viernes, 14 de octubre de 2022

¿Qué le respondo a mi hijo si dice que de mayor quiere ser "influencer"?


ENRIQUE ZAMORANO      |      El Confidencial      |      27/09/2022 

Esta profesión ha entrado dentro de las preferidas por los niños y adolescentes españoles. Consultamos con dos expertos para saber orientarles en este particular destino laboral. 

Ellos, futbolistas; ellas, profesoras. Estas son las profesiones que más desean ser de mayores los niños y niñas de nuestro país. Según los últimos datos de una encuesta de Adecco de 2021, vendrían seguidas, respectivamente, de policía y médica en segundo lugar, de profesor y peluquera en tercer puesto, y de médico y veterinaria en cuarto. Y en quinta posición se cuela entre los chicos una que hasta hace pocos años no figuraba dentro de estos 'rankings': 'youtuber'. Una ocupación que dice mucho de nuestra era, pues hasta hace unos años era impensable que hubiera una especie de 'televisión global' vía internet que desterrara la atención de millones de personas en el mundo (sobre todo de niños y adolescentes). Una 'televisión global' en la que, además, pudieras fabricar tus propios contenidos desde la comodidad de tu habitación y comunicar a potenciales multitudes todos los contenidos que te interesaran.

Hace apenas unas décadas, el clásico enemigo de los padres para que sus hijos hicieran los deberes todas las tardes era la que se conocía como 'caja tonta'. Pero ahora que el uso del 'smartphone' está tan extendido entre los más jóvenes, se podría decir que visualizar contenidos a través de una pantalla ya no es una actividad de ocio, sino que forma parte intrínseca de su vida cotidiana. Incluso ver vídeos en YouTube se ha convertido en parte del proceso formativo, tanto educativo como de la personalidad, ya que más allá de buscar entretenimiento, los niños y adolescentes también resuelven dudas, consultan opiniones y conocen personalidades distintas a unos pocos clics de distancia. De ahí que muchos expertos en educación se atrevan a promulgar que el papel del padre, la madre o el maestro sea una figura de 'acompañamiento' más que de transmisores de información, como en el pasado. 

Pero no nos vayamos del tema. YouTube por sí mismo no concentra todo el interés ni es el entorno digital único de explotación por parte del 'influencer'. También están Twitch, Instagram, Snapchat o TikTok. Esta última red social, por cierto, fue declarada altamente adictiva por psiquiatras y agencias de salud, reconociendo que son muchos los jóvenes que acuden a consulta con un serio problema de adicción. Por tanto, la producción y consumo de contenidos dentro de estos entornos no nos pueden parecer inocentes, y conviene analizar seriamente a qué se deben, qué podemos esperar, qué decir y cómo reaccionar ante las pretensiones de un niño o de un adolescente de convertirse en una estrella de estas plataformas. 

La respuesta más recurrente y apropiada es bastante lógica y oportuna: "¿Por qué?". En esto coinciden Ricardo Fandiño, psicólogo y presidente de Aseia (Asociación para a Saúde emocional na Infancia e a Adolescencia) y David Cortejoso, psicólogo especialista en tecnologías digitales y miembro del Colegio Oficial de Psicólogos de Castilla y León (COPCYL). Ambos trabajan con niños y adolescentes, conociendo su realidad y problemas de primera mano. Y, evidentemente, ninguno de los dos reconoce que la pregunta del '¿qué quieres ser de mayor?' se deba quedar en lo anecdótico, sino que hay que profundizar en los intereses y deseos del niño, en este caso de una profesión tan nueva como es la de 'influencer', gestor de redes sociales o 'youtuber'.

Mejor que sea su plan B

"Para ser 'influencer', no hay una hoja de ruta elaborada", explica Fandiño. "¿Sabe un adolescente cuál es el proceso para llegar a serlo y cuáles son las pérdidas asociadas al mismo?". En este sentido, como producto espectacular, el público de estos contenidos desconoce completamente cómo es verdaderamente la persona que está viendo al otro lado de la pantalla y si lo que dice, tanto a nivel verbal como gestual o estético, se corresponde con su personalidad. "Querer ser 'influencer' puede llevar fácilmente a la confusión entre el sujeto y su representación, entre actor y personaje". En pocas palabras, sabemos mucho de quién está delante de una cámara, pero poco de quién es detrás o al margen de ella. 

Cortejoso afirma, por su parte, que lo mejor es inculcar al niño que puede perseguir esta motivación siempre y cuando quede en un segundo plano, relegada a su ocio o tiempo libre. "Lo que los padres deben tener claro es que tiene que haber un plan A, es decir, una formación y un trabajo, ya que las redes sociales e internet son como una montaña rusa, un día tienes éxito y al siguiente un montón de comentarios negativos y todas tus visitas y popularidad se vienen abajo", argumenta. Aquí entrarían las lógicas de la economía de la atención, las cuales pueden llegar a ser muy lesivas para la salud mental de un individuo, sobre todo si está en el proceso de maduración de su personalidad: tanto como hay seguidores y un 'feedback' positivo, también existe su reverso, el 'hater', como apunta también Fandiño. 

En este sentido, cabe pensar en la figura de un 'influencer' como la del empresario de uno mismo. Y esto, ¿puede traducirse en que ahora los niños están más concienciados o saben más al respecto sobre la manera en que pueden monetizar su propia vida y personalidad? "Mi experiencia es que, por lo general, no tienen una visión más amplia que anteriores generaciones de economía empresarial, de ser autónomo, de lo que hay que pagar...", admite Cortejoso. "Como es evidente, al manejar más información que los niños de antes, pues sí, están más formados y preparados respecto a eso, pero no la gran mayoría. Hasta que no empiezan a meterse un poco en el asunto, no tienen una visión general de lo que significa ganarse la vida en internet".  

Fandiño va más allá y repara en el tema de la exposición. "Debemos tener en cuenta que vivimos en una sociedad en la que el sujeto y su identidad se han convertido progresivamente en un producto de consumo", añade. "En cierto modo, en las redes sociales todos somos creadores de contenido que consumen otras personas y por lo que esperamos recibir una gratificación en forma de aceptación. Esto es particularmente relevante en la adolescencia, cuando la necesidad de sentirse aceptado e incluido entre iguales es fundamental. Por ello, la recompensa del 'like' resulta particularmente adictiva, sobre todo para aquellas personas con menos recursos 'yoicos' y más vulnerables emocionalmente". 

Palabras como 'exposición', 'reconocimiento' o 'privacidad' nos suenan a todos, pero en realidad es algo de lo que jóvenes y adultos tienen poca consciencia a la hora de gestionar, producir o consumir los contenidos de estas plataformas. Así lo cree Cortejoso, quien afirma que "no se cuida la privacidad ni la identidad digital, tampoco se tiene un conocimiento de cómo funciona internet y sobre sus servicios", añadiendo que "no se le da el valor suficiente". Por ello, el psicólogo pide que exista una formación oficial y reglada en colegios e institutos para familias y menores.

La 'adolescentización' de la sociedad 

Una de las particularidades de los 'influencers', sobre todo de YouTube, es que muchos de sus contenidos parece que van dirigidos expresamente a niños o personas en la edad de la pubertad. Esto se intuye al ver los elementos y la iconografía que rodean a sus vídeos, desde los clásicos muñecos de Funkopop hasta los juegos de luces y 'look' de las personalidades que aparecen en los vídeos. Muchos de ellos, obviamente, ya no están en la adolescencia, sin embargo, actúan como tal. Por otro lado, parece que, a raíz del uso de las tecnologías, la entrada en la pubertad se da antes, en franjas más cortas de edad. Así, tenemos, por un lado, a niños que quieren ser jóvenes cuanto antes y a jóvenes que infantilizan su discurso visual, verbal y temático para gustar a los adolescentes. 

Esta es la tesis principal del último trabajo de investigación de Fandiño, escrito junto con la psicóloga Vanessa Rodríguez Pousada, 'Ser adolescente: ¿transición o destino?' (2021). "Hablamos de adolescencias prepuberales, es decir, de una 'adolescentización' de la infancia, un proceso en el que niños y niñas adoptan actitudes, comportamientos, funcionamientos relacionales propios de la adolescencia, de manera prematura y sin haber adquirido las habilidades psicosociales necesarias, siendo en ese sentido muy vulnerables emocionalmente". Y, a su vez, los jóvenes y mayores nunca quieren envejecer. "La adolescencia ya no es cosa únicamente de los adolescentes, es un modo de relacionarse, pensar, de estar en el mundo". 

Exponerse tan pronto a contenidos de todo tipo produce que muchas veces haya experiencias negativas en el estado mental de los adolescentes. De esto precisamente se encarga Cortejoso, quien atiende a muchos chicos y chicas sobre temas que van desde el 'cyberbullying' hasta de adicciones a los videojuegos o al teléfono móvil, pasando por carencias sociales mínimas. "Todavía hay chicos que no salen de la habitación tras la pandemia", remarca.

 "Prácticamente, han dejado de tener vida social. Sobre todo aquellos que eran tímidos, quienes han encontrado una forma muy buena de poder socializar gracias a internet. También atendemos temas de depresiones o de estrés en chicos que tienen la presión constante de tener que estar todo el día creando material para intentar ganar visualizaciones o seguidores, por no hablar de los efectos secundarios de exhibirse tanto".

miércoles, 12 de octubre de 2022

La "depresión atípica" representa el 30% del total de las depresiones

 

DRA. MARÍA SOLEDAD HUMBERT ESCARIO       |    Topdoctors    |   05/07/202 

Cuando hablamos de depresión no nos referimos a una sola entidad nosológica. La depresión es una condición médica en la que predomina una alteración del estado de ánimo, acompañado de manifestaciones físicas particulares, así como alteraciones del pensamiento, del ciclo sueño-vigilia y de la cognición.

Hace años, cuando estaba cursando la residencia de la especialidad, se nombraba con frecuencia el término “depresión atípica”, denominación que en la actualidad no se contempla (al menos en la clasificación del DSM-5) salvo como un especificador para los trastornos depresivos en general. La depresión atípica tiene un significado histórico. Fue descrita por los autores británicos West y Daly en 1959 como un diagnóstico separado debido a que en los ensayos farmacológicos realizados entonces un grupo de pacientes mostraba una mejor y clara respuesta a los antidepresivos inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) frente a los antidepresivos de tipo tricíclico. Estos dos grupos de fármacos constituyeron el arsenal terapéutico frente a las depresiones hasta finales de los ochenta, en que aparecieron los antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.

¿Por qué se denominó depresión ‘atípica’?

A este tipo de depresión se denominó así, “atípica” en contraposición a la presentación de cuadros depresivos de tipo endogenomórfico. Hay que señalar que la depresión endógena era la norma en ese momento cuando raramente se diagnosticaban depresiones en pacientes ambulatorios y casi nunca en adolescentes o adultos jóvenes. Sin embargo, la prevalencia de lo que se llamaría “depresión atípica” es elevada y representa casi un 30% del total de las depresiones.

¿A qué cuadro clínico responde esta patología? 

El mismo término sirve para describir a tres cuadros clínicos diferentes:

  • Cuadros en los que predomina la ansiedad y aspectos fóbicos u otros síntomas del espectro ansioso, que van acompañados de depresión o de fenómenos que implican una depresión subyacente, como las variaciones diurnas del humor.
  • Cuadros depresivos con cambios funcionales invertidos respecto a los típicamente endógenos, como el empeoramiento por las tardes, el insomnio de conciliación y sin embargo con hipersomnia diurna, la hiperfagia en lugar de la pérdida de apetito, que puede llegar hasta una conducta bulímica.  
  • Depresiones sin las características subyacentes en los cuadros endógenos o melancólicos. 

¿Qué síntomas son clave para su diagnóstico?

El matiz definitorio de una depresión atípica es la reactividad del ánimo, esto es, la capacidad de responder con alegría o al menos con una mejoría del humor cuando se presentan acontecimientos positivos (por ejemplo, la visita de un ser querido o recibir una alabanza, una gratificación, en definitiva, una buena noticia), cosa que no ocurre en las depresiones melancólicas, que mantienen una anhedonia persistente frente al entorno y frente a los acontecimientos incluso los más felices.

En adolescentes o personas muy jóvenes es bastante común el hecho de una mejoría del ánimo durante el tiempo que pasan con sus amigos, a pesar de hallarse en un estado francamente depresivo. Esta peculiaridad sorprende a las familias y puede retrasar el diagnóstico al interpretarlo como un signo más de la arbitrariedad adolescente.  

Pero además de esta reactividad del humor, existen otros síntomas importantes:


  • Así, en las depresiones atípicas, el estado de ánimo puede volverse eutímico (o sea normal, sin tristeza) incluso durante períodos prolongados si las circunstancias externas se mantienen favorables.
  • En lugar de encontrarnos con una disminución del apetito y el peso, lo habitual es que en la depresión atípica hallemos un aumento de la ingesta de alimentos que puede acompañarse por un claro aumento de peso. 
  • Hallaremos hipersomnia que puede incluir un periodo período prolongado de sueño nocturno y diurno que totalizarían al menos 10 horas diarias, o por lo menos dos horas más del tiempo de sueño habitual del sujeto cuando no está bajo depresión. 
  • Otro síntoma singular es conocido como la parálisis plúmbea definida como una sensación de pesadez o de lastre, generalmente en las extremidades (brazos y piernas). Esta molesta sensación está presente -al menos- una hora al día y en la mayoría de casos durante un tiempo más prolongado. 
  • Por último, merece comentario el síntoma conocido como “sensibilidad al rechazo” percibido en las relaciones interpersonales. Este rasgo es de inicio temprano y en las depresiones atípicas persistirá durante la edad adulta. Dicha sensibilidad al rechazo está presente tanto cuando la persona está en franca depresión como cuando no lo está… aunque en el primero de los supuestos dicho síntoma se exacerba hasta llegar a niveles patológicos. Por tanto, aquí vemos un rasgo de personalidad que enlaza con un síndrome clínico en un continuum desde la necesidad de ser admitido, el miedo al rechazo, la alerta frente a dicha posibilidad, la sensibilidad frente a la respuesta de los otros y en cierto grado la variable de susceptibilidad/suspicacia. 

La reactividad del humor es clave en los principales síntomas que aparecen en la 'depresión atípica'

¿Este tipo de depresión puede convivir con otros diagnósticos o trastornos?

A pesar de no poseer una entidad nosológica propia, la depresión atípica es la forma más común de síndrome depresivo que se observa en las consultas ambulatorias de psiquiatría. Su prevalencia es alrededor de cuatro veces más común en mujeres. La investigación ha respaldado la edad temprana de aparición de los síntomas en pacientes con depresión atípica, siendo más probable que el inicio de los síntomas sea antes de los veinte años.

Para acabar de “complicar” este cuadro, en la depresión atípica se describe una alta comorbilidad con otros diagnósticos psiquiátricos. Estos son los resultados de algunos estudios:

  • Mayor deterioro funcional y episodios de inestabilidad afectiva, disforia crónica y “depresión doble” (esto quiere decir que en algún momento se puede sufrir de una depresión atípica y superpuesta a ésta una depresión mayor melancólica).
  • Trastorno de pánico/agorafobia en más del 53% de los pacientes.
  • Trastorno obsesivo compulsivo en el 10% de los pacientes con depresión atípica.
  • Trastorno de ansiedad generalizada en el 10% de los pacientes con este tipo de depresión.
  • Bulimia nerviosa en alrededor del 11% de los pacientes.
  • Fobia social, casi en el 8% de los pacientes. 

Es decir, observamos una altísima comorbilidad con cuadros de ansiedad en cualquiera de sus formas, TOC y trastornos de alimentación. 

Una alta prevalencia, un inicio temprano y una mayor persistencia 

Como he mencionado previamente, la respuesta a la farmacoterapia era claramente a favor de los IMAOs no selectivos (cuyo uso hoy en día está prácticamente extinguido, ya que en todo el planeta se mantiene la prescripción para unas 70.000 personas). Sin embargo, afortunadamente con la introducción de los antidepresivos ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) se observó una buena respuesta terapéutica para este tipo de depresiones, siendo mejor dicha resolución cuanto antes se traten. 

En el habla coloquial, el término atípico suele estar asociado con algo raro. Pero la depresión atípica, aunque única en su presentación, ciertamente no es ni infrecuente ni rara en los trastornos depresivos. Tanto la literatura como la práctica clínica apoyan la evidencia de que la “depresión atípica” es una forma de depresión de alta prevalencia, inicio temprano y tendencia a tener mayor persistencia en el tiempo. 

Un aspecto de gran interés clínico es el que los pacientes que experimentan depresión atípica de inicio temprano, con curso crónico, patrón de sensibilidad al rechazo de larga duración y una percepción fatiga omnipresente, fácilmente pueden cargar con un diagnóstico primario de trastorno de personalidad. Esto nos llevaría a una especie de “nihilismo terapéutico” que añadido a la preferencia de “no tomar medicación” puede hacer que una herramienta terapéutica muy útil (tratamiento psicofarmacológico) sea desdeñado tanto por el clínico como por el paciente ante la creencia de que el sujeto “siempre he sido así”.

lunes, 10 de octubre de 2022

El alto coste psicológico de colgar toda tu vida en redes (especialmente si eres joven)


EL CONFIDENCIAL – ACV    |     8/10/2022 

Muchas personas anhelan la vida de la que presumen 'influencers', 'youtubers' y demás estrellas de Internet. Hoy vemos algunos de los principales riesgos del uso y abuso de las tecnologías 

En una era en la que tanta gente comparte su vida a través de redes sociales, conviene reflexionar sobre los prejuicios causados por una acusada sobreexposición de la misma en estas plataformas. Muchos, seguramente, empezaron a publicar aspectos de su vida sin llegar a saber muy bien por qué. De un día para otro, el 'feedback' de los demás comienza a llegar cargado de "Me gustas" y comentarios positivos. Pero, como Internet es tremendamente voluble, en cualquier momento esa retroalimentación buena puede convertirse en una campaña de desprestigio fruto de un error sin mala intención o de una opinión que se te va de las manos.

Está claro que dedicar mucho tiempo a usar las redes sociales acaba contribuyendo a que los síntomas de depresión o ansiedad se agraven entre la población. Sobre todo entre los más jóvenes; hace poco, diversos expertos de psicología advirtieron del gran número de adolescentes que acudían a sus consultas enganchados al Tik Tok, llegando a compararlo con un trastorno de adicción a ciertas drogas. En cambio, usar demasiado el móvil o de una forma compulsiva no está contemplado en ningún diagnóstico de salud mental como adicción.

En espera de una notificación constante 

Una de las personas que más saben a nivel internacional de lo que él llama "epidemia digital" es Larry Rosen, profesor emérito de psicología en la State University de California. "Incluso cuando no estás frente a la pantalla, esta está en tu cabeza", asegura en un reciente artículo de la revista 'Wired'. Evidentemente, como avisa, no es la cantidad de notificaciones que te llegan al día, que ya son bastantes, sino las que crees que te van a llegar. No en vano seguro que alguien se siente reconocido cuando está tan acostumbrado a la vibración del móvil que la confunde con una sensación física. De pronto, notas que te vibra el bolso donde guardas el móvil, lo abres y no hay nada. 

Otro factor importante a reseñar es que en Internet todo el mundo puede ser alguien que realmente no es, lo cual puede llegar a producir una desrealización con su propia identidad. Sobretodo aquellos que construyen su 'yo' cibernético en torno a los demás. Al principio, parece que recae sobre el individuo la potestad de elegir de qué quiere hablar, pero más adelante, el algoritmo manda: si quieres que tus visitas sigan creciendo, más te vale hablar de este tema o subir contenido sobre determinada marca de ropa... 

Otro aspecto que hay que tener en cuenta es la facilidad con la que la gente opina y juzga en redes sociales. Parece que lo que muestras te define, lo cual es muy injusto, tanto si es bueno como si es malo. No hemos nacido para estar constantemente buscando una validación externa. Antes de la irrupción de la Web 2.0, la gente tenía una lista de amigos y conocidos muy ajustada, pero ahora cualquier desconocido puede saber quién eres, qué haces, qué te gusta y a qué te dedicas.

viernes, 7 de octubre de 2022

Seis consejos de cosas que hacer y de cuáles no, para dormir bien


LUCÍA PÉREZ COSTILLAS      |    TopDoctors     |     01/02/2022
 
A menudo, aunque estemos cansados nuestras mentes están más activas y nos quedamos acostados en la cama esperando que llegue el sueño pensando. Muchas veces los pensamientos negativos y persistentes pueden llegar a ser abrumadores y nos mantiene despiertos, esta situación es nuestra respuesta al estrés: el instinto de lucha o huida.
 
Escatimar sueño tiene su precio. Por eso es importante que conozcamos nuestro sueño, entrenemos nuestro sueño, cuidemos nuestro sueño y consigamos un sueño reparador y sanador.
 
Os propongo seis consejos de cosas que hacer y de cuáles no.

Una hora antes de acostarte, evita las pantallas, cambia tu teléfono al modo nocturno o use gafas que bloqueen la luz azul
 
¿Qué hacer para dormir bien?
 
1) Reduce el estrés con una lista de preocupaciones: tres horas antes de acostarte escribe una lista de preocupaciones o inquietudes, con un bolígrafo y papel, no con tu teléfono ni con el ordenador.  Al lado de cada uno, escribe si está bajo tu control o no, y si hay algo que puedas hacer al respecto.  En una tercera columna, escribe el siguiente paso que puedes dar al día siguiente o en la próxima semana.  Esto nos puede ayudar porque nuestro cerebro tiene menos probabilidades de rumiar si tenemos un cierre.
 
2) Escribe un diario de agradecimiento: cada noche, cuando te metas en la cama, escribe tres cosas buenas de tu vida (o del día) por las que estés agradecido, grandes o pequeñas. La gratitud ayuda a evocar un estado positivo, y eso es importante porque nos dormimos más fácilmente cuando nos sentimos seguros, cómodos y amados.
 
3) Aprende a estar presente con técnicas de meditación, atención plena y respiración: la preocupación nos coloca en un tiempo futuro donde no podemos predecir o controlar, y la rumiación nos lleva al pasado, que no podemos cambiar.  La atención plena y la meditación son excelentes a modo de rutinas de relajación, ya que se centran en el cuerpo físico y nos ayudan a permanecer presentes.
 
Por ejemplo, la práctica la respiración diafragmática o la relajación muscular progresiva son buenas opciones para relajarnos.
 
¿Qué no hacer para dormir bien?
 
4) No te vayas a la cama demasiado temprano: las personas que tienen problemas para conciliar el sueño tienden a irse más temprano a la cama con el fin de ganar tiempo, pero la evidencia científica nos dice que las personas con insomnio de conciliación tienen una fase de sueño naturalmente retrasada, lo que significa que están genéticamente predispuestas a tener sueño en torno a la medianoche.
 
5) No mires las pantallas cerca de la hora de acostarte: Limita el tiempo de pantalla en la noche. Una hora antes de acostarte, evita las pantallas, cambia tu teléfono al modo nocturno o use gafas que bloqueen la luz azul.  Las pantallas brillantes de tu teléfono y televisor engañan a tu cerebro haciéndole creer que todavía es de día. Son estimulantes y pueden provocarte retrasos a la hora de acostarte, lo que a su vez provoca estrés.  En lugar de pantallas, lee un libro real, a ser posible de papel, hasta que tengas sueño.
 
6) No hagas nada estresante justo antes de acostarte: Evita realizar actividades productivas o estresantes en esa hora crucial antes de acostarte.  Ni trabajar, ni pagar facturas o hacer cuentas, ni discusiones difíciles.
 
El sueño es importante para tener un buen estado de salud. Sabemos que, mientras menos duerme una persona, mayor es la probabilidad de que aumente de peso o sufra obesidad, desarrolle diabetes, hipertensión y otras enfermedades.
 
Además, necesitamos dormir para pensar con claridad, reaccionar con rapidez y crear recuerdos.

miércoles, 5 de octubre de 2022

Trastornos psicóticos en la infancia: características, tipos y síntomas


MARIO ARRIMADA      |     Psicología y Mente     |     06/07/2022

Veamos cuáles son los trastornos psicóticos en la infancia y cómo afectan a los pequeños. 

Los trastornos psicóticos componen unos trastornos mentales caracterizados principalmente por causar ideas y percepciones inusuales, por lo que la pérdida de contacto con la realidad es bastante llamativa. Entre los principales síntomas cabe destacar las alucinaciones y los delirios y, aunque existen más investigaciones sobre casos desarrollados en la edad adulta, también pueden comenzar en la infancia.

Los trastornos psicóticos en la infancia se incluirían dentro de la clasificación general de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos. No obstante, hay una serie de diferencias de este tipo de casos con respecto a los que se desarrollan en la etapa adulta por lo que es conveniente hablar sobre ello y explicar sus características.

En este artículo veremos cuáles son las principales características de los trastornos psicóticos en la infancia, con el fin de poder distinguirlos de aquellos que se desarrollan en la adultez.

Los trastornos psicóticos y sus características

En los primeros casos de esquizofrenia, diagnosticados por Bleuler y Kraepelin, se pudo observar un inicio en la infancia y/o la adolescencia, siendo Mahler, quien unos años después, llegó a realizar una descripción sobre los trastornos psicóticos en la infancia bajo el nombre de “psicosis infantil simbiótica”, caracterizada por ser una fusión somática y psíquica de carácter alucinatorio y omnipotente con la madre, lo que implicaría por tanto una negación de una frontera común entre dos sujetos separados físicamente.

En la actualidad, no existe una categoría específica para los trastornos psicóticos en la infancia dentro de las clasificaciones internacionales, sino que este tipo de casos se incluirían dentro de la clasificación general de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos. Sin embargo, hay una serie de diferencias de este tipo de casos con respecto a los que se desarrollan en la etapa adulta, por lo que vamos a hablar sobre ello próximamente.

La sintomatología positiva

Dentro de la sintomatología positiva de los trastornos psicóticos en la infancia cabe destacar los delirios que, aunque suelen ser menos elaborados que en el caso de los adultos, van adquiriendo un mayor grado de sistematización a medida que el niño va creciendo. Los delirios más comunes en la infancia suelen ser de temática persecutoria, aunque también se dan con bastante frecuencia las ideas delirantes somáticas o de hipocondría, las de regencia, las extravagantes y, por último, las de grandeza.

Por otro lado, las alucinaciones también suelen ser bastante frecuentes, aunque también tengan un menor grado de elaboración que las que suelen darse durante la etapa adulta. Dentro de esta categoría, podemos destacar las alucinaciones auditivas y también las visuales (estas últimas aparecen en menor medida que las primeras). Por otro lado, también podemos encontrar alucinaciones no afectivas, alucinaciones relacionadas con órdenes, visuales y acerca de voces que conversan.

Otros de los síntomas positivos más característicos dentro de los trastornos psicóticos en la infancia son la desorganización del habla, cuando el niño muestra un lenguaje ilógico, incomprensible e incoherente; la desorganización del pensamiento, cuando muestra agresividad, inquietud y falta de autocuidado; por último, síntomas catatónicos, que son una serie de alteraciones motoras por defecto o incluso por exceso, o muestra unas posturas corporales poco comunes.

También es frecuente que muestren emociones que no se encuentran en concordancia con la situación o que haya un empobrecimiento emocional, al expresar muy pocas emociones.

La sintomatología negativa

Dentro de los síntomas negativos de los trastornos psicóticos en la infancia conviene destacar la existencia de un lenguaje escaso o pobre para su edad, algunos comportamientos desadaptativos, aislamiento, poca integración social con otros niños por una dificultad a la hora de establecer y/o mantener relaciones, resonancia afectiva y poca expresividad, apatía, abulia o anhedonia, entre otros.

Cuando un niño sufre algún trastorno psicótico es común que esté experimentando un notable deterioro en el funcionamiento que le corresponde en función de su edad o su etapa del desarrollo, ya que se suele desarrollar una grave perturbación de la organización de su personalidad, por lo que se da una obstaculización de la comprensión de la realidad, entre otras consecuencias que requieren atención profesional.

¿Cómo son los trastornos psicóticos en la infancia?

Los trastornos psicóticos en la infancia está compuestos por una serie de síntomas, ya sean positivos o negativos, como los que vimos anteriormente y estando caracterizados fundamentalmente por el hecho de que el niño que padece alguno de ellos experimente una alteración notable en la percepción de la realidad, y también en las emociones y en sus pensamientos.

Por ello, es preciso que se trate cuanto antes y se opte por un tratamiento integrado o multimodal (psicoterapia, psicofarmacología e incluso psicopedagogía) con el fin de establecer un modelo terapéutico a medio y a largo plazo con el fin de alcanzar una estabilización de los síntomas y de las conductas disruptivas, así como también para ayudar al niño a que desarrolle unos niveles de funcionamiento aceptables.

Cabe destacar que, a día de hoy, no se han encontrado unas causas únicas o exactas para el desarrollo de los trastornos psicóticos en la infancia. No obstante, varios expertos advierten de la existencia de una serie de factores a tener en cuenta que, dándose en combinación, pueden favorecer su desarrollo en la infancia: factores genéticos, historia familiar de psicosis, crecer en un ambiente negativo, vivir experiencias negativas, consumo temprano de alcohol y/o drogas, algunos problemas o complicaciones durante el embarazo, algunas anomalías en la estructura y en algunas funciones cerebrales, etc.

A continuación, explicaremos brevemente algunos de los trastornos psicóticos más comunes durante la infancia.

1. Brote psicótico agudo

Uno de los trastornos psicóticos en la infancia sería el brote psicótico agudo, en el que es común que se detecte un lenguaje verborreico y desbordante, habiendo además una comunicación sin sentido aparente e inconexa.

En este tipo de casos, los síntomas más comunes son los delirios y las alucinaciones, estando además caracterizado por presentarse durante un periodo de tiempo más corto que en otro tipo de trastornos psicóticos (1 mes de duración aproximadamente frente a otros trastornos que suelen durar más de 1 mes).

2. Psicosis disarmónica

La psicosis disarmónica podría llegar a desarrollarse a partir de los 4 años de edad y está caracterizada por la muestra de posturas poco comunes y nada armoniosas (p. ej., quedarse el niño quieto en una postura que dé la sensación de que está petrificado). También es común que existan algunos déficits en ciertas áreas del aprendizaje, en el esquema corporal, dificultades a la hora de ubicarse en el tiempo y en el espacio, así como también ciertas dificultades relacionadas con el lenguaje y la lateralidad.

3. Psicosis deficitaria

En este caso de las psicosis de expresión deficitaria, se ha observado que cursan con un déficit cognitivo y también en el aprendizaje. Además, es común que exterioricen una angustia psicótica y que muestren una serie de conductas impulsivas y de características autoagresivas, así como también cierta disociación a nivel psicológico. En este tipo de casos, al llegar a la adolescencia se ha podido observar que es bastante frecuente que lleguen a presentar una serie de episodios de delirio polimorfo, caracterizados por una asociación de ideas delirantes de una naturaleza diversa.

4. Esquizofrenia en la adolescencia

La esquizofrenia en la adolescencia, también conocida como esquizofrenia precoz, es aquella que suele comenzar a desarrollarse antes de los 13 años de edad. En este tipo de casos suelen darse síntomas característicos de la esquizofrenia en la edad adulta como puede ser la sintomatología positiva (p. ej., alucinaciones, delirios, etc.), así como también de la negativa (p. ej., empobrecimiento de los rendimientos y de algunas capacidades del sujeto como pueden ser los síntomas negativos de los trastornos psicóticos que mencionamos anteriormente).

5. Síndrome de psicosis atenuado

El síndrome de psicosis atenuado es un trastorno que se encuentra ubicado en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) dentro de la Sección III (Afecciones que necesitan más estudio), por lo que es importante incluirlo aquí.

Este síndrome está compuesto por una serie de síntomas que son característicos también de la esquizofrenia (p. ej., un discurso desorganizados, alucinaciones, delirios, etc.); sin embargo, en el caso del síndrome de psicosis atenuado estos síntomas se dan durante un menor tiempo de duración y tienen unos menores niveles de gravedad. Además, en este tipo de casos las personas que lo sufren suelen tener un mayor grado de introspección y de conciencia del problema, aunque siguen siendo lo suficientemente notables como para causar cierta angustia e incluso incapacidad clínica.

6. Síndrome límite en la infancia o Trastorno múltiple del desarrollo

Otro de los trastornos psicóticos en la infancia que conviene comentar es el síndrome límite, también conocido como trastorno múltiple del desarrollo, caracterizado por una serie de afecciones a diferentes niveles.

En este síndrome suelen darse una serie de dificultades a nivel social, por lo que sus relaciones sociales pueden verse afectadas, dando paso al aislamiento; ciertas dificultades a la hora diferenciar la fantasía de la realidad y también a la hora de organizar los propios pensamientos; problemas para regular la ansiedad, actos de impulsividad o dificultades para concentrarse, entre otros.

Estados mentales de alto riesgo

El nombre de estados mentales de alto riesgo se ha utilizado para referirse a aquellos síndromes que, una vez detectados, señalan un riesgo de evolución hacia los trastornos psicóticos en la infancia, siendo inevitable su aparición en algunos casos aunque sigue siendo importante un tratamiento por parte de un equipo profesional cuanto antes con el fin de facilitar las herramientas tanto a los padres como al niño para que pueda tener una vida plena.

Algunos expertos que han investigado sobre os estados mentales de alto riesgo han establecido 3 subcategorías:

·        En la que existe un historial familiar de psicosis.

·        Historial en el niño de síntomas psicóticos limitados y durante un tiempo breve.

·        Existencia de síntomas psicóticos a unos niveles bastante atenuados.