miércoles, 7 de julio de 2021

Los beneficios desconocidos para la mente de leer en voz alta


JOSÉ LUIS LOZANO     |     blog    |     28/09/2020 

¿Cuánto hace que no lees a voz en vivo un cuento antes de dormir? Hoy repasamos algunas investigaciones que dan cuenta de los buenos efectos que tiene para la memoria.

Cuando te retiras a ese momento de paz y tranquilidad que inspira la lectura, es muy probable que no te dé por verbalizar las líneas que aparecen en el libro. En general, solo se recurre a la lectura en voz alta cuando hay una tercera persona a la que le interesa o quieres que le interese, como por ejemplo leer un cuento a tus niños antes de dormir.

Sin embargo, un grupo de investigaciones recientes da fe de los enormes beneficios para la salud mental y el bienestar la actividad de leer en voz alta: desde mejorar la memoria y mejorar nuestra comprensión de textos complejos hasta fortalecer los lazos emocionales que tienen las personas entre sí. Pues desde que el mundo es mundo, siempre se han contado historias junto al fuego que ayudaban no solo a coger el sueño, sino también a compartir y construir la cultura de una comunidad. 

Leer en voz alta estimula la memoria en niños y ancianos, además de mejorar su nivel de bienestar.

Una de las personas que más ha indagado en las virtudes de esta lectura en voz alta es Colin MacLeod, psicólogo de la Universidad de Waterloo en Canadá, quien ha demostrado a base de investigaciones que aquellas personas que lo practican recuerdan mucho mejor las palabras y los textos si los leen en voz alta. En ese sentido, se trata de un efecto que estimula la memoria que tiene una fuerte influencia sobre todo en los niños, pero también para las personas de edad avanzada. «Es beneficioso para cualquier rango de edad», asegura un artículo sobre el tema de la ‘BBC‘. 

«Efecto de producción»

MacLeod ha denominado a este curioso fenómeno «efecto de producción», refiriéndose al hecho de ‘producir palabras escritas’, es decir, leerlas en voz alta. Así quedó demostrado en un estudio realizado en Australia en el que un grupo de niños de siete a diez años leyeron una lista de palabras, algunas en silencio y otras en voz alta. Cuando posteriormente se les preguntó por aquellas que recordaban, aquellos que leyeron en voz alta recordaron el 87% de los términos, mientras que los que las leyeron en silencio solo pudieron llegar al 70%.

La memoria asocia un acto concreto e inédito con aquellos datos o términos que has memorizado

De algún modo, este fenómeno recuerda al conocido truco de estudiar preguntándose la lección a uno mismo. Como vienen demostrando los estudios y los profesores especialistas en la materia, la dicción en voz alta no solo sirve para los niños, sino también para los adultos. En otro estudio, se reunió a un grupo de adultos de 67 a 88 años a los que se les pidió leer en voz alta una serie de palabras que más tarde deberían recordar y escribir con bolígrafo en un papel. De esta forma, pudieron recordar el 27% de las palabras que leyeron en voz alta, mientras que los que leyeron en silencio solo pudieron memorizar un 10%.

«Las palabras habladas destacan sobre las que se leen en silencio, se distinguen de ellas porque se dicen, y esto le da una base para que entren a formar parte de la memoria», explica MacLeod. Otra de las causas de este curioso efecto es porque involucra a la persona en una participación activa, que aunque sea mínima, existe. Al fin y al cabo, las palabras adquieren vida con la voz y no con el silencio.

Otro de los trucos para memorizar datos y detalles concretos es el de promulgación. Por ejemplo, si haces rebotar una pelota y por cada bote que da pronuncias una serie de palabras, estas posteriormente serán recordadas debido a la relación del bote de la pelota con ellas. La memoria asocia un acto concreto que se desprende de la actividad cotidiana o que es inédito con aquellos datos o términos que has memorizado. 

¿Y escuchar atentamente la lectura de otra persona?  

Un estudio de la Universidad de Perugia en Italia reunió a un grupo de estudiantes para que leyeran a un conjunto de ancianos aquejados de alzhéimer durante un total de 60 sesiones. Al final del estudio, los oyentes sacaron mejores resultados en pruebas de memoria que antes del experimento, ya que las historias que les contaron les hicieron recurrir a sus propios recuerdos e imaginación, ayudándoles a clasificar las experiencias pasadas de una manera secuencial. «Escuchar activamente una historia conduce a un procesamiento de la información más intenso y profundo«, concluyeron los autores del estudio. 

Mayor bienestar

Para muchos de los encuestados en todos los estudios, leer en voz alta no solo mejoró su capacidad cognitiva, sino que también les deparó un mayor índice de bienestar, consuelo y lo más importante: un sentido de pertenencia. «Algunos participantes que hablaron sobre esta experiencia afirmaron que se sintieron agradecidos, como si la historia fuera un regalo de su tiempo, de su atención, de su voz», asegura Sam Duncan, un investigador del University College de Londres que dirigió un estudio realizado a más de 500 personas de todo Reino Unido. «Esto es lo que apreciamos cuando leemos cuentos a los niños, se basa en una sensación de cercanía y unión. Es algo que no hacemos demasiado con los más ancianos».

¿Por qué nos acostumbramos tan rápido a leer en silencio?

Según Karenleigh Overmann, arqueóloga cognitiva de la Universidad de Bergen, en Noruega, por una cuestión de rapidez y agilidad mental. «La capacidad de leer en silencio ha tenido grandes ventajes, sobre todo, la velocidad», explica. «Leer en voz alta es un acto que ralentiza tu habilidad para leer de forma rápida». Tal vez ahí resida otra de las particularidades de su efecto. En un mundo tan acelerado como en el que vivimos, no estaría de más conceder unos minutos al día a la lectura lenta, atenta y en voz alta. No solo por un mero favor a nuestra capacidad de memorización, sino también para compartir y estar más cerca de aquellas personas a las que queremos y nos rodean. Y que en último término, estarían encantadas de escuchar la historia de principio a fin.

 

martes, 6 de julio de 2021

¿Cúales son los síntomas de las adicciones?


Psicología y Mente    |     Mayo – Junio 2021                                         

Estos son los síntomas que caracterizan a los trastornos por adicciones. 

Se designa como “adicción” a cualquier enfermedad crónica y recurrente del cerebro que se caracterice por una búsqueda patológica de recompensa/alivio mediante el uso de una sustancia (o una actividad, en el caso del juego de apuestas). Las sustancias potencialmente adictivas son de sobra conocidas, aunque algunas están más aceptadas a nivel social que otras. 

Según el portal Our World in Data, las drogas son responsables de forma directa o indirecta de la muerte de 11,8 millones de personas al año. El alcohol y el tabaco se llevan los primeros puestos de peligrosidad, pues estas dos sustancias por sí solas acaban con la vida de 3 millones y 8 millones de personas cada año, de forma respectiva. Sin ir más lejos, el tabaco mata casi a la mitad de individuos que lo consumen.

Con todos estos datos en la mano, nos queda más que claro que las adicciones son un problema sociosanitario a combatir. De todas formas, toda acción global comienza a pequeña escala, y el entorno del adicto es esencial para que este se decida a buscar ayuda. Por todos estos motivos, a continuación exploramos los síntomas de la adicción.

La definición de adicción y sus síntomas

El término “adicción” no se suele utilizar en el ámbito psicológico, pues hace referencia al desorden biopsicosocial que generan las drogas a nivel cerebral, pero el conjunto se entiende mejor si usamos el concepto “Trastorno por uso de sustancias” o “substance abuse disorder” (SUD) en inglés. 

Los SUD se caracterizan por una serie de problemas mentales, emocionales, físicos y comportamentales que surgen por el consumo de una sustancia adictiva, sea esta legal, ilegal o recetada por un médico en un entorno concreto. Los pacientes adictos no son físicamente capaces de dejar de usar la sustancia conflictiva por mucho que lo intenten, aunque esto ponga en peligro su vida y la de su entorno.

A pesar de que todos estos conceptos puedan sonar etéreos y difíciles de evaluar, existen criterios estandarizados para cuantificar una adicción. La Asociación Americana de Psicología (APA) edita y publica cada cierto tiempo su Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, documento que sienta cátedra en lo que a la clínica psiquiátrica se refiere. Según la quinta edición, estos son los criterios que se buscan en una persona adicta:

·        El paciente consume la sustancia más de lo que tenía planeado en un principio.

·        No puede dejar la sustancia por mucho que quiera o que lo intente.

·        El paciente pasa mucho tiempo consiguiendo, usando o recuperándose del consumo de la sustancia conflictiva.

·        Necesidad y urgencia para utilizar la sustancia.

·        El uso recurrente de la sustancia evita que el paciente se desarrolle en otros ámbitos de su vida, como el trabajo, el hogar o el colegio.

·        El paciente continúa usando la sustancia a pesar de que el consumo causa problemas en el ambiente íntimo (interpersonal o social).

·        El paciente deja de lado actividades sociales, ocupacionales o recreacionales con tal de seguir usando la sustancia.

·        El uso de sustancias se sostiene en el tiempo, incluso cuando las actividades en las que se consumen son peligrosas.

·        El paciente continúa usando la sustancia, incluso cuando sabe que tiene un problema psicológico derivado de la droga o esta acrecienta la sintomatología de otros trastornos.

·        El adicto necesita más sustancia cada vez para llegar al efecto deseado (tolerancia).

·        También desarrolla síntomas cuando deja de consumir la sustancia, y estos se pueden remediar con su uso nuevamente (dependencia).

 

Esta larga lista representa todos y cada uno de los síntomas de una persona con una adicción. De todas formas, un paciente adicto puede no presentarlos todos a la vez, o expresar de forma menos clara sus sentimientos y efectos psicológicos derivados de la situación. 

La gravedad del trastorno por uso de sustancias

Si el paciente presenta 2 o 3 de de los síntomas citados, se diagnostica con un “trastorno por uso de sustancias leve”. 4 o 5 signos indican un cuadro moderado, y 6 o más incurren en la parte más grave del espectro patológico. De todas formas, dependiendo de las fuentes consultadas, se estipula que para ser considerada adicta (en cualquiera de sus variantes), una persona debe mostrar al menos 2 síntomas por un periodo de 12 meses o más. 

¿Qué no es una adicción?

Como habrás visto, el intervalo temporal en el que se presentan los síntomas es importante a la hora de diferenciar una adicción u otras condiciones. Por esta misma razón, los medicamentos que generan tolerancia y/o síntomas de abstinencia de forma rápida (como la morfina y el fentanilo, sobre todo opioides) en los pacientes médicos son un terreno resbaladizo. 

Por ejemplo, una persona con dolor crónico que utiliza un analgésico opioide puede desarrollar síntomas de abstinencia cuando deja de consumirlo, a pesar de haber seguido todas las indicaciones del médico. Esto no se considera una adicción, pues la mayoría del malestar proviene del dolor que el opioide estaba enmascarando, no de que los circuitos cerebrales se hayan modulado según el consumo de la sustancia. 

Por otro lado, cabe destacar que solemos utilizar el término “adicción” para muchos ámbitos, como las compras, los hobbies, los videojuegos, el ejercicio e incluso las relaciones íntimas. La realidad es que técnicamente, a día de hoy solo hay una actividad reconocida por la APA como potencialmente adictiva: el juego de azar. Se ha descubierto que, en un adicto a las apuestas, ganar una cantidad cuantificable de dinero en metálico es muy similar a darle una dosis de cocaína a un drogadicto, al menos desde un punto de vista neurológico.

Si seguimos el criterio, no podemos afirmar que el trabajo, las compras, los videojuegos, el deporte o las relaciones sean sustratos adictivos por sí solos. Una persona puede obsesionarse de forma compulsiva con cualquiera de estos frentes, pero esto sería un síntoma de una entidad clínica diferente (y no un trastorno por uso de sustancias). 

Esto no quiere decir que no sean actos potencialmente adictivos, sino que aún no se tiene suficiente evidencia para afirmar o desmentir que se trate de un problema de ese tipo, sino que constituirían otra forma de psicopatología. 

Como habrás podido comprobar, es fácil reconocer de forma externa cuando alguien tiene problemas con una sustancia o actividad, pero no tanto demostrar de forma clínica que se trata de un paciente con un trastorno por uso de sustancias. Aquí entran en juego el número de síntomas, el tiempo por el que se presentan y la sustancia o actividad potencialmente nociva, entre otras cosas.

De todas formas, la terminología psiquiátrica ocupa un segundo plano cuando tenemos en cuenta que estamos hablando de personas que ponen en juego su vida. Si te has visto reflejado en alguna de estas líneas o has pensado en un familiar, te recomendamos que acudas los profesionales de la medicina y de la psicoterapia. Las adicciones se pueden tratar, pero cuanto más tiempo pasa, peor es el pronóstico del paciente.

Llaurant La Llum Residencial – Centro de Tratamiento de Adicciones – Valencia (España)

 

domingo, 4 de julio de 2021

Cuando la voz interior no existe: el nuevo reto de la psicología


JOSÉ LUIS LOZANO    |     Blog     |     29/06/2021

Todas las mentes no hablan con palabras 

Por razones aún desconocidas, a veces la mente comienza a hablar. Pero, ¿puede una persona no tener voz interna?. 

Cuántas veces te habrán dicho que escuches tu interior, y cuántas veces le habrás pedido que se calle. La vocecita de nuestra cabeza nos acompaña siempre, recordándonos que también vivimos hacia dentro. Como si el interior del cuerpo humano fuese un inmenso rellano de vecinos que nos habitan: tenemos tertulia asegurada a cualquier hora y en cualquier momento con nosotros mismos. Su importancia es clave en la psicología, pero sin embargo todavía se conoce muy poco sobre ella. 

Durante mucho tiempo, se ha asumido que el habla interna era algo natural e intrínseco al ser humano. Pero la realidad es que no todas las personas procesan la vida en palabras y oraciones. Se trata de una nueva base científica desde la que están trabajando en la actualidad profesionales como Hélène Lœvenbruck, investigadora senior de neurolingüística y jefa del equipo de lenguaje en el Laboratorio de Psicología y Neuroconocimiento en CNRS, el Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia. Según afirma Lœvenbruck en Live Sciencela voz interior puede tener tonos concretos: por ejemplo, puede "sonar" enfadada o preocupada.

Qué es la 'metacognición' o cómo dejar de comernos tanto la cabeza 

Esto es lo que investigaciones hasta la fecha han demostrado, también en niños de entre 5 y 7 años, comprobando que ya a temprana edad pueden dialogar con su mente. Algunos estudios sugieren incluso que ya desde los 18 a los 21 meses de edad puede existir alguna forma de fonética interior.

¿Monólogo o diálogo?

Uno de esos estudios es precisamente la investigación que Lœvenbruck dirigió en 2019, cuyos resultados se publicaron en la revista Frontiers in Psychology. Este clasifica y analiza los monólogos internos según tres dimensiones. La primera de ella ya abre nuevos horizontes para otros estudios y debates al respecto: se trata de la dimensión dialógica, que recoge que los seres humanos pueden tener un discurso interno tan complejo como cualquier discurso con otra persona, porque el habla de la mente puede incluir razonamientos y hasta varios puntos de vista. Por ello la comunidad científica discute si se puede denominar monólogo a todo discurso interno. A partir de estas premisas, la primera dimensión mide, por tanto, si una persona está pensando en forma de monólogo o de diálogo.

La segunda dimensión es la condensación, es decir, cómo de detallado puede llegar a ser el habla interior. Porque las personas pueden pensar en palabras o fragmentos, pero a veces pueden hacerlo en oraciones y párrafos completos. Esto ocurre, por ejemplo, cuando alguien se prepara para dar un discurso o, más a menudo, antes de una conversación cualquiera.

La tercera dimensión es la intencionalidad. Esta variable interpela directamente a la conciencia (y, por ende, al subconsciente). Por razones aún desconocidas, a veces la voz interna comienza a hablar y deriva hacia temas completamente aleatorios y aparentemente inconexos, como si conversáramos con otra persona. De manera que, en este caso, la hipótesis nace de la pregunta: ¿Está participando diálogo interior a propósito? 

Cuando la mente no conversa 

Sin embargo, más allá de todas las incógnitas que plantean estas dimensiones, existe la posibilidad de que la narrativa sea visual, de que la mente converse mediante imágenes. Como recoge el mencionado portal citando a Lœvenbruck, la suposición de que todas las personas se comunican consigo mismas a través de palabras condujo históricamente al error de sostener todas las teorías al respecto en estudios en los que los participantes expresaban sus pensamientos en palabras, “incluso si no pensaban exactamente en palabras”. No fue hasta finales de la década de 1990 cuando la psicología descubrió que hay personas que no procesan el mundo siguiendo una narrativa textual, sino puramente visual, o generando sensaciones, pero no una voz ni palabras. Pero, ¿puede el ser humano no tener voz interior? Así lo constató entonces una investigación dirigida por Russell Hurlburt, psicólogo de la Universidad de Nevada, Las Vegas. 

Así funciona el cerebro de alguien que tiene 'aphantasia' 

De hecho, la ausencia de una voz interior que nos replique constantemente podría ser hermana de otra ausencia: la afantasía o "ceguera del ojo de la mente", como se le conoce comunmente. Se trata de una condición por la que las personas no experimentan visualizaciones en su mente; es decir, no pueden imaginar rostros conocidos, lugares u objetos con claridad. Es por ello que no es extraño que quien no puede generar imágenes en su mente tampoco puede generar una voz clara. 

El objetivo que marcan en la actualidad profesionales como Lœvenbruck es ampliar el foco de la investigación de los procesos de pensamiento, teniendo en cuenta que no existe un patrón claro ni determinado. Un camino que podría regenerar la educación tal y como la conocemos hasta ahora. 

 

viernes, 2 de julio de 2021

El bienestar físico y mental, en el punto de mira con la consolidación de la 'telenormalidad'


 

LA VANGUARDIA     |     22/06/2021


Las consecuencias de la situación derivada de la Covid-19 han modificado el estilo de vida de la población haciendo necesario un replanteamiento de las prácticas saludables que puedan ayudar a aumentar el bienestar físico y mental .

La pandemia ha puesto de relieve la importancia de proteger y cuidar la salud. La población es mucho más consciente de la necesidad de mantener hábitos de vida saludables en un contexto en el que el confinamiento y el teletrabajo han dado lugar a un incremento del sedentarismo, provocando un impacto tanto en la salud física como en la mental. Una alimentación saludable, la actividad física y el cuidado emocional se presentan como las claves para recuperar los hábitos más beneficiosos para el bienestar en la ‘nueva normalidad’ que comienza a emerger con la aceleración de la campaña de vacunación y el fin del estado de alarma.

 

Durante el confinamiento, casi la mitad de los españoles experimentaron un aumento de peso de entre uno y tres kilogramos, según la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO). “El teletrabajo y también el miedo a salir de casa por el riesgo de contagiarse han hecho crecer notablemente el sedentarismo, lo que se ha traducido en un aumento significativo durante este último año de las consultas por dolores articulares y problemas musculares y de la solicitud de analgésicos (medicación para el dolor)”, afirma la doctora Cira Vera, especialista en Medicina de Familia y Medicina Deportiva de Teladoc Health. El cierre de los gimnasios y de los centros de fitness tampoco han ayudado a muchas personas a mantener sus rutinas de ejercicio.

 

Hábitos de vida saludables para la ‘nueva normalidad’

 

Son muchos los que se han adaptado a la 'telenormalidad', tendencia que ha ido más allá del trabajo en remoto con, por ejemplo, el aumento de las consultas médicas a través de videollamada y el desarrollo de clases deportivas online; sin embargo, también se ha producido el efecto inverso, y muchas personas han empeorado su estilo de vida a raíz de la Covid-19. Tal y como afirma la doctora Vera: “Mi impresión no es que hayan mejorado los hábitos saludables, más bien al contrario. El miedo durante la pandemia ha paralizado a más personas de lo que nos gustaría”. Además, advierte de que “tomar las riendas de nuestra salud es clave para mantenernos sanos y evitar las consecuencias negativas derivadas de no cuidarse”.

 

Caminar 10.000 pasos diarios para disminuir los problemas relacionados con el colesterol y el corazón, exponerse una media de 20 minutos cada día al sol para compensar los niveles de vitamina D y realizar estiramientos, sobre todo cuando se pase mucho tiempo sentado frente al ordenador o en la misma postura son algunas de las claves que aconseja la experta.

 

Otro efecto colateral de la crisis del coronavirus ha sido el aumento de las visitas a urgencias en detrimento de otras consultas de detección precoz o de seguimiento de enfermedades crónicas. “Por eso ha sido tan importante el despegue de la telemedicina, que se ha convertido en una aliada de la gestión sanitaria actual”, señala la doctora Vera. Una encuesta global realizada por la consultora PwC revela que el 91% de las personas que ha empleado este método de contacto con su médico lo prefiere a la cita presencial.

La pandemia también está dejando secuelas en la salud mental. Según el primer estudio sobre el impacto psicológico de la Covid-19 en la salud de los trabajadores, realizado por la consultora Affor, el 68,8% de los empleados españoles sufre con frecuencia dolor de cabeza; y el 86,2% confiesa sentir nerviosismo, irritabilidad o tensión. El aumento generalizado de la ansiedad y del estrés, unido a los meses de teletrabajo, ha provocado que muchas personas sientan miedo a retomar su vida social y salir a la calle, lo que algunos expertos describen como el “síndrome de la cabaña”. Buscar nuevas motivaciones, realizar ejercicio físico, tener una buena gestión del tiempo, evitar la sobreinformación, practicar técnicas de relajación y cuidar la autoestima con pequeños logros son algunas de las rutinas que mejoran la salud física y mental en esta nueva era.

 

La importancia de la concienciación y de la protección

 

La pandemia ha puesto el foco en la importancia de proteger la salud. La ansiada 'nueva normalidad' está llegando de forma muy paulatina y muchos expertos anticipan que la huella de la Covid-19 tardará mucho tiempo en desaparecer. Para otros, el mundo no volverá a ser el mismo estimando que, aunque las medidas de contención desaparezcan, muchos de los cambios motivados por el coronavirus han venido para quedarse. “Recuperarse del colapso que ha generado la crisis sanitaria está siendo un proceso más lento de lo que nos gustaría y muchos pacientes han tomado la decisión de contratar un seguro de salud para tener mayor accesibilidad a la consulta médica, controles y pruebas diagnósticas”, asegura la doctora Vera.  

martes, 29 de junio de 2021

En medio del caos, calma


VALERIA SABATER    |    La Mente es Maravillosa    |   28/05/2020

En medio del ruido, calma. En medio del miedo y el murmullo que trae la incertidumbre y el pánico, calma. Solo en un enfoque mental centrado y relajado podemos explotar nuestras fortalezas psicológicas. Es el momento de despertarlas y de hacer uso de ellas.

No es fácil vivir en medio del caos. No es sencillo mantener el equilibrio cuando llegan embestidas, cuando el viento se arremolina entre el cabello y nos susurra al oído mensajes de miedo con sabor a incertidumbre.

Estamos diseñados para anticiparnos, para responder emocional y cognitivamente de manera precipitada cuando el pánico nos asalta. Sin embargo, lo ideal en medio de estos escenarios es la calma.

La palabra “miedo” va mucho más allá de malestar del momento. En sí contiene todo ese caleidoscopio que integra desde el fantasma del comportamiento más irracional hasta esas reacciones más integradoras. Esas que asumen el temor, pero optan por afrontarlo mediante conductas proactivas para dar solución a un problema.

 

Señalaba el psiquiatra Karl Augustus Menninger que los miedos pueden educarse y que es entonces cuando damos los pasos más firmes. Es fácil decirlo, pero llevarlo a cabo es posiblemente el acto más complejo y traumático en el ser humano. Porque cuando el caos llama a la puerta y nos arrebata la calma, la mente se desboca y lo que es aún más peligroso, contagia a otros hasta hacer del miedo un enemigo de dimensiones extraordinarias.

 

En estos contextos, debe germinar la calma. Esta dimensión también puede entrenarse porque, al fin y al cabo, el propio miedo, la ansiedad y los comportamientos irracionales son un dragón más que podemos aprender a contener.

 

En medio del caos debemos aplicar un enfoque mental basado en la calma

Hay personas que a veces han enfermado (metafóricamente) por el aluvión de “malas noticias” que se transmiten a través la televisión, la radio y las redes sociales. En parte, porque pareciera que los datos inquietantes, los hechos preocupantes y los mensajes negativos opacan los positivos.

 

Es más, por término medio, las noticias negativas siempre se comparten antes que las esperanzadoras. Lo hacemos sin aplicar siquiera el filtro de la prudencia, sin valorar a veces si esos hechos son ciertos o no.

 

Bien, es verdad que tenemos derecho a saber que la información es poder y que hay que estar en contacto con la realidad inmediata. Pero hay momentos en que las circunstancias y determinados hechos los interpretamos como abrumadores y entonces, de pronto despierta en nosotros un sentimiento: el de la impotencia. No saber qué puede suceder mañana es sin duda lo que más nos asusta y limita.

 

Somos criaturas habituadas a tener el control sobre su realidad inmediata (o al menos, a pensar que es así). Experimentar de pronto que estamos en medio del caos, que lo que ayer dábamos por seguro hoy es incierto o ya no está, nos duele y nos perturba. ¿Qué podemos hacer ante estas circunstancias?

 

La calma es una actitud y llega cuando aceptas que no puedes controlarlo todo

En un contexto de incertidumbre aumenta la ansiedad. A ello se le suma otro factor: el entorno, la información que recibimos, las personas que nos rodean contagiándonos sus emociones, sus miedos… Nada eleva tanto la angustia como el no saber, como la propia incertidumbre.

Un ejemplo: es mucho peor no saber si vamos a perder el trabajo que tener ya la certeza de que lo hemos perdido. El cerebro actúa de forma diferente. Es necesario, por tanto, que aprendamos a tolerar la incertidumbre.

Debemos asumir que, aunque no tengamos el control sobre ciertas cosas, sí tenemos el control sobre cómo elegimos reaccionar ante ellas. Esa es la clave.

·        Actuar con calma es la mejor actitud. Es el enfoque mental mediante el que podemos responder de manera más acertada, razonable y ajustada dando lo mejor de nosotros mismos.

 

Limpia la mente: elimina pensamientos catastróficos 

En medio del caos, los pensamientos catastróficos no ayudan sino que nos hunden. En medio de las dificultades, de un escenario de dudas o problemas, la mente debe ser nuestra aliada y no esa adversaria que nos entorpece a cada paso.

Por tanto, es vital que seamos capaces de “limpiar” de nuestro enfoque cotidiano el pensamiento que entorpece, alimenta el miedo y que en lugar de ayudarnos a dar con una solución, añade un problema más.

Seamos conscientes de ellos y eliminemos el diálogo interno negativoLa calma debe ser ese faro capaz de guiarnos en la oscuridad.

 

En medio del caos… ¿quién eliges ser? 

Responder, en épocas difíciles, a la cuestión de quién deseamos ser puede ayudarnos en medio del caos. ¿El héroe o la víctima? ¿Quién sirvió de ayuda o empeoró aún más la situación? ¿Alguien de quien sentirte orgulloso o una figura que eligió el inmovilismo y el pánico?

Tú eliges, tú decides qué estela y qué impronta vas a dejar en esos días en los que estamos obligados a dar lo mejor de nosotros mismos.

En escenarios de crisis, la calma es esa compañera capaz de trazar caminos más serenos y acertados. Con ella de la mano, vemos las cosas con mayor nitidez para saber reaccionar, ser proactivos y responsables.

Es momento de activarla, es hora de que en un presente de cambios e incertidumbres, actuemos juntos con serenidad, inteligencia y aplomo.