domingo, 20 de agosto de 2023

María Inés López-Ibor, psiquiatra:"La alegría muchas veces, pasa desapercibida"


Aldara Martitegui       |    Madrid     |    niusdiario.es     |     25/06/2022 

María Inés López-Ibor acaba de publicar su libro ‘En busca de la alegría’ 

Hablamos con la reconocida psiquiatra sobre cómo cultivar la alegría en el día a día para alcanzar una vida bien vivida 

La hipótesis del libro es que, aunque no sea fácil, se puede conseguir convertir la alegría en una experiencia personal, en una vivencia

Cuenta la reconocida psiquiatra María Inés López-Ibor que, debido a su práctica clínica, se pasó muchos años de su vida investigando sobre la tristeza, hasta que un buen día se propuso estudiar sobre la alegría: el sentimiento que aparentemente parece el contrario a la tristeza. Pero la alegría es mucho más que eso: “Porque también es una forma de pensar”, asegura. 

Uno de los frutos de esos años de investigación sobre la alegría es el libro que acaba de publicar: En busca de la alegría (Espasa, 2022). María Inés López-Ibor, que pertenece a una de las mayores estirpes de psiquiatras de nuestro país, responde en su libro a las preguntas que muchos nos hacemos y que son fundamentales para lograr ese ansiado bienestar interior: ¿es verdad que la alegría puede cultivarse?, ¿es lo mismo alegría y felicidad? 

Sí; la alegría puede cultivarse y entrenarse, explica…pero es que, además, todos tenemos muchos más motivos para sentir alegría en el día a día de lo que creemos. Entonces, ¿por qué pasan desapercibidos todos esos momentos? Una de las propuestas de María Inés López-Ibor es precisamente que entrenemos nuestra mente para poner la atención en lo positivo de cada día y que lo honremos como merece. Este pequeño cambio de foco puede suponer el punto de partida del camino para vivir una vida bien vivida. 

Pregunta: Para muchas personas eso de buscar la felicidad es demasiado grande, algo inabarcable que puede llegar a generar frustración. La alegría tal vez sea más superficial ¿pero es más asumible? 

Respuesta: Claro, es que de eso se trata. Creo que la felicidad es básicamente imposible porque la felicidad se asocia a conseguir algo que tú quieres, como una meta. Y eso me da alegría, pero una vez que lo tienes, vas buscando otra cosa… y vas buscando otra cosa…por eso es efímera (…) Es imposible que estés completamente feliz, puedes estar feliz porque has conseguido el trabajo de tu vida, pero puedes estar preocupado porque tienes un niño muy pequeño y no sabes qué va a ser de su futuro. Entonces, por eso, yo creo que es muy difícil. Pero, empezando por la alegría, podemos vivir muchísimo mejor. Yo me he pasado años de mi vida…¡muchos años! dedicándome al estudio de la tristeza por mi práctica clínica… ¿Y dónde está el límite entre la tristeza normal y la tristeza patológica?, ¿y cuando la tristeza se convierte ya en un síntoma? Pero luego decidí que era mejor estudiar el sentimiento que parecía que era el contrario de la tristeza, que es la alegría y, me he dado cuenta de que la alegría es mucho más que un sentimiento: es también una manera de pensar. Hay personas que son capaces de pensar de una manera más positiva. La alegría está relacionada con nuestras motivaciones. Tú puedes ser más positivo. También está un poco relacionada con la personalidad, con los rasgos. Hay personas más melancólicas, pero hay otras que son más positivas, ¡pero lo podemos cambiar! Y la hipótesis del libro es que de lo que se trata en esta vida -que no es fácil, pero hay que trabajarlo- es de conseguir convertir la alegría en una experiencia personal, en una vivencia.

 

P: Vivimos un poco en la inercia del 'yo soy como soy y punto'. ¿Crees que si hiciéramos un poco más de introspección nos daríamos cuenta de que tenemos muchas posibilidades de cambio y, por tanto, de vivir una vida más plena?

R: Yo creo que sí, fíjate que se critica mucho a Freud, y yo creo que aportó algo muy importante, que es enseñarnos a mirar para dentro: analizarte y de ahí vas encontrando cosas. Con el psicoanálisis simplemente tú vas buscando. Yo creo que Freud se equivocó porque trataba de encontrar una causa, y a veces no las hay. A veces, incluso hay muchos traumas que deben permanecer olvidados porque ya han pasado. Pero sí; el mirarte un poco hacia dentro es importante porque si te conoces, te puedes cambiar. Siendo un poco más superficial es un poco como cuando te miras al espejo: si hay algo que no te gusta o no está bien en tu cara, te pones un poco de colorete o algo que te favorezca más, y ya te ves de otra manera. Pues igual que lo hacemos con el cuerpo, lo podemos hacer con la mente.

 

P: El ritmo frenético de la sociedad actual no favorece para nada este trabajo de introspección, que requiere tiempo y paciencia…¿Cómo ves tú la sociedad de ahora?

R: Para mí es una sociedad que creo que es muy compleja, más de lo que creemos. Es una sociedad en la que el ser humano lo quiere todo y para ya. Mi padre [Juan José López-Ibor Aliño, 1941-2015 ] ya hace años lo llamaba la cultura del Telepizza, pero es un poco así: Quiero comer, me lo traen a casa; quiero ropa, ahora me la traen a casa; necesito arreglar algo de casa, y Amazon me trae el pegamento. Todo para ya, en este momento. Y eso genera mucha insatisfacción, porque no aprendemos a esperar, a reflexionar, a ver realmente qué quiero. Entonces, todo lo que queremos, se nos convierte en necesidad y no es así. Nos hemos dado cuenta en la pandemia de que necesitamos la mitad de las cosas. Pero esa cultura de todo, todo, todo, es ¿lo necesito o lo quiero? Siempre pienso que con los niños nos equivocamos porque siempre les preguntamos qué quieren ser de mayores, y ellos contestan con una profesión: bailarina, pintor, médico, arquitecto. Y yo creo que la pregunta adecuada debe ser tú, ¿cómo quieres ser?, ¿cómo quieres vivir tu vida? Quiero ser una buena persona, estar alegre, disfrutar de la vida…y luego, será bailarina, pintor, periodista o lo que toque.

 

P: Ir en busca de la alegría ¿significa que tenemos que huir de otras emociones más incómodas, como la tristeza?  

R: Es que también tenemos que estar tristes: muchas veces, en nuestra vida, vamos a estar tristes y eso es importante porque todos los sentimientos tienen un papel adaptativoLa tristeza existe para que yo identifique que esa persona me importaba, que esa situación me importaba, que el trabajo me importaba. Y tengo que hacer un duelo. También necesito tener rabia para protegerme, para decir “hasta aquí hemos llegado” y me tengo que enfadar… Por ejemplo, no me gusta nada cuando te dicen que alguien ha fallecido y enseguida parece que necesitan un psicólogo, terapeuta o un especialista. No, tienen que hacer un duelo, es normal, se pasa mal, te angustias mucho, pasas unos días con problemas de sueño, con mucha tristeza, con mucho abatimiento…pero luego lo superas…A lo largo de la vida tenemos que hacer un montón de duelos. Por eso, ese falso ‘buenismo’ de aquí no ha pasado nada…no. Tienes que vivirlo.


P: ¿Qué piensas de este boom de la industria de la autoayuda?

R: A mí, en general, lo de la autoayuda no me gusta. Yo, de hecho, en el libro hablo de autocuidado. Porque yo creo que sí tenemos la responsabilidad de cuidarnos a nosotros mismos. Uno no tiene la culpa de tener la tensión alta, te ha tocado… pero sí tiene la responsabilidad de comer sin sal y seguir el tratamiento…así es un poco la mente (…) Tú tienes que tener angustia, tienes que tener ansiedad y dolor porque has perdido a una persona que te importa y, además, tú lo tienes que reconocer como normal y, además, lo que a mí me duele, me duele, a ti te duele menos, pero a mí me duele…y tengo que vivir con eso, ocuparme, sentirlo, reflexionarlo… y ya se me pasará y lo colocaré en su sitio y lo superaré y recordaré a esa persona con cariño. De la misma forma tengo que estar triste o angustiado si pierdo mi trabajo…no puedo estar como si nada, porque entonces es falso y eso genera muchas inseguridades (…) No hay que vivir superficialmente. Por eso creo que esa historia de la autoayuda, mal utilizada, genera muchísima insatisfacción…

 

P: Porque, a pesar de que la alegría se puede entrenar, no siempre es algo que dependa de la voluntad de uno…como psiquiatra esto lo habrás visto mucho. Para curar una depresión, por ejemplo, no basta con querer curarse.

R: Es que la voluntad no lo es todo. No conozco a nadie que se quiera encontrar triste o se quiera deprimir; todavía no lo he visto…habrá alguno por ahí, pero yo todavía no lo he visto. La gente lo que quiere es estar bien, lo que quiere es estar tranquilo, alegre, poder disfrutar. Hay gente que es más melancólica, pero eso no es nada malo. La gente lo que quiere es estar bien. La depresión es una enfermedad que para mí tiene alterados dos sentimientos: la manera de cómo te encuentras tú contigo mismo, que es un sentimiento más vital, de tu interior, tienes esa tristeza vital, pero también es del ánimo, de cómo me encuentro yo en relación a lo que me está sucediendo. Y hay veces que eso, la tristeza, se convierte en un síntoma y aparecen otros: problemas de sueño, de concentración, tensión interna…y aparece algo que para mí es muy llamativo en la depresión, yo creo que es uno de los síntomas que marca la diferencia y es lo que no les permite cambiar: es la incapacidad de disfrutar de las cosas. Cuando les dices: “date un paseo”, les da igual darse un paseo. Van al cine y no disfrutan, están con su pareja y no disfrutan, están con los nietos y no disfrutan. Si uno no lo pasa bien, pues lo deja de hacer…pero eso no depende de ellos, ellos lo que quieren es pasarlo bien. Cuando ya se recuperan, es cuando ya empiezan a experimentar placer: dan un paseo y se encuentran mejor, se arreglan y se encuentran mejor, leen y vuelven a disfrutar de la lectura…y, entonces, en ese momento, ya dejan de pensar solo en ellos. Porque el discurso de una persona deprimida siempre habla de él; es como un mecanismo de protección: “no me encuentro bien, no quiero, no puedo”. Pero cuando empiezan a pensar en las otras personas; empiezan ya a preguntarse ¿cómo está mi marido?, ¿y mis hijos?...ahí ya es cuando empiezan a recuperarse. Por eso te digo que es un tema que no tiene nada que ver con la voluntad ni con la intencionalidad.

 

P: ¿Crees que la pandemia ha dejado tan tocada la salud mental de la población como dicen? ¿Tú también estás viendo esta pandemia paralela en consulta?

R: Yo creo que hay dos cosas, creo que la pandemia la tenemos que ver desde el punto de vista psíquico como un desastre o catástrofe; es una situación para la que nadie estaba preparado y que afecta a personas previamente sanas. Es como si hay un terremoto enorme y las consecuencias del hecho afectan a personas previamente sanas. Si tú vives en ese lugar y pierdes toda tu casa… o la guerra en Ucrania: eso supera nuestra capacidad de afrontamiento. Y eso es lo que ha pasado con la pandemia. No nos esperábamos eso.

 

P: Pero la mayoría de las personas han salido adelante…

R: La gran mayoría lo ha superado muy bien y eso es lo que me gusta. Ahora, como ha habido pandemia, pues todo el mundo tiene ansiedad. Pero el periodo de confinamiento lo hemos superado, la gran mayoría hemos vuelto al trabajo, hemos vuelto a hacer las cosas que hacíamos, sí. Lo que ha generado es mucha ansiedad, pero no solo por la pandemia sino por las consecuencias de la pandemia: sociales, políticas, económicas… y ahora, hay muchos síntomas de ansiedad…y no todos lo hemos vivido igual. Quien ha tenido la desgracia de estar enfermo o perder un familiar o haber trabajado en primera línea, pues tienen más síntomas de ansiedad.

 

P: Muchas veces hablamos de salud mental y enfermedad mental como si fueran lo mismo ¿Cuál es la diferencia y por qué es importante hacer la distinción entre ambos conceptos?

R: A mí me gusta que se hable ahora de salud mental; pero hay que entender que la salud mental no es la enfermedad mental. Es como la salud cardiovascular y la enfermedad del corazón. Hay una parte que es verdad, que tenemos que cuidarnos, para que estemos sanos mentalmente y hay algunas personas que van a tener síntomas de enfermedad mental, y algunos van a tener la enfermedad mental. Yo puedo tener ansiedad porque la ansiedad es normal…todos tenemos que tener ansiedad porque es la respuesta normal al estrés. Algo ha sucedido y tengo que responder. Pero, en algún momento, la ansiedad se convierte en un síntoma de una depresión, o de otra enfermedad, o de un trastorno en sí mismo y ahí ya necesito un tratamiento. Entonces, yo creo que ahora sí que estamos viendo que hay personas que no están bien y que, además, empiezan a venir a consulta con síntomas relativamente leves porque ya se está perdiendo un poco el tabú de ir al psiquiatra o al psicólogo. Yo necesito ayuda y voy a ir, entonces, vienen con síntomas más leves que antes y las posibilidades de recuperación son muchísimo mayores, como en cualquier enfermedad…

 

P: ¿Cómo saber que ha llegado el momento de pedir ayuda profesional?

R: Creo que el límite en cada persona es distinto, pero es cuando ya te afecta a tu vida; incluso cuando tú ya empiezas a pensar “esto no es normal” (…) cuando los demás te lo dicen: “oye, es que estas muy irritable”. Cuando ya tienes señales en tu cuerpo, que a veces no las prestamos atención: no duermo, me cae mal la comida, estoy como con un perro aquí en el estómago que me está mordiendo todo el rato, tengo dificultad respiratoria, salto con mis hijos, salto en el trabajo. Cuando todo se me hace muy pesado y me afecta ya…yo creo que ya hemos pasado el límite. Y entonces, ahí es cuando hay que ir al médico de cabecera o a un especialista.

 

P: Unas personas aguantan y aguantan y no van al profesional de la salud mental cuando tienen que ir, y otras van cuando en realidad no sería necesario…de ahí viene la queja de que se patologiza la vida cotidiana porque, como dices, cierto nivel de ansiedad, es normal…

R: Claro, lo que no podemos hacer es medicalizar todo el sufrimiento o todos los sentimientos del ser humano, no. Yo tengo que tener ansiedad si tengo un examen o si tengo esta entrevista porque, si no, es que no me importa. Tengo que estar triste, igual que tengo que ponerme muy contenta si algo bueno me sucede.

 

P: ¿Tenemos mucho que aprender todavía sobre salud mental?

R: Exactamente, porque medicalizamos el sufrimiento. Mira, a mí, lo que realmente no me gusta, es que viene mucha gente a la consulta y me dice: "yo tengo la autoestima baja"…¿pero eso que es? Y yo digo, "la autoestima no es ni baja, ni alta, ni gorda, ni delgada… es que tú no te estimas a ti mismo de manera adecuada: tu autoconcepto todavía no está bien", pero claro, si ya le pones un apellido, ya lo dejas así: “yo soy morena: punto” Y no es así, porque yo puedo trabajar, conocerme bien… efectivamente, hay cosas de mí que no me gustan nada, pero puedo irlas modificando y, al final, estar más contenta conmigo misma. Por eso digo que la alegría es como un camino. El subtítulo del libro se me ocurrió en el último momento es cómo vivir una vida bien vivida, bien sentida, bien pensada…y a lo mejor te han pasado miles de desgracias pero, si las has afrontado bien, tú vas a tener esa sensación de que tu vida ha sido plena.

 

P: Para terminar: ¿Algún consejo para lograr esa vida bien vivida?

P: Hay algunos muy sencillos…yo creo que hay uno que es importantísimo, y es que cada día te fijes en tres cosas buenas que te hayan pasado y les des importancia; que tus hijas sonríen, que hayan ordenado el cuarto, que el vecino te salude, que te ha llamado un amigo…porque siempre estamos con el ‘pero’… “ya, pero es que no me llamó ayer”. No, pero te ha llamado hoy. O que alguien te diga un detalle…Es que todas esas cosas buenas las damos por hechas, no les damos importancia, pero si uno las reflexiona cinco minutos, toda la angustia, todo el estrés de la vida cotidiana, puede bajar un poco…

viernes, 18 de agosto de 2023

Cómo dejar de hacerse la fuerte de la familia y no sentirse culpable


PATRICIA RAMÍREZ      |     Abc.es (El lunes empiezo-blog)     |    01/03/2020

Sin saber por qué, muchas mujeres, también hombres, se convierten en los «fuertes de la familia».

 

No se trata de un título oficial ni nada que alguien te imponga. Pero tu calidez y cariño en la interacción con las personas que quieres, tu capacidad para resolver problemas, tu servicialidad, tu rapidez, tu humanidad, ser la o el mayor, quién reside cerca, quién tiene un horario flexible o de media jornada, tu sentimiento de pertenencia, no saber decir que no o simplemente el hábito de ser tú la que siempre resuelve todo, te ha convertido en la fuerte de la familia. Titulazo. Y estás hasta las narices de serlo.

 

Ser la fuerte de la familia te ha obligado a ocuparte de responsabilidades que no te tocan, a renunciar a tiempo personal, profesional, a tener que disimular emociones, esconder tus ganas de llorar, a no ser impulsiva y mandar todo al garete cuando estabas agotada. Ser la fuerte de la familia te ha minado por dentro y por fuera. Representas un rol que no elegiste, que te ha desgastado y del que deseas liberarte porque, además, no te identificas con él. Simplemente en el reparto de la película de la vida de tu familia, te tocó.

 

Seguir siendo la fuerte de la familia supone seguir simulando una entereza y fuerza que ya no deseas. Supone no poder expresar dolor, no contagiar a los demás tus miedos, que, por cierto, también los tienes. Supone seguir protegiendo a todos del dolor, de la responsabilidad, seguir liberando de responsabilidades a los tuyos…porque total, tú lo haces todo mejor y más rápido que los demás.

 

Dejar de ser la fuerte de la familia no es sinónimo de desentenderte de todo, de dejar de pensar en los demás, no de ser coherente con tus valores. Solo se trata de dejar de fingir emociones, de poder expresar lo que sientes, de hablar de tus miedos, de cargar con menos peso en la mochila, de repartir el peso y buscar soluciones. Dejar de ser la fuerte de la familia es permitirte derrumbarte, decir que no cuando ocuparte de ti y no sentirte responsable de todo lo que le pasa a tu familia y a tu entorno.

 

Querida, o querido, manos a la obra. Empieza el increíble reto de «dejar de ser la fuerte de la familia y no sentirme culpable por ello».

 

Grito de guerra

 

Este grito de guerra no te libera de ninguna carga, pero sí te libera de emociones. Empieza por gritar para adentro cuando haya gente delante o para fuera cuando estés sola. ¿No te ocurre a menudo que tus hijos llegan a casa, y que desde primera hora de la mañana ya te están mandado mensajes «qué hay hoy para comer» y tú con todo tu amor preparas lo que es saludable y al llegar te ponen cara de «qué mierda, yo quería pasta»? Pues a partir de ahora, no razones, no les digas todo lo que haces por ellos, no les expliques que tienen que comer de forma saludable, simplemente grita por dentro «que te jorobes, que esto es lo que hay». Decírselo a la cara es políticamente incorrecto, pero ¡Qué bien sienta por dentro! No te desgastes, no busques explicaciones de buena madre. ¡Hala, aire fresco! Y no digas un «que te jorobes» enfadada, no. Con toda la risa del mundo. Y esto es aplicable a tus hijos, a tu madre, a tu pareja, y a todo el que te exija.

 

Delega

 

¿Qué estás haciendo tú que puedan hacer los demás? Siéntate por favor y elabora una lista. Comparte esa lista con todas las personas cercanas e involucradas que puedan responsabilizarse de lo que te responsabilizas tú.

 

Si estás esperando el día en que sean maduras y generosas como para que salga de ellas...de ayudar, igual terminas de quemarte. Tus hermanos, tus hijos, tu pareja, tus amigos, tus padres ya se han acostumbrado a que te ocupes tú. Incluso les da confianza y seguridad…porque ¡tú lo haces taaaaaan bien!

 

Si resuelves a todos situaciones como ser la única que acompaña a tus padres al médico, a tus hijos a sus citas, acompañar emocionalmente a tu hermano que se acaba de divorciar, proteger a tu pareja para que no sufra con la controladora de su madre, quitarles a tus hijos piedras del camino, resolver los temas financieros de tu hermana que no tiene mucho sentido común y lo despilfarra todo, será muy difícil desprenderte de ello. Permite que todo esto esté hecho medio regular, que haya olvidos, que aprendan a convivir con las consecuencias. Y si me dices «ya, pero si no me ocupo yo, es que no se ocupa nadie», pues igual durante un tiempo, hasta que se puedan vivir las consecuencias, no tiene que ocuparse nadie. Y no me refiero a situaciones en las que tus padres pongan en riesgo su salud. Me refiero a vivir las consecuencias que sean asumibles sin riesgos graves de salud. 

 

Deja de hacer

 

¿Todo lo que ahora estás haciendo necesita hacerse? ¿Y si necesita hacerse, se necesita con ese grado de exigencia? Igual llamas todos los días a tu madre dos veces al día, igual vas a comer a casa de tus padres tres veces en semana, igual eres de la que lleva la agenda de tu hermana porque a ella se le olvidan sus revisiones, o estás pendiente de qué necesita tu hermano que está viviendo fuera. Podrías hacer reducir el número de llamadas, las visitas, sobreproteger a tus hermanos, o dejar de recordarles lo que ellos deben tener presente. 

 

Vuelve a hacer una lista con aquello que vas a empezar a dejar de hacer y piensa en qué vas a invertir ese tiempo que ahora la vida te regala. En lugar de comer tres veces en semana en casa de tus padres, podrías empezar por dejar de ir un día y dedicártelo a ti, a un masaje, a ir a caminar, a comer con amigas una vez a la semana o disfrutar de comer sola en casa. 

 

No preguntes, reparte

 

Cuando los demás se han acostumbrado a que seas tú quién hace todo, ya lo dan por sentado. Al margen de la conducta egoísta, ya ni se les ocurre preguntar ¿quieres que lo haga yo? Ya es un hábito que te ocupes tú. A partir de ahora no pienses que pedir a los demás que se ocupen de todo lo que haces tú es pedirles un favor. No. Favor es el que llevas haciéndoles tú toda la vida. A partir de ahora no preguntes «¿podrías por favor tú este fin de semana ocuparte de papá y mamá?» Pone en el chat de la familia «este fin de semana no puedo ocuparme yo, organizaros para hacerlo vosotros».

 

Enseña tu «know how»

 

Para ser la fuerte y la responsable de la familia has tenido que desarrollar una serie de estrategias que te han permitido compaginar tu vida con la de los demás. Eres operativa, estratega, organizada, planificadora. Te pones alarmas, llevas una agenda, tienes una carpeta con los asuntos importantes.

 

¿No podrías enseñar por favor a tus padres, hijos, pareja, amigos, tu sistema? Igual tus padres podrían llamar a sus citas si pusieran una alarma en el móvil y tuvieran todos los teléfonos de sus médicos escritos en grande en una agenda. Igual podrían tener un planificador para notarlo todo. 

 

Expresa tus emociones con libertad

 

Permítete expresar tus emociones cuando te apetezca, esté quien esté delante. Hay veces en las que reprimimos un lloro porque nuestros hijos no nos vean sufrir. Llevamos el duelo, los miedos, la incertidumbre por dentro. No nos permitimos ni expresar las emociones ni hablar de lo que nos preocupa. Todo porque los demás no sufran. Pero con ello tampoco les educamos en una buena gestión de emociones.

 

Les estamos transmitiendo que no tenemos derecho a preocupar a los demás, que nos tenemos que contener. Y esto no ayuda. Ni a nosotras ni a ellos. En función de la edad, tus hijos se sentirán muy aliviados, o tus padres, aunque san mayores, sabiendo qué te ocurre. Porque lo que genera estrés en los demás no es conocer cómo te sientes, sino desconocer el motivo de tu preocupación.

 

No somos las responsables de la felicidad de los demás No somos las responsables de las responsabilidades de otros. Tenemos derecho a poder venirnos abajo. Así que respira y descansa. 

martes, 15 de agosto de 2023

Me ha dado ansiedad al empezar las vacaciones: cómo puedo manejarlo durante mi descanso cerebral


JOSÉ LUIS GARCÍA     |      uppers.es     |      13/08/2023

El cambio repentino en la rutina puede desembocar en un estado de angustia también conocido como estrés vacacional

 

La neurocientífica y piloto de helicópteros Ana Ibáñez nos ofrece las claves para cambiar nuestro tipo de energía.

 

Es posible que después de pasar todo el verano pensando en coger las ansiadas vacaciones y desconectar te haya ocurrido que cuando llega el momento, en vez de relajarte y disfrutar, te has visto atrapado por la ansiedad. Abandonar de golpe la rutina y el trabajo cotidiano a veces no es tan sencillo. Al cerebro le cuesta acostumbrarse a la nueva situación y necesita una adaptación. Además, el cambio de actividad radical puede desembocar en un estado de angustia también conocido como estrés vacacional. La ingeniera especialista en neurociencia Ana Ibáñez nos explica qué podemos hacer para controlar nuestros estados emocionales durante nuestro descanso cerebral.

 

"Los estados de ánimo son la consecuencia de una emoción predominante que se ha quedado alojada en ti durante un tiempo", nos dice la autora de 'Sorprende a tu mente' (Planeta) y también piloto de helicópteros. El trabajo, las relaciones personales, las obligaciones familiares nos imponen un ritmo frenético en nuestro día a día que luego a nuestro sistema le va a costar cambiar.

 

Cambiar de estado de ánimo es posible

Pero cambiar de un estado de ánimo a otro es posible. Para ello, según Ibáñez, hay que fijarse "en la energía que sientes". " Mira si es pesada, si es ligera, si es lenta, si es fría, si es caliente. Suena un poco raro, ¿verdad? Pues te aseguro que es la manera más directa para que entiendas y cambies tu tipo de energía y, con ello, tu estado de ánimo".

 

"Es muy intuitivo. Si te sientes triste, estarás sumido en una energía lenta, pesada, oscura. Si tu cerebro y tu cuerpo generan energía más rápida, ligera y colorida, te sentirás mejor. Pero al principio no la generan ellos: eres tú quien tiene que generarla. Ellos están ocupados produciendo energía triste. Tienes que sorprenderlos y recordarles que también pueden generar otra energía más alegre, la energía propia de emociones más positivas", desarrolla la experta.

 

En definitiva, nuestro estado de ánimo es un fenómeno dinámico, que depende de las situaciones a las que nos exponemos, pero sobre el que somos capaces de influir. "Para salir de un estado de ánimo, lo primero es querer salir de ese estado de ánimo. Sé que cuesta, pero se es capaz de lograrlo", insiste Ibáñez.

 

Energías lentas, frías y oscuras

"Para salir de energía lenta tienes que generar energía más dinámica. ¿Cómo lo haces? Pues como sea. Muévete, salta, baila, agita los brazos. Acelera tu respiración con el método que te resulte más sencillo. Puedes forzarte a hacer respiraciones más rápidas con tu abdomen. Ponte en mente que tu misión es acelerar tu energía: el cómo lo vas a saber decidir tú intuitivamente", expone la neurocientífica.

lunes, 14 de agosto de 2023

Los siete comportamientos que delatan a un mentiroso patológico


Redacción Uppers         |     03/06/2022
Todos mentimos, a veces por necesidad; y luego están los que mienten por gusto: los mentirosos compulsivos
El mentiroso patológico no obtiene necesariamente algo, pero sí experimenta un sentimiento de
bienestar
  
Los mentirosos compulsivos son egocéntricos y creen que sus mentiras nunca hacen daño
 
Admitámoslo: todos mentimos en algún momento: para sobrevivir, para disimular algo que no nos beneficia, para obtener algo... Incluso hay mentiras que pueden tener un objetivo noble. Son las famosas 'mentiras piadosas', las 'white lies". Porque, también hay que admitirlo, no siempre decir la verdad beneficia o es útil.
 
Al margen de esto, hay personas que mienten de manera habitual y sin que necesariamente obtengan ningún beneficio personal. Son mentirosos patológicos, mentirosos compulsivos. La buena noticia es que se les detecta pronto. La tarea puede ser aún más fácil si estás atento a estas señales.
 
1 Son egoístas 
 
Una persona mentirosa es egoísta. Su principal rasgo de carácter es que es terriblemente egocéntrica. Siempre se pone por encima de los otros sin importarle nada, aunque aparentemente parezca que son humildes. Pero no lo son, mienten con el fin de sentir, aunque sea momentáneamente, superioridad.
 
2 Creen su propia ficción 
 
El mentiroso patológico cree en sus propias mentiras y desea que esas mentiras se conviertan en realidad. Tienen la habilidad de contar mentiras creíbles. Pero a veces la fantasía les delata y es común que algunos detalles no nos cuadren. Si es así, tendrás que confirmar si la persona que tienes delante no es un impostor
 
3 Son muy vanidosos 
 
Un rasgo característico del mentiroso patológico es que presume continuamente. Alardean todo el tiempo, quieren mostrar constantemente todo lo que presumen saber sobre diversos temas. Los mentirosos asumen una modestia falsa y la mayoría de las veces logran pasar como personas humildes. 
 
4 Cuestionan a los demás 
Toda su actitud hace que tengan confianza en sí mismos. Van de 'sobrados', lo que les permite tener cierta agilidad para darle vuelta a las situaciones desfavorables, incluso cuestionan la buena memoria de otras personas con el único fin de lograr dar credibilidad a sus mentiras.
 
5 No se sienten culpables 
Las personas que mienten, pero no lo hacen de manera compulsiva, suelen mostrar algo de culpa de alguna forma u otra. Sin embargo, el mentiroso patológico no siente ninguna culpa, no tiene empatía y suelen pensar que sus mentiras no hacen mal a nadie.
 
6 Están a la defensiva
Cuando una persona que miente de manera habitual se siente desenmascarada, se pondrá a la defensiva de una manera poco habitual. No se sentirá culpable ni dará muestras de inseguridad. Al contrario, se le verá animado y empezará a cambiar de conversación para desviar la atención o incluso culpabilizar a otros. Y todo con un punto de euforia.
 
7 Evitan el contacto visual
Muchas personas que son mentirosas patológicas, muy frecuentemente, se comportan con naturalidad en sociedad. Pero la cosa cambia cuando hablan de manera más íntima o cercana con una sola persona. Se sienten incómodos y evitan todo contacto visual. En una situación de cierta intimidad se sienten incómodos porque saben que no es el ambiente propicio para mentir. Están mejor cuando pueden contar mentiras. Es la paradoja del que se ha construido una ficción como marca personal. 

sábado, 12 de agosto de 2023

Empatía y ecpatía, ¿cómo se relacionan?

GORKA JIMÉNEZ PAJARES     |     La Mente es maravillosa     |     04/01/2023 

Mientras que el hecho de ser capaz de vincular emocionalmente con los demás es una virtud, saber desconectar de la tormenta afectiva ajena cuando nos desborda es una necesidad. ¿Cómo se relacionan la empatía y la ecpatía?

 

Comencemos con un ejercicio de reflexión: en mitad de una conversación, ¿eres capaz de sentir lo que el otro siente? ¿Y de pensar lo que el otro piensa? Si esto sucede, ¿eres capaz de desvincularte de lo que el otro está sintiendo o pensando? En esto consisten las habilidades que denominamos empatía y ecpatía. En este artículo vamos a explicar por qué son términos opuestos que hacen referencia a acciones antagónicas.

 

Mientras que la empatía implica “saber situarse en el lugar de otra persona”, la ecpatía hace referencia al hecho “situarse en el propio”. Son dos habilidades que se complementan, puesto que cuando empatizamos en exceso nos fatigamos, nos cansamos y nos duele el cuerpo y el alma; y en consecuencia, aparece la fatiga por compasión.

 

“La realidad es la misma para todos, pero cada uno la ve de una manera diferente porque la enfoca desde su punto de vista particular”. – José Luis González de Rivera y Revuelta -

La empatía es la locomotora que nos permite vincular y conectar con nuestros seres queridos.

 

¿Qué es la empatía?

 

La empatía proviene del griego em-patheia y significa de manera literal ‘sentir dentro.

 

Aplicada al campo de la Psicología se entiende como la capacidad de conectar con las personas que nos rodean, y podemos hacerlo de dos formas:

·        Conectando con los pensamientos y las situaciones de la otra persona: ponernos en sus botas. Esto recibe el nombre de empatía cognitiva.

·        Sintiendo las emociones que puede estar sintiendo la otra persona. Pongamos un ejemplo: nuestra pareja nos cuenta el dolor que siente ante la pérdida de un familiar. En esta situación, ¿eres capaz de sentir su tristeza? Esto recibe el nombre de empatía emocional.

 

La empatía es un ingrediente clave a la hora de establecer la intimidad en las relaciones. Nos permite conectar y contactar con el otro. La empatía es promotora de los vínculos a través de los que nos sentimos queridos y seguros.

 

¿Qué es la ecpatía?

 

Este curioso término también proviene del griego: en concreto del término ek-patheia. Como hemos comentado, es lo opuesto a la empatía. Esto dista de significar que sea algo malo: significa ‘sentir fuera’.

 

Pongamos una metáfora, tu vivienda se sitúa cerca de un lugar donde son habituales las fiestas con música a elevado volumen. Imagina que eres incapaz de aislarte de tanta intensidad. La ecpatía hace referencia a nuestra capacidad para aislarnos y, más en concreto, para alejarnos de los sentimientos de los demás.

 

Ser empáticos es bueno, pero, ¿te imaginas ser empático todo el tiempo, a todas horas, siempre? Los seres humanos tenemos la capacidad de empatizar en momentos en los que se necesita esta habilidad y ecpatizar en las situaciones en las que la conexión emocional con otros nos hiere.

 

Autorregulación emocional

 

Transitar por la vida en solitario, además de ser duro, es imposible. Los seres humanos somos seres gregarios y sociales. En este sentido, la empatía nos permite sumergirnos en otras historias, en otras vidas y vivirlas como si fueran nuestras. Ser empático es un don. Pero dista de ser un don imposible de potenciar y mejorar: puede desarrollarse.

En contraparte, la ecpatía es una capacidad autorregulatoria y protectora. Es un acto mental, una habilidad que nos permite desconectar del tsunami emocional que podemos sentir al empatizar demasiado con los demás.

 

La ecpatía el freno que nos sostiene cuando nos sentimos arrastrados por las respuestas afectivas de los que nos rodean.

 

La ecpatía nos protege de la fatiga por compasión

 

Los individuos hiperempáticos son imanes para las emociones ajenas. Les cuesta desconectar de su intensidad y, en consecuencia, se agotan. La fatiga por compasión es el agotamiento psíquico y orgánico que ocurre en respuesta a una intensa exposición a las emociones y a las circunstancias problemáticas de los demás.

 

“La fatiga por compasión es el sentimiento de profunda empatía y pena por otro que está sufriendo, acompañado por un fuerte deseo de aliviar el dolor o de resolver sus causas”.- José Fco. Campos-Vidal-

 

De manera paradójica, la fatiga por compasión induce el estado contrario: nos volvemos menos flexibles ante las emociones ajenas y nuestra capacidad y deseo de sostener esas emociones se desvanece. En cierta manera, la fatiga por compasión puede resultar psicológicamente traumática, ya que implica soportar el impacto de una serie de emociones de manera intensa y prolongada en el tiempo.

 

La ecpatía actúa como contramedida al exceso de empatía. Implica controlar con consciencia con quién, dónde y en qué sentido queremos empatizar con la otra persona. Actúa como la vacuna que nos inmuniza frente al contagio emocional de las personas que se encuentran atravesando momentos muy complicados de sus vidas (como ocurre en pacientes de cuidados paliativos).

 

 “Desde el punto de vista intelectual, tampoco hay que confundir el punto de vista ajeno con dejarse convencer por todo el mundo”. – José Luis González de Rivera y Revuelta -