Mostrando entradas con la etiqueta Memoria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Memoria. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de julio de 2022

El síntoma de la depresión del que poca gente habla: ¿borra los recuerdos felices?


ENRIQUE ZAMORANO    |     El Confidencial     |     30/06/2022 

Hoy repasamos los estudios que confirman la relación que tiene este trastorno mental con la memoria y, en particular, con aquellos hechos del pasado que tuvieron una significación positiva.

En España, cerca de 2,1 millones de personas sufre un cuadro depresivo, lo que representa un 5,4% de la población. Más allá de este frío y abultado dato, hay historias humanas que se ven truncadas por una tristeza aguda que se manifiesta de diferentes formas, alterando las relaciones sociales, las perspectivas de futuro y la calidad de vida de quien la padece. Ahora más que nunca se pone el acento en la salud mental, un tema que ha adquirido mucha más notoriedad a raíz de la pandemia y que se ha visibilizado gracias, en parte, a las nuevas generaciones que cada vez están más dispuestas a hablar de ello para acabar con su doloroso estigma.

Quizás, una de la/s/ particularidades del estado de ánimo depresivo, es que tiende a borrar progresivamente los recuerdos felices de quien la sufre. Como si fuera un parásito, infecta a su huésped haciendo que cada vez se acuerde menos de lo bueno que le ha pasado en la vida. Son muchos los estudios que corroboran esta relación entre depresión y memoria, hasta el punto de emparentar sus efectos al de otras enfermedades que merman la capacidad de recordar del paciente, como el alzhéimer. 

Debido a un estado de ánimo continuado de tristeza o apatía, la persona ya no puede recordar momentos en los que se sentía diferente

"La depresión afecta negativamente a la memoria episódica, al recuerdo de los sucesos vividos", explica el neurobiólogo y catedrático de la Universidad de Salamanca, José Ramón Alonso, en una entrada en su blog. "La explicación más aceptada es que las responsables son alteraciones neuronales generadas por el estrés. El estrés es parte de nuestros mecanismos de adaptación y defensa, y en una etapa inicial prepara al organismo para una respuesta de lucha o huida. Si el estrés se vuelve crónico, si no es un suceso puntual sino algo que se mantiene en el tiempo, los glucocorticoides, como el cortisol, sobreestimulan las neuronas que están procesando la información para esa respuesta". 

Entonces, "las neuronas 'aceleradas' entran en situación de riesgo y empiezan a desconectarse para evitar la muerte causada por una estimulación excesiva". Por tanto, "el resultado es que la memoria, con parte de sus circuitos neuronales fuera de juego, empieza a funcionar mal", asevera el neurobiólogo. "Así que la primera idea es que la depresión es una enfermedad larga que genera estrés o que puede ser favorecida por una situación de estrés, lo que a su vez altera los procesos de memoria".

La "memoria congruente con el estado de ánimo"

Otra de las explicaciones que ofrecen los psiquiatras a esta pérdida de memoria aguda relacionada con la depresión es que debido a un estado de ánimo continuado de tristeza, apatía o indefensión, la persona ya no puede recordar otros momentos en los que su ánimo era diferente, más positivo y enérgico. A esto lo llaman en psicología "memoria congruente con el estado de ánimo", lo que demuestra una asociación entre nuestros propios pensamientos en un momento determinado y lo que somos más proclives a recordar.

Es más probable que recuerdes momentos tristes y sientas que nunca pasa nada positivo. Pero, en realidad, solo olvidas las cosas buenas 

En cualquier caso, ambas explicaciones coinciden en que la depresión acaba derivando en una espiral de sentimientos negativos de los que parece imposible salir. "Este efecto es muy negativo, ya que es más probable que recuerdes momentos tristes y perpetúes el ciclo de sentir que nunca pasa nada positivo cuando, en realidad, solo estás olvidando las cosas buenas", admite la periodista estadounidense Lauren Vinopal, en un artículo reciente en 'Mel Magazine' donde se explora esta problemática en este trastorno mental. 

Por otro lado, nuestro cerebro trata de protegerse mediante la disonancia mental, lo que puede hacer que no nos sintamos conectados del todo a nuestra mente, cuerpo y pensamientos, causando esta pérdida de memoria. Es el argumento que esgrime Brent Metcalf en la citada revista, quien piensa que la disonancia cognitiva, a menudo presentada por personajes en películas como producto de una división de la personalidad a raíz de un trauma significativo, "en la realidad puede mostrarse como un efecto muy sutil en el cerebro", en este caso, "sentir que no estás del todo en conexión con tu cuerpo, tus pensamientos y tu entorno".

Lo bueno: se puede recuperar

La buena noticia es que, a diferencia de las enfermedades degenerativas que implican una pérdida de memoria en la mayoría de los casos irreversible, en el caso de la depresión sí que se puede tratar y poner atajo. El centro de la memoria en el cerebro es el hipocampo, que a su vez es el área más afectada por el efecto del cortisol, la hormona del estrés. Toda la toxicidad de los glucocorticoides de los que hablamos más arriba va esta zona, por lo que si la depresión se vuelve crónica, su tamaño cada vez será más reducido. 

Pero tanto como se reduce, puede volver a agrandarse debido a su gran plasticidad. "Con terapia, ejercicios de memoria y estrategias cognitivas adecuadas puede volver a su tamaño original para mejorar nuestra atención y recuerdo", explican desde 'La Mente es Maravillosa'. Lo malo es que cada persona experimenta esta pérdida de memoria de manera distinta, pues no hay nada más subjetivo que la constancia que tenemos de nuestros propios recuerdos, por lo que se necesita un abordaje integral para mitigar los efectos de la depresión y a la vez recuperar los recuerdos felices perdidos. 

martes, 10 de noviembre de 2020

La sorprendente relación entre el estrés, la memoria y el tamaño del cerebro

 ANDRÉS MASA       |       El País       |       06/02/2019

Un estudio relaciona la tensión crónica con un órgano más pequeño, especialmente en mujeres

Si sentir estrés habitualmente es una situación que te resulta ajena, lo que te distingue de personas menos afortunadas quizá sea el tamaño de tu cerebro. Es lo que sugiere un estudio científico que ha evaluado el órgano de 2.200 voluntarios jóvenes y de mediana edad -la media fue de 48 años-. Según el trabajo, las personas con estrés crónico tienden a tener un órgano más pequeño. Y no solo eso. La investigación no explica si la relación es una causa o un efecto de la tensión constante, si es que es alguna de las dos cosas, pero sí señala que es especialmente notable entre las mujeres.

El cuerpo humano responde al estrés produciendo distintas hormonas, pero la huella que los científicos suelen buscar en la sangre para detectarlo es la que deja el cortisol. El cortisol es absolutamente necesario para la vida porque la tensión que produce predispone al organismo a responder rápidamente ante una situación de alerta. Pero la mejora de la capacidad de reacción se limita a momentos puntuales.

Si el nivel se mantiene elevado durante mucho tiempo, si el estrés se cronifica, la respuesta hormonal deja de ser beneficiosa y se convierte en un problema. El estudio, publicado en la revista Neurology, relaciona los niveles más altos de cortisol con el volumen cerebral más pequeño y también con el daño en algunas funciones cognitivas.

Resonancias magnéticas y pruebas psicológicas

Para alcanzar sus conclusiones, los académicos han analizado los cerebros de los participantes en el estudio Framingham, que forman parte de la tercera generación de una población de Boston en la que los científicos estudian la relación entre la salud y el estilo de vida. Lo hacen desde los años cuarenta del siglo pasado.

Los investigadores analizaron imágenes obtenidas con escáneres de resonancia magnética e hicieron pruebas cognitivas a los sujetos para evaluar su memoria, su capacidad de razonamiento abstracto, su percepción visual, atención y función ejecutiva, un concepto que recoge distintas habilidades que se complementan para alcanzar las metas futuras. Aparte de las diferencias en el volumen cerebral, los científicos detectaron daños en la microestructura de la materia blanca en varias regiones del órgano maestro del organismo, especialmente en el cuerpo calloso, que conecta los dos hemisferios cerebrales.

"La materia blanca -un tejido compuesto de fibras nerviosas que comunican las distintas partes del cerebro- está altamente correlacionada con la velocidad de procesamiento, que a su vez está asociada sólidamente con una mayor habilidad cognitiva en general", explican los autores en el artículo. "La disrupción de la transferencia de información debida al daño en la materia blanca podría explicar parcialmente las deficiencias en las habilidades cognitivas asociadas a mayores concentraciones de cortisol", añaden.

Entre las facultades que los investigadores han visto perjudicadas destaca la memoria, ese recurso tan preciado para los opositores. No es una novedad; los episodios de estrés ya habían sido relacionados con una menor capacidad de evocar los recuerdos anteriormente, pero no así los cambios en el volumen cerebral que proponen los investigadores... y esos son mucho más difíciles de corroborar. De momento solo es una hipótesis y, si bien otros estudios parecen apuntar en la misma dirección, estos trabajos aún son muy pocos. Eso sí, si existiese la relación que los científicos describen entre el cortisol, el estrés y la estructura cerebral, las implicaciones serían muy importantes: puede que los cambios estructurales del órgano sirvieran para predecir el desarrollo de algún tipo de demencia en la vejez.

No solo es la memoria, la atención también se resiente

La investigadora principal del laboratorio de Neurociencia Social Cognitiva de la Universidad de Valencia, Alicia Salvador, es una de las personas que estudian en España el posible papel que el cortisol podría tener en el declive cognitivo en la vejez. "Está claro que los niveles elevados de cortisol durante un tiempo prolongado afectan al sistema nervioso, y eso puede tener consecuencias en la capacidad de adaptación posterior, pero que sea hasta el punto de provocar demencia aún no ha sido demostrado científicamente", explica Salvador.

Lo que su equipo tiene claro, gracias a los resultados que ha obtenido en las investigaciones que vienen realizando desde 2004, es que el estrés sí influye la memoria. Y que no afecta igual a los hombres que a las mujeres, ni a los jóvenes que a las personas mayores. Con todo, Salvador insiste en que el cortisol no es el enemigo.

"Hay numerosas pruebas de que tiene influencia sobre la cognición, y entre las funciones más estudiadas está la memoria, pero también aspectos como la atención y la toma de decisiones, que se han empezado a estudiar un poco más tarde", explica la investigadora. Lo que pasa es que los niveles que cada uno puede soportar antes de notar los efectos negativos son distintos. Y lo que es más importante, la fuerza de la tensión no es el único parámetro importante a la hora de valorar el efecto del cortisol en la salud: aprender a gestionar el estrés correctamente puede marcar la diferencia.

Para vivir tranquilo, 'mindfulness' y aceptación

Estudios anteriores han relacionado el estrés con el deterioro del hipocampo, "que es la región del cerebro que determina la memoria a largo plazo", explica el catedrático emérito del departamento de Psicología Biológica y de la Salud de la Universidad Autónoma de Madrid, Bernardo Moreno. El académico no muestra sorpresa alguna ante un efecto ya reconocido entre en la comunidad científica.

El profesor enfatiza que el estrés es inevitable, incluso deseable para activarnos ante ciertas situaciones que requieren actuar rápidamente. Pero también subraya que, desde el punto de vista evolutivo, nuestro organismo está adaptado al estilo de vida paleolítico, en el que esos momentos eran puntuales. El estrés está ahora fuera de lugar, y eso provoca perversas consecuencias.

Según Moreno, el contexto urbano, industrial, competitivo y de imprevisibilidad actual está haciendo que la tensión se cronifique, y eso favorece el deterioro cognitivo. También fomenta la aparición de enfermedades cardiovasculares y promueve respuestas contraproducentes del sistema inmune que pueden desencadenar neoplasias, tumores benignos o malignos.

La buena noticia es que, por muy inevitable que sea, podemos regularlo. "Siempre ha existido la desconexión, el viaje, los amigos, los momentos agradables" que nos ayudan a rebajar la tensión, dice Moreno. Y ahora también hay una pléyade de técnicas a las que podemos recurrir, entre las que el catedrático emérito destaca las relacionadas con el mindfulness, del que se ha dicho que puede hacerse incluso mientras uno se lava los dientes, y los recursos de aceptación y compromiso.

Los últimos implican hacerse consciente del problema y de la necesidad de superarlo. "Yo no soy mis pensamientos, yo no soy mis emociones. Puedo estar estresado, pero también puedo seguir", recita Moreno, emulando el proceso mental por el que funciona esta manera de manejar el estrés. Pero advierte: "Las técnicas son elementos que pueden ayudar, pero solo si uno está habituado". Es decir, es imprescindible hacer el esfuerzo previo de convertirlas en un hábito.

Y añade un detalle fundamental: "No pueden resolver continuamente los problemas. Si hay que recurrir a ellas constantemente es que el estrés de fondo no está resuelto", profundiza Moreno. Y, visto lo visto, parece más que deseable resolverlo antes de que las facultades mengüen más de la cuenta. 

lunes, 25 de abril de 2016

Muy pocos adultos mayores informan al médico sobre la pérdida de memoria, según un estudio.

Los expertos creen que con frecuencia es un tema tabú debido a los miedos sobre la demencia
     
E. J. Mundell - Traducido del inglés | HealthDay News | 29/01/2016

¿Le preocupa que olvidarse de los nombres de las personas o del lugar donde dejó las llaves pudiera ser una señal de una demencia inminente? Si se parece a la mayoría de los estadounidenses mayores, no se lo comentará al médico, muestra un estudio reciente.
Unos investigadores que observaron datos del gobierno federal sobre más de 10.000 personas hallaron que, en 2011, apenas uno de cada cuatro adultos a partir de los 45 años de edad conversó sobre los problemas de la memoria con un profesional de la atención sanitaria durante un chequeo de rutina.
De hecho, las probabilidades de que una persona admitiera un problema de memoria en una visita al consultorio del médico en realidad se redujeron a medida que aumentaba la edad, según un equipo dirigido por Mary Adams, de On Target Health Data en West Suffield, Connecticut.
Los hallazgos fueron publicados el 28 de enero en la revista Preventing Chronic Disease.
"Para la mayoría de adultos mayores, los chequeos de rutina son una oportunidad desaprovechada para evaluar y conversar sobre los problemas de memoria", dijo Adams en un comunicado de prensa de la revista.
Los expertos se muestran de acuerdo en que el estigma que rodea a la pérdida de la memoria y a la demencia podría disuadir a las personas de hablar sobre esos temas con sus médicos.
"Debido a que la demencia es, desafortunadamente, una enfermedad demasiado común, los adultos mayores están bastante familiarizados con las señales y los síntomas que la anuncian, que han observado con dolor en algún vecino o familiar", comentó la Dra. Gisele Wolf-Klein, directora de educación geriátrica de Northwell Health en New Hyde Park, Nueva York.
"Esa realidad conduce a la negación y a la evitación, tanto de parte del paciente como del médico", dijo. "Siempre y cuando no lo mencionen, quizá solo sea el envejecimiento normal".
Pero mencionar los problemas de memoria es importante, porque no necesariamente anuncian la aparición de una demencia, explicó Wolf-Klein. "La pérdida de memoria bien podría no deberse a la demencia, sino a otra afección muy tratable, como la depresión", anotó.
Y si de hecho  se vincula con la demencia, reconocer ese hecho es esencial, enfatizó.
"Los pacientes pueden reunirse pronto con los familiares y los asesores legales para la tercera edad, que son quienes mejor pueden ayudarles a tomar decisiones individualizadas sobre la atención, en lugar de depender de decisiones de último minuto que tomen familiares en un momento en que los pacientes ya no tengan esa capacidad", planteó Wolf-Klein.
El Dr. Bruce Polsky, presidente del departamento de medicina del Hospital de la Universidad de Winthrop en Mineola, Nueva York, reconoció que hablar sobre "la pérdida de la memoria y la posibilidad del desarrollo temprano de una demencia es una conversación difícil tanto para el médico como para el paciente, sobre todo debido a las implicaciones a largo plazo".
Pero el diagnóstico temprano de la demencia puede ser importante, enfatizó.
"Incluso la pérdida leve de memoria asociada con la enfermedad de Alzheimer inicial se puede mejorar con algunos fármacos que hay ahora disponibles, aunque esos medicamentos no detienen el avance de la enfermedad", dijo. "Las modificaciones de estilo de vida, como dejar de fumar, podrían también resultar valiosas en algunos casos".
"Aunque para los individuos es difícil evaluar si su propia pérdida sutil de memoria es 'normal' o no, las conversaciones francas con el médico y, en algunos casos, las pruebas podrían resultar en respuestas que quizá conduzcan potencialmente a un tratamiento y a una mejora en el funcionamiento", según Polsky.
Artículo por HealthDay, traducido por Hola Doctor
FUENTES: Gisele Wolf-Klein, M.D., director, geriatric education, Northwell Health, New Hyde Park, N.Y.; Bruce Polsky, M.D., chairman, department of medicine, Winthrop-University Hospital, Mineola, N.Y.; Jan. 28, 2016, Preventing Chronic Disease
HealthDay
(c) Derechos de autor 2016, HealthDay