jueves, 16 de marzo de 2023

Rocío Parrado:"No sabemos trabajar las emociones y ahí está el bienestar psicológico" ( I )


CARMEN REINA      |       Cordiópolis     |     26/02/2023

Entrevista a Rocío Parrado, presidenta Colegio de Psicología en Córdoba - ÁLEX GALLEGOS

 

Rocío Parrado (Córdoba, 1977) está al frente de la Delegación en Córdoba del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental desde que fuera elegida como presidenta a finales de 2022. Licenciada en Psicología, especializada como psicóloga general sanitaria, en Neuropsicología clínica y experta en Psicología del Deporte, Parrado conversa en esta charla con Cordópolis sobre la relevancia de la psicología en el desarrollo de todas las personas y sobre el déficit que tiene esta disciplina en la atención que ofrece la sanidad pública.

 

Pone el foco en el concepto de bienestar psicológico como el eje que, la sociedad en su conjunto y cada persona en particular, debe cuidar. También en la importancia de la prevención para que no se generen mayores problemas que pueden conducir a sufrir patologías. Y en cómo, poco a poco, se va logrando normalizar el acudir a un psicólogo como una ayuda, que no tiene por qué ver con un trastorno mental.

 

Junto a ello, Parrado aborda cómo la psicología puede ayudar a detectar problemas en la infancia y en la adolescencia antes de que sea demasiado tarde, de cómo esta disciplina trata cuestiones tan dispares como los trastornos de conducta alimentaria o la obesidad, el acoso escolar y el ciberbulling, la ayuda en casos de violencia de género, la ansiedad por problemas laborales y en la pareja, o la adicción a las nuevas tecnologías y las redes sociales. Y, sobre todo, de cómo la psicología sirve para conocer nuestras emociones y ayuda a entender cómo somos.

 

PREGUNTA. ¿Cómo nos ayuda la psicología en nuestro desarrollo personal?

RESPUESTA. La psicología es el estudio del comportamiento, de la conducta humana. Imagínate, empezando por ahí, ¿cómo nos puede ayudar? Nos puede ayudar absolutamente a todo, en cómo actuamos, en cómo pensamos, cómo somos como personas. Cada uno, según su forma de ser, su forma de pensar, actúa de una forma u otra. La psicología es lo que nos hace entender cómo somos.

No atender a los problemas mentales y al bienestar psicológico es un fracaso como sociedad.

 

P. Durante años ha habido un estigma social en hablar sobre pedir ayuda psicológica. ¿A qué cree que se ha debido? ¿Sigue existiendo?

R. El estigma de ‘No voy al psicólogo, que no estoy loco’. La típica frase. Cada vez, eso se va eliminando, cada vez se da menos, pero todavía sigue. Cada vez más está consolidada la psicología como algo que no es una cuestión patológica, no tienes que tener una enfermedad mental para ir a un psicólogo. Antes, sí. Antes era ‘yo no estoy loco, yo no voy al psicólogo’.

 

Nosotros lo que hacemos también mucho es promover un bienestar psicológico, no solamente una salud mental. Entonces, pues, gracias a Dios, eso está cambiando poco a poco, todavía nos queda un camino, pero eso va cambiando.

 

P. ¿Dónde cree que está el obstáculo para erradicar ese estigma?

R. Sobre todo en conocer los que es la psicología. Poco a poco se va conociendo cada vez más, antes era más desconocida y ya, cada vez más, nos vamos dando cuenta para qué sirve la psicología. Cada vez se está conociendo más lo que es la psicología en sí, que no es solamente para salud mental, sino pata tener un bienestar psicológico, una calidad de vida. Y eso, poco a poco, se va conociendo más y cada vez lo estamos haciendo como rutinario, no como algo excepcional, sino normalizándolo.

 

P. ¿Cómo se rompe ese tabú? En los últimos tiempos se ha puesto el foco político y mediático en la salud mental.

R. Esa es una parte muy importante, pero hay muchos ámbitos de la psicología. No solamente está la psicología clínica. También está, por ejemplo, la psicología educativa, de psicólogos que trabajen, por ejemplo, en el ámbito escolar. Luego también está la psicología de la actividad física y del deporte, para aumentar el rendimiento. Es decir, no estamos hablando solo de trastornos mentales y psicología clínica. También está la psicología laboral de los recursos humanos, que ayuda a aumentar el rendimiento en la empresa, tanto de los trabajadores como para aumentar los beneficios. O sea, que no solo se tratan patologías con la psicología clínica, hay muchos ámbitos

 

P. ¿El desarrollo de toda persona necesitaría de una atención psicológica habitual, normalizada, durante toda nuestra vida?

R. A lo mejor durante toda nuestra vida, no. Pero en momentos de crisis, sí. Todos tenemos momentos de crisis a lo largo de nuestra vida. La adolescencia es un momento de crisis y, a lo mejor, un psicólogo puede ayudar a pasar esa etapa más fácilmente, con mejor bienestar. O en distintas épocas de la vida laboral, que tenemos problemas laborales. A lo mejor no constantemente, pero sí en determinados momentos de nuestra vida nos puede venir bien para nuestro desarrollo y para poder solventar esos problemas, esas crisis vitales. Sería mucho mejor.

 

P. Quiero decir, que sería deseable tener a mano esa ayuda psicológica.

R. Claro, sí, sería deseable tener a mano esa ayuda en los momentos de crisis que tenemos. De manera normalizada. Muchos pequeños problemas, como por ejemplo laborales, pueden acarrear luego tener un problema psicológico, estrés, ansiedad… Entonces, a lo mejor para poder solventar pequeñas cuestiones o crisis como eso o la pubertad, la adolescencia, sería bueno un poco de ayuda. Muchos problemas de salud mental aparecen en la adolescencia y en la juventud. Si desde un principio tienes una ayuda, a lo mejor podemos prevenir muchas cosas en un futuro.

 

P. ¿Qué necesidades demanda la sociedad actual de la Psicología?

R. La Psicología está en todo, es transversal en nuestras vidas. En determinados momentos podemos tener unas necesidades distintas. Todos sabemos que, a partir de la pandemia, ha habido un antes y un después. Es verdad que había problemas psicológicos antes, y se han agravado. O bien han aparecido problemas en gente que antes no los tenía. Ha aumentado mucho el nivel de ansiedad. Ahora hay más demanda de psicología para poder solventar problemas diarios y cotidianos. Y eso es inevitable, eso es así, desde la pandemia hasta ahora ha habido un aumento de la necesidad de la psicología.

 

Por ejemplo, en Atención Primaria, te podría decir que más de un 30% de las consultas que se presentan son problemas psicológicos, de ansiedad, de depresión, etcétera. Han aumentado muchísimo desde la pandemia. Ha sido una crisis en toda regla.

El suicidio es la segunda causa de muerte externa y no se está atendiendo

 

P. Entiendo que no se puede decir que haya un perfil de persona que necesita atención psicológica.

R. No. Es según las necesidades de cada persona. ¿Qué puede llegar a una consulta de un psicólogo? Pues pueden llegar desde niños con problemas de conducta, con ansiedad, puede llegar gente con problemas por el matrimonio o la pareja, o gente que llega por cuestiones en el trabajo… A cualquier edad, cualquier persona, puede necesitar en un momento dado la ayuda de un psicólogo.

 

P. La falta de profesionales en salud mental en general y de psicólogos en particular en la sanidad pública es una demanda. ¿Cuántos profesionales hay por habitantes? ¿Cuántos más debería haber?

R. Por cada 100.000 habitantes, en Europa hay 18 psicólogos. En España, hay una media de seis psicólogos y en Andalucía una media de 3,5 por cada 100.000 habitantes. No hay. No hay casi.

 

Sobre lo que he comentado antes de las personas que acuden a la Atención Primaria con problemas psicológicos, el 90% son atendidos por los médicos por medio de psicofármacos. Solamente un 10% llega a los especialistas. Y con una demora de dos meses, como mínimo, para tener cita. Porque están saturados, porque no hay profesionales.

 

Entonces, la verdad es que nosotros, desde el Colegio, abogamos por que se aumente el número de psicólogos clínicos, en Salud Mental y también en Atención Primaria. Abogamos por que haya psicólogos en Atención Primaria, si no son clínicos, psicólogos generales sanitarios. Para que esa demanda que llega ahí en un principio, pues se pueda solventar y no llegue a más. A lo mejor son problemas de bienestar psicológico, no son problemas en sí mentales y en una Atención Primaria se podrían solucionar.

 

P. No se nos pasa por la cabeza que el médico de Atención Primaria te solvente otros problemas de otra especialidad y sin embargo sí ocurre en Psicología…

R. Sí, en Psicología sí ocurre. Pongo siempre el ejemplo de, cuando vas con un hueso roto, a ti te mandan al traumatólogo. No te dicen: ‘No, yo mismo te escayolo’. Es un poco eso. Yo comprendo que están saturados y no hay profesionales. Y que tienen que derivar solo los casos graves, lo entiendo.

 

P. Claro, esa es la realidad. ¿Pero esa realidad se cambiaría sacando más plazas para psicólogos, no?

 

R. Sí, esa es la realidad. Se cambiaría ofertando más plazas PIR (psicólogo interno residente). Por ejemplo, para este año se han ofertado en Andalucía 35 plazas. Treintapocas plazas.

 

P. ¿Y eso comprende a qué centros?

R. PIR es psicólogo interno residente para ser psicólogo clínico. Normalmente para hospitales, ven los casos más graves.

 

P. ¿Cómo se debería establecer esa atención psicológica pública? Supongo que, como en general, la espera para una consulta se alarga más de lo deseado…

R. El tiempo de espera para la primera consulta es de unos dos meses. Y luego, la siguiente, más o menos, igual. No hay un continuo, no es que llegues a la primera consulta y luego tienes un seguimiento más continuado. También hay un promedio de mes y pico para que te vean en revisiones. Entonces, ¿cómo podemos solventar eso? No hay más remedio que meter a más psicólogos en la sanidad pública. Porque no hay. Al no haber, no se puede solventar ni acelerar ni resolver problemas, que muchas veces en Atención Primaria esos problemas se podrían solucionar. No tendrían que ir a Salud Mental. Lo que pasa es que, normalmente lo que se hace es tratar con psicofármacos, pero eso es una respuesta coyuntural, no es una respuesta de largo recorrido como sería un tratamiento psicológico. Y luego, el gasto que eso conlleva en sanidad.

No tienes que tener una enfermedad mental para ir a un psicólogo

 

P. Y la posibilidad de que eso se agrave y derive en otras cuestiones…

R. Es que muchas veces, si empezamos con pequeñas cosas, ansiedad por ejemplo, si no son tratadas, pueden derivar en problemas más graves. Entonces, si en un principio, tú tienes un poco de ansiedad y vas, lo puedes solventar. Pero si eso no se trabaja o no se trata, puede ir a más. Somos el país líder en consumo de psicofármacos. Eso también tendríamos que verlo, pensarlo un poquito.

P. Entonces, ¿el grueso de la atención psicológica se hace actualmente en el sector privado?

R. Sí. La verdad es que, la gente cuando ve que por la sanidad pública tarda mucho tiempo, se va al sector privado. No hay otra opción. Si se puede ir por lo público, lo van a preferir. Pero si se ve que no te tratan, no te mandan a Salud Mental o si te mandan tardan mucho tiempo….pues van a lo privado.

 

P. Comúnmente, cuando una persona acude al psicólogo, ¿suele hacerlo sola? ¿O es la familia, el entorno, un apoyo para hacerlo?

R. Normalmente suelen venir acompañados y apoyados por la familia. Algunas personas también vienen solas, pero habitualmente, por la experiencia que tenemos, vienen acompañados por la familia. Siempre vienen con la madre, la pareja…la mayoría vienen acompañados.

 

P. ¿Es necesario ese apoyo del entorno?

R. Es imprescindible. Un apoyo social, una red social para el bienestar psicológico es imprescindible. Necesitamos, somos animales de manada como el que dice, somos animales que necesitamos de la sociedad, y necesitamos ese apoyo. Además, en el tratamiento psicológico nos apoyamos mucho en eso, en la familia y en que no estén solos y se sientan apoyados.

 

P. De hecho, no sé si la soledad, el no contar con esa red, es uno de los problemas que abordan…

R. Es un problema. Es uno de los problemas psicológicos, el sentirse solo. Y lo hemos visto en la pandemia. Durante la pandemia se habilitaron unos teléfonos desde los Colegios de Psicología y la Junta de Andalucía, unos para profesionales y otros para familias, de apoyo psicológico. Y una de las cosas que más llegaba era la soledad. Había mucha gente que estaban aislados y no tenían ni llamadas para hablar con alguien. Y eso fue una de las cosas más importantes en la pandemia, el sentimiento de soledad.

 

P. ¿Y después de la pandemia?

R. Bueno, también, por supuesto. Ahí fue donde se vio la importancia que tiene el contacto social, siempre, a lo largo de nuestro ciclo vital, de nuestra vida.

Hay que dar apoyo psicológico a las mujeres maltratadas cuando dan el primer paso de denunciar

 

P. ¿Cree que actualmente es un problema el de esas personas que se sienten solas?

R. La soledad es algo que nosotros, lo seres humanos, no llevamos muy bien. Necesitamos un apoyo. Y es verdad que, por ejemplo, los adolescentes llevan muy mal la soledad, pero sin embargo cada vez se van aislando más, con las tecnologías. Pero luego necesitan amigos, necesitan apoyo, necesitan sentirse que los siguen… Es la contradicción.

La soledad es algo que nos preocupa mucho. Y una de las cosas que más nos preocupa es llegar a mayores y estar solos. Las personas que ya van llegando a ser mayores tienen mucho miedo a quedarse solas y a sentirse solas. Es algo que tenemos que trabajar y se tiene que apoyar, sobre todo a ciertas edades. Las personas más mayores son las que más demandan eso. 'No quiero estar solo’, y demandan de los demás. Todos tenemos personas mayores a nuestro alrededor, abuelos, y parece que nos demandan cada vez más.

P. ¿Esa cuestión se puede trabajar para que no sea una angustia?

R. Claro, sí. Tenemos que darnos cuenta, muchas veces, nos pensamos que estamos solos, pero luego no lo estamos. Tenemos gente a nuestro alrededor, pero creemos que estamos solos. Muchas veces es la sensación de sentirse solo, pero en realidad no estamos solos. Hay casos en que sí, pero muchos otros no. Y tenemos que trabajar eso, tenemos que trabajar mucho esos casos, para saber si de verdad están solos o es sensación de soledad lo que tienen. Hay que saber diferenciar.


(sigue...)

martes, 14 de marzo de 2023

Hay gente que te inspira y hay personas que te agotan

 

VALERIA SABATER      |      La Mente es Maravillosa     |     01/02/2022

 

Hay personas que agotan, que engullen tu tiempo, la paciencia y tu energía. Son presencias sibilinas doctoradas en promesas incumplidas que nunca están en paz y siembran guerras con el mundo entero. Por eso, hemos de ser selectos y sabios en nuestras relaciones y rodearnos solo de ellas: de las personas que inspiran.

 

En un interesante estudio sobre interacción social llevado a cabo en la Universidad de Rochester (Nueva York) se concluyó con un dato curioso: 1 de cada 10 personas presentaría un estilo de personalidad que los expertos definieron como “saboteadores de la felicidad”. Las personas que agotan son quizá las más comunes, porque despliegan, a veces sin saberlo, conductas estresantes que condicionan de forma directa aquellos entornos donde se mueven.

 

No dejo atrás a nadie, pero algunas personas me van perdiendo cada día un poco más sin apenas darse cuenta. Me desprendo de ellas porque me agotan, porque me quitan las energías y porque no permito que nadie sabotee mi felicidad. Prefiero rodearme de gente que me inspira.

 

Algo que muchos de nosotros podemos pensar al definir a este tipo de perfiles, es que estamos hablando una vez más, de personas tóxicasNo es lo adecuado. No debemos caer tan rápidamente en el uso de estas etiquetas que poco tienen de científico y sí mucho de popular, porque generalmente, pasamos por alto conductas y actitudes particulares de una persona o de un estilo de personalidad en concreto.


Si una persona nos agota es porque nosotros somos permeables. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

 

Personas que agotan: mecanismos psicológicos

 

Hay personas que agotan en nuestra familia, en nuestros trabajos, entre las amistades e incluso por qué no, en nuestras relaciones afectivas. Nos agotan cuando somos prisioneros de los afectos y el ser amado se convierte en un comerciante que apunta nuestras faltas y luego se las cobra. Nos cansan los discursos egoístas, los prejuicios y los campos minados por el victimismo y el chantaje.

 

En el completo e interesante libro titulado “Inteligencia Emocional 2.0” de Jean Greaves se nos explica que las personas no solemos ser plenamente conscientes del impacto de este tipo de vínculos en nuestro equilibrio emocional y en nuestra salud. Te proponemos descubrir alguno de estos efectos.

 

El impacto emocional de las personas que sabotean nuestra calma

Podríamos decir que el término “quemar” adquiere aquí una connotación casi real. Las personas que agotan nos usan a menudo como “contenedores emocionales” donde volcar sus pensamientos, miedos y oscuridades, hasta el punto de desgastar lentamente esa arquitectura tan íntima y poderosa que forma nuestro cerebro.

·        Las personas que agotan nos ocasionan un alto nivel de estrés. Cuando esta emoción negativa se vuelve crónica, las dendritas neuronales (los “bracitos” con los que se unen nuestras células nerviosas) se rompen a causa de esta sobreexcitación tan dañina y estresante. El área donde más se sucede esta alteración es en nuestro hipocampo, ahí donde se localiza la memoria y las emociones.

·        El sentirnos agotados, el ser “permeables” a este tipo de conductas, lejos de apagarnos o de conferirnos cierto cansancio, nos mantiene siempre en alerta. Es la clara e instintiva sensación de querer defendernos de “algo” o “alguien”, de vivir siempre a la defensiva pero al mismo tiempo sintiéndonos cautivos.

 

Estamos seguros que ante estas mismas situaciones muchos te habrán dicho aquello de “pues aprende a poner límites de una vez”. Ahora bien, en realidad, se trataría de algo mucho más sencillo que todo esto.

 

Basta con tomar plena conciencia de algo esencial: nadie tiene derecho a quemar todas tus naves de la felicidad, nadie debe traerte tormentas cuando tú habitas en un océano en calma. Nadie debe llevarte a esa deriva donde se esconden tus demonios internos. Busca gente que te inspire, no que prenda la chispa de tus incendios internos hasta el punto de “quemarte”.

 

Me gustan las personas que me inspiran

 

A menudo, suele decirse que cuando uno es muy-muy joven no elige a sus amistades o a sus primeros amores, acogemos lo que nos viene con pasión y sin filtro alguno, llevándonos por una ceguera momentánea que se curará, seguramente, con los años. Ahora bien, con el tiempo nos volvemos mucho más selectos, más hábiles y menos permeables a lo que no sirve, a lo que agota, a lo que desea robarnos lo que nos es legítimo: la felicidad.

 

Buscar o mejor dicho, permitirnos encontrar personas que nos inspiran es una necesidad vital en la que deberíamos invertir cada día. Porque quien inspira abre las ventanas del alma y enciende además el faro de nuestra mente para permitirnos emerger de nuestras noches de apatía, de miedos y soledades.

 

Tener madres, padres o hermanos que nos inspiren, por ejemplo, es algo que nos confiere también fortalezas excepcionales para crecer en madurez y libertad. Disponer de amigos que no agotan, sino que se alzan como figuras en las que inspirarnos para ser mejores personas, es sin duda un privilegio al que nunca deberíamos renunciar.

 

Por su parte, ningún amor puede ser tan pleno y auténtico como el que se construye con las raíces del respeto y con las hojas relucientes de la admiración y la inspiración mutua. Porque para inspirar a alguien no es necesario ser perfecto, en realidad, basta con que los demás vean cómo superas tus propias imperfecciones para dar siempre lo mejor de ti en cada momento.

 

Vale la pena tenerlo en cuenta.

domingo, 12 de marzo de 2023

Salud mental: Señales que nos avisan de que algo no va bien

INÉS GUTIÉRREZ      |     El Confidencial     |     06/03/2023

 

Aprender a reconocer las señales que nos avisan de que algo no funciona es la mejor forma de ponerle remedio cuanto antes y cuidar nuestra salud mental.

 

Todos tenemos claro que cuando algo nos duele, lo mejor es acudir al médico para que nos cure; esto, que parece tan sencillo, se torna complicado cuando hablamos de salud mental. Aunque cada vez está más aceptado y extendido buscar ayuda cuando la necesitamos, no siempre nos resulta sencillo darnos cuenta de que las cosas no van bien y necesitamos ponernos en las manos de profesionales.


En muchas ocasiones son situaciones puntuales, épocas en las que el estrés es mayor y necesitamos encontrar la manera de reducir los niveles de ansiedad, optando por soluciones efectivas y prácticas, como aprovechar nuestro tiempo de ocio para estar al aire libre, hacer más ejercicio físico o darle una oportunidad a la meditación, genial para la mente. Sin embargo, no siempre se trata de un problema menor.

 

Hay condiciones que son pasajeras, que pueden hacer que la salud mental de una persona se resienta. Esto no quiere decir que vaya a desarrollar una enfermedad o trastorno mental, siendo estas afecciones que impactan en los pensamientos, estados de ánimo y también en el comportamiento de la persona. También puede suceder que una persona que padece una enfermedad mental tenga periodos de estabilidad. 

 

Aprender a reconocer estas señales de alarma que nos avisan de que las cosas no marchan bien es esencial, para nosotros mismos y también para las personas de nuestro entorno. Igual que nos sucede a nosotros, para el resto tampoco suele ser sencillo entender lo que les pasa, por eso estar atento a estos cambios puede ayudarnos a buscar ayuda temprana, para nosotros o para quien la necesite.

 

Señales que avisan de que algo no va bien

 

Siempre es un buen momento para ocuparnos de nuestra salud mental, pero si encontramos estas señales conviene empezar a preocuparnos y buscar la atención y consejo de especialistas cuanto antes. Los problemas de sueño son muy habituales en estos casos, tanto por exceso como por defecto, los cambios son los que darán la señal de alarma.

 

Este no es el único cambio al que conviene prestar atención, también se suelen experimentar cambios en los hábitos alimentarios. Si alguien (o tu mismo) comienza a comer sin control o pasa a consumir muy poca cantidad de comida, esto podría ser signo de que algo no marcha bien. Esto suele suceder en situaciones de estrés y ansiedad, pero también pueden estar detrás trastornos como la depresión o la bulimia.

 

Los cambios de humor son algo normal, todos hemos tenido días buenos y días malos, en los que nada nos sale bien. Sin embargo, cuando estos cambios son habituales, dramáticos o repentinos, podrían ser indicativo de algo más profundo. También si nos encontramos faltos de motivación, con una constante falta de energía, apatía y desinterés por cosas que antes nos apasionaban.

 

Dificultad para concentrarnos o una actitud excesivamente crítica, pensamientos negativos y obsesivos, o dejar de relacionarse con los demás y encerrarse en uno mismo, dejar de lado el cuidado personal… detalles que pueden esconder un problema mayor y que nos invitan a tomarnos en serio nuestra salud mental y consultar con un especialista, porque por suerte cada vez somos más conscientes de que esta también es importante.