martes, 8 de agosto de 2023

Imma Rabasco: "Solo por las depresiones que hay en España tendríamos que tomarnos muy en serio la risa"


Aldara Martitegui   |     Madrid/Barcelona     |     niusdiario.es      |      07/10/2022

 

·        Entrevistamos a Imma Rabasco sobre su libro ‘Reír y vivir’ en el que nos da claves para despertar nuestra alegría interior

·        El viernes 7 de octubre se celebra el Día Mundial de la Sonrisa, uno de los valores más sacros que tenemos, según Rabasco

·        Aunque el tema de la alegría, el humor, la risa y la sonrisa pueda sonar superficial, en realidad es un asunto casi místico, asegura la autora

 

A veces reírse es lo más serio que podemos hacer, dice Imma Rabasco; una mujer que todo lo que tiene de imperfecta (lo dice ella) lo tiene de sabia y de auténtica (esto sí lo digo yo). Aún a sabiendas de que su mensaje puede sonar superficial en una sociedad como la nuestra en la que “vamos de profundos” y en la que parece que todo lo importante debe tratarse con la máxima seriedad, Imma Rabasco no se corta un pelo al hablar de la risa y de la alegría como algunos de los valores más sacros que tenemos. “Las cosas sencillas como estar con tu madre y reírte, o estar con tus amigas y reírte, hacer zumba y hacerlo fatal y morirte de risa, es más sacro de lo que nos creemos”.

 

Para demostrar todo eso Imma Rabasco ha escrito Reír y vivir (Cúpula 2022): un libro que ella describe como su misión de vida y en el que habla sobre las claves para despertar la alegría interior. “Suena facilongo, pero te diré que es casi místico”, puntualiza. Rabasco considera que somos alegría en estado puro y que la risa nos conecta con nuestro verdadero "ser", con nuestra esencia. El libro se lo dedica a todos aquellos que, un día, guardaron a buen recaudo su alegría natural y hoy no encuentran la llave.

 

Además de escribir, como coach y formadora, Imma Rabasco tiene una larga experiencia acompañando a personas en su crecimiento personal usando el teatro como herramienta. Sus más de 20 años de formación en Arte Dramático es su carta de presentación. 20 años sobre los escenarios la han convertido en una de las mayoras embajadoras del llamado poder terapéutico de las artes: en su caso, del arte de reír. Porque la risa ablanda, asegura, “y eso es lo que más me fascina a mí: ablandar a la gente”.

Ahora estamos en un momento un poco enrevesado donde parece que todo esto de la alegría queda en lo superficial, en lo 'instagramer' (Imma Rabasco)

Pregunta: En tu libro dices que la alegría -y su manifestación a través de la risa, la sonrisa y el humor- no tiene nada de superficial, sino que es un asunto bastante místico…

Respuesta: Es que nosotros hemos decodificado que todo esto no es muy profundo por una cuestión cultural del momento en que estamos. Pero cuando, por ejemplo, tú ves a los budistas, ves que ellos hacen mucho uso la de sonrisa. Si te vas a Tailandia…¡es que viven con la sonrisa puesta porque no es banal para ellos, porque saben todo lo que implica!. Pero es que también en nuestra cultura lo sabemos; en la religión católica está San Francisco de Asís, que siempre nombro, y era un defensor de la alegría, de la alegría como estado del “ser”. Y bueno, también San Felipe Neri, de quien Gaudí era un gran devoto, es el patrón del humor. Es decir, a lo largo de la historia, la risa, el humor, la sonrisa, todo esto, se ha considerado mucho más profundo y se le ha dado la importancia que tiene. Pero ahora estamos en un momento un poco enrevesado donde parece que todo esto de la alegría queda en lo superficial, en lo instagramer. Yo creo que habría que recuperarlo, como ya mucha gente lo está haciendo con payasos en los hospitales…hay muchas cosas que están sucediendo, como Payasos Sin Fronteras en las guerras. Hay iniciativas y movimientos que ya reclaman esto y lo llevan a cabo, y nos dan pruebas de que no es algo banal.

 

P: ¿Por qué crees que nos pasa esto ahora?, ¿por qué nos cuesta tanto conectar con la alegría?

R: Porque estamos muy rígidos. Creo que es uno de los momentos más rígidos, ya sea por cómo son nuestros trabajos en la sociedad de ahora -que son sentados y esto da una rigidez alucinante-o por la cantidad de normas que hay para todo. Hay una especie de encajonamiento en el ser humano que lo hace estar cada vez más tenso. Y cuando tienes un cuerpo tenso…¡tú dile a alguien que se ría estando rígido! Por eso yo hablo también de la importancia de llorar, porque llorar es soltar. La risoterapia es muy poderosa porque uno empieza a soltar. Pero es que hay gente que no puede ni reír porque tiene el molde tan duro, está tan dura, que le cuesta. La risa ablanda…Eso es lo que más me fascina a mí: ablandar a la gente.

 

P: ¿Hay ciencia detrás del poder transformador y sanador de la risa y de la sonrisa?

R: Sí. Por eso en el libro hice ese apartado en el que hablo de datos y de estudios, porque es lo que a la gente ahora le gusta. Sin embargo, no nombro otros estudios que hay a nivel empresarial. Cada vez hay más estudios e informes que demuestran cómo afecta el sentido del humor y el buen rollo en una empresa, por ejemplo y cómo cambian las cosas cuando se trabaja todo esto: cambia el ambiente, sobre todo. Y cuando se lleva a cabo con los jefes…es que, que un jefe tenga buen sentido de humor hace que la empresa tenga buen rollo.

 

P: En tu libro también cuentas que la historia también confirma que la alegría y la risa han estado siempre presente como un valor profundo que cuidar y proteger, no como algo superficial…

R: Ya había payasos en los indios de américa: payasos que espantaban a las enfermedades. En la época de los griegos, en el teatro, siempre se ha dado esto: la necesidad de conectarse con algo más profundo a través de la sonrisa. Como dice Patch Adams, médico y clown: “La risa no es una terapia”. A él no le gusta la risoterapia; le gustan sus efectos, pero no le gusta cómo lo han transformado en terapia. Él dice: “La risa somos nosotros, la risa soy yo, yo formo parte de ella, es lo que emano por ser”.

 

P: De eso hablas todo el tiempo en tu libro: en esencia, todos somos alegría…

R: Es que yo creo que somos alegría, somos amor. Suena así un poco cursi, pero digo amor en el sentido de fuerza cohesionadora. Somos amor, vibramos en amor, cuando uno está en estado real de bienestar, está vibrando en amor, en coherencia cardiaca: eso es amor y el amor es alegría. Cuando un niño está en estado de amor, cuando un niño está normal, está alegre. Cuando una madre ve a un niño que no está alegre, le preocupa. El estado del "ser" de verdad es la alegría (…) ¡Pero esto no es nada nuevo! A mí me encanta citar a San Francisco de Asís o a Benito de Nursia, Erasmo de Rotterdam, Tomás Moro… o sea, es que esto ha estado siempre ahí. Lo que pasa es que ahora parece que vamos de profundos. Y no nos damos cuenta de que esto es profundo también porque es una cuestión de ser quien uno es. Cuando tú expresas quien tú eres, te brota la alegría. Lo que pasa es que somos capas y capas y capas y corazas y corazas y corazas…

 

Al reírte de ti mismo frente a los demás, los desarmas (Imma Rabasco)


P: ¿Deberíamos tomarnos más en serio la risa y la alegría?

R: Uno de los objetivos de este libro era darle a la risa la importancia que tiene; porque tú no vas a hacer una cosa si no le das importancia. Tú no te vas a currar la alegría si no te das cuenta de lo importante que es. Ya solo por el nivel de depresiones que tiene este país, tendríamos que tomarnos muy en serio la risa. Porque está comprobado que cuando una persona se ríe mucho, mejora. Ojalá más psicólogos lo recomendaran. Lo que pasa es que ahora, con todo el perfeccionismo y la productividad, nuestra cultura está cambiando mucho. Antes esto lo veíamos en EEUU y decíamos, “¡cómo se empastillan, qué depresiones tienen!”, ¿te acuerdas? Y luego empezó aquí, porque empezamos a adquirir hábitos mucho más a su estilo: a ser más productivos. Entonces es cuando ya paso de quedar con mis amigas para reírme porque tengo qué, tengo qué, tengo qué…Es que hay tantas obligaciones ahora: tengo que hacer yoga, tengo que, tengo que, tengo que…es que al final, uno no puede ni hacer lo que le gusta hacer.

 

P: De hecho, en tu libro hablas de la alegría y del humor como algo que hay que cultivar, de un trabajo de compromiso con uno mismo…¿Por dónde empezamos a cultivar el sentido del humor y la alegría?

R: Empezando con uno mismo. Es muy interesante, por ejemplo, trabajar con un jefe y hacerle reírse de sí mismo. ¿Tú sabes el trabajo de ego que hay ahí? es superpotente. Lo que yo propongo, que es usar el teatro como juego, la herramienta teatral lúdica, les hace reírse de sí mismos, le hace enfrentarse a su ego y se lo ven enorme y flipan porque ni se pensaban que iba a ser tan gordo. Y ver cómo eso hace eco luego en su relación con los empleados…es que es muy divertido. El sentido del humor, el bueno, el sano -no el irónico ni el sarcástico porque esos esconden mucho- pero el sanote, pasa mucho por cuando uno se ha reído de sí mismo.

 

P: ¿Qué ocurre ahí, cuando nos reímos de nosotros mismos?

R: Cuando experimentas el reírte de ti mismo en la soledad, o hacerte una cara horrible en el espejo y deformarte, cuando empiezas a jugar un poco, ahí estás experimentando el juego de verdad, el probar. Ahí empieza el ego, la razón, a torcerse y a decir, “uy aquí está pasando algo”. Es porque estás rompiendo ya toda esa estructura que encorseta y que creo que es parte del problema.

 

P: No es fácil reírse de uno mismo en una sociedad tan competitiva como la nuestra, en la que parece que tenemos que ser perfectos…reírse de uno mismo públicamente ¿es como reconocer ante los demás que no das la talla?, ¿qué beneficio puede tener eso?

R: Es que al reírte de ti mismo frente a los demás, los desarmas…siempre lo digo. ¿A qué le tiene miedo un payaso?, ¿A que se rían de él? Es como un chiste ¿no? ¡Porque eso es lo mejor que le va a pasar a un payaso! Esa vulnerabilidad que tiene el clown…es que el arte del clown es de lo más elevado que hay.

 

Lo que hacemos con la herramienta del mundo teatral y de las artes en general, es desdibujar este personaje, y la peña flipa (Imma Rabasco)


P: Tu faceta de escritora es solo una parte de ti. En tu día a día…¿cómo trabajas la alegría con las personas?

R: Uso la herramienta teatral, el juego teatral, pero esa parte lúdica, no la parte del texto…hago todo lo que es la parte de cuando un actor se prepara, que es una maravilla, porque ahí entra todo. Ahí entra el baile, la música, la expresión corporal, los juegos…Todo eso lo pongo al servicio de la persona para que se experimente, para que se equivoque, para que se haga amiga del error. Sobre todo trabajo en grupo, para empresas, para grupos de mujeres… y son maravillosos los cambios que veo. Si yo sigo haciendo esto es por los testimonios, por las chicas que por ejemplo me dicen: “Imma, yo, ahora puedo hablar con otras personas que llegan nuevas a la empresa y con las que antes no hablaba por timidez”. Estas personas ahora miran a los ojos, pueden hablar sin tartamudear porque se han experimentado a sí mismas desde otro personaje.

 

P: Es que nuestra esencia está tan encorsetada por el ego… que nos creemos que somos el ego, el personaje…

R: Es que el personaje es el que te impide conectarte con la alegría. Lo que hacemos con la herramienta del mundo teatral y de las artes en general, es desdibujar este personaje, y la peña flipa. Es jugar a ser, es experiencia, es crecimiento espiritual más que personal, porque personal sería como hace crecer esa máscara. En las clases, lo que hacemos es que primero entran y juegan, bailan y, cuando ya han hecho todo eso, abrimos la cremallera y nos empezamos a quitar el personaje y lo dejamos fuera de la sala y desde ahí empieza el trabajo de: me relaciono conmigo y con el otro a través del no juicio: es decir, cuando aparece el juicio hacia mí o hacia el otro, lo dejo pasar. Es toda una clase practicando eso desde el no personaje, intentando ser el lienzo en blanco…es superaliviante ese momento de ‘me quito la cremallera’, y es maravilloso relacionarte en grupo desde ese lado.

 

P: Lo que ocurre es que quitarse ese personaje de encima nos asusta un poco ¿no?…cuesta sostenerse a uno mismo sin adornos ni atributos porque nos hemos identificado tanto con el personaje…¿cómo lo consigues tú? Y en tu caso, ¿qué papel desempeña la alegría?

R: Cuando me levanto, mi gran trabajo consiste en hacer que, a través de la persona, emerja esa alegría para realmente intentar recibirla y darla desde dentro: así es cada día, cada día. Me sale mal el 85 por ciento de las veces…pero el objetivo para mí es ¿cómo puedo hacerlo yo? Y se puede hacer ¿eh?, porque hay mucha gente que lo consigue, Ahí, tan discretos ellos, pero lo consiguen….

domingo, 6 de agosto de 2023

Cada duelo y cada pérdida son únicos


PATRICIA RAMIREZ      |   abc.es (El lunes empiezo.Blog)     |     01/11/2020

 

Noviembre es el mes de los que ya no están y nos preguntamos cómo afrontar una pérdida en estos tiempos tan duros 

En estos tiempos tan duros y más en estos días tan señalados, muchas personas preguntan cómo se debe afrontar una pérdida de forma adecuada. Y ya lo siento, pero no hay una respuesta correcta. Es el proceso de adaptación a una vida nueva sin la presencia de la persona que se ha ido. Y a pesar de que los manuales de psicología marcan unas pautas para diferenciar cuándo el duelo está fluyendo con normalidad y cuándo se considera patológico, sinceramente, no hay reglas universales para la correcta gestión. Porque cada pérdida y cada duelo son únicos, personales. Depende de muchas variables. De cómo se ha producido la pérdida, del vínculo que teníamos con la persona, de lo que teníamos pendiente con esa persona, de la propia experiencia anterior con la pérdida, del momento emocional en el que tú te encuentras, de tu resiliencia y fortaleza emocional… Por eso es imposible predecir cómo cada uno va a vivir su duelo o dar directrices de las etapas que tenemos que atravesar y compararnos si nosotros lo estamos viviendo así o no.

La muerte y la suerte, desde su lado no controlable y casi nunca predecible, tienen su punto caprichoso. Y de repente uno se ve desnudo ante esa realidad, sin ganas de encajarlo. Sin ganas de esforzarte en comprenderlo. La muerte de un ser querido es un momento de tristezadesolación, de un adiós definitivo. Porque sólo en ese momento somos conscientes de lo que significa “para siempre” o “nunca más”. La muerte revaloriza la vida. Le da sentido. No solamente a la vida, le da sentido y valor a las relaciones, a los vínculos, a los detalles, a las experiencias, a lo que creíamos que era normal y de repente dejas de tenerlo. 

Perder a un ser querido no supone perder el vínculo con la persona. Cuando emocionalmente encontremos el momento oportuno, podemos seguir manteniendo una relación especial con esa persona. Cada uno elige cómo seguir vinculado la persona. Podemos incluso, si uno lo decide, no tener ningún tipo de relación. 

Noviembre es el mes de los que ya no están. O si están, pero solo en nuestros recuerdos. Pero para poder convivir serenamente con tus recuerdos a veces atraviesas momentos de negaciónrabiatristeza, hasta toparte con la aceptación y volver a la vida. 

Si te identificas con alguna de esas emociones y quieres ayudarte a sentirte mejor, puedes empezar por… 

1.Aceptar tu emoción, más que la pérdida, la emoción. No trates de forzar lo que no sientes. No te hagas el fuerte. Si te apetece llorar, llora. Si no te apetece salir, no salgas. Si te apetece hablar del tema, habla. Deja que tus emociones fluyan. A veces las ocultamos para que los demás no nos vean sufrir, porque creemos que no merecemos tener ese rato de desconsuelo con todo lo que sufren otras personas, y nos negamos el sentimiento. Pero el sentimiento está ahí, y aunque lo reprimas no va a desaparecer. 

2. Comparte con los demás cómo te sientes. No tienes por qué sobrellevar tú solo tu pena. Hablar no te devuelve a la persona, pero es muy consolador contar con el apoyo de los demás. Llama a tus personas “cálidas”. No todos los amigos o familiares saben escuchar igual de bien o dar consuelo que consuele. Tenemos alrededor personas con todo tipo de virtudes, algunas son unas motivadoras natas y otras saben dar palabras de ánimo. Cuenta con ellas. 

3. Déjate abrazar. Un abrazo de más de 20 segundos libera oxitocina. Te hará sentir bien y querido. Un abrazo te protege, te mima, te envuelve. Déjate querer estos días. 

4. Habla con la persona querida. Solo cuando puedas y estés preparado. Hay tantas cosas que te gustaría seguir compartiendo, ¿verdad? No lo puedes hacer ahora con la persona presente, pero sí puedes entablar una relación en tu imaginación. Recuperar la relación con la persona que se ha ido no es una fantasía. Es una manera de mantener ese vínculo. Al principio de la pérdida esto parece imposible. No porque no podamos hablar con alguien que no está, sino porque no apetece un tipo de relación que no se parece en nada a la relación que antes disfrutábamos Es como tener algo descafeinado. Pero a medida que empiezas a recuperarte, hablar con la persona simbólicamente, escuchar las propuestas que te haría si estuviese en mi vida, contarle tus cosas, puede ser muy enriquecedor. Conoces tanto a la persona que seguro que eres capaz de visualizar qué te contestaría y cuál sería su expresión facial. Hablar solo no es de locos. Al contrario, es muy gratificante. Y, al fin y al cabo, no estás hablando solo. Te estás relacionando con la persona querida. Yo después de un año y pico he conseguido hacerlo con mi abuela. He colocado una foto pequeñita suya en la cocina y la miro todos los días con amor y le hablo mientras cocino. 

5. Aprende a vivir sin lo que la persona representaba en tu vida. Muchas veces la pérdida de un familiar con el que convivíamos no solo supone la pérdida de la persona. También de la rutina de las actividades que la persona realizaba. Además de compartir amor compartíamos la vida. Ocuparse de todo lo que realizaba la otra persona y que necesitas seguir realizando tú, puede provocar bloqueo. Tienes que aprender a tomar decisiones o resolver por tu cuenta esas actividades: cocinar, la gestión de la economía familiar, la organización de los viajes… Pide ayuda, pero en cuanto puedas, prueba a tener tú la iniciativa. 

6. Normalizar la vida. A pesar de que ahora parece imposible que uno vuelva a retomar actividades que antes se hacían en pareja o con familiares o amigos que se han ido, retomar lo que te hacía sentir bien con ellos puede ser un signo de respeto hacia la persona que se ha marchado. Seguro que ellos estarían deseando que tú siguieras disfrutando de lo que compartías en común. 

7. Dejar fluir. Significa imprimir el ritmo que tú decidas a cada uno de estos pasos. Cada uno tenemos un ritmo. Forzarlo no tiene sentido. Deja que fluya el dolor, la pena, las ganas de retomar actividades. Las personas que tienes alrededor quieren que estés bien. Por eso suelen tratar de forzar situaciones o actividades para las que tú consideras que no es el momento. Pídeles tiempo. 

La mejor manera de tener un “duelo bonito” es que no se te quede nada en vida en el tintero. Trata hoy a tus seres queridos como si mañana no fueras a verlos más. Porque así puede ser. Lo que no dijiste ayer, ya no puedes decirlo hoy. El comentario amoroso que te dejaste sin decir se quedó en el vacío, el abrazo, coger la mano, las risas, el humor compartido, la complicidad de una vivencia, el recuerdo de tantos momentos juntos. ¡Cuántas cosas nos guardamos, dosificamos sin darnos cuenta de que la vida no tiene otra oportunidad!

viernes, 4 de agosto de 2023

¿Qué es la happycracia y sus peligros?


LAURA G.VARA      |     El  Confidencial – Vanitatis   |   25/07/2023

¿Conoces este trastorno? Te contamos cómo la obsesión con la felicidad está afectando a la sociedad actual


Te levantas por la mañana y te tomas el café medio dormida en tu maravillosa taza con mensaje. "Si quieres, puedes" lees todavía con el ojo medio abierto antes de enfrentarte a un día duro de trabajo y familia dependiente. Podrías estar estresada, pero no te lo permites porque como bien indica el recipiente, tú te haces con todo. ¿Cómo vas a decepcionar al objeto en el que tomas el desayuno 

 

Esta es la rutina de muchas personas cada mañana y la tenemos totalmente normalizada. Sin embargo, esa necesidad de ser feliz y demostrarlo forma parte de un trastorno psicológico. La happycracia conlleva muchos riesgos, además, es todo un negocio. Te contamos cómo te afecta la obsesión por encontrar la felicidad.

 

¿Qué es la happycracia?

 

Esa búsqueda continua de la felicidad puede generar sentimientos de culpa y frustración por no estar tan alegre como deberías o no haber logrado el objetivo inalcanzable que la industria de la positividad te ha marcado. Como indica el título muy acertado de una comedia surcoreana, 'Esta bien no estar bien'. 

 

La happycracia hace referencia a la necesidad de ser feliz, o de al menos, de mostrárselo a los demás. Esto se ha aumentado con las redes sociales donde se comparten fotos de platos o paisajes cuando en realidad no se está disfrutando del momento, pero se pone la sonrisa forzada y el texto de que es lo mejor que has hecho nunca.

 

Estas situaciones han generado una sociedad llena de hipocondriacos emocionales que buscan alcanzar las sensaciones falsas que ven en las pantallas y que toman como ciertas. 

 

Esto además, afecta a los menores, pues son educados en buscar la felicidad a toda costa y en presumir de sus logros ante los demás. Esto crea una frustración inmensa y hace que los pequeños tengan miedo a mostrar sus debilidades o sentimientos negativos. No aprender a gestionar la derrota, la rabia o, simplemente, el cansancio es un problema muy grave.

 

También se ha convertido en un negocio, las empresas venden felicidad y cuando se compra el producto promesa y no se consigue, la depresión es aún mayor. La felicidad plena es una meta imposible de alcanzar, ya que siempre vamos a exigir más y no se puede mantener todo el tiempo.

 

Por ello, no hay que tener miedo a decepcionar a los mensajes de las tazas, a los seguidores de Instagram ni a los libros de autoayuda. Simplemente, hay que vivir y cuando los problemas te sobrepasan, acude a un especialista que te ayude a estar bien, aunque sea sin que todo esté bien.

miércoles, 2 de agosto de 2023

Estoy practicando el minimalismo material y esto es lo que ha pasado


ANA MORALES      |      vogue.es     |     04/10/2022

El menos es más en materia de pertenencias en casa y en el trabajo reporta unos cuantos beneficios a nivel emocional. He aquí una historia real (y la explicación de una psicóloga)

Después de dos mudanzas en menos de seis meses con tres hijas –es importante este último dato porque la cantidad de objetos se multiplica de forma desproporcionada cuando se tienen niños pequeños–, he decidido practicar el minimalismo material. Hace tiempo que intento instaurar en mi día a día la versión psicológica del ‘menos es más', reduciendo también el número de pensamientos que restan energía y felicidad en busca de un proceso de higienización mental que me haga la vida más fácil. Pero me he dado cuenta de que acompañarlo de un minimalismo material también ayuda (y mucho). Y más en la era de la necesaria sostenibilidad en la que comprar de forma consciente y responsable sin atesorar cantidades ingentes de objetos que también ponen en riesgo la salud del planeta es justa y necesaria. Pero más allá de todo esto, reconozco que tras deshacer cajas y cajas de pertenencias y tener que poner en práctica de forma acelerada la regla de oro de Marie Kondo –deshacerse de todo aquello que no te haga feliz o de lo que lleves más de un año sin usar– he comprobado que tener a mi alrededor menos cosas, me da tanta paz mental como una clase de yoga (o, a veces, incluso más). Al final, el clásico ‘cuanto más tienes, más quieres’, tiene algo (bastante) de cierto y atesorar cosas también produce un estrés bastante innecesario.

No obstante, y por no quedarme solo en el entusiasmo de la experiencia personal y la felicidad que me dio desprenderme de muchas cosas que no usaba, he hablado con la psicóloga Pilar Guerra Escudero para profundizar en las bondades comprobadas que tiene reducir el número de bienes que poseemos. Al fin y al cabo, pasada la euforia del principio, conocer las ventajas de esta corriente también me ayuda mucho a mantener el objetivo en el tiempo.

 

Qué es el minimalismo material

 

El tener un número de cosas razonable (y no el exceso que en ocasiones caracteriza nuestros armarios, baños e, incluso, mesas de trabajo) es un concepto que, tal y como apunta Guerra, entronca con el concepto de “saber elegir el poseer las cosas que son estrictamente necesarias para poder vivir en la vida. Se trata de un nuevo paradigma social donde el valor que damos a los objetos es lo que va a permitir diferenciar entre lo necesario y lo que no lo es”.

 

Los beneficios del minimalismo material

  1. Poseer menos reduce el estrés y la ansiedad. Y la explicación es lógica y clara. “El estrés es una respuesta que da el ser humano ante la aparición de uno o varios estímulos. Ante un mayor número de estímulos hay más posibilidades de tener sensación de angustia o ansiedad puesto que se requiere mayor esfuerzo para poder gestionar las emociones. El estar rodeado de pocas cosas y elegir tan solo aquellos objetos que nos son necesarios, reduce la hipervigilancia de estar de manera continuada en contacto con ellos, de la observación de su funcionalidad o no, de su utilidad o inutilidad y, por lo tanto, nos permite encontrarnos ante un ambiente libre de contrariedades y problemas”, apunta Guerra.
  2. Facilita la concentración. Y no nos referimos solo a que el orden en la mesa de trabajo, sino al hecho en general de poseer menos cosas y reducir las exigencias que también implican esas pertenencias. “La atención que se derrocha en el cuidado y mantenimiento de múltiples objetos, actividades o compromisos, requiere la puesta a punto de múltiples funciones ejecutivas como son atención, concentración, memoria, capacidad de elección y habilidad para la solución de problemas”, apunta la psicóloga. Digamos que el cuidado de las cosas que poseemos nos hace, tal y como apunta la experta, estar con la función multifunción activada todo el tiempo. Y eso, claramente, resta bienestar emocional.
  3. Ayuda a ser (un poco) más felicesLa felicidad es algo más que reducir el número de cosas que poseemos, pero en cierta medida, trabajar el minimalismo también ayuda a estar cerca de ella. “Nos hace estar más serenos al sentirnos más libres y con menos peso”, explica Guerra. De hecho, si el deseo de posesión va más allá y se materializa en compras compulsivas, generamos un problema. “Cientos de estudios psicológicos demuestran que las compras impulsivas se convierten en compulsivas, ya que la base de esa conducta está relacionada con las creencias limitantes de que poseer más es tener más estatus social; de que tener más nos provee de mayor seguridad y autoestima; de que comprar mucho nos hace sentirnos más completos”. Por tanto, parar estos pensamientos es justo y necesario.

Cómo empezar a practicarlo

No hace falta enfrentarse a una mudanza para iniciarse en el minimalismo material. Aunque las mudanzas de las que hablaba al principio me permitieron de alguna manera ‘empezar de cero’ a la hora de poner orden y deshacerme de todo aquello que no usaba y que, en cierta medida, me restaba paz mental, la realidad es que era una idea que me rondaba en la cabeza hace tiempo. Ya había empezado a hacer compras mucho más meditadas y también un ejercicio de análisis previo antes de llevarme al baño de mi casa cualquier producto de belleza que caía en mis manos por mi profesión y por mi devoción –soy editora de belleza y beauty junkie a la vez–, haciendo el propósito de apurar al máximo los que ya estaba usando. No obstante, Guerra Escudero comparte otras recomendaciones:

  1. Diferenciar entre necesidades y deseos. Para la psicóloga es una regla básica. “El ser humano nace con necesidades básicas que son objetivas y universales, como la alimentación o el sueño y todo aquello que contribuye a mantener un estado de salud para sobrevivir. Todo lo que esté fuera de estas necesidades básicas se consideran deseos de mejora, pero no son necesarios. Por ejemplo, necesitamos agua para vivir, pero no necesitamos un tipo determinado de envase de cristal, ni por supuesto armarios repletos de accesorios con los que poder llenar de agua”, explica.
  2. Pensar, inventar y reciclar. Antes de una compra es importante analizarla y darnos otras opciones que no pasen por comprar.
  3. Lo que se compra hay que cuidarlo. Y precisamente eso implica unas tareas de vigilancia de las que hablábamos antes que pueden también afectar a nuestros niveles de estrés.

domingo, 30 de julio de 2023

Mo Gawdat, exdirectivo de Google (X): "Lo creas o no a tu cerebro le puedes decir: cállate, no quiero hablar de esto ahora"


ALDARA MARTITEGUI     |     niusdiario     |   06/03/2023

 

-Entrevista a Mo Gawdat, el ex directivo de Google [X] que tras la trágica muerte de su hijo decidió dedicarse de lleno a investigar sobre el algoritmo de la felicidad

-Mo Gawdat comparte en su último libro, ‘Esa vocecita en tu cabeza’, su secreto para ser feliz: hablar con su cerebro

-“Cuando sabes que tu cerebro no eres tú, la relación entre tú y la vocecita cambia de manera significativa”, asegura

 

La mayoría conoce a Mo Gawdat por ser el ‘el ex directivo de Google [X] que tras la trágica muerte de su hijo decidió dedicarse de lleno a investigar sobre el algoritmo de la felicidad’. La frase en cuestión -probablemente la que más se ha utilizado para describir a Mo Gawdat- no es más que un buen titular con mucho tirón, pero vacía de contenido. Porque… ¿Qué es exactamente la felicidad para este ingeniero, egipcio de nacimiento y formado en occidente? ¿acaso es un valor que se pueda medir y sistematizar hasta el punto de crear un algoritmo de la felicidad?, ¿cómo es eso?, ¿por dónde empezamos entonces a ser felices?

 

Aunque el propio Gawdat insiste en que no es un gurú de la felicidad, (le horroriza que le llamen gurú) no se me ocurre una mejor forma de descubrir este algoritmo de la ansiada felicidad que conocer en profundidad su propia historia. ¿Qué hace un tipo como Mo Gawdat -con historial de sufrimiento como el suyo- para ser feliz y ayudar a otros a ser felices?

 

Como lectora y seguidora del ex directivo de Google [X] creo realmente que en su tercer libro, Esa vocecita en tu cabeza (Zenith 2023), está la respuesta definitiva: Mo Gawdat ha aprendido a hablar a su cerebro. Ese es su verdadero secreto para ser feliz.

 

De cómo conseguir ser ‘los jefes de nuestro propio cerebro’ nos habla Mo Gawdat en este tercer libro. Esa vocecita en tu cabeza es una guía para resetear el cerebro, para reprogramarlo y modificar ese diálogo interno que tanto nos condiciona y nos boicotea. “El objetivo del libro es que la gente entienda que puede decirle a su cerebro lo que tiene que hacer para ser más feliz. Esa es mi propia historia”, asegura.


Pregunta: ¿De dónde viene exactamente esa vocecita?, ¿qué consejo nos puedes dar para aprender a manejarla?

 

Respuesta: Cuando piensas en la vocecita, en primer lugar tienes que reconocer que no eres tú, porque si fueras tú hablándote a ti mismo no necesitaría hablar. Si eres tú hablando contigo mismo ya sabes lo que vas a decir. Por lo tanto, es un tercero el que habla. En mi enfoque como científico e ingeniero digo que es simplemente una función biológica. Al igual que nuestro corazón bombea sangre al cuerpo y no pensamos que nosotros somos sangre o no pensamos que la sangre es lo que nos hace humanos, esto es lo mismo. Nuestro cerebro tiene una función biológica y esa función es dar sentido al mundo que nos rodea y traducirlo a conceptos entendibles. La única forma en que nuestro cerebro puede explicar esos conceptos es a través de las palabras. En 1920, un psicólogo, Vygostsky -que obtuvo el premio Nobel- hizo unas investigaciones y descubrió lo que él llamó el diálogo interior (…) Eso es muy interesante porque si mi cerebro me está hablando y mi cerebro no soy yo, eso lo cambia todo. Imagínate que quien te habla es un amigo de la escuela: puedes discutir, debatir con tu amigo si no estás de acuerdo, puedes negarte a obedecer -por ejemplo, si tu amigo te dice que te tires por la ventana, pues le dices que no-, pero lo más importante es que le puedes decir a tu amigo que se calle. Lo creas o no, a tu cerebro le puedes decir: cállate, no quiero hablar de esto ahora, ¿por qué no hablamos de algo más agradable?, ¿por qué no hablamos de otro modo? o ¿por qué no tenemos una cita y hablamos de esto a las seis de la tarde?

 

P: Una vez escuché a un neurocientífico decir que igual que los riñones producen orina, el cerebro produce mente, produce pensamientos, y que esa es la clave para comprender el diálogo interno: desidentificarnos, decirnos “yo no soy mis pensamientos”… ¿Estás de acuerdo con esta comparación?

 

R: Cuando sabes que tu cerebro no eres tú, la relación entre tú y la vocecita cambia de manera significativa. Si te fijas en prácticas como la meditación, por ejemplo, puedes ver que la meditación enseña al monje que medita a controlar esa voz y le dice: “no vamos a pensar en eso, nos vamos a centrar en la respiración”. Al entrenar el cerebro para que haga eso de forma frecuente, el cerebro se da cuenta de quién es realmente el jefe o la jefa y va a hacer lo que diga el jefe. Si tienes la capacidad de decirle a tu cerebro lo que quieres que haga, ¿qué le tienes que decir? Pues le tienes que decir: “hazme feliz”. El objetivo del libro es que la gente entienda que puede decirle a su cerebro lo que tiene que hacer para que seas más feliz. Esa es mi propia historia.

 

P: Tu viaje hacia la felicidad empezó cuando eras directivo de Google [X]…

 

R: Yo era director de negocio de Google [X] y no porque fuera inteligente. No soy la persona más inteligente. En Google hay gente mucho más inteligente que yo. Pero yo soy feliz. Todos querían venir a trabajar conmigo. Google pagaba a todos lo mismo, pero la gente decía: pues prefiero trabajar con alguien que me haga feliz. Gracias a esa capacidad que tengo de ser feliz y hacer felices a otras personas tuve mucho éxito. ¿cómo? Simplemente le decía a mi cerebro: “deja de ser quejica, la vida está bien, todo va bien, de vez en cuando va a haber dificultades, pero lo vamos a resolver cuando llegue el momento”.

 

P: ¿Qué ocurre cuando uno se da cuenta de que se ha pasado su vida siguiendo los mandatos de esa vocecita en su cabeza y que en su mano está el poder de cambiar esa narrativa?, ¿crees que el silencio de los confinamientos durante la pandemia propició que hubiera más conciencia de esta vocecita?

 

R: Muy interesante esa pregunta. En la pandemia o en cualquier momento que pasamos solos, hay dos tipos de personas. Un tipo de personas son las que se evaden con el placer, la diversión...son personas que viven muy duramente durante la semana y luego se van de fiesta el fin de semana o hacen un deporte extremo, o hacen algo que les permite no pensar en sus vidas; algo tan sencillo como ver series de Netflix durante siete horas. Esas son las personas que no pueden gestionar la voz de su cabeza. No son capaces de razonar con ella o de escucharla, ni hacer que su vida tenga sentido a través de ella. Por lo tanto, escapan de esa voz. La felicidad es justamente la capacidad de reconocer de qué trata la vida y estar de acuerdo con ello. En mi primer libro describía la felicidad en un algoritmo y decía que es una comparación entre los eventos y las expectativas dentro de tu cerebro. Comparas la realidad con cómo tú quieres que sea la vida y, si piensas que la vida cumple con tus expectativas, eres feliz y si no, eres infeliz.

 

Pero la felicidad es la satisfacción pacífica y calmada, es estar en calma y contento con la vida tal y como es. Así que tenemos dos tipos de personas: Las personas que escuchan sus pensamientos y encuentran la calma y la paz en la realidad de la vida, aunque la vida sea difícil: son personas que están bien en la vida. Luego están otras personas que dependen constantemente de la dopamina y cuando están en un entorno en el que no pueden recibir su chute de dopamina, su mundo se viene abajo. Entonces, tenemos a las personas que ven los acontecimientos y dicen: “bueno, no es fácil pero así son las cosas y estoy esforzándome al máximo por salir adelante”. Sin embargo, hay otras personas que dicen: “no es fácil y por ello necesito una vía de escape”. Como podrás imaginar un tipo de personas son más felices y tienen más éxito al final de su vida y otro tipo de personas son menos felices…

 

P: ¿Hasta qué punto crees que la cultura, el paradigma o el sistema en el que vivimos -que nos empuja todo el tiempo a ser muy productivos- condiciona nuestra voz interior y por tanto nuestra posibilidad de ser felices?

 

R: El motivo número uno por el que somos infelices es porque estamos condicionados a ser infelices. Cuando vamos al colegio y nos dicen: “deja de jugar, deja de divertirte, deja de ser espontáneo, creativo, siéntate y ponte a escuchar durante ocho horas y luego vas a casa y haces los deberes”. Ese es el primer signo de cómo nos dicen que la felicidad no es importante, que lo que importa es la escuela. Muchos padres reproducen ese ciclo incluso antes de que los niños vayan a la escuela y priorizan el éxito a la felicidad. Muchas veces hablo con padres y madres y les digo: “os voy a dar dos escenarios: En el primero, tu hijo tiene éxito y está deprimido y en el otro tu hijo es feliz pero no tiene ni mucho éxito ni mucho dinero, pero es feliz. ¿Cuál de los dos elegirías si tuvieras que elegir?” La mayoría de los padres y madres dicen que prefieren que su hijo sea feliz. Claro, nadie quiere que su hijo sea millonario pero un deprimido, nadie quiere eso…pero no nos damos cuenta de cómo condicionamos a nuestros hijos a pensar que el éxito tiene más importancia que la felicidad…vamos por la vida aceptando ese supuesto. Decimos: bueno, vale, ser infeliz es un pequeño impuesto que tenemos que pagar en el camino hacia el éxito.

 

P: Entonces veo que la capacidad de escuchar esa voz en nuestra cabeza y comprender que no somos nosotros ¿es lo que nos permite desafiar este paradigma en el que vivimos que nos condiciona a ser infelices?

 

R: Ya no somos niños de seis años. Ahora ya tenemos el control de nuestra vida. Si alguien te da una historia para que publiques en tu revista, tú, como periodista, la vas a mirar y te vas a preguntar ¿esto es cierto?, ¿hay pruebas de esto? La mayoría de nosotros hacemos eso cuando leemos tus artículos ¿no? Nos preguntamos ¿esto es cierto o no? ¡Pero esto no lo hacemos con nuestros cerebros! No nos cuestionamos si esto es verdad o no. La mayor parte del tiempo, lo que pensamos que es cierto es algo a lo que nos han condicionado cuando éramos niños o cuando estábamos en el colegio o cuando leímos un libro. Pero hoy, tenemos la responsabilidad de decirnos: ¿queremos vivir así? Igual que miras tu teléfono y borras algunas fotos porque ya no las quieres, haz lo mismo con tu cerebro: mira qué tienes dentro de tu cerebro y decide qué es lo que no quieres, qué es lo que no te funciona, lo que ocupa espacio, lo que causa dolor….

 

 P: Supongo que serás consciente de que tu libro es para muchos uno más en este boom de libros que nos traen herramientas para ser más felices o tener más bienestar en nuestras vidas…¿qué tiene de diferente Esa vocecita en tu cabeza?

 

R: Yo no pienso en mis libros como libros propiamente dichos, sino que son parte de la misión que tengo. Una misión que se desencadenó con la perdida de Alí. Él fue mi verdadero maestro. Ya desde muy joven era un niño muy sabio. Todo el éxito que he tenido a la hora de conectarme conmigo mismo y entender esas conexiones, eso lo aprendí de él. Cuando él se fue pensé que la única forma en la que podía mantener viva su esencia era compartirle con el mundo. Mi primer libro fue un intento de que Alí fuera recordado. La primera misión fue la de hacer felices a 10 millones de personas y eso lo conseguimos en unas ocho semanas. Éramos un grupo muy pequeño de cuatro personas por eso decidimos ampliarlo a mil millones de personas felices.

 

Creo que esa es la tarea que va a ocupar el resto de mi vida. Los libros son únicamente una forma de situar ese pensamiento, esa mentalidad, de forma que pueda compartirla con el mundo. Pero yo no soy un gurú o profesor de felicidad. Soy un ingeniero que piensa en el mundo de una forma muy organizada. Pienso en los seres humanos como unas máquinas muy complejas. Somos unas máquinas, al fin y al cabo. Si comemos mucho engordamos, si tenemos un virus nos ponemos enfermos… somos bastante predecibles, aunque seamos muy complejos. En unas condiciones de funcionamiento perfectas los humanos somos felices. Pero algo falla durante el camino porque la máquina está bien diseñada, pero a la largo de la vida hay un punto en que esa máquina se rompe. Mi misión es hablar el lenguaje del mundo moderno y ayudar a la gente a ver ese lado mecánico de la vida.

 

P: En tu libro, además de enseñarnos a gestionar esa voz interior para lograr la felicidad, también recuperas algunas herramientas más de sentido común para ser felices, como la generosidad...

 

R: Hay muy pocas personas que son capaces de entender que la generosidad y dar a otros es muy importante para la felicidad. Vivimos en dos mundos muy apartados: oriente y occidente. En oriente la cultura se basa en la sociedad, en la comunidad, en el respeto a los mayores, a los colegas, a los jefes. En occidente todo tiene que ver con individualidades, priorizamos el yo. De modo que, si tengo libertad para hacer lo que yo quiero, estaré bien. Por esa individualidad occidente se ha olvidado de esa cultura de comunidad. Por ejemplo, en Egipto, donde yo crecí, no hay estado de bienestar, no hay planes de jubilación ni seguros de vida, pero la gente está muy segura porque saben que, si algo les ocurre, el vecino, el primo, el pariente, se va ocupar de ellos igual que ellos se van a ocupar de sus parientes si algo les ocurre. En una crisis económica los países o culturas que menos preocupación tienen son las de oriente. En occidente hemos llegado tan lejos que hemos dicho: vamos a poner el gobierno entre nosotros, vamos a dejar que el gobierno, la seguridad social, el estado de bienestar, la sanidad, se ocupen de nosotros. Lamentablemente esos sistemas se están rompiendo y en realidad nadie se siente seguro. Como resultado la gente está mucho más preocupada y más ansiosa.

 

P: ¿Por qué crees que es necesario recordar esta obviedad de que la generosidad es tan importante para la felicidad del ser humano?

 

R: ‘Dar’ es algo innato en el diseño de los seres humanos, es un mecanismo de supervivencia. Esto es importante entenderlo. Como humanos no hemos sobrevivido como especie porque somos inteligentes sino porque somos capaces de trabajar juntos a diferencia de todos los demás animales. Como especie somos capaces de utilizar ahora lo que inventó Einstein años atrás para crear algo nuevo. Siempre hemos funcionado como comunidad. Hemos ido a cazar juntos desde los albores de la historia. Es algo instintivo asegurarnos de que los demás están bien porque si nos aseguramos de que los demás están bien nosotros también nos sentimos seguros.

 

En ese sentido, ‘dar’, es un instinto humano. Sin embargo, el sistema occidental ha dicho: “dejad eso a un lado porque será el gobierno el que se ocupe”. Eso es incorrecto y por eso en las sociedades occidentales hay muchas más personas sin hogar. Tú pasas a su lado y ni siquiera piensas en su sufrimiento porque no son mi problema; Alguien se ocupará de ellos, piensas… pero realmente nadie se está ocupando de ellos. En todos mis libros escribo un capítulo sobre el ‘dar’. Nací y crecí en oriente, pero después me formé y trabajé en occidente durante toda mi vida. Hablo el lenguaje de occidente, el lenguaje de la lógica, de los negocios, de la economía, de la matemática y digamos que puedo demostrar que he tenido éxito en la vida. Ser directivo de Google [X] es un trabajo de ensueño para muchas personas…pero lo que quiero transmitir es que creo en el ‘dar’. Creo que el ‘dar’, en la sociedad, nos hace crecer a todos. Todo el mundo lo sabe, pero se nos ha olvidado.

 

P: ‘Dar’, dices en tu libro, no tiene nada que ver con el dinero ¿El sistema capitalista ha monetizado también la generosidad?

 

R: ‘Dar’ no significa sacar un euro de tu bolsillo y dárselo a alguien. ‘Dar’ significa prestarte toda mi atención o sonreírte cuando te veo, o sentarme al lado de una persona sin hogar y decirle: te veo, eres humano como yo. No es dinero, no cuesta nada, son esas pequeñas cosas que hemos dejado de hacer. La mayor pandemia del mundo no es la del Covid-19. Las dos principales pandemias del mundo son la soledad y el estrés. Todo el mundo está solo. Todo el mundo está inmerso en su teléfono porque están deseando tener la atención de los demás. Y yo digo: ¿por qué no en vez de mirar tanto el teléfono, no haces clic sobre el nombre de uno de ellos y le dices: oye, ¿te apetece charlar un poco? Y le llamas, o te tomas un café con él, o le mandas una foto y le dices: ¿te acuerdas cuando hicimos esto qué bien lo pasamos? Crear esa conexión humana es mucho más fácil de lo que crees y no es solo para hacer feliz a esa otra persona, también te va a hacer feliz a ti como ser humano.