sábado, 17 de junio de 2023

7 de las mejores formas de terapia asequible

VALERIA SABATER     |     La Mente es Maravillosa     |    26/04/2023

¿Necesitas ayuda psicológica y buscas opciones más económicas? Hay una serie de métodos útiles en estos casos, sin olvidar que la mejor opción son siempre los profesionales especializados. ¡Toma nota!

 

Malestar emocional, ansiedad, apatía, duelo, problemas relacionales. Toda persona pasa por esos malos momentos en los que vendría bien algún tipo de ayuda profesional que no deje en una posición delicada a nivel económico. En estas situaciones es posible optar por formas de terapia asequible que, en muchos casos, son igual de válidas y eficaces.

En el campo de la salud mental hay una gama extensa de recursos y de fácil alcance. Lo más recomendable y, que siempre debes tener presente, es que dichas formas de asistencia estén en manos de especialistas. Solo así lograrás una mejora real y sin que aparezcan recaídas. Un ejemplo de estos enfoques son las terapias breves estratégicas. Descubre en la lectura otras alternativas de tratamiento.

 

Cuando lidias con un trastorno del estado de ánimo pueden ser útiles las terapias breves, distribuidas entre 6 y 10 sesiones.

1. Recursos sociales gratuitos

En cada comunidad, ciudad o localidad es común disponer de recursos sociales enfocados en salud mental. La sanidad pública y diferentes entidades sociales, brindan asistencia psicológica gratis. No obstante, el principal inconveniente en muchos casos son los tiempos y la demora a la hora de obtener una cita. Aún así, presentamos las opciones.

 

Seguridad social

Por término medio, la primera opción de buena parte de la población cuando lidia con problemas psicológicos es acudir a su centro de atención primaria. Algunos ambulatorios ya disponen de psicólogos clínicos; en otros casos, se deriva a un servicio especializado externo.

 

Servicios sociales

Para quienes están en situación de exclusión social, son víctimas de la violencia de género o tienen un familiar con una enfermedad mental grave, es conveniente contactar con los servicios sociales de su comunidad. Estos prestan orientación y asistencia.

 

Entidades y universidades

En todas las ciudades existen entidades dirigidas al apoyo e intervención en determinados colectivos. Condiciones como la esquizofrenia, el trastorno límite de personalidad o el trastorno de conducta alimentaria (TCA), pueden abordarse en estos centros; es conveniente acudir a los servicios sociales para pedir información.

Por otro lado, hay universidades de psicología que brindan asistencia gratuita. Por lo general, este recurso está orientado a los propios alumnos, pero no está de más preguntar por si existiera la posibilidad de obtener consultas.

Líneas solidarias

Muchos países cuentan con líneas telefónicas de asistencia social sin costo alguno. Por ejemplo, en España disponen del Teléfono de la esperanzaaunque no es una forma de terapia como tal, es la respuesta más rápida cuando el sufrimiento experimentado es muy intenso. Son momentos en que llevan al límite y en que aparece, por ejemplo, la desesperación o la ideación suicida.

Estos profesionales guían y acompañan en este instante, además de informar sobre los recursos que están al alcance.

Cuando pasas por un mal momento y no tienes mucha disponibilidad económica, el primer paso será hablar con tu doctor de cabecera o con servicios sociales.

 

2. Terapia breve estratégica

La terapia breve estrategia (TEB) es un modelo de intervención desarrollado por dos eminentes figuras: Paul Watzlawick y Giorgio Nardone. Estudios como los realizados en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología destacaron la importancia de la aparición de las terapias breves.

Ante el aumento de los problemas de salud mental y de la necesidad de diseñar estrategias concretas y efectivas, surgió como respuesta este enfoque. La finalidad de la TBE es detectar cómo el paciente refuerza y retroalimenta sus problemas y desactivar esas dinámicas. 

 

El número de sesiones de esta intervención psicológica va entre las 6 y las 10. No es, por tanto, un tratamiento que se alargue en el tiempo; en consecuencia, resulta más económico.

 

Problemas que trata

·        Fobias.

·        Ansiedad.

·        Ataques de pánico.

·        Trastornos sexuales.

·        Trastornos obsesivos.

·        Problemas laborales, de relaciones y de alimentación. 

Las terapias de grupo son una opción interesante y económica ante ciertas necesidades concretas.


3. La terapia breve centrada en soluciones (TBCS)

Entre las formas de terapia asequible, la terapia breve centrada en soluciones (TBCS) es una opción interesante. Es un modelo basado en el método sistémico que, mediante pocas sesiones, se centra en el presente para generar estrategias de afrontamiento y respuestas a los problemas.

 

La TBCS es la menos costosa y proyecta hacia metas concretas. Resulta una alternativa interesante dentro de las formas de terapia asequible. Puedes beneficiarte de ella en los siguientes casos:

·        Ansiedad.

·        Depresión leve.

·        Crisis personales.

·        Problemas de autoestima, interpersonales, laborales y familiares.

 

4. Terapia de resolución acelerada para el sufrimiento emocional

Entre las formas de terapia de bajo costo está la que desarrolló en el 2008 la doctora Laney Rosenzweig. La terapia de resolución acelerada para el sufrimiento emocional es un modelo en auge y que tiene una duración media de 5 sesiones. Es un método económico y estratégico.

 

Según investigaciones del Hospital Fort Belvoir de Virginia, hablamos de una forma de psicoterapia eficaz, eficiente y versátil. Combina diferentes modelos terapéuticos como la cognitivo-conductual, la terapia Gestalt y el EMDR o desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares.

 

Problemas que trata

·        Fobias.

·        Traumas.

·        Ansiedad.

·        Adicciones.

·        Crisis y duelos.

·        Ataques de pánico.

·        Problemas de relación.

·        Trastorno obsesivo-compulsivo.

5. Terapia de grupo

La terapia grupal aborda múltiples problemas y condiciones psicológicas sin tener que pagar por ello un precio muy alto. De ese modo, entre las formas de terapia asequible, esta permitirá ver que no estás solo en tu sufrimiento. Hay personas con realidades muy semejantes.

Los grupos son guiados por un terapeuta especializado, quien facilita desde la interacción común, hasta dinámicas en conjunto. Pueden ser experiencias enriquecedoras y al alcance de todos.

 

Problemas que trata

·        Fobias.

·        Duelos.

·        Traumas.

·        Ansiedad.

·        Depresión.

·        Adicciones.

·        Enfermedades crónicas.

·        Trastornos de personalidad.

·        Trastornos de la conducta alimentaria (TCA).

 

Hay terapias breves que, con 5 o 10 sesiones, abordan los problemas de forma estratégica. Son opciones más económicas y con gran eficacia.

 

6. Terapias alternativas

 

El mejor modo de abordar los problemas es mediante profesionales especializados. Los psicólogos y los psiquiatras son los facultados para tratar el sufrimiento emocional. Han estudiado y se prepararon para ello.

 

Ahora bien, si buscas opciones de bajo costo, existen terapias alternativas. En muchos casos, se trata de dinámicas que también suele organizar el personal facultado en el ámbito clínico. Las siguientes son las propuestas en este ámbito.

 

Talleres y formaciones

Hay psicólogos que ofrecen la posibilidad de acudir a talleres para potenciar y favorecer algún área personal. Es frecuente, por ejemplo, encontrar dichos talleres para mejorar la autoestima, manejar mejor la ansiedad, habilitar la inteligencia emocional o aprender a cerrar ciclos.

 

Es factible apuntarse en algún curso en el cual trabajes esas áreas que son problemáticas en nosotros. Siempre es posible encontrar formaciones económicas o incluso gratuitas, que brindan herramientas en pro del bienestar.

 

Los retiros constituyen una de las formas de terapia asequible

Los retiros son entornos naturales o alejados de la ciudad cuyo propósito es reflexionar y trabajar en diferentes áreas emocionales. Lo común es pasar entre dos días y una semana en un ambiente con otras personas y un guía o terapeuta. Si bien estas dinámicas no siempre están dirigidas por profesionales preparados en el área, sí hay algunos que las ofrecen.

 

7. Libros

Entre los planteamientos de bajo costo para mejorar la salud mental están, sin duda, los libros especializados. No se trata de una terapia ordinaria como tal, es obvio, pero puede aportar beneficios, herramientas y una base para empezar. A tu alcance hay un gran abanico de literatura de autoayuda.

Sin embargo, es necesario ser selectivos. Los libros escritos por profesionales en el campo de la salud mental son siempre los más recomendables. Ideal si, además, cuentan con ejercicios prácticos.

Los libros son una forma de terapia alternativa cuando pasas por épocas difíciles.

Nota final

La terapia psicológica no está al alcance de todo el mundo; lo sabemos. Sin embargo, es una necesidad de gran urgencia y los diferentes organismos públicos deberían ser más sensibles. Dotar a los centros sanitarios públicos de psicólogos es una realidad que demanda el colectivo desde hace tiempo.

 

La atención a la salud mental debería ser universal y todo aquel que lo necesite tener acceso a terapia psicológica por parte de especialistas en este campo. Mientras, no dudes en buscar esas opciones válidas y que más se ajusten a tu bolsillo.

viernes, 16 de junio de 2023

Qué es la defusión cognitiva y cómo puede ayudarnos a salir de los pensamientos obsesivos


PAULA BUEDO      |     65ymas.com     |     21/05/2023

Una psicóloga recomienda tres fórmulas para restar protagonismo a los pensamientos destructivos

 

La mente es un arma muy poderosa que nos permite hacer grandes cosas. Se pasa el día en marcha, pensando, evaluando, comparando, analizando… Lo que hace que tenga un doble filo peligroso.

Controlar los pensamientos es un proceso muy complejo, casi imposible. Mantener a raya las intrusiones y la negatividad es tan complicado que termina por generar más frustración y malestar. Sin embargo, cuando el cerebro entra en bucles dañinos y destructivos, existen herramientas que podemos utilizar para gestionar mejor nuestra voz interior.

El psicólogo Miguel Ángel Rizaldos, autor de ¿Ser frágil es malo?, señala que la clave está en reconocer lo que es importante y lo que no. Con esta estrategia, que no busca suprimir los pensamientos en sí, se decide activamente a qué se le da protagonismo.

Este proceso es conocido como defusión cognitiva. Si la fusión es, precisamente, no distinguir entre pensamiento y realidad, la defusión apuesta por el camino contrario. Supone dar un paso hacia atrás para evaluar con perspectiva qué importancia real tiene un pensamiento.

El objetivo es reducir el impacto destructivo que puede tener la mente en nosotros si no se controla y flexibiliza. La rigidez puede llevarnos a distorsionar la realidad a partir de experiencias personales pasadas y pensamientos intrusivos.

 

Como en una obra de teatro

Para explicar bien la diferencia entre el proceso de fusión y el de defusión, Rizaldos propone, en una entrevista con ABC, compararlos con una obra de teatro. Este símil diferencia entre lo que sientes como actor protagonista y como espectador.

Si imaginas que estás subido en el escenario, con los focos apuntando hacia ti y totalmente sumergido en la realidad del personaje que interpretas, sentirás que cualquier cosa que ocurre en escena es real. Así, con esta percepción, reaccionarás ante los estímulos como si no se tratase de una ficción. Si otro personaje va a dispararte, tensarás los músculos y gritarás.

En cambio, desde la butaca, la visión es mucho más amplia. Ves al personaje principal y la pistola que le dispara, pero también eres consciente de que se trata de una ficción. Has podido observar desde otro punto de vista, por lo que no te sorprende la acción como si fueras el protagonista y ponderas mejor la diferencia entre ficción y realidad.

La defusión funciona, a grandes rasgos, de esa forma. Consiste en tomar distancia cuando los pensamientos sean demasiado abrumadores para evitar que tomen el control de tu vida y acciones. Esta flexibilidad para salirse del papel principal y analizar desde la tercera persona permite una liberación de la dictadura de los pensamientos intrusivos y repetitivos.

Tres trucos para tomar distancia

 

Elena Cerezo, psicóloga de El Prado Psicólogos, ha señalado para ABC tres técnicas que pueden ayudarnos a gestionar los pensamientos y detectar la brecha entre la mente y la realidad.

 

  • Estoy pensando que… 

Cuando tu mente lance un mensaje negativo que pueda impactar destructivamente sobre ti, subrayar que se trata de un pensamiento y no un hecho puede modificar significativamente la recepción y reducir su efecto negativo. Saber que se trata de un pensamiento es el primer paso para distanciar lo que dice tu cerebro de la realidad.

 

  • Ya estoy con la historia de... 

Cuando enfrentes cuestiones que vuelven repetitivamente a tu cabeza en un bucle que parece irrompible, esta frase puede detener tu pensamiento. De la misma forma que la frase anterior, supone, a través de las palabras, un distanciamiento con lo que piensas y lo que es real para restar protagonismo a lo primero.


  • La voz del personaje divertido 

Finalmente, para eliminar la incomodidad y la sensación de que los pensamientos son verdades inamovibles, este truco puede ser muy eficaz. Ponle a esa idea intrusiva que te ronda la cabeza y merma la autoestima una voz graciosa para reducir su impacto y protagonismo. 

miércoles, 14 de junio de 2023

Rebecca Rolland, psicóloga: "Es fundamental no quitarles la palabra a los niños ni hablar por encima de ellos"


CINTHYA MARTÍNEZ         |        LA VOZ DE GALICIA      |        29/05/2023


La profesora de Harvard, especialista en patologías del lenguaje infantil, llama a usar estrategias más efectivas si la familia observa que el niño ha creado vínculos que no le favorecen

 

Rebecca Rolland, psicóloga especialista en patologías del lenguaje oral y escrito en el departamento de Neurología del Hospital Infantil de Boston y profesora de Harvard, defiende que la única manera de ayudar a nuestros hijos e hijas a ganar en autonomía, empatía y felicidad es hablando. «Aun así, muy a menudo, los padres, los educadores y los cuidadores tienen problemas a la hora de comunicarse con los más pequeños», asegura. Por eso, proporciona consejos para fomentar su autonomía, creatividad y confianza a través de su nuevo libro El arte de hablar con niños (Diana, 2023). 

 

—¿Cree que falta comunicación en las familias?

—Sí. Creo que muy a menudo tenemos una vida muy ajetreada y nos centramos en conversaciones logísticas cuando vamos al cole, a casa o al entrenamiento del niño o la niña. Y no nos queda tiempo para centrarnos en conversaciones que hagan desarrollar habilidades de nuestros hijos e hijas. No necesariamente es culpa de los padres y las madres. Muchas veces, hablamos mucho con nuestros hijos, pero no estamos teniendo esas conversaciones plenas. Esa es una de las cosas que estoy intentando enfatizar, que sean conversaciones más profundas en las que involucremos a nuestros hijos e hijas, les ayudemos a desarrollar sus capacidades y que también disfruten de esas conversaciones.

 

—¿Esas conversaciones plenas y profundas pueden nacer solas?

—Pienso que debemos de tener más intención a la hora de conversar para que se produzcan esas grandes conversaciones profundas. No requiere mucho trabajo, pero sí una cierta consciencia. A mí me gusta dedicar algo de tiempo observando simplemente a la criatura para ver qué es lo que le interesa y tratar de plantear esas conversaciones en torno a esos intereses. Estamos mucho tiempo con nuestros hijos, pero a veces dedicamos muy poco tiempo a darnos cuenta de qué se les pasa por la cabeza y tener conversaciones que realmente les interesen. 

 

—En el libro utilizas el término conversaciones fértiles. ¿Qué son exactamente?

—Considero que las conversaciones fértiles tienen una doble promesa: construyen un entorno en el que disfrutamos con nuestros hijos en nuestra vida cotidiana y también desarrollamos el interés de nuestros hijos. La segunda promesa es que esas conversaciones se acumulan a lo largo del tiempo y consiguen que nuestros hijos sean más empáticos, más seguros de sí mismos, etcétera. Pero estas charlas no surgen si no prestamos un poco más de atención, por eso he desarrollado el método abecé de las conversaciones fértiles. 

 

—¿En qué consiste ese método?

—En primer lugar, adaptarnos. Ser conscientes de cómo es cada criatura y cuáles son sus hábitos, su estado de humor, niveles de energía, si están muy activos o no. Cuando es el mejor momento para mantener una conversación con ellos y no cuando nos apetece más a nosotros. Tiene que ser cuando ellos están más abiertos a conversar. En segundo lugar, deben ser conversaciones bidireccionales. Muchas veces les damos una clase magistral en la que solo hablamos nosotros, pero no enfatizamos el hecho de que ellos también lo hagan. Esa bidireccionalidad tiene que ser clave, que estemos en pie de igualdad en esa conversación. Y por último, la conversación tiene que estar centrada en la criatura. Empezar con algo que puede ser interesante, que les atrae, incluso que les pueda preocupar. Si pensamos desde ese nivel, desde el niño o la niña, podemos llegar mucho más lejos en esa conversación.

 

—¿La empatía es una característica con la que nacen los niños o se puede trabajar?

—Creo que todas las criaturas nacen con la capacidad de empatía. Es como un depósito de gasolina que se tiene que reponer. Nuestros hijos son capaces de todo, pero no todos tienen de por sí, esas habilidades. O mejor dicho, no se les ayuda a desarrollarlas. Hay que ayudarles a desarrollar los tres aspectos de la empatía. En primer lugar, el aspecto mental, que sean capaces de ponerse en la piel de la otra persona, pensar como los demás. En segundo lugar, la parte emocional, que sean capaces de sentir lo que sienten los demás. Y en tercer lugar, que sean capaces de ayudar a los demás. Creo que si conseguimos alimentar esos tres ámbitos, lograremos desarrollar su empatía.

 

—¿Cómo podemos contribuir en ese proceso de desarollo de la empatía de un niño? 

—En primer lugar, hay que actuar como ejemplo. Los niños, muchas veces, se comportan según lo que ven. Incluso cuando están teniendo algún problema, como que se han cortado con un trozo de papel, es importante para nosotros también ponernos en su piel: qué les ha pasado, por qué están enfadados o tristes. Y si les ayudamos a ver qué nos preocupa, para ellos puede ser muy importante. Cuando nos vean hacerlo, lo van a imitar con sus amigos. Si por ejemplo, no reaccionan o no entienden cómo se siente su hermana, su hermano o algún amigo, podemos ayudarles en ese momento a intervenir para que desarrollen la empatía: cómo deberían actuar frente a lo que le está sucediendo a la otra persona. 

 

—Si el pequeño se bloquea contándonos un problema, ¿cómo podemos ayudarlo?

—Un aspecto fundamental es no quitarles la palabra, no hablar por encima de ellos. A veces nos incomodan los silencios, sobre todo si creemos que al niño le está costando explicarse. Nuestra reacción instintiva es preguntar más o hablar por ellos. Y si hay gente, otros miembros de la familia, puede que sea el hermano o la hermana quien habla del niño. Sí, puede ser útil y avivar lo que quiere decir el niño, pero en otras ocasiones no aciertan y a él no se le da la oportunidad de expresarse. Por eso, si se bloquea, si no encuentra las palabras, lo más importante es esperar y enfatizar que le queremos dar lo que necesita. Podemos preguntar cosas o enlazar preguntas abiertas. Por ejemplo: «Parece interesante, cuéntame más». Y también servir como ejemplo de que estamos relajados. Si nosotros parecemos nerviosos o con prisas es más probable que el niño se atasque. 

 

—¿Cuál es la importancia que tienen para ellos las amistades? 

—Las amistades son fundamentales para el desarrollo de los niños. Las solemos pensar como algo «que no está mal tener» pero es mucho más que eso. Le enseñan a los niños casi todo lo que tienen que saber sobre el mundo, cómo gestionar un conflicto, cómo enfatizar con alguien o cómo celebrar con esa persona. Deberíamos pensar las amistades como algo que sienta los cimientos de las relaciones que van a tener en su vida y si somos capaces de establecer relaciones dinámicas. Sobre todo, si les enseñamos a mantener esas amistades en momentos de discusiones o peleas, les va a ayudar mucho en sus relaciones adultas. No tenemos que enfatizar que las relaciones deben ser perfectas o que busquen relaciones que lo van a ser, porque eso nunca va a pasar. Lo que tenemos que enfatizar es: ¿cómo podemos reparar algo?, ¿cómo podemos solucionar un problema que nos ha sucedido con un amigo? Esto nos pasa a todos. Es algo crítico y además es uno de los aspectos que más dejamos de lado en las relaciones, ya sean laborales, familiares o de amistad. 

 

—¿Qué obstáculos se pueden encontrar los niños a la hora de forjar esas amistades?

—Hay un par de obstáculos clave. El primero que, sobre todo tras la pandemia, muchos niños tienen dificultades a la hora de contar problemas de relaciones o situaciones. Nosotros damos por hecho que, como a nosotros no nos incomoda, como sabemos gestionarlo, los niños también van a saber, pero eso no es así. Los niños no tienen de forma natural esas habilidades. Pienso en mi hijo, que ahora tiene seis años, pero tenía dos años y medio cuando empezó la pandemia y, hace poco, me dijo que no sabía lo que era quedar con otro niño para jugar en su casa porque claro, hasta hace poco estábamos todos encerrados. Si te paras a pensarlo, es una situación muy grave a la que se están enfrentando muchos niños. A nosotros no nos ha sido posible salir a ver una película con amigos como hacíamos antes, pero es que hay muchos niños que directamente no lo conocen, no saben lo que es esa experiencia.

 

Por otro lado, las redes sociales y la velocidad a la que conseguimos nuevas amistades, aunque sean virtuales, hace que los niños tengan menos paciencia a la hora de navegar a través de un conflicto: «No estoy de acuerdo contigo, así que ya no somos amigos». Hemos tenido un problema, nos hemos peleado, por lo que ya no eres parte de mi grupo de amigos. Eso también es un gran obstáculo al que se están enfrentando los niños que está poniendo en peligro las amistades duraderas. Nosotros podemos ser como coaches y ayudarles, guiarles. Sobre todo, guiarlos en esos momentos de problemas, de situaciones de conflicto en las amistades. 

 

—¿Cómo ayudarlos en esas situaciones de conflicto?

—Diría que hay que encontrar un punto intermedio. A veces los padres quieren meterse directamente en el conflicto, sobre todo si los hijos son un poco más mayores. «Nos vamos a sentar con tu amigo y vamos a hablar con él», como padres helicóptero, que se suele decir. Por otro lado podemos decir: «Bueno, lo van a arreglar entre ellos, me voy a quedar totalmente al margen y no voy a participar en ese juego». En realidad, mi experiencia es que lo mejor es encontrar un punto intermedio entre esas dos opciones y ser un poco como un guía, un coach, tras lo que ha sucedido. Si tienen un conflicto, un amigo, por ejemplo, una vez que ha terminado el día, hablar con ellos y tratar de reflexionar sobre lo que ha sucedido. Incluso hacer un poco de juegos de rol: hacer como si tu fueras el amigo, «¿por qué no pruebas a decirle esto?». Reconocer que los estilos comunicativos también son muy diferentes entre distintas generaciones. Lo que a nosotros nos parece que va a funcionar y solucionar el conflicto, puede que no lo haga para ese grupo de amigos o amistad en concreto. Lo que tenemos que hacer es no darle las respuestas al niño, sino ayudarle a ganar consciencia y a gestionar los conflictos por su cuenta.

 

—¿Y si consideramos que ese amigo es malo para él?

—Si tiene una amistad tóxica, por ejemplo, sería muy importante no decirle que le prohibimos ver a ese amigo, sino decirle: «Nos estamos empezando a dar cuenta de cómo te encuentras, cómo te sientes, cuál es tu estado de humor, cada vez que quedas con esa persona o que estás con ese amigo». Con el tiempo, el niño se va a dar cuenta de esos estados de ánimo, de cómo se siente y va a aprender a tomar mejores decisiones a la hora de escoger sus amistades. 

 

—Llegados a este punto es importante tratar otro asunto importante: el acoso. ¿Es bueno dejar que los niños solucionen el problema por sí solos?

—No. Diría que es una excepción muy importante en la que no hay que dejar que los niños solucionen las cosas por su cuenta. El acoso es una dinámica de poder. El niño acosado no tiene poder en esa situación y no son capaces de solucionarlo o de digerirlo y, pidiéndoselo, les estamos culpabilizando una vez más o los estamos empujando contra las cuerdas. Si empezamos a ver indicios de acoso es importante involucrar a otras personas, a la administración, al profesorado y asegurarnos de que el acoso en sí termina. Nuestro papel como educadoras o como madres no es detenerlo directamente, sino asegurarle a ese niño o niña que estamos ahí, que vamos a protegerle y que no deberían tener que pasar por esta situación, por este tipo de trato. El niño muchas veces, ni siquiera es consciente de lo que está sucediendo. A lo mejor piensa que se lo merece o que es una mala persona y por eso le sucede eso. Así, es importante reflexionar con ellos para ayudarles a generar más confianza y al mismo tiempo, tomar medidas activas para detener ese acoso. 

 

También diría que, a nivel de la escuela, es importante que el resto de niños defiendan a los amigos que están siendo acosados y no quedarse al margen, de brazos cruzados. Tenemos que enseñar a nuestros hijos: qué puedes hacer, a quién se lo puedes contar si ves que alguien está siendo acosado. Para asegurarnos de que eso no suceda en las escuelas. 

 

—¿Cree que no le prestamos la atención suficiente al temperamento de los niños?

—Escribí un capítulo entero al respecto en el libro porque, desde luego, creo que no. Tendemos a pensar que son niños y que, si tienes un hijo de dos o seis años, te centras más en la edad que en su temperamento. Pero hay dos elementos en el temperamento. Por un lado, la forma de ser del niño, pero por otro, tenemos que saber cómo encajar nuestro temperamento con el de nuestro hijo. Y si no encajan, por ejemplo, si nosotros somos muy activos y el niño no lo es tanto, vamos a tener que adoptar medidas para poder adaptarnos y poder ceder, en cierto modo. ¿Por qué? Los niños se pueden sentir culpables si ven que su energía no encaja con la de sus padres. Si somos muy extrovertidos, muy activos, puede que no dejemos de decirle a nuestro hijo o hija: ¿por qué no tienes más amigos?, ¿por qué eres tan callado? Y a lo mejor esa criatura está feliz con el número de amigos que tiene y estás generando un problema donde no lo había. Siendo conscientes de cómo funciona el temperamento podemos ayudar a esas situaciones o a esas comunicaciones con nuestros hijos y ayudarles también a sentirse más cómodos con cómo son. 

 

—Por último, ¿podría proporcionar un consejo sobre cómo deben los padres jugar con sus hijos, qué deben de tener en cuenta?

—Es una muy buena pregunta. Me encantaría subrayar, en primer lugar, que los niños de cualquier edad y los adultos, tienen que jugar, lo necesitan. A veces solo les dejamos jugar cuando son más pequeños, pero cuando ya tienes diez o quince años, le decimos que no hace falta que jueguen porque nosotros como padres ya no jugamos con ellos. Esto es algo que los niños echan mucho de menos, a menudo, ese entorno de relajación, de creatividad y de pasar tiempo contigo. Es algo que tenemos que recordar: todos necesitamos y queremos jugar. 

Por otro lado, el juego puede rebajar un poco el ritmo, intentar no tener un horario tan ajetreado para encontrar momentos de juego. Por otro lado, los niños también necesitan o quieren jugar solos y no nos necesitan, pero hay veces que sí que podemos encontrar formas divertidas de jugar con ellos. Me gusta subrayar siempre lo siguiente: siéntate con tu hijo o tu hija y pregúntale cosas que se te pasan por la cabeza. A mí me gusta plantear las preguntas en condicional. Si un niño está jugando con un robot, yo le preguntaría: «¿Cómo podríamos hacer que pareciera un tiburón o el doble de grande?». Les ayudamos a que se les ocurran sus propias ideas y, además, también genera un vínculo porque los dos estamos contribuyendo con nuestras ideas y jugueteando alrededor de estas. Y no implica necesariamente que yo me siente en el suelo con mi hija o con mi hijo y le dé indicaciones, sino que le estoy dando invitaciones para que sean creativos. 

martes, 13 de junio de 2023

Cinco motivos que explican por qué compensa ayudar a los demás

 

PATRICIA RAMIREZ |      ABC.ES (El lunes empiezo-Blog)    |  04/12/2022

¿Sabías que, entre otras ventajas, ayudar a los demás te ayuda a ti mismo?

 

Soy de las personas que tratan de facilitar la vida a los demás y ayudar. Lo hago todo el año. No solo yo. Son muchas personas las que ayudan a personas. La mayoría de ellas tienen un interés profundo por facilitar la vida a los demás, por ser serviciales, por estar presentes en la vida de quien más las necesita. Nos sale de dentro porque genéticamente estamos configurados para formar parte de una tribu, para agruparnos, para ayudarnos y ser un equipo. Por eso hemos sobrevivido.

 

El mes de diciembre con la Navidad es un mes que despierta en mucha gente valores dormidos que, durante el año, con motivo de la prisa, el ritmo y la propia irascibilidad que genera el síndrome de la vida ocupada, no son capaces de hacerles hueco. Para muchos la Navidad es una farsa, unos días en los que tratamos de mostrar nuestra mejor cara, nuestro lado más amable. Días en los que das más propina, aguinaldo, ayudas, participas en mercadillos solidarios, compras lotería con fines benéficos y donas juguetes y regalos para los que más los necesitan. Muchas personas se preguntan si este lado solidario no podría estar presente todo el año, que por qué nos reservamos solo para los días de Navidad. Y es cierto. Ojalá todos arrimáramos el hombro los 365 días. Pero para los que por el motivo que sea no puedan hacerlo, porque se les olvide, no caigan en ello, la Navidad es un momento maravilloso para sacar toda la bondad que llevan dentro. Las fechas navideñas son mejor que nada. Al igual que si te da por sacar tu lado bonito en Halloween. Lo mismo da, lo importante es que de vez en cuando pensemos más en los demás, nos demos, prestemos atención a los detalles y, sobre todo, a los valores.

 

¿Sabías que, entre otras ventajas, ayudar a los demás te ayuda a ti mismo? Nuestros neurotransmisores y hormonas, como por ejemplo la oxitocina, se incrementan. La oxitocina es la hormona del amor y de la compasión. Sentimos bienestar al ayudar a otras personas. Y esto ocurre porque es la manera de que afiancemos esas conductas altruistas. Si ayudar nos dejara indiferentes, dejaríamos de hacerlo. Y entonces, nos extinguiríamos.

 

Para todas aquellas personas a las que ayudar a los demás sea un objetivo para 2023, les explico de forma breve cuáles son los cinco motivos que favorecen la conducta altruista o prosocial. Conociendo las bases de qué favorece ser un facilitador y ayudar, igual podremos mantener la conducta prosocial a lo largo del año y no solo en Navidad. 

1. Empatía y responsabilidad moral

La capacidad de ponernos en el lugar del sufrimiento y dolor de otra persona dispara nuestra actitud altruista. La responsabilidad moral se sustenta en valores morales interiorizados. La empatía puede llegar a ser tan alta, que hay personas que se exponen al sufrimiento de otras personas con tal de liberar a otras del suyo.

 

Durante la pandemia ser realizaron varios estudios sobre este tema y se confirmó que estimular la empatía favorecía el cumplimiento de las normas y restricciones.

2. Afabilidad

Las personas afables buscan vivir relaciones y ambientes armoniosos, sin conflictos, amables. Son personas poco dominantes, que hacen prevalecer el equilibrio y la amabilidad por encima de ganar batallas o tener razón. Las personas afables suelen ser altamente empáticas y confían en los demás. Su interés por el bienestar a su alrededor y la confianza en las personas también las lleva a tener la costumbre de bieninterpretar.

3. Identificación y, sentimiento de pertenencia

Palabras como grupo o equipo, sentirnos identificados como parte de un grupo, nos lleva a ser más altruistas. Cuando nos sentimos parte de algo, eso que salvamos es “nosotros mismos”. Porque actuamos como nosotros, no como ellos. Seguramente sea este el motivo por el que tendemos a dar más visibilidad o ayuda a conflictos que entendemos más cercanos, con los que sentimos más pertenencia, que conflictos que por su cultura, religión o distancia los vemos menos cercanos a nosotros.

4. La superación de peligros

Las experiencias conjuntas nos unen, sobre todo cuando se trata de anticipar y afrontar peligros. Se ha demostrado que la experiencia de crisis y peligros promueve la idea de “nosotros”. Por este motivo, ante las crisis, nos suele salir nuestro lado más altruista.

5. El sentimiento de admiración

En varios estudios se ha demostrado que el sentimiento de admiración y asombro, por ejemplo, por fenómenos bellos e impactantes de la naturaleza nos lleva a ser más altruistas y conservarla y cuidarla mejor. La idea de ser una pequeña parte de un todo del que nos sentimos orgullosos y al que admiramos, despierta la solidaridad, la ayuda y el altruismo.

Les dejo esta frase maravillosa del poeta Erich Kästner: “No hay nada bueno al menos que se haga”. Entre todos y todas podemos hacer cosas maravillosas si dedicamos parte de nuestro tiempo a cuidar de los demás.