ROCÍO NAVARRO MACÍAS | La Vanguardia |
06/02/2021
Según el Dalai Lama, para ser feliz hay que practicar la compasión.
Franklin D. Roosevelt dijo que la felicidad reside en la alegría de los logros
y la emoción del esfuerzo creativo. Ghandi sostenía que la felicidad se alcanza
cuando lo que piensas, dices y haces están en armonía.
Aunque se trata de una emoción agradable a la que todo los seres humanos
aspiran, fomentar su aparición resulta también desafiante. “Todos queremos ser
felices y estar bien sin haber definido previamente qué es la felicidad y el
bienestar para cada uno de nosotros y para la sociedad en general. Esto va a
dificultar que logremos alcanzar el objetivo”, indica Lecina Fernández,
psicóloga clínica.
Y no es el único obstáculo para intentar asentar el bienestar, más allá de
las circunstancias, y que la felicidad destaque en nuestro espectro emocional.
¿Es lo mismo felicidad que
bienestar?
Aspirar
a ser feliz de forma constante es un imposible. “La felicidad es una emoción
básica, la tenemos y compartimos todos los seres humanos. Se gestiona junto con
las otras emociones como la ira, sorpresa, el miedo…”, explica Irene López,
psicóloga y autora del libro Los 10 obstáculos que te impiden ser feliz (Alienta
Editorial, 2021).
En un marco más amplio se encuentra el bienestar, que está incluso relacionado
con la salud. Según la OMS, la salud es un estado de completo bienestar físico,
mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. “Se
trata de un concepto global y general, realmente deberíamos emplear esta
palabra en lugar de felicidad. Su búsqueda se corresponde con la correcta
gestión de los estados emocionales, buenos y malos. Por lo que la felicidad
sería solo una parte del bienestar. Coloquialmente o socialmente se interpretan
como sinónimos. La felicidad es un estado, el bienestar sería la meta”, detalla
López.
Aclarado el concepto, existen creencias de las que todo el mundo habla y
que se interponen de forma evidente en alcanzar un estado de bienestar a nivel
individual. Estas son las más comunes:
Los obstáculos
1. Empeñarse en ser feliz
Obcecarse en conseguir la felicidad puede ser uno de los obstáculos más
evidentes para alcanzarla. Así lo manifestaba la actriz Bette Davis: “Descubrí
que una forma segura de perder la felicidad es quererla a expensas de todo lo
demás”.
Este hecho está relacionado con el anhelo. “Tanto la felicidad como el
bienestar anhelan constantemente un paso más del que ya han alcanzado. Esto
favorece la infelicidad y el malestar, e impide disfrutar de la felicidad y
bienestar logrado”, comenta Lecina Fernández.
Más allá del deseo, la experiencia vital está ligada de forma inherente a
otros aspectos menos agradables, como el dolor o el malestar. “Vivir supone
afrontar situaciones personales y las circunstancias del entorno. Es un desafío
constante, que provoca estrés, ya sea positivo (como exigencias de logros de
ser buen padre o madre, de ascenso laboral,…) o negativo (comentarios
negativos, juicios tóxicos,…), dañando nuestra salud mental, física y social”,
añade la psicóloga clínica, que invita a identificar dicho estrés, entender
cómo funciona y aprender técnicas para gestionarlo.
Entre ellas aconseja mantener el equilibrio entre la mente, el cuerpo y el
espíritu, o yuxtaponer emociones. “Aunque estemos sintiendo emociones
negativas, si nos esforzamos en buscar y sentir emociones positivas estas nos
ayudarán a regular las negativas, a enfrentarnos a situaciones adversas, a
elegir y usar habilidades y estrategias de afrontamiento para superar
situaciones”, cuenta Fernández en su libro Ilusión Positiva. Una herramienta
casi mágica para construir tu vida (Desclée de Brouwer, 2017).
2. Frustarse continuamente
Ver las metas personales truncadas es algo habitual, y cuando las cosas no
salen según esperábamos aparece la frustración. Esta respuesta emocional,
asociada con estados desagradables como la vulnerabilidad o el enfado, se ha
visto alimentada por la pandemia. “Hay que transmitir que la frustración forma
parte de la conducta emocional de las personas. En el momento que una persona
vive, existe la probabilidad de frustrarse ante una tarea difícil, una
carencia, un obstáculo, una decepción,… y todo eso forma parte de la vida
cotidiana”, señala Fernández.
El mayor problema de la frustración es su baja tolerancia, algo que ha
aumentado en las últimas décadas y puede provocar una sensación crónica de este
aspecto. “Parece que el desarrollo de la sociedad y su constante conducta de
consumismo, unido al creciente individualismo y a la adicción o necesidad
constante de felicidad (debido a una psicología
positiva mal entendida), ha desencadenado en una baja tolerancia a la
frustración en las personas”, continúa.
Respecto a la frustración, además de evitar dejarse arrastrar por la
emoción (dando un paseo, haciendo ejercicio o simplemente respirando), López
propone la técnica de las cinco alternativas para aprender a manejarla.
Consiste en crear cinco vías alternativas para conseguir llegar a un
objetivo marcado. A cada una de ellas deben asociarse ventajas e
inconvenientes. “No existe una solución ideal, lo importante de esta técnica es
que ofrece un amplio abanico con ventajas e inconvenientes, y esto
facilita que, cuando el plan A no sale, tienes preparadas las alternativas, un
plan B, un plan C, un plan D, un plan E. Recuerda que abandonar el objetivo es
una de las alternativas”.
3. Vivir dominado por el deseo
En occidente, la aspiración a un trabajo mejor, una casa mejor o una vida
mejor es la tónica general en la sociedad. Intentar hacer las cosas
desarrollando todas las capacidades personales es una cosa, y otra vivir
gobernado por el deseo.
“Se habla de que las últimas generaciones han tenido las cosas antes de
haberlas deseado, mermando así, entre otras cosas, la libertad y la posibilidad
de proyección. Con esta forma de educar se fomenta un perfil de sociedad con
altos índices de vacío, malestar, ansiedad y depresión. Las personas están más
pendientes de lo que carecen que de lo que tienen, y el resultado es la
insatisfacción, la infelicidad y el malestar”, advierte Fernández.
La experta recomienda aplicar la educación en valores y la ilusión
positiva. “Es una poderosa herramienta psicológica para el crecimiento personal
y de entrenamiento para tolerar la frustración. Su éxito radica en que la
persona se esfuerza y arriesga, aunque no tiene el cien por cien de seguridad
ni garantía de que va a conseguir convertir la ilusión en realidad”, concluye
Fernández.
4. Confiar demasiado en la resiliencia
Mucho se habla de resiliencia en el
contexto actual. Se da por sentado que todos los individuos cuentan con una
capacidad de reacción ante la adversidad manifiesta, cuando en realidad esta
está determinada por diversos factores. De ahí, que cuando alguien no consigue
sobreponerse ante una determinada circunstancia en la forma fugaz que la
sociedad espera, pueden sobrevenir sentimientos de tristeza, frustración o
decepción con uno mismo.
“Es frustrante e irreal, no todo el mundo tenemos esa capacidad que nos
hacen creer, no todos podemos cambiar de la noche a la mañana al 200%, pero sí
podemos cambiar igual un 10%. Eso sería suficiente”, matiza López.
Según indica la autora,
conocer las limitaciones personales y evitar comparaciones puede ayudar a
sentar objetivos alcanzables. “Dar un giro de 360º es sumamente difícil y no lo
vamos a conseguir. Sin embargo, el giro de 30º igual sí es factible y, desde
él, pasar a 60º. Una vez que tengamos los 60º podemos seguir o decidir si
queremos ese giro y es suficiente para nosotros”, añade.
5. Procrastinar por sistema
Aunque el refrán invita a no dejar nada para mañana, es habitual hacerlo.
Es algo que le pasa a todo el mundo, sobre todo ante agendas desbordadas.
“Cuando las metas son muy altas y las vemos inalcanzables, entramos en un
estado de desesperanza y de falta de motivación. Por ende, procrastinamos,
dejamos para mañana, pasado o al mes siguiente toda esa ejecución de la
meta. El resultado, obviamente, vuelve a ser la frustración y, con ella, una
baja autoestima y el ánimo deprimido”, comparte López. Según indica la
psicóloga, la procrastinación en extremo se convierte en patología dentro de
los trastornos de los estados de ánimo: ansiedad, depresión, etcétera.
Existen métodos para evitar procrastinar, como organizar el día anterior
las tareas a realizar. “No hace falta ser muy estricto, pero sí saber qué
tareas básicas vas a hacer. Si tienes que llamar al médico y tienes miedo, ésa
debe ser la primera tarea. Incluso puedes ponerte alarmas en el móvil para recordarlo”,
comparte en su libro López.
Por otra parte, las tareas no deben realizarse durante más de 50 minutos,
ya que el cerebro desconecta de forma natural. “Cuando pase, levántate, da una
vuelta por la casa o por la oficina, o ve al baño, desconecta entre 5 y 10
minutos antes de seguir. Una vez hecho el descanso, vuelve otros 50 minutos. El
cerebro necesita un poquito de oxígeno y de descanso, si lo sobrecargas de
información y de exigencia vas a lograr el efecto contrario: procrastinar”,
comenta López.