viernes, 12 de junio de 2020

Por qué la empatía es más necesaria que nunca en tiempos de pandemia

VALERIA SABATER   |   La Mente es Maravillosa   |   04/05/2020
En momentos de emergencia y de crisis humanitaria, hay un nutriente que no puede faltar: la empatía genuina y efectiva. Es la energía que crea puentes entre las personas permitiendo que fluya la compasión y ese interés activo capaz de generar cambios positivos.

La empatía es más necesaria que nunca en tiempos de pandemia. No debería faltar en ningún escenario, público o privado. Debería estar presente en cada persona, en cada mente que tenga como objetivo atender a otros, liderar un país o simplemente, estar en casa salvaguardando a los demás y a sí mismo para frenar las infecciones. Jamás ha sido tan primordial despertar esta dimensión psicológica.
Ahora bien, algo que sabemos bien los psicólogos es que tal valía en nuestra condición humana no siempre se aplica de manera efectiva. Pensemos en ello.
No es lo mismo sentir el dolor o las necesidades ajenas que comprenderlas y decidir ser útil. Entre sentir y actuar hay un gran abismo que no todos se atreven a sortear para crear puentes, para movilizar energías y recursos por el bien común.
Al fin y al cabo, ese es el auténtico propósito de la empatía: favorecer la supervivencia y el bienestar del grupo al conectar con las emociones del otro y generar una conducta capaz de promover el bien ajeno. Tan simple, pero tan difícil a veces.
Como bien señala Daniel Goleman, “no importa lo inteligente que uno sea, sin una empatía útil y activa nadie llegará muy lejos”. 

Razones por la que la empatía es más necesaria que nunca en tiempos de pandemia

En momentos de crisis y dificultad, la empatía puede actuar como catalizador. Es un medio para que fluya la armonía entre los grupos, la identificación de necesidades y esa colaboración activa donde ser parte del grupo y no arquitecto del conflicto.
Queremos personas que sumen y que no dividan, necesitamos corazones y mentes orientadas a generar soluciones y no a permanecer en una posición pasiva donde limitarse a ver qué hacen mal los demás.
Analicemos con detalle por qué la empatía es más necesaria que nunca en tiempos de pandemia.
Empatía para comprender las necesidades de quien tenemos cerca
En la actual crisis sanitaria, hay algo más decisivo que limitarnos a evitar ser contagiados. Habrá quien se limite en exclusiva a cuidar de su salud y la de su familia, sin embargo, en la actual situación debemos ser capaces de ir más allá.
Necesitamos redes de apoyo vecinales, esas que identifiquen por ejemplo al anciano del quinto que vive solo, a esa pareja mayor del tercero que necesita que alguien les haga la compra. La empatía emocional es útil, nos permite sentir la realidad del otro, pero lo que debemos trabajar también es la empatía cognitiva esa que entiende las necesidades reales, que va más allá de la emoción y da el paso para actuar, para generar soluciones.
Nuestros profesionales de primera línea también necesitan nuestra empatía
Tenemos claro que nuestros sanitarios se definen básicamente por ese sentido de empatía auténtico para con sus pacientes. Eso es innegable. Sin embargo, si la empatía es más necesaria que nunca en tiempos de pandemia es porque en los últimos días, estamos viendo actuaciones claramente sancionables hacia este y otros colectivos.

Hay personas que pintan mensajes amenazadores en los coches de nuestros médicos. Vecinos que dejan notas en la puerta de estos médicos, enfermeras o trabajadores de supermercado exigiéndoles que se busquen otro alojamiento durante la pandemia. No es lo adecuado. Estos comportamientos generan miedo, desazón y desconsuelo en estas personas que lo están dando todo por nosotros.
Si no somos capaces de cuidar a quienes nos cuidan no avanzaremos como humanidad.
Necesitamos líderes hábiles en empatía compasiva

Daniel Goleman nos explicaba en su libro Focus que “hay un tercer tipo de empatía esencial en el ámbito del liderazgo, tanto empresarial, como político, se trata de la empatía compasiva. En este caso, se moviliza un ejercicio emocional, cognitivo y conductual en la que se muestra una preocupación genuina por los demás.

Caen los egoísmos, los intereses y las falsedades para activar una compasión que valora al ser humano por encima de cualquier cosa. Ello se traduce en acciones, en compromisos reales y efectivos a partir de esa cercanía auténtica para con las personas.

Una oportunidad de crecimiento global

La empatía es más necesaria que nunca en tiempos de pandemia. Tenemos una oportunidad real para ejercitarla, para tener en cuenta lo que nos revelan múltiples estudios como el llevado a cabo en la Universidad de Manchester, Reino Unido por parte de la doctor Karen Tristen.
Según este trabajo, la empatía activa, esa que brindamos a través del apoyo social, crea lazos más fuertes, felices y revierte en la esperanza de vida.
Pocas veces habíamos necesitado tanto de esta dimensión. Es quizá un momento idóneo para que la aprendan nuestros hijos, para que germine en las comunidades de vecinos, en los pequeños pueblos, en las grandes ciudades y por supuesto, a nivel internacional. Necesitamos de la ayuda y la compasión cercana y también remota.

Esa que nos pueda ofrecer un amigo, un hermano, un médico y también, ese investigador que desde un país a miles de kilómetros del nuestro, se esfuerza por dar con una vacuna. Reflexionemos sobre ello y aprovechemos esta oportunidad.


miércoles, 10 de junio de 2020

La esquizofrenia sin huellas en el cerebro

RAÚL LIMÓN    |   El País   |   09/06/2020

Una investigación internacional descubre que un 37% de los pacientes de esta enfermedad no presenta una disminución del volumen de masa gris

Más de 21 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud, padecen esquizofrenia, una enfermedad que se caracteriza por la distorsión del pensamiento, las percepciones, las emociones o la conducta. Los pacientes experimentan alucinaciones, delirios y comportamientos extravagantes, entre otras manifestaciones. Sus causas son múltiples e intervienen desde factores genéticos a ambientales. Hasta ahora se había identificado una huella biológica relacionada con la esquizofrenia: la disminución del volumen de masa gris en el cerebro. Sin embargo, un nuevo estudio internacional sobre más de 300 pacientes ha hallado que un 37% de los diagnosticados no muestra esta evidencia, un descubrimiento que permite no solo reclasificar la esquizofrenia con nuevos subtipos sino también abrir la puerta a diagnósticos más precisos y terapias más eficaces.

Un consorcio de 15 universidades de América, Europa y Australia, liderado por Ganesh B. Chand y Christos Davatzikos (Universidad de Pensilvania), ha agrupado a 28 investigadores que han analizado, a través del sistema de inteligencia artificial HYDRA (Heterogeneity Through Discriminative Analysis), las resonancias cerebrales en busca de las marcas de la esquizofrenia en el cerebro. Y el resultado, publicado en la revista Brain, ha sido el hallazgo de dos subtipos: uno que presenta un menor volumen de materia gris de forma generalizada en comparación con los cerebros considerados sanos y un segundo, el más sorprendente, con volúmenes similares a los normales.

“Había una necesidad histórica de subclasificar porque hasta ahora se englobaba todo en un mismo diagnóstico”, afirma Benedicto Crespo-Facorro, que lidera el grupo español del CIBERSAM que ha participado en la investigación desde el Instituto de Biomedicina de Sevilla (HUVR-IBiS) e IDIVAL. “El resultado es muy sorprendente. Hay un diagnóstico clínico claro, pero el 37% no presenta pérdida o adelgazamiento de los volúmenes de materia gris en el cerebro en comparación con la población sana”, resalta.

Crespo-Facorro explica que el estudio “abre el camino a investigar por qué pacientes con el mismo diagnóstico tienen estructuras cerebrales diferentes y a establecer tratamientos específicos”. “Es algo que se necesitaba porque, hasta ahora, se aplicaban los mismos. Y no todos necesitan medicamentos. Hay un porcentaje que evoluciona de forma favorable y no tiene recaídas. Y existe una minoría de paciente para los que las medicaciones no funcionan; ahora empezamos a poder discernir grupos de pacientes con biología diferente y esperemos que nos ayuden a predecir la evolución y la respuesta a los tratamientos. Es lo que queremos identificar con la nueva clasificación”, añade.

Otra vía de investigación, favorecida por el avance de la neuroimagen, es encontrar otras huellas fisiológicas en el cerebro distintas al volumen de materia. Las esquizofrenias que no presentan pérdida de masa gris pueden que sí se reflejen en otras áreas que aún no se han identificado.

El cerebro es uno de los órganos más desconocidos. Se estudia qué procedimientos genéticos pueden estar detrás de una volumetría anormal, pero también otros factores que pueden intervenir en la esquizofrenia, como los efectos de medicamentos, el consumo de cannabis y otras drogas o el estrés.

Benedicto Crespo-Facorro, líder del Grupo Español del Ciber de Salud Mental.- “Todas las investigaciones son relevantes porque estamos ante una enfermedad con una alta prevalencia. Entre el 0,8% y el 1,2% de la población la padece, más que el párkinson [0,3% de la población general y el 1% de mayores de 60 años]. Además, afecta también a gente muy joven y causa mucho sufrimiento”, resalta Crespo-Facorro. “La investigación aporta frescura y esperanza”, concluye.

En este sentido, el estudio publicado en Brain supone un nuevo campo de análisis, ya que, hasta ahora, los intentos de estudiar la enfermedad comparando cerebros de personas sanas con los de personas con el trastorno habían fallado en describir esta heterogeneidad de la esquizofrenia.

“El trabajo es interesante por lo que dice que no pasa”, afirma José María Delgado, catedrático de Neurociencia de la Universidad Pablo de Olavide, uno de los mayores expertos del país y ajeno al estudio. Delgado destaca que la investigación evidencia que “el cerebro puede funcionar de manera diferente sin cambiar de tamaño”.

“El problema es saber qué es ver alucinaciones, cómo las produce el cerebro. Cuando uno sueña, también ve cosas que no pasan, pero sabe que está soñando. La clave es conocer cómo el cerebro genera una actividad mental anormal. Pero si desconocemos muchos de los aspectos fisiológicos, menos sabemos aún sobre cómo funciona”, destaca Delgado, quien considera que el estudio de la mente va a ser el desafío del siglo XXI.

martes, 9 de junio de 2020

Alberto Soler: "Si se castiga o ignora al niño a cada instante, hay que tener claro: hacer daño no educa"

BEATRIZ PORTINARI   |   Madrid   |   El País   |   09/06/2020

El libro "Niños sin etiquetas" es una radiografía de los errores más comunes en la crianza contemporánea y de cómo influyen los prejuicios en el desarrollo de los hijos
En la era postcoronavirus, expresiones como "yo a tu edad"  o "en mis tiempos
como modelos de educación ya no se podrán aplicar a los niños de hoy, porque el mundo ha cambiado en cuestión de meses. Sin embargo, algunos estereotipos y enseñanzas transmitidas de generación en generación también están a tiempo de cambiar. Los psicólogos Alberto Soler y Concepción Roger publican "Niños sin etiquetas" (Paidós) como llamada de atención a las familias y al modelo de educación. Soler recomienda alejarse de etiquetas como niños tiranos, desobedientes, celosos, princesas y guerreros, porque si se repite mil veces una idea, el niño acabará creyéndola y actuando en consecuencia.

Pregunta. Educamos a los hijos como nos han educado y no como nos gustaría. ¿Qué deberíamos cambiar?
Respuesta. Un primer paso sería tomar conciencia sobre cómo nos comportamos con los niños. A veces, cuando se dan situaciones que requieren más de nosotros, en las que bajamos la guardia, conectamos el piloto automático y hacemos lo que han hecho con nosotros. No solo nuestros padres, sino la sociedad, la publicidad, incluso los programas de televisión con modelos de educación basados en estereotipos, premios y castigos. Las formas importan y mucho, y ser respetuoso con los niños, atender sus necesidades y distinguirlas de los caprichos, no es incompatible con establecer normas y límites. El cambio está en nuestra forma de relacionarnos con ellos y deshacernos de esas formas de educar aprendidas.

P. En el libro habláis de los miedos que se heredan. ¿Nuestros hijos van a heredar el miedo a la pandemia o a salir de casa?
R. Hemos visto noticias con palabras como UCI, morgue, muertos, enfermos. Es un campo semántico que está provocando una ansiedad brutal: el mundo es peligroso, los demás son peligrosos. Deberíamos hacer una desescalada también a nivel conductual. Cuando hablamos del miedo, los niños viven las situaciones filtradas por sus padres, que son su referente social; en función de cómo ellos lo vivan, así lo viven sus hijos. Y aunque existe cierta predisposición genética que nos puede hacer más o menos miedosos, debemos distinguir entre lo posible y lo probable. ¿Es posible que te contagies? Sí. ¿Es probable? No. Entonces, manteniendo las normas de higiene de manos y cierta distancia social debemos hacer esa desescalada proporcional: ser prudentes, pero no transmitir angustia a los hijos.

P. Entre los primeros meses y seis años se desarrolla la estructura cerebral que tiene que ver con la personalidad del niño. ¿Cómo influyen los patrones familiares en su desarrollo?
R. No tenemos recuerdos de forma explícita por debajo de los cuatro años, pero sí tenemos aprendizajes de forma implícita, por ejemplo, cuando les decimos esto lo hago por tu bien, "porque lo digo yo" o "quien bien te quiere, te hará llorar. ¿Cuál es el problema? Que va a asociar amor con dolor, y lo verá de forma natural en una relación abusiva de pareja. Hay una complicidad criminal con los malos tratos a los niños, igual que teníamos con las mujeres, porque tratar mal es maltratar. No queremos culpabilizar a nadie, todos los padres lo hacen lo mejor que saben y pueden, pero es importante ser conscientes de lo que decimos y hacemos mal.

P. ¿Por ejemplo, qué errores hemos interiorizado, sin darnos cuenta?
R. Si de manera sistemática estamos desatendiendo, amenazando, chantajeando, castigando, ignorando al niño hay que tener una cosa muy clara: hacer daño no educa, al contrario. El castigo es hacer daño a otra persona, sea físico o mental, para que escarmiente. Nos parece inaceptable en las relaciones entre adultos, pero lo hemos normalizado en las relaciones con los niños, a los que no solo maltratamos cuando les ignoramos cuando nos piden atención, pensando erróneamente que es un capricho, sino también cuando les ofrecemos todos los días una dieta obesogénica o cuando les etiquetamos como conflictivos, irresponsables, desobedientes o torpes.

"Hay que alejarse de etiquetas como tirano o desobediente porque si se repite mil veces, el niño lo cree y actúa en consecuencia”

P. ¿Qué riesgo implica educar a los niños con esas etiquetas?
R. El problema de las etiquetas es que es muy fácil ponerlas, pero muy difícil deshacerse de ellas. Y además, la persona que tiene una etiqueta acaba comportándose de esa forma. Por ejemplo: ¿Para qué me voy a esforzar en esto, que a lo mejor me interesa, si mis padres dicen que soy un vago?. Deberíamos ser menos simplistas y más descriptivos, centrarnos más en la conducta que en la persona. Si les hemos etiquetado como parásitos sociales lo acabarán integrando como una parte definitoria de su personalidad. Todos tenemos una identidad, y si no la tenemos todavía, como los niños, nos la van a crear con esas etiquetas negativas.

P. ¿Cómo un efecto Pigmalión a la inversa?
R. Eso es, existen muchas investigaciones sobre el tema. El experimento de Rosenthal y Jacobson, el Pigmalión en las aulas, demostró ya en los años 60 que los chicos etiquetados como buenos alumnos recibían más estímulos en clase, los profesores les preguntaban más, mantenían el contacto visual y elogiaban su esfuerzo. Esos chicos acababan el curso siendo más inteligentes y con mejores calificaciones, pero solo porque se les había dado una etiqueta que a los otros no. Esto cuando hablamos de niños pequeños es aún peor: solo si damos las mismas oportunidades, todos podrán desarrollarse por igual.

P. Hablando de oportunidades, la pandemia ya ha reflejado la brecha social y digital entre las familias que tenían ordenadores o conexión a Internet y las que no. ¿Cómo garantizar esa igualdad en la educación del futuro?
R. En España, en la Educación ha pasado lo que en Sanidad: la pandemia ha sacado a la luz nuestras vergüenzas, las cosas que han funcionado mal durante años. Es verdad que no tenemos un manual pandémico, pero durante meses hemos puesto la instrucción por delante del acompañamiento y la compresión de los niños. Tenemos que buscar alternativas y eso pasa por dinero: se trata de bajar ratios, sí, pero aumentando el profesorado y los centros. ¿No hemos sido capaces de levantar hospitales de campaña en tiempo récord? Pues igual hay que empezar ya a construir escuelas de campaña y contratar más profesores. Es inaceptable que se planteen aulas de 15 alumnos, dividiendo la semana en días en el colegio y días en casa con educación a distancia, y que ese gasto lo asuman las familias. Porque además, lo más probable, es que lo asuman las madres, que muchas se planteen dejar el trabajo para quedarse en casa con sus hijos. Si ese modelo se impone, las mujeres volverán a ser las grandes olvidadas, que sacrificarán su carrera profesional por la familia.

lunes, 8 de junio de 2020

Viviendo con Trastorno Bipolar

TOPDOCTORS   |   05/03/2020

¿Qué es el trastorno bipolar?.- El trastorno bipolar se denomina como una enfermedad mental severa, donde los afectados experimentan cambios de ánimo poco comunes, es decir, de estar muy felices pueden pasar en minutos a estar tristes. Estos cambios de ánimo de dividen en tres: episodios maníacos, depresivos y mixtos.

-         Episodios maníacos: Optimismo, ánimo, euforia, irritabilidad, sensibilidad, nerviosismo, apetito excesivo, sentirse talentoso e importante. Asimismo, concebir que sus pensamientos van muy rápido y tener una fuga de ideas.

-         Episodios depresivos: Tristeza, ansiedad, inquietud, problemas para dormir, pérdida de interés por cosas que le gustan, desesperanza, pensamientos de suicidio o muerte, hablar despacio, sentir que no tiene nada que decir y olvidar cosas

El trastorno bipolar suele ocurrir durante los últimos años de la adolescencia o al inicio de la vida adulta.

Existen tres tipos:
1- Tipo I: Se caracteriza por presentar fases maníacas intensas y depresiones. Puede provocar psicosis o delirio
2- Tipo II: Conlleva periodos de depresión intensa y euforia moderada. Las personas experimentan síntomas psicóticos asociados a la tristeza
3- Ciclotímico: Periodos hipomaníacos y con síntomas depresivos. Es el tipo más fácil de tratar

Los síntomas pueden aparecer y desaparecer por episodios, pero hay personas que requieren tratarse de por vida. Los especialistas recomiendan medicamentos que incluyen estabilizadores del estado de ánimo y antipsicóticos para evitar los episodios de cambio de ánimo o reducir su gravedad, aunque es de suma importancia no automedicarse y acudir al médico para que se dé un tratamiento personalizado de acuerdo al tipo de trastorno y síntomas que presenta.

La psicoterapia es otra alternativa, donde se ofrece apoyo terapéutico y se crean estrategias para el paciente y sus familiares.

Además de estas opciones se recomiendan hacer cambios en el estilo de vida como:
-         Auto observarse en todo tipo de cambio de ánimo y pensamientos para prevenir recaídas
-         Realizar ejercicio físico
-         Dormir las horas adecuadas (8-9 horas): Expertos aseguran que dormir menos de lo debido conlleva a una fase hipomaníaca o maníaca, mientras que dormir más lleva a una fase depresiva
-         No consumir drogas y alcohol, ya que aumentan el riesgo de sufrir ansiedad
-         Consumir café moderadamente
-         Reducir el estrés
-         Tener una alimentación saludable

Riesgos que conlleva la bipolaridad
Una persona con bipolaridad enfrenta muchos problemas sociales, dañando sus relaciones y rendimiento laboral o escolar. Muchas veces este trastorno conlleva al suicidio.

Asimismo, pueden aparecer otros trastornos como psicosis, trastornos de ansiedad, déficit de atención con hiperactividad, trastornos de alimentación y consumo de drogas y alcohol.


viernes, 5 de junio de 2020

Marie-France Hirigoyen: "El narcicista devora todo lo bueno de los demás. Como los vampiros"

The World News - El País   |   14/03/2020

LA ANFITRIONA recibe junto al inevitable desván en su gabinete de la Rue Racine, en el cogollo del Barrio Latino de París. Aquí suele acoger a toda esa pléyade contemporánea de almas en pena por motivos de estrés, depresión, adicciones, disputas familiares, acoso laboral, acoso sexual y el menos evidente (pero no el menos dañino) de los acosos: el moral. Algo sabe de eso Marie-France Hirigoyen (Coulaines, Francia, 1948): fue ella quien acuñó el concepto en 1998 en su libro El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana, verdadera piedra de toque para lo que acabaría suponiendo su inclusión en el Código Penal francés, con castigos de hasta dos años de prisión para el empleador que acose o permita el acoso. Luego vinieron otras incursiones editoriales por los males de nuestra era, como El acoso moral en el trabajo, Mujeres maltratadas o Las nuevas soledades. Todos estos libros, al igual que Los narcisos han tomado el poder, han sido publicados en español por Paidós. Hirigoyen, que se formó en Estados Unidos y llegó a colaborar con el FBI en un estudio sobre asesinos en serie, es una de las grandes expertas mundiales en victimología y violencias de tipo psicológico, perverso y terrorista. También fue asesora del presidente de la República Francesa Jacques Chirac —hoy fallecido— para cuestiones relativas al acoso y los malos tratos.

Sostiene que “los narcisos han tomado el poder”. Podríamos darle la vuelta, ¿no?, y decir que toda persona que llega al poder se vuelve narcisista. - Sí, está claro que para ser político hay que ser narcisista, pero no necesariamente narcisista patológico. Hay una élite, que puede ser política, intelectual o financiera, cada vez con más poder. Los ricos son cada vez más ricos, algunos presidentes de Gobierno —Xi Jinping, Putin, Trump, etcétera— se lo montan para tener cada vez más poder y, mientras, en todo el mundo las clases medias —o sea, aquellos que no tienen el poder suficiente— ven cómo baja y baja su nivel de vida. Y, sobre todo, se sienten abandonados. Esto se acentúa día tras día.

¿Es esa una de las claves de por qué los votantes eligen opciones “nuevas”? ¿De por qué —por ejemplo— parte del voto obrero puede acabar en la extrema derecha?. - Eso lo vemos en diversos países. En Francia, desde luego, lo hemos visto con el fenómeno de los chalecos amarillos. Al final, sí, en ese movimiento de protesta ha habido narcisos que han cobrado protagonismo gracias a su habilidad y a su trabajo en las redes sociales y en los informativos televisivos de 24 horas, pero en su origen la razón de ser de este movimiento no era otra que “no nos escuchan, pero aquí estamos”.

¿Y cree que los “no escuchados” tienen razón o no? ¿Cree que los políticos se han ganado a pulso ese grito de la calle o no?. - No sé. El mundo moderno y sus procesos de globalización nos dieron la impresión de que habría solución para todos los males. Que íbamos a poder progresar indefinidamente, que cada vez habría más bienestar para todos… En definitiva, el sistema capitalista lo que promete es que cada vez habrá “más de todo”, y, sí, hay más confort, más avances, más posibilidad de éxito personal…, pero también más sufrimiento, más desigualdad, más necesidad cada día de demostrar que eres un ganador, porque el que no es un ganador es un perdedor, no es nada, y entonces se derrumba. Vivimos en un sistema que selecciona a los más narcisistas y deja fuera a quienes no sirven. Un sistema en el que para triunfar hay que ser guapo, inteligente y dar la impresión de ser plenamente feliz.

“Dar la impresión de”…, he ahí la gran religión actual, ¿no?. - Sí, vivimos en un mundo de imagen, todo es imagen. Lo que importa no es lo que eres, sino lo que das a entender que eres. Esto en las redes sociales llega al paroxismo. De forma que hay personas que en realidad no existen, sino que han sido construidas para las redes, incluso construidas o reconstruidas físicamente, a través del selfie, por ejemplo. Construyen un avatar de ellos mismos, en el que se presentan no como son, sino como quieren que la gente piense que son. Se caricaturizan y llegan a situaciones de verdad degradantes con tal de que se fijen en ellos.

Esto afecta a todos los ámbitos, especialmente al profesional… - Es una práctica que lo impregna todo. Veamos. Alguien se pone a buscar trabajo, el que sea. Pues tiene que mejorar su perfil en las redes y activar su red social sea como sea. Yo tenía una paciente que era contable. Trabajaba en una oficina, detrás de un ordenador. La despidieron por defender a una compañera que había sido acosada sexualmente. Fue a una entrevista de trabajo. Le dijeron: “Si quiere optar al puesto, debería mejorar su look”. Ella respondió: “¡Pero si soy contable!”. Le contestaron: “Pues nadie la va a contratar, porque no se maquilla, se viste mal y tiene un aspecto como deprimido”. Y ella dijo: “¡Estoy deprimida, me han despedido y estoy en paro!”. Hablamos de alguien de alto nivel que trabajaba con éxito en una multinacional. Este es el mundo en el que vivimos.

Pero en ese mundo hay gente que juega el juego y gente que no. - Sí, hay personas dispuestas a jugar el juego del éxito o de la apariencia del éxito, y otras que no lo entienden y no pueden o no quieren hacerlo. Es superior a sus fuerzas. En cualquier caso, es un mundo en el que abundan lo que yo llamo los “falsos yo”. Yo no soy yo, sino lo que me conviene que piensen que soy.

¿Es un poco como vivir dos vidas paralelas, la real y la que hay que enseñar en sociedad?. - Sí, bueno, y luego están los que se dejan llevar de tal forma que incluso en su vida privada actúan, viven en una representación permanente, hacen “como si”. De estos cada vez hay más. Yo recibo a pacientes que vienen a mi consulta a hablar de su vida amorosa, pero que tienen unos tics de lenguaje increíbles, utilizan un pseudolenguaje totalmente deformado por el mundo de la gestión y de la administración, de tal forma que para hablar de fracasos y éxitos amorosos hablan de “eficacia”, “triunfo” o “acierto”.

Quizá el peor problema empiece cuando el receptor compra ese mensaje del emisor, o sea, cuando preferimos ver en el otro algo bello, exitoso…, aunque sea falso. Eso pasa, ¿no?. - No estoy segura de eso. Hoy ya no queremos las obligaciones de otras épocas, queremos ser libres e independientes, pero en realidad vivimos completamente formateados. Hay que corresponder a ciertos moldes, a ciertas imágenes; hay que entrar en ciertos esquemas y hay que actuar tal y como se espera que lo hagamos… hasta que finalmente conseguimos no ser nosotros mismos de verdad. Ya sabe ese refrán japonés: “El clavo que sobresale se las verá con el martillo”. Todo esto está en relación con el acoso escolar, al bullying; el alumno buenísimo, el malísimo, el que está demasiado gordo, demasiado delgado, demasiado lo que sea…, el que se salga del molde será acosado por otros. Y esto, con las redes sociales, se ha convertido en algo aún mucho peor, claro.

¿No cree que muchas personas necesitan fijarse en referentes sólidos que a menudo son grandes narcisos?. - Para entender todo eso hay que distinguir entre los tipos de narcisos, y lo siento, pero tengo que entrar en el psicoanálisis freudiano, porque Freud habló del narcisismo como una etapa en el desarrollo del niño. Él habló de “su majestad el bebé”. Hay un narcisismo primario: el bebé dependiente y todopoderoso, que no distingue entre él y el mundo exterior. Ve que, cuando llora, su madre viene inmediatamente. Luego está el secundario, cuando el niño se da cuenta de que hay un mundo exterior diferente a él y empieza a sociabilizar; ve que hay otras personas, hermanos, padres, etcétera, y ve que mamá ya no viene cuando él llora. Algunos individuos se quedan bloqueados en el narcisismo primario. Por ejemplo, Donald Trump, que, como usted sabe, ha sido caricaturizado cientos de veces por la prensa estadounidense como un bebé caprichoso en pañales y jugando con un balón, un balón que es el mundo.

¿Ese es el narcisismo grave, o patológico, del que usted habla en sus libros?. - Sí. Según la teoría psicoanalítica, los trastornos de la personalidad narcisistas se deberían a fallos en esa fase primaria, es decir, fallos en la construcción del “narcisismo sano”. El narcisista sano es el que tiene una muy buena imagen de sí mismo pero es capaz de aceptar las críticas. Pero en general, lo que les pasa a la mayor parte de las personas con problemas de narcisismo es que creen que no están a la altura. Entonces enmascaran su inseguridad. En cambio, el narciso grandioso está en una fase en la que no tiene en absoluto conciencia de su fragilidad. Al contrario, cree que es el amo del mundo y que los problemas siempre proceden del otro.

Y se va apropiando de lo bueno que tienen sus semejantes, escribe usted. - Exacto. El gran narcisista lo que hace es devorar todo lo bueno de los demás.

Como los vampiros. - Desde luego, el narcisista grandioso es exactamente como los vampiros.

¿Y el vulnerable?. - El narciso vulnerable lucha contra la vergüenza de no ser como querría ser. Y entonces se protege creando una imagen de sí mismo, un falso yo que los demás puedan encontrar atractivo. Pero todo acaba siendo una caricatura, una gran mentira.

Bueno, hay mentirosos que, a fuerza de repetir las mentiras, logran que sean percibidas por mucha gente como verdades. - ¡Pero es que para los narcisos no se trata de mentiras, sino de verdades! Sus verdades. Lo malo es cuando algunos, como sienten envidia por cómo son otras personas, pueden llegar a volverse violentos, en particular en las redes sociales. Y entonces explotan contra aquellas personas que les molestan.

¿Violentos?. - Sí, porque al narciso no le basta con ser “bueno”. Necesita ser “mejor que”. Y eso, al final, implica violencia, porque siempre acaba necesitando chivos expiatorios y se junta con otras personas que odian a la misma gente que él. Y eso está en el origen de muchas formas de violencia que se dan hoy en la sociedad.

Sin embargo, en sus escritos sostiene que lo que denomina el narcisismo grandioso está en retroceso… - Sí y no. En efecto, creo que el gran narcisismo ha llegado a su apogeo…, pero no ha acabado. Los narcisos han cometido tantos excesos que ha empezado a haber ­reacciones, claro. Y hay que tener cuidado porque las reacciones pueden ser a su vez excesivas. Se estigmatiza a algunas personas en las redes sociales por hechos de hace 30 años que cuando ocurrieron no parecían tan graves. Aquí el problema es que algunas personas narcisistas crean que se ponen en valor por el mero hecho de denunciar a otras personas. En cualquier caso, esto va para largo, porque en el fondo a mucha gente le fascinan los grandes narcisos.

En algunos de sus escritos ha evocado el tema de la culpa como un ingrediente psicológico presente en las víctimas del acoso moral e incluso sexual. ¿Esto sigue siendo así o ha cambiado?. - Sigue siendo así. La culpa es uno de los elementos de la psicología. En los casos de acoso moral, de acoso sexual y de violencia psicológica, la violencia ejercida suele ser progresiva y sutil, de manera que la persona que la padece no está segura de casi nada. Ya sabe: “Quizá es culpa mía por no haber hecho lo que debía”, “Si no hubiera dicho esto, no habría pasado aquello”… Y al final, lo que ocurre en esos casos es que la víctima acaba siendo cómplice involuntaria de aquello que le ha pasado. Es una gran trampa.

Antes hablaba de las redes sociales y de la violencia verbal que algunos ejercen en ellas. ¿Cree que los innegables efectos positivos de las redes compensan los progresivamente negativos? ¿Qué opina de todo esto?. - Que no hay vuelta atrás. Las nuevas tecnologías han cambiado la forma de comunicarnos. Las redes sociales no deberían ser algo malo porque permiten comunicarse con alguien al otro extremo del mundo y crear comunidades de personas…, pero en la práctica nos están invadiendo, están devorando nuestro tiempo, están…

Están creando adicciones. - Efectivamente, el problema empieza con la adicción. Pero la cosa va más lejos, y de esto hablé en mi libro Las nuevas soledades: cada vez hay más personas que no tienen ninguna sexualidad salvo la virtual. Esto empezó en Japón, pero ahora los psicólogos británicos están preocupadísimos: muchos jóvenes ya no tienen sexualidad física. Tienen una sexualidad compulsiva por Internet, pero el intercambio amoroso y sexual, cada vez menos.

Al final, practicar sexo es comunicación y no hacerlo es incomunicación, ¿no?. - Eso es, el intercambio deja de producirse poco a poco.

A lo peor se puede comparar eso con la progresiva reticencia juvenil en hablar por teléfono. Casi todo lo cuentan por escrito con sus smartphones con dibujitos o mensajes con faltas de ortografía… - Casi no hablan. Pero no me refiero solo a los jóvenes, ¿eh?, yo tengo pacientes que casi no interactúan con nadie, salvo cuando van a la panadería a por una baguette o cuando vienen aquí, a la consulta, cuando ya no pueden más. El resto del tiempo no ven a nadie. Conozco a una chica que va a la Facultad, se está preparando para ser profesora. Va a clase y solo responde cuando le preguntan. No tiene vida social. No va a bares. No va a restaurantes. Se puede pasar una semana sin hablar con nadie. Yo recibo a padres y madres preocupados porque sus hijos no salen de su habitación en una semana. No van a clase. Están todo el día conectados a Internet. Eso no es vida.

Esa soledad elegida del sexo virtual, los juguetes eróticos, el no salir de casa, el no hablar…, ¿tienen que ver con el narcisismo?. - Sí tienen relación. Yo creo que sobre todo tienen relación con el hiperindividualismo. Nuestra sociedad ha cambiado por completo. Muchas personas están como separadas de ellas mismas. Antes había obligaciones sociales, compromisos colectivos, prohibiciones, las familias, toda una serie de estructuras y corsés sociales que hacían de la sociedad algo totalmente formateado. De ahí salían individuos neuróticos. Pero hoy los psicólogos y los psiquiatras ya casi no recibimos a pacientes neuróticos. Sí recibimos a muchos pacientes con trastornos de la personalidad narcisistas. La gente ya no viene para hablar de sus conflictos intrapsíquicos —­papá, mamá, mi complejo de Edipo, etcétera— porque no les interesa. Vienen para que los repares y los dejes todavía más competentes, más eficaces. “Tengo una entrevista de trabajo, deme algo para estar fuerte”. “Mi relación va regular, deme algo para tener erecciones y que ella crea que la cosa me interesa”.

Usted ha hablado del concepto “vida secuencial”, referida tanto a lo laboral como a la convivencia en pareja. ¿A eso se refiere cuando habla de que los jóvenes solo aspiran a ir cambiando de trabajos y de pareja?. - Sí, ¿y eso es malo o es bueno? Pues no está claro. En otras épocas, la gente se quedaba toda la vida en el mismo trabajo, y eso no era necesariamente positivo. Los jóvenes hoy cambian rápido de trabajo y cada vez quieren ser más independientes, pero esto es una ilusión. En el mundo laboral se sufre cada vez más, cada vez está todo más regulado y a la vez más fragmentado. Y como se producen tantos casos de acoso, cada vez hay más normas en las empresas… ¿Adónde llegará todo esto?.

¿Y en el ámbito de la pareja?. - Pues está ocurriendo algo, algo que supone un gran cambio sobre todo en el mundo de la mujer. Muchas mujeres se han vuelto muy exigentes. Y cuando la relación no va como se esperaba, en lugar de intentar repararla, se ponen a zapear y acuden a las redes sociales para buscar a otra persona. Esto ahora mismo les está pasando más a las mujeres que a los hombres. Yo tengo pacientes que actúan así.


miércoles, 3 de junio de 2020

¿En qué consiste el síndrome de la cabaña?

DR. PABLO IGLESIAS RODRÍGUEZ    |   TOPDOCTORS   |   02/06/2020

Editado por: NICOLE MÁRQUEZ

¿En qué consiste el síndrome de la cabaña?.-El síndrome de la cabaña es un tipo de fobia que se produce por estar encerrado en un lugar de manera obligada y considerar la persona este sitio como lugar seguro.

Es un término que se está escuchando mucho en los últimos días y que es debido al confinamiento por la pandemia producida por el COVID-19. Este trastorno de ansiedad, el síndrome de la cabaña, es un estado anímico mental y emocional que se ha observado en personas que han pasado un tiempo determinado en reclusión obligatoria.

El problema y los síntomas aparecen cuando la persona tiene que volver a salir y enfrentarse a la situación exterior.

 ¿Por qué con el coronavirus van a producirse casos con este síndrome?.-En nuestro caso, el confinamiento de más de 6 semanas de duración, va a producir en muchas personas diferentes cambios en su estado de salud mental.

Durante este proceso de confinamiento hemos sido bombardeados por información noticias, peligros, datos de muertes fallecidos y enfermedades que se producían por estar exactamente fuera de nuestro sitio o lugar seguro.

Este confinamiento forzoso ha llevado a desarrollar un miedo a lo exterior, miedo a contagiarse miedo a que nos pase algo miedo e inseguridad.

Durante 6 semanas hemos estado escuchando cómo la gente que se contagiaba corría grave peligro ingresos y cifras de fallecimientos.
¿Cuándo aparecen los síntomas del síndrome de la cabaña?.- Una vez nos indican que podemos abandonar el domicilio de manera prudente, muchas personas comenzarán a presentar ansiedad, miedo y labilidad afectiva marcada por la inseguridad que le produce salir de su casa (la cabaña).

El síndrome de la cabaña no es lo mismo que la agorafobia y tampoco es una enfermedad en sí. El síndrome de la cabaña se produce después de estar en un estado en cerrado de manera obligatoria.
¿Cuáles son los síntomas del síndrome de la cabaña?.-Los síntomas que pueden presentar las personas ocurren justo después de que se produce la posible libertad:
  • Miedo a salir
  • Palpitaciones
  • Pánico
  • Sudoración
  • Temblores
  • Deseo de no querer volver a salir nunca más
  • Permanecer en el domicilio como lugar seguro
Todos estos síntomas son compatibles con cualquier trastorno de ansiedad como la sudoración en las manos, el corazón más rápido y miedo e inseguridad junto con ansiedad anticipatoria.

Este síndrome se puede presentar también en otras situaciones o circunstancias como en personas que se encuentran recluidos en su domicilio por una enfermedad.
¿Qué personas son más propensas a padecer el síndrome?.- Los rasgos característicos de las personas que pueden desarrollar este síndrome son muy variados; desde personas con ansiedad premórbida, es decir, antes del confinamiento, personas con dificultades para relacionarse a nivel social y también en personas con rasgos y con tendencia a la procrastinación. Si bien estos últimos, aún cumpliendo criterios, no se diagnostica un síndrome de la cabaña.
Este síndrome abarca a las personas tanto de edad avanzada como jóvenes y niños. En los menores, la familia, con el afán de que entiendan el problema por el motivo que “no salimos a jugar”, llegamos a crearles un miedo y una ansiedad producida por el virus o “bicho”, que se encuentra en la calle y que es malo. Esto producirá un rechazo en el menor a querer salir del domicilio incluso acompañado.
¿Cómo se trata este síndrome?.- El síndrome de la cabaña en este caso siempre tendrá un abordaje psicoterapéutico. Tenemos que intentar que no se produzcan conductas evitativas que posterguen o retrasen en el comienzo de la salida del domicilio, tanto en adultos como en menores.
El tratamiento tiene que ser como cualquier fobia, de manera progresiva. No hay que obligar a la persona a que salga de casa. Se tienen que fijar objetivos el día anterior a la salida cómo: bajar al portal varias veces al día, desplazarse al día siguiente unos metros lejos del domicilio, todo ello sin forzar en ningún momento ni intentar alejarse más de lo planeado el día anterior.

La exposición es parte de esta terapia cognitivo conductual, es fundamental para poder desensibilizarse de los síntomas de ansiedad que aparecen el momento de enfrentarse al estímulo que produce la fobia.

En estas semanas tras el inicio de la famosa “desescalada” es el momento de abordar el síndrome de la cabaña para evitar una cronificación de esta ansiedad y respuesta fóbica a salir a la calle, porque si retrasamos y comenzamos con conductas evitativas, en unos meses pudiera realmente provocar un trastorno más grave cómo es el trastorno de agorafobia.

Desde el punto de vista psiquiátrico y psicológico es completamente normal que podamos padecer estos miedos al principio del desconocimiento, es completamente lógico que tengamos inseguridad pues la situación que nos rodea es problemática a nivel sanitario.Es razonable que nos dé temor, es prudente e inteligente sentirnos un poco inseguros al principio.

Por todo ello, no dude en consultar no tenga reparo en decir los miedos que está teniendo, pues todo es dentro de un marco normal y nunca creemos que se encuentra en un ambiente exagerado patológico.

El síndrome de la cabaña se suele resolver fácilmente si el confinamiento no ha sido mayor de 6 o 9 meses.


Los diferentes tratamientos de psicoterapia

DR. ENRIQUE GUERRA GÓMEZ    |   TOPDOCTORS   |   27/05/2020

Editado por: MARGARITA MARQUÈS

Existen muchas formas de definir la psicoterapia, pero generalmente se puede definir como una modalidad de tratamiento para trastornos psíquicos, orgánicos o psicosomáticos.

Mediante estos tratamientos, el profesional sanitario especialista en Psiquiatría tiene el objetivo de modificar pensamientos, sentimientos y conductas para mejorar así la relación del paciente consigo mismo y con el entorno.
Cómo se realizan los tratamientos de psicoterapia.- El método de tratamiento se realiza a través de la relación entre el terapeuta y el paciente, empleando la palabra y la acción.
Los diferentes tipos de psicoterapia.- Existen diferentes tipos de psicoterapia:
  • La psicoterapia implícita: Consiste en el apoyo a la persona del enfermo y allegados cualquiera que sea el tipo de enfermedad.
  • La psicoterapia explicita o reglada: Este tipo de psicoterapia es la que se programa para tratar determinados trastornos mentales y solamente es realizada por determinados profesionales sanitarios especialistas en este tratamiento.
¿Qué trastornos mentales se pueden tratar con la psicoterapia reglada?.- La psicoterapia reglada puede tratar gran parte de los trastornos mentales que figuran en las clasificaciones mundialmente reconocidas.
En unos casos, puede ser el único tratamiento, sobre todo, en trastornos adaptativos y algunos trastornos de la personalidad.
En cambio, en otros casos, se trata juntamente con el tratamiento farmacológico, que resulta imprescindible en trastornos como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, entre otros.
¿Qué médicos pueden hacer psicoterapia reglada?.- El médico que siempre puede hacer este tipo de terapia es el Psiquiatra. En algunos casos, también es posible que las realicen médicos de otras especialidades que han completado una formación específica en esta materia.
Diferencias entre el coaching y la psicoterapia.- Existen una serie de diferencias entre el coaching y la psicoterapia. El coaching hace referencia al entrenamiento en determinadas habilidades, como por ejemplo llevar un grupo empresarial o dar conferencias, se puede aplicar a sanos y enfermos. Sin embargo, cuando las habilidades están dificultadas por un trastorno psíquico, el tratamiento de trastorno corresponde al psicoterapeuta.
Cuándo comienzan a hacer efecto las psicoterapias.- En cualquier caso, depende de la modalidad de psicoterapia, aunque el efecto se puede percibir desde el inicio. Sin embargo, en la mayoría de los casos, se establece una media de 3 meses para que comience a aparecer una mejoría significativa.
¿Existe una modalidad de psicoterapia válida para cualquier trastorno mental?.- Cada tipo de psicoterapia está indicada para determinadas enfermedades psíquicas e incluso podría estar contraindicada en otras.
El psicoterapeuta no es experto en todos los tipos de psicoterapia.- Aunque el psicoterapeuta debe de conocer los fundamentos de todas las psicoterapias, no debe ser experto en todos los tipos que existen. El aprendizaje de cada psicoterapia es tan complejo y extenso, que solamente es posible ser experto en algunas modalidades específicas.
Tipos de psicoterapia útiles.- Las psicoterapias útiles son todas aquellas que han demostrado al menos efectividad clínica, es decir, mejoría de un número significativo de pacientes a lo largo del tiempo. Si además, tienen evidencia científica, es decir, están avaladas por estudios experimentales rigurosos, la utilidad es todavía mayor. En la actualidad, las psicoterapias con evidencia científica son aplicables solamente a determinados trastornos psíquicos.