lunes, 2 de agosto de 2021

Consejos para superar la fobia social

 

ALEJANDRO VERA     |    grullapsicologiaynutricion.com    |     07/11/2020 

Ana sufre un trastorno de ansiedad social. Todo comenzó en la adolescencia cuando sentía que en clase el miedo la paralizaba. Sentía auténtico pavor cuando sus profesores le hacían alguna pregunta. Tenía miedo a quedar en ridículo delante de sus compañeros.

Este hecho no solo tenía lugar en el ámbito académico. En su día a día Ana comenzó a evitar salir con sus amigos. Intentó no darle mayor importancia. La gente creía que simplemente se trataba de una chica muy tímida. Con el paso del tiempo fue interiorizando y normalizando sus conductas de evitación sin ser consciente de la fobia a la gente que había desarrollado.

En este artículo vamos a hablar a ver algunos consejos para la fobia social.

¿Qué es la ansiedad social?

Según el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), el trastorno de ansiedad social (o fobia social) es “el miedo o ansiedad intensa en una o más situaciones sociales en las que el individuo está expuesto al posible examen por parte de otras personas”.

Sin embargo, también podemos hablar simplemente de ansiedad social como un síntoma común a muchos otros trastornos psicológicos referentes a la salud mental. 

¿En qué consiste la fobia social?

Cuando hablamos de fobia social nos referimos al miedo intenso que se sufre ante las interacciones sociales. Aunque algunas personas lo confunden con la timidez, se trata de un tipo muy común de trastorno de ansiedad. Es sumamente incapacitante ya que interfiere en el día a día de las personas que lo padecen.

La ansiedad es uno de los principales males del siglo XXI. Se estima que en torno a un 40% de población sufre algún trastorno relacionado con la ansiedad. Además parece que alrededor de un 3% de la población sufre ansiedad social y alrededor de un 30% le produce miedo hablar en público.

El trastorno de fobia social es un trastorno que puede llegar a ser bastante incapacitante y que se encuentra estigmatizado en nuestra sociedad. 

La fobia a la gente

Este tipo de “fobia a la gente” se suele desarrollar en el periodo de la adolescencia. Las experiencias traumáticas sufridas en la juventud o una sobreprotección de los padres son dos de las causas que pueden provocar este tipo de ansiedad. 

¿Tengo un trastorno de ansiedad social? 

Sigamos con el ejemplo de Ana para comprenderlo mejor y poder responder a la pregunta sobre si tengo ansiedad social.

Conforme Ana fue cumpliendo años se dio cuenta de que la situación lejos de mejorar, empeoraba. Le costaba mucho esfuerzo enfrentarse a situaciones como hablar con su jefe, conocer gente nueva o incluso salir con sus amigos de toda la vida.

Nada de ella le gustaba y siempre recreaba en su mente situaciones en las que anteriormente había hecho el ridículo o había pasado vergüenza. Estaba totalmente segura de que volvería a pasar. Se pondría roja y no sería capaz de articular palabra. Intentaría evitarlo y se pondría a sudar y estaría aún más nerviosa. Eso con sus amigos.

Lo de hablar con su jefe para decirle que la semana que viene tiene médico y necesita el día libre, ¡ni pensarlo! ¿Qué podría pensar de ella? Por ello intentaba evitar por todos los medios este tipo de situaciones.

Síntomas de ansiedad social

La fobia o ansiedad social se compone de síntomas físicos (taquicardias, temblores, sudoración, enrojecimiento, pérdida de control,…)  y síntomas cognitivos (ansiedad anticipatoria, baja autoestima, pensamientos negativos, evitación de situaciones, preocupaciones no fundamentadas, miedo irracional, nerviosismo…). Pero de todos si por algo se caracteriza la fobia social es por el miedo a ser juzgados.

La fobia a sudar

Un caso muy concreto de trastornos de ansiedad social, es la que se genera por la fobia a sudar. Algunas personas, por motivos hormonales, tienden a sudar mucho y temen que esto se note.

La paradoja, es que cuanto más intentan controlarlo y que no se note, más nerviosos se ponen y más sudan.

¿Existe un síndrome de ansiedad social?

Pues no cómo tal, más que síndrome hablamos de un trastorno psicológico. Sin embargo, este también puede ser un síntoma común a varios cuadros psicológicos, como ocurre en lo que conocemos como Síndrome del Impostor.

Ejemplos de ansiedad social

Existen cantidad de situaciones cotidianas donde podemos ver ejemplos de este “síndrome” o trastorno de ansiedad social. Lo más frecuente es que ocurra en relaciones en grupo. La razón de esto tiene que ver con el control, es más complicado ser capaz de analizar las reacciones de una multitud de gente.

También porque las relaciones en grupo son menos personales y de alguna manera conllevan hacerse notar, algo que a la persona con ansiedad social le cuesta mucho.

Sin embargo, cuando el trastorno de ansiedad social ha cicatrizado más fuerte, el simple hecho de tener que entrar a un establecimiento y pedir un producto puede generar ansiedad.

Tratamiento de la fobia social

El primer paso para superar la ansiedad social es aceptar que tenemos un problema y dar el paso de pedir ayuda. Acudir a un psicólogo (clínico o sanitario) especializado en trastornos de ansiedad y llevar a cabo un tratamiento cognitivo-conductual es primordial para conseguir tener una mejor calidad de vida.

Y te preguntarás… “Si tengo ansiedad social y mi principal temor es sentirme juzgado, ¿cómo demonios voy a acudir a un psicólogo?”.

¿Cómo superar la ansiedad social?

Un psicólogo especializado está preparado para enfrentarse a este tipo de situaciones y en ningún momento te juzgará. Todo lo contrario. Te ayudará a lo largo del proceso para que de manera paulatina puedas ir enfrentándote a las situaciones que temes. Siempre de manera gradual y siendo tú la persona que controle los ritmos de las sesiones.

A través de métodos como la exposición a las situaciones temidas y el aprendizaje de habilidades sociales se comienzan a observar mejorías. De suma importancia son las técnicas de tipo cognitivo como la reestructuración de pensamientos, la resolución de problemas, la inoculación del estrés o la adquisición de técnicas de respiración y relajación.

No obstante y ante las dificultades de acudir a un psicólogo de manera presencial existe la opción de acudir a terapia de manera online. Quizás de esa manera sea más sencillo en un primer momento dar el paso de recibir ayuda.

¿Cómo superar la fobia social sin psicólogo?

Algunas veces, la fobia social ocupa un periodo de nuestras vidas porque nos sentimos inseguros o porque aún no hemos madurado del todo, sin embargo, tan importante es salir de la fobia social, como lo que hemos aprendido a hacer para poder acabar con ella.

¿Es posible superar la fobia sin ir al psicólogo? Pues quizás lo sea, pero yo me plantearía si evitar ir no es parte del problema de la misma fobia. Considero que en este tipo de casos, el mero hecho de acudir a terapia, ya es muy terapéutico.

Consejos para superar la fobia social

Una vez reconocido el problema es adecuado buscar el apoyo de las personas más cercanasHablar de lo que ocurre, temores y dificultades, es positivo para fomentar el desahogo emocional. Por supuesto, sin prisa pero sin pausa. Sin agobios y a tu ritmo.

Si hablar con los más allegados cuesta algo de esfuerzo otra opción para liberarnos es escribir un diario. El objetivo es sacar todo aquello que nos causa malestar y nos impide ser nosotros mismos. De esta manera podemos apuntar los pequeños avances que vamos consiguiendo y reforzarnos por cada pequeño paso que vamos dando. ¡Premia tus esfuerzos!

Quien sufre ansiedad social cree que la evitación es la solución y al revés, esto contribuye a reforzar el miedo social. Nada más lejos de la realidad. Los problemas se solucionan cuando nos enfrentamos a ellos.

Busca alguna actividad que te guste que implique estar con gente (por ejemplo, bailar, hacer algún tipo de deporte o formar parte de un grupo de lectura). Cuando comiences a enfrentarte a las situaciones que te generan malestar, irás ganando confianza poco a poco.

Recuerda lo que dijo Kurt Goldstein: “El temor agudiza los sentidos. La ansiedad los paraliza”.

¿Cómo superar el miedo a la gente?

En cierto modo se trata de relativizar y darnos cuenta que no podemos ser perfectos. Aprender a ser vulnerables supone aprender a entregarse y que si nos hacen daño, podamos comunicarlo o digerirlo de manera madura.

Superar el miedo a la gente implica poder aceptar la crítica y aprender a expresar lo que sentimos sin tratar de ser perfectos.

 

viernes, 30 de julio de 2021

Pensamientos intrusivos: qué son y cómo eliminar los negativos


MARIVA PSICÓLOGOS     |     Psicología y Mente   

Estos son los recursos terapéuticos usados por los psicólogos al tratar los pensamientos intrusivos.

 

Los pensamientos intrusivos son aquellos pensamientos que de forma involuntaria aparecen de forma intermitente. Existen una gran diversidad de pensamientos repetitivos y automáticos, y algunos de ellos son muy desagradables, llegando a existir incluso el de querer hacer daños a otros, como a tus propios hijos.

Este tipo de pensamiento genera mucho malestar y, a su vez, otros pensamientos del tipo “no deberías sentirte así”. En muchos casos incluso nos culpabilizamos de algo que es normal, que son los pensamientos involuntarios e inconscientes.

La rumiación de pensamientos es adaptativa, busca filtrar los pensamientos que son útiles, pero, no suele lograrlo, ya que, además, anticipamos y creemos que la próxima vez vamos a volver a pensar lo mismo, con lo que el problema se agrava.

¿Por qué aunque queramos eliminar los pensamientos intrusivos estos se mantienen?

Se suele dar un círculo vicioso; por ejemplo, pensemos en el caso de una madre que tiene el pensamiento intrusivo de querer hacer daño a su hijo, pero, por descontado, sabe que esto no quiere hacerlo ni va a hacerlo. En estos casos suele darse un patrón circular que se da en este orden y a través de estos elementos: estímulo interno (agotamiento que lleva al pensamiento intrusivo e involuntario de tirarlo por la ventana), estímulo externo (llanto del bebé), sensaciones como palpitaciones, emoción de ansiedad y miedo, reacción de evitación del pensamiento. 

Tras este círculo viene la anticipación y el catastrofismo, que como hemos comentado, incrementa la problemática.


¿Cómo los abordamos desde terapia?

Los pensamientos automáticos son un reflejo de nuestras creencias, pero nosotros no somos nuestros pensamientos. Por ello, una vez realizada la evaluación y descartanda cualquier otra patología, trabajamos sobre la defusión del pensamiento, es decir, distanciarnos de estos fenómenos mentales y conectarnos más y dar una mayor importancia a las acciones, poniendo el enfoque en la acción consciente.

Es esencial realizar un adecuado análisis funcional, estudiando los estímulos externos e internos implicados y respuesta (fisiológica/motoras/cognitivas) así como los consecuentes. Si hay conductas evitativas (llamar por teléfono, no pensar en el problema...) empeoramos el problema, ya que no nos exponemos, por lo que algo primordial es la exposición a emociones, reacciones y pensamientos.

1. Recursos terapéuticos ante los pensamientos intrusivos

Algunas de las dinámicas utilizadas en nuestra consulta para trabajar este problema son las siguientes.

 

2. Psicoeducación

Siendo esencial explicar a los pacientes qué les ocurre y por qué.

 

3. Experimentos conductuales

Con ellos, se trata de comprobar que cuando queremos no prestar atención a los pensamientos, estos aparecen con más fuerza.

 

4. Reestructuración y discusión cognitiva

Esta es una de las grandes técnicas de la psicología y en la que se basa gran parte de nuestros tratamientos. Consiste en dotar a la persona de las herramientas necesarias para que pueda llegar a la conclusión de que los pensamientos que están generándole malestar no son objetivos ni útiles.

 

5. Ejercicios de relajación

En ocasiones es necesario dotar al paciente de estrategias de relajación para disminuir la activación ocasionada por los pensamientos estresantes.


6. Análisis de creencias del paciente

Detrás de los pensamientos intrusivos suelen ubicarse las creencias intínsecas de la persona. Por ejemplo, si el pensamiento intrusivo es acerca de matar a tu hijo, es común que estén asociadas creencias del tipo “una buena madre nunca pierde los nervios” y exigencias desmesuradas.

 

7. Trabajo de sintomatología asociada, generalmente ansiedad y culpabilidad

Como hemos comentado, los pensamientos e imágenes mentales desagradables que aparecen de forma involuntaria, generan un gran malestar, llegando incluso a poder sufrir ataques de ansiedad; ello suele hacer que el problema se mantenga más tiempo. Lo mismo ocurre con la culpabilidad. Siguiendo con el mismo ejemplo, la madre que tiene la imagen de matar a su hijo y ello le genera gran temor y culpabilidad, retroalimenta el círculo vicioso.

 

8. Defusión del pensamiento

No somos lo que pensamos, somos lo que hacemos, por ello, se trabaja para dotar de más importancia a las acciones y desvincularnos de pensamientos que aparecen sin nuestra voluntad.

 

9. Exposición controlada a situaciones y pensamientos que se evitan

Debido al miedo que suelen generar esta clase de pensamientos, evitamos aquellas situaciones asociadas. Por ejemplo, si una persona tiene de forma recurrente la idea de que puede hacerse daño (pero no se corresponde con ideación autolítica porque no querría hacerlo ni siente deseos por ello), puede tratar de evitar coger cuchillos.

 

10. Autodiálogo

Está muy relacionado con las creencias de la persona; es aquello que nos decimos que puede disminuir o agravar el problema, por ello es esencial que lo trabajemos en terapia.

 

11. Concentración en valores y acciones de la persona

Si la persona tiene pensamientos, por ejemplo, de hacer daño a alguien, pero esto le genera rechazo, no querría hacerlo y no lo concibe como adecuado, hay que redirigir a la persona a estos valores que tiene de modo que, a su vez, disminuirá la culpabilidad.

 

12. Entrenamiento en atención dirigida

Se trata de poner nuestra atención en otro tipo de situaciones y estímulos externos e internos.

 

13. Aceptación

Hay pensamientos que no desaparecerán completamente o que, durante un tiempo nos acompañarán, por ello , el trabajo de la aceptación es clave.

 

miércoles, 28 de julio de 2021

Miedo al futuro: el problema emocional de los pensamientos catastróficos


FROILÁN IBÁÑEZ RECATALÁ     |      Psiología y Mente     |     28/06/2021

El temor al futuro puede llevar a un bloqueo mental generado por pensamientos catastróficos.

Una de las características de nuestra especie como seres humanos es la predisposición que mostramos a pensar a medio y largo plazo. Gracias a nuestra capacidad de pensamiento abstracto, se nos da muy bien hipotetizar con un alto grado de detalle acerca de lo que podría ocurrir dadas ciertas circunstancias.

Esta habilidad nos permite solucionar problemas complejos “experimentando” en nuestra imaginación y realizando predicciones acerca de las consecuencias de nuestras acciones, lo cual hace posible que orientemos parte de nuestras vidas a lograr metas a meses o años vista. Es un fenómeno que no ocurre con la mayoría de especies animales, más orientadas hacia la inmediatez: la evitación de peligro físico, la interacción inmediata con seres vivos cercanos, etc.

Ahora bien, toda habilidad psicológica vinculada al pensamiento abstracto va de la mano de nuevas maneras de desarrollar problemas psicológicos. Y la facilidad con la que hipotetizamos sobre el futuro no es una excepción a esto: en la otra cara de la moneda se encuentran elementos de malestar emocional como el miedo al futuro.

¿Qué es el miedo al futuro como problema psicológico?

Tal y como he adelantado, el miedo al futuro es una de las consecuencias naturales de nuestra habilidad de pensar a largo plazo y realizar predicciones.

Esto es así porque la mente humana muestra una predisposición a “rellenar” vacíos de información, es decir, utilizar la información limitada de la que disponemos para luego procesarla y extraer conclusiones que queden por encima de lo que ignoramos, ocultándolo y aportándonos una sensación de que sabemos más de lo que realmente conocemos sobre la realidad.

Este sesgo que consiste en sobreestimar la información con la que contamos no existe por causalidad: actúa como un elemento pragmático que nos lleva a tomar decisiones y pasar a la acción incluso cuando estamos muy lejos de saber lo que nuestros actos desencadenarán.

Sin embargo, a veces se dan una serie de circunstancias que nos dejan sin el amparo de ese sesgo optimista acerca de nuestros conocimientos, y nuestro foco atencional pasa de estar dirigido a lo que (creemos que) sabemos, a estar orientado a aquello que no sabemos.

Esto no es algo necesariamente malo: a veces, nos ayuda a replantearnos nuestras creencias y nuestros esquemas de interpretación de la realidad, permitiéndonos superar crisis o adaptarnos a situaciones cualitativamente distintas a aquello a lo que estamos acostumbrados. Dar un paso atrás y replantearnos nuestra manera de pensar y de tomar decisiones puede servir para apreciar matices que de otro modo habríamos pasado por alto.

Pero sí es cierto que en otras ocasiones, el miedo al futuro pasa de ser una etapa de la adaptación a un reto, a ser un obstáculo que nos bloquea y nos impide avanzar.

En situaciones de este tipo, entramos en un círculo vicioso en el que el propio malestar causado por ese temor nos recuerda una y otra vez que nos falta información importante, que estamos obligados a asumir ciertos riesgos y a gestionar la incertidumbre. Y como nos vemos ante la necesidad de “superar” esas ambigüedades y falta de información a la vez que nos sentimos mal, tendemos a traer hacia nosotros pensamientos catastróficos, predicciones vinculadas a emociones dolorosas. 

¿Cómo se aborda el miedo al futuro en terapia?

Muchos pacientes que acuden al psicólogo sufren un problema relacionado con los pensamientos catastróficos sobre su futuro. Se ven incapaces de tomar decisiones, y como aplazan una y otra vez el momento de elegir una opción acerca de lo que deben hacer, los problemas se les van acumulando, con lo que su malestar va creciendo.

Estos pensamientos catastróficos asociados al miedo al futuro tienen a veces un componente obsesivo, y otras veces son parte de una depresión. En uno de estos casos, la persona trata por todos los medios de neutralizar ese temor al futuro buscando soluciones que eliminen la incertidumbre, consiguiendo el efecto contrario al deseado; en el otro caso, el miedo al futuro se basa en el hecho de haber adoptado una mentalidad muy pesimista acerca de aquello de lo que uno es capaz y acerca del funcionamiento del mundo.

Saber diferenciar estos dos tipos de alteraciones con características similares es muy importante, ya que las terapias psicológicas a utilizar son diferentes dependiendo de cuál sea el origen del problema.

Por ejemplo, si el componente obsesivo es el que predomina, cobrarán protagonismo las técnicas de gestión de la ansiedad y de aceptación de un cierto nivel de malestar emocional, para que de ese modo la persona deje de alimentar el círculo vicioso de pensamientos intrusivos. Y si predomina el componente depresivo, se ayuda a la persona a mejorar su autoestima y a involucrarse en patrones de comportamiento mediante los cuales se auto-obligue de pasar de los pensamientos a la acción: de ese modo, el estado emocional propiciado por esas acciones y la liberación de hormonas asociada a ello le ayudará a salir de ese bache emocional.

lunes, 26 de julio de 2021

Catecolaminas: ¿qué funciones tienen estos neurotransmisores?


VALERIA SABATER     |    La Mente es Maravillosa     |    10/12/2020

Dopamina, adrenalina y noradrenalina... Estas catecolaminas no solo median en el instinto más básico de supervivencia, además orquestan procesos tan decisivos como la cognición, las emociones y el aprendizaje. 

Tener miedo y escapar de ese estímulo amenazante. Experimentar preocupación y pensar en una estrategia para actuar ante un foco angustiante. Sentir estrés ante un examen, esa cita médica, la reunión de trabajo en la que debemos exponer una propuesta decisiva… En todas estas situaciones tan comunes el organismo actúa liberando un tipo de moléculas decisivas: las catecolaminas. 

En ocasiones, resulta fascinante reflexionar sobre cómo los comportamientos cotidianos están regidos por el imperceptible universo bioquímico del organismo. Hablar de catecolaminas es referirnos a ese instinto primario que hasta ahora ha regido nuestra supervivencia. Luchar, actuar, huir o afrontar son actuaciones vitales para la homeostasis.

Estas hormonas actúan a su vez como neurotransmisores, orquestando las que son seguramente las tareas más decisivas en el sistema nervioso central. Conocer su funcionamiento nos permite comprendernos mucho mejor. Profundizamos en ello.

Catecolaminas: ¿qué son?

Las catecolaminas son hormonas que funcionan también como neurotransmisores y que se producen en las células cromafines de la médula adrenal y también, en las fibras postganglionares del sistema nervioso simpático. A nivel químico, están definidas por un anillo de benceno, dos grupos hidroxilos y una amina. Cuando se liberan en el torrente sanguíneo o en el cerebro a través de las terminaciones nerviosas, el organismo cambia, se acelera y se activa con el fin de desarrollar un tipo de comportamiento concreto ante una demanda externa. 

No obstante, la acción de actuar ante una amenaza o un peligro no es ni mucho menos la única finalidad de estas moléculas multipropósito. Las catecolaminas, cuyo precursor en su formación es la tirosinaestán presentes en múltiples funciones básicas y esenciales para el sistema nervioso central.

No obstante, si por algo conocemos a estos elementos es porque las glándulas suprarrenales las producen en grandes cantidades como respuesta al estrésAnalizamos más datos. 

Tipos de catecolaminas y sus funciones

Los principales tipos de catecolamimas que tenemos en el organismo son la dopamina, la adrenalina y la noradrenalina. Las tres derivan de la dihidroxifenilalanina (DOPA), un tipo de ácido amino catecólico. Estos tres elementos del sistema nervioso central tienen una trascendencia máxima a nivel metabólico, cardiovascular y comportamental. 

Dopamina

La dopamina es una feniletilamina y, a su vez, la catecolamina más importante. A partir de ella, se sintetiza tanto la noradrenalina como la adrenalina. Asimismo, este neurotransmisor se produce en múltiples partes del cuerpo, pero lo hace en mayor cantidad en la sustancia negra del cerebro.

·        La dopamina participa en varias y decisivas funciones cerebrales, como la motivación, la memoria o el aprendizaje.

·        Su presencia en los lóbulos frontales del cerebro permite controlar y facilitar el flujo de información que llega de otras áreas del cerebro. Así, cualquier alteración en su producción afectará a las funciones cognitivas, como la atención, la comprensión, la resolución de problemas…

·        Una de las tareas más decisivas de la dopamina reside en el sistema de recompensa ante estímulos placenteros, como la alimentación, el sexo, las adicciones…

·        La alteración en su producción o funcionamiento puede derivar en síntomas psicóticos (comportamiento desordenado y alucinaciones).

·        Asimismo, la destrucción de las neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra es el origen de la enfermedad de Parkinson.

 

Adrenalina

A la adrenalina la conocemos también como epinefrina. Se produce en las glándulas suprarrenales y se libera en el organismo en situaciones de amenazas, riesgos, estrés o miedo, peligro o excitación. 

Gracias a su presencia, se activan una serie de cambios psicofisiológicos para actuar ante esos estímulos (aceleración de la respiración, dilatación de la pupila, tensión muscular, movilización de reservas de glucógeno, detención de la motilidad intestinal…)

·        La adrenalina también se puede sintetizar en un laboratorio para utilizarse como medicamento ante paradas cardiorrespiratorias, asma, alergias, etc.

·        Tiene una función clave en la regulación cardiaca y respiratoria.

·        La adrenalina media en la emoción más excitante de todas: la euforia.

 

La noradrenalina

La noradrenalina se produce, sobre todo, en una región muy concreta del cerebro: el locus coeruleus o núcleo azul. Lo hace a partir de la degradación de la tirosina. Así, entre sus principales tareas podemos destacar las siguientes:

·        Nos ayuda a mantener la atención.

·        Media en los estados de vigilia, es decir en la fase de conscienciaGracias a la noradrenalina pasamos del sueño al estado consciente.

·        Activa los músculos cardíacos.

·        Facilita que la circulación sanguínea sea más intensa para mantener estable la respuesta de huida o ataque ante las amenazas.

·        La norepinefrina es esencial para favorecer nuestra motivación.

·        Regula el estado de ánimo; un nivel bajo se relaciona con la depresión.

 

Catecolaminas y estrés

Hemos visto ya que los diferentes tipos de catecolaminas del organismo cumplen tareas decisivas en el día a día: median en la motivación, el aprendizaje, la alimentación, el sexo, la respiración… Sin embargo, hay una función en la que todas ellas se orquestan para un fin: actuar ante la respuesta de estrés. 

Es importante detenernos en este dato por un hecho. Tal y como nos revela un estudio del departamento de biología molecular de la Universidad de Nueva York, el estrés es esencial para favorecer nuestra supervivencia. Necesitamos de esa activación psicofisiológica para responder a las demandas del entorno y adaptarnos a él.

El estrés no es nocivo, lo que es peligroso es el estado de estrés mantenido en el tiempo y un nivel elevado de catecolaminas en el organismo. Los efectos pueden ser muy adversos.

·        Una de las consecuencias es la alteración de los circuitos nerviosos del cerebro al dañar el tejido neuronal. Esto puede favorecer la depresión o la aparición de brotes psicóticos.

·        Un nivel elevado de adrenalina de manera constante afecta a la constricción de los vasos sanguíneos: aparece la hipertensión, las taquicardias, riesgo de infartos…

·        Una liberación constante y alta de catecolaminas y glucocorticoides en situaciones de estrés no gestionadas, debilita el sistema inmunitario y altera el metabolismo. Podemos sufrir más enfermedades, subir de peso, etc.

 

Por tanto, es importante recordar la importancia de regular ese estrés cotidiano antes de que derive en un estado agudo o crónico. Conocer los mecanismos de la bioquímica interna nos recuerda la urgencia de atendernos un poco mejor.