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domingo, 31 de julio de 2022

7 consejos psicológicos para disfrutar de las vacaciones

Psicología y Psicoterapia Miguel Ángel     |       27/07/2022
Revisado por el equipo profesional de Psicología y Mente

Estos consejos te ayudarán a disfrutar al máximo de esos días para desconectar de la rutina.
 
Las vacaciones de verano son el período más esperado por buena parte de la población, el momento en el que hemos interiorizado que podremos disponer de varios días seguidos para desconectar de la rutina y del grueso de nuestras responsabilidades laborales. Sin embargo, el simple hecho de que nos guste disfrutar del periodo vacacional no significa que sepamos sacarle partido y exprimir sus posibilidades. De hecho, no son pocos quienes, sin darse cuenta, se autosabotean durante este momento del año, y tienen problemas para gozar de todos los beneficios que nos aporta ese tiempo libre.
 
Con el fin de aprovechar y disfrutar al máximo este período, es importante que conozcas varias estrategias de gestión de las emociones y rutinas psicológicamente saludables que te ayudarán a disfrutar de tus vacaciones y hacer que esos días no sean, simplemente, un alivio por la falta de obligaciones profesionales.
 
Recomendaciones psicológicas para disfrutar de tus vacaciones
 
Estos son varios consejos generales y recomendaciones que, desde el punto de vista de la Psicología, te ayudarán a sacarle partido a las vacaciones.
 
1. Mantener un horario
 
Tener un horario más o menos estructurado durante las semanas de vacaciones actúa como un mecanismo de control psicológico para evitar que malgastes tu tiempo.
 
Tener muchas horas de tiempo libre en el que todo queda a la improvisación puede resultar beneficioso en un primer momento, pero a la larga termina siendo agobiante si se repite demasiado, porque nos expone a muchas situaciones en las que debemos decidir qué hacer y sentimos la presión de tener que evaluar todo el rato nuestras decisiones.
 
Es por eso que debemos planificar de antemano un cierto horario diario para saber en cualquier momento las actividades que podemos realizar. De otro modo, la falta de estructura de la jornada hará que caigamos siempre en el mismo tipo de formas de entretenimiento “por defecto” que a largo plazo resulta poco satisfactorio: picar entre horas, revisar una y otra vez nuestras redes sociales, etc.
 
Así evitaremos al máximo un estilo de vida sedentario, nos alejaremos de un excesivo consumo de televisión o de otros dispositivos que nos aportan poco, y seremos capaces de realizar otras actividades significativas y enriquecedoras durante el día.
 
2. Mantener una vida social activa
 
Con el objetivo de evitar una vida social demasiado sedentaria y pasar muchas horas solos en casa descansando, resulta de gran importancia que mantengamos activa nuestra vida social, tanto con amigos como con el entorno familiar. Esto pasa por compartir momentos de comunicación activa y significativa, aprovechando que seguramente todos tendréis una mayor disponibilidad si vuestro periodo vacacional coincide.
 
Mantener la vida social activa significa dedicar tiempo a quedar con nuestros seres queridos, saliendo a tomar algo, realizando alguna actividad cultural conjunta o bien yendo de excursión durante el fin de semana con aquellos que nos alegran la vida.
 
3. Buscar tiempo para uno mismo
 
Como hemos visto, durante el período vacacional es importante pasar el tiempo con amigos y familiares para descansar, cargar pilas y disfrutar de su compañía; no obstante, también es igual de necesario encontrar tiempo para nosotros mismos, y no sentirnos culpables por el hecho de querer estar solos a veces.

Estos momentos de introspección son necesarios no solo para relajarnos, sino también para reformular nuestras prioridades y motivaciones y establecer planes a largo plazo, idear proyectos ilusionantes, y otras actividades que se nos pueden resistir cuando el trabajo del día a día se nos acumula y no podemos salir de la inercia del horario laboral.
 
La clave del éxito en el descanso vacacional radica en saber encontrar el equilibrio entre las actividades y las horas pasadas en familias o amigos y el tiempo que dedicamos a descansar nosotros mismos realizando aquellas actividades que más nos llenan.
 
4. Restringir el uso de redes sociales
 
Las vacaciones nos ayudan a descansar durante varios días y a relajarnos, pero también pueden ocasionar un aumento en las horas en las que estamos conectados a las redes sociales de todo tipo.
 
De todos es sabido que las redes sociales pueden tener un impacto muy negativo en los usuarios que están demasiadas horas conectadas a ellos, e incluso pueden generar adicción. Por eso, es recomendable plantearnos fases de “desintoxicación” digital que nos permitan pensar más allá del bombardeo masivo de estímulos al que nos someten plataformas como Facebook, Instagram, etc.
 
5. Explorar nuevas experiencias
 
Explorar nuevas experiencias durante el período de vacaciones significa hacer todo aquello que no podemos o que no tenemos tiempo de hacer durante el resto del año.
 
Las vacaciones nos permiten desconectar y explorar nuevos lugares y vivencias, algo que podemos lograr visitando lugares desconocidos de nuestra propia ciudad o provincia, haciendo excursiones en la naturaleza o bien viajando a poblaciones nuevas con encanto.
 
6. Evitar comparaciones
 
Para ser felices en la vida, lo mejor es evitar compararnos con otras personas y evitar dejarnos arrastrar por las presiones y convenciones sociales que establecen que unas vacaciones deben implicar un gran dispendio de dinero en viajes exóticos.
 
En este período de vacaciones debemos realizar aquellas actividades que nos llenen de verdad y que nos hagan felices, huyendo de convencionalismos sociales y sin compararnos con las personas de nuestro entorno o con influencers y celebridades.
 
7. Acudir a un psicólogo en caso de ser necesario
 
Es importante tener en cuenta que cuidar nuestra salud mental en verano es una opción tan válida y recomendable como cualquier otra, y nos permitirá superar aquellos obstáculos, problemas o alteraciones psicológicas que nos impidan vivir nuestra vida con normalidad. Además, la modalidad de la terapia online permite no interrumpir el proceso psicoterapéutico incluso si viajamos a otros países.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Psicofármacos y Psicoterapias: se trata de tratamientos excluyentes

DR. ENRIQUE GUERRA GÓMEZ     |    TOPDOCTORS    25/08/2021 
Editado por: ALICIA ARÉVALO
 
Con cierta frecuencia se ve en internet como algunos profesionales de Salud Mental promocionan los fármacos “en lugar de la psicoterapia” o al revés (esto último es quizás más frecuente), para una serie de trastornos mentales.
 
 
La realidad es que en muchos trastornos mentales son necesarios ambos tratamientos; bien sea de forma simultánea o secuencial, es decir, comenzando primero por uno de ellos y añadiendo el otro.
 
En este articulo vamos a tratar de clarificar las Indicaciones en los trastornos mentales más frecuentes, teniendo en cuenta que a la hora de hablar de Psicoterapia, no nos referimos a la psicoterapia implícita en el acto sanitario, en el que se trata de apoyar al paciente y la familia, ya que esta modalidad de  terapia la requieren todos los trastornos mentales y algunos de tipo orgánico; sino de la psicoterapia explicita, que tiene por objetivo tratar el “núcleo” del trastorno, ya sea  a través de  modificaciones en la forma de ser de la persona (pensamientos, sentimientos actitudes conductas, etc.) o/y la relación con el entorno para una adecuada adaptación. Tampoco incluiríamos aquí las psicoterapias que tienen como objetivo trabajar la conciencia de enfermedad y/o la adherencia a los tratamientos psicofarmacológicos, como por ejemplo la fase maníaca del Trastorno Bipolar.
 

Por último, nos ceñiremos, en este artículo, a la etapa adulta y dividiremos en aras de una mayor claridad expositiva, los trastornos de la forma siguiente:
 
  • Parte I -TRASTRONOS MENTALES QUE REQUIEREN DE FORMA PREFERENTE (a veces exclusiva): LOS PSICOFARMACOS
  • Parte II -TRASTORNOS MENTALES QUE REQUIEREN DE FORMA PREFERENTE (a veces exclusiva): LA PSICOTERAPIA
  • Parte III -TRASTRONOS MENTALES QUE REQUIEREN (siempre o casi siempre): EL TRATAMIENTO COMBINADO 
Trastornos mentales que requiere de forma preferente los psicofármacos

 -     Fase maníaca del trastorno bipolar: el origen de la fase maniaca es biológico en un altísimo porcentaje, es decir, no está relacionado ni con factores de personalidad, ni con situaciones psicosociales, en términos de la psicopatología clásica se considera “endógeno”, por lo que el tratamiento fundamental es biológico (antipsicóticos y estabilizadores del ánimo).

 -        Depresión mayor con melancolía (endógena): al igual que sucede con la fase              maniaca del trastorno bipolar, la llamada antes Depresión Endógena, en la actualidad es una variante de la Depresión Mayor, que se especifica con “características melancólicas”. Se caracteriza por:
 
-        Pérdida de placer en todas o casi todas las actividades.
 
-        Falta de reactividad a estímulos placenteros (nosotros añadiríamos también displacenteros, es decir, si   en la evolución del cuadro, al paciente le viene una desgracia, no suele aumentar la tristeza que ya se padece).
 
-        Se añaden síntomas como tristeza “localizada” en una parte del cuerpo, empeoramiento matutino, insomnio tardío, pérdida de peso notoria, culpa inapropiada o excesiva y agitación o retraso psicomotor importante.
 
Todo ello denota que este cuadro dentro del espectro de las depresiones, apenas está derivado de factores externos.

      Trastornos neurocognitivos mayores: destacan aquí las demencias, bien sea por atrofia cerebral, de tipo vascular, traumático, infeccioso etc.

 En estos trastornos, las causas son de tipo orgánico y no psicosocial; por lo que el tratamiento será   biológico; bien abordando la afección orgánica, las alteraciones cerebrales secundarias (excepto en   los casos de atrofia que serían primarias); o lo que es más común ambas cosas.
 
Trastornos mentales que requiere de forma preferente la psicoterapia

 -     Trastornos de personalidad (TP): Es el ejemplo más genuino, el tratamiento nuclear de los trastornos de Personalidad no es biológico, ya que no existe ninguna terapia de este tipo que modifique en profundidad la forma de ser.
 
Cierto es que en el caso del trastorno de personalidad lÍmite diversas investigaciones apuntan a que esta enfermedad, se saque del grupo Trastornos de Personalidad constituyendo una categoría nueva; pero a día de hoy las clasificaciones más actuales lo mantienen.
 
La práctica diaria denota que tanto el trastorno límite de personalidad como otros trastornos de personalidad reciben tratamientos farmacológicos; estos tienen como función tratar las Complicaciones de los trastornos de personalidad sean en forma de síntomas graves, como descontrol de impulsos o de otros trastornos psiquiátricos, como Depresión Mayor, trastorno de Ansiedad, Psicosis Reactiva Breve, etc.
 
Este punto es de gran importancia a la hora de clarificar al paciente y allegados que los fármacos tienen como objetivo mitigar los síntomas, pero no actúan sobre la forma de ser básica (para ello están los diferentes tipos de psicoterapia); esto evitaría expectativas poco realistas, al menos a día de hoy de que un psicofármaco modifique en profundidad la personalidad.
 
-     Trastornos de estrés y adaptación: en estos casos el tratamiento es de tipo psicoterapéutico, es decir, ayudar a la persona a encontrar estrategias, bien sea para que las causas externas dejen de influir o como sucede en muchos casos, si esto no es posible, tratar de adaptarse de la forma más “sana” posible a la situación desencadenante.
 
Al igual que en el apartado anterior si aparecen síntomas significativos y /o otros trastornos mentales secundarios, la psicoterapia deberá acompañarse, durante un tiempo limitado por los psicofármacos.
 
Trastornos mentales que requieren el tratamiento combinado

-     Espectro de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos: estos constituyen el ejemplo más genuino en el que es necesario el tratamiento Biológico Psicológico y Social. Según el tipo de trastorno (Trastorno Delirante, Esquizofrenia, Trastorno Esquizoafectivo, etc.); y el momento evolutivo un tipo de tratamiento tendrá más preponderancia que los otros, pero a la postre todos ellos serán necesarios.
 
-     Trastornos depresivos y de ansiedad:  En los Trastornos Depresivos excepto los endógenos la etiología es biopsicosocial y el tratamiento debe ir en consonancia con la multicausalidad; del mismo modo sucede en los Trastornos de Ansiedad y sus variantes (Agorafobia, fobia simple, fobia social etc.). Al igual que en apartados anteriores según el tipo de trastorno la gravedad y el periodo evolutivo un tratamiento tendrá mas preponderancia que los otros.
 
-     Trastorno obsesivo compulsivo y trastornos relacionados: las consideraciones expuestas par los trastornos depresivos y de ansiedad son de aplicación para el trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) y otros relacionados, como el Trastorno Dismórfico Corporal, trastorno de Acumulación, Tricotilomanía, etc. Si bien en el TOC hay psicofármacos Específicos, en los trastornos relacionados los fármacos son de carácter sintomático y no tan especifico.
 
CONCLUSIONES: El objeto es este articulo ha sido presentar los Trastornos psiquiátricos más frecuentes en los que se pudiese dar (o no) la disyuntiva psicofármacos /psicoterapia; por razones de espacio no ha sido posible abarcar otros. Aunque en principio este articulo va dirigido a usuarios en general, pacientes y/o familiares; no está de más promover una toma de conciencia a todos los profesionales de la Salud en General y la Salud Mental en particular; para que tratemos de evitar “confrontaciones” Psicofármacos –Psicoterapia, que podrían crear situaciones de incertidumbre, en quienes reciben tales terapias.


sábado, 12 de septiembre de 2020

Abulia: cuando falla la voluntad, las ganas, la motivación

VALERIA SABATER   |   La Mente es Maravillosa   |   17/07/2020

La abulia va más allá de la apatía y la falta de motivación. En gran parte de los casos, puede haber una depresión latente. En otros, alguna alteración cerebral que media en esa falta de energía y embotamiento emocional.

A veces la pereza resulta dolorosa. El mundo nos pesa en exceso y no solo falta el entusiasmo y la motivación, sino que además uno se siente incapaz de decidir ni hacer nada. Es otro tipo de cansancio, muy diferente al que podemos sentir tras un largo día de trabajo. La abulia surge sin necesidad de realizar esfuerzos y es, de hecho, un estado en el que cuesta hasta pensar.

Cuando alguien atraviesa un estado de estas características, es común que su entorno intente animarlo y sugerirle algo tan simple como «tómate unos días de descanso», «sal e intenta desconectar, anímate un poco». Sin embargo, nada de esto sirve, son parches inútiles ante esa realidad psicológica que no entiende ya qué es la alegría y que no encuentra tampoco, alivio al dormir 10 horas seguidas.

La abulia puede confundirse a veces con otras terminologías parecidas, como la anhedonia o la astenia. Es cierto que las tres orbitan muy cerca de los trastornos depresivos y, en ocasiones, pueden aparecer juntas, conformando un tridente muy desgastante. Sin embargo, cada una de ellas tienen particularidades propias.

Conozcamos por tanto el relieve de esta realidad que afecta a cientos de personas.

Abulia, la desmotivación patológica

Abulia significa literalmente ‘sin voluntad’. Por sí misma no configura un trastorno mental, se trata de un síntoma, de una dimensión que puede estar detrás de múltiples realidades clínicas. Y todas ellas de elevado sufrimiento. Desde un punto de vista médico, se concibe como una alteración de la motivación, la cual tiene su origen en muchos casos en una alteración neurológica.

Es cierto que todos podemos pasar por esas épocas en las que nada nos motiva y se pierden las ganas, la energía y la voluntad. Sin embargo, son casi siempre situaciones puntuales que no llegan a agravarse. Ahora bien, hay casos que van mucho más allá. Hay personas que llegan incluso a dejar de comunicarse, a mostrar un mutismo sumado a una necesidad evidente por aislarse de todos y todo. Son casos extremos. Porque la abulia entra también dentro de un espectro, es decir, hay quien muestra una sintomatología más leve y otros en cambio derivan en estados muy patológicos y dolorosos, tanto para el propio paciente como para el entorno. Conozcamos más datos.

¿Cuáles son los síntomas de la abulia?

La abulia no cursa únicamente con la apatía y las escasas ganas de cumplir con nuestras obligaciones. Es algo más profundo, persistente y hasta llamativo:

·        Falta de energía para llevar a cabo las tareas cotidianas.

·        Cansancio, falta de motivación, de iniciativa.

·        Movimientos motores lentos.

·        Falta de capacidad para reaccionar ante los estímulos.

·        Incapacidad para tomar decisiones, para responder a las demandas del entorno.

·        Indecisión.

·        Habla enlentecida, a la persona le cuesta incluso poder escuchar lo que le dicen.

·        Embotamiento emocional: se sienten muchas emociones, pero todas a la vez y eso causa           agotamiento.

·        Hay personas que acaban sin poder hablar, evidenciando mutismo.

Asimismo, cabe señalar que debemos tener especial cuidado con niños y ancianos. A menudo, podemos pensar que esa apatía y desmotivación se producen por la edad (por ser muy jóvenes o por ser muy mayores). La abulia está presente también en este sector poblacional y es importante saber qué la origina.

Causas detrás de la falta de voluntad

Hace unas décadas se pensaba que la abulia era una forma de retraso mental. Se daba por sentado que alguien, de pronto, podía presentar ese retroceso intelectual, emocional y motor en el que se evidenciaba una especie de involución psíquica. Afortunadamente, a día de hoy, comprendemos un poco más esta característica.

·     La abulia suele ser, por término medio, un síntoma de una depresión mayor.

·     Ahora bien, también puede ser un síntoma de un trastorno neurológico. Sufrir un accidente, un ictus o cualquier otra condición que afecte al cerebro, puede derivar en la aparición de la abulia.

·     Estudios como los llevados a cabo en la Universidad de Washington evidencian que una lesión en el cuerpo estriado o el núcleo talámico tienen como resultado esta característica.

·     Ocurre lo mismo si sufrimos cualquier alteración en los centros de la motivación y el movimiento como el área frontal del cerebro, los ganglios basales o el cingulado anterior.

·     Por otro lado, también es conveniente saber que la escopolamina (burundanga) cursa con estados de abulia, en los que la persona pierde por completo la propia voluntad.

 ¿Qué tratamiento existe para la abulia?

El tratamiento para la abulia partirá siempre del origen, el trastorno o la condición médica que origina ese estado. No es lo mismo tener un paciente que ha sufrido una lesión cerebral a raíz de un accidente, que tener a alguien con una depresión mayor.

Ahora bien, en gran parte de los casos se parte dando una respuesta farmacológica. Estudios, como los realizados por los doctores Daniel A. Drubach, M.D., Gabriel Zeilig, nos hablan de la utilidad de la carbidopa y la levodopa para tratar los síntomas de los pacientes con abulia. Estos medicamentos son efectivos porque mejoran la producción de dopamina y benefician al sistema nervioso central.        

Por otro lado, también es muy adecuada la terapia psicológica. En este caso, el objetivo estaría en dotar a los pacientes de herramientas para mejorar la motivación, cuidar de sus pensamientos, regular sus emociones e iniciar nuevas conductas para recuperar el control de su realidad.  

·      Asimismo, se han visto interesantes beneficios en las terapias físicas y deportivas, así como en la fisioterapia. Favorecer que la persona vuelva a moverse, que ponga en marcha su cuerpo mediante actividades sencillas, pero motivadoras, incrementa la producción de endorfinas y les permite tomar contacto de nuevo el plano físico.

       Para concluir, la abulia es un síntoma que no conviene dejar pasar. En caso de que el desánimo y la falta de voluntad sean persistentes y muy limitantes en alguien cercano, es necesario consultar con un profesional. Tengámoslo en cuenta.

 

miércoles, 3 de junio de 2020

Los diferentes tratamientos de psicoterapia

DR. ENRIQUE GUERRA GÓMEZ    |   TOPDOCTORS   |   27/05/2020

Editado por: MARGARITA MARQUÈS

Existen muchas formas de definir la psicoterapia, pero generalmente se puede definir como una modalidad de tratamiento para trastornos psíquicos, orgánicos o psicosomáticos.

Mediante estos tratamientos, el profesional sanitario especialista en Psiquiatría tiene el objetivo de modificar pensamientos, sentimientos y conductas para mejorar así la relación del paciente consigo mismo y con el entorno.
Cómo se realizan los tratamientos de psicoterapia.- El método de tratamiento se realiza a través de la relación entre el terapeuta y el paciente, empleando la palabra y la acción.
Los diferentes tipos de psicoterapia.- Existen diferentes tipos de psicoterapia:
  • La psicoterapia implícita: Consiste en el apoyo a la persona del enfermo y allegados cualquiera que sea el tipo de enfermedad.
  • La psicoterapia explicita o reglada: Este tipo de psicoterapia es la que se programa para tratar determinados trastornos mentales y solamente es realizada por determinados profesionales sanitarios especialistas en este tratamiento.
¿Qué trastornos mentales se pueden tratar con la psicoterapia reglada?.- La psicoterapia reglada puede tratar gran parte de los trastornos mentales que figuran en las clasificaciones mundialmente reconocidas.
En unos casos, puede ser el único tratamiento, sobre todo, en trastornos adaptativos y algunos trastornos de la personalidad.
En cambio, en otros casos, se trata juntamente con el tratamiento farmacológico, que resulta imprescindible en trastornos como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, entre otros.
¿Qué médicos pueden hacer psicoterapia reglada?.- El médico que siempre puede hacer este tipo de terapia es el Psiquiatra. En algunos casos, también es posible que las realicen médicos de otras especialidades que han completado una formación específica en esta materia.
Diferencias entre el coaching y la psicoterapia.- Existen una serie de diferencias entre el coaching y la psicoterapia. El coaching hace referencia al entrenamiento en determinadas habilidades, como por ejemplo llevar un grupo empresarial o dar conferencias, se puede aplicar a sanos y enfermos. Sin embargo, cuando las habilidades están dificultadas por un trastorno psíquico, el tratamiento de trastorno corresponde al psicoterapeuta.
Cuándo comienzan a hacer efecto las psicoterapias.- En cualquier caso, depende de la modalidad de psicoterapia, aunque el efecto se puede percibir desde el inicio. Sin embargo, en la mayoría de los casos, se establece una media de 3 meses para que comience a aparecer una mejoría significativa.
¿Existe una modalidad de psicoterapia válida para cualquier trastorno mental?.- Cada tipo de psicoterapia está indicada para determinadas enfermedades psíquicas e incluso podría estar contraindicada en otras.
El psicoterapeuta no es experto en todos los tipos de psicoterapia.- Aunque el psicoterapeuta debe de conocer los fundamentos de todas las psicoterapias, no debe ser experto en todos los tipos que existen. El aprendizaje de cada psicoterapia es tan complejo y extenso, que solamente es posible ser experto en algunas modalidades específicas.
Tipos de psicoterapia útiles.- Las psicoterapias útiles son todas aquellas que han demostrado al menos efectividad clínica, es decir, mejoría de un número significativo de pacientes a lo largo del tiempo. Si además, tienen evidencia científica, es decir, están avaladas por estudios experimentales rigurosos, la utilidad es todavía mayor. En la actualidad, las psicoterapias con evidencia científica son aplicables solamente a determinados trastornos psíquicos.

martes, 14 de abril de 2020

Terapia grupal para quienes ven morir a los ancianos en residencias: "Culpa, ira, rabia, frustación..." - Coronavirus

JUAN DIEGO QUESADA   |   Madrid    |    El País   |   09/04/2020

Los psicólogos de la clínica López Ibor trabajan las emociones con los cuidadores de los centros de mayores para amortiguar el síndrome de estrés postraumático tras más de 4.000 muertes por la Covid-19.

Residencia de ancianos en La Moraleja, Madrid. 14.30. Dos psicólogos de la clínica psiquiátrica López Ibor tienen enfrente, acomodados en sillas, a los trabajadores del centro. La sesión arranca con una arenga:

—Sois la primera línea de combate. Después vienen todas las demás. Sin embargo, no sentís ese agradecimiento que sí reciben otros servicios de salud.

—Estamos siendo atacados por la sociedad, responde uno de los trabajadores.

—Es una sensación que no hemos vivido antes y se lleva mal, añade otro.

Un tercero cava un poco más profundo:

—Te matas a trabajar. Después sales de aquí y oyes comentarios. Que si no estamos preparados, que si no estamos atendiendo a sus padres. Nos están atacando mucho desde fuera.

—¿Qué emociones sentís cuando os dicen eso?, insisten los psicólogos.

—Impotencia.

Los terapeutas piden que alce la mano quien no haya experimentado esa sensación desde que el virus fuera detectado hace un mes en las residencias.

Nadie lo hace. Sin embargo, una mujer toma la palabra:

—Yo tengo rabia, ira, frustración, pena, lástima. De todo.

El grupo se anima poco a poco. Otra mujer apunta:

—Siento tristeza por la gente que se está yendo. Porque les tenemos cariño y no puedes hacer nada. Luego llegas a casa y le das vueltas y vueltas. Por las noches no puedes dormir, añade la empleada.

La gente que “se está yendo”. No hay muertes en las residencias. Ese es un concepto tabú aquí. Los ancianos entran un día por la puerta y tarde o temprano “se van”. Ahora se van muchos a la vez. De golpe. Hombres y mujeres con los que han convivido durante años agonizan sin que ellos puedan hacer nada. Telefonean a la ambulancia y la ambulancia no viene. Los hospitales están saturados. Después avisan a la funeraria para que recoja el cadáver y también se demora. No hay suficientes hornos en la ciudad para quemar sus cuerpos. Esas imágenes no les dejan pegar ojo.

Algunos asienten. Sí, sí, exacto. Es lo mismo que les ocurre a ellos. Las noches se hacen largas. A veces amanece y todavía no han conciliado el sueño.

Ahora toca abordar un tema espinoso.

—¿Hay alguna emoción detrás de lo que no habéis podido hacer?

—Culpa.

Dice alguien en alto, muy convencido. Otros no están de acuerdo. Se genera una pequeña discusión. Los expertos aprovechan para indagar sobre esa asunción de responsabilidad:

—Es fácil caer en esa distorsión. Y verlo desde la culpa, de que sois responsables. Lleváis haciendo este trabajo durante muchos años y ahora ha pasado esto. La responsabilidad no puede caer encima de ese trabajador que sigue haciendo lo mismo de antes. La emoción de la culpa tenemos que sentirla, es normal que lo sintamos, pero si nos paramos a analizarla, toda esa culpa no tiene razón de ser.
Un trabajador de la residencia Orpea de La Moraleja (Madrid) durante la charla terapia, el martes. DAVID EXPÓSITO.

Lo que los psicólogos Ester Silva y Pedro Neira tienen ante sí es un grupo de trabajadores de las residencias Orpea golpeados por la pandemia. Cuidadores, sanitarios, limpiadores, bedeles, a los que nadie aplaude a las ocho de la tarde desde los balcones. Viven en “primera línea de combate”, pero pocos se lo reconocen como un mérito. A menudo, se enfrentan a la ira y la frustración de hijos que se despidieron de sus padres hace 30 días, cuando el Gobierno prohibió las visitas, y la próxima vez que se encontraron fue en un cementerio.

Madrid ha cifrado en 4.750 los ancianos que han muerto en los 710 centros de la Comunidad desde que estalló la crisis del coronavirus. 781 han sido registrados oficialmente como víctimas del Covid19, ya que a ellos sí se les había hecho el test. El resto presentaba síntomas, aunque no se les hizo. No había suficientes. Eso quiere decir que miles de familias han enterrado a los suyos con la sombra de la duda.

La magnitud del problema ha erosionado el estado emocional de los empleados de estos centros. Orpea, con 22 residencias en la capital y 49 en toda España, ha sido la primera empresa del sector en ofrecer ayuda psicológica a sus trabajadores. “Escuché decir a un médico del 12 de Octubre que esto era un 11-M continuo. Me pareció acertado. Todos los días los cuidadores se han enfrentado a una tragedia, con una vulnerabilidad increíble”, señala Neira, uno de los psicólogos que imparte la terapia.

Su compañera, Ester Silva, explica que están descubriendo que en los cuidadores existe una negación y un distanciamiento emocional respecto a lo vivido. En el momento en el que ponen nombre a sus verdaderos sentimientos comienzan a aflorar las emociones. En los primeros encuentros insisten mucho en la psicoeducación, en la manera en la que funcionan las emociones y lo importante que es sentirlas en plenitud, sin sustitutivos. Pasa por no temer el pedir ayuda ni creerse juzgados por la empresa o sus compañeros. “Muchos de ellos las reprimen a modo de mecanismo de defensa. No procesar el duelo puede derivar en un posible estrés postraumático”, añade Neira.

El psiquiatra Vicente Ezquerro no tiene ninguna duda de que muchos profesionales del sector sufrirán ese trastorno. “Que se te muera a mansalva gente con la que has establecido vínculos emocionales es muy duro. Se están enfrentando a situaciones de mucha angustia. Si ese estrés lo va a tener gente que está en su casa, imagina los que se han enfrentado a la muerte y al miedo cara a cara”, explica el doctor por teléfono.

Mientras se lleva a cabo la terapia de grupo en uno de los salones de la residencia, dos sanitarios aparcan la ambulancia en la puerta. Parece que no hay ni un momento de tregua. Los visitantes se protegen con los equipos de protección (EPI) y acceden al interior. Tienen la misión de recoger a uno de los ancianos que ha empeorado de salud, pero a los 20 minutos salen de allí de vacío. A última hora se ha cancelado el traslado.

Los psicólogos de la López Ibor a menudo se topan con profesionales que no terminan de asimilar lo vivido. En uno de los centros un grupo de trabajadores entró a la sesión entre risas. En el momento en el que se les preguntó por sus emociones les cambió el semblante. Esa disonancia también se hace presente en Orpea La Moraleja:

—¿Qué más habéis sentido?, pregunta Silva.

—¡Alegría!, responde uno.

Durante unos segundos, el grupo se queda en silencio.

Begoña, una auxiliar clínica, renunció al cuarto día de aceptar un trabajo en una residencia del centro de Madrid. La morgue, en el sótano del edificio, estaba saturada. Los cuerpos de los últimos en morir permanecían durante días en las habitaciones, ocultos bajo una sábana blanca. Dos ventiladores conectados trataban de disipar el olor, pero lo que hacían era esparcirlo por los pasillos. “No aguanté más. Presenté mi renuncia”, cuenta por teléfono.

En el lugar donde se celebra la terapia una mujer con alzheimer perdió a su marido de manera fulminante por el coronavirus. Se le cuenta lo que ha ocurrido, pero la señora lo olvida. Los trabajadores evitan informarle cada día para evitar un duelo diario, para ella y para ellos mismos. “Todo eso nos lo hemos comido nosotros solos”, resume Noelia Ortega, la directora del centro, de 42 años.

Pasan las tres de la tarde. La sesión de grupo está a punto de finalizar. Neira les propone cerrar los ojos un minuto para conectar con el sentimiento más profundo que alberguen en ese momento:

—¿Qué sentís?

—¡Hambre!, le contestan los trabajadores.

No hay tiempo para más.