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viernes, 7 de marzo de 2025

Las 4 palabras que más hieren y ponen en riesgo el éxito de los niños

LUCAS HANDLEY      |       es.gizmodo.com     |     19/01/2025 

Descubre cómo una frase aparentemente inofensiva puede afectar el desarrollo emocional y académico de tus hijos y qué puedes hacer para fomentar un crecimiento saludable.

Como padres, queremos lo mejor para nuestros hijos: que sean felices, exitosos y emocionalmente estables. Sin embargo, a menudo no somos conscientes de cómo nuestras palabras pueden afectar su desarrollo. Un destacado sociólogo de la Ivy League advierte sobre una frase comúnmente utilizada que, lejos de ayudar, podría tener efectos negativos duraderos. En este artículo exploraremos por qué es importante elegir bien nuestras palabras y qué alternativas pueden marcar la diferencia en la crianza de los hijos.

El impacto de las palabras en el desarrollo infantil

El lenguaje que utilizamos con nuestros hijos no solo refleja nuestras emociones y expectativas, sino que también da forma a su percepción de sí mismos. Según Adam Galinsky, profesor de la Escuela de Negocios de Columbia, las palabras tienen el poder de construir o destruir la confianza y autoestima de un niño. En su próximo libro, Inspire: The Universal Path for Leading Yourself and Others, Galinsky profundiza en cómo ciertas expresiones aparentemente inocuas pueden tener un impacto significativo en el desarrollo emocional y académico de los niños.

Una de las frases más problemáticas es «estoy decepcionado de ti». Aunque muchos padres la utilizan con la intención de corregir errores o motivar cambios positivos, su impacto suele ser el opuesto al esperado. Según Galinsky, este comentario induce sentimientos de vergüenza en lugar de fomentar el aprendizaje.

El peligro de la vergüenza y sus consecuencias

La vergüenza, explica Galinsky, es una emoción debilitante y desestabilizadora. Cuando los niños se sienten avergonzados, tienden a evitar confrontar sus errores, lo que limita su capacidad de aprendizaje y resolución de problemas. En lugar de generar un ambiente donde puedan reflexionar y aprender, la vergüenza bloquea su pensamiento crítico y los lleva a la evasión.

Por otro lado, Galinsky señala una diferencia clave entre la vergüenza y la culpa. Mientras que la vergüenza paraliza, la culpa puede ser una fuerza motivadora. La culpa impulsa a los niños a reparar sus errores, enfrentando la situación y buscando soluciones. Esto es crucial para desarrollar habilidades de resolución de problemas y un sentido de responsabilidad.

“La culpa lleva a la reparación, mientras que la vergüenza suele llevar a la evitación”, afirma Galinsky. Este matiz es crucial para entender por qué ciertas frases pueden ser más perjudiciales que útiles en la crianza.

Alternativas para motivar y construir confianza

En lugar de recurrir a expresiones que generen vergüenza, Galinsky sugiere enfoques más constructivos y motivadores. Por ejemplo, si un niño no ha cumplido con una tarea, en lugar de decir “estoy decepcionado de ti”, se podría optar por una pregunta que fomente la colaboración: “¿Cómo podemos organizarnos para que puedas hacer tu tarea a tiempo?”. Este tipo de comentario no solo evita sentimientos negativos, sino que también abre la puerta a soluciones prácticas y refuerza la idea de que los errores son oportunidades de aprendizaje.

Cambiar el enfoque de la crítica a la cooperación crea un entorno más positivo, donde los niños se sienten apoyados en lugar de juzgados. Esto no solo mejora su autoestima, sino que también promueve habilidades fundamentales para el éxito, como el pensamiento crítico, la organización y la capacidad de resolución de problemas.

El rol de los padres en el éxito de los hijos

La crianza no consiste únicamente en corregir errores, sino en guiar y motivar a los hijos hacia el desarrollo de su máximo potencial. Elegir cuidadosamente las palabras que usamos con ellos es una herramienta poderosa para lograrlo. Las frases que inspiran confianza y colaboración pueden marcar una diferencia significativa en su desarrollo emocional y académico.

Galinsky nos recuerda que el objetivo no es evitar que los niños cometan errores, sino enseñarles cómo enfrentarlos y aprender de ellos. Al adoptar un enfoque basado en la empatía y la resolución de problemas, los padres pueden ayudar a sus hijos a construir una base sólida para el éxito.

Para pensar y reflexionar

Las palabras que usamos con nuestros hijos tienen un impacto profundo en su desarrollo emocional y académico. Expresiones como “estoy decepcionado de ti” pueden generar vergüenza y bloquear su capacidad de aprendizaje, mientras que enfoques más positivos y colaborativos los ayudan a crecer y enfrentar desafíos con confianza. Al ser conscientes de cómo nuestras palabras afectan a nuestros hijos, podemos guiarlos hacia un futuro lleno de éxito y bienestar.

miércoles, 20 de marzo de 2024

Padres distraídos con el móvil: su efecto en la conducta de los hijos

 

Ana Cebollero Salinas, Carmen Elboj, Pablo Bautista Alcaine, Tatiana Íñiguez Berrozpe 

|     Madrid     |     Hola.com     |     15/02/2024

Existe en inglés un término que ilustra esta actitud de los padres, ‘pubbing’. La palabra, de uso coloquial en inglés, surge de la suma de snub (ignorar) y phone (teléfono); por lo que en español algunos lo han traducido como ‘ningufoneo’

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Acaban de cenar, se sientan en el sofá y la hija preadolescente le está contando a su madre que ha recibido un mensaje ofensivo en Instagram, quizás es una tontería, pero le ha hecho sentir mal… Sin embargo, su madre está absorta en su propio móvil contestando los whatsapps que no ha podido leer durante el día. La niña se calla y coge su smartphone para mirar Tik Tok… ¿Te suena esta imagen?

 

El acoso en la red o cyberbullying es una realidad preocupante que afecta, en mayor o menor medida, a uno de cada tres menores en España. En el mundo, según la OCDE, el 23 % de los estudiantes de Secundaria afirma haber sufrido acoso en internet al menos varias veces al mes. Dada la relevancia que tiene el entorno familiar en su facilitación o prevención, hemos investigado qué papel tiene la supervisión familiar y el propio uso del móvil de los adultos responsables en la aparición de estas conductas.

El phubbing parental es un fenómeno reciente que consiste en estar distraído o distraída con el móvil y no prestar atención a un hijo o hija durante una interacción. La palabra, de uso coloquial en inglés, surge de la suma de snub (ignorar) y phone (teléfono); por lo que en español algunos lo han traducido como “ningufoneo”.

 

En nuestro análisis, nos hemos centrado en explorar cuál podría ser la relación de esta falta de atención con la aparición de conductas de riesgo en niños, niñas y adolescentes. Además, nos hemos planteado si existían posibles diferencias por género o edad.

 

Para dar respuesta a estas preguntas, entre otras, realizamos un estudio en Aragón con 1.554 estudiantes de Primaria y Secundaria entre 10 y 18 años mediante la técnica de encuesta.

Ignorar tiene consecuencias

Hemos podido confirmar que la supervisión familiar del uso de internet por parte de los menores, y de sus comunicaciones en redes sociales es un factor protector ante el hecho de convertirse en agresor o víctima del ciberacoso.

También que cuando los padres tienden a concentrarse en el móvil mientras comparten tiempo de conversación con los menores hay más posibilidades de que estos incurran en roles de agresor o víctima en sus interacciones en internet.

Uno de cada cuatro de estos estudiantes preguntados reportaban ser ignorados por parte de su padre o de su madre al estar estos mirando su móvil (el 23 % de las chicas y 25 % de los chicos decían que recibían phubbing por parte de su madre, y 28,1 % de las chicas y 28,9 % de los chicos por parte de su padre).

Si separamos los resultados por sexos, encontramos que el phubbing tiene más consecuencias entre los chicos, que son agresores con mayor probabilidad, mientras que la supervisión familiar resulta más efectiva para la prevención de la ciberviolencia en el caso de las chicas.

Las edades críticas

En cuanto a la edad, la supervisión parental disminuye mucho en adolescentes a partir de 15 años. Sin embargo, su efecto positivo en esa etapa es similar a los otros grupos de edad, por lo que sería ideal mantener la supervisión.

Por otro lado, aunque el phubbing parental afecta negativamente a todos los grupos de edad, es especialmente preocupante entre los menores de 10 a 12 años a la hora de convertirse en ciberagresores. 

Estar presente, supervisar, y no prohibir

Estos resultados sugieren que la supervisión familiar de los adolescentes en su uso de las redes sociales e internet les ayuda a desenvolverse de forma sana y segura en el mundo virtual.

No se trata, por tanto, de la prohibición del uso de los dispositivos móviles, que los menores pueden considerar como una vulneración de su independencia, sino de una supervisión consciente y constructiva de cómo se usan para prevenir conductas de riesgo, tales como el ciberacoso. Y esta debería ser continuada en el tiempo, dado el efecto positivo que tiene incluso en el grupo de mayor edad. 

Y dar ejemplo

Sin embargo, la educación digital proporcionada por la familia no es el único elemento necesario para lograr ese desarrollo personal saludable. La forma en que los padres y madres utilizan sus dispositivos electrónicos actúa como un modelo negativo para niños y adolescentes. Y el hecho de que los hijos puedan percibir que son ignorados cuando sus familiares están utilizando sus teléfonos móviles puede promover aún más marcadamente un “comportamiento de exclusión” que interfiere en las relaciones entre los progenitores y sus hijos, y puede conducir a conductas de riesgo en línea como el ciberacoso.

 

La prevención del ciberacoso por lo tanto debe incluir la sensibilización de las familias hacia estrategias de parentalidad positiva que incluyan la supervisión y dar un buen ejemplo.

El uso responsable de las redes sociales e internet supone enseñar a nuestros hijos e hijas la importancia del respeto en internet, lo que se conocer como “netiqueta” (acrónimo de net –red, en inglés– y etiqueta, que hace referencia a las normas de conducta socialmente aceptables en internet).

Las reglas de la netiqueta incluyen, entre otras, el respetar la privacidad del otro (no compartir imágenes o datos de otros sin permiso), interactuar con los demás con respeto, verificar siempre las fuentes o ayudar si alguien es acosado. En definitiva, comportarse con los demás en la red como nos gustaría que se comportaran con nosotros.

 

Pero, además de la netiqueta, enseñar un uso responsable supone también que todos aprendamos una nueva manera de convivir con los móviles en familia. En este nuevo panorama en el que dispositivos y redes sociales ejercen tanta atracción sobre nuestra atención, es importante priorizar la comunicación en persona.

domingo, 18 de febrero de 2024

El papel de la educación y la neuropsicología en el desarrollo y aprendizaje de los niños


ELENA VILLEGAS          |    Madrid      |     Hola         |        15/01/2024

¿Es posible facilitar la manera de aprender de un niño si conocemos el funcionamiento de su cerebro?


¿Y si la Ciencia nos indicara cómo ha de ser la enseñanza para optimizar el proceso de aprendizaje de los niños? Es decir, ¿es posible saber cómo y cuándo ofrecer ciertos conocimientos para asegurarnos de que el cerebro del niño está realmente preparado para recibirlos, procesarlos y, por tanto, aprenderlos? Es lo que hace la neuroeducación, que “es una ciencia que aporta evidencias a la educación”, señala Coral Elizondo, maestra, orientadora y profesora en el Máster de Neuroeducación Avanzada de la Universidad de Barcelona. La experta nos detalla que, gracias a esta disciplina científica, es posible saber “qué funciona y cómo en el aprendizaje de los niños”.

 

“No solo las investigaciones referidas a la cognición, al estudio de las neuronas o áreas cerebrales nos ofrecen esta información; desde hace muy poco tiempo, 3 ó 4 años, se incluye el estudio del cuerpo y las relaciones entre el cerebro y el resto de los órganos, de forma que se incide en la importancia de la respiración, de la postura, de la microbiota…”.

 

Lo que hace unos años parecía ciencia ficción y únicamente se basaba en la observación y en los conocimientos que la experiencia aportaba a los maestros es hoy una realidad a la que cada vez se le presta más atención. De hecho, cada vez es más habitual oír hablar de neuroeducación y de neuropsicología, términos que hace un lustro eran desconocidos para la gran mayoría de la población. ¿Por qué se ha producido este auge?, ¿qué diferencias aporta la neuroeducación respecto a la educación tradicional?

 

“La última década del siglo XX es considerada como la década del cerebro”, nos cuenta Elizondo. “El estudio del cerebro nos ha permitido conocer no solo cómo aprendemos, sino también cómo enseñar.


Por ejemplo, ahora sabemos el importante papel de las emociones en el aprendizaje como moduladoras del mismo o conocemos el efecto negativo del estrés e, incluso, en investigaciones recientes sabemos la importancia de la respiración y cómo influye en la memoria. Crear entornos acogedores y seguros en el aula, respetar los ritmos de aprendizaje, despertar la curiosidad y la creatividad, aprender del error, trabajar con retos y desafíos, potenciar las funciones ejecutivas, la metacognición, el pensamiento crítico, la mentalidad de crecimiento… son aspectos que diferencian la educación”. 

Neuroeducación y neuropsicología o cómo la unión hace la fuerza

Si cada vez se oye hablar más de neuroeducación, no menos ocurre con la neuropsicología. ¿Para que la primera sea verdaderamente eficaz ha de ir de la mano con la segunda? “La neuroeducación es una ciencia transdisciplinar y Tracey Tokuhama-Espinosa (investigadora y profesora de neurociencia del aprendizaje en la Escuela de Extensión de Harvard) explica perfectamente la conexión entre las distintas disciplinas y habla de la Ciencia de la mente, el cerebro, la educación y añade también la salud”:

 

·        La psicología aporta el estudio de la mente, de la cognición, de la motivación

·        La neurociencia estudia el cerebro, la conciencia, la atención, la memoria

·        La educación se centra en el aprendizaje a lo largo de la vida, en la didáctica, en la pedagogía

·        La salud estudia el bienestar físico, la nutrición, el sueño, el ejercicio físico

 

¿Es posible aplicar la neuroeducación en casa?

Más allá de cómo se estructure y se impartan las distintas materias y conocimientos en los centros escolares en función de la evidencia que aporta la neurociencia a la educación, ¿es posible aplicar esta evidencia en casa? ¿Podemos los padres ayudar a nuestros hijos a aprender mejor, tanto desde el punto de vista académico como desde el emocional? “En la actualidad no existe la figura del neuroeducador que, como defiende Francisco Mora (doctor en neurociencias por la Universidad de Oxford que es un referente en neuroeducación), guíe y oriente en la educación, pero sí que hay pautas sencillas para trabajar en casa con nuestros hijos que nos pueden ayudar como padres”, asegura Coral Elizondo. 

 

En este sentido, la experta apunta la importancia del apego, cuya eficacia en el desarrollo intelectual y emocional del niño resulta evidente. Así, “generando vínculos positivos con nuestros hijos”, recomienda actividades tan sencillas como “potenciar el ejercicio físico en familia, salir al parque, andar en bici, patinar…”.


Añade la estimulación sensorial, pues “está demostrado que, cuantas más modalidades usemos, más potenciaremos el aprendizaje”, y otros aspectos básicos en el desarrollo integral de todo individuo, como son “la alimentación, el sueño, la socialización, el juego…”. Aspectos, todos ellos, esenciales para el crecimiento físico, emocional e intelectual de los niños.