miércoles, 16 de octubre de 2024

Soledat no desitjada: una pandèmia emocional

 EDITORIAL DEL DIARI ARA       |        12/10/2024

Hi ha gent que se sent sola i no està sola. Hi ha gent que se sent sola i sí que està sola. L'aïllament social, fruit d'un individualisme creixent sovint emmascarat rere el món dels likes i les amistats digitals, ha anat a més i ja és un problema global de gran abast. La soledat no desitjada pot afectar tothom, sense fronteres d'edat, de gènere o de nivell de riquesa. En tot cas, en un gràfic tindria forma de lletra u, amb més prevalença entre els adolescents i joves i entre la gent gran. Però és un fenomen molt transversal que va aflorar de forma definitiva després de la pandèmia del coronavirus i que no té una solució senzilla ni fàcil. Respon a una realitat estructural i, per tant, complicada de canviar.

A aquesta persistent pandèmia de soledat hi contribueixen molts factors, no només unes tecnologies digitals que paradoxalment aïllen més que comuniquen: també la crisi del nucli familiar com a últim refugi, l'allargament de l'esperança de vida, el consumisme lligat a una idea banal de felicitat, la pressió per l'èxit (o contra el fracàs) acadèmic sobre la infància, la precarietat econòmica que aboca moltes persones a un constant estrès vital, la manca d'il·lusions més enllà dels guanys materials... Tot plegat fa que moltes persones no trobin el seu lloc, no trobin un entorn còmode de relació i es tanquin en si mateixes o es quedin aïllades per les circumstàncies.

El resultat és que la soledat no desitjada afecta el 20% de la població, és a dir, 1,6 milions de catalans (el 32% de les dones i el 20% dels homes). La xifra fa vertigen. Tanta gent viu isolada? Com pot ser que convisquem, sovint sense adonar-nos-en, amb una quantitat tan gran de persones que no troben amb qui parlar, amb qui sincerar-se, amb qui tenir una interacció mínimament satisfactòria? Quina societat hem creat?

És del tot necessari fer aflorar aquesta dura realitat, divulgar-la, explicar-la, analitzar-la i combatre-la. Així ho fem aquest diumenge en el dossier que hi dediquem a l'ARA i que hem confegit en col·laboració amb l'Obra Social de Sant Joan de Déu, la qual dedicarà tota la setmana que ve a difondre aquesta plaga social, però també a donar esperança. Hi ha altres entitats i institucions que dediquen esforços a abordar el problema, des de la Creu Roja i l'ONCE fins a la Fundació La Caixa, o les fundacions Esperança i Ajuda i Marianao. Cap contribució és sobrera. Perquè la veritat dual és que ens pot arribar a tots en algun moment de la nostra vida, però alhora també tots podem formar part de la solució per als que la pateixen. D'una banda, cal fer visible el problema. De l'altra, és important no estigmatitzar-lo. Hi ha països (el Regne Unit i el Japó) que, vista la dimensió del fenomen, han creat fins i tot ministeris governamentals específics per abordar la qüestió.

Davant la soledat no desitjada, està en joc el benestar col·lectiu: no en va, la mancança d'interacció personal sovint és la porta d'entrada i el desencadenant de malalties mentals i problemes físics, amb afectacions greus que, a part de situacions individuals, tenen una repercussió rellevant en el món sanitari. Medicalitzar la soledat no és la solució.

lunes, 14 de octubre de 2024

Salvador Guinjoan, psiquiatra: "Así como algunos somos altos y otros bajos, la anatomía del cerebro varía de forma"

LAURA INÉS MIYARA    | La voz de Galicia-La voz de la salud   |  26/09/2024

El investigador, pionero a nivel mundial en tratamientos con neuromodulación, explica que el principal reto en psiquiatría a día de hoy es encontrar tratamientos que funcionen para toda la variedad de manifestaciones individuales que tiene la enfermedad

La depresión es uno de los trastornos de salud mental más frecuentes y, a la vez, más incomprendidos. No solo porque, a nivel social, todavía se sigue viendo como una simple manifestación de tristeza, a pesar de la concienciación que ha habido en los últimos años. Sino porque, a día de hoy, sigue habiendo casi un 30 % de pacientes con esta patología que no responden a los tratamientos convencionales, como la medicación o la psicoterapia, o una combinación de ambas.

Por eso, la búsqueda de alternativas terapéuticas que faciliten la adherencia de estas personas al tratamiento y que pongan fin a la sintomatología incapacitante que aqueja a este porcentaje significativo de pacientes es fundamental. Una lucha que, desde el ámbito científico, están desarrollando expertos a nivel mundial como el psiquiatra Salvador Guinjoan.

Desde el Laureate Institute for Brain Research en Oklahoma, Estados Unidos, Guinjoan y su equipo han desarrollado una técnica experimental a base de ultrasonido focalizado de baja intensidad (LIFU, por sus siglas en inglés), que en los próximos años podría ofrecer no solo una opción para esos pacientes que hoy no tienen tratamiento efectivo, sino una ventana hacia la comprensión profunda de esta enfermedad y de cómo funcionan los circuitos cerebrales. El experto explica esta intervención y los desafíos que enfrenta la psiquiatría en el marco de las II Jornadas de Actualizaciones en Neuromodulación, organizadas por la por la Sociedad Española de Psiquiatría Clínica (SEPC), que tendrán lugar en Sevilla el día 27 de septiembre.

—¿Qué opciones para el tratamiento de la depresión son las más eficaces a día de hoy?

—Hay una serie de etapas en el tratamiento de la depresión o del trastorno obsesivo compulsivo, como hay etapas en el tratamiento de cualquier patología médica, de la diabetes, o de una arritmia cardíaca. Las dos terapias de primera línea son la psicoterapia y el uso de medicamentos, que son antidepresivos o bien estimuladores. Puede ser un antipsicótico atípico, puede ser litio, por ejemplo. Dos tercios de los pacientes responden a eso, con lo cual, no necesitan ningún otro tratamiento. Pero hay un tercio que no responden a la primera terapia y muchas veces no responden a otras sucesivas, se llaman pacientes refractarios o resistentes al tratamiento.

—¿Qué terapias se pueden ofrecer a esos pacientes refractarios?

—Para ese grupo, aparecen una serie de opciones, entre ellas, fármacos como la esketamina, o terapias neuromodulatorias. Aquí entraría la terapia magnética transcraneal y la terapia electroconvulsiva, que antes se conocía como electroshock, y que es extremadamente eficaz para la depresión. Después, hay procedimientos quirúrgicos más invasivos y con una eficacia menos predecible.

—¿Cuáles son los retos que debe superar la psiquiatría en el tratamiento de la depresión?

—El principal reto hoy en día es diseñar tratamientos que den cuenta de la variabilidad interindividual en lo que hace a la anatomía y la heterogeneidad clínica. Es decir, hoy en día, a los pacientes les damos los mismos antidepresivos, independientemente de si esa persona tiene más que nada problemas para dormir, o si está dormido todo el día porque no se puede levantar de la cama, o si tiene rumiación depresiva, o si tiene la mente en blanco. Y cuando usamos un método de neuromodulación, actuamos en el mismo lugar anatómico, aun cuando sabemos que, así como hay algunos de nosotros que somos bajos, otros altos, otros flacos, la anatomía íntima del cerebro tiene una variabilidad interindividual muy marcada. Sin embargo, hasta ahora, los tratamientos no toman en cuenta ni esa variabilidad en anatomía y función, ni esa variabilidad en sintomatología.

—¿Las alternativas que se están empezando a ofrecer desde la neuromodulación podrían proporcionar una respuesta a estos retos?

—Sí, es un campo de mucho interés y mucha actividad.

—¿Cómo funciona el ultrasonido focal de baja intensidad que está investigando su equipo?

—Hay que diferenciarlo del ultrasonido focal de alta intensidad, que es una terapia que se usa para concentrar una señal en un lugar discreto del cerebro y producir una lesión. Es una aplicación que se usa sobre todo en la enfermedad de Párkinson y en el temblor esencial. También se ha comenzado a aplicar en pacientes con depresión y con trastorno obsesivo compulsivo refractarios al tratamiento. Pero hay otro tipo de ultrasonido focal, el de baja intensidad, llamado LIFU, o Low Intensity Focus Ultrasound, que produce una neuromodulación reversible. Es decir, no provoca lesiones, sino que produce modificaciones en la actividad de todo el tejido cerebral que son reversibles. Esta modulación generalmente es de tipo inhibitorio y el efecto desaparece después.

—¿Qué aplicaciones tiene el LIFU?

—Lo que tiene de bueno es que por primera vez permite establecer relaciones entre la actividad de los circuitos cerebrales y determinados síntomas, emociones o conductas de manera causal. Es decir: si aplicamos el ultrasonido y observamos un cambio en esa sintomatología, podemos inferir que el circuito neuronal que estamos modulando tiene que ver con ese síntoma, esa emoción o esa conducta. Y, como su efecto es reversible, podemos utilizar esto como una prueba diagnóstica previa a un procedimiento quirúrgico irreversible, por ejemplo, para saber si sería efectiva esa operación en ese paciente. Esto todavía no se implementó, pero es una de las potenciales aplicaciones.

—¿Cómo podría ayudar a entender mejor la depresión esta técnica?

—Algunos tratamientos de neuromodulación irreversibles que se usan para tratar las formas más graves y refractarias al tratamiento de enfermedad depresiva mayor y de trastorno obsesivo compulsivo, en algunos pacientes, esto es curativo. Pero la eficacia a nivel de grupo no alcanza a más del 50 % de los casos. Entonces, hay pacientes a los que se les abrió la cabeza y se les puso un electrodo o se les hizo una ablación en un pedacito del cerebro y no han respondido a ello. No entendemos bien por qué algunos responden y otros no, y el LIFU podría usarse para probar los efectos que tiene regular un circuito en una persona determinada antes de proceder con una terapia invasiva.

—En otras palabras, ¿estamos cada vez más cerca de entender la relación entre los circuitos del cerebro y los síntomas de trastornos como la depresión?

—Lo que asumimos es que los síntomas de depresión, como lo son la rumiación depresiva, los pensamientos obsesivos, la anhedonia, es decir, la incapacidad de experimentar placer, las anomalías del ritmo circadiano de sueño y vigilia, las anomalías de apetito, todas estas son manifestaciones que tienen su anclaje en una disfunción de ciertos circuitos cerebrales a gran escala. La medicina hoy trabaja con ese modelo. A partir de allí, podemos ir a lo macro y hacer terapia electroconvulsiva, que afecta a todo el cerebro, o podemos ir a lo micro, que es la biología molecular, la farmacología, que apunta a los receptores. Pero el nivel de organización en el que opera la sintomatología de la depresión y otras patologías como el TOC es el nivel del circuito cerebral.

—¿Cómo se producen esos síntomas en esos circuitos?

—Los circuitos son regiones de sustancia gris conectadas por tractos de sustancia blanca o axones, que comunican el tejido entre sí como si fuesen cables. Asumimos que la disfunción de determinados circuitos es lo que subyace a esas manifestaciones depresivas.

—¿Cómo puede contribuir la neuromodulación al estudio de estos procesos?

—Se ha analizado esto en neuroimagen. Se induce una emoción y se hace pasar al sujeto por un escáner para ver qué áreas del cerebro se activan tras esa inducción. Entonces, se puede asumir que la tristeza, por ejemplo, tiene que ver con determinada región. El problema es que en este caso, primero viene la emoción y después el fenómeno observado en la imagen, con lo cual, no hay causalidad. Que en el fenómeno de la tristeza se activen esas áreas no quiere decir que la disfunción de esas áreas sea la causa de la tristeza. Ahora bien, si yo induzco tristeza, le doy con un método de neuromodulación al circuito y veo que la tristeza desaparece, o que aumenta, entonces, sí que establezco causalidad. Además, el LIFU permite modular de forma no invasiva y reversible, sin dejar ninguna secuela a largo plazo.

—¿Qué diferencias tienen estas técnicas con otras de neuromodulación como la terapia eletroconvulsiva?

—La estimulación magnética transcraneal repetitiva produce cambios poco profundos. Puede actuar sobre la corteza cerebral regional, la parte del cerebro que está más pegada al cráneo y a la piel, pero no va más profundo que dos centímetros. Con el ultrasonido se puede acceder a cualquier lugar del cerebro.

—¿Qué efectos adversos tiene el ultrasonido de baja intensidad?

—Son tratamientos muy bien tolerados, tienen muy bajos efectos colaterales. Lo que pasa es que no todos los pacientes son elegibles para ellos. Si el cráneo es muy grueso o tiene una forma particular, o es fino en un lado y grueso en otro, esto impide concentrar el ultrasonido con una intensidad suficiente para actuar sobre el tejido.

sábado, 12 de octubre de 2024

Qué es el ecoísmo: el nuevo tipo de personalidad que preocupa en España y que pocas personas conocen

TANIA CARBALLO        |     ElEspañol.com     |     29/09/2024                 

El término proviene de la figura mitológica de Eco, una ninfa condenada a repetir solo las últimas palabras de los demás, incapaz de expresar sus deseos.

 

El narcisismo es uno de los conceptos tendencia en este S. XXI; sin embargo, tiene sus raíces en la mitología griega, con Narciso, quien se enamoró de su propia imagen reflejada en un estanque. Su definición ha llegado tan lejos, que ahora el trastorno narcisista de la personalidad (TNP), es una gran preocupación en la psicología.

 

Un dato sorprendente teniendo en cuenta que desde que se conoce el término, una gran parte de la población huye de él. Nadie quiere serlo o tener alguien cerca que lo sea. Esta tendencia de alejamiento ha conseguido que, ahora, la preocupación de los expertos sea justamente lo contrario.

 

El ecoísmo también tiene sus raíces en la mitología griega. El término proviene de la figura mitológica de Eco, una ninfa condenada a repetir solo las últimas palabras de los demás, incapaz de expresar sus propios pensamientos o deseos. En la actualidad, se trata de un patrón que se repite constantemente. 

 

Qué es el ecoismo

 

El ecoísmo es un término que se utiliza en psicología para describir un patrón de comportamiento caracterizado por la tendencia a minimizar las propias necesidades, deseos y emociones, a menudo con el fin de evitar atraer la atención, sentir vergüenza o causar incomodidad a los demás.

 Las personas con rasgos ecoístas suelen ser extremadamente complacientes y tienden a subordinarse a las necesidades de los demás, a menudo hasta el punto de borrar o reprimir su propia identidad y deseos.

 

Este comportamiento puede originarse en la infancia, en entornos donde expresar las propias necesidades o emociones estaba mal visto. Por ejemplo, un niño que crece con padres narcisistas o emocionalmente ausentes puede aprender que su valor depende de no convertirse en una carga.

Realmente, el ecoísmo puede ser una respuesta adaptativa en un ambiente en el que la expresión individual es vista como una amenaza o una inconveniencia. Los ecoístas pueden sentirse incapaces de hacer valer sus propios sentimientos o necesidades, y en su lugar, se limitan a reflejar lo que los demás quieren o necesitan.

 Aunque a menudo es visto como una forma de humildad o autocontrol, tiene varias desventajas que pueden afectar profundamente la vida de una persona. Este patrón de comportamiento puede llevar a la persona a sentirse vacía, insatisfecha o desconectada de sí misma, ya que vive en función de las necesidades de los demás y no de las propias.

 

Las personas ecoístas tienen una tendencia a reprimir las propias necesidades y deseos, lo que puede llevar a un profundo sentimiento de insatisfacción personal. Al priorizar constantemente a los demás y minimizar sus sentimientos, pueden perder el contacto con lo que realmente quieren o necesitan.

 

No solo puede generar problemas de salud como la depresión, la ansiedad o la baja autoestima, sino que puede interferir con sus relaciones, volviéndolas desequilibradas. Debido a su inclinación por complacer y evitar el conflicto, las personas ecoístas pueden atraer a personas con tendencias narcisistas o controladoras, quienes se aprovechan de su naturaleza sumisa.

 

El ecoísmo también puede limitar las oportunidades de crecimiento personal y profesional. Al no expresar sus opiniones, ideas o deseos, la persona puede pasar desapercibida en su entorno laboral o social, lo que disminuye las posibilidades de ascenso o reconocimiento.

 

Una de las desventajas más claras en el ecoísmo es que puede generar el sentimiento contrario, en el que las personas de su círculo crean que solo quieren llamar la atención e, incluso, están victimizándose.

Diferencias entre el ecoísmo y el narcisismo

El ecoísmo y el narcisismo son dos conceptos que representan extremos opuestos. Aunque ambos pueden surgir de contextos familiares o sociales disfuncionales, se manifiestan de maneras muy diferentes.

 

El narcisismo se caracteriza por un sentido exagerado de importancia personal, una necesidad constante de admiración hacia uno mismo y una falta de empatía hacia los demás. Las personas con rasgos narcisistas suelen buscar ser el centro de atención y tienen una visión grandiosa de sí mismas, buscando constantemente la validación externa para mantener su autoestima.

 

Por otro lado, el ecoísmo se refiere a un patrón de comportamiento en el que una persona minimiza o reprime sus propias necesidades, deseos y emociones para evitar el conflicto o para complacer a los demás. En lugar de buscar admiración o reconocimiento, este patrón está impulsado por el deseo de evitar la atención y mantener una imagen de sumisión.

 

La motivación detrás del narcisismo es el deseo de sentirse superior y especial, mientras que la motivación detrás del ecoísmo es el temor al rechazo o al conflicto, y la necesidad de mantener la paz y la aceptación social.

jueves, 10 de octubre de 2024

Así impacta la crisis de la vivienda en la salud mental: "A veces solo quieres llorar y tienes que pedir ayuda"

DAVID NORIEGA     |     elDiario.es      |      02/10/2024

  • El 38% de la población ha sentido angustia ante la posibilidad de perder su casa, la edad media de emancipación en España es de 30,4 años y el alquiler ha empobrecido a cuatro de cada 10 hogares

Rosa tiene 54 años y trabaja en una gran multinacional española. Tiene un sueldo que prefiere no revelar, pero que ubica en la media. “Es un salario digno, como el de cualquiera, pero pagando 1.100 euros de alquiler me han precarizado”, lamenta. Cuando esta mujer se separó en 2018, comenzó a abonar una renta de 630 euros, que casi se ha duplicado en un lustro. También empezó con los ansiolíticos, la ansiedad, los mareos y unos dolores que le atenazan la espalda. Y una duda que planea en asambleas, ocupa conversaciones informales y ronda constantemente su cabeza: “¿En qué momento voy a rehacer mi vida, tener algo mío? ¿qué futuro van a tener mis hijos? Fíjate el estrés que te puede generar eso...”

El Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (Cgate) y la consultora GAD3 han publicado los resultados de una encuesta que muestra que el 38% de la población ha sentido angustia ante la posibilidad de perder su hogar. Casi 4 de cada 10 personas han experimentado esa sensación, que se agrava en el caso de quienes viven de alquiler: el 67% de quienes tienen una vivienda en propiedad o una hipoteca disfrutan de una sensación de bienestar que cae al 49% en el caso de los inquilinos. “No debemos olvidar que la vivienda adecuada está reconocida como un derecho humano y no disponer de ella puede comprometer otros derechos”, recordaba el presidente del Consejo, Alfredo Sanz, durante la presentación del informe 'La situación de la vivienda en España'.

Que la dificultad para hacer frente a una vivienda digna o para mantenerla en unas condiciones adecuadas tiene un impacto en la salud mental, y también física, de la población es una evidencia que diferentes trabajos llevan abordando desde hace años, pero que no acaban de tener un impacto claro en las políticas públicas. “La crisis se concentra, sobre todo, en un problema de precios elevados respecto a los salarios que, aunque quizá ahora se está recrudeciendo, es estructural en España”, explica la portavoz de la ONG Provivienda, Andrea Jarabo. Por ejemplo, en la ciudad de Madrid, el salario medio creció un 3,3% en la última década, frente al 61,8% del alquiler. No es una excepción, porque los precios han subido en torno al 30% de media en las grandes y medianas urbes.

Alfredo tiene 35 años y hace poco ha vuelto a vivir a casa de sus padres. Consiguió independizarse con un par de amigos hace una década pero tras varias mudanzas, cambios de compañeros y rentas cada vez más elevadas, decidió darse un tiempo. “La última búsqueda de piso fue realmente frustrante, no había nada por debajo del 30% de mi sueldo. Llegué a obsesionarme, no podía pensar en otra cosa. Por la noche me pasaba horas despierto pensando qué iba a hacer”, explica en conversación con elDiario.es.

“Somos una generación que ha puesto sobre la mesa temas como la salud mental, pero siempre se habla desde el punto de vista clínico, cuando también influyen las condiciones de vida y la carencia material. Hablar de salud mental es hacerlo del acceso a la vivienda, de salarios dignos, de temporalidad no deseada...”, considera la presidenta del Consejo de la Juventud de España, Andrea Henry, que recuerda que este grupo de edad es el más cercano al salario mínimo interprofesional. Con las medias salariales y de alquiler en la mano, “para que un joven pueda acceder a una vivienda en solitario, debe dedicar el 100% de su sueldo”. Un ejemplo: en 2023, el precio medio del alquiler en Barcelona fue de 1.136,40 euros, 13.636.8 al año. Un año antes, según los últimos datos ofrecidos por el Ayuntamiento de la ciudad, los menores de 24 años percibían un salario medio de 16.432 euros brutos.

Proyectos vitales que se retrasan

Según el último estudio del Observatorio de la Emancipación, la edad media de independizarse en España es la más alta desde que hay registros. Se sitúa en los 30,4 años, muy por encima de los 26,3 de la media europea. “Muchos proyectos vitales, personales y familiares se retrasan”, insiste Henry, que recuerda que “un problema de salud mental es la inestabilidad, pensar cuándo podrás emanciparte en solitario o construir tu vida desde ese punto”. ¿Pensar en tener un bebé? “Lo veo muy lejano si no puedo ni pagar un alquiler solo”, lamenta Alfredo.

“Las personas jóvenes se están emancipando en algunas de las peores condiciones de los últimos años. Vemos que son obligadas a desplazarse a los grandes núcleos, donde los precios de la vivienda son mucho más elevados”, explica la responsable del programa de juventud de Oxfam Intermón, Julia García, que junto al Consejo de la Juventud ha elaborado el informe 'Equilibristas: las acrobacias de la juventud para sostener su salud mental en una sociedad desigual'. Este indica que el 40% de las personas menores de 30 años creen que vivirán peor que sus padres y que sufrirán episodios de ansiedad y bajo estado anímico.

Rosa carga en su mochila con el peso de la vivienda desbocada, pero también con la angustia por el futuro de sus hijos. “Tengo uno de 23, que está estudiando, y otra de 35, que cobra 1.200 euros, a la que estoy ayudando, porque con esa edad no puede irse a vivir con su novio, ni tener hijos”, lamenta.

Los problemas de vivienda no solo profundizan los que ya padecen aquellos que viven otras situaciones de vulnerabilidad, también hacen caer a miles de personas por el abismo de la precariedad. “Además de revulnerabilizar a poblaciones concretas, el alquiler ha empobrecido a cuatro de cada 10 hogares, de los que 250.000 cuentan con ingresos medios”, explica Jarabo. Los datos han sido extraídos del informe ‘Prevención y atención de la exclusión residencial: Factores explicativos’, que Provivienda publicó en 2023 y que estuvo financiado por el Ministerio de Derechos Sociales.

Aunque el factor más determinante es la accesibilidad, las expertas señalan también otros puntos que también en la estabilidad y la salud mental. “La situación de infravivienda, la pobreza energética, la falta de suministros, el aislamiento o el hacinamiento...”, enumera Jarabo. Precisamente, en el primer informe 'Cuando la casa nos enferma', en colaboración con el Ministerio de Sanidad, en 2018, ya se indicaba que el 17,9% de los hogares más pobres no disponen de espacio suficiente, lo que repercute en situaciones de depresión, estrés e insomnio. Además, señalaba que esto no ocurre solo en las viviendas de mayor precariedad. “Los problemas de habitabilidad se dan también en hogares que residen en viviendas de alquiler y que no pueden asumir las reparaciones del hogar o cuyo limitado poder de negociación con la propiedad para que esta asuma las reparaciones les lleva a convivir con situaciones de grave dificultad”.

La Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud 2022-2026 ya reconoce la importancia de sensibilizar a los y las profesionales sobre la aparición de nuevas fragilidades vinculadas a cuestiones sociales, como la dificultad de acceso a la vivienda. Son los llamados determinantes sociales de la salud, reconocidos por organismos como la propia Organización Mundial de la Salud y en los que el Gobierno viene haciendo hincapié en los últimos años. “No podemos hacer un abordaje de la salud mental si no abordamos el resto de determinantes. Hay otras políticas que son beneficiosas, como las de movilidad, de medioambiente o de vivienda”, reconocía al poco tiempo de llegar al Ejecutivo la ministra del ramo, Mónica García.

La líder de Más Madrid vivió la pasada semana un enfrentamiento en el Congreso con la diputada del Partido Popular, Noelia Núñez, que insistía también en la idea de que “la juventud padece ansiedad” debido a problemas económicos y estructurales. “Al segundo día del mes, el alquiler ya se ha comido su sueldo”, le espetó a la ministra. “¿Sabe qué afecta a la salud mental? Qué ustedes votaron contra la bajada de los alquileres de los ciudadanos”, le respondió García. El PP se ha negado a aplicar en los territorios donde gobierna la Ley Estatal de Vivienda, que les permite declarar zonas tensionadas y limitar los precios. “Es un atentado contra la propiedad”, aseguró la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso.

Ángeles tiene una discapacidad del 65%, por la que recibe una prestación de 517 euros. “260 se me van en la vivienda”, explica. Tiene 60 años y se ha visto obligada a compartir piso en un recurso de la ONG Provivienda. Fue su única salida cuando se divorció para escapar de una situación de malos tratos. “Es muy duro tener que vivir sola, metida en la habitación, porque el resto son compañeros de piso, nada más”, cuenta en conversación con elDiario.es desde su cuarto, donde se pregunta si para los caseros “no es mejor perder un poquito y dar con buena gente”. “Hoy te piden un aval, un mes de agencia —prohibido por ley pero que algunas agencias siguen solicitando con excusas como la limpieza del inmueble o el seguro antiokupas— y la fianza. Es imposible”.

“Está genial compartir piso, lo que no está genial es hacerlo de forma forzada, porque no te queda otra o con gente que no conoces de nada y que a veces dificulta la convivencia”, explica Henry sobre un problema que se cronifica entre la juventud pero que escala a poblaciones de más edad, como Ángeles. “Antes estaba muy enfocado a universitarios, estudiantes de Erasmus... pero ahora no es así. Hay gente joven con un salario que podríamos considerar digno o que tienen una oposición y no pueden permitirse el precio de una vivienda. Pero también se ve en familias migrantes, madres monoparentales... que ven reducidas sus posibilidades de acceder a una vivienda”.

Rosa repite una y otra vez el mensaje de que “no hay salida”: “No tenemos ni una casa y solo podemos pensar que, al menos, si nuestras madres la tienen pagada, a última hora tendremos un sitio donde caernos muertas”. Pero en su discurso hay también un halo de optimismo, reivindicación y rebeldía. “Estoy devolviendo el seguro de impago y gracias a las asambleas del Sindicato de Inquilinas ves que no estás sola, porque cuando solo tienes ganas de llorar y no puedes respirar, tienes que pedir ayuda. Tampoco me quedo sentada esperando a que me arreglen las cosas. El 13 de octubre tenemos una manifestación para decir que hasta aquí hemos llegado. ¡Es por mi salud!”.

lunes, 7 de octubre de 2024

El síntoma físico que experimentas cuando tienes ansiedad o estrés, según Marian Rojas

 SARA DUQUE    |       Theobjective      |      09/09/2024

La psiquiatra aclara que cuando una persona está en modo de supervivencia hace que el cuerpo produce más cortisol

Con la llegada de septiembre y el regreso a la rutina laboral, es común que el proceso de adaptación genere malestar.

Este fenómeno, conocido como el síndrome post-vacacional, puede manifestarse en forma de dolor físico. Y es que según especialistas en salud mental, este malestar suele estar vinculado a la ansiedad y el estrés que provoca la vuelta a las responsabilidades laborales, especialmente tras un periodo de descanso.

¿Qué síntomas son los más comunes?

El cambio repentino en los horarios, las nuevas exigencias del entorno laboral y la presión por retomar las actividades con el mismo ritmo pueden desencadenar síntomas tanto físicos como psicológicos.

Además, este proceso de ajuste puede impactar de forma diferente dependiendo de la capacidad de cada persona para manejar el estrés, lo que resalta la importancia de implementar medidas para facilitar una transición más suave.

Según la psiquiatra Marian Rojas, en una entrevista en Fin de Semana, explicó que las enfermedades psicosomáticas son reales, es decir, existe una conexión entre el dolor físico y problemas emocionales o mentales, como el estrés o la ansiedad.

Dolores de cabeza, estómago, o inflamaciones pueden ser señales claras de que el cuerpo está respondiendo a una sobrecarga emocional.

Estas manifestaciones físicas, que pueden parecer aisladas, en realidad reflejan el impacto directo que el estrés tiene sobre el cuerpo, poniendo en evidencia la estrecha relación entre la mente y el cuerpo.

¿Por qué ocurre esto?

Rojas comentó que durante muchos años, los médicos buscaban exclusivamente causas físicas para los dolores, sin explorar más allá del cuerpo.

En sus estudios de medicina, el estrés y las causas psicológicas se mencionaban como una posible explicación, pero solo cuando todas las demás causas habían sido descartadas.

Rojas relató que cuando empezó a trabajar en el hospital, notaba que a menudo los pacientes describían dolores físicos y ella indagaba sobre su estado emocional, algo que en su momento no era común.

Fue después de que Harvard publicara un estudio que indicaba que el 80% de las consultas en Atención Primaria estaban relacionadas con emociones reprimidas y estrés, cuando empezó a investigar más profundamente.

El cortisol, una hormona relacionada con el estrés, juega un papel clave. Rojas aclaró que cuando una persona está constantemente en modo de supervivencia, ya sea por miedo al futuro, problemas emocionales o económicos, el cuerpo produce más cortisol, lo que puede causar inflamación y otros síntomas físicos.

¿Cómo evitar el estrés por la vuelta a la rutina?

Evitar el estrés por la vuelta a la rutina puede lograrse adoptando una serie de hábitos saludables que ayudan a reducir la ansiedad y facilitar la transición.

  1. Planificar con antelación: organizar tus actividades antes de regresar al trabajo o a los estudios permite evitar la sensación de agobio. Tener un calendario o lista de tareas ayuda a priorizar y evitar el caos del primer día.
  2. Volver de manera gradual: si es posible, retoma las actividades de manera progresiva. No intentes recuperar todo el tiempo perdido en un solo día, establece un ritmo que te permita adaptarte poco a poco.
  3. Mantener una rutina equilibrada: combina tus responsabilidades laborales con momentos de descanso, ocio y ejercicio físico. Mantener un balance entre trabajo y vida personal es clave para evitar el agotamiento.
  4. Dormir adecuadamente: el sueño es fundamental para el bienestar físico y mental. Intenta restablecer una rutina de sueño regular para garantizar el descanso adecuado y evitar el cansancio.
  5. Realizar ejercicio físico: la actividad física regular ayuda a liberar tensiones y reducir el estrés. Incluso algo tan sencillo como una caminata diaria puede mejorar tu estado de ánimo.
  6. Practicar técnicas de relajación: yoga, meditación o la respiración profunda pueden ser herramientas útiles para mantener la calma y gestionar mejor la ansiedad.
  7. Establecer metas realistas: no te sobrecargues de trabajo en los primeros días. Fija objetivos alcanzables y ve progresando paso a paso.
  8. Cuidar la alimentación: una dieta equilibrada y rica en nutrientes favorece un buen estado mental y físico, ayudando a manejar mejor el estrés.
  9. Mantener una actitud positiva: cambiar la perspectiva frente al regreso a la rutina puede hacer una gran diferencia. Ver esta vuelta como una oportunidad para organizarse mejor o implementar nuevas estrategias puede ayudarte a encarar la situación con mayor optimismo.
  10. Hablar de lo que sientes: compartir tus preocupaciones o emociones con amigos, familiares o colegas puede aliviar la sensación de sobrecarga y ayudar a poner las cosas en perspectiva.

domingo, 6 de octubre de 2024

Isabel Rojas Estapé: "Detrás de muchos problemas físicos de los niños, hay emociones que los padres no vemos"

JOSÉ ANTONIO MÉNDEZ      |     eldebate.com        |         27/09/2024   

La psicóloga, hermana de Marian e hija de Enrique Rojas, publica Necesito un abrazo, el primero de una serie de cuentos en el que explica a los niños (y a los padres), con sencillez y ternura, el complejo mundo de las emociones, la neurociencia y la somatización

 

Nos recibe en su casa con Reyes, su hija recién nacida, en brazos, y su cuento Necesito un abrazo (Editorial Planeta), recién llegado de imprenta. Nunca había abierto su casa para un periodista, pero con El Debate hace una excepción, que le agradecemos. Sus otras dos hijas pequeñas están aún en el colegio, aunque a ellas las aventuras de las protagonistas del relato, Cris y Neurita, «la neurona exploradora», no les sonarán nuevas, porque antes de ponerlas por escrito para ayudar a padres e hijos a entender la importancia de las emociones, cómo funciona el cerebro o cómo somatiza nuestro cuerpo, ellas ya las habían escuchado de labios de su madre en momentos como el de irse a la cama o para calmar una rabieta en mitad del super.

En realidad, como sus propias hijas, Isabel Rojas Estapé, psicóloga y periodista, lleva desde pequeña escuchando hablar de salud mental y emocional. Un terreno en el que su padre, el psiquiatra Enrique Rojas, fue pionero en nuestro país, y desde el que su hermana Marian ayuda a millones de personas, no solo desde la consulta que comparten en el Instituto de Investigaciones Psiquiátricas, sino también a través de sus libros (superventas en varios países), sus conferencias que llenan teatros y sus podcast que baten récords. Aunque, por lo que hemos podido leer, parece que Necesito un abrazo es el primer paso de Isabel hacia una carrera no menos meteórica y útil para los demás. Será cosa de lo que ella misma llama «el gen Rojas».

 —Antes de entrar en el contenido de Necesito un abrazo, ya es contra-cultural que proponga que las familias lean juntas. ¿Cómo refuerza el vínculo padres-hijos el hecho de leer un cuento?

—En consulta tengo muchos padres que me dicen: «No sé qué hacer con mis hijos, porque solo me sale decirles ¡estudia, ordena, lee!». Muchas veces, a los padres les cuesta pasar tiempo con sus hijos. Y a los padres más que a las madres. Muchos piensan: «A estas alturas no me voy a poner a jugar a la plastilina; y si juego al fútbol, dados 20 toques, dados todos». En el día a día, después de la vorágine del trabajo, todos queremos momentos de calidad con nuestros hijos, pero no siempre sabemos cómo tenerlos. Por eso siempre digo: «Cuéntales cuentos». Es algo que viene de mi padre.

 Mi padre cambiaba los cuentos que nos leía para meter alguna moraleja - Isabel Rojas Estapé, Psicóloga y periodista

 ¿Por qué?

—Porque de niñas, todos los fines de semana nos contaba cuentos y era el mejor momento de la semana. Él hacía algo que yo también hago: cambiar un poco el cuento para meter alguna moraleja sobre la voluntad, la constancia, la generosidad, conocerse a uno mismo… Y así los niños, después, se quedan rumiándolo. Leer un cuento genera una conexión emocional muy fuerte, y crea un momento de unión en el que padres e hijos disfrutan muchísimo. Gracias a la oxitocina que se genera, introduces a tu hijo en un mundo de creatividad, curiosidad, ilusión y, en este caso, de conocimiento emocional y psicológico, mientras los dos disfrutáis.

Se habla mucho de salud emocional, pero el foco suele ponerse en los adultos o en los adolescentes. Necesito un abrazo va, sin embargo, para los más pequeños. ¿Es que hoy es especialmente importante cuidar la salud emocional de los niños?

—Sin duda, porque los niños son el futuro de la sociedad. En consulta veo a adultos que sufren enormemente, y muchas veces es un sufrimiento que arrastran incluso desde la niñez. Cuando atajas el problema desde la raíz o llegas lo antes posible, el sufrimiento es mucho menor. Por eso he querido escribir cuentos, para que los padres puedan ayudar a sus hijos desde los 2, 3 o 4 años, a que se conozcan a sí mismos y entiendan qué les pasa, por qué sufren y cómo pueden gestionar sus emociones. Si no, luego viene la adolescencia con esa vorágine de emociones que no comprendes, y terminas muchas veces sufriendo muchísimo, con un dolor que incluso se acarrea el resto de la vida.

Si los niños entienden qué les ocurre y por qué, y cómo les afecta a su cuerpo, viven muchísimo mejor - Isabel Rojas Estapé, Psicóloga y periodista

Pero usted no ha querido solo enseñar a reconocer las emociones, como hacen otros cuentos, sino que se adentra en el mundo de la neurociencia…

—Mi padre, mi hermana Marian y yo hablamos mucho en la consulta de la importancia de conocernos y comprendernos. De hecho, nuestro lema es «comprender es aliviar». Cuando comprendes lo que te pasa, cómo funcionas por dentro, qué te ha ocurrido y cómo afecta eso a tu cuerpo… todo encaja y uno se alivia y vive más relajado. Con los niños ocurre igual: si entienden qué les ocurre y por qué, y cómo les afecta a su cuerpo, viven muchísimo mejor. Darle ese punto neurocientífico, con mucha sencillez, hace que ellos también puedan saber que tienen un cerebro, que dentro del cerebro existen unas neuronas y que lo que pasa ahí, les afecta en otras áreas. Es decir, que ese miedo, esa alegría o esa ira que sienten no son algo que les sucede de repente y no puedan gestionarlo.

Insiste en la cuestión de la somatización. ¿Por qué?

—¡Porque entender qué es la somatización es importantísimo! Este cuento, a diferencia de otros sobre este tema, se centra mucho en cómo responde mi cuerpo ante las emociones. Por ejemplo, con la tristeza me duele la tripa, me mareo, estoy cansada... Es decir, que hay una serie de respuestas físicas ante mis emociones y es necesario que los niños empiecen, poco a poco, a detectarlas. En realidad, esta parte está más enfocada a los padres, para que si un niño, sin venir a cuento, les dice: «papá, estoy mareado» o «mamá, me duele la tripa», puedan detectar si ahí hay una gripe o subyace una emoción. Detrás de muchos problemas físicos de los niños, hay emociones que los padres a veces no sabemos detectar. Y necesitamos conocer que está sintiendo nuestro hijo o qué le puede estar pasando, más allá de ese mareo o ese dolor de tripa.

¿Qué ocurre cuando un niño sabe reconocer sus emociones o cómo reacciona su organismo?

—Que su comportamiento cambia por completo. En lugar de actuar por necesidades o impulsos, al comprender qué le pasa, el niño activa su corteza prefrontal, frena y dice: «cuidado, me pasa esto, y así puedo reaccionar: lloro y me duele la tripa, porque ya no veo a mi amiga o porque mi amigo se ha cambiado de clase; por eso estoy tristón y no me apetece ir al cole. Se lo puedo decir a mis padres y buscar a mi amigo en el recreo». Cuando se comprende a sí mismo, su conducta cambia y, aunque sea de forma torpe, deja de responder de forma instintiva o con rabietas. Por eso, la serie de cuentos abordará la tristeza, la alegría, la rabia y el miedo, que son los más comunes y con los que vamos a poder ayudar más a los niños y a los padres.

Por desgracia, la empatía solo se adquiere, o trabajándola muchísimo, o a través del dolor y el sufrimiento - Isabel Rojas Estapé, Psicóloga y periodista

 Y al contrario, ¿qué sucede en casa, en el colegio o en el parque cuando un niño no tiene herramientas para gestionar lo que siente?

—Pues, entre otras cosas, que falla la empatía, y eso genera muchos problemas que llegan a la vida adulta. Cuando falta la empatía ves el mundo como un lugar hostil y terminas sufriendo y haciendo sufrir a otros. Muchísimos padres me preguntan: «Isabel, ¿cómo puedo mejorar la inteligencia emocional de mi hijo para que no tenga tantos problemas de conducta?». Y eso pasa, sí o sí, por mejorar la empatía. Por desgracia, la empatía solo se adquiere, o trabajándola muchísimo, o a través del dolor y el sufrimiento.

¿A qué se refiere?

—A que, por lo general, solo la persona que sufre o que ha tenido un gran dolor en su vida adquiere la capacidad natural de empatizar con quien tiene delante. Y no es que yo pueda ahorrar sufrimientos, pero sí intento que los niños vayan adquiriendo, por aprendizaje, la capacidad de empatizar con la gente, al detectar las emociones propias y las ajenas. Cuando un niño no se sabe gestionar, siente que todo a su alrededor va en su contra, que nada le sale bien y que tiene que batallarlo todo. Ahí aparecen rabietas constantes, ira, lloros descontrolados y las respuestas, digamos, más reptilianas. Pero, aunque lo esté sintiendo, el solo hecho de conocer qué le está pasando ya activa la corteza prefrontal de su cerebro y le permite enfrentarse a esa emoción de forma distinta.

Si un niño sufre acoso escolar le puede ayudar detectar la parálisis que suelen sufrir al principio y actuar - Isabel Rojas Estapé, Psicóloga y periodista

 Una las grandes preocupaciones de las familias es el acoso escolar. ¿Cómo marca la diferencia una correcta educación emocional para prevenir o actuar en un caso de bullying?

—Si es para el niño que está siendo vulnerado, le puede ayudar muchísimo detectar la parálisis que suelen tener al principio, el rechazo que suelen sentir, o el miedo que tienen a enfrentarse al bulleador o ir al colegio. También les ayuda muchísimo a gestionar sus pensamientos, esa rumiación que sufren: «Me van a hacer daño, van a ir contra mí, me van a pegar, me van a insultar, van a escupirme»... Y puede aprender a frenarlo. Cuando el niño aprende a frenar la rumiación constante que induce a la parálisis, puede ponerse manos a la obra: actuar al principio de la situación, enfrentarse al bulleador, decírselo a los padres o hablar con el profesor. Es decir, puede llevar más las riendas de lo que pasa a su alrededor. Eso no significa que la situación se solucione de forma inmediata, pero en vez de permitir que le abrumen sus emociones y las conductas que sufre, hay un cambio radical que es el primer paso para solucionar el problema.

¿Y en el caso de que nuestro hijo sea el que agrede a otros?

—En este caso, hay un punto esencial que es el trabajo de la empatía, y darse cuenta que todos tenemos emociones. Porque el propio niño que está bulleando no solo hace daño al resto, sino que se daña a sí mismo. Insisto: esto no soluciona el problema, pero ser consciente de ello es el paso previo para cambiar de conducta. Y todo esto se asienta en conocer y comprender nuestras emociones, cómo funciona nuestro cerebro, y cómo responde nuestro cuerpo.