jueves, 2 de diciembre de 2021

Tabaquismo: anatomía de la adicción a la nicotina


Escrito por el personal de MAYO CLINIC     |    29/07/2021


La nicotina es la sustancia química del tabaco que hace que sigas fumando. Esta llega al cerebro a los pocos segundos de inhalar una bocanada. En el cerebro, la nicotina aumenta la liberación de sustancias químicas cerebrales llamadas neurotransmisores, que ayudan a regular el estado de ánimo y el comportamiento.

 

La dopamina, uno de estos neurotransmisores, se libera en el centro de recompensas del cerebro, lo que provoca sensaciones de placer y mejora el estado de ánimo.

 

Cuanto más fumas, más nicotina necesitas para sentirte bien. La nicotina se convierte rápidamente en parte de tu rutina diaria y se conecta con tus hábitos y sentimientos.


 Estas son algunas de las situaciones comunes que desencadenan el impulso de fumar:

 

·        Tomar café o hacer descansos en el trabajo

·        Hablar por teléfono

·        Consumir bebidas alcohólicas

·        Conducir

·        Pasar tiempo con amigos

 

Para superar tu adicción a la nicotina, debes ser consciente de los factores desencadenantes y hacer un plan para enfrentarlos.

 

Factores de riesgo

Cualquier persona que fume o consuma otras formas de tabaco corre el riesgo de convertirse en una persona dependiente de la nicotina. Los factores que influyen en quiénes consumen tabaco incluyen:

 

·        Edad. La mayoría de las personas empiezan a fumar durante la infancia o la adolescencia. Cuanto más joven seas cuando empieces a fumar, mayores serán las posibilidades de que te vuelvas adicto.

·        Genética. La probabilidad de que empieces a fumar y sigas fumando puede ser parcialmente heredado. Los factores genéticos pueden influir en la forma en que los receptores de la superficie de las células nerviosas del cerebro responden a las altas dosis de nicotina que suministran los cigarrillos.

·        Padres y compañeros. Los niños que crecen con padres que fuman tienen más probabilidades de convertirse en fumadores. Los niños con amigos que fuman también son más propensos a intentarlo.

·        Depresión u otra enfermedad mental. Muchos estudios muestran una asociación entre la depresión y el tabaquismo. Las personas que tienen depresión, esquizofrenia, trastorno de estrés postraumático u otras formas de enfermedad mental tienen más probabilidades de ser fumadores.

·        Uso de sustancias. Las personas que abusan del alcohol y de las drogas ilegales tienen más probabilidades de ser fumadores.

 

Complicaciones

El humo del tabaco contiene más de 60 sustancias químicas conocidas que causan cáncer y miles de otras sustancias nocivas. Incluso los cigarrillos "totalmente naturales" o de hierbas tienen sustancias químicas nocivas.

 

Ya sabes que las personas que fuman cigarrillos tienen muchas más probabilidades de desarrollar y morir de ciertas enfermedades que las personas que no fuman. Pero puedes no darte cuenta de la cantidad de problemas de salud diferentes que causa el fumar:

 

·        Cáncer de pulmón y enfermedad pulmonar. Fumar es la principal causa de muerte por cáncer de pulmón. Además, fumar causa enfermedades pulmonares, como enfisema y bronquitis crónica. Fumar también empeora el asma.

·        Otros tipos de cáncer. Fumar aumenta el riesgo de muchos tipos de cáncer, incluido el cáncer de boca, garganta (faringe), esófago, laringe, vejiga, páncreas, riñón, cuello del útero y algunos tipos de leucemia. En general, fumar causa el 30 % de todas las muertes por cáncer.

·        Problemas del corazón y del sistema circulatorio. Fumar aumenta el riesgo de morir de enfermedades del corazón y de los vasos sanguíneos (cardiovasculares), que incluyen ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares. Si tienes una enfermedad del corazón o de los vasos sanguíneos, como la insuficiencia cardíaca, fumar empeora tu afección.

·        Diabetes. Fumar aumenta la resistencia a la insulina, lo que puede preparar el terreno para la diabetes tipo 2. Si tienes diabetes, fumar puede acelerar el avance de las complicaciones, como las enfermedades renales y los problemas oculares.

·        Problemas oculares. Fumar puede aumentar el riesgo de problemas oculares graves, como cataratas y pérdida de la vista por degeneración macular.

·        Infertilidad e impotencia. Fumar aumenta el riesgo de menor fertilidad en las mujeres y el riesgo de impotencia en los hombres.

·        Complicaciones durante el embarazo. Las madres que fuman durante el embarazo corren un mayor riesgo de parto prematuro y de dar a luz a bebés de menor peso.

·        Resfriado, gripe y otras enfermedades. Los fumadores son más propensos a las infecciones respiratorias, como los resfriados, la gripe y la bronquitis.

·        Enfermedades de los dientes y las encías. Fumar se asocia con un mayor riesgo de desarrollar inflamación de las encías y una grave infección de las encías que puede destruir el sistema de soporte de los dientes (periodontitis).

 

Fumar también supone riesgos para la salud de los que te rodean. Los cónyuges y parejas de fumadores que no fuman tienen un mayor riesgo de cáncer de pulmón y enfermedades cardíacas en comparación con las personas que no viven con un fumador. Los niños cuyos padres fuman son más propensos a tener asma más grave, infecciones de oído y resfriados.

 

Prevención

La mejor manera de prevenir el tabaquismo es no consumir tabaco en primer lugar.

 

La mejor manera de evitar que los niños fumen es que uno mismo no fume. Las investigaciones han demostrado que los niños cuyos padres no fuman o que han dejado de fumar con éxito tienen muchas menos probabilidades de empezar a fumar.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Lo que se esconde detrás de la pereza y que tu cerebro sabe


VALERIA SABATER     |     La Mente es Maravillosa     |     27/06/2019

Lo que hay detrás de la pereza no es simple dejadez o irresponsabilidad. La pereza es una máscara, y tras ella se esconde en muchos casos la sombra del miedo, la baja autoestima, la inseguridad, la insatisfacción o incluso la falta de apoyo emocional. 

Lo que se esconde detrás de la pereza tiene muchas caras. Es una entidad a menudo multiforme, un laberinto complejo de sensaciones, emociones y pensamientos contrariados que no siempre sabemos cómo desgranar. No obstante, el rumor de esa apatía, de esa desmotivación que consume las ganas y la energía es algo que nuestro cerebro entiende bien porque es él quien genera el inmovilismo físico.

Hay quien dice que la pereza es un señuelo, como quedar atrapado en un presente congelado donde crece una sensación, de la que es imposible cumplir con todas las obligaciones anotadas en la agenda. A su vez, la propia sensación de cansancio y desánimo profundo también nos frustra, y ese enfado con nosotros mismos termina por bloquearnos aún más, sumiéndonos en una situación tan incómoda como molesta. 

Ahora bien, esta dimensión tiene su sentido y su explicación. Tanto es así que no debería suponer una fractura con nuestro yo o dañar nuestra autoestima cuando la experimentamos, e incluso por qué no, evitar etiquetar a la ligera a un niño o adolescente de perezoso sin antes comprender qué hay detrás.

Porque a menudo, lo que se esconde es miedo, indecisión, tristeza e incluso sensación de inutilidad. Veamos más datos a continuación. 

“El cansancio ronca sobre los guijarros; en tanto que la pereza halla dura la almohada de pluma”. - William Shakespeare.

Lo que se esconde detrás de la pereza: el futuro que angustia

En muchos casos, lo que se esconde detrás de la pereza es una dimensión residual de nuestros antepasados más remotos. Esta es, al menos, una de las explicaciones que nos ofrecen desde el campo de la antropología. Esos ancestros del género homo con quienes compartimos nuestra línea genética, tenían una necesidad básica en su cotidianidad: conservar la energía.

Los recursos eran muy escasos. El hambre era un enemigo cotidiano, así como los depredadores y ese clima a menudo adverso donde el sol podía ser extremo y las noches muy heladas. Nuestros antepasados, además, eran ​​nómadas y debían procurar en la medida de lo posible, ahorrar recursos físicos, de ahí que los esfuerzos que llevaban a cabo eran los mínimos y necesarios. Su realidad por tanto, se limitaba a cubrir unas necesidades muy básicas a corto plazo. 

Kalman Glantz, psicoterapeuta de la Universidad de Cambridge y coautor de Exiles From Eden, nos señala que la dimensión de la pereza surgió en el ser humano cuando empezamos a tener consciencia del futuroEsa necesidad de planificar a largo plazo, de realizar esfuerzos para obtener beneficios en un tiempo posterior, generó de pronto un sobreesfuerzo psicológico y un coste emocional. 

De pronto estábamos obligados a gastar más energía de la esperada. Aún más, aparecieron realidades como la ‘autoexigencia’, como la presión de un grupo para que hagamos algo, y en consecuencia, el miedo a si seremos o no eficientes. Pereza no es por tanto mera dejadez, vagancia o desidia. Es un compendio de muchas dimensiones, ahí donde surge en muchos casos, la angustia hacia ese futuro más o menos cercano.

La apatía cerebral y el sobreesfuerzo

En el 2015, el doctor Masud Husain, de la Universidad de Oxford, demostró algo interesante que nos permite comprender mejor lo que se esconde detrás de la pereza. A través de un estudio con resonancias magnéticas, pudo ver qué diferenciaba a la persona más activa de aquella que se queda atrapada por esa dejadez tan frustrante.

En primer lugar, algo llamativo fue comprobar que se necesita mucha energía para planificar y llevar a la acción un propósito. Lo que hace el cerebro es liberar una gran cantidad de dopamina y después, activar la corteza motora para facilitar el movimiento, la actividad, el desempeño. Ahora bien, en segundo lugar, otro aspecto que pudo comprobarse, es que gran parte de las personas que experimentan pereza, lo que hay en su cerebro en realidad es apatía. 

Los niveles de dopamina suelen ser bajos. Asimismo, la activación de la corteza cerebral tampoco es muy intensa, porque un cerebro ‘apático’ se siente incapaz de llevar a cabo ese sobreesfuerzo. 

¿Qué hay detrás de la apatía que acompaña la pereza? 

Lo que se esconde detrás de la pereza es una dimensión que el cerebro procesa muy a menudo como apatía. Sin embargo ¿a qué se debe esa sensación? ¿Qué hay en nosotros para que nos dejemos atrapar por esa sustancia que todo lo opaca y lo vuelve asfixiante? Desde un punto de vista psicológico, es importante destacar las siguientes dimensiones:

 

·        Baja sensación de autoeficacia.

·        Falta de apoyo emocional.

·        No hay un interés real por la tarea que debemos realizar.

·        Sensación de que aquello que tenemos que hacer, no vale la pena.

·        Temor a fracasar, a no hacerlo tan bien como los demás esperan.

·        Desánimo, sensación de inutilidad, baja autoestima.

 

Tal y como podemos ver, la implicación psicológica y emocional de la pereza hacen de esta dimensión una realidad que debemos tener en cuenta. Por tanto, de poco sirve enfadarnos con nosotros por nuestra escasa motivaciónDebemos ser capaces de indagar, de profundizar y de ir más allá para entender por qué nos sentimos así. 

Para el cristianismo, la pereza era un pecado capital. Siempre ha existido una visión muy despectiva hacia dicha imagen; sin embargo, es momento de verla tal y como lo que es: una máscara. Tras ella está el miedo, la indecisión, los problemas de autoestima, la insatisfacción… Hechos concretos que merecen nuestra atención y que deberíamos trabajar.

lunes, 29 de noviembre de 2021

Ejes de intervención de la salud mental comunitaria


DRA. BEATRIZ CASTAÑO MONSALVE   |   TOPDOCTORS   |   26/08/2021

Editado por ALBERT GONZÁLEZ

Se plantean seis ejes de intervención, actuaciones principales que se llevan a cabo mediante sesiones domiciliarias de terapia ocupacional comunitaria, complementadas por la intervención desde neuropsiquiatría en la consulta externa de nuestro hospital:

 

  1. Asesoramiento, educación y prevención en salud mental y daño cerebral adquirido: tanto a pacientes como a cuidadores y referentes (profesionales o no profesionales). 
  1. Autonomía, calidad de vida y bienestar personal: desarrollo de las posibilidades de participación ocupacional en actividades y roles significativos, facilitar y optimizar los procesos volitivos (también denominados motivacionales) preservados, mejora y/o mantenimiento de componentes del desempeño, apoyo emocional a la reconstrucción de la identidad ocupacional, adecuación del entorno físico y social para favorecer la participación (y optimizar los procesos de cuidado). 
  1. Participación comunitaria: acompañar, informar y asesorar al paciente en el establecimiento de vínculos con los recursos comunitarios en su entorno, para lograr una mejor integración en la comunidad. 
  1. Conexión de recursos: favorecer la vinculación del paciente con su centro de salud mental de referencia y/o centro de atención y seguimiento a las drogodependencias, tanto si se trata de una problemática previa como de un caso nuevo, a fin de garantizar una atención continuada. 
  1. Apoyo a las familias: su objetivo es reducir la sobrecarga y facilitar un entorno que favorezca la participación ocupacional. También se trata de aprovechar el espacio propio del domicilio para construir un espacio de comunicación y expresión entre paciente y familia. Por otro lado, dentro de las instalaciones del Institut Guttman, se generan lugares de encuentro entre familiares para favorecer el intercambio de experiencias y el aprendizaje entre iguales. 
  1. Abordaje psiquiátrico de los problemas conductuales y emocionales: desde el seguimiento de la evolución en cada sesión domiciliaria, la atención telefónica, y apoyo y coordinación con las visitas de consulta externa de neuropsiquiatría.  

¿Cuál es el perfil de personas que pueden beneficiarse del programa? 

En el momento actual, el programa atiende a personas residentes en territorio catalán que, después de un DCA(daño cerebral adquirido), se encuentran en alguna de las siguientes situaciones:

  • Tener diagnosticado un trastorno mental previo.
  • Tener diagnosticado un trastorno mental posterior al DCA.
  • Tener problemas/dificultades de salud mental no diagnosticadas/no diagnosticables, pero que producen una deprivación ocupacional.
  • Tener dificultades que interfieren en la participación ocupacional deseada, relacionadas con el consumo de tóxicos, juego patológico, ideación suicida, etc.

Presente y futuro del Programa de salud mental comunitaria para pacientes con DCA y sus familias

Durante 2019, el programa ha realizado un total de 240 intervenciones domiciliarias y más de 130 intervenciones relacionadas con los casos atendidos (coordinaciones con profesionales, visitas conjuntas neuropsiquiatría-TO, coordinaciones telefónicas, etc.). La experiencia y los recursos de la red evidencian que el número de personas que pueden beneficiarse de este tipo de servicios es significativamente mayor, de manera que aún hay mucho por hacer. Esperamos crecer y aportar un beneficio directo a las personas y sus familias, centrado en sus necesidades e interseccional, considerando las peculiaridades culturales, étnicas, sociales y de género. 

Lo que se pretende, en consonancia con la misión principal del Institut Guttmann, es poner todo nuestro esfuerzo en facilitar que las personas con DCA y sus familias puedan continuar adelante, aprovechando sus propias fortalezas y las de su comunidad, apostando por una red de cuidados basada en el equilibrio ocupacional, la participación plena y la optimización de recursos. Dicho de otro modo, facilitar el acceso a una vida significativa, autónoma, disfrutada en compañía de los otros y, sobre todo, vivida con dignidad.

viernes, 26 de noviembre de 2021

El vacío existencial es la primera causa de ansiedad - Marian Rojas (II)


ÁLVARO SÁNCHEZ LEÓN     |     Aceprensa     |     25/11/2021

 

Sigue…

— ¿Cómo se ayuda a curar la amargura, la tristeza y ese resentimiento que muchas veces reverbera en el diálogo social?

— La tristeza se contagia y los amargados se juntan. Son cosas de las neuronas espejo… Al triste hay sacarle de su zona de disconfort con mucha delicadeza. La amargura es un veneno. En ambos casos conviene ayudar a cada cual a saber cómo han entrado en su vida. Cuando el ser humano se entiende, entiende por qué ha llegado a una determinada situación. Si desconocemos el cómo, el cuándo y el por qué, la capacidad de salir se complica y se acaba huyendo hacia adelante buscando vías de escape rápidas como las redes sociales, la pornografía, los videojuegos, las compras compulsivas o la comida, que son extras que alivian momentáneamente la amargura, pero que, a la larga, nos destruyen.

— ¿Cómo podemos revertir el colapso de quien sufre incertidumbre crónica, miedo al presente y al futuro o vértigo por soledad?

— Lo primero es saber si uno es así, o si las circunstancias han hecho que se convierta en una persona así. ¿Soy miedoso, sufridor, hipocondríaco, habitualmente irascible…, o lo soy ahora después de una pandemia, después de una ruptura afectiva, después de un problema de salud? Saber dónde y cómo se activó mi estado de alerta es importante para salir del túnel. Si son problemas de mi forma de ser, tengo que trabajar mi forma de ser. ¿Por qué soy así? ¿Algún trauma en el armario? Identificar las heridas y las causas es el primer paso para mejorar. Yo suelo exponerlos por escrito, con flechas, con colorines, porque ver tu vida simplificada plasmada en un papel nos descomplica y alivia las fuentes de tensión. Si no analizamos las cosas con calma, en frío, entramos en estado de incertidumbre, de miedo, de ansiedad, colapsamos en medio del desconocimiento y naufragamos en el desconcierto. Comprenderse y comprender es aliviar.

“El amor requiere mucha tolerancia a la frustración y una alta capacidad de posponer la recompensa y, sin embargo, todos ansiamos sentirnos queridos de esa manera”

— ¿A qué cosas buenas podemos agarrarnos cuando nos tiemblan los cimientos personales y sociales?

— No podemos tener miedo a profundizar. La historia nos ayuda a entendernos, la cultura nos hace más sabios, conocer vidas ejemplares nos enseña y nos inspira, desde un Nelson Mandela a un santo Tomás Moro, pasando por muchos grandes personajes que, en momentos de grandes sufrimientos, dolor y lucha, supieron encontrar un camino. En un mundo cada vez más materialista no podemos temer dar respuesta a nuestra sed de trascendencia. ¿Hay vida después de la muerte? ¿Todo lo que existe es tangible? ¿Admiro la grandeza del más allá? ¿Creo en Dios? Yo creo que hay un ser superior que nos quiere y nos protege, y me parece que creerlo te cambia la vida. Cada uno debe buscar sus respuestas preguntando, leyendo, escuchando… Encerrarse en el hoy y el ahora sin aclarar los interrogantes últimos que dan sentido a nuestra vida genera un vacío existencial, que es la primera causa de angustia. El amor es otro pilar fundamental. El motor principal que nos mueve a hacer cosas buenas es sentirnos queridos.

— En tu libro queda claro que amar bien es fundamental y, también, que amar bien es dificilísimo. Y nadie nos enseña…

— Aprendemos a querer durante nuestra infancia según nos quieran en casa. Si unos padres se gritan, se normaliza el grito como componente de las relaciones; si unos padres expresan su afecto, se busca esa manera de expresarse en la propia vida. Si unos padres se comunican, conversan y se entienden, se aprende a comunicarse adecuadamente en las relaciones personales, y si los padres se hablan en casa en el idioma de la tensión constante, a los hijos les faltarán habilidades para manifestar cómo se sienten. Nadie nos enseña a querer, pero cuando aprendes a querer bien, la sensación de plenitud es inmensa.

— Alertas de que reluce un “tabú sentimental” en la sociedad open-mindopen-heartopen-couple...

— En muchos círculos es más fácil hablar de sexo que de amor. Las mismas personas que cuentan que ven porno, tienen reparos en comentar el regalo que le han hecho a su mujer o la carta romántica que le han escrito a su pareja, porque eso sí les da vergüenza. Hay quien entra en crisis porque su novia le quiere presentar a sus padres, pero alardea con familiaridad de todas las posturas sexuales que practican en la intimidad. Estamos en un contexto social donde la consistencia del amor es líquida, incluso gaseosa. Vivimos en una sociedad basada en gratificaciones instantáneas –¡lo quiero todo y lo quiero ya!– en la que podemos comprar sushi, sexo, ropa y libros en menos de 24 horas, pero el amor es esfuerzo, trabajo, paciencia, perseverancia, atención… El amor requiere mucha tolerancia a la frustración y una alta capacidad de posponer la recompensa y, sin embargo, todos ansiamos sentirnos queridos de esa manera.

— Drogodependencia emocional: hemos apostado por las sensaciones fuertes posponiendo las razones para vivir. Y tampoco le acabamos de encontrar sentido a estas arenas movedizas…

— Querer sentir a todas horas tiene sus consecuencias, y una de ellas es que la inteligencia y la voluntad se vuelven irrelevantes. A más experiencias vibrantes, más dopamina y menos corteza prefrontal, que es la zona del cerebro de la atención, de la construcción, del control de impulsos, de la profundización, del discernimiento, del juicio moral… Sentir a todas horas hace que el criterio para opinar dependa de los sentimientos y no del pensamiento, y eso es un problema. Cada uno siente según su biografía, sus heridas y su estado de ánimo de esa mañana, y eso se observa perfectamente en las redes sociales, porque la razón está perdiendo la guerra.

— La felicidad no es Mr. Wonderful. La felicidad está en las ilusiones sencillas, defiendes tú.

— Lo que llamamos felicidad es la capacidad de disfrutar de las cosas buenas de cada día. El problema es cando nuestro corazón está incapacitado para amar, para disfrutar, para compartir… La pandemia nos ha ayudado a valorar la felicidad en las pequeñas cosas.

“La gente buena tiene algo muy atractivo, que se llama corazón. La gente mala es gente herida, no lo olvidemos”

— Has vendido más de 350.000 ejemplares de Cómo hacer que te pasen cosas buenas. Y estás en el podio de los más vendidos de no ficción con esta segunda obra. Los libros curan, al menos a muchos lectores. Pero la autora supongo que irá de ala…

— El primer libro lo escribí para ayudar a mis pacientes y tener un apoyo para mis conferencias. Me alegra saber que un mensaje esperanzador que toca las fibras sensibles del ser humano está calando en la sociedad, pero estoy abrumada por la respuesta. He tenido que aprender a gestionarme ante esta avalancha, que, de haberla intuido, la habría rechazado desde el principio, porque yo soy muy casera y disfruto en la consulta, y de pronto me he visto en medio de un tsunami a lo grande. Como me conozco muy bien, he intentado poner frenos y barreras para que esto no me afecte más de lo normal, aunque ha habido momentos de agobio.

— Reconocer la vulnerabilidad es un componente importante de la empatía. Parece que ese prototipo de perfección que nos proponían las redes sociales y la televisión ha perdido hegemonía. El maquillaje y el postureo ya no nos dan confianza. Escuchamos mejor a quienes tienen heridas, porque son como nosotros.

— La perfección no existe, pero nos la venden. No conozco ninguna vida sin heridas, pero nos atrae tanto la belleza y la armonía, aunque sean artificial, porque alivian el sufrimiento. Cuando estamos sumergidos en el drama, mirar mundos supuestamente ideales nos evade, aunque, en general, ayuda más constatar que todos somos humanos y que tenemos nuestras luces y nuestras sombras. Es bueno que sepamos que las redes sociales son el paraíso del filtro, y que el perfeccionista es el eterno insatisfecho. Quien ansía la perfección constantemente es un gran sufridor que acaba somatizando en algún frente, porque vive con la tensión de quien no sabe disfrutar.

— Sus investigaciones científicas acaban aconsejando abrazos, equilibrio, normalidad, escucha, silencio, paz… Parece un villancico…

— ¡Me encanta!

— Hay tanta dopamina en los villancicos como en la bondad de la gente, que también existe.

— Todos conocemos a gente buena y a todos nos gusta estar con esa gente, porque tienen algo muy atractivo, que se llama corazón. Son personas que siempre buscan comprenderte y entenderte sin juzgarte. La gente mala es gente herida, no lo olvidemos.

— Navidad y asombro. Infancia y misterio. Sorpresa y horizontes. Dar gracias y pedir perdón. Pasar página y hacer propósitos de año nuevo.

— Después de la pandemia, es muy sano hacer un reset, rebobinar, ver en qué hemos mejorado este año, de qué me siento orgullosa, de qué me arrepiento, a quién le debería pedir perdón, a quién iría a darle un abrazo consciente de que lo necesita… No viene mal hacerse estas preguntas y ser valientemente consecuentes con las respuestas. También nos sirve pensar propósitos realistas para el año que viene, y no me refiero a ir al gimnasio o a dejar de fumar, sino a temas vitales más consistentes. Solo la conquista de haber traído a la mente ese deseo de mejorar nos guía ya por el camino correcto.

— ¿Pedimos a los Reyes Magos algo especial para que nos conserve con salud la corteza prefrontal?

— Pedimos a los Reyes que no perdamos la ilusión de la infancia o que la recuperemos, porque las cosas buenas pueden suceder.

— ¿Venderá Amazon barriles inyectables de oxitocina?

— Si Amazon supiera donde los venden, no me cabe la menor duda…

El vacío existencial es la primera causa de ansiedad - Marian Rojas (I)


ÁLVARO SÁNCHEZ LEÓN     |     Aceprensa     |     25/11/2021

 

Marian Rojas Estapé es la best seller de la pluma antiinflamatoria, la bata blanca y la sonrisa realista y consciente. Psiquiatra. En el momento más doloroso de su vida escribió Cómo hacer que te pasen cosas buenas (2018), y el viento de la naturalidad y la franqueza de sus páginas, siempre entre la ciencia y la experiencia, cosechó un alto número de hogares reencendidos sin miedo al precio de la luz. Sus páginas trajeron más brillo, también para los ojos de una sociedad con síndrome de burnout que miraba hacia los lados, titubeante, incluso antes de que debutara el coronavirus.

Este año ha vuelto al podio de los libros más vendidos con Encuentra tu persona vitamina: una rebotica para conocernos y sanar la convivencia, y una vacuna de emergencia ante este clima de urgencias de salud mental que se salen de madre en nuestros propios domicilios.

No ha vivido aún su crisis de los 40 y ya ha salvado de muchas asfixias emocionales, angustias existenciales, ahogamientos en piscinas y en vasos de agua, tiros por la culata, encierros al vacío, sorderas de orgullo, miopías individualistas, cobardías crónicas, hiperplasias de inmadurez, esguinces familiares, anorexias de afecto, bulimias de egocentrismo… y suicidios.

El timbre de su consulta está que arde. Las páginas de sus libros viajan en el metro. Mujer de rojo sobre fondo gris-oscuro-casi-negro-mate. Apasionada. Ilusionante. Es un ventilador de divulgación científica, guiños de empatía y motivos contundentes para vivir con la cabeza alta.

Con la mirada puesta en una pandemia que sube y baja por el retrovisor. Con El País y su “España, en terapia” sobre la mesa del café. Muy cerca de las grúas monstruosas que recomponen el nuevo Bernabéu, zumo de oxitocina con vitaminas, andamios, reset, la ola en las gradas y ¡gol!

— Dice The Lancet que los casos de depresión grave han aumentado un 28% en todo el mundo y los diagnósticos de ansiedad, un 26%. Son porcentajes de guerra mundial que nos están hablando a gritos: “Conócete a ti mismo, cuídate, y protege a los demás”.

— No estamos diseñados para vivir en modo alerta. Las cifras son “lógicas” después de este tiempo de pandemia, porque casi nadie sabe enfrentarse de manera sana a la muerte, a la enfermedad, al sufrimiento y a la incertidumbre. Durante el confinamiento repetí muchas veces: “Si no puedes salir fuera, métete dentro”. Estas circunstancias son ocasiones de oro para pararse a pensar y hacerse las grandes preguntas. La pandemia bien gestionada nos ayudará a crecer. De momento, lo que veo en consulta es que la pandemia mal gestionada nos está enfermando.

— Desde el inicio de la pandemia, en España se prescriben el doble de psicofármacos. Pero en Encuentra tu persona vitamina nos habla de que nadie sale del hoyo solo con pastillas.

— Las pastillas pueden ser una grúa necesaria que nos sacan del hoyo y nos colocan de nuevo con los pies sobre la tierra. A partir de ahí, debemos contar con herramientas que nos permitan aprender a vivir sin fármacos. Las pastillas son impermeables que ayudan a no sentir. En los casos de depresión grave o de angustia sirven para paliar esos síntomas ansiosos depresivos, pero debemos prepararnos para seguir adelante sin impermeables. Recomiendo ir contando con recursos propios, poco a poco, para ser capaz de gestionar los problemas de cada día: un bache económico, la incertidumbre de la vida misma, la relación con personas que no nos convienen…

“Si contamos con herramientas para gestionar lo bueno y lo malo, vibra en nosotros un equilibrio interior y somos más felices”

— El CIS dice que el 35,1% de los españoles ha llorado en el último año y medio. Me parecen pocos. Lo que está claro es que ante una sociedad que cambia bruscamente cada día, la incertidumbre y las crisis cada vez necesitamos más estar rodeados de personas que curan: aspersores de oxitocina, en la jerga de tus libros.

— Yo he llorado varias veces durante la pandemia y no me importa admitirlo. En pleno confinamiento tuve a mi cuarto hijo y el mayor tenía cinco años… De pronto, me vi en unas circunstancias muy complejas de gestionar, porque mi marido era trabajador esencial. No conozco a nadie que no haya sufrido mucho en algún momento de esta pandemia. La incertidumbre, el miedo y el estrés nos intoxican de cortisol y las personas vitamina nos riegan de oxitocina, que inhibe el cortisol. Es importante aprender a ser persona vitamina y rodearse de personas vitamina, que son esas que en un solo instante te alivian de la tensión y saben sacar lo mejor que llevas dentro.

— Bienaventurados quienes te bajen el cortisol y te mejoran la vida, porque ellos son la mejor vitamina en este contexto de anemia existencial.

— Tener una persona con quien hablar o estar cuando lo necesitamos provoca ratos oxitocínicos que son el mejor regalo. Por primera vez en nuestra historia, hoy, cuando vemos a alguien, medimos antes el riesgo que el cariño. Prevalece el miedo a contagiarse sobre las ganas de verse. ¿Estará vacunado? ¿Lleva mascarilla? ¿Me ha dado la mano? ¿Le respondo con un abrazo? Todo este proceso mental es terrible en las relaciones humanas, que son de entrega, de servicio y de cariño.

— En tus libros abres muchas pestañas y hay una que me parece la más esperanzadora de todas: los seres humanos podemos cambiar. Tenemos capacidad para mejorar nuestra forma de ser y para hacer que nos pasen cosas buenas después de evitar las inercias malas.

— No conozco a nadie que no esté librando una batalla importante en algún aspecto de su vida, porque la vida es un drama y eso es una realidad. Al que no le preocupa la salud, le angustia el dinero, o el amor, o el trabajo, o los padres, o los hijos… Como psiquiatra y como persona que se dedica a investigar el comportamiento humano, cada vez tengo más claro lo importante que es ser capaces de disfrutar lo bueno y gestionar adecuadamente lo malo. Conozco a personas que protagonizan muchas vivencias positivas, pero no son capaces de disfrutarlas y deambulan en tensión. Suelen ser personas que, después, ante lo malo, se bloquean, se enfadan, pierden el control o enferman. Mi mensaje es esperanzador, porque yo he visto que, cuando contamos con herramientas para gestionar lo bueno y lo malo, vibra en nosotros un equilibrio interior y somos más felices.

— Es posible pensar en una sociedad en la que amanezcamos pensando: ¿cómo puedo hacer que todas las personas que se cruzan hoy por mi vida estén a gusto, aunque el mundo real no sea Pixar?

— En esto soy más pesimista, porque hay un fondo egoísta en la sociedad. Hoy estamos más conectados que nunca, tenemos más amigos en las redes sociales que nunca, y somos más individualistas que nunca. Y la pandemia ha exacerbado ese perfil. Nos levantamos por la mañana preguntándonos qué hago con mi vida, qué me satisface, y nos hemos olvidado completamente de qué hago con la vida de los demás o qué les satisface a quienes me rodean. Con mis libros, trato de impulsar que esto cambie, porque una sociedad individualista, se destruye. No estamos diseñados para vivir así. No tocarse, mata. Aislarse, enferma.

— Pongamos por hecho que yo quiero ser vitamina en medio del mundo. ¿Cómo puedo curar a una persona egoísta?

— Las personas que no son vitamina están sufriendo por algún motivo. La mejor manera de ser vitamina es dejar de juzgar a los demás. Debo comprender que detrás de la toxicidad de ese egoísmo, de ese mal humor, de esa frialdad, hay un daño patente o latente. Si levanto la barrera del juicio crítico y me impongo la del entendimiento, todo cambia. Yo escucho cosas increíbles en mi consulta, y evito juzgar, sobre todo desde que me tocó afrontar un caso muy grave que me dejó impactada. En este episodio concreto, pensaba que mi paciente era una mala persona, y cuando percibí ese planteamiento, me di cuenta de que así nunca sería capaz de ayudarle. Me despojé del prejuicio del juicio, intenté entender el camino por el que había llegado hasta ese comportamiento, y en ese momento el paciente empezó su fase de sanación, porque cuando comprendemos a alguien aflora la oxitocina, y si hay oxitocina, baja el cortisol, y cuando baja el cortisol, nos empezamos a curar.

“La mejor manera de ser vitamina es dejar de juzgar a los demás. Comprenderse y comprender es aliviar”

— Dices que la escucha activa “provoca un subidón de oxitocina instantáneo en el prójimo”. Que empatizar de verdad es una receta magistral para todos. Parece fácil, pero…

— La empatía es una cualidad maravillosa, pero ojo con la empatía exagerada. Hay personas que empatizan tanto que se pasan la vida sufriendo por todos los problemas del mundo. Debemos aprender a protegernos. De todas formas, para el 80% de la población, la empatía es dejar de ser el centro del universo para que los demás nos empiecen a importar. Todos nos damos cuenta perfectamente cuando interesamos de verdad a otra persona y sentimos esa conexión mágica ante quien nos entiende perfectamente