jueves, 25 de mayo de 2023

El estrés crónico nos puede matar

FERNANDO L. VÁZQUEZ        |      lavozdegalicia.es      |      30/08/2022

¿Qué es el estrés?, ¿cuáles son sus síntomas?, ¿qué situaciones pueden ser estresantes?, ¿cuáles son los problemas de salud asociados?, ¿cómo podemos manejarlo? Sigue leyendo para encontrar todas las respuestas.

 

Juan, de 51 años, directivo de una multinacional, tiene un hijo de 12 años al que le han diagnosticado una enfermedad grave, y está en trámites de divorcio. Desde hace unas semanas corren rumores de que van a despedir gente en su empresa. Últimamente, siente que el corazón le va a mil, está en un constante estado de inquietud y nerviosismo, se siente fatigado y tiene continuamente cefaleas. En el trabajo se distrae, está bloqueado ante determinadas decisiones que tiene que tomar. Ha perdido el apetito, consume alcohol para calmar los nervios, ha vuelto otra vez a fumar (lo había dejado hace un año) y a tomar pastillas para dormir.

 

Juan presenta síntomas característicos de un cuadro de estrés. Si no lo ataja probablemente derivará en problemas muy graves físicos y psicológicos. Sin duda, el estrés es uno de los principales causantes de la merma del bienestar psicológico a nivel mundial. Las cifras de este problema han aumentado de manera imparable durante las últimas décadas, hasta el punto de que ha sido denominado por la Organización Mundial de la Salud como la «Epidemia de Salud del siglo XXI». En España, un 96 % de personas adultas han experimentado estrés durante el último año.

 

El estrés, por tanto, como veremos a continuación, no solo puede arruinar nuestro bienestar emocional, sino que el estrés crónico funciona silenciosamente causando estragos en nuestra salud física y mental. La exposición prolongada a fuentes de estrés puede, literalmente, enfermarnos, y los efectos en nuestro cuerpo pueden ser potencialmente mortales si no se abordan.

 

Lo primero, ¿qué es realmente el estrés?

 

El estrés es habitual en nuestras vidas, forma parte del proceso de adaptación al cambio en cualquier ser vivo, y se inicia ante una demanda ambiental (familiar, laboral, social, etc.) que recibe la persona, a la que debe dar una respuesta adecuada poniendo en marcha los recursos de afrontamiento de los que dispone.

 

Podemos hablar de dos tipos de estrés. Por una parte, el denominado estrés, también llamado estrés positivo, que contribuye a dar la mejor respuesta ante una situación determinada. Por ello tiene una función clave para la supervivencia, ya que permite una rápida reacción a los problemas y peligros que deben afrontarse en la adaptación al cambio, que en este caso suele ser percibido como un reto.

 

Por otra parte, está el distrés o estrés negativo, un estado de tensión, dificultad, fatiga o desgaste, consecuencia de un funcionamiento excesivo y continuo del mecanismo natural de protección y supervivencia ante situaciones externas adversas y generalmente prolongadas. Es un estrés dañino, que provoca sufrimiento y desgaste personal, y que si se cronifica puede causar estragos en nuestra mente y cuerpo.

 

¿Cuáles son los síntomas de estrés?

 

El estrés afecta de forma diferente a cada persona y sus manifestaciones pueden ser de índole conductual, emocional, cognitiva o física. Así, en relación con el comportamiento, una persona estresada puede reducir sus actividades placenteras, aislarse socialmente, procrastinar, mostrar agresividad, dedicarse en exceso a trabajar, o abusar del alcohol u otras sustancias tóxicas.

 

A nivel cognitivo, desarrolla una tendencia a percibir los acontecimientos como estresantes, un estado de alerta o vigilancia constante, pensamientos negativos y preocupaciones constantes, dificultad para concentrarse y pensar con claridad, confusión, bloqueo mental, olvidos frecuentes, sensación de no tener control, o incapacidad para tomar decisiones.

 

En la esfera afectiva, un individuo estresado siente malestar emocional en su día a día, caracterizado por cierto grado de sufrimiento o preocupación. Además, están presentes estados emocionales como la tristeza, sensación de vacío interior, nerviosismo, irritabilidad o enfado, brotes de ira, sentimiento de estar abrumado, frustración, impotencia o falta de motivación.

Por último, entre los síntomas físicos del estrés, se puede sentir fatiga, dificultades para conciliar el sueño, tensión o dolores musculares, temblores, dolor de cabeza, taquicardia, dolor en el pecho, falta de deseo sexual, sudoración, náuseas, hipersecreción gástrica, malestar estomacal o diarrea.

 

¿Qué situaciones pueden ser estresantes?

 

Entre las fuentes de estrés se han establecido tres categorías: los sucesos cataclísmicos, los macroestresores, y los microestresores.

 

Los sucesos cataclísmicos son eventos repentinos, únicos y poderosos que afectan simultáneamente a un gran número de personas, están fuera de control, y se asume que son universalmente estresantes. Algunos de estos sucesos pueden ser extraordinarios y extremadamente traumáticos, porque se salen de las experiencias normales, como los desastres naturales (pandemias como la Covid-19, terremotos, inundaciones) o desastres provocados por la acción de los seres humanos (terrorismo, guerras, accidentes catastróficos).

 

Los macroestresores son experiencias personales lo suficientemente perjudiciales o amenazantes como para requerir un reajuste en nuestras vidas. Requieren algún tipo de cambio en las actividades habituales cuando los experimentamos, y su potencial estresante está en función del cambio que conllevan. En esta categoría se incluyen sucesos como la muerte de un ser querido, la separación o divorcio, pérdida del trabajo, etc.

 

Por último, los microestresores o molestias diarias son acontecimientos ambientales de carácter estable, repetitivo o crónico, derivados del ambiente físico o psicosocial, que por su mantenimiento en el tiempo pueden tener efecto sobre la salud incluso superior al generado por los sucesos cataclísmicos o los macroestresores. Pueden ser cosas tan pequeñas o aparentemente insignificantes como una visita inesperada no deseada, quedarse atrapado en el tráfico de camino al trabajo, problemas domésticos, escuchar críticas sobre uno mismo, etc.

 

¿Cuándo aparece la respuesta de estrés?

 

Cuando nos enfrentamos a una situación estresante, una zona del cerebro, llamada hipotálamo, activa inmediatamente un sistema de alarma en nuestro cuerpo. Por medio de señales nerviosas y hormonales estimula las glándulas suprarrenales, ubicadas en la parte superior de ambos riñones, a secretar distintas hormonas, principalmente, adrenalina y cortisol (la principal hormona del estrés). La primera, produce un aumento de la frecuencia cardíaca, de la presión arterial, de los suministros de energía. La segunda, incrementa la glucosa en el torrente sanguíneo, la disponibilidad de sustancias que reparan los tejidos y limita todas aquellas funciones que no son importantes para el organismo en un escenario de lucha o huida: en concreto, modifica las respuestas del sistema inmunitario e inhibe los sistemas digestivo y reproductor, así como los procesos de crecimiento.

 

Si la amenaza ha desaparecido, el sistema de respuesta al estrés del cuerpo se desactiva y los niveles hormonales regresan a la normalidad. A medida que bajan los niveles de adrenalina y de cortisol, la frecuencia cardíaca y la presión arterial vuelven a los valores de referencia y otros sistemas reanudan sus actividades regulares. Sin embargo, si el factor estresante continúa presente y nos seguimos sintiendo en peligro, el sistema continúa activado, produciendo un agotamiento de los recursos y un desgaste excesivo del organismo, y se propicia la aparición de graves problemas de salud física y psicológica.

 

¿Cuáles son los problemas de salud asociados al estrés?

 

Debido a que el estrés crónico es tan prolongado, puede tener un impacto perjudicial en nuestra salud y bienestar si no se trata.

 

Algunos problemas físicos relacionadas con el estrés crónico incluyen: acné, diabetes, eczema, enfermedad cardíaca, presión arterial alta, hipertiroidismo, síndrome del intestino irritable, bajo deseo sexual, cambios de peso, o úlceras de estómago.

 

El estrés también se ha vinculado a problemas de salud mental, asociándose la exposición a acontecimientos traumáticos o estresantes con una serie de trastornos relacionados con traumas y factores de estrés, clasificados de acuerdo con el DSM-5, entre otras categorías como trastorno de estrés postraumático (TPEPT), trastorno de estrés agudo, trastorno de adaptación, otro trastorno relacionado con traumas y factores de estrés especificado, y trastorno relacionado con traumas y factores de estrés no especificado.

 

Asimismo, se ha relacionado con otros trastornos mentales, entre los que cabe destacar los trastornos de ansiedad, la depresión, el abuso de sustancias o la esquizofrenia.

 

Finalmente, ¿cómo podemos manejar el estrés?

 

Los sucesos estresantes son parte de la vida. Y es posible que no podamos cambiar nuestra situación actual. Sin embargo, podemos hacer cambios en nuestra vida y aprender una serie de herramientas para manejar la forma en que nos afectan estos eventos. Entre las estrategias de manejo del estrés, se incluyen las siguientes:


Practicar técnicas de relajación, como la respiración profunda, o la meditación. Dedicar tiempo a realizar actividades agradables como pasear, cocinar, leer, escuchar música o ver nuestras serie o película favorita. (Aquí te explicamos cómo empezar a meditar).

 

    

Llevar un diario y escribir sobre nuestros pensamientos generadores de estrés y cambiarlos por otros más constructivos y optimistas. 

Enfrentar los problemas de forma inteligente, enfocándolos de la siguiente manera: (1) definir el problema de forma clara y precisa; (2) establecer una meta específica y realista; (3) proponer 3 o 4 potenciales soluciones, evitando valorar si son buenas o malas ideas; (4) analizar las ventajas y desventajas de cada una de ellas; (5) desarrollar un plan para poner en marcha la solución elegida y llevarlo a la práctica. 

Fomentar y cultivar la relación con amigos y familiares que nos proporcionen cariño y ayuda. Se trata de promover una dinámica sana de respeto mutuo en la que defendamos nuestros derechos a la vez que protegemos los de los demás, expresando nuestros puntos de vista y opiniones con claridad y calma, yen un tono mesurado.

Aprender a decir «No» a todo lo que nos perjudique física, mental, emocional y socialmente.

Hacer ejercicio regularmente, mantener una dieta saludable y dormir entre 7 u 8 horas. Y, evitar el consumo de cafeína, tabaco, alcohol u otras sustancias, o comida en exceso. 

Organizar y priorizar lo que hay que hacer en el trabajo y en casa, y descartar las tareas que no son necesarias. 

Finalmente, es probable que a veces solos no podamos lidiar con el estrés. No tengamos miedo a pedir ayuda, no es debilidad, más bien es lo contrario, hablemos con un profesional de la salud mental para que nos acompañe en este proceso, y nos ayude a manejar de forma eficaz el estrés y a sentirnos mejor.

 

martes, 23 de mayo de 2023

Solo hay una primera vez para todo, pero si cuidas los detalles disfrutarás más

 

Patricia Ramírez     |      abc (El lunes empiezo - blog    )       |     02/01/2023

Solo existe una primera vez para todo. Y eso convierte esa primera vez en algo muy especial. En una primera vez se juntan lo nuevo, la ilusión, la curiosidad, la expectación, la incertidumbre, a veces también la intriga, la ansiedad o el miedo… y por ello ponemos todos los sentidos. 

Habrá segundas, terceras y ene veces para muchas experiencias. Pero no suelen parecernos tan excitantes y emocionantes como la primera. El proceso de habituación termina por convertir experiencias maravillosas en experiencias normales y cotidianas. Al normalizarlas dejamos de prestarles atención plena, de poner el foco en el presente, en lo que está pasando. Y con ello pierden alma, intensidad y emoción. No nos engañemos, no podemos vivirlas como “la primera experiencia” cada vez que las vivimos, igual sería emocionalmente agotador, pero sí podríamos lograr que fueran más intensa y más profundas de lo que son. Y para que nos dejaran más huella. 

Igual preparaste una cena preciosa la primera vez que tu pareja, ahora marido o mujer, fue a cenar a tu casa. Con una mesa bonita, música romántica, unas velas… y después de años, ni música, ni velas, ni bajo platos, ni cocinar con amor. O el primer día que practicaste una actividad que te apetecía mucho como senderismo, patinar, dibujar, cocinar… cuando luego llevas tiempo repitiendo esa misma afición y forma parte de tu rutina, dejas de atender esos detalles que valorabas al comienzo. Muchas personas se excusan en que ahora tienen otras prioridades, más responsabilidades… pero lo cierto es que dejamos de cuidar los detalles que hicieron tan especiales todas esas primeras veces. Y esto es válido para el trabajo, la pareja, el disfrute de tu afición o cualquier otra actividad. 

Poner atención plena y cuidar los detalles no suele llevarnos mucho tiempo. Perdemos los detalles y la atención más por dejadez que por falta de tiempo. Si deseas aumentar el nivel de disfrute con lo que hagas, sobre todo ahora que empieza el mes de los nuevos propósitos, te propongo estos consejos.

·       1. Haz una sola cosa a la vez

Nuestro cerebro no tiene la habilidad de hacer dos cosas o más a la vez. Nos han vendido esta milonga de que hacer varias cosas a la vez es eficacia. Y lo único que tiene de verdad es que es imposible. Nos estresa, nos bloquea y nos dificulta disfrutar de lo que hacemos. De una cosa en una cosa y tiro porque me toca.

·        2. Estate a lo que estás

Significa poner intención y atención en lo que haces. Puede que estés a una sola cosa, pero que no estés en esa actividad. Que estés fantaseando con escapadas, rumiando problemas, o simplemente, distraído. Si estás distraído, te pierdes. Te pierdes de dirección, te pierdes estudiando, te pierdes en una conversación. Te puede ayudar visualizar lo que lees, lo que oyes, escuchar con atención, tratar de empatizar con los sentimientos de la otra persona, incluso si es alguien de una serie. Métete de lleno en lo que estés haciendo. Mira, escucha, saborea, observa, toca, huele…

·        3. Recréate en detalles bonitos

A mí me encanta hablar en voz alta sola y recordarme lo bonita que es la puesta de sol que veo desde el coche conduciendo a mi casa. Si va alguien conmigo en el coche, también se lo digo. O hago comentarios como “escucha, escucha, qué romántica es esta canción”. Sí, la puesta de sol es bonita, pero si no te dices a ti mismo lo bonita que es, igual la normalizas.

·        4. Verbaliza: aquí y ahora

Tener un mantra para recuperar la atención es una estrategia rápida y eficaz. No puedes prohibir a tu cerebro que sin darse cuenta salte de tarea en tarea, porque es un hábito natural. Lo que sí puedes hacer es tratar de devolverlo al lugar que estaba con esta sencilla instrucción “aquí y ahora”. No te sientas mal por distraerte. Te ocurre lo que le ocurre a todo el mundo. Nos pasa a todos porque distraernos es normal. Nuestros propios pensamientos irrumpen, hablan, pululan por nuestra mente. Hay que aprender a dejar estar, a desatender lo que en un momento determinado nos distrae de lo que hemos decidido que es importante.

·        5. Abandona a ratitos la tecnología

Nuestro cerebro se distrae continuamente con sus propios pensamientos, con un ruido, con una luz, con alguien llamándote. Y si además tienes a mano tu teléfono, la tele encendida o cualquier otro artilugio con sonidos y luces, la distracción está asegurada. Y cuando estás distraído no puedes estar disfrutando de tu momento. Mientras jugueteas con el teléfono, la mayoría de las veces con temas nada importantes, pierdes tu atención en la conversación, en tu trabajo, en la lectura, en la serie. Estás viviendo a medias. La otra vida a medias la usas para el teléfono. Cuando tratas de compaginar alguna actividad con la tecnología, le faltas el respeto a quien está contigo y dejas de respetar tu tiempo de trabajo o de disfrute, porque lo compartes con un mísero e insignificante teléfono. Ese, el teléfono, te genera dependencia emocional. ¡Pero si es un teléfono-patada! Por Dios, decide ningunearlo, dejarlo estar, apartarlo, apagarlo… cualquier cosa menos quitarte tu disfrute de esa experiencia que tiene que dejarte huella.

Si, igual no puedes poner ahora atención plena a todo. Es normal, necesita su entrenamiento. Pero sí puedes empezar por alguna actividad diaria. Empieza a convertir pequeños momentos en momentos especiales. En mi casa, por ejemplo, cenamos todas las noches, todas, con velas y música romántica. Estemos mi marido y yo solos o con los pollos. 

Y recuerda que mereces una vida de detalles, una vida disfrutada. Feliz día pleno, sereno y disfrutón.

domingo, 21 de mayo de 2023

Ansiedad, ira, impotencia y tristeza por Ucrania: cómo gestionar las emociones que sentimos

PATRICIA RAMÍREZ        |     ABC  (El lunes empiezo - blog)    |    06/03/2022

Así respondemos ante la desolación, la injusticia y la barbarie que se vive en Ucrania.


 Nos parecía tan inverosímil que muchas personas todavía no damos crédito. Después de pasar una pandemia mundial en la que han fallecido millones de personas, una desgracia que nos sobrecogió, de un día para otro, después de esto, alguien decide que va a invadir Ucrania. Y que va a matar, destruir viviendas, obligar a que millones de familias emigren, a separar a mujeres de maridos e hijos porque ellos tienen que quedarse en su país para poder defenderlo. Defender la sinrazón. Una persona ha decidido que va a sembrar el odio, la muerte, la desgracia, la destrucción y la pobreza.

No damos crédito. El año pasado empezamos el año con el asalto al Capitolio por parte de una banda encabezada por un hombre con el pecho al descubierto y unos cuernos en la cabeza. Aquello nos pareció grotesco, ridículo, hasta irrisorio dependiendo de por dónde lo miraras. Pero el inicio de 2022 es desolador. Nuestra mente no está preparada para encajar decisiones de principios del siglo XX, cuando la razón se buscaba a través del conflicto bélico. Pensábamos que habíamos evolucionado, habíamos madurado, pensábamos que la humanidad estaba en comunión.

Cuatro son las emociones claves con las que las personas respondemos ante la desolación, la injusticia y la barbarie, independientemente de que estés siendo protagonista o espectador. Ansiedad, ira, tristeza e impotencia.


·        Ansiedad porque nos sentimos amenazados, aunque no nos toque directamente. Estamos en manos de personas desalmadas. Nos sentimos amenazados como personas, amenazadas nuestras vidas, nuestra libertad, nuestras ilusiones de paz.

 

·        Ira porque nuestra amígdala reacciona ante la percepción o vivencia de situaciones injustas. Todas las emociones tienen una función. La ira en este caso nos moviliza, nos impulsa a ayudar, a buscar soluciones. Muestra de ellos es el recorrido de miles de kilómetros que muchas familias están haciendo para ir a recoger a niños, familiares, desconocidos, para ayudarles a salir de Ucrania y salvarles la vida.


·        Tristeza, mucha tristeza. Es la reacción a nuestra enorme capacidad de empatía. Desde nuestros sillones vemos hospitales de niños, bebés en manos de sus madres en colas kilométricas para salir del país, edificios destruidos, muerte, exilio, injusticia. Reaccionamos con tristeza, desolación porque sufrimos solo de ver el sufrimiento ajeno. Nos ponemos en su lugar, ¿cómo sería nuestra vida ahora si tuviéramos que irnos con lo puesto y salir huyendo de tu trabajo, de tu familia, de tu casa, de tu vida, de tus sueños, de tu futuro? Es desolador. No solo nos entristecemos, también lloramos y nos bloqueamos.


·        Impotencia, ganas de querer hacer sin poder hacer. La impotencia nos empuja a buscar soluciones donde no las hay, nos invita a luchar por lo imposible, a manifestarnos, apoyar a sabiendas que puede ser en balde. La impotencia nos agota, pero también genera sentimiento de pertenencia. 

A muchas personas la presencia de injusticias les genera problemas de autocontrol, entendido este como reacciones incómodas, emociones descontroladas, conductas apáticas, dejarse arrastrar. Sentimos un “total, para qué”. Tenemos ganas de bajarnos de este mundo. 

Las consecuencias de la guerra para los protagonistas a nivel emocional son devastadoras. Desde la humillación, el miedo, la depresión, a los futuros trastornos de estrés postraumáticos. Una guerra nos pasa factura emocional a todos. 

Si eres empático, sensible, seguramente sufras y reacciones ante esta guerra injusta donde las haya. ¿Qué puedes hacer para autorregularte?


·        Tomar partido y actuar en función de tus valores. Sé protagonista en aquello que puedas hacer. No mires la guerra pasar. Comprométete de la manera que sea con alguna asociación, ong, causa con la que te identifiques y que vaya alineada con tus valores. Todo podemos poner de nuestra parte, dando dinero para ayudar, llevando alimentos, medicamentos y utensilios que puedan ayudar a los que están sufriendo en Ucrania. Incluso acogiendo en nuestros hogares y empresas a refugiados.

 

·        Aceptar que la vida tiene una parte injusta que no podemos manejar, solucionar, en la que por desgracia no podemos intervenir. Es así, no hay más. Estar dando vuelta a pensamientos sobre la guerra, sobre un futuro desolador, sobre la posibilidad de que estalle la tercer aguerra mundial, solo va a hacerte sufrir más sin que puedes intervenir en nada. Deja de enredarte con esos pensamientos. Focaliza tu atención en tu presente, tu trabajo, tu familia, tus aficiones, amigos, tu vida.


·        Regular tus emociones en momentos de crisis y sensibilidad como el que estamos viviendo ahora. Prueba a meditar, hacer ejercicio, manualidades, leer, escuchar música… Todos tenemos formas de hacernos sentir mejor. Dejarte arrastrar por la apatía y abandonar tus rutinas saludables y relajantes solo incrementará tu malestar.


·        Regular la información que consumes. No se trata de negar la realidad, pero no puedes estar todo el día enganchado a las noticias que hablan de lo mismo. Con tanta tecnología, redes sociales y medios de comunicación a veces estamos “infoxicados”.


·        No conviertas el tema de la guerra en el monotema. Es importante compartir con nuestros hijos la realidad que están viviendo, hablar y educar en valores, pero no se puede solo hablar de este tema, porque terminaremos con un estado de ánimo muy bajo. Dedica un tiempo a ponerte al día, pero trata de compaginar el tema guerra con la vida cotidiana y los momentos bonitos de los que podemos seguir disfrutando. 

Queridos y queridas, todos merecemos una buena vida, una vida con valores, una vida serena, de disfrute, con sus problemas y sus alegrías. Que nadie te haga creer en lo contrario.

viernes, 19 de mayo de 2023

¿Cuánto tarda en hacer efecto la terapia psicológica?


VALERIA SABATER      |           La Mente es Maravillosa      |      05/05/2023

 

Los miedos asociados a la consulta por problemas mentales complican acudir al tratamiento. Pero si decides dar el paso, es posible que te preguntes cuándo empezarás a notar avances. ¿Serán muchas o pocas sesiones? Este artículo lo revela.

 

Si hay una pregunta recurrente cuando alguien solicita ayuda especializada, es cuánto tarda en hacer efecto la terapia psicológica. Por término medio, durante las tres primeras sesiones el paciente ya percibe cambios. En esa etapa experimenta cierto alivio al sentirse comprendido y al trazar una alianza con la persona que le guiará en el viaje.

 

Ahora bien, los avances significativos dependen de las circunstancias de cada paciente; también del psicólogo y del tipo de estrategia metodológica que lleve a cabo. Asimismo, hay condiciones mentales que requieren un tiempo mayor de tratamiento, como es el caso de los trastornos de personalidad o la depresión mayor.

 

Las terapias cognitivo-conductuales que se enfocan en un problema específico, por lo general, son las más cortas.

Factores que determinan cuánto tarda en hacer efecto la psicoterapia

 

Dar el primer paso y acudir a terapia es, con frecuencia, un ejercicio de valentía, porque para llegar a la sala de espera hay que vencer muchos miedos. No es fácil para todo el mundo, debido a que son procesos dolorosos y/o porque tienen, también, un coste económico.

Esto hace que algunos pacientes quieran conseguir resultados lo antes posible; en tales casos conviene saber que hay muchas variables mediando en el ansiado avance terapéutico.

La Universidad de Zürich destaca que mejorar la precisión con la que se estima el número de sesiones necesitadas por un paciente, sería un progreso dentro del campo de la salud mental. En Reino Unido, por ejemplo, el mínimo oscila entre 8 y 20 encuentros.

Sin embargo, una vez más, incide que cada paciente presenta unas particularidades y no siempre es fácil saber en qué momento está preparado para abandonar la compañía terapéutica. Ampliamos la información, con el propósito de tener una idea más concreta.

A la hora de iniciar terapia psicológica muchas personas esperan avances rápidos, pero esto no siempre es posible.

1. ¿Qué dice la Asociación Estadounidense de Psicología?

En el 2017, la Asociación Estadounidense de Psicología (APA) publicó unas estadísticas sobre el número de sesiones necesarias para que un paciente perciba cambios. Los datos ofrecidos son los siguientes:

·        Se necesitan entre 15 a 20 sesiones, para que el 50 % de los pacientes continúen de manera autónoma.

·        Por su susceptibilidad a las recaídas, algunos trastornos necesitan una intervención terapéutica más larga.

·        Las personas con trastornos de la personalidad demandan atención terapéutica en varias fases de sus vidas.

·        Hay terapias psicológicas que por su enfoque necesitan menos sesiones y, para determinados casos, pueden ser igual de efectivas. Ejemplo de ello es la terapia breve estratégica.

 

2. Depende de la realidad personal de cada paciente

Para saber cuánto tarda en hacer efecto la terapia psicológica, es pertinente pensar en lo que conlleva a solicitar ayuda especializada. Por lo general, el tipo de problema de cada paciente interacciona con otras variables que acortan o prolongan la intervención.

La densidad y la calidad del círculo de apoyo o la percepción del trastorno son factores con mucho peso, en este sentido. ¿Qué otras variables considerar? Las siguientes:

·        Los trastornos de ansiedad y las fobias se benefician de terapias más breves y se notan avances de manera más rápida.

·        Realidades clínicas como el trastorno límite de personalidad (TLP) o la depresión mayor, pueden necesitar más sesiones.

·        La cantidad de sesiones que requiera un paciente depende también de su apertura, personalidad y compromiso con el proceso terapéutico.

·        A veces, el paciente puede presentar muchas resistencias durante la terapia. Esto provoca que se tarde más en evidenciar mejoría.

 

Por lo general, el psicólogo establece con el paciente durante la primera sesión los objetivos a lograr y las sesiones más o menos necesarias para ello. Los avances se manifiestan de manera progresiva.

3. El tipo de terapia hará que notes progreso antes

La terapia psicológica permite desarrollar nuevas herramientas, habilidades y técnicas para afrontar problemas. La estrategia cambia según el tipo de terapia recibida. Hay diferentes escuelas y modelos terapéuticos y cada uno de ellos podrá hacer que sintamos avances un poco antes.

Ante la cuestión de cuánto tarda en hacer efecto la terapia psicológica, los enfoques cognitivo-conductuales ofrecen resultados relativamente rápidos. Un estudio publicado en la revista Frontiers in Psychology destaca que este es el modelo más investigado y uno de los respaldados para múltiples necesidades psicológicas.

Por otro lado, también están las terapias breves estratégicas, como la de Giorgio Nardone, que pueden ir entre 5 y 12 sesiones. En estos casos, de igual manera, se perciben avances sustanciales más tempranos en los trastornos depresivos y de ansiedad. Al preguntarse por contra qué terapias tienden a ser las más extensas, entran en esta esfera a las psicodinámicas.

 4. El psicólogo, un elemento esencial para percibir mejorías

A la hora de evidenciar sensación de mejora en el proceso terapéutico, el psicólogo es clave. Puede haber casos en que no se logre una conexión empática y cómoda con el profesional; esto se ve siempre durante las 3 o 5 primeras sesiones. Hay diversos factores influyendo en esa distancia entre especialista y paciente.

Por ello, en caso de tener esta percepción, es recomendable buscar otra opción. Hay psicólogos muy bien preparados con los que sí se logra el propósito de hallar lo antes posible el bienestar.

5. Depende de la idea que tengas sobre lo que es la terapia psicológica

¿Cuánto dura la piscoterapia para hacer efecto? La percepción sobre lo que es el proceso de psicoterapia hará que notes beneficios mucho antes. Es un punto a resaltar, porque aún se arrastran falsos mitos sobre esta dimensión y, en ocasiones, dificulta lograr los objetivos terapéuticos.

 

Enseguida listamos algunos de estos factores:

·        La terapia no es un proceso pasivo en el que hay que limitarse a escuchar al profesional.

·        El psicólogo no tiene como función solucionar los problemas ni hacer el trabajo por el paciente.

·        El proceso no siempre es lineal: hay retrocesos necesarios que harán ver dónde están los conflictos más complejos que abordar.

·        La psicoterapia es un ejercicio de aprendizaje con el cual integrar nuevas herramientas para afrontar las vicisitudes presentes y futuras.

 

La terapia psicológica no tiene como finalidad «arreglar a las personas», sino habilitarlas para que ellas mismas, con las herramientas aprendidas, aborden sus propios problemas. Saber esto hará notar avances mucho antes en el proceso terapéutico.

El compromiso influye en cuánto tarda en hacer efecto la terapia psicológica

 

Es común notar pequeños avances transcurridas las tres primeras sesiones. Esta cantidad, con frecuencia, es suficiente para identificar un progreso, así como para interiorizar algunas estrategias que mejoren las habilidades de afrontamiento o que empiecen a sanar las heridas.

A partir de ahí se inicia ese viaje entre paciente y psicólogo en el cual, ambos con su compromiso y esfuerzo, abordan las necesidades más profundas.

A pesar de ello, seguirán apareciendo momentos difíciles en los que no hay que rendirse. Recuerda siempre que, para sanar del todo, es necesario sufrir un poco más antes de cerrar para siempre los agujeros negros internos. No hay que rendirse, la terapia es la mejor aliada para el bienestar.