ANNA CALPE | lavanguardia.com | 21/06/2026
Integrante de la Junta Directiva de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, Dorado analiza las causas de la popularmente conocida como “depresión del domingo por la tarde”
El domingo por la
tarde, cuando el fin de semana empieza a despedirse y el lunes asoma, muchas
personas experimentan una sensación de tristeza, apatía o inquietud difícil de
explicar. Lo que para algunos es simplemente el final de unos días de descanso,
para otros se convierte en un momento marcado por la ansiedad anticipatoria, el
cansancio emocional y la preocupación por las obligaciones que están por venir.
“Si convertimos
el domingo en un espacio de rumiación, llegaremos al lunes agotados antes de
empezar”, explica Ismael Dorado, psicólogo y criminólogo, e integrante de la
Junta Directiva de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el
Estrés. En conversación con La Vanguardia, el especialista analiza las causas
de este fenómeno, popularmente conocido como la “depresión del domingo por la
tarde”, qué factores lo favorecen y qué estrategias pueden ayudar a afrontar el
final del fin de semana con mayor bienestar y una actitud más positiva ante la
nueva semana.
¿Por
qué tantas personas se sienten mal el domingo por la tarde?
La llamada
depresión del domingo por la tarde tiene mucho que ver con cómo gestionamos la
frustración. Desde pequeños estamos más preparados para disfrutar de los buenos
momentos que para aceptar que esos momentos también terminan. El domingo por la
tarde anticipamos que el lunes comienza la jornada laboral o una nueva semana
de obligaciones, y eso puede generar apatía, cansancio o tristeza. Sin embargo,
deberíamos entenderlo de otra manera: el lunes también es el inicio del camino
hacia otro fin de semana. Hemos disfrutado del descanso, de la familia, de los
amigos o de estar solos, y ahora empieza un nuevo ciclo.
Además
de esa tristeza o apatía, ¿qué otros síntomas suelen aparecer?
Uno de los
síntomas más habituales es la ansiedad anticipatoria. Muchas personas pasan el
domingo por la tarde pensando en todo lo que tendrán que hacer durante la
semana, y eso les impide disfrutar de las horas de descanso que aún les quedan.
También pueden aparecer problemas de sueño, dificultad para relajarse,
irritabilidad o sensación de agotamiento antes incluso de que empiece el lunes.
Es como una profecía autocumplida: pensamos tanto en el estrés que vendrá que
terminamos generándolo antes de tiempo.
¿Por
qué algunas personas lo sienten cada domingo y otras solo de forma puntual?
Influyen
mucho la personalidad y la manera en que cada persona interpreta lo que le
ocurre. Hay personas con una tendencia mayor al pensamiento negativo, a la
anticipación de amenazas o a lo que en psicología se relaciona con el
neuroticismo. No disfrutan tanto del momento presente porque su cabeza está
siempre en lo que puede salir mal mañana. En cambio, otras personas viven el
domingo como tiempo libre hasta que llega realmente el lunes. Deberíamos
preocuparnos cuando esta sensación se repite cada semana, afecta al descanso,
limita los planes o genera un malestar intenso que condiciona la vida personal
y laboral.
¿Qué
papel juega la satisfacción laboral en este fenómeno?
Juega un
papel fundamental. Una persona que se siente bien tratada, valorada y cómoda en
su entorno laboral no vive el domingo por la tarde con la misma angustia que
alguien que trabaja en un ambiente hostil. Muchas veces se piensa que la
satisfacción laboral depende solo del sueldo, pero también influyen las
condiciones de trabajo, el estilo de liderazgo, el clima del equipo y la forma
en que se organiza la empresa. Las empresas con mejor clima laboral suelen
tener menos bajas, menos conflictos y más productividad. Cuando uno está a
gusto en su trabajo, el lunes no se percibe como una amenaza.
¿Las
redes sociales y la hiperconexión aumentan esta sensación de estrés antes de
empezar la semana?
Sin duda.
La hiperconexión es uno de los grandes estresores actuales. Creíamos que las
nuevas tecnologías nos harían más libres, pero en muchos casos nos han hecho
más esclavos. Antes existían límites más claros: no se llamaba a alguien a
determinadas horas o durante sus momentos de descanso. Ahora recibimos
mensajes, correos o notificaciones en cualquier momento, incluso durante los
fines de semana o las vacaciones. Algunas empresas no permiten desconectar,
pero también hay personas que no saben hacerlo. El famoso FOMO, ese miedo a
perderse algo, nos mantiene siempre pendientes y nos impide descansar de
verdad.
¿Cómo
podemos acabar la semana con motivación para la siguiente?
Lo primero
es no dar el domingo por perdido. El domingo también es fin de semana y puede
ser un día magnífico para hacer planes tranquilos: pasear, ir al cine, leer,
visitar un parque, tomar algo o simplemente descansar en casa. El problema no
es quedarse en casa, sino hacerlo desde la sensación de derrota, como si el día
ya no sirviera para nada. Conviene planificar actividades agradables y entender
que el domingo puede ayudarnos a entrar en la semana de una forma más serena.
No debería ser solo una transición hacia el trabajo, sino un día con valor
propio.
¿Qué
hábitos pueden ayudar cuando aparecen pensamientos negativos sobre la semana
que empieza?
Otra
herramienta muy sencilla es coger papel y bolígrafo. Escribir los pensamientos
negativos ayuda a sacarlos de la cabeza y a verlos con más distancia. Después
podemos cuestionarlos como si habláramos con otra persona: “¿Qué puedo hacer
con esto? ¿Qué alternativa tengo? ¿Qué plan puedo proponerme?”. Los
pensamientos negativos no se combaten solo pensando, sino también con acciones
positivas. A veces, organizar la semana, establecer prioridades realistas o
planificar alguna actividad agradable para los próximos días puede ayudar a
reducir la sensación de agobio y recuperar la sensación de control.
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