miércoles, 26 de enero de 2022

Tipos de Trastorno Bipolar y sus características

JUAN ARMANDO CORBIN       |      Psicología y Mente

¿Qué clases de Trastorno Bipolar existen y en qué se diferencian? 

El trastorno bipolar es un trastorno grave y complejo que presenta una gran variedad de síntomas. Existen distintos tipos de este trastorno y su sintomatología también puede presentarse junto a otras psicopatologías como la esquizofrenia. 

En el artículo de hoy vamos a repasar los distintos tipos de trastorno bipolar y sus características, pues el diagnóstico de esta enfermedad mental puede ser complicado para los profesionales de la salud mental. 

Un trastorno que ha sido excesivamente diagnosticado

Algunos expertos llevan tiempo avisando de que el trastorno bipolar está siendo excesivamente diagnosticado. Por eso, la Facultad de Medicina de la Universidad de Brown, en el estado de Rhode Island, decidió estudiar este fenómeno, el de la sobrediagnosticación. Sus conclusiones fueron claras: alrededor del 50% de los casos diagnosticados de Trastorno Bipolar podrían ser equivocados.

La investigación se realizó con el análisis de los datos aportados por entrevistas tomadas a 800 pacientes psiquiátricos usando un test de diagnóstico integral la Entrevista Clínica Estructurada para los Trastornos DSM. ¿Pero cuáles son las causas de esta sobrediagnosticación? Los investigadores piensan que existe una mayor propensión especialistas a diagnosticar trastorno bipolar frente a otros desórdenes más estigmatizadores y para los cuales no hay un tratamiento claro.

Por otro lado, existe otra hipótesis que afirma que la culpa se encuentra en la publicidad agresiva por parte de las empresas farmacéuticas, pues tienen un gran interés en la comercialización de los fármacos usados en los tratamientos de esta patología. Algo que también ocurre con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). 

Síntomas del Trastorno Bipolar

Los síntomas primarios del trastorno bipolar son los cambios impredecibles del estado de ánimo, y los más característicos son los síntomas del estado de manía y del estado depresivo.

Síntomas de la fase de manía

Los síntomas de la manía incluyen excitación excesiva, percepción de grandeza, irritabilidad, falta de sueño, aumento notable de energía, alto impulso sexual y verborrea. Durante la fase de manía los individuos puede abusar de drogas, llevar a cabo conductas de riesgo y tomar decisiones perjudiciales y negativas para ellos, como dejar el trabajo.

Síntomas de la fase depresiva

Los síntomas de la fase depresiva incluyen tristeza, ansiedad, irritabilidad, pérdida de energía, llanto incontrolable, cambios en el apetito que llevan a una pérdida o aumento de peso, necesidad excesiva de dormir, dificultad para tomar decisiones y pensamientos suicidas.

Además, los síntomas maníacos y depresivos pueden aparecer juntos. Cuando esto ocurre recibe el nombre de “episodio mixto”. 

Tipos de Trastorno Bipolar

Existen distintos tipos de trastorno bipolar caracterizados por diferentes grados de los síntomas depresivos o maníacos. Los cinco tipos del trastorno bipolar son: ciclotimia, trastorno bipolar de tipo I, trastorno bipolar de tipo II, trastorno bipolar no especificado y trastorno bipolar de ciclado rápido.

Ciclotimia

La ciclotimia es una variante del trastorno bipolar pero sus síntomas son menos graves, es decir, que las personas que sufren este trastorno presentan fases leves de depresión e hipomanía. Esta última, la hipomanía, es una alteración psicológica que puede ser entendida como una versión débil, menos

 acentuada, de la manía, y de hecho no suele poner en riesgo la integridad física de la persona que la desarrolla, algo que sí ocurre con la manía propia del trastorno bipolar.

Los individuos son diagnosticados tras persistir los síntomas durante al menos dos años.

Trastorno Bipolar de tipo I

Una persona afectada por el trastorno bipolar de tipo I ha tenido al menos un episodio de manía durante su vida, pues este tipo de trastorno bipolar se caracteriza por la presencia de episodios de manía o, en algunos casos, mixtos, y no necesariamente el sujeto ha sufrido una fase depresiva. Ahora bien, aproximadamente el 90 % de los casos el paciente cursa ambas fases (manía y depresión).

Trastorno Bipolar de tipo II

El trastorno bipolar de tipo II se diagnostica cuando el sujeto ha sufrido uno o más episodios de depresión mayor y al menos un episodio de hipomanía. En ocasiones, el trastorno bipolar de tipo II puede confundirse con la depresión mayor, por lo que es imprescindible hacer un diagnóstico correcto para una mejor recuperación del paciente.

Trastorno Bipolar no especificado

Puede ser que el trastorno bipolar no pueda clasificarse dentro de los tres anteriores (ciclotimia, tipo I y tipo II) por diferentes motivos. Por ejemplo, cuando los episodios de hipomanía son recurrentes. Hay situaciones en las que el psicólogo o psiquiatra ha llegado a la conclusión de que hay un trastorno bipolar, pero es incapaz de determinar si es primario, debido a una enfermedad médica o por haber sido inducido por una sustancia.

Los subtipos de trastorno bipolar más frecuentes son los siguientes:

·        Alternancia muy rápida (en días) entre síntomas maníacos y síntomas depresivos que no cumplen el criterio de duración mínima para un episodio maníaco o un episodio depresivo mayor.

·        Episodios hipomaníacos recidivantes sin síntomas depresivos intercurrentes.

·        Un episodio maníaco o mixto superpuesto a un trastorno delirante, una esquizofrenia residual o un trastorno psicótico no especificado.

Trastorno Bipolar de ciclo rápido

Los individuos con trastorno bipolar de ciclo rápido experimentan cuatro o más episodios de manía o depresión en el periodo de un año. Alrededor del 10% al 20% de los pacientes con este trastorno sufren el tipo “ciclado rápido”.

Creencias erróneas sobre el Trastorno Bipolar

A pesar de que el trastorno bipolar es bastante conocido por la población, al menos en cuanto al nombre se refiere, existe una gran desinformación sobre esta psicopatología. Muchas personas piensan que este trastorno se caracteriza por cambios de humor repentinos en el mismo día o por altibajos emocionales.

En realidad, el trastorno bipolar es un trastorno serio que, igual que la esquizofrenia o el trastorno paranoide, requiere de la administración de fármacos y una vigilancia en los hábitos de vida de los pacientes para evitar recaídas.

lunes, 24 de enero de 2022

Siempre queremos educar como fuimos educados, así es muy difícil que se produzca un cambio

 

LAURA PERAITA      |       ABC     |     10/06/2021 

César Bona, profesor de Primaria y reconocido como el Premio Nobel de la educación en España, explica la necesidad de explicar en las aulas «con sentido común»

César Bona, profesor de Primaria y reconocido como uno de los mejores docentes del mundo por el Global Teacher Prize (2015), acaba de publicar su último libro 'Humanizar la educación' en el que manifiesta su deseo de que en los centros escolares «se recupere el sentido común que, paradójicamente, no encuentra hueco en las aulas».

 

Durante su visita a ABC explicó que en la pandemia ha escuchado muchas veces que "saldremos mejores de esta", pero, en su opinión, no basta con decirlo, «hay que reflexionar y pensar qué ha sucedido, qué herramientas teníamos, cuáles necesitamos y si debemos hacer un cambio o no, porque todo lo que queremos ser empieza en la educación. Durante este periodo de tiempo —recordó— se ha preguntado a muchos expertos en medicina, antropología, microbiología… sobre todo lo qué hay que cambiar, pero ¿y en educación? Si nos conformamos con que los alumnos sepan mantener la distancia de seguridad y ponerse el gel, mal vamos. Habremos perdido una gran oportunidad». 

«Hay que repensar la educación»

No duda al asegurar que «la sociedad que queremos está en la escuelas que tenemos. Si pretendemos que la gente sepa dialogar tenemos que educar a los alumnos en el diálogo, hay que fomentar que hablen entre ellos, se escuchen. Al escuchar se aprende de los demás». Sin embargo, uno de los mayores impedimentos para progresar es que «en la sociedad siempre existe el curioso hecho de que queremos educar como fuimos educados y es muy difícil que el cambio se produzca. Hay que repensar la educación para saber qué herramientas necesitamos».

 

Para luchar contra la tasa de abandono escolar en España, que se sitúa en el del 16%, una de las mayores de Europa, este maestro propone que se escuche más a los alumnos para que se sientan queridos y útiles. «A toda persona le gusta sentirse así y los niños y adolescentes no son una excepción. No son pocos los profesores a los que se les acercan alumnos para contarle algo y, por la presión que tiene por seguir el itinerario académico o por su propio desinterés, el docente les dice: 'esperad, que ahora vamos con la clase y os tengo que contar algo importante. Es una gran paradoja. Hay que escuchar y reflexionar para mejorar entre todos el sistema y prepararnos para un cambio que es necesario».

 

Finalmente, César Bona destaca la importancia de una buena relación entre la familia y la escuela: «no hay nada más emocionante para un estudiante que ver que sus padres y sus profesores van en la misma línea». 


sábado, 22 de enero de 2022

¿Los cigarrillos electrónicos ayudan a dejar de fumar?


LUIS MIGUEL REAL     |     Psicología y Mente     |     07/01/2022 
 
Veamos si vapear para intentar dejar de fumar es una buena estrategia.

Vapear o fumar mediante vaporizadores se ha puesto de moda entre ciertos sectores de la población.

Algunos adolescentes se ponen a vapear porque “parece guay” y la gente no les mirará tan mal como si fumases cigarrillos de tabaco tradicionales o porros. Y muchas de las personas que empiezan a vapear, son fumadores (de tabaco) que intentan dejar de fumar vapean, utilizándolos como una especie de terapia de sustitución por algo aparentemente menos nocivo.

¿Pero es verdad que pasarse a vapear ayuda a dejar de fumar tabaco? Vamos a ver.

¿Vapear es malo para la salud?

Vapear es definitivamente menos nocivo a corto plazo que fumar tabaco. Pero no es bueno para la salud.

Los cigarrillos electrónicos funcionan quemando diferentes sustancias, que crean aerosoles con sustancias nocivas.

Razones por las que vapear no es un buen método para dejar de fumar

El Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de los Estados Unidos de América ha llegado a la conclusión de que no hay evidencia científica suficiente para recomendar el uso de cigarrillos electrónicos como recurso eficaz para dejar de fumar. Veamos por qué.

1. Mantienes los patrones de conducta de fumar

Fumar tabaco es muy adictivo, no solamente por la nicotina, sino por otros elementos que facilitan que se refuerce el hábito. Cuando una persona enciende y fuma un cigarrillo, hay toda una serie de rituales y gestos mecánicos, repetitivos. La repetición de estas fórmulas ayuda a asentar cualquier hábito.

Pues cuando vapeas, estás manteniendo muchos de esos elementos. Cuando sientes “ganas de fumar”, respondes a esa sensación con el acto de sacar el vaporizador del bolsillo, la sensación del vapor en la garganta y la nariz (y todos los sabores y olores asociados, que en el caso de los vapers suelen ser agradables, olores a frutas, etc).

Juntas todos esos elementos, y tienes un producto que va a seguir aprovechándose de esas claves para volver a la persona dependiente de él.
 
2. Del cigarrillo tradicional al cigarrillo electrónico, y del cigarrillo electrónico al cigarrillo tradicional
 
No hay evidencia científica que muestre que los fumadores que empiezan a vapear dejen de fumar tabaco o dejen de vapear siquiera. De entre los fumadores que se han pasado a los vaporizadores con la intención de dejar de fumar, muchos han terminado volviendo al tabaco poco después (o fumando y vapeando a la vez).
 
Esto ocurre porque, al ser las experiencias de fumar tabaco y vapear tan parecidas, la persona mantiene el “hábito de fumar”, pero con muy poca nicotina o sin ella. Eso, en muchos casos, hace que al fumador “le sepa a poco” y termine escalando el consumo de vapear, y eventualmente, volviendo a pasarse a los cigarros tradicionales para volver a disfrutar de su dosis de nicotina.
 
3. Vapear no es un buen método para dejar de fumar, porque la persona sigue fumando

Muchos de mis pacientes de terapia (que han utilizado cigarrillos electrónicos de algún momento) me relatan cómo terminaron volviendo a comprar tabaco en algún momento de crisis, de vulnerabilidad, de ansiedad.

Simplemente, los cigarrillos electrónicos les habían mantenido muy cerca del tabaco, a veces comprando esos productos en el mismo lugar en el que venden tabaco. Así que la transición de vuelta al tabaco fue demasiado fácil. 

4. Vapear es fumar

Cuando un fumador se pasa a vapear, se podría estar enviando a sí mismos la idea implícita de que nunca dejará de fumar. Vapeas porque no sabes cómo dejar de sentir la necesidad de hacerlo.

Si uno quiere dejar de fumar, va reduciendo lo que fuma hasta dejarlo. Utilizar los vaporizadores como sustitutivos crea una falsa sensación de seguridad.
Es como cuando alguien que quiere perder peso, en vez de dejar de comprar mayonesa, simplemente se pasa a la mayonesa “baja en grasas”. El impacto de ese cambio en su salud va a ser mínimo, y sigue sin atender al problema principal, que no sabe comer sin abusar de las salsas ultra-procesadas.

5. Sigues siendo un esclavo de las tabacaleras

La mayoría de productos de vapeo (vaporizadores, aceites, etc) son productos de las propias empresas tabacaleras. Es simplemente otra fórmula para seguir ordeñando a sus vacas (los fumadores) y de seguir contribuyendo económicamente a una de las industrias menos éticas de la historia de la humanidad.

6. Te distraes de los tratamientos reales

Al utilizar el vapeo como método para dejar de fumar, estás desplazando otros tratamientos que sí que tengan efectividad con evidencia científica demostrada. Si te pones a vapear por tu cuenta, dejas de ir al médico o al psicólogo para que te ayuden con un tratamiento de deshabituación para dejar de fumar.

De la misma manera, sustituir los cigarros normales por cigarrillos electrónicos no te acerca más a tu objetivo de dejar el tabaco, muchas veces te aleja más.

Cómo dejar de fumar (sin vapear)

Vapear como sustitutivo del tabaco no funciona. Los cigarrillos electrónicos no ayudan a la gente a dejar de fumar. Simplemente, las distraen un tiempo hasta que vuelvan a fumar tabaco.

En un verdadero tratamiento para dejar de fumar, te ayudarán a:

·        Estudiar y comprender tus hábitos de consumo.
·        Saber cómo lidiar con la ansiedad del síndrome de abstinencia de la nicotina.
·        Aplicar estrategias efectivas para fumar menos (que han demostrado funcionar).
·        Diseñar estrategias de prevención de recaídas adaptadas a tu caso concreto, para que no     tengas el constante miedo de recaer al día siguiente.
 

jueves, 20 de enero de 2022

El servicio Konsulta'm amplía la asistencia psicológica a la población adulta


NEUS PALOU      |      La Vanguardia      |      09/01/2022

El servicio municipal gratuito, hasta ahora dirigido a jóvenes y adolescentes, atenderá también a la ciudadanía de más de 22 años en los seis distritos de la ciudad con más desigualdades en salud mental 

A partir del 10 de enero el nuevo servicio Konsulta’m +22 estará operativo en los distritos de Sant Martí y Sant Andreu y durante el primer trimestre del 2022 se ampliará también a Nou Barris, Horta-Guinardó, Sants-Montjuïc y Ciutat Vella. Estos seis distritos presentan colectivos con más vulnerabilidad, relacionada con cuestiones sociales y económicas, que derivan también en peores indicadores de salud y, específicamente, de salud mental.

Con el objetivo de llegar a las personas con más dificultades para acceder a los servicios de salud mental, Konsulta’m +22 trabajará directamente con los profesionales de la comunidad que están en contacto directo con las personas destinatarias del programa, como por ejemplo servicios sociales, escuelas de adultos, oficinas de vivienda, programas de inserción laboral y oficinas de apoyo a la tramitación de ayudas. De la misma manera que Konsulta’m, el nuevo servicio no requerirá cita previa.

El servicio Konsulta’m nació fruto del Plan de salud mental de Barcelona 2016-2022 para atender los malestares emocionales y psicológicos de personas de entre 12 y 22 años que necesitan una respuesta especializada, ágil e inmediata. El padecimiento psicológico se ha agravado a raíz de la crisis sanitaria de la COVID-19 tanto en población joven como adulta, y hay que poner el foco no solo en el tratamiento, sino también en la prevención y detección de los síntomas.

Financiado íntegramente por el Ayuntamiento de Barcelona, dispone de un equipo de profesionales de la psicología, del trabajo o la educación social y de la enfermería comunitaria, y está vinculado también a los centros de salud mental de adultos (CSMA) para poder derivar los casos que lo requieran.

 

martes, 18 de enero de 2022

José Juan Uriarte, psiquiatra: Los psicofármacos no modifican la manera de ser de las personas


LAURA MIYARA      |     Galicia    |     LA VOZ DE LA SALUD     |     13/01/2022

 

Los medicamentos son muy eficaces en tratamientos de salud mental, pero están rodeados de prejuicio. 

Cuando se trata de cuidar nuestra salud física, es probable que tengamos una actitud proactiva. Que nos interesemos por aprender qué prácticas, consumos y controles debemos realizar para mantener nuestro bienestar y prevenir problemas. Pero, si se trata de nuestra salud mental, no siempre estamos tan predispuestos a tener esos cuidados. En muchos casos, no estamos acostumbrados a tratar nuestra mente como una parte más que integra nuestra salud. De hecho, es posible que no sepamos qué hábitos debemos cultivar para mejorar nuestra salud mental, o a qué síntomas estar alerta para acudir a una consulta.

 

«Existe una confusión entre sufrimiento emocional, algo inherente a la vida y sus circunstancias, y las enfermedades psiquiátricas. Obviamente, hay un cierto solapamiento, y las circunstancias vitales adversas pueden sobrepasar nuestra capacidad de adaptación y nuestros apoyos y generar necesidad de tratamiento, farmacológico o no», explica el doctor José Juan Uriarte Uriarte, Jefe de Servicios Asistenciales de Adultos de la Red de Salud Mental de Bizkaia. Sin embargo, «la ansiedad y la tristeza, cuando están motivadas por esas circunstancias adversas, no son enfermedades ni, por tanto, susceptibles en general de tratamiento psicológico o farmacológico», aclara.

 

En cambio, cuando se establece que hay un trastorno psiquiátrico, se pueden indicar tratamientos con psicofármacos. «La ansiedad y la depresión son los trastornos psiquiátricos más frecuentes, por lo que los medicamentos más recetados son los ansiolíticos y los antidepresivos», señala Uriarte. Veamos qué se esconde detrás de estos tratamientos que están rodeados de prejuicios.

 

¿Qué son los psicofármacos?

 

Los psicofármacos son medicamentos que actúan modificando los efectos de los neurotransmisores cerebrales, unas sustancias que se encargan de transmitir información entre las neuronas. También pueden actuar sobre estructuras encefálicas o la corteza cerebral. Pueden, por ejemplo, reducir la concentración de neurotransmisores en la sinapsis o impedir su efecto bloqueando los receptores sobre los que actúan. Otros psicofármacos aumentan la concentración sináptica de neurotransmisores por diversos mecanismos, mejorando los estados de depresión.

 

Los neurotransmisores juegan un papel importante en nuestra salud mental. «Sustancias como la dopamina, en el caso de los antipsicóticos o la serotonina, en el caso de los antidepresivos, son ejemplos característicos. ¿Esto significa que la depresión se deba a falta de serotonina o la esquizofrenia a un exceso de dopamina en el cerebro? Pues no, al menos no como única explicación. Las cosas en el cerebro son mucho más complicadas que eso», señala Uriarte.

 

«Los medicamentos que se utilizan para tratar las enfermedades psiquiátricas se pueden clasificar en 5 grupos principales. Prácticamente todos ellos fueron introducidos en la década de los 50 y 60 del siglo pasado, aunque se han ido desarrollando nuevas versiones que han mejorado, sobre todo, sus efectos secundarios», explica Uriarte. Aunque estos medicamentos se utilicen desde hace décadas, «nuestro conocimiento sobre las causas y los mecanismos que subyacen a las enfermedades psiquiátricas sigue siendo muy limitado, por lo que también es limitada nuestra comprensión sobre el funcionamiento de unos fármacos cuya efectividad en los trastornos psiquiátricos, fue, en buena medida, descubierta por casualidad», señala.

 

Los psicofármacos son, principalmente, antipsicóticos, antidepresivos, ansiolíticos, hipnóticos y estabilizadores o reguladores del estado de ánimo.


Antipsicóticos

También conocidos como neurolépticos, estos medicamentos «son útiles para tratar lo que llamamos síntomas psicóticos, es decir, aquellos que interfieren con la manera de ver la realidad», dice Uriarte. Ejemplos de síntomas psicóticos son las alucinaciones, escuchar voces, o las ideas delirantes (creencias que no se ajustan a la realidad, como ser perseguido o vigilado). Una enfermedad en la que estos síntomas aparecen de manera característica es la esquizofrenia.

Los antipsicóticos también se utilizan en las llamadas fases maníacas del trastorno bipolar, una enfermedad en la que las personas afectadas alternan períodos de depresión profunda con otros de euforia, hiperactividad e ideas de grandeza o facultades superiores a lo normal. Las medicaciones antipsicóticas son eficaces para aminorar y, en algunos casos, suprimir estos síntomas y también para evitar recaídas cuando se toman de manera continuada.

 

«Las medicaciones antipsicóticas no curan la esquizofrenia, pero controlan sus síntomas y reducen la posibilidad de recaídas. En muchos casos, permiten a las personas realizar una vida normal», señala Uriarte. Algunas de las medicaciones antipsicóticas más utilizadas son la risperidona, la olanzapina y la quetiapina.


 Antidepresivos

Los antidepresivos «no son medicaciones que induzcan euforia o alegría, no tienen efectos estimulantes, ni combaten la tristeza y las preocupaciones normales de la vida», aclara Uriarte. Están hechos para tratar los síntomas de la depresión, normalizando el estado de ánimo, la desesperanza y la angustia que acompañan a esta enfermedad. En las personas que padecen depresiones repetidas y tienden a tener recaídas, su toma continuada puede prevenirlas o atenuar su presentación. «También se utilizan en otras enfermedades como los trastornos de ansiedad, en especial las fobias y el trastorno obsesivo compulsivo», detalla Uriarte.

 

La depresión, en todo caso, no es una enfermedad única; hay distintos tipos de depresión. En algunos casos, los episodios pueden aparecer de manera espontánea, sin precipitantes externos, como en las fases depresivas del trastorno bipolar o en la depresión mayor recurrente. En otros casos, puede darse una depresión como resultado de desencadenantes externos, acontecimientos vitales desfavorables que no pueden ser afrontados adecuadamente por la persona, bien por su fragilidad y vulnerabilidad, bien por la gravedad de sus circunstancias, bien por la falta de apoyos o, más comúnmente, por una suma de estos factores. La fluoxetina, la sertralina o el escitalopram son algunos de los antidepresivos más utilizados.Ansiolíticos

 

Comúnmente conocidos como tranquilizantes, son medicamentos que mejoran los síntomas de ansiedad: la inquietud, la opresión del pecho, las palpitaciones, la tensión muscular y sensaciones similares que sentimos cuando tenemos angustia. De manera similar a la tristeza, la ansiedad no es siempre anormal ni indeseable. De hecho, es la respuesta habitual de nuestro organismo ante situaciones que nos generan incertidumbre, preocupación o amenaza y nos ayuda a afrontarlas. Pero en ocasiones, estos síntomas se presentan sin un desencadenante claro o la reacción de ansiedad es exagerada, como en el trastorno de ansiedad generalizada o las crisis de ansiedad. La ansiedad y la angustia están también habitualmente presentes en la depresión.

 

«Los ansiolíticos son efectivos para atenuar estos síntomas, de manera algo similar a como un analgésico alivia el dolor de cabeza. Calman la ansiedad, pero no curan el problema o la enfermedad de fondo. Aun así, al igual que los analgésicos, son muy útiles en determinados momentos y utilizados con precaución», señala Uriarte. Algunos de los ansiolíticos más reconocidos son el diazepam, el alprazolam o el lorazepam.


Hipnóticos

Esta palabra designa de manera general a las llamadas «pastillas para dormir», o somníferos. Son medicaciones emparentadas con los ansiolíticos que sirven para mejorar la conciliación y el mantenimiento del sueño. Dormir mal, lo que se conoce habitualmente como insomnio, es también una reacción normal en determinadas situaciones: preocupaciones, cambios de horarios, malestar y dolor. En otras ocasiones, dormir mal está asociado a malos hábitos que pueden terminar por hacer crónico el problema. Y, en no pocas ocasiones, el insomnio acompaña a otros problemas psiquiátricos como la depresión, la ansiedad, o los episodios psicóticos.

 

Los medicamentos hipnóticos más comunes son el lormetazepam y el zolpidem. Se trata de sustancias que deben ser consumidas con precaución. «Cuando se usan de vez en cuando, son medicamentos efectivos y seguros. Pero su uso crónico, especialmente si no se abordan las causas subyacentes (hábitos de vida y de sueño) o un posible problema psiquiátrico de fondo (ansiedad, depresión), puede contribuir a empeorar el problema a largo plazo» advierte Uriarte.


Reguladores del humor 

«Este nombre puede inducir a equívocos, sugiriendo que son medicaciones que pueden evitar oscilaciones o cambios en el estado de ánimo que son normales en las personas. En realidad, los reguladores del humor, también llamados eutimizantes, por su capacidad para mantener la eutimia, es decir, el estado de ánimo normal, son medicamentos que se utilizan en el tratamiento del trastorno bipolar, una enfermedad que precisamente se caracteriza por presentar episodios a lo largo de la vida, muchas veces repetidos y/o alternantes, de depresión y de euforia (manía) graves», explica el especialista.

 

Los medicamentos más representativos de este grupo son las sales de litio, capaces de prevenir nuevos episodios y recaídas en las personas que padecen esta enfermedad. Algunos medicamentos efectivos para el tratamiento de la epilepsia, como el ácido valproico, también son eficaces para tratar estos síntomas.


Diagnóstico y tratamiento de las enfermedades psiquiátricas

«El escaso conocimiento acerca de las causas y los mecanismos que dan lugar a las enfermedades mentales condiciona también nuestras herramientas para su diagnóstico», dice Uriarte. Estamos acostumbrados a que en el caso de otras enfermedades nos hagan pruebas: análisis, radiografías, escáneres, resonancias, ecografías, biopsias. De hecho, los avances tecnológicos han mejorado mucho en las últimas décadas las pruebas diagnósticas, cada vez más sofisticadas, en muchas dolencias, pero esos avances no han llegado a la salud mental. «No hay análisis, radiografías, escáneres o resonancias que proporcionen un diagnóstico de una esquizofrenia, una depresión o un trastorno bipolar», explica el experto.

Entonces, las enfermedades psiquiátricas se diagnostican a partir de los síntomas y su evolución. «La única manera para llegar a un diagnóstico es hablar con la persona, observarla y, si es necesario, solicitar información adicional de su entorno. Algunas veces se puede llegar a un diagnóstico claro en una sola entrevista. En otras ocasiones, hace falta un tiempo de observación para llegar a un diagnóstico» puntualiza Uriarte.

La decisión acerca de qué medicamento prescribir depende no solo de la enfermedad en cuestión, sino también de las características individuales de la persona a tratar. La edad, el sexo, la presencia de otras posibles enfermedades o de tratamiento con otras medicaciones, los posibles efectos secundarios, la experiencia previa del paciente con medicamentos similares y sus preferencias son algunos de los factores que ayudan a guiar la elección.

 

Los prejuicios que llevamos a la consulta

En lo que refiere a salud mental, la falta de conocimientos sólidos hace que, muchas veces, se caiga en preconceptos e ideas falsas a nivel de la sociedad. «Están bastante generalizadas algunas ideas preconcebidas sobre este asunto: que los medicamentos psiquiátricos son perjudiciales al ser drogas químicas, mientras la psicoterapia es natural y buena, que los medicamentos tienen efectos secundarios y la psicoterapia no, que los psiquiatras solo se dedican a recetar y la psicoterapia la hacen los psicólogos, o que la psicoterapia y los medicamentos son alternativas antagónicas», enumera Uriarte.

«Existen muchos tipos de psicoterapias y no existe un acuerdo generalizado acerca de su efectividad en las distintas enfermedades psiquiátricas. Y, por otro lado, tampoco carecen de efectos secundarios, como cualquier tratamiento. Tanto los psiquiatras como los psicólogos tienen competencia profesional para realizar psicoterapia, y así lo hacen en la mayoría de los casos. Esto requiere de una formación especializada y una buena experiencia clínica», explica Uriarte.

Para muchos pacientes, lo fundamental es la confianza, el consejo, el apoyo y la información. En este sentido, el contexto en el que se administra cualquier tratamiento es lo que permite generar una relación de apoyo y confianza. «En algunos casos, será necesaria una psicoterapia más específica, pero en general, y en las enfermedades mentales de mayor entidad, la combinación de psicoterapia y medicación es la más acertada», dice Uriarte.

Aunque es comprensible sentir aprensión al momento de iniciar un tratamiento con psicofármacos que actúan sobre nuestra mente, hay que tener en cuenta que, como señala Uriarte, «los medicamentos psiquiátricos no modifican la manera de ser de las personas, ni para bien ni para mal; alivian síntomas, favorecen la remisión de los episodios de enfermedad y, en muchas ocasiones, previenen las recaídas».

Asimismo, el especialista destaca que es muy prevalente la idea de que la medicación se receta para «taponar agujeros», sin tomarse el tiempo de hacer una verdadera evaluación de las necesidades y circunstancias del paciente. Se suele pensar que dar medicamentos es fácil, o que no requiere de demasiado tiempo ni formación. Pero la realidad es más compleja que eso.

En realidad, los profesionales a los que acudimos para tratar estos problemas están preparados específicamente para diagnosticarnos, ayudarnos e indicarnos los pasos a seguir. No se limitan a firmar una receta. «Medicar de manera correcta requiere de tiempo, formación y experiencia, al igual que establecer una buena relación con el paciente y proporcionarle herramientas para la gestión y mejora de su enfermedad. En algunos casos será de mayor importancia medicar de una manera adecuada, acertar con el tratamiento, encontrar la mejor eficacia con los menores efectos secundarios. En otros, la medicación se reduce a un apoyo para mejorar los síntomas y facilitar la psicoterapia», explica Uriarte.

En realidad, señala Uriarte, «no existe una alternativa entre psicoterapia y medicamentos. Existe un tratamiento idóneo en una persona concreta con un problema de salud concreto desde una perspectiva integradora. En algunos casos, ese tratamiento será únicamente psicoterápico, en otros medicamentoso y, en una mayoría, una combinación de ambos. Y los servicios de salud mental deben garantizar eso, que los pacientes accedan al tratamiento más efectivo y seguro para su padecimiento».

 

¿Uso o abuso?

En general, los medicamentos psiquiátricos no tienen buena prensa. «Se les tilda de drogas, de ser una alternativa menos costosa y sofisticada que las psicoterapias, se les atribuyen efectos secundarios inadmisibles y, en algunos casos, las personas que los toman son vistas como "débiles", personas que podrían curarse con un esfuerzo personal ayudados o no por algún tipo de psicoterapia», observa Uriarte.

Es evidente que los medicamentos psiquiátricos están estigmatizados y que estas creencias pueden suponer una barrera para el acceso de los pacientes a tratamientos efectivos. «Igualmente, es cierto que se ha abusado de la prescripción de algunos psicofármacos durante años, como los propios antidepresivos y ansiolíticos, con una psiquiatrización de la vida cotidiana ante el malestar, pero esto es aplicable también a las psicoterapias y la consecuente psicologización del sufrimiento emocional normal», aclara el experto.

Si la prescripción de psicofármacos no ha hecho más que crecer en las últimas décadas, señala Uriarte, esto ha ido «de la mano de una mayor demanda y un mejor acceso a los servicios de salud mental y a la reducción del estigma asociado a acudir a sus profesionales en busca de ayuda». Es decir que, según el especialista, no hay un abuso generalizado de los psicofármacos a nivel de la sociedad. En cambio, lo que ocurre es que el acceso a estos tratamientos ha ido permitiendo que aquellas personas que los necesitan puedan beneficiarse de ellos.

Adicción y dependencia

En contra de lo que se suele pensar, la mayoría de los psicofármacos no causan adicción o dependencia. «Los medicamentos psiquiátricos que más se han relacionado con esa posibilidad, y con cierta justicia, son los ansiolíticos, las llamadas benzodiacepinas. Aunque la tendencia a su abuso se restringe a una minoría de pacientes, las personas que reciben tratamientos con ansiolíticos durante un tiempo prolongado a una dosis determinada, no pueden suspender el tratamiento de manera brusca y deberán reducir la dosis de forma paulatina y lenta», aclara Uriarte.

«En el caso de otros medicamentos psiquiátricos, como los antidepresivos, después de un tiempo prolongado de tratamiento, la suspensión de la toma puede conllevar una rápida reaparición de los síntomas», dice el especialista. No se trata de un síndrome de abstinencia como tal, pero sí implica que, si se decide retirar el tratamiento, haya que hacerlo con precaución y de manera lenta y paulatina. «Esto no sucede solo con los medicamentos psiquiátricos; algo similar puede suceder con medicaciones para tratar la hipertensión. Todos los medicamentos producen cambios y adaptaciones en el organismo, cambios de hecho buscados para tratar la enfermedad o sus síntomas. Pero si se retiran de forma brusca, el organismo puede no tener tiempo para adaptarse y regresar a su equilibrio previo» explica.