domingo, 24 de enero de 2021

5 formas de motivarte cuando te sientes desmotivado

Okairy Zuñiga    |   Mejor con salud.as.com   |     18/7/2020

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña

Para motivarte en esos días que no tienes ganas de nada, es buena idea que lleves una lista con todas aquellas metas que ya has conseguido y que te ayudan a seguir adelante. Te contamos otras técnicas que pueden ser de ayuda. 

La desmotivación es un estado de ánimo por el que todas las personas pasan. Es muy fácil encontrarse en esta situación cuando uno se siente solo, desanimado y cree todo lo negativo que puedan decir los demás. Se trata de una cuestión bastante normal, así que no te sientas mal por ello. Si necesitas saber cómo motivarte, aquí van algunos consejos.

Ante estos sentimientos, es importante reconocerlos y atajar el problema para no quedarse en ese momento. Como señalan diversas publicaciones académicas, se trata de un proceso «autoenergético», es decir que tiene un componente individual marcado. 

Por tal motivo, cada persona puede tener su propia estrategia para motivarse, y no hay una fórmula universal que funcione para todos. A continuación, te presentamos algunas de las más reconocidas.   

1. Evita la especulación y enfócate en los hechos 

Cuando estás desmotivado, es sumamente sencillo ver todo en tonos grises y negros. Por ello, es importante entender que estás pasando por esta situación, para así no especular y ver los hechos como son realmente.

·        Si te encuentras desmotivado por tu relación en pareja, evita hacer conjeturas y céntrate en los hechos. Es decir, si sabes que amas a tu pareja, notarás que ese problema que te desanima tiene solución y te estarás alejando de la zona gris.

·        Cuando esto pase, empezarás a ver el problema cada vez más pequeño y te animará saber que tiene una solución.

2. Entiende que eres humano

Es común pensar que, por una equivocación, todo va salir mal. Pues déjanos decirte que no es así. Eres humano, por lo que debes darte la oportunidad de errar.  

Además, ¿cómo vas a aprender sin equivocarte? Los errores son lecciones disfrazadas, así que debes verlas con objetividad, aprender la lección y listo.

·        Cuando sientas que estás desanimado por equivocarte, voltéate y mira todo el camino que has recorrido para llegar adonde estás. De esta manera, volverás a la zona de la batalla para seguir avanzado en tus metas.

·        Por un momento, deja de exigirte todo aquello que crees necesario para ser más feliz, más guapa, más exitosa o lo que sea que busques. Si lo que causa tu desmotivación es algún error que consideras muy grande, date tiempo para razonarlo; luego, continúa.

3. Date una dosis diaria de motivación 

Es imposible estar las 24 horas del día motivado, pero sí es posible motivarte todos los días. Un buen punto de partida es hacer una lista todas las mañanas de las cosas que has logrado. No todos los días querrás hacerlo, y es ahí cuando debes poner más empeño.

Normalmente, en los mejores días la lista se te hará superfácil. Incluso te faltará papel y deberás dosificar un poco para no saturar tu mente. En los días en lo que no se te ocurran cosas por las que sentirte motivado es cuando más lo necesitarás. Oblígate a trabajar esta lista en esos días.

Cuando la finalices, podrás ver todo lo que has hecho y te sentirás inspirado. Si en algún momento sientes que no hay nada que agradecer o por lo que sentirte bien, revisa las notas de los días anteriores. Tal vez justo lo que crees que te falta está ahí escondido, esperando a que lo veas. 

4. Toma un respiro para motivarte

Muchas veces la desmotivación llega cuando estás saturado de información o no logras avanzar y necesitas un respiro del día a día. Tomar un descanso de lo que sea que te tenga desmotivado no está mal; de hecho, es sumamente necesario.

Esto no significa que esas cosas que te desmotivan te vuelvan infeliz; tampoco significa que lo que creías importante te ha dejado de gustar; es solo que necesitas un respiro. Cuando te sientas así, toma una caminata, ve una película o lee un buen libro. Haz lo que sea, incluso lo opuesto a eso que ahora te desmotiva.

Esto te ayudará a recargar baterías y, cuando vuelvas, verás todo nuevamente de manera fresca, divertida y, sin darte cuenta, habrás logrado motivarte.

5. Reconoce que necesitas ayuda

Si bien es bueno que tú mismo sepas cómo lograr motivarte y que debes saber cómo animarte, también es muy cierto que muchas veces no es posible lograrlo solo. La razón de esto es tan simple que no parece real, y es que la mente es tan astuta que hay veces que reconoce que la quieres motivar y crea barreras que te lo impiden.

A diferencia de la depresión, ante la que es necesaria la consulta con un psicólogo, la falta de motivación puede combatirse con los amigos, la pareja y la familia. No tengas miedo de pedir ayuda; te sorprenderá descubrir que hay un buen número de personas dispuestas a ayudarte.

Aprende a motivarte

No todas las personas somos iguales, por lo que no existe una fórmula matemática exacta para motivarte. Por eso, debes procurar conocerte tanto como sea posible.  

Toma el tiempo de entender qué te mueve, qué te asusta, adónde quieres llegar y cómo. La respuesta a estas preguntas te dará las claves para enfrentar los momentos en los que debes motivarte.

Recuerda que, aunque la desmotivación forma parte del proceso de aprendizaje, no debe perdurar. No te permitas quedarte congelado en esta emoción; ten presente que debes amarte y respetarte. Debes ser tu mayor admirador y tu mejor motivador.

sábado, 23 de enero de 2021

Oir o escuchar?. Diferencias que marcan: la escucha activa

 

LETICIA RODRIGO MUÑOZ     |     Blog Psicología Social   |    10/06/2019 

Te preguntarás a qué se debe este título. Me atrevo a decir que estarás pensando “¿Hay alguna diferencia entre oír y realizar la escucha activa? “.  Pues te adelanto que sí que la hay, pero muchas veces no nos damos cuenta.

¿Te ha pasado alguna vez que alguien te está contando algo y de repente notas como tu pensamiento se va hacia otro lado? Sin embargo, sigues oyendo su voz, ¿verdad? Tienes el sentido del oído en perfectas condiciones. 

Con este ejemplo podrás ver que no siempre prestamos la atención suficiente y necesaria para una buena capacidad de escucha.  La buena noticia es, que se puede entrenar.

INTRODUCCIÓN A LAS HABILIDADES SOCIALES

A lo largo de esta lectura comprobarás que la habilidad de escucha activa es una competencia que pertenece al cupo de las habilidades sociales y de la comunicación, y que junto a otras tan conocidas como la empatía, contribuyen a conseguir una buena interacción con otras personas. 

¿Qué es esto de las habilidades sociales? Las habilidades sociales son aquellas competencias que se entrenan para una mejor comunicación y comprensión, entre personas. Somos seres sociales y por ello el entrenamiento de éstas es imprescindible para nuestras vidas. 

Cuanto mayor sea nuestra competencia en este tipo de habilidades, nuestra relación con otras personas será mucho más fácil.

OIR VERSUS ESCUCHAR

En mi breve experiencia tanto laboral como personal, me he ido dando cuenta del gran bienestar que proporcionas a una persona logrando tan solo, que ésta se sienta realmente escuchada y comprendida.

Por norma general, estamos acostumbrados a vivir rápido. A no escuchar, sino oír. Aquí viene la valiosa distinción entre oír y escuchar.

·        OIR: Percibir una cosa por medio del sentido del oído

·        ESCUCHAR: prestar atención a lo que uno oye, lo que es lo mismo: recoger información proporcionada por otra persona

·        ESCUCHAR DE FORMA ACTIVA: Es una técnica de comunicación asertiva que consiste en saber escuchar con un alto grado de atención y participación, captando todos los aspectos del mensaje de la persona que lo emite (lenguaje verbal y no verbal, emociones…) Que proporciona un feedback o retroalimentación a la otra persona a modo de preguntas, parafraseo (entre otras), que le haga saber qué estás preocupándote por lo que te cuenta y que te interesa saber más.

 

EJEMPLOS

Retomando párrafos anteriores una de las cosas que más valoramos como ser humano es que nos escuchen y nos entiendan. Pero llevar esto a cabo no es tarea fácil y necesita entrenamiento.

Si has leído más artículos míos sabrás que me encanta poner ejemplos para favorecer una mejor comprensión de lo que quiero transmitir. ¡Ahí van!

·        Imagina que has tenido un día duro en el trabajo y llegas a casa y algún familiar te pregunta qué tal tu día. Bien… le respondes y de repente, mientras hablas, ves cómo está mirando fijamente la televisión. Te está oyendo porque a veces ves como la persona asiente, o contesta alguna cosa. La pregunta es ¿Te sientes escuchado? ¿Cómo te sientes?

·        Vamos ahora al lado opuesto. Llegas a casa, te preguntan y se sientan a tu lado mientras hablas, te miran a los ojos, respetan tu turno de palabra, te preguntan cosas acordes al tema tratado en la conversación, te transmiten un feedback o retroalimentación… ¿Mejor?

LA ESCUCHA ACTIVA: CONCLUSIONES

En numerosas ocasiones podemos percibir que una persona tan solo necesita sentirse escuchada. Las personas necesitamos ese apoyo social del que a veces carecemos.

Es fácil crearnos nuestros propios juicios cuando observamos a una persona, la primera impresión que se llama. Pero, ¿no sería más útil hablar con ella? ¿Escuchar su situación o sus inquietudes personales? ¿Preguntarles cómo se sienten y realmente escuchar e intentar comprender?

Cuando una persona carece de ese apoyo social, se siente incomprendida por el resto de personas o no se siente escuchada tiende a presentar diferentes conductas tanto físicas, emocionales o conductuales que pueden llegar a ser una gran problemática. 

Por ello, el utilizar la escucha activa (como complemento a otras estrategias) puede prevenir algunos de estos comportamientos o al menos reducir su frecuencia. Ya que como he dicho otras veces, está demostrado científicamente que la percepción de apoyo social que tenemos, nos proporciona mayor bienestar en todos los sentidos.  

La escucha activa, implica siempre intentar comprender el otro punto de vista y está muy ligada a la empatía, otra habilidad social fundamental para nuestras relaciones sociales y de la que en otro momento te hablaré. ¿Trabajamos la escucha activa? 

“Escuchar detenidamente te hace especial, pues casi nadie lo hace” - Ernest Hemingway

jueves, 21 de enero de 2021

El auto-sabotaje. ¿Qué es, de dónde viene, cómo nos afecta y cómo escapar de él?


SARA SARMIENTO     |     Madrid     |     Cepsim

   

Te conciencias para comer sano todos los días, para salir a correr por las mañanas o ir al gimnasio después del trabajo, te preparas para aprobar ese examen o para que esa relación de pareja sea ideal, para conseguir ese trabajo que mereces y cuando estás a punto de conseguirlo e incluso cuando ya lo tienes, sientes y haces algo que lo echa por tierraUna especie de angustia acompañada de indecisión, algo insoportable que al final hace que abandones los objetivos por los que luchas y sigas en la misma rutina de siempre, viviendo la misma vida, sin avanzar hacia donde sueñas. Esto es lo que se conoce como auto-sabotaje y comprende todas las acciones que hacemos para impedirnos alcanzar los objetivos que deseamos. Son las dudas sobre si nos lo merecemos o no, si lo queremos, si estamos preparados o seremos capaces, etc. Entre las conductas que nos alejan de nuestros sueños se encuentran: la procrastinación, las excusas, las justificaciones, la indecisión, la vergüenza, la duda, la culpa… En definitiva, a la hora de realizar tus deseos, te frenas, retiras o los boicoteas.

 

Aunque parezca que el autosabotaje nos aleja de la felicidad (y así es), en realidad tienen sus causas y su función. Vamos a saber más sobre él.

 

Formas de auto-sabotaje.

Entre las más comunes podemos encontrar:

·        Negar nuestros deseos y sentimientos

·        La comparación con las otras personas, sintiéndonos inferiores.

·        El sacrifico extremo sin escuchar nuestras necesidades internas.

·        El superyó o juez interno

·        La crítica y el perfeccionismo

·        Procrastinación y excusas

·        No saber establecer objetivos o dejar las cosas antes de terminarlas

·        El lenguaje negativo hacia nosotros mismos “no puedo”, “no es para mí”, “no me lo merezco”.

 

Causas del auto-sabotaje 

Su origen está en la infancia y/o en experiencias vitales estresantes y dolorosas, especialmente las relacionadas con nuestro narcisismo, valía y autoestima. El miedo que surge cuando vamos a conseguir un logro o la culpa por alcanzarlo se esconde en nuestro inconsciente, en un aprendizaje que hemos hecho para anticiparnos consecuencias peores o en los esquemas mentales con los que interpretamos la realidad y el mundo, pero sobre todo, a nosotros mismos.

Algunos ejemplos de causas del autosabotaje pueden ser: progenitores excesivamente críticos o perfeccionistas tanto con ellos mismos como con sus hijos; progenitores que no daban valor a los logros del infante; valores rígidos sobre el éxito, la humildad, el sacrificio o el poder; forzar demasiado las capacidades de los niños cuando aún no están suficientemente desarrolladas, pedirles más de lo que pueden dar hacer o ser; desvalorizar a la persona; expectativas muy altas; comparación y culpabilización por personas significativas; insultos; la identificación con padres que no se valoran a sí mismos o que no tienen objetivos, capacidades, etc.; sufrir bullying o acoso…

Si aprendemos que no somos capaces, que serlo o conseguirlo está mal, que mostrar nuestros logros es negativo o sentimos que avanzar es traicionar a nuestras familias o padres, entre otras ideas, entonces será muy fácil ser víctimas de nuestro propio crítico interno.

¿Qué es el crítico interno o Superyó?
 

El superyó, concepto desarrollado por Freud, es una estructura psíquica que surge al ser socializados: interiorizamos las normas y los valores para controlar nuestros impulsos y deseos y poder vivir en sociedad. Aunque el superyó es una parte valiosa porque nos ayuda a relacionarnos, controlarnos y vivir en sociedad, no siempre tiene por qué ser tan positivo. Algunas personas tienen “superyoes” críticos, severos, estrictos, punitivos e incluso, “odiadores” de la propia persona. El superyó es conocido en la psicología con otros nombres o derivados de esta estructura, así se pueden encontrar conceptos como padre interior, crítico interno, juez punitivo, etc., que nos hablarían de símiles o de características del primitivo pero actual superyó freudiano.

El tipo de mensaje que nos da, es decir, los pensamientos “superyoicos” que nos asaltan en la mente, son de este estilo: “deberías hacer esto y no aquello”, “debes mejorar”, “no eres capaz”, “no puedes”, etc. En múltiples ocasiones aparecen frente a estímulos presentes que nos recuerdan situaciones pasadas que salieron de manera negativa, por lo que sería como una alarma para prevenirnos de un fracaso o peligro evitando que volvamos a sufrir.

En otras es la interiorización de mensajes negativos que nos dieron personas importantes. La cuestión es que nuestro presente no es nuestro pasado, pero en el trauma y en el inconsciente no existe la temporalidad, y es por ello que cosas que nos pasaron en la infancia se siguen reviviendo como si fueran hoy mismo, aunque hayamos olvidado las causas que nos produjeron ese miedo o dolor y que ahora nos generan la alarma. 
Así que esta voz interna que nos quiere proteger en realidad lo que hace es frenarnos y autosabotearnos.

 

Cómo superar el autosabotaje

Como todo en psicología, deberás practicar para que tenga efecto. A veces, un mensaje dado en un momento concreto por una persona importante de nuestro presente, como un psicólogo o una pareja, puede liberarnos de las cargas del pasado, pero lo más aconsejable es empezar a cambiar nuestro día a día para salir del abismo del autosabotaje.

1.      Conoce tu mente: Aunque parece fácil no lo es, ya que nuestro juez interno funciona de manera automática y muchas veces se encuentra en el inconsciente. Un buen análisis de nuestro diálogo interno y sobretodo, de dónde proceden nuestros ideas sobre el mundo y nosotros mismos, a qué persona de nuestro inconsciente o pasado traicionamos si las cambiamos, etc., suele ser necesario para poder avanzar.

2.     Identifica a tu juez interno: sé consciente de esos mensajes que te das a ti mismo y te alejan del éxito y el crecimiento interior. No les hagas caso, recuerda que quieren protegerte de algo que ya no está en el presente.

3.     Establece tus deseos y ponlos en forma de objetivos específicos: ¿Qué quiero exactamente en mi vida y cuáles son los pasos para conseguirlo? Aunque al principio parece difícil, si un gran sueño se divide en pasos pequeños es mucho más factible llegar a él. Recuerda que el tiempo pasará de todas formas, así que mejor que pase consiguiendo lo que deseas. Ahora bien, tómate un tiempo para saber qué deseas tú, si estás en tu camino y no intentando cumplir lo que otros te impusieron.

4.     Deja de pensar, actúa más. El miedo, la culpa, las excusas y la crítica vendrán, llevas toda la vida viviendo con ellas. Deja de regodearte en ellas y simplemente, actúa.

5.     Pide consejo a quienes ya lo hicieron antes que tú: inspirarte en otras personas no es copiar, preguntar y ser ayudado no es fracasar. Otros ya vivieron este camino, confía en su criterio pero no te olvides de personalizar todo lo que te digan a lo que tú necesitas.

martes, 19 de enero de 2021

Autocompasión y victimismo, como diamante y carbón

EDITH SANCHEZ – Revisado por el psicólogo SERGIO DE DIOS GONZÁLEZ  | La Mente es Maravillosa    25/12/2020 

Mientras que la autocompasión es una forma sana de relacionarnos con nuestro mundo emocional, el victimismo es una forma de instrumentalizar el dolor que nos hace más débiles y frágiles.


Autocompasión y victimismo son, en principio, dos conceptos muy similares. Sin embargo, al profundizar en cada uno, está claro que resultan ser casi opuestos. Mientras que la autocompasión es una forma de sensibilización con lo propio, el victimismo es una impostura que busca manipular a los demás.

 

Es cierto que autocompasión y victimismo tienen en común el hecho de que son conductas dirigidas hacia uno mismo y que toman como contenido central el sufrimiento personal. Pese a ello, el propósito que busca cada uno de esos comportamientos es muy diferente.

 

Así mismo, en ambas hay un reconocimiento de la vulnerabilidad propia y el propósito de validar un sentimiento de carencia o fragilidad. Aun así, autocompasión y victimismo tienen efectos y consecuencias muy disímiles, tanto en quien las experimenta, como en su entorno.


Una persona victimista es como un barco a la deriva. Está expuesto al oleaje, al viento y a cualquier vicisitud del entorno. No tienen un timón para dirigir el barco, tampoco disponen de velas con las que dirigir el viento. Viven a expensas de que el mundo les trate bien”. – Laura Vélez 

La autocompasión, o sensibilización al dolor propio

la palabra compasión suele dársele un significado peyorativo. Se piensa que su función es la de minimizar al otro. Sin embargo, sentir pesar o pena por alguien, incluido uno mismo, se ve a veces como una señal de debilidad o claudicación. También se asocia con una conducta estrictamente pasiva.

 

Sin embargo, la autocompasión en esencia tiene que ver con reconocer el sufrimiento propio y solidarizarse con él. No se trata de “lamer las heridas” ni de “recrearse” en ellas, sino de aceptar que está presente alguna forma de dolor emocional, permitirnos experimentarlo y darnos tiempo para comprenderlo.

 

En realidad, la autocompasión es una forma en la que se expresa el amor propio. Implica respeto por uno mismo y preocupación activa por nuestro estado emocional. Aunque se trata de un proceso interno, no es pasivo, sino reflexivo y, por lo mismo, muy dinámico.

El victimismo, una impostura

El victimismo, por su parte, cumple un papel como cortina de humo. Mediante este tipo de conducta se busca evadir la responsabilidad personal frente al propio sufrimiento. No se quiere comprenderlo, sino usarlo para justificarse y, de paso, culpar a otros por el dolor que se siente.

 

Por eso se habla del victimismo como una impostura. Aunque el sufrimiento puede ser real, de todos modos, se le magnifica porque en algún punto se ha descubierto que este puede funcionar como añagaza, como sebo para obtener ganancias secundarias tales como la consideración ajena e incluso ciertos privilegios.

 

El victimismo también se utiliza como medio para sustentar o argumentar la persistencia en los errores. Es una actitud y una conducta en la que el dolor se convierte en pretexto incluso para hacer daño a otros. Igual, se le utiliza para evitar ser cuestionado y para demandar de otros un trato especial o privilegiado.

Autocompasión y victimismo

Como ves, autocompasión y victimismo tienen dos lógicas muy disímiles. La diferencia más relevante de ellas es que la primera constituye un sentimiento auténtico, mientras que el segundo constituye un artificio que se utiliza a conveniencia, aunque quien lo haga muchas veces no sea consciente de esto.

Otras diferencias entre autocompasión y victimismo son las siguientes:

·        La autocompasión promueve; el victimismo, estanca. La primera ayuda a comprender y evolucionar; el segundo se convierte en una estructura fija.

·        Reafirmación y falseamiento. La autocompasión lleva a reafirmar los propios sentimientos; el victimismo sobredimensiona o falsea el dolor propio.

·        Autenticidad y manipulación. La autocompasión nos lleva a ser más genuinos, más nosotros mismos; el victimismo es una actitud que se utiliza para manipular a otros.

·        Generosidad y egoísmo. El ser comprensivos con nuestro propio dolor nos lleva a comprender mejor el dolor de los demás y a ser más empáticos; el victimismo es una forma egoísta de abordar el sufrimiento. 

La resiliencia

Para convertir el sufrimiento en un aprendizaje y una oportunidad de crecimiento, es necesario entenderlo primero. La autocompasión nos ayuda en este proceso, siendo especialmente útil para enfrentar el dolor. Por contra, cuando ese proceso resulta fallido, se cae en el victimismo.

Por otro lado, también está esa actitud, tan de moda en el mundo actual, según la cual lo ideal es pasar por encima del dolor como si no estuviera ocurriendo nada. En este paradigma, fuerte sería aquel que es capaz de ignorar o minimizar su propio sufrimiento y puede seguir hacia adelante, sin mayor problema.

Esa aparente dureza no suele tener efectos constructivos. Tanto el sufrimiento como la felicidad son estados que deben experimentarse plenamente para que de verdad dejen una huella. No es posible desarrollar la resiliencia ignorando o dándole la espalda al dolor.

 

La compasión como terapia

La compasión es un valor frente al cual existen varios equívocos. Pese a esto, la ciencia comprobó que es una virtud generadora de bienestar.