lunes, 5 de diciembre de 2022

Después del 10 del 10, más salud mental


FERNANDO MARQUÍNEZ BASCONES     |     TopDoctors     |     22/11/2022
 
Cada año, el décimo día del décimo mes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) conmemora el día mundial de la salud mental.
 
Actualmente, con la catástrofe climática sin resolver, la pandemia provocada por el COVID-19 sin acabar, una guerra activa en Ucrania con amenaza nuclear, además de otras crisis globales, parece sensato y oportuno hablar de salud mental.
 
Pero, ¿qué es la salud mental?
 
Podemos empezar diciendo que es más que la mera ausencia de enfermedad. Se trata de un estado en el que somos capaces de adaptarnos y autogestionarnos competentemente, con resiliencia, ante los retos sociales, físicos y emocionales que aparecen en el transcurso de nuestra vida. Por tanto, consideramos la salud de manera positiva y dejamos de priorizar la medicalización y el recurso al tratamiento unilateral e inmediato.
 
La salud mental es esencial para vivir bien
 
Tal y como dice el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), hemos de adoptar y promover un enfoque de “servicio de salud mental y apoyo psicosocial”. Se trata de acostumbrarnos a una consideración multisector y multinivel. Esto se podría traducir como la necesidad de implicar e involucrar al sector sanitario, educativo, protección de la infancia y servicios sociales a nivel estatal, regional y local cada vez que se desarrollen distintas estrategias. Desde luego la política, la buena política, es un elemento clave y determinante. En las sociedades políticamente más sanas, es decir, con más y mejor democracia, sus poblaciones gozan de mejor salud.
 
Un estado de bienestar psicológico
 
La UNICEF define la salud mental como “Un estado de bienestar psicológico en el que la persona desarrolla sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de manera productiva, es capaz de amar y de contribuir a su comunidad”. Cuando el estrés psicosocial aumenta mucho, como ocurre en casos de pobreza, déficit de educación, vivienda inestable, desempleo o falta de acceso a la atención médica de calidad, aparece el distress, con su graduación de síntomas patológicos.
 
Esta angustia puede esquematizarse como una progresión en círculo vicioso, desde la ansiedad-inflamación-depresión-somatización, hasta el cuadro clínico bien establecido, que podemos sufrir cualquiera de nosotros en algún momento dado de nuestra existencia. Por tanto, la estigmatización del trastorno mental es un prejuicio equivocado, derivado de diferentes dogmatismos anticientíficos.
 
“No hay salud sin salud mental”
 
La salud mental es esencial para vivir bien (Eudaimonía) y como reza el certero eslogan recientemente divulgado por el gobierno español, “No hay salud sin salud mental”. La investigación en epidemiología desarrollada en las últimas cuatro décadas, han cambiado profundamente el modo de pensar en medicina y salud pública.
 
La epidemiología es esencialmente una ciencia cuantitativa y ha sabido medir muy bien en qué grado, las opciones libres de la conducta humana, son fuentes determinantes de la salud. Nos dice que conductas, como el fumar, los hábitos alimenticios o sexuales, el consumo de drogas, alcohol, el modo de conducir, la actividad física, las horas ante el televisor, ordenador, o el móvil, condicionan en gran medida nuestra salud.
 
El estilo de vida de cada persona determina su salud mental

El mensaje que las autoridades y los profesionales sanitarios debemos transmitir a la población, es que el estilo de vida es determinante para que nuestra salud dependa, en cierta medida, de cada uno de nosotros. Alimentarnos saludablemente, hacer ejercicio o deporte adecuado y no drogarse con drogas legales o ilegales, es tremendamente saludable sin necesidad de una pastilla (ideal) que solucione nuestro estrés y nos haga felices.
 
Así pues, el estrés bio-psico-social excesivo (distress) nos debilita el control emocional, nos lleva a pensar mal, a sentirnos mal a controlar peor nuestra conducta y es la causa de muchas enfermedades mentales, cardiovasculares, digestivas, neuroendocrinas, entre muchas otras. Por tanto, frente a las graves crisis presentes, siguiendo las recomendaciones de la OMS, invirtamos en nuestra salud mental por nuestra supervivencia y bienestar todo el año, más allá del día 10 del mes 10.

viernes, 2 de diciembre de 2022

Cómo cambiar las dinámicas negativas con la familia en Navidad


PATRÍCIA RAMÍREZ     |      ABC (El lunes empiezo-Blog)   |     05/12/2021

En casi todas las familias suele haber dinámicas negativas en Navidad que año tras año se repiten. Forman parte de nuestras costumbres y rutinas dañinas. Ocurren en muchas ocasiones sin pensar y sin mala intención. Tienen la particularidad de que surgen de forma automática, solos, como si tuvieran vida propia. Cuando menos te lo esperas estás enzarzado en una discusión absurda sobre temas en los que no se te va la vida pero que terminan dividiendo a la mesa. Al igual que los hábitos personales, tanto los nocivos como los más saludables, también los hábitos sociales nos salen de forma automática. 

Si deseas cambiar esas rutinas y disfrutar de unas Navidades más serenas, aquí te ofrezco una serie de consejos para cambiarlas.

1. Las dichosas ‘imposición’ y ‘presión’

No suelen coincidir las necesidades o preferencias de todos los miembros de la familia en cuanto a cómo vivir la Navidad. A unos les gustaría pasar las Navidades más tranquilos, incluso solos. Otros quieren estar todos juntos. Los que desean juntarse y celebrar, suelen ejercer sobre los demás presiones manipuladoras “pero cómo no vais a venir, con las ganas que tenemos de ver a los niños”, “pero si tu hermana y tu cuñado se van a desplazar desde la otra punta de España”, “venga, no seas egoísta, qué te cuesta”.

Estas imposiciones, manipulaciones y presiones te hacen sentir egoísta y mala persona. Terminas cediendo a lo que no te apetece, acudes de mal humor y te arrepientes. Te prometes que el año que viene te impondrás, pero vuelves a caer en lo mismo. 

Así que para el año que viene o para éste si estás tiempo declina con educación la presión familiar. “Este año no voy a acompañaros. Hemos decidido pasar una Navidad en casa, sin viajes”. No te justifiques, no trates de que te entiendan, no les digas lo mucho que lo sientes (sonaría hipócrita) porque no lo van a hacer, no les interesa entenderte. Les interesa conseguir su propósito de tenerte en casa a costa de tu bienestar. Y utiliza la técnica del disco rayado que consiste en repetir la misma frase, idéntica, con el mismo tono amable y respetuoso, sin argumentar más.

2. Conversaciones y sobremesa que acaban en tensión 

Las sobremesas pueden resultar especialmente delicadas, tensas, incluso violentas. Pueden surgir conversaciones incómodas entre personas poco flexibles, dogmáticas, que versan sobre temas dicotómicos dividen la mesa. Antivacunas, política, religión… También se utiliza la sobremesa para sacar trapos sucios entre padres e hijos, entre hermanos, se cuestiona la educación a los nietos, se critican las notas, las decisiones que se han tomado, etc. Otro añadido en la lista de “cómo terminar mal en una cena de Navidad” es la falta de filtro mental, hablando así desde el sincericidio. Se dan consejos que no se han pedido, se critica y cuestiona a alguien…y se termina hablando a gritos. 

Cambiar esta dinámica puede ser algo complicado, porque no depende solo de ti mismo. Os recomiendo pactar una serie de normas antes de sentaros a cenar, como qué tipo de temas evitar en las conversaciones, o pedir por favor que no se eleve el volumen a la hora de hablar. Podemos también reunirnos individualmente con la persona que saca trapos sucios, alecciona, aconseja, etc., y hacerle saber que es incómodo para ti y que te gustaría que por favor este año lo evitara. 

En el caso en el que la dinámica vuelva a presentarse, puedes levantarte de la mesa excusándote con sinceridad: “me voy a sentar en el sofá. Estos temas de conversación y la dinámica que se genera son incómodos para mí”.  No lo hagas como castigo, ni en tono de enfado, ni reprochando. Solo expresa el motivo por el que abandonas la mesa. Ya verás como algún otro miembro de la familia te secundará. 

3. Los excesos 

En Navidad hay exceso de todo, incluso de amor e hipocresía. Se cocina, come, bebe y regala de más. Es una alegoría al consumismo, a la ostentación y a la falta de moderación. 

El consumismo estresa, comer de más nos genera culpa, el exceso de alcohol provoca imprudencias y hasta mala educación. Tratemos este año de ser más responsables y prudentes con el consumo. Tanto si cocinas tú como si acudes a casa de alguien, haz hincapié en todo lo que sobró el año pasado, en sugerir cocinar algún plato menos o elaborar menor cantidad. Elabora un menú y una lista de la compra responsables. No incites a beber con frases como “venga una copita, si son dos días”. Si vas a consumir alcohol, que sea con responsabilidad y para disfrutarlo. Lo de beber por beber es un despropósito para la salud. Sinceramente, lo de copa y puro en mano queda ya hasta rancio. 

Es un despropósito comprar regalos por comprar. Hasta los niños necesitan menos regalos de Reyes. No saben qué hacer con tanto juguete, dejan de darles valor, abren regalos por abrir, a veces sin curiosidad por lo que el regalo contiene. Poneros de acuerdo a la hora de regalarles, buscad regalos con sentido, que les hagan ilusión. 

Y a pesar de que para algunos adultos el amigo invisible sea estresante, más estresante suele ser comprar regalos para todos. Acaba con la creatividad y economía de cualquier familia y se termina comprando en cadena.

4. Los malos rollos en pareja 

Muchas parejas terminan discutiendo en Navidad por las decisiones que tienen que tomar respecto a dónde pasan las fechas señaladas. Todos se sienten ofendidos, la pareja, los padres, los suegros, hasta los amigos que han planificado un final de año contigo. Tomes la decisión que tomes siempre hay una queja o un mal rollo y alguien que se disgusta. 

Tomar estas decisiones en el último momento genera aún más ansiedad y malestar. Trata de pactar con tu pareja un plan de acción que incluya dos años, un año decide uno y al año siguiente decide el otro. Siempre siendo considerados y empáticos con la otra parte. Decidid esto en octubre, noviembre…. No lo dejéis para los días de antes. Y tened en cuenta circunstancias especiales, como que alguien esté enfermo o una de las familias esté atravesando un momento complicado. 

5. Las quejas 

No se trata de promover la felicidad sí o sí. Pero en las fechas señaladas igual podríamos centrarnos más en lo que suma. Hay personas que no paran de verbalizar que no les gusta la Navidad, que les falta fulanito, que por qué no ha venido tu hermano este año, etc., y en lugar de disfrutar con lo que tienen y con las personas que los acompañan, se recrean en todo lo que les falta. 

Trata de dar valor a lo que tienes o de pedirle a la persona que se queja que disfrute con lo que está viviendo en el presente. No le eches la bronca con frases como “siempre estás quejándote, esto es insufrible”, porque terminaréis enfadados. Solo recuérdale algo así como “mamá, venga que estamos aquí el resto, estamos disfrutando, todos te queremos mucho”. 

Existen muchas otras dinámicas negativas que afectan a nuestro estado de ánimo y serenidad, como el patriarcado, en el que siguen siendo las mujeres las que cocinan, sirven y recogen, la falta de educación generalizada, la falta de ilusión por estas fechas que contamina a quien sí las disfruta o por lo contrario, la obligación de estar alegres cuando a uno no le apetece o mal utilizar el humor para hacer burla de los que están presentes. 

Sean sensibles estos días, y, sobre todo, empáticos. ¡Qué necesidad tenemos de generar mal humor, mala educación y pasarlo mal! Y, sobre todo, respeten. Respetar es dejar que cada cual tome la decisión de vivir la Navidad como le apetezca, con quien le apetezca y dónde le apetezca.

jueves, 1 de diciembre de 2022

¿Cuánto tiempo debería durar un duelo?

 

ENRIQUE GUERRA GÓMEZ     |     TopDoctors     |     28/06/2022

La Organización Mundial de la Salud, en su Clasificación Internacional de Enfermedades, estableció los criterios diagnósticos de “duelo prolongado” y, hace 2 o 3 meses, ha hecho lo propio la Asociación Psiquiátrica Norteamericana (DSM-5 TR). El duelo prolongado se define como la preocupación constante o anhelo intenso por el difunto y las características que rodearon su muerte.

Las personas que padecen duelo prolongado experimentan malestar clínicamente significativo, que puede ir acompañado de deterioro laboral, social y en otras áreas del funcionamiento. Para poder determinar si existe duelo prolongado, estos síntomas deben presentarse todos los días y la mayor parte del día.

El duelo prolongado es una preocupación constante o anhelo intenso por el
difunto y las características que rodearon su muerte
  

Las diferencias entre el duelo prolongado y el duelo “esperable” 

El manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5 TR diferencia el duelo prolongado del duelo normal exclusivamente en base al tiempo transcurrido.

En la mayoría de las personas adultas se considera que debe pasar un mínimo de 12 meses para considerar un duelo como duelo prolongado y, en niños y adolescentes ese tiempo se reduce a 6 meses. 

Sin embargo, también es importante tener en cuenta si existen síntomas asociados, como sentimientos de culpa casi delirantes o alucinaciones, lo que supondría un plus de gravedad. En estos casos, el especialista en Psiquiatría debe plantearse si es necesario esperar a que pasen 12 meses para hablar de la existencia de duelo prolongado. 

Otro aspecto a tener en cuenta es el contexto sociocultural del paciente, ya que existen diferentes ámbitos en los cuales la “normativa” establece un tiempo de duelo con una duración mayor. 

Los síntomas del duelo prolongado 

Las personas que sufren duelo prolongado suelen presentar alteración de la identidad, es decir, el sentimiento de que parte de uno mismo ha muerto. Por otro lado, se caracteriza por la evitación constante de recuerdos asociados al fallecimiento, dolor emocional intenso y entumecimiento emocional, es decir, sentir que la vida carece de sentido; y sentimientos de soledad.

Además, pueden presentar una gran dificultad para seguir adelante con la vida, problemas para relacionarse con otras personas, perseguir objetivos o planificar el futuro.

¿Hay personas más propensas a sufrir duelo prolongado?

Aproximadamente un 10% de los duelos se convierten en duelo prolongado. Cuando se trata de niños y adolescentes este porcentaje aumenta al 18%.

Además, podría haber una ligera predominancia en mujeres, más aún en personas que han sufrido la muerte de una persona cercana en cuidados paliativos, por 
VIH y sobre todo en refugiados (30%).

¿Cómo se puede “curar” un duelo prolongado? 

El tratamiento principal es la psicoterapia. Los estudios realizados hasta la actualidad han mostrado que la modalidad más eficaz es la Cognitivo-Conductual o sus variantes, como la cognitiva-integrativa y la metacognitiva; por otra parte y en menor grado, la Terapia Interpersonal. 

Con respecto a los psicofármacos, la decisión de prescribirlos o no estaría en función de la presencia de síntomas depresivos y/o de ansiedad notorios, que interfieran con las actividades habituales de la persona.

En estos casos se utilizarían los antidepresivos (los más estudiados son los inhibidores específicos de la recaptación de serotonina) o los ansiolíticos. 

domingo, 27 de noviembre de 2022

Depresión: hallan la primera evidencia directa en décadas de su vínculo con la serotonina baja


JOSÉ ANDRÉS GÓMEZ     |      El Español     |    05/11/2022

Un estudio realizado por investigadores del Imperial College de Londres confirma por primera vez la teoría y abre la puerta a nuevos tratamientos. 

El Prozac es, desde hace décadas, uno de los remedios más utilizados para el tratamiento de la depresión. Su mecanismo de acción es relativamente sencillo. Este medicamento, que pertenece a la familia de los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, aumenta los niveles de la también conocida como "hormona de la felicidad" y evita algunos de los síntomas típicos del popular trastorno mental. 

La aprobación del Prozac en la década de los 80 supuso un antes y un después en el tratamiento de la enfermedad y sirvió para impulsar la hipótesis de que existía una relación entre la enfermedad y un posible desequilibrio químico en el cerebro. Una hipótesis que ha sido muy cuestionada en los últimos años ya que no existían pruebas firmes in vivo que la probasen. Hasta hoy. Un estudio dirigido por investigadores del Imperial College de Londres afirma haber encontrado la primera evidencia directa de que las personas con depresión tienen una capacidad reducida para liberar serotonina.

El trabajo, publicado en la revista Biological Psychiatry, involucró a 17 pacientes con un trastorno depresivo mayor y a 20 voluntarios sanos. A todos ellos se les realizó una tomografía de emisión de positrones —una técnica diagnóstica que permite tomar imágenes que muestran la actividad y el metabolismo de los órganos del cuerpo, también conocida como PET—. Gracias a un marcador radioactivo, lograron ver cuánta serotonina se unía a ciertos receptores del cerebro. Después, se les dio una dosis de anfetaminas para estimular la liberación de serotonina y se volvió a realizar un nuevo escáner.  

Los investigadores observaron entonces que los pacientes deprimidos liberaron mucha menos serotonina que aquellos que no lo estaban. "Esta es la primera evidencia directa de que la liberación de serotonina se reduce en el cerebro de las personas con depresión", explica Oliver Howes, psiquiatra del Imperial College y el King’s College de Londres y coautor del estudio al diario británico The Guardian. "Se ha estado debatiendo esta cuestión durante 60 años, pero todo se ha basado en medidas indirectas. Esto es un paso realmente importante", añade. 

El hallazgo científico sale a la luz después de que el pasado mes de octubre volviese a tambalearse la principal hipótesis para explicar este trastorno mental. Un estudio realizado por investigadores del University College de Londres y publicado en la revista Molecular Psychiatry —perteneciente a la editora de la revista Nature— cuestionaba de nuevo esta teoría.

Esta amplísima revisión de estudios concluía: "Las principales áreas de investigación sobre la serotonina no brindan evidencia consistente de que exista una asociación entre la serotonina y la depresión, y no respaldan la hipótesis de que la depresión es causada por una actividad o concentraciones reducidas de serotonina".

El metaanálisis liderado por los psiquiatras Joanna Moncrieff y Mark Horowitz tampoco encontró que reducir los niveles de serotonina empeorase los síntomas de la depresión. Ahora, el nuevo estudio que acaba de ser publicado vuelve a desafiar los resultados del trabajo de Moncrieff y Horowitz y confirma por primera vez la hipótesis que relacionaba los bajos niveles de la hormona de la felicidad con el trastorno mental. 

Los autores del trabajo admiten que se trata sólo del primer paso hacia una línea de investigación que debe ampliarse. De esta manera, se abriría una puerta a tratamientos mucho más precisos que los que se manejan en la actualidad. "Es lo más cerca que alguien ha podido llegar hasta ahora", explica Howes a The Guardian. "Es difícil medir estos transmisores en el cerebro de personas vivas. No podemos poner una pipeta ahí y tomar una muestra. Esto es probablemente lo más cerca que lleguemos".  

Pese al importante hallazgo, los investigadores hacen hincapié en que será necesario replicar los resultados del estudio y hacer nuevas investigaciones para confirmar definitivamente una hipótesis que lleva cuestionándose desde hace 20 años como explicación de una enfermedad tan compleja como la depresión. Actualmente, los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina siguen utilizándose con muchísima frecuencia para el tratamiento de una enfermedad que se ha disparado durante la pandemia. Sin embargo, es cierto que no funcionan en todos los casos. De hecho, hay personas que no encuentran tratamiento que les ayude y acaban suicidándose.

viernes, 25 de noviembre de 2022

Síndrome de Munchausen por poderes


Traducción y localización realizada por: DrTango, Inc.    |     MedlinePlus   |   8/10/2021
    
Es una enfermedad mental y una forma de maltrato infantil. El cuidador del niño, con frecuencia la madre, inventa síntomas falsos o provoca síntomas reales para que parezca que el niño está enfermo.
 
Causas
Nadie sabe con certeza qué causa el síndrome de Munchausen por poderes. Algunas veces, la persona fue víctima de abuso de niño o tiene el síndrome de Munchausen (finge tener enfermedades).
 
Síntomas
El cuidador puede tomar acciones extremas para fingir los síntomas de una enfermedad en el niño. Por ejemplo, el cuidador podría:
·        Añadir sangre a la orina o heces del niño
·        Privar de alimento al niño para que parezca que no puede aumentar de peso
·        Calentar los termómetros para que parezca que el niño tiene fiebre
·        Inventar resultados de pruebas de laboratorio
·        Darle medicamentos al niño para provocarle vómito o diarrea
·        Infectar una línea intravenosa (IV) para enfermar al niño

¿Cuáles son las señales en un cuidador?
·        La mayoría de las personas con este problema son madres con niños pequeños. Algunos son hijos adultos que cuidan a un padre mayor.
·        Los cuidadores a menudo trabajan en atención médica y saben mucho sobre el cuidado médico. Pueden describir los síntomas del niño con mucho detalle médico. Les gusta estar muy involucrados con el equipo de atención médica y son apreciados por el equipo por el cuidado que le dan al niño.
·        Estos cuidadores están muy involucrados con los niños. Parecen devotos al niño. Esto dificulta que los profesionales de la salud lleguen a un diagnóstico de síndrome de Munchausen por poderes.

¿Cuáles son las señales en el niño?
·        El niño visita a muchos proveedores de atención médica y ha estado mucho tiempo en el hospital.
·        A menudo le han practicado muchos exámenes, cirugías u otros procedimientos. 
·        El niño tiene síntomas extraños que no encajan con ninguna enfermedad. Los síntomas no concuerdan con los resultados de los exámenes.
·        El cuidador reporta los síntomas del niño. Los profesionales de la atención médica nunca ven estos síntomas. Desaparecen en el hospital, pero vuelven a empezar cuando el niño se va a casa.
·        Los exámenes de sangre no corresponden con el tipo sanguíneo del niño.
·        Se encuentran fármacos o químicos en la orina, sangre o heces del niño.

Pruebas y exámenes
Para diagnosticar el síndrome de Munchausen por poderes, los proveedores tienen que ver las pistas. Tienen que revisar el historial clínico del niño para ver lo que ha pasado con el niño a través del tiempo. Con mucha frecuencia, el síndrome de Munchausen por poderes queda sin diagnóstico.

Tratamiento
Es necesario proteger al niño. Puede ser necesario retirarlo del cuidado directo del cuidador en cuestión.
 
Los niños pueden necesitar atención médica para tratar las complicaciones de las lesiones, infecciones, medicamentos, cirugías o exámenes. También pueden necesitar atención psiquiátrica para lidiar con la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático que pueden presentarse con el abuso infantil.
 
El tratamiento muy a menudo involucra terapia individual y familiar. Ya que esto es una forma de abuso infantil, el síndrome se debe reportar a las autoridades.
 
Cuándo contactar a un profesional médico
Si usted cree que un niño es víctima de abuso, póngase en contacto con un proveedor, la policía o con los servicios de protección infantil.
 
Llame al número de emergencias (como 911 en los Estados Unidos) si hay algún niño en peligro inminente provocado por abuso o negligencia.
 
También puede llamar a esta línea de atención. Hay consejeros de crisis disponibles las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Hay interpretes disponibles para ayudar en 170 idiomas. El consejero al teléfono puede ayudarlo a determinar los siguientes pasos. Todas las llamadas son anónimas y confidenciales. Llame a Childhelp National Abuse Hotline 1-800-4-A-CHILD (1-800-422-4453).
 
Prevención
La detección del síndrome de Munchausen en una relación padre-hijo puede evitar el maltrato continuado y exámenes médicos innecesarios, costosos y posiblemente peligrosos.
 
Nombres alternativos 
Trastorno facticio por poderes; Maltrato infantil – Munchausen