viernes, 16 de septiembre de 2022

Depresión, ansiedad, autolesiones y trastornos de la conducta alimentaria son algunos de los problemas más frecuentes entre los jóvenes


MARINA DÍAZ MARSÁ     |    www.lavozdegalicia.es     |     24/08/2022 

Marina Díaz Marsá es la Presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid y Jefa de la Unidad de los Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Clínico San Carlos. Además, forma parte del Proyecto Survive, un ensayo de cohorte que se está realizando en toda España con una muestra de 2.000 pacientes. ¿El objetivo? Desarrollar estrategias de intervención preventivas para pacientes con ideación suicida. 

Una parte fundamental de su trabajo es atender y estar en contacto con jóvenes y adolescentes, que son uno de los grupos en los que más han crecido los intentos de suicidio a raíz de la pandemia. A través de este contacto con ellos, la psiquiatra ha desarrollado una comprensión profunda de lo que para muchos padres y adultos es un código difícil de descifrar: las necesidades y las problemáticas de los adolescentes. Hoy, Díaz revela las claves para intervenir eficazmente y apoyarlos en el sostén de su salud mental. 

—¿En qué consiste el proyecto Survive?

—Es un estudio que está liderado por diferentes investigadores en diferentes centros de toda España. Es un estudio de cohorte y la idea es reclutar unas 2.000 personas que hayan realizado un intento de suicidio en nuestro país, realizar un seguimiento de 12 meses para evaluar la incidencia de nuevos intentos e identificar qué factores de riesgo pueden llevar a una persona a hacer un nuevo intento. En ese contexto, en estas 2.000 personas, se va a estudiar la eficacia de diferentes programas de intervención preventivos que se añadirán al tratamiento habitual. En concreto, un programa de seguimiento telefónico que está dirigido a adultos y supone la realización sistemática de llamadas telefónicas que buscan determinar el riesgo actual de suicidio del paciente y promover conductas saludables que eviten eso. Luego, hay un programa desarrollado por la Unión Europea contra la Depresión y el Hospital del Mar. Es una herramienta online con material psicoeducativo basado en el entrenamiento de habilidades, desarrollado para adultos con patología depresiva que tienen conducta suicida. Y el tercer tratamiento preventivo que se plantea es el Self Awareness Of Mental Health, el Samh, que es un programa que está especialmente diseñado para adolescentes entre 12 y 18 años y que incluye contenido psicoeducativo sobre qué es la depresión, sobre factores de riesgo y factores protectores frente a la conducta suicida, y también dirigido a entrenar habilidades de manejo del estrés y del comportamiento suicida en adolescentes. 

—¿Ha aumentado la incidencia de los intentos de suicidio en adolescentes?

—El suicidio es la primera causa de muerte no natural en España, y un total de casi 4.000 personas se suicidaron en el año 2020 en el país. El suicidio en adolescentes siempre ha existido, pero después del confinamiento se han incrementado de forma muy reseñable. Además, como otro ejemplo, la fundación ANAR, que es una fundación de ayuda a adolescentes, obtuvo más peticiones de ayuda en este período. La tercera parte de las consultas fueron por problemas de salud mental y llegaron a atender a 4.500 menores de edad por ideación suicida. En las Urgencias de los hospitales a partir del confinamiento vemos esta realidad. Cada vez hay más ideación suicida en adolescentes por depresión, por ansiedad, esto asociado muchas veces a autolesiones en estos contextos y también en el de los trastornos de conducta alimentaria. 

—¿Una persona que intenta suicidarse es más probable que recaiga?

—El riesgo de recaída existe, está ahí. Por eso queremos estudiar los factores de riesgo asociados a la recaída. Efectivamente, la persona que ha tenido un intento de suicidio tiene más riesgo de tener otro. Por eso es tan importante la intervención precoz ante una primera conducta suicida y de estos programas de prevención dirigidos a evitar una segunda conducta suicida. En España existen códigos en cada comunidad autónoma que hacen que si un paciente ha tenido un intento suicida se priorice su cita. La atención a estas personas va a ser lo antes posible. Yo creo que con un buen programa preventivo, con una mayor dotación de profesionales que podamos hacer una intervención en estos casos, las tasas de suicidio se pueden disminuir de forma considerable. Es algo donde se puede trabajar. Hay optimismo, lo que necesitamos son recursos para atender a estos pacientes lo antes posible. Pero ciertamente se puede incidir en la disminución del riesgo suicida.

—¿Por qué hay más intentos de suicidio en chicas?

—Los intentos de suicidio son más frecuentes en mujeres, tanto en adolescentes como en adultos, pero los suicidios consumados son más frecuentes en hombres, entonces, en adolescentes se sigue esta misma línea que ya existe en adultos. Los intentos de suicidio son más frecuentes en las mujeres adolescentes mientras que los varones a lo mejor tienen más frecuentemente consumo de sustancias o trastornos de heteroagresividad. Probablemente sea porque la mujer tiene más riesgo de depresión y de trastornos de la conducta alimentaria. Esos trastornos han aumentado a raíz del confinamiento y se asocian a un mayor riesgo de conducta suicida. Y son efectivamente las mujeres adolescentes las que más realizan estos intentos y, en ese contexto, las más afectadas por la pandemia. 

—¿De qué manera les ha afectado concretamente la pandemia a estas personas?

—Lo que ocurre es que estamos ante una situación de incertidumbre, de mal manejo del estrés, ante una situación de mayor exposición a las redes sociales, pérdida de rutina en los adolescentes y pérdida de vínculos con sus pares. La adolescencia es un momento en que la relación con los pares, es decir, con otros adolescentes, es muy importante. Todo eso, con el confinamiento, se perdió. Además, la sensación de incertidumbre socioeconómica en las familias también la perciben los adolescentes y yo creo que existe también un tema de convivencia familiar. En aquellos casos en los que la convivencia era mala, se hizo peor. Y también se ha puesto de manifiesto la necesidad de crear más familia, porque los padres y los hijos pasan poco tiempo juntos y el confinamiento sí que fue una oportunidad para eso, pero es que muchos no se conocían tanto previamente. Entonces, de repente se encontraron con unos padres a los que no conocían, en una situación de conflictividad, sin el apoyo de sus pares, ante una incertidumbre y con una mayor exposición a las redes sociales. Y eso es lo que ha contribuido a que los adolescentes tengan más trastornos de ansiedad, más trastornos depresivos, más TCA.

—¿Cómo se abordan esos casos?

—Lo que hacemos la mayor parte de las veces es un tratamiento combinado. Psicoterapéutico y psicofarmacológico. En función del trastorno se preferirá un tratamiento individual, grupal, o una combinación de ambas terapias. Y en función de si la psicoterapia ha ido bien o mal se añadirá algún tipo de fármaco y también en función de la gravedad del trastorno que estemos tratando. Pero en términos globales, el tratamiento casi siempre es mixto. 

—¿Qué otras cosas ayudan a estos jóvenes, además de las terapias?

—Primero, que lo comuniquen. El que uno pueda hablar sin miedo de lo que le pasa, que la familia y sus personas cercanas le acompañen. Que le acompañen no significa decirle lo que tiene que hacer, sino que estén ahí para poder ser receptivos en caso de que el adolescente quiera expresar algo. También puede ayudar que la población general entienda que los trastornos mentales son una cosa frecuente. Que una de cada cuatro personas padecerá un trastorno mental. Por lo tanto, no hay que estigmatizar a las personas que los tienen. La no estigmatización, el acompañamiento, el entender que nos puede pasar a cualquiera de nosotros y, sobre todo, la esperanza de que hay tratamientos eficaces y que tener un trastorno mental en un momento de la vida no quiere decir que lo vayas a tener para siempre son cosas que ayudan a la persona a poder superarlo de forma más satisfactoria. 

—Mencionas la influencia de la exposición a redes sociales en estos problemas. ¿Se recomienda que estos pacientes las abandonen?

—Cada caso es un mundo. Pero, en general, en los adolescentes, la excesiva exposición a las redes sociales suele ser contraproducente. Se comparan mucho, porque además, su capacidad de control, su lóbulo frontal, todavía no está desarrollado y tienen más riesgo de adicción. Además, empeoran el sueño y muchas veces producen ansiedad. Por lo tanto, sobre todo en pacientes que han tenido una conducta suicida, hacer una exposición limitada a las redes tendría sentido. 

—¿Hay mucho autodiagnóstico entre la población joven?

—Probablemente. Pero yo creo más que hay gente infradiagnosticada. Es verdad que un día puedes estar nervioso, un día puedes estar triste, puede apetecerte menos comer, pero eso no es un trastorno. Un trastorno es la sintomatología persistente en el tiempo que además altera la funcionalidad del individuo. Impide que el individuo haga una vida normal. Pero la tristeza, la ansiedad, el malestar, son emociones que forman parte de la vida. Solo cuando esas emociones negativas se intensifican en el tiempo, se hacen duraderas e interrumpen la biografía del sujeto o hacen que no pueda realizar su vida de forma normal es una patología mental. Pero no hay que pensar que vivir implica tener siempre emociones positivas. La vida implica tener emociones positivas y negativas y de la complementariedad de ambas se trata la vida. Es importante dar este mensaje: la tristeza y el estrés existen. Con lo cual, el autodiagnóstico quizás no tenga mucho sentido. Si alguien piensa que puede tener un trastorno mental o que sufre de ansiedad, anorexia o bulimia, lo más sensato es que consulten a un profesional de la salud mental, un psiquiatra o un psicólogo que les ayude a identificar qué patología tienen si la tienen y cuál es el mejor abordaje. 

—Dices que el rol de la familia es crucial. ¿Se incorpora a la terapia?

—En adolescentes, la terapia familiar es fundamental, porque los adolescentes viven en la familia la mayoría de las veces. A veces existen dinámicas en la familia que, de forma sutil, pueden aumentar o precipitar la patología de los adolescentes. Y los padres tienen que conocer cómo actuar ante estas situaciones. Muchas veces, hace falta hacer crítica y cambiar ciertas conductas familiares que a lo mejor al adolescente no le vienen bien. Por lo tanto, cuando hablamos de patología del adolescente, la intervención familiar es clave. Es imprescindible y es muy necesaria. 

—¿Qué cosas hacen las familias con buena intención pero con resultados perjudiciales?

—Hablaba de acompañar justamente por eso. Acompañar es estar, controlar es otra cosa. Hablo de acompañar y no de controlar o de vigilar. Al final, el adolescente tiene que desarrollar su propia motivación para el cambio, su propio deseo de hacer otra cosa con su malestar y esa tiene que ser una iniciativa personal que no la puede suplantar la familia. A veces los padres, por querer que esa situación remita lo antes posible, al depresivo intentan empujarlo a que haga muchas cosas, cuando no puede hacer muchas cosas. Eso es perjudicial, porque el depresivo no puede hacerlo, por lo tanto, que tú le digas que haga cosas le está minando más la autoestima. En el caso de los TCA el agobiarles con comida, hacer hincapié en que coman, puede ser contraproducente. Porque al final tiene que ser el adolescente el que decida hacer otra cosa con su malestar. Son adolescentes que sufren y les tenemos que acompañar, pero ellos tienen que aprender a manejar su malestar y su sintomatología de otra manera y a afrontar las situaciones de estrés de otra manera que no produzca patologías psicológicas.

—¿Qué necesitan los jóvenes de sus padres?

—Que estén con ellos. Que les den menos consejos, les escuchen más, y que estén. Uno de los principales problemas de muchos adolescentes que vienen a consulta es que, cuando tú empiezas a ver cómo es su vida, te das cuenta de que no hay familia. No comen juntos, no cenan juntos, los fines de semana no hacen cosas juntos. Entonces, para mí, una de las principales cosas es darles el mensaje de que es muy importante la familia y que la familia implica estar con ellos, escucharles, comprenderles, no juzgarles y acompañarles. Implica presencia, la presencia es familia.

miércoles, 14 de septiembre de 2022

Otra mirada hacia la esquizofrenia: "El diagnóstico es el inicio de una historia de superación" (II)


YAIZA PERERA      |      Madrid      |      El Mundo     |     14/08/2022

(Continúa del artículo anterior)

En los casos de esquizofrenia es fundamental trabajar con las familias y ofrecerles apoyo. "Tienen muchas dificultades porque ya de salida ese primer brote psicótico rompe la dinámica familiar", asegura el psicólogo Carlos Cuevas, que ha coordinado durante 30 años la Unidad de Rehabilitación de Salud Mental en el Hospital Universitario Virgen del Rocío, en Sevilla. Es necesario que conozcan con profundidad el trastorno y que sepan qué hacer y qué evitar en situaciones de la vida cotidiana. Por ejemplo, no tratar de convencer a una persona que tiene una visión delirante de que está equivocada sino estar cerca en los momentos de angustia. Los profesionales ofrecen pautas para una buena convivencia trabajando habilidades para mejorar la comunicación, resolver problemas y potenciar que cada persona tenga su propio espacio. "Un familiar vive por y para el familiar diagnosticado. Es humanamente comprensible pero menos recomendable porque interesa que esa persona recupere su independencia lo antes posible".

"Los padres vienen muy perdidos, en una situación que les desborda, muchos de ellos con sentimiento de culpa, piensan que han hecho algo mal e incluso se avergüenzan por tener a un familiar en estas condiciones", explica Eduardo, miembro de la asociación valenciana ASIEM, que atiende desde hace 22 años a personas con problemas de salud mental y a sus familiares. Actualmente asiste a más de 4.000 personas.

Victoria Aguilar ejerce de presidenta desde la sensibilidad de haber vivido esa misma experiencia en primera persona. Su hijo Jorge tuvo un brote psicótico con 15 años después de que le diagnosticaran erróneamente TDAH y le pautaran anfetaminas como parte del tratamiento. "Costó mucho saber qué le pasaba. Piensas que se le ha ido un poco la cabeza pero no la gravedad", recuerda. La irrupción de la enfermedad impacta en todo el entorno. "Son experiencias aterradoras para ellos y el que está cerca tampoco lo pasa bien". Hay miedo y angustia. Al principio los padres "se hunden", explica Victoria, pero poco a poco, a través de las sesiones de psicoeducación que reciben empiezan a entender lo que significa vivir con este trastorno, sus síntomas, factores de riesgo y protección, cómo poder avanzar para tener una vida lo más normalizada posible y un horizonte más esperanzador.

"Las necesidades dependen mucho de cada momento y de cada persona. Los familiares que acaban de recibir el diagnóstico buscan soporte emocional para el proceso de asimilación o de duelo, que no sucede solo cuando hay una muerte sino cuando hay una pérdida de salud o del rol de esa persona. En el caso del enfermo depende del malestar que tengan, puede ser trabajar sobre el delirio y alucinaciones o sobre el sentido de identidad, cómo se ve a sí misma, qué supone para ella tener esquizofrenia. Se les quiere recordar que son algo más allá que un diagnóstico", explica el psicólogo Martín Valdez, de ACFAMES, en Barcelona.

Esta asociación ofrece un espacio de apoyo psicológico con terapeutas y grupos de ayuda pero también un lugar de socialización y de estimulación artística y intelectual con actividades como musicoterapia, sesiones de cine o club de lectura para evitar que se aíslen y fomentar su autonomía y que vean "más allá de sí mismos, de sus preocupaciones y de su malestar".

La noruega Arnhild Lauveng relata en su libro 'El país de los bosques de hierro' su travesía por la esquizofrenia. Es ella quien describe el comienzo de la enfermedad como una bruma que te desorienta y asusta. Fue diagnosticada con 15 años y permaneció ingresada siete años de su vida, en algunas ocasiones durante meses. Tras su recuperación cumplió su sueño de estudiar psicología y ofrecer su experiencia vital a otras personas para que les sirva de luz en esa niebla gris.

Habla de ella con claridad y sencillez, desde sus primeros síntomas tras ser objeto de burla constante en la escuela ["mi identidad, la seguridad de que yo era un ser, comenzó a deshacerse; los sonidos se escuchaban raros. Mi visión empezó a cambiar"] hasta las alucinaciones que sufría [escuchaba los gritos del 'Capitán' que le daba órdenes, le insultaba y obligaba a golpearse ella misma y veía lobos repulsivos de ojos amarillos y dientes amenazantes]. Ofrece su visión como paciente y como profesional de salud mental dando claves de cómo surgen esos síntomas y por qué. Cada uno de ellos, asegura, se crea a partir de la propia vida de la persona y tiene un sentido determinado que hay que descubrir. Como un sueño, un delirio o una alucinación es una "verdad metafórica" e "importante" que tiene una interpretación. Es otro lenguaje, otra forma de expresar la necesidad o el deseo de ser vistos, reconocidos y amados.

"AÑOS" SIN MEDICACIÓN

La persona que sufre estos síntomas "sabe que algo está pasando", asegura Eva María, cuya tesis doctoral se centró en los trastornos de esquizofrenia y trastorno bipolar, y en un primer momento puede haber "rechazo y negación por el temor que alguien le diagnostique como loco" y eso demora la asistencia. Durante ese tiempo perdido hay una progresión y un deterioro por la enfermedad y puede haber el riesgo de que se cometan conductas autolesivas que lleguen al suicidio, especialmente el primer año tras el diagnóstico, o consumo de drogas como "automedicación" para calmar el malestar. "Vemos casos de muchísima evolución de la enfermedad", asegura, cuando "lo ideal es que los síntomas psicóticos no estuvieran presentes sin recibir tratamiento más de dos semanas".

La intervención temprana es crucial para una mejor evolución del paciente: responde de manera más adecuada al tratamiento, éste es más suave, con menos efectos secundarios y es menor su nivel de discapacidad. Uno de los principales objetivos para los profesionales que tratan a pacientes con esquizofrenia es lograr reducir el periodo de enfermedad no tratado. "Es muy llamativa la tolerancia de la familia, hay veces que pasan años sin medicación, sobre todo cuando no hay alteraciones de conducta como pasa en las mujeres en general. Algunas de ellas llevan décadas con la enfermedad pero han estado adaptadas y cumpliendo sus responsabilidades a un nivel más bajo del que hubiesen podido hacer con tratamiento".

En una crisis aguda, el paciente recibe un tratamiento con antipsicóticos para poner freno a los síntomas 'positivos' como delirios, alucinaciones, desorganización del pensamiento y de la conducta y la dosis se debe ir adecuando posteriormente a la fase de la enfermedad. Uno de los objetivos prioritarios para los profesionales que tratan pacientes con esquizofrenia es lograr que tomen la medicación, lo que no ocurre en ocasiones porque el paciente no reconoce la propia enfermedad o por el malestar que le genera los efectos secundarios. "Muchas veces la dejan porque durante el mantenimiento siguen con la misma dosis que en la fase aguda y eso es incompatible con llevar una vida normal", explica esta psiquiatra, que incide en la importancia de que el paciente acuda a las revisiones para realizar precisamente esa revisión del tratamiento, que termina en ocasiones en dosis "muy pequeñas". Hay algunos grupos de pacientes en los que se podría suspender incluso el tratamiento porque han sufrido un único episodio y no experimentan ninguno más.

Esta experta subraya la importancia de escuchar "muy bien" al enfermo para saber cómo se siente, lo que le preocupa y buscar el tratamiento que se ajuste mejor a sus necesidades, le "permita tener un funcionamiento psicosocial lo más normalizado posible" y alcanzar una "vida independiente". "Si la medicación le genera efectos adversos, le provoca mucho sueño, síntomas parkinsoniano, rigidez o inquietud interna es difícil que la persona vaya a mantener este tratamiento", reconoce incidiendo en la importancia de que la relación con el psiquiatra, psicólogo y enfermera tienen que ser de "protección y de apoyo".

La falta de adherencia genera recaídas, hasta el 80% de los pacientes las sufre entre los seis meses y los dos años tras dejar la medicación. Y en cada una de ellas tanto la función cerebral como sus relaciones se ven afectadas. Los últimos tratamientos aprobados van en la línea de evitar este retroceso para el paciente con la administración de un antipsicótico inyectable cada seis meses en adultos clínicamente estables.

"Los pacientes de esquizofrenia tienen entre 12 y 20 años menos de vida que la población general", explica Eva María Sánchez Morla . La primera causa de muerte son las enfermedades cardiovasculares en un colectivo que suele tener un estilo de vida menos saludable, con mayor sedentarismo y peor alimentación. En ese aspecto esta psiquiatra destaca el papel imprescindible que realizan las enfermeras y enfermeros en el control del estado de salud general del paciente: "No hay salud mental sin salud física".

Basilio García Copín, presidente de Salud Mental Ceuta. – Entre un 5 y un 10% mueren por suicidio. Existe

un mayor riesgo de que una persona se quite la vida en el primer año después de recibir el diagnóstico y la primera semana después de un ingreso hospitalario. También en pacientes jóvenes con un nivel educativo alto que tienen una "buena conciencia de la enfermedad" y saben el declive que puede suponer la enfermedad y las posibles repercusiones en su rendimiento laboral, datos que corroboran la importancia de una intervención temprana y eficaz. Entre un 15%-20% de los pacientes con esquizofrenia evolucionan favorablemente cuando hay una intervención rápida. Los primeros cinco años de la enfermedad son los más duros. Con el paso del tiempo los síntomas tienden a mitigarse.

"REINTERPRETAR LA EXPERIENCIA MENTAL"

En la recuperación de un paciente con esquizofrenia conviven el tratamiento farmacológico con otras intervenciones terapéuticas como la psicoeducación, la intervención familiar y la terapia cognitivo-conductual y la readaptación psicosocial. Se trata de brindar información, apoyo, seguridad y confianza de que pueden y deben responsabilizarse de su propia vida, seguir marcándose metas y sueños. Pese a la bruma. El mensaje de Basilio a quien sufre este trastorno es claro: no te aísles, no te conformes con ir "una vez cada cuatro meses al psiquiatra para que te dé pastillas". Éstas, explica, te "quitan las ideas delirantes pero te quedas en un vacío existencial dolorosísimo". Las personas que sufren esta enfermedad son más vulnerables ante las situaciones de estrés por lo que necesitan dotarse de herramientas para poder hacerles frente sin desestabilizarse, aprender a manejar la ansiedad y la depresión.

"La mente trabaja con las experiencias que vivimos, con la información que recogen tus sentidos. Si estás en el fondo de tu habitación, no puede haber una evolución. Si te quedas en casa los síntomas se reproducen en un círculo infinito", argumenta asegurando que "muchas veces" la persona que tiene una psicosis no sabe lo que está pasando ni nadie se lo explica. ¿Cómo desprenderse de esos pensamientos intrusivos? Para Basilio, una posibilidad es "alimentarse" con experiencias nuevas, positivas y también ser capaces de "reinterpretar la experiencia mental" siendo "consciente de lo que es un pensamiento voluntario y del que no es voluntario". Es decir, cambiar el foco de lo que se vive y de lo que se piensa y restarle "capacidad de expresión a la esquizofrenia"

Sal y participa en sociedad, pide Basilio, porque solo así descubres "tus habilidades y potencial". Él encontró una oportunidad para hacerlo cuando nació la federación de tenis de mesa de Ceuta. Comenzó a entrenar cuatro horas al día y se hizo monitor de niños. Lleva ya más de 13 años disfrutando del placer de enseñar. "¿Tú cómo llevas la esquizofrenia?", le suelen preguntar. "No tengo tiempo para atender la esquizofrenia", responde. Para él esa ha sido "su superación".

"SOMOS ALGO MÁS QUE UN PACIENTE PSIQUIÁTRICO"

"Nosotros tenemos que intentar superarnos, tomar el control de nuestra vida convertirnos en observadores de nuestra experiencia mental y ser proactivos, pero el sistema tiene que promover el fin último de la inclusión porque solo cuando un individuo tiene un rol social podemos hablar de recuperación", asegura Basilio. Detrás de cada puerta que aleja a una persona con esquizofrenia de la sociedad se encuentra también la sombra del estigma. El desconocimiento y los prejuicios hacen que aún hoy se asocie esta enfermedad a episodios de violencia. Ese rechazo que se percibe en el entorno no solo puede arrastrar a una persona aún más a la soledad sino que puede llevarla incluso a no aceptar su enfermedad y no medicarse, con las consecuencias que ello conlleva en el agravamiento. En series actuales aún se alimentan esos estereotipos de la persona que sufre esquizofrenia como alguien bajo sospecha. Lo hace 'Rapa', que emite Netflix, con Samuel, un personaje atormentado por la soledad, el rechazo social y autor de un delito de violencia. En los medios de comunicación también es frecuente la vinculación de enfermedad mental y crimen.

Una persona con un trastorno puede cometer actos violentos, la mayoría contra sí mismos, pero ese es un "porcentaje muy pequeño de pacientes sin medicación, con mucha desorganización y en fase aguda" y no corresponde a la imagen de un paciente con diagnóstico, asegura esta experta.

"El estigma es una lectura instintiva que nos otorga una serie de características negativas y que impiden nuestra progresión social. Tenemos que superar una resistencia gigantesca para estar al nivel de los demás. Este ambiente de rechazo permea en la autopercepción de la persona afectada y termina creyendo sus propias limitaciones cuando son impuestas. Las limitaciones son como un espejismo, si te acercas a ellas desaparecen, pero tienes que tener el coraje de afrontarlas", subraya Basilio, que aboga por un lenguaje social inclusivo y comprensivo".

"Al cabo de 16 años de mi crisis, pude estudiar y aprobar una plaza como administrativo en Ceuta y conseguí un proyecto de vida independiente", explica en conversación telefónica consciente de la importancia de insistir en este aspecto y romper las barreras que los datos se empeñan en confirmar. Basilio, presidente de Salud Mental Ceuta e integrante del Comité Pro Salud Mental En Primera Persona, asegura que solo puede hablarse de recuperación cuando una persona logra integrarse plenamente y obtener un "rol" social, que se traduce en un puesto de trabajo. Actualmente, asegura, solo lo logra un 15%.

La soledad y el rechazo viene acompañada también del desamparo. El apoyo de la red estatal sociosanitaria a los pacientes y familiares resulta insuficiente. "Faltan medios, estructuras, profesionales, equipos especializados y capacitados", reconoce la psiquiatra Eva María Sánchez Morla.

Según la OMS una de cada cuatro personas sufrirá una enfermedad mental a lo largo de su vida. "Nadie está libre de sufrir un varapalo", advierte Basilio, que reclama una mayor sensibilización: "La normalización de la discapacidad psicosocial solo se entiende desde una profunda humanidad". "Nosotros somos algo más que un paciente psiquiátrico", recuerda abogando por que se deje de poner el acento en las discapacidades y se potencien las capacidades. "Que ninguna planta sea desechada antes de haber alcanzado el tiempo de florecer", pide Arnhild Lauveng. Y de resurgir, con más fuerza, de entre la niebla.

Otra mirada hacia la esquizofenia: "El diagnóstico es el inicio de una historia de superación (I)

 

YAIZA PERERA      |      Madrid      |      El Mundo     |     14/08/2022

En vísperas del Día Mundial de la Esquizofrenia nos acercamos a la vida de las personas que sufren este trastorno mental grave. Abordamos con expertos, pacientes y familiares cómo afrontar una enfermedad desconocida y estigmatizada desde la comprensión y la confianza.

La bruma desciende despacio en un hermoso día de sol. Apenas te das cuenta de que te va envolviendo porque la luz es intensa aun. Solo cuando todo se ha quedado frío eres consciente de que la niebla se ha instalado a tu alrededor. Ya no sabes si serás capaz de encontrar el camino a casa. Sientes miedo. La realidad que percibes ahora, en soledad, es diferente, confusa y amenazante.

Hoy nos acercamos a la vida de las personas que sufren esquizofrenia, un trastorno mental grave que hace que una persona pierda contacto con lo real, que influye en su forma de pensar, sentir, comportarse y relacionarse. Es una de las enfermedades más estigmatizadas y que lleva a un mayor aislamiento social. En España afecta a unas 400.000 personas. Abordamos con expertos, pacientes y familiares cómo afrontar la enfermedad desde la comprensión y la fortaleza para recuperar el control de su propia vida.

El origen de la esquizofrenia no está claro. Tiene un componente fundamentalmente genético pero el ambiente juega un papel "crítico" en su desarrollo, explica Eva María Sánchez Morla, psiquiatra de la Unidad de hospitalización y consulta externa del Doce de Octubre de Madrid. No hay un único desencadenante pero sí múltiples factores de riesgo, principalmente que una persona con cierta vulnerabilidad biológica afronte situaciones traumáticas, de gran estrés o consumo de tóxicos como el cannabis. Es la combinación de éstos lo que puede terminar produciendo la aparición de la psicosis. Diversas investigaciones apuntan también a alteraciones en el neurodesarrollo como una de las posibles causas. Y nadie parece exento. "Probablemente todos tenemos determinadas variaciones genéticas con cierta vulnerabilidad a la enfermedad", asegura esta experta.

El inicio de la enfermedad en los hombres se encuentra entre los 15 y 25 años y en mujeres desde los 25 a los 35 años y posteriormente hay una segunda franja de riesgo en la menopausia. En ellas la esquizofrenia es menos grave y aparece una década más tarde. Aún no se sabe el porqué de este retraso, pero no se descarta el papel de las hormonas femeninas como factor de protección. Los afectados pueden estar bajo un delirio persistente -creyendo firmemente que algo es real pese a que existan pruebas en sentido contrario-, de alucinacionesdesorganización del comportamiento y del pensamiento. También hay problemas cognitivos a nivel de memoria, de atención y de resolución de problemas. El mundo se vuelve confuso y doloroso.

Una “Fractura” mental

"Eres incapaz de percibir belleza, sientes un vacío profundo, la mente se pone siempre en lo peor...", recuerda Basilio García Copín, de 52 años, sobre el inicio de una enfermedad que le dejó atrapado durante tres años en un intenso sufrimiento. Fue en su juventud cuando padeció el primer episodio de psicosis después de que se diera cuenta de que su vida era una "mentira". El desorden y el caos se fueron apoderando de él casi sin percatarse. Como la bruma. Ese deterioro gradual terminó en una grave "fractura" mental con ideas delirantes como que no "merecía vivir en sociedad y debía aislarse como un "monje ermitaño". La irrealidad "fue ganando terreno" y su propia existencia se convirtió en una "lectura imposible".

Cometió el "error" de no compartir su padecimiento con su familia. Vivió este tiempo aislado, recluido en casa y 'atado' a un televisor. "Tenía mi música, mi comida y no quería saber nada" del mundo exterior, ese del que solo percibía "rechazo", explica con el pesar de que ese "es el día a día de muchas personas" con esquizofrenia. Entonces daba su vida "por perdida" y solo "aspiraba a no sufrir mucho". En ese estado, asegura, tienes dos opciones: "Bajar los brazos o enfrentarte a tus limitaciones". Él eligió lo segundo. "Con el disgusto del diagnóstico y los primeros medicamentos, que son muy invasivos, pierdes habilidades cognitivas, sociales, comunicativas. Pero la mente funciona como un músculo, se pueden entrenar y recuperar". Él lo cree con la firmeza de quien ha experimentado su propia transformación interior.
 
Basilio habla sobre la esquizofrenia con claridad y profunda serenidad. La niebla para él ya se ha despejado y se percibe en sus palabras el deseo de que su travesía por la enfermedad ayude a otros. Para él el diagnóstico es solo el "inicio de una historia de superación". Las personas que sufren este trastorno pueden recuperarse. Es un proceso complejo, que requiere de mucho apoyo y esfuerzo, pero es posible alcanzar una vida plena.

LAS PRIMERAS SEÑALES

Sánchez Morla atiende en su consulta desde hace 20 años a pacientes con esquizofrenia, la mayoría jóvenes. Y hay algo que desafortunadamente sigue percibiendo en su día a día: "Llegamos tarde al inicio de la enfermedad". La familia suele culparse por no haberse dado cuenta, pero no es fácil percatarse de que están comenzando a sufrir un trastorno mental en un momento como la adolescencia en el que el menor experimenta cambios afectivos, de carácter, conductuales y es tan habitual la inestabilidad emocional.
Las primeras señales de alerta de la esquizofrenia son muy variables y hay que tenerlos presentes porque pueden surgir antes de los delirios y alucinaciones que caracterizan la enfermedad en un estado más avanzado: suelen estar más irritables, hostiles, inquietos, sufrir alteraciones en el sueño (exceso o defecto), ansiedad, miedo, cambio en la afectividad.

Una línea roja que debe tener en cuenta es que ese adolescente se retraiga, se aísle, deje de salir con sus amigos, que sufra un declive académico, que se sienta triste y disfrute menos de las cosas. También debe alertarle que cambie sus hábitos alimentarios, que coma a deshoras o deje de comer con la familia, que le vea desconfiado, suspicaz, que crea que los demás están hablando mal de él, que se bloquee, que no se concentre, que tenga actitudes de escucha muy detallada, que tenga un interés muy restringido que antes no tenía o que mire mucho a la gente.

Quizás esté pensando que muchas de estas conductas pueden ser actos de rebeldía, de autoafirmación en la adolescencia y es cierto que pueden ser habituales, pero también pueden ser indicativas de una enfermedad mental y es de suma importancia consultar al médico de atención primaria para descartar o hacer el oportuno seguimiento para tratar lo antes posible una enfermedad que sin control puede mermar la calidad de vida del menor y condicionar su futuro.

En el desarrollo de la enfermedad hay un factor de riesgo claro que no puede pasarse por alto en la adolescencia: el cannabis. En España la edad de inicio de consumo de esta sustancia, la droga ilegal más fácil de adquirir para los menores, se sitúa en los 14 años. Según la última encuesta Estudes sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias (2021) muestra que un 22,2% ha fumado 'porros' en el último año y que aumentan los casos de consumo problemático pese a que cada vez es mayor la conciencia del peligro para la salud que supone': no solo provoca dificultades para estudiar, al disminuir la atención y memoria, sino que puede causar reacciones agudas de ansiedad y, en personas vulnerables puede provocar la aparición de trastornos mentales o agravar los que ya se padecen.

Cuando la enfermedad ya se ha establecido, el "diagnóstico es fácil", asegura esta experta, porque los síntomas son claros, aunque pueden variar en cada paciente. Sufren episodios de psicosis mantenidos en el tiempo donde pierden el contacto con la realidad y que suelen manifestarse con delirios (creencias que consideran irrefutables pero que carecen de lógica para los demás) y alucinaciones (se trata de una alteración en la percepción de los sentidos, como las 'voces' con las que se suele asociar la enfermedad) . Estas experiencias generan una gran confusión tanto en el enfermo como en su entorno. Éstos se denominan síntomas 'positivos' porque se añade algo al comportamiento de las personas que antes no existía. Los 'negativos' son aquellos en los que 'pierde' algo: la motivación, el interés por relacionarse, por realizar actividades y capacidad para mostrar emociones o cognitivas.

¿CÓMO ACERCARSE A UNA PERSONA QUE SUFRE ESQUIZOFRENIA EN CRISIS?

"El sufrimiento y angustia que tienen es muy alto", subraya Eva María Sánchez Morla y desde ahí, desde ese sentimiento de dolor, puede haber una conexión aunque usted no entienda del todo la realidad que vive esa persona en estado de psicosis. Su angustia sí puede llegar a comprenderla.

--La familia, la pareja y los buenos amigos cumplen un papel fundamental apoyando a esa persona, pueden ayudar a identificar cualquier problema que esté ocasionando la medicación y reconocen los síntomas de alarma. Acompañarle a consulta o a Urgencias si es necesario y explicar a los profesionales la magnitud del problema. Si lo comunican a tiempo se puede evitar un ingreso.

--Acercarse a ellos con "temas que les puedan interesar", a veces no quieren hablar ni de "medicación ni de enfermedad"

--Escuchar siempre al paciente, ser tolerante, no cruel. Evitar ser agresivo o autoritario.

--Establecer unos límites de conducta en la agresividad hacia sí mismo, objetos o terceros o cuando verbaliza una idea clara de autolesión.

--Hay situaciones límite en las que es difícil negociar. Atender más al sentimiento y no rebatirle de manera rápida la irrealidad de lo que cuenta. Ser empático porque esa idea y sentimiento para él es real. Ha perdido el contacto con la realidad y su percepción está distorsionada pero tiene una absoluta convicción de lo que vive.

--El mundo ha cambiado y ellos también se sienten cambiados. La mayoría de las veces se sienten humillados y amenazados. En determinados momentos pueden llegar a malinterpretar lo que dicen otros, sus acciones o intenciones.

--Le podemos devolver que percibimos que sufre, que se siente indefenso. Siempre hay un amigo o un familiar con el que se siente más tranquilo. Recurrir a él para serenarle.

--Los pacientes con esquizofrenia suelen tener una baja autoestima. Reforzarles positivamente y aprovechar para demostrarle afecto y que son valiosos. No permitir que se rindan. Confiar y hacer que confíen. Recordarles sus sueños.

--Durante los episodios psicóticos lanzar mensajes cortos y claros, con voz segura y amable para sacarles del caos sin sobresalto (Levántate, sígueme, siéntate).

--Ellos no olvidan sus crisis. No hay una amnesia, la recuerdan perfectamente, pero muchas veces no quieren hablar de ello. No hay que incidir en aquellos recuerdos.

(sigue)

martes, 13 de septiembre de 2022

Iria Grande, psiquiatra: "antes de un suicidio, siempre hay signos de alarma"


LAURA MIYARA      |     La voz de Galicia     |     10/09/2022

Iria Grande es psiquiatra y forma parte del proyecto Survive.

En el Día Mundial de Prevención del Suicidio, la experta analiza las causas que llevan a alguien a intentar quitarse la vida
 
El suicidio es una de las principales causas de muerte entre la población joven en España. Cada día, aproximadamente once personas se quitan la vida, lo que equivale a un suicidio cada poco más de dos horas. Se trata de un problema complejo de abordar, tanto desde el punto de vista profesional como en términos familiares e interpersonales.
 
Sabemos, a día de hoy, que hablar de suicidio es importante para prevenirlo. Sabemos también que hay ciertos factores de riesgo que pueden hacer que alguien sea más propenso a cometer este acto, como lo es el hecho de padecer un trastorno de salud mental. Sin embargo, hay mucho que no está claro aún.
Tratar de entender por qué alguien toma una decisión tan extrema tiene que ver con escuchar más y asumir menos. Después de todo, siguen siendo prevalentes algunos mitos sobre el suicidio que hacen más daño a las personas que ya están atravesando un momento difícil en términos de su salud mental. En el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, la doctora Iria Grande nos ayuda a comprender un poco más sobre este tema que representa una verdadera emergencia. Ella es psiquiatra en el Hospital Clínic i Provincial de Barcelona e investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM). Forma parte del proyecto Survive, una iniciativa de investigación en toda España que busca recabar información para ayudar a personas que han intentado suicidarse.
 
—¿Qué lleva a alguien a intentar quitarse la vida? ¿Es una decisión impulsiva o premeditada?
—Normalmente, son situaciones que la persona vive como extremas y le sobrepasan. Ocurre cuando alguien no ve otra solución a estas cuestiones, que pueden ser de diversa índole. Puede ser de la esfera personal, laboral, económica. Y yo creo que ahora que estamos en una crisis económica y la situación hará todo menos mejorar, todo esto son factores que pueden llegar a colapsar a alguien haciendo que se plantee que no hay ninguna solución a sus problemas.
 
—¿Cómo es la situación en particular para los jóvenes?
—La incidencia de la conducta autolítica en jóvenes ha aumentado mucho. Es una situación que nos preocupa a todos. Hay que tener en cuenta que en estos momentos el suicidio es la segunda causa de muerte en gente de entre 15 y 29 años. Por tanto, es uno de los problemas más importantes en gente joven. Esto se ha incrementado sobre todo después del covid-19. Es bueno que hablemos de ello, porque antes se pensaba que al hacerlo se estaba induciendo a una mayor tasa de suicidios. Lo que se ha comprobado es que lo que se tiene que hacer es hablar de forma adecuada. Y ahora hemos tomado consciencia de ello, dado el incremento de suicidios en gente joven. Pero se deben seguir las guías que hay respecto de cómo enfocarlo. No se debe hacer desde una visión sensacionalista, sino de forma objetiva.
 
—¿La pubertad es un momento de mayor riesgo?
—Digamos que la adolescencia ha existido siempre. Lo que se ha visto es que tal vez, ahora, la forma de gestionar el estrés en esta población está cambiando y es diferente a la que existía previamente. El tema hormonal siempre ha estado, lo que está cambiando es cómo los jóvenes lo manejan. Los jóvenes manifiestan más problemas de salud mental, que tal vez antes estaban más escondidos. Seguramente esto se deba a un cambio social en nuestras vidas. La tasa de consumo, por ejemplo, ha cambiado. Sí que es verdad que ahora hay sustancias diferentes que antes no existían o no se utilizaban tanto en el pasado, y puede ser un factor. Pero yo creo que es más un tema de la sociedad en la que vivimos. La presencia digital también es uno de los factores que tenemos en nuestra sociedad. Hay bastante gente, YouTubers, influencers que comentan la situación de estrés que las redes les ocasionaban y que han tenido que abandonarlas.
 
—Supongamos que hay una crisis. Una persona está con ideas suicidas y necesita buscar ayuda. ¿Cómo se la atiende más rápido?
—En los teléfonos de atención, que en diferentes comunidades se les ha dado más relevancia o más apoyo. Antes, a lo mejor eran más asociaciones del ámbito privado, pero ahora se ha dado mucho apoyo a los teléfonos y quien recibe estas llamadas es gente que tiene experiencia en el ámbito y se utilizan, por ejemplo, estas técnicas que están probando su eficacia en el estudio Survive. También algo que se da, que yo creo que es lo principal, es el acompañamiento y el escuchar. El que alguien vea que detrás del teléfono hay alguien con ganas de ayudarle es indispensable.

—¿Qué tipos de intervenciones se están estudiando para ayudar a estos pacientes en el proyecto Survive?
—Hay dos tipos de programas, uno para adultos y uno infantil. En el caso infantil, lo que se ofrece es una terapia personal que son unas cuatro o cinco sesiones, y en ellas se les dan herramientas de cómo gestionar el estrés, cómo poder manejar situaciones de agobio. Para la gente que ha hecho un intento de suicidio en adultos, se está probando la eficacia de dos terapias. Una sería un seguimiento telefónico y la otra es una terapia online con la misma idea de aprender a gestionar estresores. Cuando nos vienen ideas negativas, cómo aprender a lidiar con ellas. Así se trabaja.
 
—¿Qué recursos se les dan a estas personas en ese sentido?
—Básicamente, hay diferentes técnicas a nivel psicológico. Una es la terapia DBT, que es la terapia dialectal. Se usa en adultos y niños. También hay terapias psicológicas de tercera generación, que sería sobre todo el mindfulness. Son estrategias que se utilizan para frenar el pensamiento, para pensar en el ahora, no anticiparse a situaciones. Esto ayuda a reconstruir el pensamiento y reconducir todas estas ideas negativas. Estas terapias ayudan a reestructurar la forma de pensar que tiene la persona para que no lo vea todo tan negativo y ayudarle a ver opciones dentro de una situación que quizás ve muy negra. Intentar buscar opciones es importante, y en la mayoría de las situaciones, existen.

—¿Y en cuanto a tratamientos farmacológicos? ¿Son recomendables?
—Exacto. El acto suicida está muy relacionado con los trastornos mentales. De hecho, tener un trastorno es uno de los mayores factores de riesgo para el suicidio. Los tratamientos farmacológicos y también los psicológicos son intervenciones que se utilizan para ayudar a que estas ideas suicidas remitan. Afortunadamente, la psiquiatría va perdiendo el estigma que está asociado a ella y la gente acepta con más facilidad un tratamiento farmacológico, y más aún cuando después ven que ha funcionado. Obviamente, también quedan pasos para concienciar a la población de los beneficios de fármacos como los antidepresivos, sobre todo en situaciones tan agudas como el que alguien piense en matarse.

—Se suele decir que una persona que se va a suicidar no avisa ni da señales pero no es así.
—Hay muchas ideas que no son del todo correctas acerca del suicidio, tal vez porque no se ha hablado correctamente de ello. Si existen planes de prevención del suicidio es porque existen avisos que nos pueden ayudar justamente a prevenir este hecho. Siempre hay signos de alarma que nos indican que estas cosas pueden suceder. Por ejemplo, el mayor factor de riesgo es haberlo intentado previamente. Se sabe que quien lo ha intentado tiene una alta probabilidad de volver a realizarlo. También se ha visto que, antes de cometer un intento, la gente ha acudido a los servicios de salud mental y al médico de cabecera pidiendo ayuda. Por tanto, existen factores que pueden ayudar a estar alerta a que una persona esté en riesgo de cometer un acto suicida.

—¿Cómo se puede actuar para prevenir o impedir esa reincidencia tras un intento de suicidio?
—Para alguien que ha hecho un intento autolítico que ha sido motivo de ingreso, lo que se intenta es iniciar un tratamiento en sala y se valora el alta una vez se ha visto que la persona ha mejorado. Uno de los factores a tener en cuenta para el alta es que estos pensamientos sobre la muerte y sobre el suicidio hayan disminuido.

—¿Cuándo es más frecuente esa reincidencia?
—En el primer año sí que se ha visto que hay un largo incremento, pero digamos que es un factor a tener en cuenta a lo largo de la vida. Si ha hecho un intento en el último año, hay más riesgo aún.

domingo, 11 de septiembre de 2022

Nace el Área de Prevención del Suicidio: un proyecto para dar atención inmediata y salvar vidas


FRAN SÁNCHEZ BECERRIL     |     El Confidencial    |     06/09/2022
 
Un proyecto ambulatorio y preventivo de La Barandilla y Asispa que pretende realizar un seguimiento específico a personas que hayan intentado quitarse la vida o presenten riesgo de llevar a cabo un acto suicida. Atención presencial u ‘online’ en toda España.
 
En España, en torno a 11 personas se suicidan cada día, según los últimos datos ofrecidos por el Observatorio del Suicidio en España, de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio. La mayoría de estos casos son ocultados bajo el estigma, el tabú y el silencio que envuelven una realidad que causa alrededor de un millón de fallecimientos en el mundo cada año, una muerte cada 40 segundos.
 
Por su parte, la OMS señala que una de cada 100 muertes en el mundo es un suicidio. Así pues, se trata de una de las principales causas de deceso en todo el planeta.
 
Ante este escenario tan alarmante nace el Área de Atención y Prevención del Suicidio, una iniciativa presentada este martes por las asociaciones La Barandilla y ASISPA. El objetivo del proyecto es poner el foco en la salud mental para evitar la ideación suicida: porque una correcta atención psicológica disminuye la vulnerabilidad de las personas y facilita la prevención.
 
Un proyecto ambulatorio y preventivo
 
El Área de Atención y Prevención del Suicidio es un proyecto ambulatorio y preventivo que pretende realizar un seguimiento específico a personas que hayan intentado quitarse la vida o presenten riesgo de llevar a cabo un acto suicida.
 
Para llevarla a cabo, ofrecen un servicio en toda España de forma presencial y 'online', con un equipo de profesionales comprometido, cualificado y una larga experiencia en psicoterapia individual y grupal.
 
El proyecto quiere convertirse en un altavoz de referencia para sensibilizar, concienciar, formar e informar de todo lo relativo a la prevención del suicidio.
 
Y como objetivo general tiene facilitar el mejor acompañamiento psicológico para mejorar la salud mental y empoderar a la persona.
 
Como resume la presidenta de La Barandilla, Ana Lancho, la idea es dar atención a las personas con ideación suicida “desde el minuto cero”, ante las largas listas de espera que hay hasta llegar a un especialista en salud mental en todos los rincones de España o la imposibilidad de poder pagar un experto. De este modo, el proyecto quiere ofrecer sesiones de psicoterapia semanales, presenciales —si la localización lo permite— e individuales a los pacientes.
 
Para brindar a cada paciente y sus familias la atención que precisen, la iniciativa pone a su disposición el teléfono: 911 385 385.
 
Señales de alerta del suicidio
 
Los especialistas explican que la persona que piensa en suicidarse realmente no quiere morir, sino librarse de un profundo dolor emocional.
 
Del mismo modo, apuntan a que las personas que piensa en suicidarse avisan y hay señales para reconocerlo: verbales (hace comentarios negativos sobre su vida o sí mismo) y no verbales (cambios de conducta bruscos, autolesiones, prepara documentos…).
 
A este respecto, ejemplifica a El Confidencial el decano del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid (COP Madrid), José Antonio Luengo: “A veces, una persona con un cuadro depresivo lleva dos años y no mejora, vas viendo cuando hablas con ella que sigue sufriendo, que habla de que ‘esto no merece la pena’ y no hace nada para salir de ello. Estas son señales bastante claras, aunque no te diga ‘me quiero morir”.
Más concretamente, el psicólogo afirma que es importante observar “las tres D”: dolor psicológico, desesperanza y desconexión. “Son claves muy marcadas”, apostilla.
 
“Lo importante para los especialistas es saber leer entre líneas, cuando no se dice directamente ‘no quiero vivir”, recalca.
 
Pero, en ocasiones, ocurre que una persona no acude a un especialista y su entorno no es capaz de interpretar las señales. O no se da importancia a ciertos comentarios, pensando que es una forma de llamar la atención. En caso de enfrentarse a una situación propia o de un conocido que no se sepa manejar, lo más recomendable es acudir a un especialista.
 
Recursos
-Teléfono del Área de Atención y Prevención del Suicidio: 911 385 385
 
-Teléfono de atención ante el riesgo de suicidio: 024
 
-Teléfono de la esperanza: 914 590 055 / 717 003 717