sábado, 10 de abril de 2021

El valor de enseñar a los niños a decir "por favor", "gracias" o buenos días"


VALERIA SABATER     |   mejorconsalud.as.com    |     11/02/2021 

Enseñar a los niños a decir las palabras "por favor", "gracias" o "buenos días" tiene un valor que en ocasiones se nos olvida. Paremos un momento a analizarlo.

 

Decir gracias, pedir algo por favor o dar los buenos días son señales de sensibilidad y respeto hacia el otro. Por ello, el valor de enseñar a los niños estas pautas básicas se presenta como una clave esencial para cualquiera que ejerza el rol de educador.

 

Es posible que tú mismo seas “de esa generación”. De aquella a la que le enseñaron con firmeza que a las personas se les considera y que es necesario tratar con cariño para, a su vez, ser tratado también de buen modo. Por tanto, si fomentamos este tipo de costumbres en los más pequeños, conseguiremos que den el ejemplo y que, además, propicien entornos sociales más humanos.

 

La fórmula para crear un mañana más íntegro pasa por detalles como estos. Lo creamos o no, pequeños gestos crean universos enteros. Te invitamos a reflexionar sobre ello a continuación.

 

El valor de enseñar a los niños a comunicarse

Decir “por favor”, “gracias” o “buenos días” no es solo un acto de cortesía. Se trata más bien de una forma de conseguir que los niños piensen y pasen de ese egocentrismo habitual de la infancia temprana al reconocimiento del otro y de sus necesidades.

El desarrollo moral en los niños

Uno de los autores más conocidos a la hora de hablar del desarrollo moral de los niños fue sin duda Lawrence Kohlberg. Si bien pueden existir ciertas diferencias de niño a niño e, incluso, de hermano a hermano, lo habitual es seguir esta evolución en lo que se refiere a la toma de conciencia del respeto, las reglas y el reconocimiento del otro.

·        Durante la primera infancia, entre los 2 y los 5 años, el niño se rige solo por los premios y los castigos. Entiende que hay normas impuestas que debe obedecer para ganar afecto y para evitar posibles regañinas.

·        En la segunda fase acontece la edad de oro. Esta tiene lugar entre los 6 y los 9 años y en ella se deja a un lado esa atención en uno mismo de forma gradual.

·        Con posterioridad, entre los 8 y los 10 años, el niño ya es capaz de entender ese bien común, ese respeto que ofrecer a los demás y que luego vuelve a uno mismo. Por ello es frecuente que, en estas edades, salga en defensa de sus amigos y hermanos y que tome conciencia de lo que es justo también a nivel colectivo.

·        Poco a poco y ya con la adolescencia, los jóvenes irán adquiriendo sus propios valores. Se volverán críticos ante determinadas cuestiones que consideran inadecuadas o abusivas.

Las muestras de cortesía y el valor de enseñar esto a los niños

Cuando alguien ofrece a un niño de cuatro años un regalo, es usual que los padres le indiquen aquello de “¿Qué se dice ahora?”. Ante esto, el hijo, casi a regañadientes y en voz baja, dice eso otro de “gracias”.

No importa si hemos de repetírselo un montón de veces. Es más, llegará un momento en que no solo lo automatizará, sino que se dará cuenta de lo que consigue.

Por ejemplo, cuando pide “por favor” las materiales en clase, el pequeño puede descubrir que un compañero se los ofrece con una sonrisa. A su vez, al expresar agradecimiento, el otro responderá con amabilidad. Todo esto propicia poderosas conexiones basadas en emociones positivas.

 

Este tránsito entre dar las gracias de forma obligada hasta que el propio niño lo hace con espontaneidad y con agrado es un proceso maravilloso que repercutirá para bien en su vida. Estos gestos aportan calidez a las interacciones y hace que estas sean, además, más fáciles.

El poder de la crianza respetuosa

El término de “crianza respetuosa” hace referencia a un concepto acuñado por autores como William Sears o John Bowlby.

En esta interesante corriente se enfatiza la necesidad de promover la adaptación natural del niño a sus entornos, así como de fomentar su empatía. Tal vínculo emocional le permitirá entender mejor el mundo, a las personas y a sí mismo. Así, la crianza respetuosa es aquella en la que se fomenta un apego saludable entre los padres y los niños. Hay cercanía física, abrazos, caricias, palabras agradables y una comunicación continua.

Bajo estas claves, la educación se basa en el refuerzo positivo. Acciones como dar las gracias, pedir por favor, ser pacientes y aceptar los ritmos y los tiempos de los niños a la hora de adquirir conocimientos son elementos presentes en este modelo.

El valor de enseñar a los niños estos sencillos detalles

Con todo, cuando el niño descubre lo que obtiene al comportarse con cortesía y respeto, incorpora tales actos a su conducta social de manera fluida.

Si como educadores lo tenemos en cuenta y lo transmitimos lo antes posible, el beneficio que recibirán las futuras generaciones será un legado constante.

¿Te acordarás de las expresiones mágicas de “por favor”, “gracias” o “buenos días”?

 

jueves, 8 de abril de 2021

Los huesos y el estrés, una relación interesante


Edith Sánchez    |    La Mente es Maravillosa   |   10/01/2021 

Artículo verificado y aprobado por el psicólogo Sergio de Dios González

Hay una relación entre los huesos y el estrés, como lo comprobó un equipo de científicos estadounidenses. Los datos indican que, por ejemplo, la hormona ósea osteocalcina aumenta su concentración en situaciones de estrés.

Un grupo de científicos de la Universidad de Columbia, dirigido por Gerard Karsenty del Centro Médico Irving, descubrió una interesante relación entre los huesos y el estrés. Detectaron una hormona ósea que es liberada como respuesta al estrés agudo.

 

La investigación fue publicada en la revista Cell Metabolism y representa un hallazgo importante. Hasta ahora se pensaba que el organismo respondía al peligro segregando cortisol, adrenalina y noradrelina. No se hablaba de una relación entre los huesos y el estrés.

 

El equipo de Columbia detectó que hay otra hormona que participa en la respuesta ante un estímulo estresante. Se trata de la osteocalcina, una hormona ósea. Esto prueba no solo que existe una relación entre los huesos y el estrés, sino también que el esqueleto, desde el punto de vista evolutivo, se formó en gran medida para responder al peligro.

 

La noción de que el hueso media la respuesta al estrés es totalmente nueva, al igual que la noción de que las glándulas suprarrenales no median la respuesta al estrés”. -Gerard Karsenty-.

 

Las hormonas del estrés

Como muchos lo saben, cuando un organismo se expone a un estímulo amenazante se produce una respuesta de estrés agudo, que prepara el cuerpo y la mente para la lucha o huida. Dicha respuesta está mediada por el sistema nervioso simpático y es fundamental para garantizar la supervivencia.

La respuesta ante el peligro implica la segregación de tres hormonas: el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina. Todas ellas son secretadas por las glándulas suprarrenales que están ubicadas encima de los riñones.

 

Una vez que esas hormonas entran en acción, se producen una serie de cambios fisiológicos. Aumenta la temperatura, se eleva la frecuencia cardíaca, así como la frecuencia respiratoria y la presión arterial. De este modo, los músculos se preparan para la acción, que, en condiciones de peligro, puede ser lucha o huida.

 

Gerard Karsenty, director de la nueva investigación, señaló que todo esto estaba muy claro, excepto por un punto: el cortisol es un tipo de hormona que requiere de varias horas para provocar cambios fisiológicos. Aunque participa en la respuesta al estrés agudo, su acción no es tan inmediata. Por lo tanto, Karsenty pensaba que debía existir “algo más” en ese esquema.

 

Los huesos y el estrés

La hipótesis de base de Gerard Karsenty y su equipo era que la función original de los huesos es la de responder al peligro. Esto es debido a que protegen los órganos internos y permiten que los organismos se muevan y puedan huir. Sobre esa premisa, plantearon la idea de que también debían estar involucrados en el estrés agudo.

 

Para probar su idea, el equipo retuvo a un grupo de ratones en una jaula por 45 minutos. Esto era un estímulo estresante. Así se dieron cuenta de que la hormona osteocalcina había aumentado un 50 % en los ejemplares retenidos.

 

A ese grupo de animales se le expuso a un hisopo de algodón empapado en orina de zorro, enemigo natural de los ratones. Esto llevó a que el nivel de osteocalcina aumentara a un nivel de 150 %. Era claro que había una relación entre los huesos y el estrés.

 

Nuevas evidencias 

Para corroborar los hallazgos, el equipo de investigadores les extirpó las glándulas suprarrenales a algunos ratones. Al hacerlo, impedían que se secretaran las clásicas hormonas del estrés. Después se les expuso a un estímulo amenazante y comprobaron que los niveles de osteocalcina aumentaban de manera significativa.

 

Lo interesante es que la osteocalcina fue capaz de desatar una respuesta al estrés agudo. En otras palabras, cumplió el papel de provocar los cambios fisiológicos propios de una situación de peligro. Por lo tanto, hubo aumento de frecuencia cardiaca y respiratoria, incremento de temperatura, etc., sin adrenalina, ni cortisol, ni noradrenalina.

 

La relación entre los huesos y el estrés se reconfirmó con una nueva prueba. A ratones sin glándulas suprarrenales y sin capacidad para producir osteocalcina se les inyectó esta última en una alta proporción. A los pocos minutos los ejemplares mostraron un aumento de temperatura corporal, mayor frecuencia cardiaca y todo el cuadro de estrés convencional.

 

La pregunta de oro es: ¿opera así mismo en los humanos? La respuesta es: sí. Un grupo de 20 personas fueron sometidas a un estímulo de estrés: hablar en público. La respuesta fue similar a la de los ratones y se pudo verificar el aumento de osteocalcina. Además, hay un dato adicional: la relación entre los huesos y el estrés se reduce con los años. A mayor edad, menor capacidad para producir esa hormona.

 

martes, 6 de abril de 2021

¿Cómo entretener a los niños?. ¡Deja que se aburran!. Es más productivo


ROCÍO CARMONA    |    La Vanguardia    |    11/04/2020

En un momento en el que muchos padres se pasan el día buscando y compartiendo recursos para entretener a los críos en casa, algunos expertos reivindican el derecho de los más pequeños al aburrimiento. Aburrirse es, afirman, una de las experiencias formativas más importantes en la vida de una persona. La capacidad para lidiar con el aburrimiento es un signo inequívoco de buena salud mental, y experimentarlo obliga a los más pequeños a aprender a enfrentarse con la soledad y a desarrollar recursos internos para hacerlo. Así, con cada “mamá, me aburro”, pueden ir descubriendo los tesoros que se esconden en su imaginación.
 
El aburrimiento es un trampolín a la creatividad”, afirma en este sentido la psicóloga y terapeuta Lara Terradas Campanario. Las situaciones de aburrimiento, explica Terradas, siempre llevan implícitas dos opciones. Imaginemos por ejemplo que está lloviendo mucho y el niño quiere salir a jugar fuera (y aquí podemos sentirnos libres de cambiar la palabra “lluvia” por la palabra “virus”). La primera opción sería salir a jugar y mojarse. En la segunda, imaginemos que valoramos que al llover tanto (o al haber un virus ahí fuera que por ahora impide la libre circulación) es necesario esperar a que escampe un poco.
 
“Si en esta situación yo me quedo fijado en la lluvia (o el virus) como culpable de que no pueda hacer lo que deseo, me aburriré”, asegura esta especialista. Y continúa: “Pero al cabo de un rato, y siempre que nadie me distraiga, me ponga un chupete emocional en forma de pantalla, juegos, comida, conversaciones o canciones que no me interesan, y que lo que hacen es tapar el valioso mensaje del aburrimiento trae, seguro que se me ocurrirá un plan B: mirar a qué puedo jugar adentro, como segunda opción, quedándome en cuerpo y alma donde estoy y buscando alternativas, focalizando mi atención a lo que sí es y dejando atrás lo que no es, para así, abrirme a las posibilidades del presente. Pies para qué os quiero si tengo alas para volar, que decía Frida Kahlo”.
 
¿Y cuál es ese mensaje vital del aburrimiento? ¿Hacia dónde dirige nuestro vuelo y por qué deberíamos pensárnoslo dos veces antes de correr a responder a la demanda de entretenimiento de nuestro hijo? El propósito del aburrimiento es, para Terradas, ayudarnos a conectar con nuestro sentir y crecer como personas creando realidades nuevas.
 
Aburridos crecen como personas.
 
“Es un puente hacia el encuentro conmigo mismo. Cuando me relaciono conmigo directamente y no me distraigo por otros estímulos externos, entonces puede florecer mi imaginación y mi creatividad, que son las fuentes de la verdadera realización humana. Después les vamos a preguntar a estos mismos niños qué quieren ser de mayores, cuando no habrán tenido ni tan siquiera el tiempo de sentir qué quieren hacer ahora mismo, y quizá en el futuro nos encontraremos frente a adultos autómatas que estudian carreras por cumplir el expediente y trabajan de algo que no tuvieron la oportunidad de sentir si tenía que ver con una llamada de su corazón”, explica contundente.
 
Pero lo cierto es que, aunque nos cuenten o empecemos a intuir que aburrirse es una cosa buena para los más pequeños, a menudo nos sentimos incómodos ante ese sentimiento y nos cuesta dejar de reaccionar. Para Terradas Campanario, el motivo de ello es que vivimos en una sociedad que se exige todo el tiempo por encima de sus posibilidades.
 
La incomodidad de los padres
 
“La infancia es un reflejo de los mandatos bajo los cuales vive la sociedad y en estos tiempos vivimos bajo la hiperexigencia. Es común encontrar en el diccionario infantil los siguientes términos: “más, mejor, ahora, rápido, diferente. El tiempo infantil está más embutido que los pavos navideños americanos, no suele quedar ni un hueco para el aburrimiento”, afirma.
 
Incluso en estos momentos de cofinamiento, muchos padres se afanan por llenar todas y cada una de las horas de sus hijos entre deberes, iPads y clases online. No debemos olvidar, tampoco ahora, la importancia de permitirles disfrutar de grandes espacios de tiempo no estructurado.
Lo que tampoco quiere decir que no actuemos si vemos que nuestro hijo se queda estancado en ese ”me aburro”, pues si eso sucede será una señal de que el aburrimiento no está cumpliendo con su propósito. ¿Cómo acompañar, pues, este sentimiento sin sobreprotegerlos ni dejar de atenderlos? He aquí diez recomendaciones de Lara Terradas:
 
1. No sentirse responsable
Acompañar significa no interferir, no modificar. No tenemos que “salvar” a las criaturas de ese estado de aburrimiento.
Si los padres “salvan” al niño del aburrimiento se acomoda en lo pasivo, en que le den lo que quiere, sin buscarlo.
En lugar de correr a salvarlos, pues, debemos aprender a escuchar: “Preguntar qué les ocurre, poner la oreja, abrir el corazón a la curiosidad de su respuesta, cerrar la boca y acallar los pensamientos, nos dispone para una escucha activa que acoge lo que la criatura expresa”.
 
2. Observarse
Para ser capaces de no interferir, antes debemos mirar qué nos pasa cuando los niños “no hacen nada”. “Quizá nos alarmamos porque se pone en entredicho el mandato de la hiperproductividad que tenemos tan asumido que nos cuesta cuestionar.
 
3. Dejar que se aburra
 “La mejor manera de encontrar la solución correcta es tomándose un descanso, dijo Van Zuylen. No empujar el río ni pretender que ocurra otra cosa. Darse cuenta de que dentro del propio aburrimiento existe la solución al mismo, la semilla para la transformación está dentro del mismo fruto que se está pudriendo, no hay que desestimarlo ni ofrecer otro”.
 
4. Ayudar a nombrar los sentimientos opuestos
Podemos proponer al niño hacer una lista con las cosas que quiere y otra con lo que hay. También se puede jugar a: “Si pudiera hacer lo que me da la gana…” Y recrearse en la ilusión, en la fantasía. “Con ello estamos dejando salir la parte del deseo frustrado, que al ser identificada, nombrada y absorbida por la aceptación de quien escucha, deja de apretar tanto adentro, porque se le ha dado un lugar”, dice Terradas.
 
5. Acoger su frustación
 “Es importante abrir un espacio emocional para que el niño se frustre delante de la imposibilidad de tener lo que quiere (amigos, escuela, calles, correr, aire libre, sol, parque..) y permitir la expresión de esa frustración. Recordemos que la frustración es el puente que nos permite atravesar de la orilla de lo que queremos a lo otra orilla de lo que es.
 
6. Abrir la mirada al presente
Una vez ese dolor se ha manifestado, estamos más dispuestos a ver lo que tenemos delante de los ojos, entre nuestras manos. “Se puede hacer una lista (también podemos pasarnos una pelota y a cada turno nombrar algo) con lo que nos gusta de lo que tenemos. Agradecer eleva la vibración y protege nuestro sistema inmunológico.
 
7. No obligar
En esta situación de parón parece que cueste asumir que parar es más natural que seguir haciendo. “He oído quejas de recibir tareas de la escuela que no pueden ser acompañadas por las familias, por falta de tiempo o porque se crea una relación de tensión cuando mamá o papá se ponen de profes, o porque mamá o papá recién aterrizan del teletrabajo y no tienen la capacidad de estar disponibles para mis tareas, etcétera”. En este sentido, Terradas afirma que no es momento de seguir el curso es colar como si nada pasara.
 
8. Jugar al aquí y ahora
¿Cómo sería estar totalmente presente en este momento? Hacer alguna actividad casera, tipo, fregar los platos y permitirse oler el olor del jabón, notar la temperatura y el roce del agua en las manos...
 
9. Jugar al abogado del diablo
 “Tengo muchas ganas de patinar y no puedo”, puede decir el niño. Y nosotros podemos preguntar: “¿Seguro que no puedes?” Cuestionar la validez de un pensamiento, explican los expertos, puede abrir puertas a la creatividad. Quizá puede patinar en el pasillo o, en su defecto, se puede visualizar patinando y hacer un cuento al respecto.
 
10. Evitar el juicio
Observa qué pensamientos se activan cuando vemos a nuestro hijo aburrido. Si pensamos que el niño es esto o es lo otro porque no sabe qué hacer con su tiempo, y entonces nos enfadamos, aunque no lo digamos, se percibe que no estamos cómodos con la situación. “Recordemos que si un niño no sabe qué hacer con su aburrimiento probablemente es porque de alguna manera hemos colaborado en silenciar su propia brújula interna, y que detrás de esa actitud hay un malestar”.
 
11. No hagas nada
Considera no hacer nada de las recomendaciones anteriores si con ello vas a bloquear la posibilidad de que tu hijo lleve a cabo su propio proceso de indagación. Debemos tener cuidado de no convertirnos en animadores de la gestión del aburrimiento. 
 

sábado, 3 de abril de 2021

¿Es malo ser introvertido?

   

SARA GONZÁLEZ JUÁREZ     |    La Mente es Maravillosa   |  20/03/2021

Los medios y la sociedad muestran siempre la extraversión como lo ideal y deseable, pero ¿es malo ser introvertido? Aquí te lo contamos.


Especialmente en la juventud, ser el más sociable y abierto son inclinaciones valoradas como positivas. Pero, ¿qué tiene de malo ser introvertido más allá de esta visión o deseabilidad social?

En este artículo descubrirás qué es una persona introvertida, qué necesita y cómo funciona su mente. Así, si eres una persona introvertida o quieres comprender mejor a quienes presentan este rasgo, en este artículo formularemos y responderemos a preguntas que te ayudarán en este sentido.

 

¿Qué es la introversión? 

La introversión no solo es un estilo de interacción: es también una forma de procesar los estímulos, de organizar el tiempo y manejar las relaciones personales. Aunque muchas veces se lo asocia con ello, no se trata de timidez, fobia social o antipatía.

 

La mayoría de autores establecen la dicotomía extravertido-introvertido como polos opuestos, tales como Carl Jung o Hans Eysenck. Este último, además, relaciona estas tendencias con la cantidad de actividad cerebral en el córtex:

 

·        Las personas extravertidas tienen menor excitación cortical, por lo que buscan activarlo con estímulos externos tales como las reuniones sociales.


·        Los introvertidos, por el contrario, presentan más actividad cerebral en la zona cortical, de manera que la excitación externa puede llevarles a saturarse y buscar la soledad.


Es por esto que las personas introvertidas tienden a ser más silenciosos, a alejarse de las grandes reuniones sociales y pueden llegar a sentirse incómodos con los extraños. Además, suelen tener grupos reducidos de amigos que consideran cercanos y especiales, pues no se abren a cualquiera.



¿Es malo ser introvertido?

 

Aquí tienes la respuesta por adelantado: no, no es malo ser introvertido. La visión negativa que se tiene sobre este estilo de interacción suele venir de la presión social, que a su vez proviene del bombardeo de información que presenta la extrema sociabilidad como la clave para la felicidad. Aquí tienes la respuesta por adelantado: no, no es malo ser introvertido. La visión negativa que se tiene sobre este estilo de interacción suele venir de la presión social, que a su vez proviene del bombardeo de información que presenta la extrema sociabilidad como la clave para la felicidad.

 

También existe una cierta condena social hacia la soledad elegida. Al no necesitar tanta estimulación del medio, los introvertidos disfrutan y buscan la soledad cuando les abruma el ambiente. Esto no es necesariamente malo, pues no se trata de aislamiento social, sino de una preferencia por las actividades privadas. Un extravertido puede no ser selectivo con la estimulación que le llega del medio, pero el introvertido necesita encontrar un equilibrio entre la socialización y la desconexión.

 

Sin embargo, como se decía más arriba, un introvertido se relaciona con los demás en igual medida que un extravertido, pero de distinta manera: puede ir a una fiesta y pasárselo bien, pero no le gustará ser el centro de atención. Tiene amigos, pero menor número que un extravertido y, además, más apegados.

 

Ventajas de ser introvertido 

Para terminar de convencerte de que ser introvertido es tan válido y enriquecedor como lo contrario, aquí tienes algunas de las ventajas de este estilo de socialización:

 

·        Al llegar a la edad adulta, las personas introvertidas son más apreciadas como pareja estable, ya que muestran una apariencia reflexiva y calmada.

·        Las pocas personas con las que los introvertidos se abren y consideran su círculo cercano reciben más atención y compromiso: al ser selectivo se dispone de más tiempo para dedicar a los seres queridos.

·        La tendencia a la reflexión les ayuda a ser más comprensivos, lo que les hace líderes más exitosos.


·        Con la privacidad y aislamiento adecuados, los introvertidos tienen más facilidad para la creatividad y la innovación.

 

Susan Cain, la conocida divulgadora dedicada a estudiar la introversión, señala que muchas de las grandes mentes conocidas en la humanidad son personas introvertidas: Albert Einstein, Mahatma Gandhi o J.K. Rowling son algunas de ellas. La gran mayoría de las veces, analiza Cain, su éxito se debe a su capacidad de concentración y análisis de las tareas que les atañen.

 

Entonces, ¿es mejor ser introvertido?

 

Nada más lejos de la realidad. Sobre los extravertidos también se cuelgan etiquetas negativas, como ser amigos de todos y de nadie, o la de no ser capaces de convencerse. El problema real es, la mayoría de las veces, que la sociedad y los medios colocan algunos rasgos de personalidad como más deseables que otros.

De hecho, extravertidos e introvertidos pueden llegar a ser muy compatibles a la hora de aportar sociabilidad y reflexión a la relación, respectivamente. Antes que señalar un estilo como superior al otro, el consejo final de este artículo es el siguiente: la empatía es fundamental cuando se trata de sociabilizar. Pongamos el respeto por delante y disfrutemos de lo que nos aporta la diversidad.