sábado, 27 de mayo de 2023

"Sisu", la filosofía del país más feliz del mundo


Redacción Uppers          |       11/04/2023

Por sexto año consecutivo, Finlandia ha sido elegido el país más feliz del mundo en el Informe mundial de la felicidad.


El sisu, el gran secreto finlandés, consiste en ver la vida con determinación y firmeza

 

El secreto del sisu es tomar los problemas que se nos planteen como una oportunidad para superarnos y crecer

 

Como todos los países nórdicos, los finlandeses gozan de buenos servicios públicos y un alto nivel de vida. Sin embargo, para ellos, lo importante no es tanto lo que tienen, sino lo afortunados que se sienten. Saben que sus condiciones de vida son excepcionales y creen que quejarse sería un ejercicio de ingratitud.

 

Pero, además, hay otra filosofía finlandesa que contribuye a su estado de bienestar. Se llama sisu y te explicamos en qué consiste.

 

Determinación y firmeza

 

Los propios finlandeses lo definen como la receta del éxito para tener fuerza de voluntad y conseguir los propósitos que uno se propone. Es lo que esconde la palabra sisu, el gran secreto finlandés que consiste en ver la vida con determinación y firmeza. Sisu es tener buena actitud para enfrentarse a situaciones adversas y los desafíos, adoptando en todo momento una actitud resiliente y luchadora.

 

Pero va más allá: no solo significa enfrentarse a los obstáculos de la vida de frente -incluso cuando pueden parecer imposibles- sino que también es válido para intentar actividades físicas audaces como el agua fría o la natación en invierno, acciones que pueden aumentar nuestro bienestar.

 

Más de 500 años

El concepto de sisu se remonta a más de 500 años y se vincula a importantes victorias en tiempos de guerra y a increíbles hazañas deportivas, como por ejemplo su heroica resistencia frente a la tentativa de invasión de la Unión Soviética o la gesta del corredor olímpico finlandés Lasse Virén tras caer durante la carrera de 10.000 metros en los Juegos Olímpicos de Verano de Múnich de 1972. Virén se levantó, siguió corriendo, ganó la medalla de oro y estableció un nuevo récord mundial.

 

El deporte es, de hecho, uno de los pilares del sisu. Además de nadar en el mar durante todo el año, los finlandeses tratan de practicar deporte a diario, desde ir caminando al trabajo, montar en bici o pasear por sus bosques. En 2019, cuando Finlandia obtuvo el primer lugar, por segundo año consecutivo, en el Informe sobre la Felicidad en el Mundo de las Naciones Unidas, muchas personas se sorprendieron; sin embargo, de manera más reflexiva entendieron el porqué.

 

No solo estado de bienestar

 

La imagen de los finlandeses es la de personas taciturnas, poco extrovertidos. El Informe sobre la felicidad examina una serie de factores de calidad de vida que favorecen el bienestar, y es cierto que Finlandia goza de estándares muy altos en salud, educación y renta per cápita. Pero lo novedoso es que la percepción de felicidad va más allá de los parámetros objetivos: tiene que ver con la construcción de qué actitud se tiene ante la vida. Y en ella cuenta mucho esta cualidad estoica llamada sisu, una manera de abrazar los desafíos de la vida incluso cuando parecen insuperables.

 

"La felicidad no se busca, sino se vive", dice un dicho finlandés; es decir, sé feliz con lo que tienes al alcance en ese momento, sin desear nada más y asumiendo ciertos retos. Sería la acepción nórdica del famoso "Si la vida te da limones, haz limonada". 


Determinación y fuerza interior

 

Lo mejor del sisu es que puede adoptarse en todas las situaciones, desde los de la vida cotidiana hasta problemas que superan al ciudadano, como el cambio climático o la crisis de la vivienda. Dentro y fuera de Finlandia, la determinación, el coraje y la resistencia son necesarios para hacer frente a todos los retos a los que nos enfrentamos, ya sea cómo mejorar nuestro propio bienestar, nuestras relaciones, nuestro trabajo o cuestiones de gran envergadura.

 

El secreto del sisu es tomar los problemas que se nos planteen como una oportunidad para superarnos y crecer. El objetivo es aprender a sacar la parte positiva de los momentos difíciles. Esta parte positiva es, ni más ni menos, que el aprendizaje que nos permitirá avanzar a lo largo de la vida. Como se dice en el mundo de la empresa, "unas veces se gana y otras se aprende".

jueves, 25 de mayo de 2023

El estrés crónico nos puede matar

FERNANDO L. VÁZQUEZ        |      lavozdegalicia.es      |      30/08/2022

¿Qué es el estrés?, ¿cuáles son sus síntomas?, ¿qué situaciones pueden ser estresantes?, ¿cuáles son los problemas de salud asociados?, ¿cómo podemos manejarlo? Sigue leyendo para encontrar todas las respuestas.

 

Juan, de 51 años, directivo de una multinacional, tiene un hijo de 12 años al que le han diagnosticado una enfermedad grave, y está en trámites de divorcio. Desde hace unas semanas corren rumores de que van a despedir gente en su empresa. Últimamente, siente que el corazón le va a mil, está en un constante estado de inquietud y nerviosismo, se siente fatigado y tiene continuamente cefaleas. En el trabajo se distrae, está bloqueado ante determinadas decisiones que tiene que tomar. Ha perdido el apetito, consume alcohol para calmar los nervios, ha vuelto otra vez a fumar (lo había dejado hace un año) y a tomar pastillas para dormir.

 

Juan presenta síntomas característicos de un cuadro de estrés. Si no lo ataja probablemente derivará en problemas muy graves físicos y psicológicos. Sin duda, el estrés es uno de los principales causantes de la merma del bienestar psicológico a nivel mundial. Las cifras de este problema han aumentado de manera imparable durante las últimas décadas, hasta el punto de que ha sido denominado por la Organización Mundial de la Salud como la «Epidemia de Salud del siglo XXI». En España, un 96 % de personas adultas han experimentado estrés durante el último año.

 

El estrés, por tanto, como veremos a continuación, no solo puede arruinar nuestro bienestar emocional, sino que el estrés crónico funciona silenciosamente causando estragos en nuestra salud física y mental. La exposición prolongada a fuentes de estrés puede, literalmente, enfermarnos, y los efectos en nuestro cuerpo pueden ser potencialmente mortales si no se abordan.

 

Lo primero, ¿qué es realmente el estrés?

 

El estrés es habitual en nuestras vidas, forma parte del proceso de adaptación al cambio en cualquier ser vivo, y se inicia ante una demanda ambiental (familiar, laboral, social, etc.) que recibe la persona, a la que debe dar una respuesta adecuada poniendo en marcha los recursos de afrontamiento de los que dispone.

 

Podemos hablar de dos tipos de estrés. Por una parte, el denominado estrés, también llamado estrés positivo, que contribuye a dar la mejor respuesta ante una situación determinada. Por ello tiene una función clave para la supervivencia, ya que permite una rápida reacción a los problemas y peligros que deben afrontarse en la adaptación al cambio, que en este caso suele ser percibido como un reto.

 

Por otra parte, está el distrés o estrés negativo, un estado de tensión, dificultad, fatiga o desgaste, consecuencia de un funcionamiento excesivo y continuo del mecanismo natural de protección y supervivencia ante situaciones externas adversas y generalmente prolongadas. Es un estrés dañino, que provoca sufrimiento y desgaste personal, y que si se cronifica puede causar estragos en nuestra mente y cuerpo.

 

¿Cuáles son los síntomas de estrés?

 

El estrés afecta de forma diferente a cada persona y sus manifestaciones pueden ser de índole conductual, emocional, cognitiva o física. Así, en relación con el comportamiento, una persona estresada puede reducir sus actividades placenteras, aislarse socialmente, procrastinar, mostrar agresividad, dedicarse en exceso a trabajar, o abusar del alcohol u otras sustancias tóxicas.

 

A nivel cognitivo, desarrolla una tendencia a percibir los acontecimientos como estresantes, un estado de alerta o vigilancia constante, pensamientos negativos y preocupaciones constantes, dificultad para concentrarse y pensar con claridad, confusión, bloqueo mental, olvidos frecuentes, sensación de no tener control, o incapacidad para tomar decisiones.

 

En la esfera afectiva, un individuo estresado siente malestar emocional en su día a día, caracterizado por cierto grado de sufrimiento o preocupación. Además, están presentes estados emocionales como la tristeza, sensación de vacío interior, nerviosismo, irritabilidad o enfado, brotes de ira, sentimiento de estar abrumado, frustración, impotencia o falta de motivación.

Por último, entre los síntomas físicos del estrés, se puede sentir fatiga, dificultades para conciliar el sueño, tensión o dolores musculares, temblores, dolor de cabeza, taquicardia, dolor en el pecho, falta de deseo sexual, sudoración, náuseas, hipersecreción gástrica, malestar estomacal o diarrea.

 

¿Qué situaciones pueden ser estresantes?

 

Entre las fuentes de estrés se han establecido tres categorías: los sucesos cataclísmicos, los macroestresores, y los microestresores.

 

Los sucesos cataclísmicos son eventos repentinos, únicos y poderosos que afectan simultáneamente a un gran número de personas, están fuera de control, y se asume que son universalmente estresantes. Algunos de estos sucesos pueden ser extraordinarios y extremadamente traumáticos, porque se salen de las experiencias normales, como los desastres naturales (pandemias como la Covid-19, terremotos, inundaciones) o desastres provocados por la acción de los seres humanos (terrorismo, guerras, accidentes catastróficos).

 

Los macroestresores son experiencias personales lo suficientemente perjudiciales o amenazantes como para requerir un reajuste en nuestras vidas. Requieren algún tipo de cambio en las actividades habituales cuando los experimentamos, y su potencial estresante está en función del cambio que conllevan. En esta categoría se incluyen sucesos como la muerte de un ser querido, la separación o divorcio, pérdida del trabajo, etc.

 

Por último, los microestresores o molestias diarias son acontecimientos ambientales de carácter estable, repetitivo o crónico, derivados del ambiente físico o psicosocial, que por su mantenimiento en el tiempo pueden tener efecto sobre la salud incluso superior al generado por los sucesos cataclísmicos o los macroestresores. Pueden ser cosas tan pequeñas o aparentemente insignificantes como una visita inesperada no deseada, quedarse atrapado en el tráfico de camino al trabajo, problemas domésticos, escuchar críticas sobre uno mismo, etc.

 

¿Cuándo aparece la respuesta de estrés?

 

Cuando nos enfrentamos a una situación estresante, una zona del cerebro, llamada hipotálamo, activa inmediatamente un sistema de alarma en nuestro cuerpo. Por medio de señales nerviosas y hormonales estimula las glándulas suprarrenales, ubicadas en la parte superior de ambos riñones, a secretar distintas hormonas, principalmente, adrenalina y cortisol (la principal hormona del estrés). La primera, produce un aumento de la frecuencia cardíaca, de la presión arterial, de los suministros de energía. La segunda, incrementa la glucosa en el torrente sanguíneo, la disponibilidad de sustancias que reparan los tejidos y limita todas aquellas funciones que no son importantes para el organismo en un escenario de lucha o huida: en concreto, modifica las respuestas del sistema inmunitario e inhibe los sistemas digestivo y reproductor, así como los procesos de crecimiento.

 

Si la amenaza ha desaparecido, el sistema de respuesta al estrés del cuerpo se desactiva y los niveles hormonales regresan a la normalidad. A medida que bajan los niveles de adrenalina y de cortisol, la frecuencia cardíaca y la presión arterial vuelven a los valores de referencia y otros sistemas reanudan sus actividades regulares. Sin embargo, si el factor estresante continúa presente y nos seguimos sintiendo en peligro, el sistema continúa activado, produciendo un agotamiento de los recursos y un desgaste excesivo del organismo, y se propicia la aparición de graves problemas de salud física y psicológica.

 

¿Cuáles son los problemas de salud asociados al estrés?

 

Debido a que el estrés crónico es tan prolongado, puede tener un impacto perjudicial en nuestra salud y bienestar si no se trata.

 

Algunos problemas físicos relacionadas con el estrés crónico incluyen: acné, diabetes, eczema, enfermedad cardíaca, presión arterial alta, hipertiroidismo, síndrome del intestino irritable, bajo deseo sexual, cambios de peso, o úlceras de estómago.

 

El estrés también se ha vinculado a problemas de salud mental, asociándose la exposición a acontecimientos traumáticos o estresantes con una serie de trastornos relacionados con traumas y factores de estrés, clasificados de acuerdo con el DSM-5, entre otras categorías como trastorno de estrés postraumático (TPEPT), trastorno de estrés agudo, trastorno de adaptación, otro trastorno relacionado con traumas y factores de estrés especificado, y trastorno relacionado con traumas y factores de estrés no especificado.

 

Asimismo, se ha relacionado con otros trastornos mentales, entre los que cabe destacar los trastornos de ansiedad, la depresión, el abuso de sustancias o la esquizofrenia.

 

Finalmente, ¿cómo podemos manejar el estrés?

 

Los sucesos estresantes son parte de la vida. Y es posible que no podamos cambiar nuestra situación actual. Sin embargo, podemos hacer cambios en nuestra vida y aprender una serie de herramientas para manejar la forma en que nos afectan estos eventos. Entre las estrategias de manejo del estrés, se incluyen las siguientes:


Practicar técnicas de relajación, como la respiración profunda, o la meditación. Dedicar tiempo a realizar actividades agradables como pasear, cocinar, leer, escuchar música o ver nuestras serie o película favorita. (Aquí te explicamos cómo empezar a meditar).

 

    

Llevar un diario y escribir sobre nuestros pensamientos generadores de estrés y cambiarlos por otros más constructivos y optimistas. 

Enfrentar los problemas de forma inteligente, enfocándolos de la siguiente manera: (1) definir el problema de forma clara y precisa; (2) establecer una meta específica y realista; (3) proponer 3 o 4 potenciales soluciones, evitando valorar si son buenas o malas ideas; (4) analizar las ventajas y desventajas de cada una de ellas; (5) desarrollar un plan para poner en marcha la solución elegida y llevarlo a la práctica. 

Fomentar y cultivar la relación con amigos y familiares que nos proporcionen cariño y ayuda. Se trata de promover una dinámica sana de respeto mutuo en la que defendamos nuestros derechos a la vez que protegemos los de los demás, expresando nuestros puntos de vista y opiniones con claridad y calma, yen un tono mesurado.

Aprender a decir «No» a todo lo que nos perjudique física, mental, emocional y socialmente.

Hacer ejercicio regularmente, mantener una dieta saludable y dormir entre 7 u 8 horas. Y, evitar el consumo de cafeína, tabaco, alcohol u otras sustancias, o comida en exceso. 

Organizar y priorizar lo que hay que hacer en el trabajo y en casa, y descartar las tareas que no son necesarias. 

Finalmente, es probable que a veces solos no podamos lidiar con el estrés. No tengamos miedo a pedir ayuda, no es debilidad, más bien es lo contrario, hablemos con un profesional de la salud mental para que nos acompañe en este proceso, y nos ayude a manejar de forma eficaz el estrés y a sentirnos mejor.

 

martes, 23 de mayo de 2023

Solo hay una primera vez para todo, pero si cuidas los detalles disfrutarás más

 

Patricia Ramírez     |      abc (El lunes empiezo - blog    )       |     02/01/2023

Solo existe una primera vez para todo. Y eso convierte esa primera vez en algo muy especial. En una primera vez se juntan lo nuevo, la ilusión, la curiosidad, la expectación, la incertidumbre, a veces también la intriga, la ansiedad o el miedo… y por ello ponemos todos los sentidos. 

Habrá segundas, terceras y ene veces para muchas experiencias. Pero no suelen parecernos tan excitantes y emocionantes como la primera. El proceso de habituación termina por convertir experiencias maravillosas en experiencias normales y cotidianas. Al normalizarlas dejamos de prestarles atención plena, de poner el foco en el presente, en lo que está pasando. Y con ello pierden alma, intensidad y emoción. No nos engañemos, no podemos vivirlas como “la primera experiencia” cada vez que las vivimos, igual sería emocionalmente agotador, pero sí podríamos lograr que fueran más intensa y más profundas de lo que son. Y para que nos dejaran más huella. 

Igual preparaste una cena preciosa la primera vez que tu pareja, ahora marido o mujer, fue a cenar a tu casa. Con una mesa bonita, música romántica, unas velas… y después de años, ni música, ni velas, ni bajo platos, ni cocinar con amor. O el primer día que practicaste una actividad que te apetecía mucho como senderismo, patinar, dibujar, cocinar… cuando luego llevas tiempo repitiendo esa misma afición y forma parte de tu rutina, dejas de atender esos detalles que valorabas al comienzo. Muchas personas se excusan en que ahora tienen otras prioridades, más responsabilidades… pero lo cierto es que dejamos de cuidar los detalles que hicieron tan especiales todas esas primeras veces. Y esto es válido para el trabajo, la pareja, el disfrute de tu afición o cualquier otra actividad. 

Poner atención plena y cuidar los detalles no suele llevarnos mucho tiempo. Perdemos los detalles y la atención más por dejadez que por falta de tiempo. Si deseas aumentar el nivel de disfrute con lo que hagas, sobre todo ahora que empieza el mes de los nuevos propósitos, te propongo estos consejos.

·       1. Haz una sola cosa a la vez

Nuestro cerebro no tiene la habilidad de hacer dos cosas o más a la vez. Nos han vendido esta milonga de que hacer varias cosas a la vez es eficacia. Y lo único que tiene de verdad es que es imposible. Nos estresa, nos bloquea y nos dificulta disfrutar de lo que hacemos. De una cosa en una cosa y tiro porque me toca.

·        2. Estate a lo que estás

Significa poner intención y atención en lo que haces. Puede que estés a una sola cosa, pero que no estés en esa actividad. Que estés fantaseando con escapadas, rumiando problemas, o simplemente, distraído. Si estás distraído, te pierdes. Te pierdes de dirección, te pierdes estudiando, te pierdes en una conversación. Te puede ayudar visualizar lo que lees, lo que oyes, escuchar con atención, tratar de empatizar con los sentimientos de la otra persona, incluso si es alguien de una serie. Métete de lleno en lo que estés haciendo. Mira, escucha, saborea, observa, toca, huele…

·        3. Recréate en detalles bonitos

A mí me encanta hablar en voz alta sola y recordarme lo bonita que es la puesta de sol que veo desde el coche conduciendo a mi casa. Si va alguien conmigo en el coche, también se lo digo. O hago comentarios como “escucha, escucha, qué romántica es esta canción”. Sí, la puesta de sol es bonita, pero si no te dices a ti mismo lo bonita que es, igual la normalizas.

·        4. Verbaliza: aquí y ahora

Tener un mantra para recuperar la atención es una estrategia rápida y eficaz. No puedes prohibir a tu cerebro que sin darse cuenta salte de tarea en tarea, porque es un hábito natural. Lo que sí puedes hacer es tratar de devolverlo al lugar que estaba con esta sencilla instrucción “aquí y ahora”. No te sientas mal por distraerte. Te ocurre lo que le ocurre a todo el mundo. Nos pasa a todos porque distraernos es normal. Nuestros propios pensamientos irrumpen, hablan, pululan por nuestra mente. Hay que aprender a dejar estar, a desatender lo que en un momento determinado nos distrae de lo que hemos decidido que es importante.

·        5. Abandona a ratitos la tecnología

Nuestro cerebro se distrae continuamente con sus propios pensamientos, con un ruido, con una luz, con alguien llamándote. Y si además tienes a mano tu teléfono, la tele encendida o cualquier otro artilugio con sonidos y luces, la distracción está asegurada. Y cuando estás distraído no puedes estar disfrutando de tu momento. Mientras jugueteas con el teléfono, la mayoría de las veces con temas nada importantes, pierdes tu atención en la conversación, en tu trabajo, en la lectura, en la serie. Estás viviendo a medias. La otra vida a medias la usas para el teléfono. Cuando tratas de compaginar alguna actividad con la tecnología, le faltas el respeto a quien está contigo y dejas de respetar tu tiempo de trabajo o de disfrute, porque lo compartes con un mísero e insignificante teléfono. Ese, el teléfono, te genera dependencia emocional. ¡Pero si es un teléfono-patada! Por Dios, decide ningunearlo, dejarlo estar, apartarlo, apagarlo… cualquier cosa menos quitarte tu disfrute de esa experiencia que tiene que dejarte huella.

Si, igual no puedes poner ahora atención plena a todo. Es normal, necesita su entrenamiento. Pero sí puedes empezar por alguna actividad diaria. Empieza a convertir pequeños momentos en momentos especiales. En mi casa, por ejemplo, cenamos todas las noches, todas, con velas y música romántica. Estemos mi marido y yo solos o con los pollos. 

Y recuerda que mereces una vida de detalles, una vida disfrutada. Feliz día pleno, sereno y disfrutón.

domingo, 21 de mayo de 2023

Ansiedad, ira, impotencia y tristeza por Ucrania: cómo gestionar las emociones que sentimos

PATRICIA RAMÍREZ        |     ABC  (El lunes empiezo - blog)    |    06/03/2022

Así respondemos ante la desolación, la injusticia y la barbarie que se vive en Ucrania.


 Nos parecía tan inverosímil que muchas personas todavía no damos crédito. Después de pasar una pandemia mundial en la que han fallecido millones de personas, una desgracia que nos sobrecogió, de un día para otro, después de esto, alguien decide que va a invadir Ucrania. Y que va a matar, destruir viviendas, obligar a que millones de familias emigren, a separar a mujeres de maridos e hijos porque ellos tienen que quedarse en su país para poder defenderlo. Defender la sinrazón. Una persona ha decidido que va a sembrar el odio, la muerte, la desgracia, la destrucción y la pobreza.

No damos crédito. El año pasado empezamos el año con el asalto al Capitolio por parte de una banda encabezada por un hombre con el pecho al descubierto y unos cuernos en la cabeza. Aquello nos pareció grotesco, ridículo, hasta irrisorio dependiendo de por dónde lo miraras. Pero el inicio de 2022 es desolador. Nuestra mente no está preparada para encajar decisiones de principios del siglo XX, cuando la razón se buscaba a través del conflicto bélico. Pensábamos que habíamos evolucionado, habíamos madurado, pensábamos que la humanidad estaba en comunión.

Cuatro son las emociones claves con las que las personas respondemos ante la desolación, la injusticia y la barbarie, independientemente de que estés siendo protagonista o espectador. Ansiedad, ira, tristeza e impotencia.


·        Ansiedad porque nos sentimos amenazados, aunque no nos toque directamente. Estamos en manos de personas desalmadas. Nos sentimos amenazados como personas, amenazadas nuestras vidas, nuestra libertad, nuestras ilusiones de paz.

 

·        Ira porque nuestra amígdala reacciona ante la percepción o vivencia de situaciones injustas. Todas las emociones tienen una función. La ira en este caso nos moviliza, nos impulsa a ayudar, a buscar soluciones. Muestra de ellos es el recorrido de miles de kilómetros que muchas familias están haciendo para ir a recoger a niños, familiares, desconocidos, para ayudarles a salir de Ucrania y salvarles la vida.


·        Tristeza, mucha tristeza. Es la reacción a nuestra enorme capacidad de empatía. Desde nuestros sillones vemos hospitales de niños, bebés en manos de sus madres en colas kilométricas para salir del país, edificios destruidos, muerte, exilio, injusticia. Reaccionamos con tristeza, desolación porque sufrimos solo de ver el sufrimiento ajeno. Nos ponemos en su lugar, ¿cómo sería nuestra vida ahora si tuviéramos que irnos con lo puesto y salir huyendo de tu trabajo, de tu familia, de tu casa, de tu vida, de tus sueños, de tu futuro? Es desolador. No solo nos entristecemos, también lloramos y nos bloqueamos.


·        Impotencia, ganas de querer hacer sin poder hacer. La impotencia nos empuja a buscar soluciones donde no las hay, nos invita a luchar por lo imposible, a manifestarnos, apoyar a sabiendas que puede ser en balde. La impotencia nos agota, pero también genera sentimiento de pertenencia. 

A muchas personas la presencia de injusticias les genera problemas de autocontrol, entendido este como reacciones incómodas, emociones descontroladas, conductas apáticas, dejarse arrastrar. Sentimos un “total, para qué”. Tenemos ganas de bajarnos de este mundo. 

Las consecuencias de la guerra para los protagonistas a nivel emocional son devastadoras. Desde la humillación, el miedo, la depresión, a los futuros trastornos de estrés postraumáticos. Una guerra nos pasa factura emocional a todos. 

Si eres empático, sensible, seguramente sufras y reacciones ante esta guerra injusta donde las haya. ¿Qué puedes hacer para autorregularte?


·        Tomar partido y actuar en función de tus valores. Sé protagonista en aquello que puedas hacer. No mires la guerra pasar. Comprométete de la manera que sea con alguna asociación, ong, causa con la que te identifiques y que vaya alineada con tus valores. Todo podemos poner de nuestra parte, dando dinero para ayudar, llevando alimentos, medicamentos y utensilios que puedan ayudar a los que están sufriendo en Ucrania. Incluso acogiendo en nuestros hogares y empresas a refugiados.

 

·        Aceptar que la vida tiene una parte injusta que no podemos manejar, solucionar, en la que por desgracia no podemos intervenir. Es así, no hay más. Estar dando vuelta a pensamientos sobre la guerra, sobre un futuro desolador, sobre la posibilidad de que estalle la tercer aguerra mundial, solo va a hacerte sufrir más sin que puedes intervenir en nada. Deja de enredarte con esos pensamientos. Focaliza tu atención en tu presente, tu trabajo, tu familia, tus aficiones, amigos, tu vida.


·        Regular tus emociones en momentos de crisis y sensibilidad como el que estamos viviendo ahora. Prueba a meditar, hacer ejercicio, manualidades, leer, escuchar música… Todos tenemos formas de hacernos sentir mejor. Dejarte arrastrar por la apatía y abandonar tus rutinas saludables y relajantes solo incrementará tu malestar.


·        Regular la información que consumes. No se trata de negar la realidad, pero no puedes estar todo el día enganchado a las noticias que hablan de lo mismo. Con tanta tecnología, redes sociales y medios de comunicación a veces estamos “infoxicados”.


·        No conviertas el tema de la guerra en el monotema. Es importante compartir con nuestros hijos la realidad que están viviendo, hablar y educar en valores, pero no se puede solo hablar de este tema, porque terminaremos con un estado de ánimo muy bajo. Dedica un tiempo a ponerte al día, pero trata de compaginar el tema guerra con la vida cotidiana y los momentos bonitos de los que podemos seguir disfrutando. 

Queridos y queridas, todos merecemos una buena vida, una vida con valores, una vida serena, de disfrute, con sus problemas y sus alegrías. Que nadie te haga creer en lo contrario.