BLANCA DEL RÍO | telva.com | 11/07/2026
Encontrar un propósito no significa
tener la vida completamente resuelta. Significa avanzar con una dirección. Casi
dos siglos después de que la escritora Mary Shelley escribiera
'Frankenstein', esta reflexión sobre la calma mental recogida
en la obra resulta súper interesante de analizar desde la
perspectiva actual.
Es fácil pensar en Mary Shelley y relacionarla rápida y únicamente
con 'Frankenstein', la novela que revolucionó la literatura gótica en el siglo
XIX y que sentó las bases de la ciencia ficción moderna. Sin embargo, la
escritora británica fue mucho más que la creadora de un monstruo inolvidable.
Fue hija de la filósofa feminista Mary Wollstonecraft y del pensador William
Godwin, así que Shelley creció rodeada de ideas sobre
libertad y naturaleza humana, pilares que centrarían la mayor parte
de toda su obra.
En Frankenstein exploró los límites
del conocimiento, la ambición y la responsabilidad y en ella aparece esta frase
tan interesante sobre el propósito vital: "Nada contribuye tanto a
tranquilizar la mente como un propósito firme."
Aunque el libro suele leerse como un relato sobre los peligros de jugar a ser Dios, en realidad también es una interesante exploración de la psicología humana. ¿Quería Shelley lanzar el mensaje de que la mente encuentra más estabilidad cuando sabe hacia dónde se dirige, de forma velada? Sea como fuere, hoy Frankenstein es el personaje secundario en este artículo.
La calma no nace de la ausencia de problemas
Cuántas veces hemos hablado de esta forma tan peculiar
que los seres humanos hemos adoptado como "normalidad" a la hora de
vivir. La de estar convencidos de que la tranquilidad llegará cuando
desaparezcan las preocupaciones. Y cuántas veces nos hemos dado
cuenta de que la experiencia nos demuestra que siempre aparece un nuevo reto
que desmonta la idea. Pues bien, Mary Shelley propone una idea algo diferente.
Para la autora, la serenidad no depende tanto de que la vida deje de ser
complicada como de tener un motivo suficientemente sólido para vivir atravesando
todos esos problemas.
Y es que a juzgar por la
intencionalidad de esta reflexión, un propósito funciona como una brújula. No
va a borrar del mapa a las tormentas que aparezcan pero sí nos puede ayudar a
no sentirnos perdidos cuando nos caigan encima.
Y cuando dejamos de avanzar, cuando lo
hacemos olvidando nuestro propósito vital, aparece el vacío. La incertidumbre. Y todo ello, genera el
caldo de cultivo perfecto para la ansiedad, ya que obliga al cerebro a convivir
con preguntas que no tienen respuesta. Cuando no sabemos cuál es el siguiente
paso, nuestra atención se queda atrapada en escenarios hipotéticos y dudas. En
cambio, cuando existe un objetivo claro, por pequeño que sea, la energía mental
deja de dispersarse.
Y no son grandes hazañas las que crean los objetivos
más profundos. A veces basta con construir una vida más coherente con nuestros
valores. Lo importante no es la magnitud del objetivo, sino la dirección que
este nos da.
Además, debemos recordar que tener un
propósito no significa vivir obsesionado con una meta. Hay una diferencia
importante entre propósito y obsesión. Y para esto, volvamos a Frankenstein.
Victor Frankenstein representa precisamente el lado oscuro de las metas cuando
estas dejan de estar guiadas por la reflexión. Su deseo de vencer a la muerte termina
convirtiéndose en una obsesión que consume su vida y arrastra consigo a quienes
le rodean. (No te haremos más spoiler, puede ser tu libro del verano...)
Por todo esto, esta es una de
esas frases profundas y con fundamento que conviene tener en favoritos. No es
una defensa de la ambición sin medida, sino más bien de una convicción capaz de aportar estabilidad sin hacer que perdamos
el norte. Una meta saludable que nos ayude a organizar mejor la
vida.
El propósito actúa como un filtro. Cambia la forma en
que vivimos los problemas porque cuando sabemos por qué hacemos algo, nos
resulta más fácil aceptar el coste que puede implicar. Así que hagámonos esa
pregunta incómoda pero necesaria: ¿hacia dónde queremos ir? ¿Qué dirección
queremos tomar?
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