión arterial aumenten. Es posible que tus sentidos estén más agudos y que tengas el rostro y las manos enrojecidos.

Sin embargo, la ira se convierte en un problema solo cuando no puedes controlarla de una manera saludable.

Entonces, ¿no está «mal» enojarse?

Enojarse no siempre es malo. Puede ayudarte a compartir tus preocupaciones. Puede evitar que los demás te pasen por encima. Puede motivarte a hacer algo positivo. La clave es manejar la ira de forma saludable.

¿Qué provoca la ira en la gente?

Existen muchos desencadenantes frecuentes de la ira, como perder la paciencia, sentir que no valoran tu opinión o tus esfuerzos, y la injusticia. La ira también puede surgir ante el recuerdo de un acontecimiento traumático o indignante, y ante la preocupación por los problemas personales.

También existen causas específicas que pueden desencadenar la ira, según lo que te enseñaron a esperar de ti mismo, de los demás y del mundo que te rodea. Tu historia personal también alimenta tus reacciones ante la ira. Por ejemplo, si no te enseñaron a expresar la ira en forma adecuada, es posible que reprimas las frustraciones y te sientas desdichado, o que las acumules hasta que estalles de furia.

Las tendencias heredadas, la neuroquímica cerebral o las enfermedades no diagnosticadas también influyen en la tendencia de una persona a tener arrebatos de furia.

¿Cuál es la mejor forma de controlar la ira?

Cuando estás enojado, puedes afrontar tus sentimientos de la siguiente manera:

·        Expresión. Este es el acto de expresar tu ira. La expresión puede abarcar desde una discusión razonable y racional hasta un estallido de violencia.

·        Represión. Se trata de un intento de contener tu ira y, posiblemente, de transformarla en un comportamiento más constructivo. Sin embargo, reprimir la ira puede provocar que la mantengas en tu interior o que la expreses con un comportamiento pasivo-agresivo.

·        Calma. Esto sucede cuando controlas tu comportamiento externo y tus respuestas internas calmándote y dejando que las emociones se apacigüen.

Lo ideal es optar por la expresión constructiva, al comunicar tus preocupaciones y necesidades de forma clara y directa, sin lastimar a otros ni tratar de controlarlos.

¿La ira puede ser perjudicial para la salud?

Algunos estudios sugieren que la expresión inadecuada de la ira, como reprimirla, puede ser perjudicial para la salud. Reprimir la ira parece intensificar el dolor crónico, mientras que expresarla lo reduce.

Además, existe evidencia de que la ira y la hostilidad están vinculadas con las enfermedades cardíacas, la presión arterial alta, las úlceras pépticas y los accidentes cerebrovasculares.

¿Cuándo se necesita ayuda profesional?

Aprender a controlar la ira es un desafío que se les presenta a todas las personas alguna vez. Considera buscar ayuda para los problemas de ira si tu ira parece estar fuera de control, te hace hacer cosas de las que te arrepientes o lastimar a las personas que te rodean, o está afectando tus relaciones personales

domingo, 20 de junio de 2021

Los efectos del confinamiento en la violencia doméstica


NAHUM MONTAGUT RUBIO        |     Psicología y Mente 

El confinamiento por la pandemia de coronavirus ha tenido un impacto en la violencia doméstica.

La pandemia ha traído consigo una crisis sanitaria que ha obligado tomar serias medidas para evitar la propagación del coronavirus.

Al principio de la crisis se aplicaron medidas de confinamiento y restricción de la movilidad, las cuales supusieron una reducción significativa de los casos de COVID-19, pero tuvieron como efecto colateral el incremento de otro serio problema: la violencia doméstica.

A lo largo del último año, varios estudios han abordado los efectos del confinamiento en la violencia doméstica, tratando de ver cuáles han sido los vínculos entre las medidas anti-covid y la aparición de este tipo de agresiones. Veámoslo a continuación.

¿Qué sabemos sobre los efectos del confinamiento en la violencia doméstica?

El 11 de marzo de 2020 se declaró la pandemia por COVID-19. En cuestión de días, en algunos casos horas, multitud de gobiernos alrededor del mundo aplicaron medidas para evitar la propagación de la enfermedad, medidas restrictivas que incluían el confinamiento, la reducción al máximo de todo contacto social con personas de fuera del hogar y la prohibición de realizar viajes para evitar que el virus siguiera extendiéndose y empeorara la ya de por sí grave situación sanitaria.

Estas medidas se mostraron efectivas para reducir los efectos de la pandemia, pero trajeron consigo problemas como el estrés y la ansiedad a causa de que el ciudadano medio se veía en una situación de alta tensión emocional. Teniendo en cuenta esto, si las personas poco vulnerables psicológicamente empezaron a manifestar problemas mentales, podemos imaginarnos lo difícil que resultó ser para las personas que ya formaban parte de un grupo de riesgo, como es el caso de las víctimas de violencia doméstica.

Si bien todas las medidas para quedarse en casa cobraron sentido desde un punto de vista sanitario, queda claro que fue la peor situación que podían vivir las personas que recibían violencia doméstica, ya fuera a manos de su pareja o en forma de abuso infantil. El confinamiento obligó a personas a quedarse en el lugar en donde recibían esa violencia, sin tener acceso a personas del exterior que pudieran detectar los signos de abuso y violencia y resultándoles más difícil recibir asistencia por parte de asociaciones especializadas.

Que la violencia hacia la mujer ha incrementado es un hecho. Varias organizaciones mundiales, entre ellas la OMS, la ONU Mujeres y UNICEF, advirtieron sobre la necesidad de prestar especial atención a las mujeres y niños encerrados con sus maltratadores y de buscar medidas que sirvieran para evitar la propagación del virus pero que no pusiera en riesgo a los colectivos más vulnerables. Pese a que el confinamiento era necesario, estaba claro que iba a convertirse en una trampa para las personas víctimas de violencia doméstica. Se han echado por tierra décadas de progreso contra este tipo de violencia.

Dada esta situación, cientos de investigadores alrededor del mundo realizaron estudios para abordar las relaciones entre la crisis del COVID-19, el confinamiento y el incremento de la violencia doméstica. El objetivo no era solo ver los efectos en específico detrás de la violencia doméstica atribuible a la crisis sanitaria, sino también buscar la respuesta para crear políticas que eviten la exposición de potenciales víctimas a este tipo de violencia, ya sea detectando mejor los casos en una situación de confinamiento o evitando que permanezcan en el hogar con su maltratador.

Son varios los efectos del confinamiento en la violencia doméstica, tanto directa como indirectamente, incrementándola. Las medidas de confinamiento, junto con el impacto económico que ha tenido la pandemia, incrementaron los factores que se han asociado con este tipo de violencia. Entre ellos podemos destacar el incremento del desempleo en la población masculina, estrés al tener que encargarse de los niños más tiempo, el incremento de la inseguridad financiera y la aplicación de estrategias de afrontamiento desadaptativas al encontrarse en una situación que nadie se esperaba que le tocaría vivir.

Investigaciones recientes

Recientemente, el grupo de Piquero y colegas han realizado una revisión sistemática en la que han puesto en común las investigaciones que han abordado los vínculos entre violencia doméstica y confinamiento, tratando de buscar cuáles son los efectos específicos que ha tenido el confinamiento en la violencia doméstica a nivel mundial. Su trabajo pone en comparación los resultados obtenidos de todas las partes del mundo, lo cual pone en perspectiva cómo se ha dado el fenómeno de forma pluricultural y pluriestatal.

De esta revisión sistemática se extrae que el impacto económico global del COVID-19 ha implicado un incremento de varios factores que tradicionalmente han sido asociados a la violencia doméstica, lo cual evidencia y explica el incremento de este tipo de agresión. La crisis sanitaria ha incrementado el desempleo, añadiendo factores estresantes al hogar. Además de ello, al dejar los niños de ir a la escuela sus padres han tenido que tomar un rol más activo en su educación formal además de tenerlos que soportar más tiempo en casa.

Ha habido muchos casos de personas que no han perdido su empleo, pero que han tenido que teletrabajar en el hogar con el resto de la familia, algo que puede provocar tensiones. Si el empleo no era estable y, por lo tanto, había la posibilidad de acabar perdiéndolo a lo largo de la pandemia (p. ej., restauración) la tensión se incrementaba a causa de la incertidumbre y la inestabilidad financiera que ha sido el trasfondo de toda la crisis sanitaria.

Otra de las explicaciones detrás del incremento de la violencia doméstica a causa del confinamiento lo tenemos en que ha habido más aislamiento social entre las mujeres al no poder establecer contacto fuera de su núcleo doméstico. Añadido a esto, han habido más oportunidades e intentos por parte de los abusadores de ejercer su poder y control coercitivo sobre sus parejas y también se han dado más casos de conflictos maritales. No se puede obviar tampoco el hecho de que, a causa del distrés emocional, muchos hombres han caído en el abuso de sustancias.

Además de todos estos factores aquí mencionados, no podemos ignorar el miedo principal de una crisis sanitaria: enfermar. Muchas personas sentían verdadero pavor ante la posibilidad de contagiarse de COVID-19, puesto que la simple posibilidad de enfermar podía significar perder el empleo y dejar de recibir ingresos, tener que recibir tratamientos de por vida o fallecer. Todo esto ha empeorado la salud mental general, lo cual ha provocado tensión en el hogar y ha incrementado las agresiones domésticas.

Desastres y victimización de la mujer

Pero realmente todo esto no es nuevo. Ya se tenía la sospecha incluso de antes de la pandemia de que, en caso de que hubiera una crisis sanitaria, la salud física y mental de las mujeres se agravaría como consecuencia de un incremento de los casos de violencia doméstica a causa del incremento de los factores que están detrás del mismo. Ya se sabía que los casos de violencia doméstica eran más graves y comunes tras producirse un desastre natural y epidemias, puesto que implican una situación de mucha tensión.

Pese a que las mujeres han ido ganando derechos a lo largo de las últimas décadas y ha habido una mayor concienciación para evitar que se den casos de violencia doméstica, la situación pandémica en la que todavía nos encontramos ha echado a tierra años de avances. Al tratarse de una situación completamente nueva para la mayoría de la sociedad, en la que el malestar psicológico se ha incrementado, no es extraño (pero tampoco justificable) que se hayan dado agresiones en el hogar, ya sean puntuales o sistemáticas.

Esta situación debería servir a los gobiernos, asociaciones y toda organización que tenga la capacidad para proteger a las víctimas de violencia doméstica de elaborar planes para que, en caso de que volvamos a tener una crisis sanitaria en un futuro próximo, se puedan aplicar medidas que eviten la propagación de la enfermedad pero sin atrapar a las mujeres víctimas de este tipo de agresiones con sus maltratadores.

viernes, 18 de junio de 2021

Responsabilidad personal: cuando eres la piedra en tu zapato


VALERIA SABATER      |      La Mente es Maravillosa     |     29/04/2020 

Todos conocemos esa sensación incómoda de llevar una piedra en el zapato. No es necesario que sea muy grande para causarnos dolor al caminar; es suficiente con que esté colocada en el lugar adecuado. Ahora bien, ¿qué podemos hacer con nuestras piedras psicológicas?

Sin responsabilidad personal no hay avances ni logros ni conquistas. Esta dimensión psicológica tiene a su vez un gran impacto en el terreno social. Si cada uno nos responsabilizáramos un poco más de nuestros actos y comportamientos, quizá daríamos forma a otro tipo de realidad; una más avanzada, respetuosa y, sobre todo, humana.

 

En una de sus conferencias, Viktor Frankl explicaba en el pueblo de Estados Unidos debería haber dado otro nombre a la icónica Estatua de la Libertad. Según el célebre psiquiatra debería llamarse la “Estatua de la Responsabilidad”.

 

Esta sugerencia se basaba en una idea que puede aplicarse a cualquier circunstancia: la libertad es una facultad inherente al ser humano, pero solo puede ejercerse a través de la responsabilidad.

 

Ser responsable significa, al fin y al cabo, hacerse cargo de uno mismo entendiendo que cada acto tiene consecuencias. Asimismo, como señalaba el psicoterapeuta Albert Ellis, algo que se ve con frecuencia es que para muchos es más fácil evitar o eludir ciertas responsabilidades que afrontar su papel activo a la hora de hacer frente a las dificultades.

 

Así, y solo como ejemplo, algo que se aprecia de manera frecuente en terapia psicológica es la incapacidad de muchas personas para asumir la plena responsabilidad de aquello que les sucede. Se trata de un mecanismo de defensa, ese con el cual resulta más fácil culpar a la pareja, a la familia, a los compañeros de trabajo o a la política de la infelicidad.

 

Proyectamos en los demás el origen de nuestro malestar sin saber que muchas veces, la llave del cambio está en nosotros. Profundicemos sobre este tema.

 

La responsabilidad personal, la piedra que debes quitarte de tu zapato

A veces, caminamos por el mundo cojeando. Nos duele el pie, el zapato molesta y hay algo bajo la suela que duele cada vez que damos un paso. Sin embargo, no nos paramos para saber qué ocurre. En lugar de sentarnos y retirar esa molesta piedra incrustada, le echamos la culpa a ese camino, tan abrupto.

Nos enfadamos con el alcalde por no asfaltar de una vez esa zona tan descuidada por donde nosotros estamos obligados a pasar cada día.

Proyectamos nuestro enfado incluso en el fabricante de ese zapato incómodo; incluso lo podemos llegar a hacer sobre nuestros conocidos, familiares y amigos… por no quitarnos ellos la piedra del zapato.

La vida a veces es injusta, siéndolo más para quien no coge las riendas de su propia existencia con el fin de dar solución a sus propios problemas.

 

Tú y solo tú, eres responsable de tu bienestar 

Decía Confucio que ataca más el que está dentro de nosotros que el que está fuera. Dicho de otro modo, es cierto que lo que nos rodea determina nuestra oportunidad para ser felices.


Es verdad que los factores sociales, económicos o el haber tenido una infancia traumática nos condiciona. Sin embargo, el principal enemigo de nuestro bienestar somos nosotros mismos, no el contexto o el propio pasado.


Responsabilidad personal es, por tanto, saber comprometernos con nosotros para crear cambios que sean beneficiosos. ¿De qué manera? Tomando decisiones valientes, actuando. Sabiendo qué necesitamos y trabajando para ello. Es por encima de todo, dejar de culpar a otros y  asumir un papel protagonista en la realidad que deseamos crear.

 

Es importante, además, recordar un detalle. Nadie llega al mundo con una salud mental perfecta y a prueba de adversidades. A estar bien también se aprende y eso es algo que intenta brindar siempre la terapia psicológica: ofrecer estrategias para generar cambios que nos acerquen al equilibrio, al bienestar.

 

“Los padres solo pueden dar buenos consejos o ponerlos en el camino correcto, pero la formación final del carácter de una persona recae en sus propias manos”. -Anna Frank-

Los demás hacen cosas, tú decides cómo sentirte

Nuestra piedra puede adoptar muchas formas. A veces, es ese especialista en alejar la calma, con su mal humor y peor genio. Otras veces, arrastramos el dolor por esa ruptura afectiva, por esa decepción que nos provocó una amistad.

A todos nos puede sonar esta situación. En estos casos, la responsabilidad personal pasa también por tomar el control sobre las propias emociones.

No podemos arrastrar de manera crónica ese sufrimiento en la suela del zapato. Hay que retirar la piedra y ello pasa por aceptar y entender ese impacto emocional; más tarde, hay que regularlo, tomar medidas y nuevas decisiones.

Tal y como nos explican en un estudio del instituto de Neurociencia Cognitiva, University College London (UCL) entrenar nuestra responsabilidad emocional nos acercará a la felicidad.

 

Responsabilidad personal para aceptar fracasos y seguir avanzando 

En nuestro avance por nuestro ciclo vital, no solo encontraremos piedras en el camino. También veremos caminos cortados y precipicios. Es cierto que nadie nos ha preparado para esas situaciones inesperadas y que, cuando eso ocurre, tenemos dos opciones. La primera y más sencilla es retroceder, rendirnos y volver por donde hemos venido.

 

No es lo adecuado. Porque responsabilidad personal es también entender que, a veces, hay imprevistos. Las personas fracasamos, nos equivocamos y puede que hasta aparezca la adversidad en cualquiera de sus formas. En estas situaciones, hay que ser responsables, valientes y comprometidos. Daremos un paso atrás, sí, pero para coger impulso.

 

Para concluir, tengámoslo claro, hay una fecha de vencimiento que nos dice que es momento de dejarlo: no hay que culpar más a los otros de nuestro malestar. Podemos y merecemos ser felices de nuevo, pero ello exige tomar decisiones y, por encima de todo, responsabilizarnos de nosotros mismos.