viernes, 5 de marzo de 2021

La depresión, el dolor que se vuelve sombra


RAQUEL ALDANA      |   Mejorconsalud.as.com     |     11/09/2020

 

Una de las señales más comunes de la depresión es la pérdida de placer con lo que se hace. Aquellas actividades con las que disfrutábamos dejan de interesarnos.
 

La depresión se presenta a menudo como un dolor que se vuelve sombra para quien lo experimenta. En ese estado, parece como si una bufanda apretara y ahogara al que se ve atrapado por ella. Cegando las ilusiones y precipitando una gran oscuridad, los síntomas de este trastorno se hacen notar.

 

Entre las señales más evidentes figuran la tristeza, la irritabilidad, la apatía, la pérdida del interés por el entorno o la incapacidad para obtener placer con algo. También son habituales la falta de apetito, los sentimientos de culpa, la dificultad para concentrarse o tomar decisiones, las ideas recurrentes de muerte o los planes o intentos suicidas...

Esto durante un tiempo prolongado y de forma repetida cada día es lo que vive una persona con depresión.

 

Tener depresión no es sinónimo de estar en una cama llorando.

Tendemos a pensar que las personas que padecen depresión están todo el día en la cama llorando. Sin embargo, el bajo estado de ánimo es solo una pequeña parte de cómo se manifiesta este trastorno.

 

De hecho, más allá de mostrar tristeza, hay quienes se comportan de manera autoritaria, con excesiva irritabilidad, insensibilidad, agresividad, etc. Así, a veces detrás de un malhumor constante e intenso se esconden otras emociones a las que asimismo es importante prestar atención.

 

Sin embargo, como se indica en el Manual Estadístico y Diagnóstico de los Trastornos Mentales, la presencia de un episodio de depresión mayor implica más condiciones que la mera melancolía o el carácter irascible. Eso quiere decir que, si bien uno de estos dos síntomas es necesario, no es suficiente por sí solo para realizar un juicio clínico acertado.

 

A todos nos puede pasar

Un día comienzas a darte cuenta de que te cuesta levantarte de la cama, de que lo haces ya no tiene el sentido que antes le atribuías. Empiezas a notar que nada te anima o te entusiasma y que la desesperanza te acompaña con frecuencia.

 

Entonces, de alguna manera, comienzas a verte vencido por las circunstancias que te rodean. Todo te agobia y te produce agotamiento. Hasta te cuesta percibir algo más allá que ese sufrimiento que se ha vuelto una sombra.

 

Hay días en los que te levantas peor y otros en los que mejor. Parece que la inestabilidad emocional tiene tu nombre. No te comprendes, solo sientes una profunda desgana, una tremenda pena que te precipita a la oscuridad más profunda.

 

Tampoco aciertas a saber qué está pasando, no conoces el bienestar, te sientes vacío. No consigues evitar el no encontrarte bien cuando sales de casa, cuando alguien se dirige a ti o cuando tienes que enfrentarte a un nuevo proyecto.


Pero es posible abordar todo este dolor 

Necesitamos del apoyo de un profesional que nos ayude a entender las propias emociones, que dé coherencia al estado en el que nos hallamos y que nos oriente para superarlo. Una herida así precisa de

terapia psicológica para sanarse, pues se trata de curar los pensamientos que nos invaden.

 

Cuando también aparece la ansiedad

En ocasiones los síntomas depresivos se entremezclan con otros de temor e inquietud, dando origen a un cuadro mixto que llega a resultar aún más confuso para los afectados.

 

Así, la ansiedad se caracteriza en sí misma por el miedo, el pánico, el nerviosismo, la evitación, la sobreactivación, la tensión muscular, la hipervigilancia y la percepción de amenaza y peligro.

 

En este espacio común concurren, entonces, signos como la preocupación, los problemas de concentración, el insomnio, la fatiga, la agitación psicomotora, los sentimientos de inferioridad o la baja autoestima.

 

Comprender el pozo de la depresión 

Una de las metáforas más acertadas es la del perro negro. Se simboliza la depresión como un can de este color que cada vez se hace más grande y se convierte en una sombra que maneja la vida de aquellos a los que acompaña.

 

Se hizo una grabación de esta metáfora, realizada por la Organización Mundial de la Salud, que refleja de manera gráfica las situaciones tan cotidianas como dolorosas que millones de personas atraviesan cada día.

 

Quizás te veas identificado con lo descrito en este artículo o pienses que necesitas ayuda. Si es así, el primer paso es consultar con un especialista y compartirlo con la gente que te quiere.

 

Un tratamiento adecuado te permitirá reestructurar los pensamientos con los que funcionas y hacer cambios en el entorno más próximo en el que te desenvuelves.

 

Abordar los síntomas depresivos puede marcar un antes y un después en el bienestar de cada individuo.

 

miércoles, 3 de marzo de 2021

Cinco actitudes muy comunes que te impiden ser feliz


ROCÍO NAVARRO MACÍAS     |     La Vanguardia     |     06/02/2021 

Según el Dalai Lama, para ser feliz hay que practicar la compasión. Franklin D. Roosevelt dijo que la felicidad reside en la alegría de los logros y la emoción del esfuerzo creativo. Ghandi sostenía que la felicidad se alcanza cuando lo que piensas, dices y haces están en armonía.

Aunque se trata de una emoción agradable a la que todo los seres humanos aspiran, fomentar su aparición resulta también desafiante. “Todos queremos ser felices y estar bien sin haber definido previamente qué es la felicidad y el bienestar para cada uno de nosotros y para la sociedad en general. Esto va a dificultar que logremos alcanzar el objetivo”, indica Lecina Fernández, psicóloga clínica.  

Y no es el único obstáculo para intentar asentar el bienestar, más allá de las circunstancias, y que la felicidad destaque en nuestro espectro emocional. 

¿Es lo mismo felicidad que bienestar?

Aspirar a ser feliz de forma constante es un imposible. “La felicidad es una emoción básica, la tenemos y compartimos todos los seres humanos. Se gestiona junto con las otras emociones como la ira, sorpresa, el miedo…”, explica Irene López, psicóloga y autora del libro Los 10 obstáculos que te impiden ser feliz (Alienta Editorial, 2021).

En un marco más amplio se encuentra el bienestar, que está incluso relacionado con la salud. Según la OMS, la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. “Se trata de un concepto global y general, realmente deberíamos emplear esta palabra en lugar de felicidad. Su búsqueda se corresponde con la correcta gestión de los estados emocionales, buenos y malos. Por lo que la felicidad sería solo una parte del bienestar. Coloquialmente o socialmente se interpretan como sinónimos. La felicidad es un estado, el bienestar sería la meta”, detalla López.

Aclarado el concepto, existen creencias de las que todo el mundo habla y que se interponen de forma evidente en alcanzar un estado de bienestar a nivel individual. Estas son las más comunes:

Los obstáculos

1. Empeñarse en ser feliz

Obcecarse en conseguir la felicidad puede ser uno de los obstáculos más evidentes para alcanzarla. Así lo manifestaba la actriz Bette Davis: “Descubrí que una forma segura de perder la felicidad es quererla a expensas de todo lo demás”. 

Este hecho está relacionado con el anhelo. “Tanto la felicidad como el bienestar anhelan constantemente un paso más del que ya han alcanzado. Esto favorece la infelicidad y el malestar, e impide disfrutar de la felicidad y bienestar logrado”, comenta Lecina Fernández. 

Más allá del deseo, la experiencia vital está ligada de forma inherente a otros aspectos menos agradables, como el dolor o el malestar. “Vivir supone afrontar situaciones personales y las circunstancias del entorno. Es un desafío constante, que provoca estrés, ya sea positivo (como exigencias de logros de ser buen padre o madre, de ascenso laboral,…) o negativo (comentarios negativos, juicios tóxicos,…), dañando nuestra salud mental, física y social”, añade la psicóloga clínica, que invita a identificar dicho estrés, entender cómo funciona y aprender técnicas para gestionarlo. 

Entre ellas aconseja mantener el equilibrio entre la mente, el cuerpo y el espíritu, o yuxtaponer emociones. “Aunque estemos sintiendo emociones negativas, si nos esforzamos en buscar y sentir emociones positivas estas nos ayudarán a regular las negativas, a enfrentarnos a situaciones adversas, a elegir y usar habilidades y estrategias de afrontamiento para superar situaciones”, cuenta Fernández en su libro Ilusión Positiva. Una herramienta casi mágica para construir tu vida (Desclée de Brouwer, 2017).

2. Frustarse continuamente

Ver las metas personales truncadas es algo habitual, y cuando las cosas no salen según esperábamos aparece la frustración. Esta respuesta emocional, asociada con estados desagradables como la vulnerabilidad o el enfado, se ha visto alimentada por la pandemia. “Hay que transmitir que la frustración forma parte de la conducta emocional de las personas. En el momento que una persona vive, existe la probabilidad de frustrarse ante una tarea difícil, una carencia, un obstáculo, una decepción,… y todo eso forma parte de la vida cotidiana”, señala Fernández. 

El mayor problema de la frustración es su baja tolerancia, algo que ha aumentado en las últimas décadas y puede provocar una sensación crónica de este aspecto. “Parece que el desarrollo de la sociedad y su constante conducta de consumismo, unido al creciente individualismo y a la adicción o necesidad constante de felicidad (debido a una psicología positiva mal entendida), ha desencadenado en una baja tolerancia a la frustración en las personas”, continúa. 

Respecto a la frustración, además de evitar dejarse arrastrar por la emoción (dando un paseo, haciendo ejercicio o simplemente respirando), López propone la técnica de las cinco alternativas para aprender a manejarla.

Consiste en crear cinco vías alternativas para conseguir llegar a un objetivo marcado. A cada una de ellas deben asociarse ventajas e inconvenientes. “No existe una solución ideal, lo importante de esta técnica es que ofrece un amplio abanico con ventajas e inconvenientes, y esto facilita que, cuando el plan A no sale, tienes preparadas las alternativas, un plan B, un plan C, un plan D, un plan E. Recuerda que abandonar el objetivo es una de las alternativas”. 

3. Vivir dominado por el deseo

En occidente, la aspiración a un trabajo mejor, una casa mejor o una vida mejor es la tónica general en la sociedad. Intentar hacer las cosas desarrollando todas las capacidades personales es una cosa, y otra vivir gobernado por el deseo. 

“Se habla de que las últimas generaciones han tenido las cosas antes de haberlas deseado, mermando así, entre otras cosas, la libertad y la posibilidad de proyección. Con esta forma de educar se fomenta un perfil de sociedad con altos índices de vacío, malestar, ansiedad y depresión. Las personas están más pendientes de lo que carecen que de lo que tienen, y el resultado es la insatisfacción, la infelicidad y el malestar”, advierte Fernández. 

La experta recomienda aplicar la educación en valores y la ilusión positiva. “Es una poderosa herramienta psicológica para el crecimiento personal y de entrenamiento para tolerar la frustración. Su éxito radica en que la persona se esfuerza y arriesga, aunque no tiene el cien por cien de seguridad ni garantía de que va a conseguir convertir la ilusión en realidad”, concluye Fernández.

4. Confiar demasiado en la resiliencia

Mucho se habla de resiliencia en el contexto actual. Se da por sentado que todos los individuos cuentan con una capacidad de reacción ante la adversidad manifiesta, cuando en realidad esta está determinada por diversos factores. De ahí, que cuando alguien no consigue sobreponerse ante una determinada circunstancia en la forma fugaz que la sociedad espera, pueden sobrevenir sentimientos de tristeza, frustración o decepción con uno mismo.

“Es frustrante e irreal, no todo el mundo tenemos esa capacidad que nos hacen creer, no todos podemos cambiar de la noche a la mañana al 200%, pero sí podemos cambiar igual un 10%. Eso sería suficiente”, matiza López. 

Según indica la autora, conocer las limitaciones personales y evitar comparaciones puede ayudar a sentar objetivos alcanzables. “Dar un giro de 360º es sumamente difícil y no lo vamos a conseguir. Sin embargo, el giro de 30º igual sí es factible y, desde él, pasar a 60º. Una vez que tengamos los 60º podemos seguir o decidir si queremos ese giro y es suficiente para nosotros”, añade. 

5. Procrastinar por sistema

Aunque el refrán invita a no dejar nada para mañana, es habitual hacerlo. Es algo que le pasa a todo el mundo, sobre todo ante agendas desbordadas.

“Cuando las metas son muy altas y las vemos inalcanzables, entramos en un estado de desesperanza y de falta de motivación. Por ende, procrastinamos, dejamos para mañana, pasado o al mes siguiente toda esa ejecución de la meta. El resultado, obviamente, vuelve a ser la frustración y, con ella, una baja autoestima y el ánimo deprimido”, comparte López. Según indica la psicóloga, la procrastinación en extremo se convierte en patología dentro de los trastornos de los estados de ánimo: ansiedad, depresión, etcétera.

Existen métodos para evitar procrastinar, como organizar el día anterior las tareas a realizar. “No hace falta ser muy estricto, pero sí saber qué tareas básicas vas a hacer. Si tienes que llamar al médico y tienes miedo, ésa debe ser la primera tarea. Incluso puedes ponerte alarmas en el móvil para recordarlo”, comparte en su libro López. 

Por otra parte, las tareas no deben realizarse durante más de 50 minutos, ya que el cerebro desconecta de forma natural. “Cuando pase, levántate, da una vuelta por la casa o por la oficina, o ve al baño, desconecta entre 5 y 10 minutos antes de seguir. Una vez hecho el descanso, vuelve otros 50 minutos. El cerebro necesita un poquito de oxígeno y de descanso, si lo sobrecargas de información y de exigencia vas a lograr el efecto contrario: procrastinar”, comenta López.

Es falso porque lo digo yo


Catherine L'Ecuyer     |     elSubjetivo     |     25/04/2020

"Si no hay reconocimiento interior y personal de la verdad, no hay aprendizaje"    

Es así porque lo digo yo. Esa es la huella del conductismo del que nos lamentamos en educación. Según esa visión, el niño sería un ente vacío sin predisposición o interés hacía el aprendizaje y el descubrimiento de la verdad. La fiebre por encontrar el método mágico con el fin de conseguir los resultados educativos deseados caracteriza toda la historia de la educación, desde Comenio. Pero educamos a un ser libre, por lo tanto, educar siempre será un riesgo. Quien no quiera asumir ese riesgo o tenga un prejuicio que le haga entender la libertad en términos de desenfreno o de desorden, está abocado a rendirse a métodos mecanicistas que ignoran ese riesgo.

 

Agustín de Hipona trata esa cuestión introduciendo la idea del reconocimiento interior y personal de la verdad: «Una vez que los maestros han explicado la materia, entonces sus alumnos juzgan en sí mismos si han dicho cosas verdaderas, contemplando la verdad de lo que se les ha dicho de acuerdo con su propia capacidad de reconocerla. Es entonces cuando aprenden». La actitud activa del aprendiz es la apertura ante la realidad que caracteriza a la persona que está dispuesta a dejarse medir por ella a través del esfuerzo paciente.

 

Para la mentalidad conductista, la censura encaja como un guante. Si se supone que la persona no tiene una naturaleza racional que la capacita, con la ayuda del que sabe, para el reconocimiento de lo que es cierto, entonces necesita ser tutelada eternamente en lo que vale o no la pena ser leído. La censura implica que la jerarquía es la única fuente de reconocimiento de la verdad, asume que la persona es incapaz de comprender el contexto, incluso le impide intentarlo, emitiendo veredictos definitivos en asuntos que deberían considerarse provisionales a la espera de tener toda la información.

 

La censura debilita el instinto por medio del cual el maestro interior del que hablaba San Agustín permite reconocer lo que es cierto y lo que no. Pero como decía Georges Orwell, «pueden forzarte a decir cualquier cosa, pero no hay manera de que te lo hagan creer. Dentro de ti no pueden entrar nunca». Si no hay reconocimiento interior y personal de la verdad, no hay aprendizaje. Ese reconocimiento no es un proceso cómodo, el autor de 1984 decía que ver lo que tenemos delante de nuestras narices requiere una lucha constante. El mundo de la censura, en cambio, es fácil, pasivo y sin matices: es el mundo binario del falso o verdadero. La realidad es más compleja; la sabiduría se encuentra en los matices y la investigación honesta en la generación de hipótesis abiertas. La sana duda es la cualidad imprescindible de los sabios, no solemos encontrarla en los fanáticos.

 

Sustituyendo al juicio mental humano, la censura le adormece, haciéndole reaccionar cada vez más como los algoritmos que censuran, hacia la ignorancia o el fanatismo. El ignorante es manipulable, tiene lo que Orwell llamaba «la mentalidad de gramófono»: le gusta el disco que está sonando, cual sea el que suene. Luego está el fanático. Al ver una foto o un logo, enseguida se pone en marcha el algoritmo mental en el que ha estado entrenado, solo encaja la noticia en sus estrechas categorías mentales. Quien es incapaz de leer a alguien con el que discrepa, quien siente la necesidad constante de alinearse con la narrativa oficial de un grupo concreto al que defiende de forma incondicional, no es que esté convencido de lo suyo, es que ha renunciado a ser persona a favor del colectivo. Como es lógico, cada persona tiene una percepción distinta del universo, y estar convencida de esa visión no es algo peyorativo; el fanatismo reside en no aceptar que pueda haber personas que vivan en universos distintos al nuestro y querer acallarlos controlando sus pensamientos.

 

Ningún algoritmo debería servir de muleta a la capacidad de discernir y juzgar con prudencia o sustituirse a lo que caracteriza el ser humano: su naturaleza racional, su apertura a la realidad, su deseo de conocer. La forma adecuada de luchar contra las noticias falsas es con más información, educación, rigor y contexto. La educación consiste precisamente en la transmisión del contexto, algo que no puede ocurrir en un mundo descontextualizado como es el de Internet. Por ese motivo, la mejor preparación de nuestros jóvenes para el mundo online es el mundo offline. Y las herramientas que nos proporciona la democrática ante la mentira son la información y la educación (para corregir el error), la vía judicial (para la difamación, la calumnia o los atentados a la seguridad), la indiferencia (cuando lo que se ha dicho es una impertinencia) y la réplica argumentada (cuando el interlocutor es honesto y abierto al diálogo).

 

Si la libertad de expresión y de prensa solo se contemplan en términos de desorden y desenfreno, entonces habrá que instaurar un Ministerio de la Verdad que controle todo lo que se dice repartiendo sellos de Nihil Obstat. Si pensamos que la cantidad de ignorantes y de fanáticos es tal que la censura es inevitable, entonces hemos de estar preparados para que aumente de forma exponencial. Y si dejamos que eso pase, habremos caído tan bajo que tendremos que volver a explicar a quienes no están en condiciones de escucharlo que el agua moja y que el fuego quema.

domingo, 28 de febrero de 2021

El covid empitjora les dificultats laborals dels malalts mentals


MARTA RODRÍGUEZ CARRERA     |     Barcelona     |     Diari ARA     |     22/02/2021

Un grup d'entitats demanen més inversió per facilitar la integració d'un col·lectiu ja molt precaritzat. 

A finals de febrer de l’any passat la Fàtima (el nom que ha triat per ser presentada) va signar un contracte de treball que va quedar aturat en sec amb la declaració del primer estat d’alarma, el 14 de març. El restaurant on havia de treballar va tancar portes i es va quedar al carrer, va exhaurir l’atur i ara busca una altra feina. Té 45 anys, un fill d’11 a càrrec seu i pateix ansietat aguda, una malaltia mental que amb la incertesa de la situació s’agreuja. “Estic passant molta ansietat però no puc parar de fer coses i a casa sempre estic netejant”, explica.
 
No hi ha dades de quin és l’impacte de la crisi econòmica derivada del coronavirus entre un col·lectiu heterogeni i que majoritàriament manté l’anonimat, però entitats i professionals adverteixen que hi plou sobre mullat. Precarització sobre precaritzats. La dificultat per posar xifres és que només el 16% dels malalts tramiten el certificat que reconeix la seva incapacitat, mentre que hi ha un petit percentatge d’ocupats en empreses ordinàries i una gran majoria que ni tan sols el busca. Un informe recent de la Fundació Addeco estimava que els treballadors amb el certificat de discapacitat –des de la física a la mental– havien patit fins a deu vegades més l'impacte dels ERTO, i l’atur és deu punts més alt que la població general.
 
“Aquestes persones difícilment accedeixen al mercat laboral i, en canvi, són les primeres que en són expulsades en moments de crisi”, sosté Carme Barrios, coordinadora de l’àrea d’inserció laboral de la Fundació CHM, que apunta al fet que tradicionalment ocupen llocs amb poca qualificació, temporals i amb sous baixos, sovint perquè en general són un col·lectiu amb pocs estudis perquè la malaltia els va afectar en plena formació acadèmica. Tampoc el mercat protegit n’és cap garantia. Primer, perquè les empreses de més de 50 treballadors incompleixen la llei d’ocupar el 2% de places amb persones discapacitades. I, segon, per la crisi dels Centres Especials de Treball (CET), que ocupen 9.500 persones amb trastorn mental i discapacitat intel·lectual. Tres quartes parts van tancar l’any passat amb números vermells, perquè han hagut de fer front a l’augment del salari mínim i a l’infrafinançament crònic. Per quadrar pressupostos, les empreses la primera cosa que han retallat són els contractes amb aquests centres, que tenen com a gran repte la reconversió i ampliar l'oferta més enllà de les feines de manipulació.
 
Francisco Villegas, president d’Ammfeina, que aplega entitats per a la integració laboral, apunta que els tècnics en prospecció de noves feines per al col·lectiu estan trobant poca oferta laboral en les empreses ordinàries i un empresariat poc receptiu a contractar-los. Els únics sectors que han mostrat un comportament positiu i han augmentat fins i tot les contractacions han sigut els del repartiment –en mercats, per exemple– i la neteja, però admet que són feines molt precàries. Amb aquest panorama, demana que les administracions públiques donin més ajudes a les empreses per fomentar l’ocupació i més pressupost per als serveis d’inserció laboral perquè, adverteix, “la dificultat dels treballadors amb trastorn mental es troba sobretot en mantenir-se en una feina”.
 
La por del rebuig i l'autoestigma
 
Hi ha pocs malalts que volen ser identificats com a tals i, com la Fàtima, amaguen el seu trastorn per por del rebuig laboral. És “l’autoestigma” que s’afegeix a l’estigma social, apunta Barrios. Per a Ángel Urbina, enginyer industrial a Repsol i que té un trastorn, “és dur portar l’etiqueta de malalt” tant per a la persona afectada com per a la família. No obstant això, ell va tramitar el certificat però ocupa una plaça ordinària i des de la seva posició com a voluntari a l’associació La Muralla Ment i Salut de Tarragona i de vicepresident de la Federació de Salut Mental de Catalunya, lluita per eliminar l’estigma de “bojos” que lamenta que cinema, literatura i mitjans de comunicació s’entossudeixen a perpetuar. Ell mateix diu que sap què és que et mirin malament: “Vaig sortir a TV3 parlant dels trastorns mentals i des de llavors una veïna que em saludava ara m’evita”.
 
Des del confinament, entitats com la Fundació han fet mans i mànigues per donar una atenció telemàtica als usuaris, tant per mantenir-los estables en la salut emocional com a l'hora d'ajudar-los a integrar-se al mercat laboral. "Molts volien tirar la tovallola", recorda Carlos Gostanzo, insertor laboral de l'entitat, perquè no confien en trobar feina en la crisi actual. I la feina és essencial, assenyalen tots els experts, perquè els aporta rutines, relacions socials i autoestima.
 
Urbina i Barrios coincideixen en assenyalar que les empreses eviten contractar malalts mentals i prefereixen treballadors amb altres discapacitats pel total desconeixement que hi ha al voltant de la depressió, el TOC o el trastorn bipolar. “Tenen molts prejudicis que seran treballadors conflictius, amb baixes, o violents”, afirma la coordinadora de la Fundació CHM, que afegeix que això impedeix que “puguin accedir al mercat laboral en igualtat de condicions”.
 

viernes, 26 de febrero de 2021

Síntoma - Una crónica fotográfica sobre trastorno bipolar


MAGALI AGNELLO     |     Psiquiatría.com     |     12/02/2021

Soy fotógrafa y divulgadora sobre información del trastorno bipolar. 

Sobre el proyecto:
Hace cuatro años me fue diagnosticado 
trastorno bipolar. Llegar a ese diagnóstico para mí fue un cambio (en positivo) enorme, y que me llevó a comenzar un camino que sigue hasta el día de hoy, donde la estabilidad anímica que tengo se mantiene. Viví muchas cosas y algo de lo más curioso es como el trastorno se empezó a ver mucho antes de ponerle nombre, a través de mis fotos.
Las imágenes que voy a empezar a subir son una selección de fotos de distintos proyectos (Ver nota al final del artículo), que siento -interpretándolas ahora- que mostraban los síntomas de lo que llamamos 
trastorno bipolar mucho antes de poder ponerles nombre. Las voy a subir en un orden no cronológico, a veces acompañadas de distintas cosas que fui escribiendo a lo largo de los años y contando el camino, explicando como viví la manifestación de estos síntomas y otras reflexiones.

"Es "en caliente" que se debería hablar del sufrimiento psicológico[. . . ] Es sobre el propio campo de acción, en su mismo momento, que conviene captarlo. Después de que se ha serenado, disipado, el espíritu se encuentra demasiado inclinado a olvidar, o por lo menos a minimizar lo que aquel ha sido [. . . ] Si se espera a la curación, las impresiones que quedarán serán vagas, imprecisas, sin vigor y sin color" Raymond Guérin, Le Pus de la plaie (1982, p. 32) 

*Me tomé la licencia de cambiar el concepto "sufrimiento físico" por "sufrimiento psicológico" para que encaje perfecto.

Algunos de los textos que pueden encontrar junto con las fotografías:

"Cuando me fue diagnosticado el trastorno bipolar, después de años de un sufrimiento inexplicable y una mala experiencia con un psiquiatra, me encontré con una sensación muy abrumadora: la de no estar segura de cual era mi identidad. No saber quien era yo.

Había ciertas cosas que comenzaba a aprender que eran síntomas del mismo trastorno. Las cosas malas me alegraba saber que no se debían a una falta de carácter o voluntad. Pero el problema fue las cosas "buenas". Había síntomas que podrían interpretarse como características codiciadas en la sociedad en la que vivimos, como son el exceso de energía, la creatividad exacerbante, no necesitar dormir y aún así ser una persona sumamente productiva y sociable. La hipomanía se siente bien, eso nadie lo puede negar, pero ese bienestar siempre viene acompañado luego de períodos de mucha irritabilidad y luego, inevitablemente, se cae en la depresión. No hay forma de quedarse en la cima sin caer.

Recuerdo que me horrorizaba la idea-ante la perspectiva de ser medicada-de que mi creatividad y esa energía "se me fueran". De que esa parte de mí quedara "dopada". Era algo que me tenía bastante angustiada. Pero encontré un libro que se titula "The Bipolar Workbook" de Monica Ramirez Basco. Dicho libro (con teoría y actividades prácticas para personas diagnosticadas) tenía una actividad que fue un antes y un después. Te proponia pensar distintas categorías y filtrarlas entre, estando en depresión, estando "ok" y estando en hipomanía/manía. Fue esa actividad la que me hizo ver la diferencia entre mi personalidad y el trastorno en sí. Por eso yo nunca digo "soy bipolar" sino "tengo trastorno bipolar".

Y sobre la parte que más me martirizaba, la de la creatividad, encontré que eso es algo que forma parte de mí, solamente que depende como esté se va a expresar de distinta forma. Si estoy pasando por una depresión y logro ponerme a escribir (tiendo a escribir en esos momentos más que usar otros métodos de expresión) las ideas que salen son las más crudas y hasta poéticas, porque escribo desde el dolor. En cambio si estoy en hipomanía, las ideas salen de a miles, a la velocidad de la luz. Son ideas más sueltas, no tan refinadas. Pero cuando estoy estable, la creatividad sigue ahí, con la diferencia de que puedo tomar las ideas de los otros dos estados y pulirlas, o crear ideas nuevas pero que logro enfocarlas y trabajarlas mejor.
Lograr hacer esa diferenciación para mí fue una de las claves de un 
tratamiento que al día de hoy veo sus frutos. "

"Hay veces que me gusta comparar la depresión con un lente empañado, pero también podría verse como un lente que te deja observarte a tal nivel de detalle que es casi imposible escapar de notar todas tus "imperfecciones". Lo pongo entre comillas adrede, porque el tema de los defectos es algo muy relativo y muy personal. Todos queramos o no tenemos defectos y a medida que pasa nuestra vida los percibimos en mayor o menor medida. Algunas personas se ven defectos en lo físico, otras en sus conductas o formas de ser, otras en absolutamente todo. Diría que es HUMANO verse defectos en algún momento. Pero así como vemos defectos es lógico que también percibamos nuestras virtudes, en mayor o menor medida, a lo largo de nuestra vida.

¿Pero qué es lo que pasa entonces durante una depresión?

En ese momento es literalmente imposible percibir hasta la más mínima virtud. Te analizas a un increíble nivel de detalle marcándote cada cosa fea que encuentras por más pequeña que sea y-justamente aquí el gran problema- agrandándola en tu cabeza a un nivel exuberante y que se escapa totalmente de la realidad. Y lo peor es no poderlo controlar (porque convengamos que si simplemente se pudiera controlar no estaríamos hablando de un problema de salud mental). La 
depresión no es una simple tristeza. No es algo que "se te pasa si piensas positivo". La depresión es algo que te dinamita, te boicotea, te deja ciego de cualquier mínima cosa buena que poseas. La depresión marca cada uno de tus poros, cada mancha en tu ser y te invade, te consume, te hace agonizar aunque desde afuera nadie lo pueda ver. " 

"¿Que perdí por culpa del trastorno bipolar?

Nunca me había hecho esa pregunta hasta que la leí en un grupo de apoyo. Y pensándolo encontré por
ahora cuatro cosas principales: Amistades, trabajos, proyectos y plata.

La primera se remonta a cuando recién se me empezaba a despertar el trastorno y yo no lo sabía. Comenzó con mí apatía a reunirme con gente que quería, lo cual me llevo a aislarme y a que eventualmente (con toda la razón del mundo) esas personas ante mi negativa y excusas para participar cuando se juntaban me dejaran de invitar. Esto me ocurrió más de una vez.

Sobre los trabajos, la aislación y la poca energía que muchas veces tuve para interactuar con la gente me llevó a que no pudiera promocionar mis servicios como debía, o a que no aprovechara ofertas laborales por esa ansiedad gigante de tener que interactuar. A eso se le sumó que muchas veces al ver como a otros colegas les estaba yendo muy bien se acrecentara mi sentimiento de frustración e inutilidad, creando un círculo vicioso.

Respecto a los proyectos, me ocurría que estando en hipomanía organizaba y movía todos los hilos para realizarlos (como uno del que llegue a tener permiso para llevar a cabo en el hospital Municipal). Pero llegaba el día y se repetía el mismo ciclo, no tenia la energía, perdía la motivación y no podía percibir más porque me gustaba la idea.

Finalmente, la plata. Esto ocurría primordialmente durante la hipomania. En ese estado me parecían brillantes tantas ideas en las que terminaba tirando dinero, como comprándome cosas que realmente no necesitaba, haciendo actividades o cursos de cosas que no me interesaban en otro momento (aunque esto último no es necesariamente malo), invirtiendo en cosas sin pensarlo bien.

Acá es cuando algunos dicen ¡Pero yo también gaste plata en cosas que no debía! Y es cierto que todo esto que mencioné puede pasarle a todas las personas en algún momento, pero recordemos que forma parte de un trastorno cuando estas cosas se dan junto a otro conjunto de síntomas, dura mucho en el tiempo y te deteriora la calidad de vida.

“Es por eso que estas cosas no hay que tomarlas a la ligera. "

"Manía.
Hasta ahora he relatado principalmente sobre uno de los polos del 
trastorno bipolar, la depresión. Pero hoy quería traer el otro lado: la manía.

No es casualidad que el trastorno bipolar sea difícil de identificar o que sea frecuentemente confundido con depresión unipolar, porque socialmente está bien visto (y hasta es esperable) tener una energía, productividad y creatividad desbordante. El tema es que la manía no es solo eso que hasta suena bien. La manía es pasar días sin dormir. Es saltarse comidas por lo ocupada que estás y ni darte cuenta. Es hacer tantas cosas a la vez que no puedes terminar ni una. Es tener delirios de grandeza, sentir que vas a cambiar el mundo o que vas a lograr tus mentas con suma facilidad. Es volverse irritable con cualquier cosa que te lleve la contra. Es estar frenética, moviéndote constantemente porque la energía sobrepasa la capacidad de tu cuerpo para distribuirla. Es tener pensamientos a mil por hora, y tener lagunas mentales. Es ver aquello que es realmente malo como no tan malo, y aquello bueno como exageradamente bueno. Es gastar plata que no tienes o no debes en cosas innecesarias. Es largarse a hacer actividades sin ningún tipo de paracaídas. Es estar extremadamente sociable, de una forma que normalmente no estarías.

La manía no es divertida, la manía no es sana ni es ser "una persona extravagante". La manía con todo lo que conlleva es un problema de salud grave y que, en el trastorno bipolar, SIEMPRE viene acompañado con terminar cayendo a un pozo, cada vez más profundo si no se tiende ninguna red. "  

Nota.- El proyecto pueden encontrarlo completo con sus textos y fotografías aquí: https://www. behance. net/gallery/104836455/Sintoma-Una-cronica-en-fotos-sobre-trastorno-bipolar