lunes, 4 de mayo de 2026

El ejercicio entra a la consulta de psiquiatría: «Tiene un efecto sinérgico con los fármacos y la psicoterapia»

 LUCÍA CANCELA     |     lavozdegalicia.es     |     25/04/2026

Los expertos reconocen que cada vez más se le da una mayor importancia y crecen las guías que lo recomiendan

La recomendación y práctica de ejercicio físico llama a la puerta de la psiquiatría y hoy ya le dejan entrar. La incorporación de movimiento y naturaleza cuenta con respaldo en guías clínicas internacionales, revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos multicéntricos y modelos organizativos sanitarios. Pruebas y más pruebas del poder que ha demostrado la actividad física, tanto que la Organización Mundial de la Salud establece las mismas recomendaciones de ejercicio para población sana como para la que tiene una enfermedad. 

Llegar hasta aquí ha llevado sus años. «En consulta, siempre han estado los consejos generales de andar lo máximo posible o subir escaleras, pero ahora, entra una prescripción médica exacta de cómo realizar el ejercicio, como un acto médico más», plantea la doctora Nagore Iriarte, psiquiatra de la Red de Salud Mental de Álava de Osakidetza (Servicio Vasco de Salud), que impartió el taller Estilo de vida y salud mental, celebrado en el Curso Nacional de Actualización en Psiquiatría de Vitoria.

Ahora, cada vez queda más claro que siempre que sea posible el abordaje de trastornos de la salud mental deben contar con movimiento. Una revisión sistemática de la Colaboración Cochrane, publicada a comienzos del 2026, concluyó que el ejercicio físico puede ser un tratamiento de eficacia moderada para aliviar los síntomas de la depresión. El trabajo, que analizó 73 estudios con resultados de cerca de 5.000 pacientes, comparó el efecto del ejercicio físico en el tratamiento mediante fármacos y psicoterapia. El análisis indica que, frente a no recibir ningún tipo de tratamiento, la práctica de ejercicio produjo una reducción moderada de los síntomas, con resultados comparables a los que se observan habitualmente con intervenciones psicológicas o la medicación. Al igual que ocurre con otros abordajes, los beneficios más claros se obtuvieron cuando se prescribió una dosis concreta de ejercicio, en lugar de recomendaciones generales, y cuando la actividad fue de intensidad leve o moderada, en vez de intensa. 

             En cuanto a los efectos adversos, fueron poco habituales y de escasa relevancia, limitándose principalmente a molestias leves o a un empeoramiento transitorio del estado de ánimo. Ningún tipo de ejercicio destacó claramente como el más eficaz, aunque los programas que combinaban varias modalidades y el entrenamiento de fuerza mostraron resultados algo mejores que el ejercicio aeróbico por sí solo. Además, los efectos a largo plazo siguen sin estar bien definidos, ya que pocos estudios realizaron un seguimiento de los participantes tras finalizar el tratamiento. Si bien estas conclusiones fueron prometedoras, los autores reconocieron que hubo limitaciones: algunos estudios eran pequeños o las intervenciones (es decir, la farmacología, la psicoterapia y el ejercicio) son muy distintas como para poder comparar. 

             En el tratamiento de la ansiedad y depresión, dicen los expertos, hay tres patas: «Los fármacos, la psicoterapia, ambos muy desarrollados, y cambios en el estilo de vida, que creo que son nuestra asignatura pendiente», apunta, Luis Gutiérrez, vocal de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (Sepsm), quien destaca la sinergia que se produce entre las tres. «Si un paciente tiene una depresión que le lleva a estar aislado y consigue ejercicio regular, ya sea solo con vídeos de YouTube o en compañía, que es mucho mejor, consigue un efecto antidepresivo que se potencia con las otras dos», añade.

            Para la doctora Iriarte, poder consultar las recomendaciones en más de una guía facilita su trabajo: «Nos ayudan a individualizar el tratamiento e identificar a qué tipo de pacientes debemos prescribir ejercicio físico, cómo hacerlo y en qué momento teniendo en cuenta además otros muchos factores asociados, del mismo modo que hacemos con los fármacos o las terapias psicoterapéuticas», reconoce la experta. Esto resulta clave. Si bien con la prescripción farmacológica la psiquiatría lleva años yendo de la mano, con el ejercicio físico todavía están en fase de aprendizaje y formación como médicos. Eso sí, las cosas comienzan a estar más claras. Según algunas guías, la recomendación de realizar ejercicio físico aeróbico o de fuerza ya aparece antes que las intervenciones psicoterapéuticas y psicofarmacológicas para los casos de trastorno depresivo leve-moderado. «Es algo que debemos tener en cuenta. Seguramente, no como única estrategia, pero sí como tratamiento de primera línea y coadyuvante a otro tipo de intervenciones», precisa la psiquiatra. 

             Estas pautas recomiendan de 150 a 300 minutos de ejercicio aeróbico moderado a la semana, o entre 75 y 150 del intenso, combinado con dos sesiones destinadas al ejercicio de fuerza. Ahora bien, cuando sea posible, se debe individualizar. «Hay que tener en cuenta su capacidad cardiorrespiratoria, pero también necesidades o satisfacciones del paciente, o si tiene una alteración física temporal», contempla.  

             Ambos profesionales consultados son conscientes de que, si bien todos saben que el movimiento solo trae beneficios, hay pacientes que no son capaces de hacerlo. «Si una persona está muy deprimida y le dices que haga ejercicio, puede ser algo frustrante porque le estás diciendo que haga algo que va en contra de lo que le pide la enfermedad». Al final, puede provocarle mayores niveles de estrés. Por eso, en ocasiones, es mejor esperar a que el tratamiento farmacológico haya surtido algo de efecto para sugerir su incorporación. El momento de recomendarlo dependerá del estado y situación personal de la persona.

            ¿Por qué el ejercicio es beneficioso?

            Si se trata de unir el mecanismo que une el ejercicio físico con los beneficios a nivel mental todavía no hay una explicación clara. «Hay cosas que se nos escapan», insiste la especialista vasca. Se piensa que una de las explicaciones puede explicarse por medio de la inflamación. «Tiene que ver con factores neurotróficos derivados del cerebro, el BDNF, al hacer una contracción segregamos diferentes citoquinas que llegan al cerebro, y uno de estos factores neurotróficos es el BDNF y, cuando llega al cerebro, puede aumentar el número de conexiones cerebrales y de neuronas». De esta forma mejoran áreas como la memoria, la atención y los síntomas clínicos. «Todo este eje hipotálamo-hipófisis adrenal es lo que tiene que ver con el cortisol y también puede mejorar áreas relacionadas con la etiopatogenia de trastornos como la depresión», añade. 

El ejercicio actúa como terapia por distintos factores. Según Gutiérrez, el primero de ellos, su efecto antiinflamatorio: «Las interleuquinas, que son moléculas proinflamatorias y prooxidantes disminuyen». En segundo lugar, tiene un efecto antidepresivo, «porque libera sustancias como la serotonina, adrenalina o dopamina». Tercero, el movimiento mejora la respuesta al estrés a través de la reducción del cortisol; y cuarto, promueve la liberación del BDNF, «que es un factor neurotrófico cerebral que hace que las neuronas crezcan», resume el psiquiatra.  

Así, el ejercicio físico puede ser, en palabras de la experta, una de las intervenciones más potentes para estimular la plasticidad cerebral», destaca Iriarte. Eso sí, también influyen otros factores como el manejo del sueño, la dieta o el mindfulness.

Beneficios que se suman a una buena fama creciente. Cada vez es mayor el sector de la población que se percata de su beneficio. Gutiérrez observa que la difusión que se hace en redes sociales lleva a que muchos pacientes te lo demanden. «Si bien puede haber médicos que confíen y otros que no, pienso que casi todos estamos de acuerdo en que esta pata de cambio del estilo de vida es fundamental si queremos que los pacientes mejoren la depresión».

La naturaleza y sus beneficios

En una línea paralela, la naturaleza cobra, cada vez, más importancia. Es más, la relación existente entre espacios verdes y salud mental se ha consolidado como un campo emergente de investigación. ¿En qué sentido? Mikel Tous Espelosin, profesor e investigador de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), detalló en el mismo taller que su compañera, «que diversos estudios han mostrado que las personas que viven en áreas más verdes experimentan menos quejas de salud y mejores indicadores de salud mental y física en comparación con quienes residen en entornos con menor disponibilidad de espacio naturales». La exposición residencial a espacios verdes durante la infancia se asocia con un menor riesgo de desarrollar trastornos psiquiátricos, «lo que apunta a un posible efecto acumulativo del entorno natural sobre la salud mental a lo largo del ciclo vital», señaló el especialista. 

La lógica y puro sentido común lleva a afirmar que el contacto con la naturaleza es positivo para la salud mental. Sin embargo, dice el doctor Gutiérrez, todavía faltan estudios científicos para asegurarlo con la literatura científica en la mano. Eso es cuestión de tiempo. 

Sin embargo, no duda al decir que, pruebas o no, este tipo de contacto es bueno. «Cuando uno sale a la naturaleza, ya sea la playa o la montaña, se está moviendo. Le da el sol, con el consecuente beneficio de la vitamina D. Lo suele hacer acompañado, lo que mejora la red social y la capacidad de sentirse querido. Y, además, estar en la naturaleza reduce los hábitos que sí que está demostrado que son malos», precisa el experto en referencia al uso del móvil, a la vida sedentaria o al aislamiento

Los beneficios varían en función de la cantidad de tiempo y frecuencia de contacto con la naturaleza. Si bien no hay un consenso, «parece ser que las intervenciones más eficaces se desarrollaron durante ocho a doce  semanas, con una dosis óptima entre 20 y 90 minutos por sesión». Y, ¿en qué se traducen las intervenciones basadas en la naturaleza? En ejercicio físico verde, horticultura y en terapia basada en la naturaleza. En ella intervienen distintos factores. Primero, que la actividad siempre se hace al exterior. Segundo, que es grupal. Tercero, requiere creatividad. Y, cuarto, el ejercicio físico en sí. Así, puede cerrarse el ciclo: hacer deporte en la naturaleza puede tener beneficios adicionales tanto a niveles físicos, como la reducción de la tensión arterial; mentales, por la disminución del estrés y la ansiedad y, finalmente, sociales, siempre y cuando se compare con hacerlo en interior. 

La lógica y puro sentido común lleva a afirmar que el contacto con la naturaleza es positivo para la salud mental. Sin embargo, dice el doctor Gutiérrez, todavía faltan estudios científicos para asegurarlo con la literatura científica en la mano. Eso es cuestión de tiempo. 

Sin embargo, no duda al decir que, pruebas o no, este tipo de contacto es bueno. «Cuando uno sale a la naturaleza, ya sea la playa o la montaña, se está moviendo. Le da el sol, con el consecuente beneficio de la vitamina D. Lo suele hacer acompañado, lo que mejora la red social y la capacidad de sentirse querido. Y, además, estar en la naturaleza reduce los hábitos que sí que está demostrado que son malos», precisa el experto en referencia al uso del móvil, a la vida sedentaria o al aislamiento.

Joan Piñol, psicólogo: “Vivimos tan rápido que muchas personas ya no perciben el estrés como un problema, sino como algo normal en la vida”

JUDIT GONZÁLEZ PERNÍAS       |     lavanguardia.com     |     29/03/2026

En 'Kit de supervivencia emocional', el comisario Joan Miquel Capell y el psicólogo Joan Piñol nos desvelan las claves para reconocer, entender y combatir el estrés 

“El estrés es la gran epidemia del siglo XXI”, afirma el psicólogo Joan Piñol. En una sociedad que avanza cada vez más deprisa, esta sensación de presión constante se ha ido normalizando hasta formar parte de la vida cotidiana de la mayoría de las personas. Lejos de ser algo puntual, se ha convertido en una de las principales causas de consulta psicológica y atraviesa todos los ámbitos, desde el trabajo hasta la vida familiar y social. No es extraño, por tanto, que este concepto aparezca de forma recurrente en conversaciones, diagnósticos y titulares.

Esta es una de las ideas que recorre Kit de supervivencia emocional, el libro en el que Piñol —psicólogo, conferenciante y experto en bienestar emocional— reflexiona sobre cómo convivimos con esta tensión permanente y qué podemos hacer para gestionarla. Junto a él firma la obra Joan Miquel Capell, jefe del Gabinete de Prevención y Seguridad de la Diputación de Barcelona y excomisario de los Mossos d’Esquadra, cuya experiencia aporta una mirada práctica sobre la gestión de la sobrecarga en contextos de alta exigencia. “Cuidar el estrés es fundamental. No quiere decir hacer grandes cambios, sino empezar por ser conscientes, hacer pequeñas pausas y darnos permiso para parar”, explica Piñol a La Vanguardia.

Qué es el estrés

La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define como el conjunto de reacciones fisiológicas que preparan al organismo para la acción. En Kit de supervivencia emocional, sus autores lo describen como una respuesta necesaria para la supervivencia, una especie de alarma interna que se activa ante posibles amenazas.  En esta línea, también citan al neurocientífico Bruce McEwen (2000), quien lo define como “una amenaza real o percibida a la integridad fisiológica o psicológica de un individuo, que desencadena una respuesta tanto fisiológica como conductual”.

La clave, por tanto, consiste en comprender que se trata de una reacción ante situaciones que percibimos como amenazantes. Se trata de una respuesta que se experimenta en el presente y que, en condiciones normales, desaparece cuando cesa el estímulo que la provoca. “Vivimos tan rápido que muchas personas ya no ven el estrés como un problema, sino como algo normal en la vida”, explica Piñol, lo que hace que no siempre sea fácil detectarlo.

Las tensiones surgen más bien del entorno cotidiano: la familia, las relaciones sociales o el ámbito laboral pueden generar situaciones que desestabilizan emocionalmente al individuo. Por eso, aprender a identificar sus señales resulta fundamental. “Hay señales de alerta: cuando notamos que nos cuesta descansar, que estamos más sensibles o que perdemos la concentración, el cuerpo nos está avisando”, explica Piñol.

El positivo y el negativo

No siempre es perjudicial; de hecho, puede presentarse de dos formas distintas. Por un lado, existe el llamado “estrés positivo”, que actúa como un mecanismo de activación. Nos mantiene alerta, mejora nuestro rendimiento y nos ayuda a reaccionar ante retos o situaciones de presión, como una fecha límite o un momento de riesgo. En la medida justa, incluso puede ser beneficioso.

El problema surge cuando esa activación se mantiene en el tiempo. Entonces hablamos de “estrés negativo”, que deja de ser útil y empieza a pasar factura al organismo. De forma prolongada, altera funciones fisiológicas, eleva hormonas como el cortisol y afecta tanto a la salud física —provocando problemas cardiovasculares, metabólicos o inflamatorios— como al bienestar emocional, favoreciendo la ansiedad, la depresión o el agotamiento.

En profesiones de alto impacto emocional

Además, los autores reflexionan sobre cómo la tensión afecta a profesiones como policía, sanitario, militar o maestro, y destacan que no se trata solo de un trabajo, sino de un estilo de vida. “Desde que comienza su jornada, saben que se enfrentarán a situaciones complejas que superan con creces lo que la mayoría de las personas experimenta a diario”, explican los expertos.

Sin embargo, el estrés no se limita a sentirse nervioso o molesto; es una carga invisible que puede tener grandes consecuencias para el cuerpo y para la vida diaria. El peligro constante, como en el caso de quienes trabajan en cuerpos policiales sin saber qué les espera en su turno, y la combinación de horarios irregulares y carga de trabajo afectan al sueño y al descanso. El impacto en la vida personal también es significativo: muchos profesionales terminan su jornada irritables o agotados, lo que con el tiempo puede afectar a sus relaciones y generar distanciamiento.

Por eso, el acompañamiento psicológico y disponer de un espacio para hablar no debería ser un lujo, sino una necesidad prioritaria. Cuidar el bienestar emocional de quienes nos protegen y cuidan es, en realidad, una forma de cuidar a todos. “El estrés en estas profesiones no es un mito ni una exageración”, confiesan los autores del libro, y destacan la labor de quienes se dedican a trabajos que sostienen a la sociedad y, al mismo tiempo, se exponen a riesgos que pueden pasar factura. “Este ritmo puede acabar pasando factura”, señala Piñol.

Consejos para reducir el estrés según Joan Miquel Capell y Joan Piñol

·            Dormir como mínimo unas 6 horas. Cuando falla el descanso, la mente no funciona con normalidad. Surgen problemas de memoria, aprendizaje, atención y concentración. Además, afecta al sistema inmunológico. El sueño es fundamental para renovar el hipocampo, que tiene relación con la memoria y el aprendizaje.

·            Tomar el sol unos 10 o 15 minutos diariamente. Nos aporta energía y vitamina D.

·            Tomar contacto con la naturaleza. Esto favorece la liberación de endorfinas y serotonina, aportando estados de relajación y atención plena.

·            Realizar ejercicio como mínimo 30 minutos al día. 

·            Beber como mínimo 2 litros de agua al día.

·            Respirar correctamente, es decir, trabajar las técnicas de relajación

martes, 28 de abril de 2026

Javier García Campayo, médico psiquiatra, sobre la soledad negativa y soledad positiva: "Cómo crear una figura de apego interior"

 ALEXANDRA BENITO     |     vanitatis.elconfidencial.com     |     08/04/2026

El experto reveló las claves que tenemos dentro de nosotros mismos para gestionar la soledad. Especialmente aquella que duele y hace daño al individuo

A pesar de vivir en la era de la hiperconexión, los problemas de salud mental vinculados a la soledad no paran de aumentar. Así, según datos recogidos por 'Science Media Centre España', solo en nuestro país, hasta un 20% de la población reconoce sufrir soledad no deseada y casi la mitad afirma haberla experimentado alguna vez.

Por ello, se ha convertido en un gran reto a nivel de bienestar emocional. Una materia a la que prestar atención, al igual que ha ocurrido con las recomendaciones de los expertos para entender a los adolescentes o las investigaciones de la Universidad de Tokio sobre la importancia de la socialización en los mayores.

Aunque sí debemos tener un dato clave, como destaca el psiquiatra Javier García Campayo. El experto, a través de un artículo en su página web, pone en el foco los dos tipos de soledad que podemos sentir: la soledad que duele y la que cura. "La soledad es una presencia constante en la vida humana", explica García Campayo en su blog.

"No se trata de una anomalía, sino de una condición inherente a la existencia", añade. Sin embargo, el matiz es clave: no es lo mismo estar solo que sentirse solo. Por ello, explica cómo debemos distinguir entre la soledad negativa y la positiva. La negativa o no deseada es aquella que es impuesta, asociada a desconexión emocional. Mientras, la positiva, o elegida, es la buscada, vinculada al descanso mental, la creatividad y el autoconocimiento.

Centrándonos en la más dañina, aquella que duele y está vinculada al aislamiento emocional, García Campayo destaca en su artículo el poder de crear una "figura de apego interior". "Cómo crear una figura de apego interior", se pregunta el psiquiatra, introduciendo un poderoso concepto para el día a día: necesitamos aprender a sostenernos por dentro.

La figura para luchar contra la soledad

Así, en su reflexión profesional, plantea que, igual que los niños desarrollan vínculos de apego con figuras externas, los adultos pueden, y deben, construir una figura interna que proporcione seguridad, consuelo y estabilidad emocional. Se trata de tener una figura de apego dentro de nosotros, una combinación de autocompasión, regulación emocional y presencia consciente.

Una ayuda para la salud mental que puede aprenderse mediante prácticas como aprender a observar pensamientos sin identificarse con ellos, desarrollar un diálogo interno más amable, generar sensaciones internas de seguridad o aceptar la impermanencia de las emociones. Es decir, ser para uno mismo el lugar seguro que en otras ocasiones se ha buscado fuera.

Por ello, no se trata de eliminar la soledad, sino de transformarla, como destaca Javier García Campayo en su artículo. La clave, como coinciden los expertos, está en el equilibrio: ni aislamiento crónico ni hiperestimulación social constante.

domingo, 26 de abril de 2026

Técnicas de relajación y hábitos para mejorar la calidad del sueño y reducir la ansiedad, según Harvard

 FERNANDO MONGELOS GIBELLI     |      infobae.com      |     07/04/2026

Investigaciones recientes destacan el impacto de ciertos cambios cotidianos en el bienestar general. Cómo ajustes en el entorno y en la rutina diaria pueden transformar la manera en que el cuerpo y la mente se recuperan cada noche

En la vida moderna, marcada por las jornadas extensas y el uso constante de pantallas, dormir bien nunca ha sido un desafío tan grande. El estrés cotidiano afecta de forma directa la calidad del sueño. Estudios recientes de la Universidad de Harvard y publicaciones en Estados Unidos sostienen que la consistencia en los horarios para acostarse y levantarse es uno de los factores más determinantes para lograr un descanso reparador. Rebecca Robbins, experta en sueño de Harvard, explica que mantener horarios regulares contribuye a sincronizar el ritmo circadiano y optimiza el funcionamiento físico y mental.

También es esencial preparar el entorno: una habitación oscura, silenciosa y con una temperatura de entre 18 y 20 °C propicia el inicio y el mantenimiento del sueño. Los expertos recomiendan eliminar fuentes de luz artificial, invertir en una almohada ergonómica y evitar la acumulación de objetos que generen estrés. Apagar dispositivos electrónicos al menos una hora antes de dormir ayuda a evitar la exposición a la luz azul, que inhibe la producción de melatonina, una hormona clave para el ciclo sueño-vigilia.

La Facultad de Medicina de Harvard y la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño señalan que dormir menos de siete horas por noche se asocia con un aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes y deterioro cognitivo. Un trabajo reciente en la revista Sleep Advances determinó que la falta de sueño se relaciona directamente con una menor esperanza de vida, incluso por encima de otros factores de riesgo como la inactividad física o la mala alimentación.

Técnicas y hábitos prácticos con respaldo científico

Crear rituales previos al sueño, como apagar las luces, realizar ejercicios de respiración profunda o leer, ayuda a preparar cuerpo y mente. Recibir luz natural al comenzar el día, aunque esté nublado, contribuye a regular el reloj biológico y mejora el descanso nocturno. Otra recomendación comprobada es evitar la cafeína después del mediodía y consumir cenas ligeras al menos dos horas antes de acostarse.

Para quienes enfrentan dificultades para dormir, existen técnicas de relajación como la “4-7-8”, desarrollada por el Dr. Andrew Weil de Harvard. Este método propone inhalar durante cuatro segundos, retener la respiración siete segundos y exhalar en ocho segundos. Diversos estudios comprobaron que la constancia en ejercicios de respiración reduce los niveles de ansiedad y mejora la calidad del sueño.

La regla de los 20 minutos y el control de estímulos es un pilar fundamental de la terapia conductual; es evitar que el dormitorio se convierta en un escenario de angustia. Si tras veinte minutos el sueño no se presenta, los especialistas sugieren abandonar la cama y realizar una actividad monótona bajo luz tenue en otra estancia. Esta técnica de control de estímulos busca romper el condicionamiento psicológico que asocia el descanso con la frustración del insomnio, permitiendo que el cerebro recupere el vínculo natural entre el lecho y el inicio del sueño profundo.

Gestión de la “ventana de preocupación”. Esta estrategia busca liberar la carga cognitiva acumulada durante el día; suele manifestarse con mayor intensidad en el silencio de la noche. Para mitigar este efecto, la Facultad de Medicina de Harvard propone establecer una “ventana de preocupación” durante la tarde, un espacio dedicado a documentar por escrito las tareas pendientes y las inquietudes actuales. Al “externalizar” el estrés en papel horas antes de acostarse, se reduce la rumiación mental nocturna, permitiendo que el sistema nervioso transite hacia un estado de quietud sin la interferencia de pensamientos intrusivos.

La técnica de exposición lumínica estratégica asegura que la regulación del reloj biológico depende no solo de la oscuridad nocturna, sino también de la calidad de luz recibida durante las primeras horas del día. La exposición a la luz solar matutina actúa como una señal de anclaje que estabiliza el ritmo circadiano, facilitando que la producción de melatonina comience en el momento adecuado al caer la tarde. Complementariamente, sustituir la iluminación cenital intensa por lámparas de luz cálida y baja intensidad al final de la jornada ayuda a simular el atardecer, preparando al organismo para una transición fisiológica fluida hacia el descanso.

El sueño: salud integral y esperanza de vida

Los datos recientes muestran que dormir bien no solo beneficia la memoria, la concentración y el ánimo, sino que también incrementa la esperanza de vida y reduce el riesgo de trastornos crónicos. La falta de descanso afecta los circuitos cerebrales, debilita el sistema inmunológico y puede desregular procesos metabólicos esenciales.

La higiene del sueño debe asumirse como prioridad pública, afirman los especialistas. Incorporar hábitos consistentes y técnicas de relajación se encuentra al alcance de todos y no representa un costo económico. La combinación de constancia, un entorno apropiado y gestión del estrés permite sostener un sueño reparador cada noche.

lunes, 20 de abril de 2026

6 hábitos cotidianos que agotan la mente y cómo modificarlos, según la ciencia

 MARTINA CORTÉS MOSCHETTI     |     infobae.com     |    09/03/2026


Especialistas en neurociencia y psicología detallan cuáles son las acciones habituales que restan energía al cerebro, al tiempo que ofrecen recomendaciones efectivas para preservar la vitalidad intelectual

Sentir agotamiento mental persistente, incluso en días sin grandes exigencias, es una experiencia cada vez más común. Según Healthdiversos hábitos cotidianos están disminuyendo la energía mental más de lo que la mayoría sospecha, afectando el bienestar y la productividad.

Especialistas como la Dra. Sanam Hafeez, neuropsicóloga y directora de Comprehend the Mind, y la Dra. Madison White, psicóloga clínica y fundadora de MSW Psychological Associates, advierten que comportamientos extendidos como la multitarea, la postergación, el desorden, la rumiación mental y la sobrecarga de decisiones contribuyen a una fatiga mental que no desaparece solo con descanso.

Estas advertencias encuentran respaldo en investigaciones científicas y publicaciones especializadas, como Psychology Today, donde se describen los mecanismos cerebrales que explican el desgaste causado por la administración de múltiples tareas y la toma constante de decisiones.

¿Por qué el cansancio mental puede persistir incluso en jornadas tranquilas?

La Dra. Sanam Hafeez explicó a Health que la fatiga mental asociada a los hábitos cotidianos suele prolongarse, mientras que el estrés puntual cede tras un periodo de descanso.

La especialista advirtió que, aun en ausencia de grandes presiones, el cansancio mental continúa si no se modifican los comportamientos diarios. Reconocer estos patrones es, para Hafeez, el primer paso para introducir alternativas saludables.

1.Cambiar de tarea de forma constante

Alternar entre actividades de manera continua obliga al cerebro a realizar un esfuerzo adicional, lo que dificulta el enfoque y aumenta la probabilidad de cometer errores. Hafeez afirmó que la multitarea, lejos de ahorrar tiempo, fomenta descuidos y eleva el estrés.

Como alternativa, la experta recomendó priorizar tareas de manera secuencial y realizar pausas periódicas. “Al desacelerar y ser más conscientes, el estrés disminuye y la sensación de control crece”, sostuvo la neuropsicóloga.

2. Retrasar responsabilidades

Posponer tareas mantiene la mente en estado de alerta y genera ansiedad, según Hafeez. “Entre más se retrasa una tarea, mayor parece su tamaño y crecen la preocupación y la dificultad para enfocarse en otros asuntos”, detalló la especialista.

Ensayos clínicos citados por Psychology Today han demostrado que la postergación incrementa la fatiga mental y dificulta la gestión emocional. Para contrarrestarla, Hafeez recomienda dividir obligaciones en pasos pequeños, establecer horarios fijos y utilizar recordatorios, sin exigir resultados perfectos desde el inicio.

3.Buscar aprobación externa

El hábito de complacer siempre a otros puede erosionar la autoestima y generar resentimientos, según Hafeez. Este comportamiento termina por vincular el propio valor a la opinión ajena y posterga las necesidades personales.

La experta sugiere establecer límites graduales y reflexionar sobre las motivaciones detrás de la ayuda, para asegurarse de que las acciones respondan a un deseo genuino y no al temor al rechazo.

4. El desorden cotidiano

La Dra. Madison White indicó que el desorden doméstico o laboral puede empezar de forma mínima, pero tiende a acumularse hasta convertirse en una fuente importante de ansiedad. Evitar el orden alimenta la vergüenza y perpetúa el problema. White propone comenzar con pequeños cambios y asociar el avance en el orden con recompensas inmediatas, como un descanso o un episodio de una serie.

5. Pensamientos repetitivos

La rumiación, definida como el ciclo de pensamientos negativos repetitivos, representa un obstáculo para el bienestar. White explicó que muchas personas creen que repasar un problema una y otra vez les permitirá resolverlo, aunque solo añade ansiedad.

Detectar señales como repasar una situación repetidamente o imaginar el peor desenlace permite intervenir con mayor eficacia. La psicóloga aconseja identificar estos pensamientos o decirlos en voz alta para tomar distancia. “No se trata de impedir la rumiación, sino de distinguir entre hechos y pensamientos”, aclaró.

6. Decidir sobre lo trivial

Elegir cuestiones cotidianas, como la ropa o el menú, puede resultar más extenuante de lo esperado. White explicó que dedicar mucho tiempo a resolver aspectos triviales aumenta el cansancio y puede desencadenar indecisión o perfeccionismo.

Para reducir este desgaste, la psicóloga recomienda delegar tareas cuando sea posible y fijar plazos breves para tomar decisiones, priorizando el avance sobre la búsqueda de la opción ideal.

Lo que dice la ciencia

Investigaciones recientes sobre la “fricción neural” y el “attention residue”, desarrolladas en universidades como Cambridge y Stanford, describen cómo el cerebro se ve afectado por el cambio constante de contexto y el exceso de decisiones, aumentando la fatiga cognitiva.

Publicaciones como Psychology Today y estudios publicados en Journal of Health Psychology señalan que simplificar rutinas, limitar la multitarea y reducir la cantidad de decisiones diarias contribuyen a preservar la energía mental.

La Dra. White sugiere llevar un registro de hábitos y emociones durante varios días para identificar qué actividades revitalizan y cuáles agotan. Para comportamientos especialmente perjudiciales, propone suspenderlos durante dos semanas y observar los cambios, reforzando la autoevaluación periódica. De esta manera, la observación consciente y el ajuste de rutinas permiten notar mejoras en la energía mental en pocos días, lo que facilita la adopción de prácticas más saludables.