domingo, 23 de julio de 2023

"Journaling" o el truco de los expertos para mantener a raya los pensamientos negativos

OMAR BENAAMARI     |       El español      |      18/06/2023 


"Se escribe para llenar vacíos, para tomarse desquites contra la realidad, contra las circunstancias". Esta frase, que es atribuida al escritor Mario Vargas Llosa, describe cómo escribir no es solo algo reservado a los novelistas, periodistas y otros oficios de las palabras. Escribir ha demostrado ser una herramienta efectiva para desentrañar y dar sentido a nuestros pensamientos y sentimientos


El journaling o escritura expresiva consiste en expresar pensamientos, experiencias, reflexiones o hábitos con tinta y papel (o a golpe de teclado). Es una de las maneras estrella para desahogarse, tal como se hacía en la infancia y adolescencia con los diarios personales. Pero también es un hábito que puede resultar beneficioso para la salud. 

 

Los beneficios de la escritura expresiva a nivel psicológico y fisiológico están bien fundados. Existen más de 200 estudios que demuestran el efecto positivo de la escritura en la salud mental

 

¿Escribir es un fin o un medio?

 

El psicólogo social de la Universidad de Texas en Austin, James A. Pennebaker estudió en 1986 el impacto de cierto tipo de escritura en la salud mental. Y descubrió que etiquetar las emociones y reconocer los sucesos traumáticos tienen un efecto positivo conocido en las personas.

 

Para llegar a estas conclusiones, asignó a 50 estudiantes universitarios la tarea de escribir sus experiencias, y los dividió en dos grupos. A uno se le solicitó escribir sobre experiencias cotidianas, superficiales y a otro sobre experiencias dolorosas o traumáticas.

 

El segundo grupo reportó estados de ánimo más positivos y menos enfermedades. Esto indica que enfrentarse a las experiencias traumáticas a través de la escritura puede marcar una diferencia positiva en la salud física.

 

Y, ¿sobre qué escribo?

 

Escribir sobre momentos angustiosos puede tener un efecto no deseado para algunas personas. Por eso se hace fundamental encontrar aquello sobre lo que escribir. Y esto es una tarea que se realiza escribiendo. Algunos registran aspectos concretos de su vida cotidiana, mientras que otros lo conciben como un ejercicio espontáneo que se plasma a través de la escritura creativa.

 

Raquel Tomé López, psicóloga general sanitaria, psicoterapeuta y neuropsicóloga
del Centro Guia de Psicoterapia de Madrid, explica que "
no hay que considerarla una panacea". Pero, reconoce, "nos ayuda a tomar conciencia y revelar pensamientos y sentimientos íntimos acerca de experiencias dolorosas de las cuales podemos obtener un beneficio positivo para nuestra salud".

La profesora de escritura creativa de la Universidad Metropolitana de Cardiff, Christina Thatcher, en un artículo para The Conversation, planteaba tres tipos de escritura: la expresiva, la reflexiva y la creativa. Cada uno de ellos tiene sus propias ventajas, pero todas tienen como meta el desarrollo personal.

 

Hay otras propuestas de escritura, como el diario de gratitud, en el que se escriben las cosas que se agradece del día o la vida—. Los estudios demuestran que las personas que llevan un diario de gratitud presentan mayores niveles de satisfacción vital. O el diario de cartas no enviadas, que consiste en registrar todos aquellos mensajes que, por vergüenza o pánico, no fueron remitidos a las personas de nuestro entorno.

 

Tipos de 'journaling' o escritura expresiva

Diario reflexivo  -  Diario de lo que va bien  -  Diario de gratitud  -  Diario de cartas no enviadas  -  Diario de una palabra

Existen otros métodos para poner en práctica el journaling y que no necesariamente implican escribir, como por ejemplo, el diario-collage o el diario de una foto al día. Estas son dos maneras de registrar tus pensamientos, porque, para muchos, una imagen vale más que mil palabras.

 

Terapia de escritura


La escritura expresiva ha ganado fuerza en los últimos años debido al énfasis incipiente del autocuidado, pero no a todo el mundo le puede resultar útil. "Hay personas que sienten mucho miedo y ansiedad a la hora de afrontar la tarea y destapar un trauma del pasado", explica la psicóloga Raquel Tomé. 


Por esa razón, "puede no ser lo más adecuado" que estas personas se embarquen en el hábito del journaling o escritura expresiva. Pero si deciden hacerlo, indica la terapeuta, "van a necesitar contar con apoyos adecuados, como un psicoterapeuta que pueda proporcionarles el acompañamiento terapéutico adecuado en el proceso de afrontar una tarea como esta". Esto es lo que se conoce como terapia de escritura.

Este ejercicio, para las personas que están recibiendo atención psicológica, puede ayudar al profesional a entender el problema del paciente para ofrecerle el mejor tratamiento posible.  

jueves, 20 de julio de 2023

Qué es el pensamiento mágico o apofenia y qué relación tiene con la salud mental


ALDARA MARTITEGUI       |     Madrid – niusdiario.es     |      18/06/2023

 

·        Explicamos qué es el pensamiento mágico o apofenia y por qué se produce este fenómeno que conecta hechos que no tienen ninguna relación

·        El pensamiento mágico es un tipo de sesgo o atajo cognitivo que aplicamos de manera automática para que sea más fácil comprender el mundo

·        Cualquier persona usa los pensamientos mágicos en algún momento de su vida y no tiene por qué ser síntoma de un problema de salud mental

 

Aunque desde nuestra mentalidad excesivamente racional la mayoría asumimos que la función básica de nuestro cerebro es la de pensar, reflexionar, crear y descubrir nuevas maneras de avanzar y progresar como especie, lo cierto es que el cerebro humano está diseñado para facilitarnos la supervivencia. Le da bastante igual el progreso. Su prioridad es mantenernos vivos y funcionales, es decir, aptos para adaptarnos al contexto en el que vivimos y así poder sobrevivir.

 

En ese ‘adaptarnos al contexto’ tiene un papel importante comprender el contexto, darle un sentido. A nuestro cerebro no le importa tanto que lo que vamos integrando del mundo exterior sea cierto o no. Le importa, sobre todo, que encaje con nuestros esquemas previos. ¿Por qué ocurre esto? porque nuestro cerebro es ante todo tacaño, porque su prioridad es ahorrar energía… no vaya a ser que tenga que usarla más tarde para ayudarnos a sobrevivir y se encuentre que la gastó toda hace un rato tratando, por ejemplo, de comprender el extraño comportamiento del vecino. Como dice el escritor y experto en temas científicos Michael Shermer en su artículo publicado en Scientific American, “el cerebro está programado para reconocer patrones y hallar significados, ya que esta es una habilidad evolutiva que contribuye a sobrevivir como especie”.

 

El cerebro crea patrones para comprender el mundo

El simple hecho de integrar nuevos conceptos que ponen en entredichos ideas previas ya consolidadas en nuestro sistema de creencias supone un desgaste enorme de energía para nuestro cerebro. Por ello crea una serie de patrones, sesgos o ‘moldes’ que le permiten encajar e integrar con rapidez y comodidad nuevos estímulos que puedan aparecer y que generen distorsión. Esto se debe a que el hecho de intentar resolver una disonancia o incongruencia es una de las tareas que más desgasta a nuestro cerebro…¿Quién no se ha sentido agotado física y mentalmente después de un día entero dándole vueltas a algún asunto que no logra comprender?

 

Todo esto explica por qué el cerebro humano está diseñado para encontrar patrones. La existencia de estos sesgos, atajos mentales o heurísticos cognitivos, que en nuestra vida aplicamos de manera automática, no es nada malo, es una manera de facilitarnos la comprensión del mundo, la categorización de nuevos conceptos y la toma de decisiones de manera eficaz, es decir que no suponga un gasto de energía excesivo para nuestro tacaño cerebro. Lo que ocurre es que en ocasiones nuestro cerebro puede creer detectar patrones que en realidad no existen. Es aquí cuando se produce lo que conocemos como apofenia o pensamiento mágico que, en un grado muy exagerado podría llegar a convertirse en un problema.

 

Qué es la apofenia o pensamiento mágico

El neurólogo y psiquiatra alemán Klaus Conrad acuñó el término en 1958. La apofenia es un sesgo cognitivo que conduce a la persona a ver un patrón o una conexión entre varios objetos o eventos que en realidad no la tienen. No se trata de un trastorno mental en sí mismo ni tampoco tiene porqué ser un síntoma de mala salud psicológica. Como decíamos, este fenómeno simplemente responde a la necesidad humana de seguridad y a la necesidad cerebral de ahorro de energía.

 

El fenómeno de apofenia o pensamiento mágico se produce cuando la persona detecta conexiones de forma inmotivada, sin razón. No es que vea patrones que a estaban ahí, es que los imagina, supone, asume y los toma como ciertos sin que exista una evidencia que lo sustente. Por ejemplo, una persona que se pone siempre la bufanda de su equipo de fútbol de una determinada manera porque cree que ello hará que su equipo gane el partido, o un estudiante que se dirige a hacer un examen y como en el metro alguien le pone mala cara, asume que eso es una señal de que va a suspender el examen.

Es decir, la persona con este tipo de sesgo da un significado subjetivo a los hechos, de modo que estos se toman como más importantes de lo que son y presume un significado oculto detrás de su ocurrencia. No se asume que solo se trata de eventos anecdóticos o aleatorios sin ninguna relación entre sí.

 

Por ejemplo, imaginemos una persona que está en la sala de espera de un hospital esperando que le den el resultado de una importante prueba médica que determinará si lo que le ocurre es grave o no. Lo normal es que ante situación esta persona esté inquieta y busque la certeza (de que todo irá bien o de que no irá bien dependiendo de la personalidad de esta persona). En una situación como esta es más fácil que aparezca la necesidad de saber qué pasará, ya que el cerebro no tolera bien la incertidumbre. Por tanto, es más fácil que esta persona sucumba ante ‘señales’ que le den algo de calma: Por ejemplo, si al sacar una botella de agua de la máquina esta le devuelve más cambio de lo que le corresponde, puede pensar que se trata de una buena señal y que la prueba médica ha salido bien. O, por el contrario, si la máquina de agua está estropeada puede hacer la atribución de que eso significa que la prueba ha salido mal.

 

Como explica el psicólogo Fernando Azor en este artículoel pensamiento mágico o apofenia “está asociado a la necesidad de control, y a menudo las explicaciones que se derivan de este tipo de pensamiento están basadas en supersticiones, creencias o ideas religiosas. La personalidad de tipo obsesivo potencia especialmente este modo de interpretar la realidad. Los pensamientos mágicos son bastante frecuentes en personas que se sienten inseguras, amenazadas o preocupadas por lo que puede pasar. Surge de la necesidad de alcanzar la certeza de que no ocurrirá lo que uno teme”.

 

Como decíamos, cualquier persona usa los pensamientos mágicos en algún momento de su vida. Salvo que esta sea la única manera de relacionarse con el mundo no tiene por qué ser indicador ni síntoma de ningún problema de salud mental. Sin embargo, hay que decir que la apofenia o pensamiento mágico está presente en algunas psicopatologías como los trastornos de ansiedad, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y el juego patológico o adicción al juego.

 

Apofenia y adicción al juego

La apofenia tiene especial relevancia como factor de mantenimiento de una adicción al juego, no tanto como desencadenante de esta conducta.

 

¿Por qué juega un jugador a juegos de azar, en especial por qué juega de forma reiterada aun sabiendo que el resultado del juego de azar no es predecible ni controlable, y que la esperanza matemática y lógica de ganancia es negativa?

 

Una de las explicaciones, según los expertos, es que juega porque tiene ciertos pensamientos irracionales (sesgos o errores cognitivos como apofenia o pensamiento mágico) en relación con el juego. Solo si una persona considera que puede predecir o controlar los resultados del juego parece lógico que juegue, incluso que arriesgue cantidades importantes de dinero, confiando en que finalmente va a conseguir el premio.

 

Es habitual que la persona con conducta de juego tenga la creencia en que el resultado del juego depende más de la actuación propia que del azar. Se piensa que ciertas estrategias permitirán controlar el juego y ganar. Por ejemplo, puede pensar que apretar de determinada manera los botones de la máquina tragaperras le ayudarán a ganar, o ponerse determinadas prendas de vestir para jugar. Se han descrito incluso casos en los que el jugador cree que si habla de manera cariñosa u obscenas a la máquina ganará

 

TOC de pensamiento mágico

También tiene cierto sentido que el pensamiento mágico esté presente en el trastorno obsesivo compulsivo dado que, en este trastorno, las obsesiones recurrentes que invaden la mente de una persona que sufre TOC le conducen a conductas repetitivas con el único objetivo de aliviar toda la ansiedad que la misma obsesión le provoca.

 

Como explica la psicóloga Carolina Blanco en este artículoexiste una variante del TOC llamada precisamente TOC de pensamiento mágico superstición en el que la persona cree que una acción, pensamiento o ritual puede evitar que sucedan cosas malas.

 

Algunos ejemplos de obsesiones en este tipo de TOC serían: “Si toco 3 veces la botella todo estará bien”, “Si uso el coche nuevo de mi mujer podría tener un accidente”, “Si doy tres vueltas sobre mí mismo antes de entrar en casa todos estarán a salvo”, “Si todos los interruptores están en una posición mañana irá bien en el trabajo”.

 

Algunos ejemplos de compulsiones encaminadas a aliviar la ansiedad que generan las obsesiones serían rituales como tocar 3 veces la botella; comportamientos como no pisar las líneas de la baldosa, no coger el coche “gafado” o poner los enchufes en la posición requerida; y pensamientos como recitar frases de la suerte, cantar un tipo de canción mentalmente, decir números, tener “buenos pensamientos” para contrarrestar, etc. La persona cree que si cumplen estos rituales, comportamientos o pensamientos podrá prevenir acontecimientos desagradables o catastróficos.

 

Pensamiento mágico y dopamina

Por último, hay que señalar que, desde un punto de vista biológico, diversos investigadores han relacionado la tendencia a identificar patrones y a crear este tipo de asociaciones mágicas con la cantidad de dopamina presente en el cerebro.

 

Se ha demostrado que algunas sustancias que aumentan la presencia de dopamina en el organismo como la cocaína, las anfetaminas y la medicación para el TDAH favorecen la apofenia. Al contrario, otras sustancias que contribuyen a disminuir el nivel de este neurotransmisor, como los fármacos que se utilizan en el tratamiento de la esquizofrenia, hacen que se perciban menos conexiones mágicas entre sucesos que no tienen ningún tipo de relación causa-efecto.

miércoles, 19 de julio de 2023

8 cosas que aprendí escribiendo sobre salud mental que me están haciendo la vida más fácil


ANA MORALES        |       www.vogue.es         |       10/10/2022

La necesidad de esta conversación en los medios de comunicación durante los últimos años me ha reportado muchos beneficios a nivel personal

La conversación sobre la salud mental es justa y necesaria. En 2022 no se duda de ello y cada vez se habla de este tema con más naturalidad, trascendiendo el debate también a la esfera política. Pero cuidar la salud mental al mismo nivel que la física es una necesidad que todavía hoy tenemos que seguir asimilando, interiorizando y naturalizando. Como periodista que lleva varios años escribiendo sobre ello –es uno de los temas sobre los que más me reconforta hablar– he intentado, aunque no siempre lo he conseguido, llevar a la práctica varias de esas maravillosas recomendaciones que los expertos me han dado en todas y cada una de las entrevistas que he hecho sobre psicología y salud mental. Son muchas, y difíciles de reducir a unas pocas líneas, pero he intentado hacer el ejercicio de resumir todas aquellas que se han grabado en mi mente y que de alguna manera me están ayudando a hacerme la vida más fácil.

 

#1.El autocuidado no es ser egoísta

 

Por qué cuidarse a una misma debería ser una prioridad en nuestra vida fue uno de los primeros artículos que escribí sobre salud mental y, sin duda, uno de los titulares que más he intentado repetirme a mí misma cuando me he sentido mal por dedicar un rato a mi cuidado físico y mental. Y lo suelo hacer recordando la explicación que me dio la psicóloga Sara Noheda: “Yo podré ayudar en la medida de cómo me encuentre. Si no estoy bien, no tengo nada para dar. Todo empieza en mí. No es un planteamiento egoísta sino realista”, decía. Además, el pensar que cuidarnos a nosotras mismas no es una prioridad suele desencadenar en otro pensamiento negativo: creer que los demás tienen que hacerlo por nosotras y entrar en una inercia de queja negativa que no beneficia a nadie.

 

#2.Preocuparse por todo no es más responsable

 

Hasta hace poco pensaba que malgastar mi energía con hipótesis que pueden pasar ante ciertas situaciones era necesario. Que preocuparme antes de que las cosas ocurriesen era una manera de adelantarme y estar preparada si algo malo pasaba. Pero cuando caigo en ese overthinking peligroso, pienso en esta frase de la psicóloga Ana Gutiérrez Laso: “Preocuparse no significa estar haciendo lo correcto. La ‘pre-ocupación' define el estado interno anterior a 'ocuparte' eficazmente de algo, y no se trata de perder energía en los previos, sino de ponerte manos a la obra cuanto antes. Preocuparte no significa que estés haciendo lo adecuado para afrontar una situación y, cuando la preocupación es excesiva, te lleva al bloqueo en vez de a una respuesta eficaz”.

 

#3.La positividad se puede trabajar

 

Hace tiempo que no quiero quedarme en la mentalidad conformista de creer que la positividad es un estado de ánimo que se une de forma inexcusable con la personalidad y con la que se nace o no se nace. Es un argumento fácil que varios expertos me han desmontado en muchas entrevistas. “Se puede aprender a ser a ser positivo, pero hay que esforzarse y ser constante para conseguirlo. El cambio es costoso porque nuestra mente está acostumbrada a pensar y mirar de una determinada manera totalmente diferente a lo que se desea”, me contaba Blanca Tejero Claver, investigadora del grupo de ciberpsicología de UNIR. Teniendo en cuenta que siendo positiva seré capaz de encontrar mejores soluciones, merece la pena hacer ese esfuerzo.

 

#4.No puedo llegar a todo

 

Los mensajes de empoderamiento que nos hacen creer que podemos llegar absolutamente a todo pueden generar esa llamada positiva tóxica que nos crea efectos negativos cuando no conseguimos lo que queremos. Pero la realidad es que el fracaso forma parte de la vida, que como me dijo en cierta ocasión el psicólogo José Elías “los fracasos son peldaños de éxito” y que no se puede llegar a todo. “Siempre hay algo que hacer, nuestras vidas cada vez son más complejas, aprender a detectar lo que no tiene que pasar de hoy y lo que puede dosificarse durante la semana ayuda mucho”, añade la psicóloga Ibana Hijosa Sola.

 

#5.La autoestima es un trabajo de equipo


Hace tiempo oí hablar a la actriz Cayetana Guillén Cuervo de la necesidad de crear "una telaraña femenina de solidaridad entre mujeres”, algo que considero aún más necesario después de saber que hay varios estudios que demuestran que ya desde la infancia las niñas tiene menor autoconfianza. En 2017 en la revista Science se concluyó que las niñas de seis años son menos propensas que los niños a creer que miembros de su género son ‘inteligentes’ y ‘brillantes’. Por eso, me gusta practicar el refuerzo positivo con las personas que me rodean, decirles los aspectos buenos que destacan de ellas y hablarles con cariño. Me hace sentir bien y eso también ayuda a mi salud mental (y a la ajena).

 

#6.Intentar hablarme como a mi mejor amiga

 

“Cuando una mujer se convierte en su mejor amiga, la vida es más fácil”. Esta frase es de Diane Von Furstenberg y encierra una gran verdad que deberíamos intentar poner en práctica siempre. ¿Cuántas veces nos hablamos a nosotras mismas de una manera exigente y dura que nunca emplearíamos con cualquier otra persona? No diré que fuese fácil –sigo siendo excesivamente dura conmigo misma cuando cometo errores–, pero intento recordar esta frase y la explicación que me dio el psicólogo Jesús Matos: "Aprender a modificar la manera en la que nos tratamos a nosotros mismos tiene la capacidad de modificar nuestro estado de ánimo".

 

#7.Hablar de salud mental en público

 

En los últimos años son muchos los personajes públicos que han hablado sobre su estado de ánimo, normalizando una conversación que durante mucho tiempo se consideraba casi un tabú. Hablar de la salud mental ante los demás como hablamos de otros aspectos de nuestra salud es muy beneficioso y, tal como explicó la psicóloga Ana Gómez de Escauriza, “compartir nuestros sentimientos y emociones nos ayudará a gestionarlos y regularlos mejor”.

 

#8.Pensar menos para tener más energía

 

En la era del overthinking y de la incertidumbre me ha ayudado mucho intentar hacer procesos de higienización mental y minimalismo psicológico. No es sencillo parar esos pensamientos circulantes que te llevan a un bucle peligroso, pero cuando veo que asoman intento pensar en esta recomendación de Pilar Guerra. “Es imposible ser feliz cuando nos convertimos en adivinadores de pensamiento. El gasto de energía es extremo: no hay peor ejercicio que hacer los 100 metros lisos dando vueltas en el primer metro cuadrado”, afirma rotunda.

¡Quiérete mucho!

lunes, 17 de julio de 2023

Por qué la salud mental es un derecho

MARINA PINILLA      |      Ethic      |      26/01/2023

Aunque todos los ciudadanos tenemos derecho a la salud mental, la atención psicológica sigue siendo en realidad un privilegio reservado para unos pocos. Cambiar este paradigma no es una cuestión exclusivamente social o moral, sino también económica.

El 10 de diciembre de 1948, los entonces cincuenta y ocho Estados miembros de la Asamblea General de la ONU se reunieron para consensuar y proclamar la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Del total de 30 artículos, son varios los que hacen referencia a la salud, aunque ninguno haga mención a su esfera psicológica.

 

No era un documento obligatorio o legalmente vinculante, pero sí sentó un precedente para que veinte años más tarde se convirtiese en un texto de rango constitucional en nuestro país. La Constitución Española recogía su validez y ampliaba a 169 el número de artículos con el objetivo de garantizar la justicia, la libertad, la seguridad y el bienestar de los ciudadanos españoles. Lamentablemente, se ignoró un requisito indispensable para alcanzar ese objetivo: la salud mental.

 

«Se reconoce el derecho a la protección de la salud», puede leerse en el artículo 43 de la Constitución Española, la cual deja claro que «compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios». A pesar de dichas palabras, no fue hasta 1993 cuando se introdujo oficialmente la figura del psicólogo en el Sistema Nacional de Salud. En aquel año, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó un total de 52 plazas como Psicólogo Interno Residente (PIR), según los datos del Ministerio de Sanidad. En 2022, en cambio, el número de plazas ascendió a 231. ¿Son suficientes? Ni mucho menos. 

 

La salud mental en el siglo XXI

 

Han cambiado muchas cosas durante las primeras décadas del siglo XXI, pero puede que la desestigmatización de los problemas de salud mental sea una de las más importantes: se habla de depresión, suicidio y ansiedad generalizada con una normalidad apabullante y necesaria. Un gran avance que no se debe a las medidas preventivas prometidas por la Constitución, sino al esfuerzo de todas las personas anónimas que lograron derribar el tabú.

 

En España, hay un psicólogo clínico por cada 16.667 habitantes

 

Hoy, el mensaje es tan claro como conciso: pide ayuda psicológica si la necesitas. El problema es dónde encontrarla. En España, hay un psicólogo clínico por cada 16.667 habitantes. Algunas de estas personas tienen la suerte de contar bien con un seguro de salud en su empresa que cubre la terapia psicológica o bien con un salario que les permite afrontar ese gasto. Otras, las más jóvenes y escolarizadas, pueden recibir atención psicológica privada gratuita gracias al seguro escolar. Sin embargo, muchas dependen única y exclusivamente de la Seguridad Social, y al recurrir a ella se encuentran con una cruda realidad: largas listas de espera y medicalización del sufrimiento.

 

«Pasaron dos meses hasta que tuve la primera consulta», relata María José, madrileña de 58 años que acudió a su médico de cabecera en busca de una cita con un psicólogo clínico por una depresión con ideaciones suicidas. La primera línea de tratamiento fueron los psicofármacos. «Recuerdo muy mal aquellos meses. Estaba muy confundida. Necesitaba hablar con alguien y que me ayudasen a salir del hoyo, no unas pastillas para acomodarme en él», reflexiona. 

 

Enrique, salmantino anónimo de 35 años, vivió una experiencia similar. Tras quedarse sin trabajo durante la pandemia, pidió a su médico una derivación al psicólogo de la Seguridad Social. Este se negó. «Me dijo que yo no necesitaba un psicólogo, que ya si eso me recetaba él algo. Que lo que tenía que hacer era trabajar. Claro que necesitaba trabajar, pero en aquel momento tenía unas crisis de pánico que no me dejaban dormir por la ansiedad. Era algo diario. No lo soportaba más», se lamenta. No obtuvo la cita pese a su insistencia, pero sí una receta de Alprazolam y Sertralina, una benzodiacepina y un antidepresivo respectivamente. 

 

No son casos aislados: son la evidencia de que, a día de hoy, la salud mental sigue siendo un derecho por conquistar; cambiar este paradigma no es una cuestión exclusivamente social o moral, sino también económica.

 

Muchas personas dependen únicamente de la Seguridad Social, que cuenta con largas listas de espera y una fuerte medicalización del sufrimiento

 

En el contexto de la salud, nos encontramos con tres tipos de costes. En primer lugar, los directos, que son aquellos relacionados directamente con la tecnología sanitaria evaluada y abarcan el personal, la hospitalización, las pruebas diagnósticas, las intervenciones, los medicamentos, el transporte al hospital, la infraestructura o los servicios informales, entre otros aspectos. También existen los costes indirectos, que hacen referencia a los cambios en la capacidad productiva de la persona que padece un problema de salud, siendo el caso más extremo la mortalidad, pero también la incapacidad laboral o las prestaciones por dicho motivo. Finalmente, los costes intangibles son aquellos que se relacionan con el sufrimiento del paciente y que prácticamente nunca se tienen en cuenta.

 

Según un estudio realizado por el Instituto de Investigaciones Médicas Hospital del Mar, en el año 2014 los trastornos mentales supusieron un gasto de 46.000 millones de euros anuales para España, coste que supera por creces al gasto público en sanidad. De esta cifra, el 47% del gasto se asociaba a costes indirectos, el 41% a costes directos y el 12% a costes no sanitarios o intangibles.

 

Cabría pensar que el aumento de plazas PIR que ha tenido lugar durante la última década y la visibilización de la salud mental ha mejorado la atención psicológica reduciendo el consecuente gasto público, pero no es así. Tal y como revela una investigación realizada por Fremap, mutua colaboradora con la Seguridad Social, las bajas laborales relativas a la salud mental han aumentado un 30,9% en menores de 35 años entre 2015 y 2021, aumentando también la duración media de estas a casi cien días.

 

Las causas más frecuentes de dichas bajas son los trastornos de ansiedad y depresión, y en ambos casos nos encontramos con una recomendación común en las guías de práctica clínica: el tratamiento de elección debe ser la psicoterapia, cuatro veces más eficaz que los psicofármacos a la hora de tratar ambas problemáticas. Esta eficacia se evidencia en una reducción de los síntomas más acusada y en una recuperación sostenida en el tiempo, tal y como sostienen múltiples estudios. A través de un ensayo realizado con un total de 1.200 pacientes pertenecientes a 28 Centros de Atención Primaria de 10 comunidades autónomas, se encontró también que la mitad de los españoles con ansiedad y depresión acuden a su centro de salud con una hiperfrecuentación, lo que conlleva 19 veces más consultas que las personas sin problemas emocionales. En consecuencia, el médico de familia sufre tal exceso de demanda que a menudo no puede dedicar más de cinco minutos a dichas consultas, prescribiendo en exceso psicofármacos que, aunque reducen de forma pasajera los síntomas de ansiedad o depresión, mantienen el origen del problema.

 

Las bajas por salud mental han aumentado un 30,9% en menores de 35 años entre 2015 y 2021

 

¿Se puede convertir la salud mental en un derecho constitucional? Sí, pero para ello es necesario cambiar el paradigma biologicista. La salud mental se nutre de lo psicológico, pero también de lo social y lo económico, algo que pudimos comprobar en primera persona durante el confinamiento por el coronavirus. 

 

La falta de apoyo social, la medicalización del malestar, la precariedad económica y la incertidumbre respecto al futuro laboral son caldo de cultivo para la aparición de trastornos de ansiedad y trastornos depresivos crónicos e incapacitantes. En este clima, cabe preguntarse de qué sirve una plaza PIR más o menos si todas las personas con que mantenías relaciones han tenido que emigrar y tu familia vive en una ciudad casi marginal a la que a duras penas llega el AVE; si tu médico de familia no considera relevante tu problemática y te receta, tras mediar un par de frases contigo, Orfidal a dosis bajas hasta la siguiente revisión; si tu casero quiere convertir el piso en un apartamento turístico y todos los alquileres que te puedes permitir están a hora y media de tu lugar de trabajo o si tu jefe se niega a darte de alta en la Seguridad Social y, a mayores, te exige horas extras no remuneradas. 

 

Se necesita construir la casa desde los cimientos. Si bien los psicólogos clínicos vertebran el Sistema Nacional de Salud y parte de la sociedad, también lo hacen el resto de condiciones materiales que recurrentemente se pasan por alto. De no protegerlas, la salud mental jamás será un derecho de todos, sino un privilegio de unos pocos.