sábado, 23 de enero de 2021

Oir o escuchar?. Diferencias que marcan: la escucha activa

 

LETICIA RODRIGO MUÑOZ     |     Blog Psicología Social   |    10/06/2019 

Te preguntarás a qué se debe este título. Me atrevo a decir que estarás pensando “¿Hay alguna diferencia entre oír y realizar la escucha activa? “.  Pues te adelanto que sí que la hay, pero muchas veces no nos damos cuenta.

¿Te ha pasado alguna vez que alguien te está contando algo y de repente notas como tu pensamiento se va hacia otro lado? Sin embargo, sigues oyendo su voz, ¿verdad? Tienes el sentido del oído en perfectas condiciones. 

Con este ejemplo podrás ver que no siempre prestamos la atención suficiente y necesaria para una buena capacidad de escucha.  La buena noticia es, que se puede entrenar.

INTRODUCCIÓN A LAS HABILIDADES SOCIALES

A lo largo de esta lectura comprobarás que la habilidad de escucha activa es una competencia que pertenece al cupo de las habilidades sociales y de la comunicación, y que junto a otras tan conocidas como la empatía, contribuyen a conseguir una buena interacción con otras personas. 

¿Qué es esto de las habilidades sociales? Las habilidades sociales son aquellas competencias que se entrenan para una mejor comunicación y comprensión, entre personas. Somos seres sociales y por ello el entrenamiento de éstas es imprescindible para nuestras vidas. 

Cuanto mayor sea nuestra competencia en este tipo de habilidades, nuestra relación con otras personas será mucho más fácil.

OIR VERSUS ESCUCHAR

En mi breve experiencia tanto laboral como personal, me he ido dando cuenta del gran bienestar que proporcionas a una persona logrando tan solo, que ésta se sienta realmente escuchada y comprendida.

Por norma general, estamos acostumbrados a vivir rápido. A no escuchar, sino oír. Aquí viene la valiosa distinción entre oír y escuchar.

·        OIR: Percibir una cosa por medio del sentido del oído

·        ESCUCHAR: prestar atención a lo que uno oye, lo que es lo mismo: recoger información proporcionada por otra persona

·        ESCUCHAR DE FORMA ACTIVA: Es una técnica de comunicación asertiva que consiste en saber escuchar con un alto grado de atención y participación, captando todos los aspectos del mensaje de la persona que lo emite (lenguaje verbal y no verbal, emociones…) Que proporciona un feedback o retroalimentación a la otra persona a modo de preguntas, parafraseo (entre otras), que le haga saber qué estás preocupándote por lo que te cuenta y que te interesa saber más.

 

EJEMPLOS

Retomando párrafos anteriores una de las cosas que más valoramos como ser humano es que nos escuchen y nos entiendan. Pero llevar esto a cabo no es tarea fácil y necesita entrenamiento.

Si has leído más artículos míos sabrás que me encanta poner ejemplos para favorecer una mejor comprensión de lo que quiero transmitir. ¡Ahí van!

·        Imagina que has tenido un día duro en el trabajo y llegas a casa y algún familiar te pregunta qué tal tu día. Bien… le respondes y de repente, mientras hablas, ves cómo está mirando fijamente la televisión. Te está oyendo porque a veces ves como la persona asiente, o contesta alguna cosa. La pregunta es ¿Te sientes escuchado? ¿Cómo te sientes?

·        Vamos ahora al lado opuesto. Llegas a casa, te preguntan y se sientan a tu lado mientras hablas, te miran a los ojos, respetan tu turno de palabra, te preguntan cosas acordes al tema tratado en la conversación, te transmiten un feedback o retroalimentación… ¿Mejor?

LA ESCUCHA ACTIVA: CONCLUSIONES

En numerosas ocasiones podemos percibir que una persona tan solo necesita sentirse escuchada. Las personas necesitamos ese apoyo social del que a veces carecemos.

Es fácil crearnos nuestros propios juicios cuando observamos a una persona, la primera impresión que se llama. Pero, ¿no sería más útil hablar con ella? ¿Escuchar su situación o sus inquietudes personales? ¿Preguntarles cómo se sienten y realmente escuchar e intentar comprender?

Cuando una persona carece de ese apoyo social, se siente incomprendida por el resto de personas o no se siente escuchada tiende a presentar diferentes conductas tanto físicas, emocionales o conductuales que pueden llegar a ser una gran problemática. 

Por ello, el utilizar la escucha activa (como complemento a otras estrategias) puede prevenir algunos de estos comportamientos o al menos reducir su frecuencia. Ya que como he dicho otras veces, está demostrado científicamente que la percepción de apoyo social que tenemos, nos proporciona mayor bienestar en todos los sentidos.  

La escucha activa, implica siempre intentar comprender el otro punto de vista y está muy ligada a la empatía, otra habilidad social fundamental para nuestras relaciones sociales y de la que en otro momento te hablaré. ¿Trabajamos la escucha activa? 

“Escuchar detenidamente te hace especial, pues casi nadie lo hace” - Ernest Hemingway

jueves, 21 de enero de 2021

El auto-sabotaje. ¿Qué es, de dónde viene, cómo nos afecta y cómo escapar de él?


SARA SARMIENTO     |     Madrid     |     Cepsim

   

Te conciencias para comer sano todos los días, para salir a correr por las mañanas o ir al gimnasio después del trabajo, te preparas para aprobar ese examen o para que esa relación de pareja sea ideal, para conseguir ese trabajo que mereces y cuando estás a punto de conseguirlo e incluso cuando ya lo tienes, sientes y haces algo que lo echa por tierraUna especie de angustia acompañada de indecisión, algo insoportable que al final hace que abandones los objetivos por los que luchas y sigas en la misma rutina de siempre, viviendo la misma vida, sin avanzar hacia donde sueñas. Esto es lo que se conoce como auto-sabotaje y comprende todas las acciones que hacemos para impedirnos alcanzar los objetivos que deseamos. Son las dudas sobre si nos lo merecemos o no, si lo queremos, si estamos preparados o seremos capaces, etc. Entre las conductas que nos alejan de nuestros sueños se encuentran: la procrastinación, las excusas, las justificaciones, la indecisión, la vergüenza, la duda, la culpa… En definitiva, a la hora de realizar tus deseos, te frenas, retiras o los boicoteas.

 

Aunque parezca que el autosabotaje nos aleja de la felicidad (y así es), en realidad tienen sus causas y su función. Vamos a saber más sobre él.

 

Formas de auto-sabotaje.

Entre las más comunes podemos encontrar:

·        Negar nuestros deseos y sentimientos

·        La comparación con las otras personas, sintiéndonos inferiores.

·        El sacrifico extremo sin escuchar nuestras necesidades internas.

·        El superyó o juez interno

·        La crítica y el perfeccionismo

·        Procrastinación y excusas

·        No saber establecer objetivos o dejar las cosas antes de terminarlas

·        El lenguaje negativo hacia nosotros mismos “no puedo”, “no es para mí”, “no me lo merezco”.

 

Causas del auto-sabotaje 

Su origen está en la infancia y/o en experiencias vitales estresantes y dolorosas, especialmente las relacionadas con nuestro narcisismo, valía y autoestima. El miedo que surge cuando vamos a conseguir un logro o la culpa por alcanzarlo se esconde en nuestro inconsciente, en un aprendizaje que hemos hecho para anticiparnos consecuencias peores o en los esquemas mentales con los que interpretamos la realidad y el mundo, pero sobre todo, a nosotros mismos.

Algunos ejemplos de causas del autosabotaje pueden ser: progenitores excesivamente críticos o perfeccionistas tanto con ellos mismos como con sus hijos; progenitores que no daban valor a los logros del infante; valores rígidos sobre el éxito, la humildad, el sacrificio o el poder; forzar demasiado las capacidades de los niños cuando aún no están suficientemente desarrolladas, pedirles más de lo que pueden dar hacer o ser; desvalorizar a la persona; expectativas muy altas; comparación y culpabilización por personas significativas; insultos; la identificación con padres que no se valoran a sí mismos o que no tienen objetivos, capacidades, etc.; sufrir bullying o acoso…

Si aprendemos que no somos capaces, que serlo o conseguirlo está mal, que mostrar nuestros logros es negativo o sentimos que avanzar es traicionar a nuestras familias o padres, entre otras ideas, entonces será muy fácil ser víctimas de nuestro propio crítico interno.

¿Qué es el crítico interno o Superyó?
 

El superyó, concepto desarrollado por Freud, es una estructura psíquica que surge al ser socializados: interiorizamos las normas y los valores para controlar nuestros impulsos y deseos y poder vivir en sociedad. Aunque el superyó es una parte valiosa porque nos ayuda a relacionarnos, controlarnos y vivir en sociedad, no siempre tiene por qué ser tan positivo. Algunas personas tienen “superyoes” críticos, severos, estrictos, punitivos e incluso, “odiadores” de la propia persona. El superyó es conocido en la psicología con otros nombres o derivados de esta estructura, así se pueden encontrar conceptos como padre interior, crítico interno, juez punitivo, etc., que nos hablarían de símiles o de características del primitivo pero actual superyó freudiano.

El tipo de mensaje que nos da, es decir, los pensamientos “superyoicos” que nos asaltan en la mente, son de este estilo: “deberías hacer esto y no aquello”, “debes mejorar”, “no eres capaz”, “no puedes”, etc. En múltiples ocasiones aparecen frente a estímulos presentes que nos recuerdan situaciones pasadas que salieron de manera negativa, por lo que sería como una alarma para prevenirnos de un fracaso o peligro evitando que volvamos a sufrir.

En otras es la interiorización de mensajes negativos que nos dieron personas importantes. La cuestión es que nuestro presente no es nuestro pasado, pero en el trauma y en el inconsciente no existe la temporalidad, y es por ello que cosas que nos pasaron en la infancia se siguen reviviendo como si fueran hoy mismo, aunque hayamos olvidado las causas que nos produjeron ese miedo o dolor y que ahora nos generan la alarma. 
Así que esta voz interna que nos quiere proteger en realidad lo que hace es frenarnos y autosabotearnos.

 

Cómo superar el autosabotaje

Como todo en psicología, deberás practicar para que tenga efecto. A veces, un mensaje dado en un momento concreto por una persona importante de nuestro presente, como un psicólogo o una pareja, puede liberarnos de las cargas del pasado, pero lo más aconsejable es empezar a cambiar nuestro día a día para salir del abismo del autosabotaje.

1.      Conoce tu mente: Aunque parece fácil no lo es, ya que nuestro juez interno funciona de manera automática y muchas veces se encuentra en el inconsciente. Un buen análisis de nuestro diálogo interno y sobretodo, de dónde proceden nuestros ideas sobre el mundo y nosotros mismos, a qué persona de nuestro inconsciente o pasado traicionamos si las cambiamos, etc., suele ser necesario para poder avanzar.

2.     Identifica a tu juez interno: sé consciente de esos mensajes que te das a ti mismo y te alejan del éxito y el crecimiento interior. No les hagas caso, recuerda que quieren protegerte de algo que ya no está en el presente.

3.     Establece tus deseos y ponlos en forma de objetivos específicos: ¿Qué quiero exactamente en mi vida y cuáles son los pasos para conseguirlo? Aunque al principio parece difícil, si un gran sueño se divide en pasos pequeños es mucho más factible llegar a él. Recuerda que el tiempo pasará de todas formas, así que mejor que pase consiguiendo lo que deseas. Ahora bien, tómate un tiempo para saber qué deseas tú, si estás en tu camino y no intentando cumplir lo que otros te impusieron.

4.     Deja de pensar, actúa más. El miedo, la culpa, las excusas y la crítica vendrán, llevas toda la vida viviendo con ellas. Deja de regodearte en ellas y simplemente, actúa.

5.     Pide consejo a quienes ya lo hicieron antes que tú: inspirarte en otras personas no es copiar, preguntar y ser ayudado no es fracasar. Otros ya vivieron este camino, confía en su criterio pero no te olvides de personalizar todo lo que te digan a lo que tú necesitas.

martes, 19 de enero de 2021

Autocompasión y victimismo, como diamante y carbón

EDITH SANCHEZ – Revisado por el psicólogo SERGIO DE DIOS GONZÁLEZ  | La Mente es Maravillosa    25/12/2020 

Mientras que la autocompasión es una forma sana de relacionarnos con nuestro mundo emocional, el victimismo es una forma de instrumentalizar el dolor que nos hace más débiles y frágiles.


Autocompasión y victimismo son, en principio, dos conceptos muy similares. Sin embargo, al profundizar en cada uno, está claro que resultan ser casi opuestos. Mientras que la autocompasión es una forma de sensibilización con lo propio, el victimismo es una impostura que busca manipular a los demás.

 

Es cierto que autocompasión y victimismo tienen en común el hecho de que son conductas dirigidas hacia uno mismo y que toman como contenido central el sufrimiento personal. Pese a ello, el propósito que busca cada uno de esos comportamientos es muy diferente.

 

Así mismo, en ambas hay un reconocimiento de la vulnerabilidad propia y el propósito de validar un sentimiento de carencia o fragilidad. Aun así, autocompasión y victimismo tienen efectos y consecuencias muy disímiles, tanto en quien las experimenta, como en su entorno.


Una persona victimista es como un barco a la deriva. Está expuesto al oleaje, al viento y a cualquier vicisitud del entorno. No tienen un timón para dirigir el barco, tampoco disponen de velas con las que dirigir el viento. Viven a expensas de que el mundo les trate bien”. – Laura Vélez 

La autocompasión, o sensibilización al dolor propio

la palabra compasión suele dársele un significado peyorativo. Se piensa que su función es la de minimizar al otro. Sin embargo, sentir pesar o pena por alguien, incluido uno mismo, se ve a veces como una señal de debilidad o claudicación. También se asocia con una conducta estrictamente pasiva.

 

Sin embargo, la autocompasión en esencia tiene que ver con reconocer el sufrimiento propio y solidarizarse con él. No se trata de “lamer las heridas” ni de “recrearse” en ellas, sino de aceptar que está presente alguna forma de dolor emocional, permitirnos experimentarlo y darnos tiempo para comprenderlo.

 

En realidad, la autocompasión es una forma en la que se expresa el amor propio. Implica respeto por uno mismo y preocupación activa por nuestro estado emocional. Aunque se trata de un proceso interno, no es pasivo, sino reflexivo y, por lo mismo, muy dinámico.

El victimismo, una impostura

El victimismo, por su parte, cumple un papel como cortina de humo. Mediante este tipo de conducta se busca evadir la responsabilidad personal frente al propio sufrimiento. No se quiere comprenderlo, sino usarlo para justificarse y, de paso, culpar a otros por el dolor que se siente.

 

Por eso se habla del victimismo como una impostura. Aunque el sufrimiento puede ser real, de todos modos, se le magnifica porque en algún punto se ha descubierto que este puede funcionar como añagaza, como sebo para obtener ganancias secundarias tales como la consideración ajena e incluso ciertos privilegios.

 

El victimismo también se utiliza como medio para sustentar o argumentar la persistencia en los errores. Es una actitud y una conducta en la que el dolor se convierte en pretexto incluso para hacer daño a otros. Igual, se le utiliza para evitar ser cuestionado y para demandar de otros un trato especial o privilegiado.

Autocompasión y victimismo

Como ves, autocompasión y victimismo tienen dos lógicas muy disímiles. La diferencia más relevante de ellas es que la primera constituye un sentimiento auténtico, mientras que el segundo constituye un artificio que se utiliza a conveniencia, aunque quien lo haga muchas veces no sea consciente de esto.

Otras diferencias entre autocompasión y victimismo son las siguientes:

·        La autocompasión promueve; el victimismo, estanca. La primera ayuda a comprender y evolucionar; el segundo se convierte en una estructura fija.

·        Reafirmación y falseamiento. La autocompasión lleva a reafirmar los propios sentimientos; el victimismo sobredimensiona o falsea el dolor propio.

·        Autenticidad y manipulación. La autocompasión nos lleva a ser más genuinos, más nosotros mismos; el victimismo es una actitud que se utiliza para manipular a otros.

·        Generosidad y egoísmo. El ser comprensivos con nuestro propio dolor nos lleva a comprender mejor el dolor de los demás y a ser más empáticos; el victimismo es una forma egoísta de abordar el sufrimiento. 

La resiliencia

Para convertir el sufrimiento en un aprendizaje y una oportunidad de crecimiento, es necesario entenderlo primero. La autocompasión nos ayuda en este proceso, siendo especialmente útil para enfrentar el dolor. Por contra, cuando ese proceso resulta fallido, se cae en el victimismo.

Por otro lado, también está esa actitud, tan de moda en el mundo actual, según la cual lo ideal es pasar por encima del dolor como si no estuviera ocurriendo nada. En este paradigma, fuerte sería aquel que es capaz de ignorar o minimizar su propio sufrimiento y puede seguir hacia adelante, sin mayor problema.

Esa aparente dureza no suele tener efectos constructivos. Tanto el sufrimiento como la felicidad son estados que deben experimentarse plenamente para que de verdad dejen una huella. No es posible desarrollar la resiliencia ignorando o dándole la espalda al dolor.

 

La compasión como terapia

La compasión es un valor frente al cual existen varios equívocos. Pese a esto, la ciencia comprobó que es una virtud generadora de bienestar.


domingo, 17 de enero de 2021

La gente va cada vez más al psicólogo, pero ¿cómo encontramos el adecuado?


SANDRA MORENO BAZÁN       |    El País     |     19/11/2020

Varios profesionales explican a qué hay que prestar atención si se necesita ayuda.

En sus 31 años, Adrián Cerdán ha pasado por la consulta de varios psicólogos. Este joven madrileño, que afirma haber sufrido acoso escolar y mucha presión psicológica en casa desde que era pequeño, ha padecido ataques de ansiedad, problemas para relacionarse y dificultades para aceptarse a sí mismo.

En su periplo por distintas consultas, ha vivido experiencias muy diversas. Recuerda que una psicóloga llegó a insinuar que podía estar inventándose esas situaciones a pesar de tener moratones en todo el cuerpo. No fue hasta 2013 cuando dio con una terapeuta con la que se sentía cómodo.

"La evolución fue tremenda, tuve un cambio radical. Comencé a salir de casa, encontré trabajo, acepté mi sexualidad y empecé a tener amigos y pareja. Estuve cinco años trabajando con ella hasta que me encontré plenamente recuperado", recuerda sobre su experiencia.

Hace un año, cuando se mudó a Asturias, Adrián requirió nuevamente los servicios de un especialista y volvió a tener una mala experiencia: "Cada vez que salía de la sesión me sentía peor que al entrar". Aunque desde el primer momento tuvo la sensación de que no le iba a servir, optó por darle un voto de confianza a la terapeuta. Pero no hubo manera. "Llegó a culpabilizarme por mis problemas y no leía bien mis informes médicos", lo que le llevó a pedir un cambio. 

Acudir al psicólogo está dejando de ser un tabú entre los jóvenes españoles, que van más al psicólogo que hace una década, pero elegir al adecuado no es tan sencillo. Después de tantas experiencias, Adrián lo tiene claro: lo más difícil a la hora de encontrar ayuda psicológica es dar con una persona con la que te sientas realmente a gusto. ¿Cómo llegar hasta un terapeuta con el que nos sintamos cómodos sin dar demasiados rodeos?.

Atención pública y privada

Adrián Cerdán ha acudido siempre a la sanidad pública cuando necesitaba atención psicológica. Tanto psicólogos como pacientes llevan años denunciando sus carencias, especialmente en lo que se refiere a personal.

El Defensor del Pueblo emprendió una investigación en 2018, cuyas conclusiones se conocieron en enero de 2020, que recomendaba al Gobierno y a las comunidades autónomas que estudiaran de manera "urgente" cómo mejorar la atención psicológica pública al constatar que "la ratio de psicólogos por habitante apenas había variado en la última década".

Según las cifras recopiladas por el Defensor del Pueblo, la sanidad pública española contaba aproximadamente con seis psicólogos por cada 100.000 habitantes en 2018, todavía lejos de los 18 psicólogos por cada 100.000 habitantes que constituía la media europea casi una década antes, en 2010.

La falta de profesionales en la atención pública, comparada con otros países de nuestro entorno, se traduce en listas de espera muy largas para recibir atención (hasta 121 días en la Comunidad de Madrid, por ejemplo), en que el tiempo dedicado a cada paciente sea breve y en que los plazos entre consultas sea más extenso que el requerido en algunos tratamientos.

Pero, sobre todo, los problemas en la atención pública pueden crear desigualdades para aquellos que no pueden costearse atención privada. La Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes (Anpir) calculaba recientemente que cerca de un 70% de los psicólogos prestan sus servicios en el sector privado. Una encuesta de MundoPsicólogos, por su parte, afirmaba que el precio medio de la atención psicológica privada en España era de 51 euros de media por sesión de una hora de duración.

Claves para escoger psicólogo

Sarah Belén Olarte, psicóloga y sexóloga especializada en género y terapia de pareja, creó recientemente junto con Tommy G. Norheim, psicólogo clínico y profesor en la Universidad Europea de Madrid, un hilo en Twitter sobre los detalles a tener en cuenta cuando se busca a un especialista. "Tommy y yo nos dimos cuenta de que animamos a la gente a ir a terapia pero no explicamos cómo hacerlo o cuáles son las pautas más importantes", relata Sarah Belén por teléfono.

Uno de los mejores consejos personales que puedo dar es ir a terapia psicológica.
Ahora, teniendo en cuenta el panorama, es inútil decirle a la gente que vaya a terapia sin que sepan cómo escoger una psicóloga.
A continuación, intentaremos esclarecer esto.

abro hilo

— Sarah Belén (@venusoncrack) September 20, 2020

Uno de los consejos de su hilo, por ejemplo, consiste en asegurarse de que el especialista tenga habilitación oficial y no ofrezca pseudoterapias, a veces llamadas "terapias alternativas", que son aquellas prácticas cuya efectividad no se ha demostrado científicamente.

Para prevenir a los posibles usuarios de estas prácticas, el Ministerio de Sanidad lanzó en 2019 la campaña #coNprueba, un plan de prevención que también incluye un amplio listado de las diferentes terapias no válidas con las que hay que tener cuidado por su falta de efectividad. 

En caso de necesitar ayuda terapéutica, es normal que busquemos el consejo de personas conocidas que ya hayan recurrido a ella. Sin embargo, otro de los consejos de Sarah y de Tommy es que tengamos en cuenta el boca a boca pero sin convertirlo en la única razón por la que escogemos a un profesional. Por tanto, desde su punto de vista, es necesario que complementemos la información de nuestros amigos con otros de los puntos que se mencionan en este artículo.

Otro de los aspectos más significativos del hilo de estos psicólogos es que la relación terapeuta-cliente siga unas características específicas. Sarah Belén recuerda que los clientes no deben esperar que los psicólogos se conviertan en amigos suyos. "A veces el psicólogo o psicóloga te dirá ciertas cosas que no te gusten sobre tus conductas, pero que tú eres incapaz de ver. Lo importante es que, a largo plazo, te ayudarán a darte cuenta del origen de estos problemas", afirma por teléfono. 

Por su parte, Claudia Pradas, psicóloga y divulgadora de salud mental en Tik Tok, también considera que la relación entre el profesional y el paciente es clave. "La relación terapéutica es más flexible de lo que explican en la carrera o el máster, pero a mi juicio hay dos líneas que no deben traspasarse. Por un lado, si publica tu información personal sin permiso, si te insulta o si no respeta tus decisiones. Pero también hay otras más sutiles, que no están reguladas por la ley, como cuando el terapeuta no te guía, te impone algo o incluso te castiga por no hacerlo", afirma la especialista. 

La situación personal

Cuando buscamos un psicólogo, no siempre sabemos cuáles son nuestras necesidades exactas. Pero Claudia Pradas considera útil que, en la medida de lo posible, nos informemos sobre cuál es nuestra situación.

"Por ejemplo, si necesitas ayuda sobre un problema concreto -ansiedad por exámenes, problemas de pareja o un duelo-, tienes que buscar a alguien especializado en estas áreas", afirma Pradas. En cambio, si el problema es un proceso terapéutico más largo -como la depresión o la ansiedad prolongada-, el objetivo es encontrar un profesional que te proporcione herramientas y te ayude a ir más allá del síntoma actual, según explica la especialista.

También puede darse el caso de que requiramos terapeutas formados en un campo específico, como la perspectiva de género, LGTBI+ o racial. "Por ejemplo, la mayoría de las personas que sufren un trastorno de conducta alimentaria son mujeres, y ahí hay un sesgo de género", concreta Pradas. 

Las terapias a domicilio también facilitan la atención de los pacientes que, ya sea por razones físicas o psicológicas -problemas de movilidad o agorafobia- o logísticas y de comodidad -tener personas a cargo o falta de tiempo-, tienen necesidades particulares. 

La doctora Natalia Zaira Pedrajas, psicóloga y fundadora de la plataforma Apoyo Psicológico en Casa, ha comprobado que "no es solo interesante para la persona sino también para el terapeuta, porque le aporta un contexto nuevo de trabajo. Resolver los problemas desde el propio entorno hace que el tratamiento tenga más efectividad". Según explica, el domicilio puede reflejar la personalidad del paciente en ese momento y ayuda a ver cosas que quizás no te dicen durante la sesión. 

Por suerte, en la actualidad es más fácil buscar el nombre de terapeutas especializados y que se adapten a nuestras necesidades gracias a las herramientas que ofrece Internet: "Ahora existen páginas donde los pacientes puedan informarse de nuestro método de trabajo", afirma Pradas.

¿Y si no funciona?

Tanto Pradas como Pedrajas consideran que, con el paso de las sesiones, es importante que los pacientes se sientan cómodos con sus terapeutas. "Si la conexión no se da, si empiezas a sentir que pierdes el dinero, que no te está escuchando o que lo que te dice no cuadra contigo lo más interesante es abandonar la terapia", afirma la doctora Pedrajas. 

Aunque los prejuicios sobre la salud mental se han ido diluyendo poco a poco y las generaciones más jóvenes los han ido normalizando, la atención psicológica afronta un auténtico reto para ponerse a la altura de los cambios sociales. "Me parece muy importante que los profesionales vayan evolucionando con el mundo, porque si no serán incapaces de ofrecer ayuda a esas personas", concluye Adrián Cerdán.