lunes, 6 de abril de 2015

Actualización de la Guía del NICE sobre trastorno bipolar.


Infocop online | 27/10/2014

El Instituto Nacional de Excelencia para la Salud y los Cuidados (National Institute for Health and Care Excellence, NICE) ha publicado la guía de práctica clínica sobre el Trastorno  Bipolar (CG185). Esta guía recoge las últimas evidencias para la identificación, evaluación y tratamiento del trastorno bipolar en adultos, niños y jóvenes en los servicios de Atención Primaria y Secundaria, actualizando la guía anterior, publicada en el año 2006.

En una nota de prensa, los autores de la Guía advierten que desde la publicación de la última guía del NICE se han producido importantes avances. “Ahora sabemos más sobre el efecto de los fármacos y los tratamientos psicológicos y su prestación para adultos y adolescentes”, ha afirmado R. Morris, uno de los autores del manual. A este respecto, los autores del texto insisten en apuntar que existen tratamientos eficaces y que si la evaluación y la detección se realizan tempranamente, las personas con trastorno bipolar pueden llevar una vida normalizada.

De acuerdo con la evidencia disponible, la nueva guía del NICE establece que los adultos con trastorno bipolar deben tener acceso a tratamiento psicológico adaptado específicamente para su condición y basado en manuales apoyados en la evidencia, así como a terapias psicológicas de “alta intensidad”, entre las que se incluye la terapia cognitivo-conductual, la terapia interpersonal o la terapia conductual de pareja.

Asimismo, la nueva guía establece como una prioridad en las recomendaciones del tratamiento la necesidad de prestar apoyo a los cuidadores, reconociendo el desgaste psicológico que supone la convivencia con una persona con trastorno bipolar. En esta línea, la guía señala la necesidad de incorporar de manera protocolizada la evaluación en salud mental de los familiares cercanos, así como la necesidad de abordar con ellos la importancia del autocuidado y el manejo de las posibles recaídas.
                    

Para acceder a la guía del NICE sobre Trastorno Bipolar, pincha en el siguiente enlace:
Bipolar disorder: the assessment and management of bipolar disorder in adults, children and Young people in primary and secondary care.


Nota.- Al buscarlo en Internet abrir la versión que se puede traducir del inglés al español.


sábado, 4 de abril de 2015

Ego grande, salud pequeña


 PSICOLOGÍA
Llevar siempre la razón no es tan bueno como cree. "Es una fuente de aislamiento", dice el psiquiatra. y de algunas cosas más

FRANCISCO GAVILÁN | eL pAÍS | 04/04/2015                     
¿Quién no conoce a alguien que pretende llevar siempre la razón? Este tipo de personas no acepta otros puntos de vista diferentes del suyo. Discute y defiende su razón como si le fuera la vida en ello. Querer estar siempre en lo correcto es uno de los mecanismos más poderosos del ego. Esta actitud egocéntrica lleva a aparentar seguridad, autoconfianza y conocimiento, y a intentar demostrar que uno es siempre mejor que los demás (¿qué es si no despojar a los demás de su dosis de razón?). Pero dejarse llevar por esta forma de pensamiento refleja, precisamente, lo contrario, según la teoría de Albert Ellis (1913-­2007), creador de la Terapia Racional Emotiva, y autor de numerosos libros de autoayuda: “Querer ser superior a los demás genera un comportamiento inseguro y acarrea estrés y enfermedades psicosomáticas”.
Fuente de aislamiento... y úlceras
Desde un punto de vista social, querer tener siempre la razón es un rasgo inútil. “Es la enfermedad crónica de la humanidad. Probablemente, uno de los motivos por los que más se han enfrentado las personas, las naciones y las religiones”, en palabras de Raimón Samsó, escritor, coach y director del Instituto de Expertos para Emprendedores con Corazón.
En el ámbito más personal, defender a ultranza la propia opinión como si fuera irrebatible es otro motivo de conflicto, según el psiquiatra James Coyne, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pensilvania (EE. UU.). “Es una fuente de aislamiento que deteriora las relaciones personales y la convivencia con las personas que nos rodean”, opina.
Esta actitud no solo es un caudal permanente de conflictos con amigos, familiares y compañeros de trabajo. También es perjudicial para la salud. Diversos estudios realizados en la Universidad de Bradford (Reino Unido) descubrieron que el 62% de las personas que creía tener siempre la razón, sufría altos niveles de ira y estrés, lo que deprimía su sistema inmunológico.
Coyne añade que quienes se empeñan en salirse con la suya pueden padecer también úlceras y problemas del corazón. Este psiquiatra y varios colegas grabaron en vídeo discusiones protagonizadas por pacientes con problemas cardíacos y las agruparon de acuerdo con la negatividad de sus interacciones. Los pacientes más negativos con la otra persona implicada en la discusión tuvieron doble probabilidad de morir en los siguientes cuatro años que los que recibieron una calificación menos negativa. “Este es un asunto muy serio”, advierte Coney. “Conectarse armónicamente con los demás no solo evita problemas médicos, sino que ayuda en el proceso de recuperación de cualquier enfermedad”, prosigue.
Cinco reglas de oro para discutir, según los expertos en “coaching”
1.      Sea incondicionalmente constructivo, escuche al otro y póngase en su lugar.
2.     Distánciese de su ego y de sus emociones negativas.
3.     Nunca diga a su interlocutor que está equivocado.
4.     No imponga a la fuerza su razón.
5.     No se crea en posesión de la verdad. En una discusión lo mejor no es ganar, sino empatar. Busque la concesión negociada.


Las personas mayores, víctimas de los trastornos del juego.

PSIQUIATRÍA

Las motivaciones que les llevan a jugar son la búsqueda de distracción y entretenimiento
  La Vanguardia| 16/10/2014

Barcelona (Redacción de Vivirmejor.com).- El trastorno del juego se define como una conducta de juego recurrente y persistente en el tiempo que deteriora todas las áreas de la vida del individuo, además de generarle un estrés emocional significativo.

Aunque para la mayoría de las personas el juego no pasa de ser una distracción, para un 2% de la población general en España se convierte en una patología grave. Un trastorno que antes era considerado de especial riesgo para la población joven y adulta, pero que ahora se amplía a la población mayor según nuevos estudios que muestran que también se trata de una población vulnerable.

El juego online es más adictivo que el presencial.
Aparte de estos estudios que ponen énfasis en el análisis de las variables propias de las personas de edad avanzada que actúan como factor de riesgo de desarrollar un trastorno de juego, los especialistas prevén un aumento del juego patológico en las futuras generaciones de personas mayores debido al uso de las nuevas tecnologías.
"En los próximos años prevemos que la prevalencia de juego patológico en mayores de 65 años aumentará, porque éstos estarán habituados a usar las nuevas tecnologías. Hay que tener en cuenta que el juego online es potencialmente más adictivo que el presencial por una serie de características, como son la facilidad de acceso, el anonimato, la rapidez entre apuesta y resultado, así como la disminución de la percepción del riesgo por parte del individuo, ya que éste se encuentra en un ambiente familiar", explica la Dra. Susana Jiménez, jefe de la Unidad de Juego Patológico del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Bellvitge.
Factores de riesgo.
Las experiencias vitales estresantes propias de la etapa de la vejez, como la jubilación, la pérdida de la pareja, el distanciamiento y la escasa relación con los hijos, entre otros, son los principales factores de riesgo para las personas de edad avanzada de sufrir trastornos de juego.
"El perfil psicopatológico y de personalidad que hemos observado en los pacientes de edad avanzada es una importante inestabilidad emocional, síntomas depresivos, causados por situaciones de crisis, ansiedad y aislamiento social. Así, estas personas se refugian en el juego como una manera de escapar de la realidad y desconectar de su entorno", indica la Dra. Jiménez. Por este motivo, el tratamiento en estos enfermos potencia la capacidad de regulación emocional, desarrollando mecanismos para poder resolver los conflictos.
Las alteraciones y enfermedades somáticas son otros factores de riesgo de sufrir un trastorno del juego.

El promedio de las apuestas
En relación con el tipo de juego problemático, un 83,7% de pacientes mayores son jugadores de máquinas tragaperras, un 44,2% juega al bingo y un 17,1% a juegos de casinos. De promedio, la máxima apuesta en un único episodio de juego es de casi 350 euros y suelen gastar 55 euros por episodio. La media de deudas derivadas de su conducta patológica asciende a 8.500 euros.
"El juego patológico en personas mayores no es tan severo como en otros sectores de población, ya que habitualmente éstos tienen unos ingresos más limitados y son menos impulsivos, una característica muy propia de los más jóvenes", especifica la Dra. Jiménez. Los estudios concluyen que las motivaciones que llevan a jugar a las personas de edad avanzada son la búsqueda de entretenimiento y distracción en el juego, más que ganar dinero u obtener premios.

jueves, 2 de abril de 2015

Radiografía de un impostor.

PSICOLOGÍA
Egocéntricos, narcisistas, megalómanos, manipuladores… Este 'disfraz' de Halloween sí que da miedo

ANA DE SANTOS | EL PAIS | 30/10/2014
                                                                        
 “Los trastornos de personalidad son una exageración patológica de alguna de las características psíquicas que definen a un individuo”, arranca la psicóloga María Del Mar Alonso a través de la comunidad médica Saluspot. Los caminos que aquí se abren son inabarcables. Hay muchos tipos de trastornos, pero uno goza de absoluta actualidad: la megalomanía, el narcisismo, los delirios de grandeza, las fantasías de éxito desbordadas. Hablamos, por supuesto, del pequeño Nicolás, quien, sin embargo, no está solo. Otros impostores ilustres comparten perfil psiquiátrico con el joven que engañó hasta a la Casa Real: Anna Anderson (que afirmaba –falsamente- ser la hija del zar Nicolás II), Victor Lustig (que vendió la torre Eiffel haciéndose pasar por funcionario) o David Hampton (que mentía al decir que era hijo de Sydney Poitier para colarse en todas las fiestas de Nueva York). Comienza la radiografía de estas personalidades delirantes.
Eutiquiana Toledo Ruiz, psiquiatra legal de la clínica Discernimiento y profesora en la Universidad Complutense, describe así personalidades como la de Francisco Nicolás Gómez Iglesias: “Son egocéntricas y manipuladoras, con la necesidad de representar una posición que no les corresponde en el ambiente en que expresan su psicopatía [círculos intelectuales, políticos, del mundo de la moda o del poder financiero, por ejemplo]. En otras esferas, como con los amigos o la familia, pueden ser personas muy normales”. ¿Y qué problemas se esconden tras esta impostura? “Un profundo complejo de inferioridad, una falla en la identidad, un trastorno de personalidad y un probable delirio de megalomanía con narcisismo patológico”, responde la doctora. Otro personaje fiel a esta descripción es el interpretado por Leonardo DiCaprio en Atrápame si puedes: el americano Frank Abagnale, de origen humilde, que se convirtió en millonario antes de cumplir los 19 robando la identidad profesional de piloto, médico y abogado.
Al pequeño Nicolás le encantaba fotografiarse con gente de estatus político en el Partido Popular, como a las groupies de los grupos de rock. “El comportamiento social de estas personas [no de los fans, sino de los impostores] está marcado por la falta de empatía. No tienen en cuenta las necesidades y sentimientos de los demás. Se dedican exclusivamente a sus intereses y a sus metas, y manipulan a las personas como instrumentos para sus fines”, narra la psicóloga. Y detrás de todo esto, dos rasgos fundamentales: el complejo de inferioridad (creen que siendo ellos mismos, con la verdad por delante, no lograrán sus objetivos: “no valen lo suficiente”) y el exceso de ambición. La doctora Alonso explica que los narcisistas patológicos están plenamente convencidos de que son mejores que los demás, por lo que se muestran arrogantes y soberbios. “La soberbia es la herramienta de reacción cuando se les descubre”, matiza la psiquiatra.
¿Cómo saber si tengo uno en casa? “El impostor nace y se hace: existe una determinación bioquímica, pero se constituye por el desarrollo de la personalidad y su integración en la sociedad”, responde Eutiquiana Toledo. La primera señal de alarma bien podría activarse con la megalomanía. “No olvidemos que los narcisistas se consideran personas especiales y superiores, y ya al principio de la edad adulta se presentan como personajes ambiciosos, buscando lograr sus metas a cualquier precio”, continúa la experta.

A pesar de su complejo de inferioridad, todos los impostores célebres han tenido alguna característica sobresaliente, algo positivo que los hace destacar entre el resto y desencadena el llamado “efecto halo”. Ocurre, incluso, con la belleza física: inconscientemente, a una persona guapa solemos atribuirle otras características como la simpatía, la generosidad y la inteligencia. Todo trolero narcisista es conocedor de esta atracción, y la explota hasta límites disparatados. Desde Centros Médicos Idea, especialistas en reconocimientos psicotécnicos, confirman que el “efecto halo” es una herramienta para crear una falsa identidad: “Si nos rodeamos de personas influyentes, los demás pensarán que también somos influyentes. Si utilizamos el escenario adecuado, con el vestuario adecuado y la parafernalia adecuada, es decir, si recreamos una situación correctamente, poniendo énfasis en los elementos clave, no es tan difícil engañar a los demás”. Ya sabe: no hay disfraz de Halloween más resultón que el de un verdadero impostor.



miércoles, 1 de abril de 2015

Identificados 83 nuevos genes ligados a la esquizofrenia.

Un estudio detecta mecanismos biológicos relacionados en el cerebro y en el sistema inmune.

JAIME PRATS | Valencia | El País | 22/07/2014                                          


Cada vez hay más evidencias de que la esquizofrenia tiene un fuerte (y complejo) componente genético. Distintos trabajos han descrito ya esta asociación, pero ninguno de forma tan contundente como el que reflejan los investigadores del Consorcio de Genómica Psiquiátrica en un articulo que publica Nature. Tras comparar el perfil genético de 36.989 pacientes y 113.075 personas sanas, han identificado 83 nuevas alteraciones de genes que predisponen a sufrir esquizofrenia.

El estudio se apoya en los métodos de barridos informáticos de genes, que permiten manejar ingentes cantidades de datos, identificar las variaciones genéticas más frecuentes de los pacientes respecto a las personas sanas (los cambios de orden de las letras -accggtttaaa- del código genético) y relacionar estos cambios con las manifestaciones clínicas de la enfermedad.

Este trabajo arrojó 108 variaciones comunes en los alelos (las dos copias de cada gen que existen para una misma función, por ejemplo, el color de los ojos) vinculadas a la esquizofrenia, de las que 83 no se habían identificado. “Hemos sido capaces de detectar factores de riesgo genéticos a una escala enorme y sin precedentes, así como arrojar luz sobre la causa biológica de la enfermedad”, comenta Michael O’Donovan de la Universidad de Cardiff y director del Consorcio, del que forman parte 35 países y 300 científicos.
“Es un estudio realmente importante, es el trabajo de este tipo que emplea la muestra más grande de personas estudiadas, ya sea relacionado con pacientes de esquizofrenia o cualquier otro trastorno psiquiátrico”, explica Rafael Tabarés, catedrático de psiquiatría de la Universidad de Valencia y miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental.

Entre los genes identificados en el artículo se encuentran algunos que se expresan en el cerebro, lo que resulta previsible dado que el estudio se refiere a una enfermedad mental. Pero también se han identificado otros particularmente activos en el sistema inmune, lo que resulta bastante más sorprendente.

Este es otro de los aspectos del trabajo que destaca Tabarés. “El trabajo plantea que existe una asociación entre enfermedades aparentemente distintas como los trastornos inmunológicos y neuropsiquiátricos”, apunta. “Ello permitirá entender las bases biológicas comunes de estas patologías y diseñar estrategias frente a las rutas metabólicas relacionadas que existan”.

El trabajo pone en cuestión la visión tradicional (y predominante) de que la esquizofrenia es un trastorno vinculado a desajustes de zonas concretas del cerebro, fundamentalmente relacionado con el comportamiento de los neurotransmisores -sobre todo la dopamina-. "El estudio habla a favor de una enfermedad más sistémica", plantea Tabarés.
  

“El principal reto que tenemos ahora es trasladar estos hallazgos a las bases biológicas de la esquizofrenia, a nuevas herramientas de diagnóstico y nuevos tratamientos para pacientes, de forma que podamos poner fin a los 60 años de espera que llevamos aguardando para ofrecer a los pacientes terapias innovadoras”, añade O’Donovan. 


El difícil diálogo entre padres e hijos.

PSICOLOGÍA
Ceder en una confrontación verbal con un adolescente no es sinónimo de capitulación
Escuchar es clave para ayudar a crecer y para la salud de las relaciones paternofiliales

MIRIAM SUBIRANA | El País | 15/03/2015

Algunos conflictos y rupturas surgen cuando ambas partes creen que tienen razón y no sueltan su idea. Esta actitud aporta seguridad, pero también alimenta el conflicto cuando el otro implicado –por ejemplo, nuestro hijo– opina algo distinto de nosotros. Debatir provoca en algunas personas un temor a perder la sensación de seguridad, a mostrarse vulnerables. Sienten que si ceden les han vencido. Pero si no hay diálogo, la ruptura en la relación está casi asegurada.
Las personas construimos una identidad a través de la narrativa: por cómo contamos nuestra historia personal y por cómo transmitimos nuestra opinión. Sentir que tenemos razón, con una opinión bien formulada y clara, es una manera de reafirmar esta identidad. Solemos considerar una debilidad el sentirnos inseguros. Pero mostrarnos dispuestos a modificarla y escuchar a los demás son en realidad indicadores de la fuerza de una persona. Es más sabio reconocer que uno no sabe y mantenerse abierto a otras perspectivas. Esto nos enriquece; nos ayuda a comprender y a decidir con más claridad. “Se produce un placer natural cuando hablamos con alguien que no lo sabe todo, que tiene la mente abierta y está dispuesto a escuchar”, ilustra el autor budista Jack Kornfield.
“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo" - Ludwig Wittgenstein
Juan llega a casa después de una larga jornada. Patricia, su hija de 17 años, está sentada en el sofá. Al poco rato se pelean: esta noche ella quiere salir con sus amigos y él no se lo permite. Juan no siente predisposición para el diálogo porque su mente está ocupada con los problemas del trabajo. Sin prestar la debida atención, su respuesta inmediata es “no”. Y, como adulto, puede exponer tantas razones como precise.
Por lo general, la hija utilizará recursos como “soy la única que no puede”, “todos mis amigos van a ir” o “me lo prometiste”. Argumentos que a menudo no serán considerados como tales por los padres, lo que llevará a la hija a rebelarse. Si los adultos reconocen sus puntos fuertes, ella no sentirá que debe definirse tanto por oposición. Aun así, la reacción es inevitable, y al padre le cuesta aceptarla porque siente que se cuestiona su autoridad. Juan debe plantearse en qué se basa esa influencia sobre Patricia. ¿En el miedo, el respeto, el amor o la confianza? “Que mi hijo cuestione mis enseñanzas no tiene por qué afectar a mi influencia”, sostiene Clara, una madre, “pero si me muestro insegura, no me hará caso. Mi autoridad se basa solo en mi experiencia. Pero, precisamente, la inocencia de los hijos puede hacerles más sabios. Hay que ser honestos y, cuando se oponen frontalmente, debemos recordar que les estamos educando. No se trata de nada personal entre ellos y nosotros”.
          Virtud negociadora
Cuando dos personas se enfrentan, es imprescindible llegar a un acuerdo para no perpetuar el conflicto y sanear la relación. Roger Fisher y William L. Ury, de la Universidad de Harvard, se centraron en la psicología del diálogo en su libro “Obtenga el sí. El arte de negociar sin ceder”. En él señalaron la importancia de determinar qué necesidades son inamovibles y cuáles flexibles para que pueda terminarse la discusión con éxito. Negociar es un arte que utilizamos en todos los ámbitos: el personal, el político y el profesional. Hay quien cree que en toda discusión una de las partes debe ganar, aplastando al oponente, y la otra debe ceder. Pero existen alternativas. Estos autores plantean las siguientes propuestas:

No identifique a las personas con el problema. Céntrese en los intereses, no en las posiciones. Ofrezca opciones que beneficien a ambas partes e insista en utilizar criterios objetivos.

Educar no consiste en introducir información, sino en sacar a la luz la verdadera personalidad de alguien. Con los hijos a veces no se trata de dar razones, sino de ayudar a descubrir y predicar con el ejemplo. Se pueden plantear propuestas que comporten una responsabilidad por parte de los hijos y que demuestren confianza por parte de los padres. Las imposiciones tajantes no suelen funcionar. “Un día mi hijo estaba viendo un programa basura”, cuenta Clara. “Debía de tener 12 años. Le propuse que cambiara de canal y él defendió su libertad de elegir diciendo que si tenemos tele es para verla. Le pregunté si le parecería normal que le prohibiese beber un vaso de cianuro, y contestó que sí. ‘Pues para mí’, expliqué, ‘esto envenena tanto tu mente como el cianuro tu cuerpo’. Apago la tele para protegerte de algo, aunque desconoces el daño que te va a hacer. Y ahí se acabó la historia”.
Ejemplos como el siguiente ilustran que quizá no se trate solo de tener razón. “Mireia, mi hija, es rebelde”, explica Francisco, otro padre. “Si le impongo un límite tengo asegurado un conflicto, o que me mienta. Eso no es lo que quiero”. Expone una posible solución. “Una vez, al llegar a casa por la tarde, la encontré viendo la televisión. Le pregunté qué pasaba con los deberes. Le dije que me gustaría que se supiera administrar. ‘Te pediría que apagaras la tele, pero entonces nos enfadaríamos’. La dejé allí, acepté que ella escogiera y yo renuncié a obligarla. Al cabo de media hora la tele estaba apagada, y ella, en su habitación”.
Al plantear un límite, si uno se mantiene abierto al desacuerdo, y escucha y respeta, puede llegar a un mejor entendimiento. La pregunta para Francisco sería: ¿está dispuesto a recibir un “no”, a que ella no haga los deberes? ¿Está dispuesto a escuchar qué quiere su hija? Cuando ella se niegue, la actitud de su hija no debería impedirle interesarse por sus motivos. Se trata de mantenerse abiertos al diálogo sabiendo que se puede poner un límite a los hijos después de escucharlos. Francisco lo explica así: “Quiero que sean conscientes de que he escuchado lo que quieren, y que aun así mantengo mi postura. Lo hago si creo que es por su bien y está conforme con mis valores”. No perder la conexión a pesar de la negativa de la hija es todo un arte.
“Si deseas conocer la verdad, solo tienes que dejar de atesorar opiniones” - Seng T’san

En ocasiones, no es tanto el contenido de la discusión, sino la forma, lo que produce el conflicto. Al hablar con irritación y con palabras impositivas uno provoca reacciones defensivas. Los enfados calientan el ambiente y no permiten un diálogo sereno. Discutir desde el “tengo razón” genera una distancia entre las partes, e incluso puede quebrarse su conexión. Por eso es importante no dejar las cosas a medias. Javier, un cuarto caso, cuenta: “Cuando discutíamos en casa, mi padre nunca abandonaba a medias la discusión. Decía: ‘Mañana seguimos’. Las cosas importantes hay que finalizarlas. No puede quedar pendiente un sinsentido o una herida. Su enfoque era hablar de ello al día siguiente, después de dejar que se enfriaran los ánimos”. Esto sirve con los hijos, pero también en las relaciones de trabajo y entre los amigos.
Si perdemos la conexión entre las partes y se quiebra la relación, ¿merece la pena mantenerse en sus trece? Javier intenta proyectar suavemente sus razones sobre sus hijos. “Permito que corran su carrera. Intento dejar que se equivoquen”. Consiste en dar espacio y permiso para que el otro crezca a su ritmo.
“Observando la miseria en las opiniones ajenas, sin adoptar ninguna, descubro la paz interior” – Buda

En pareja, es importante hacer equipo. Cuando no hay acuerdo respecto al conflicto con un hijo, conviene hablarlo y decidir en qué va a ceder cada cual, o quién va a llevar la voz cantante. Cuando ellos perciben un ­desacuerdo entre sus padres, se arriman al sol que más calienta. Esto resulta nefasto, porque divide. La clave para establecer acuerdos está en saber qué es importante para cada uno, en respetar y compartir el criterio de la pareja.
Sea cual sea el paso que deba darse, casi siempre corresponderá a los padres plantear cambios en la relación con los hijos. Se trata de que estos dejen de ver a sus progenitores como a los abominables seres del no, y de establecer conjuntamente acuerdos y límites.
Los progenitores deben mirar a su hijo como a alguien que va en su mismo barco, y que se enfrenta a las mismas preguntas que ellos se plantearon a su edad. “Me acerca a ellos el seguir cuestionándome las cosas”, explica Clara. “Cuando exponen sus razones, muchas veces están tratando de definir quiénes son. Ayudarlos a conocerse a sí mismos me facilita la salida del enfrentamiento”.

Más que de tener razón, se trata de apelar a ella. Está en las manos de los padres que la vida con sus hijos consista en una relación de crecimiento, en lugar de convertirse en una contienda de desgaste mutuo.

viernes, 27 de marzo de 2015

La información de algunos medios de comunicación sobre el reciente accidente aéreo.


Estoy disconforme tanto por parte de algunos periódicos como de los canales televisivos, porque no cuidan o no piensan cuánto pueden perjudicar con los textos, las fotografías y las mesas redondas que retransmiten por televisión a los enfermos con trastornos mentales. Por tanto quiero aportar algunas ideas sobre este hecho.

Las palabras que más definen lo que se trata y la manera en que lo hacen algunos son; “sensacionalismo” y “precipitación dando noticias sin confirmar”, además de “mostrar muchísimas veces las fotografías más escalofriantes del lugar del accidente, o cómo han reaccionado los familiares ante la desgracia”, sobre todo los que están más afectados. Esto último lo considero una falta de respeto hacia los entrevistados.

Pienso que es necesario informar de las certezas que van obteniendo los distintos equipos que trabajan para esclarecer los hechos a los familiares, incluso decirles con detalle si lo preguntan, qué están haciendo, qué harán a continuación y como ya hacen gracias a Dios darles soporte emocional y consuelo por parte de equipos de psicólogos y psiquiatras. Pero desde que ocurrió el accidente, las noticias de Internacional en la prensa escrita versan la mayoría sobre ello, y en televisión además de dar muchísima información en los telediarios, se hacen mesas redondas exhaustivas con todo tipo de preguntas a profesionales, sobretodo personas que trabajan en compañías aéreas, médicos, jueces, etc.

Pocos periodistas se habrán parado a pensar cómo perjudica esta manera de trabajar a los que tienen un trastorno mental a veces muy serio, pues aunque se mediquen el pensamiento de “somos los malos y qué poco entienden nuestros sufrimientos”, o más serio todavía, “a mi me hubiera podido pasar igual que al copiloto, según la opinión de los que saben me medico,” está rondando por muchas cabezas de estas personas y les perjudica notablemente.

El accidente ha sido muy serio y la causa que parece lo ha provocado también. Ha afectado a muchas familias y a las personas más próximas del copiloto fallecido. Pues, por humanidad y respeto a los 150 difuntos, familiares y amigos, además del colectivo que padece algún trastorno mental, les pido por favor sean más cautos y no especulen tanto con una pequeña información que se filtra y no se sabe ni su certeza ni su procedencia.

Leía hace dos días en un blog de un sacerdote las siguientes frases: “Recemos por los fallecidos, acompañemos a las familias en su pena, informemos a la opinión pública, investiguemos las causas de la tragedia; pero no convirtamos el dolor y las lágrimas en espectáculo televisivo” y yo añadiría –ni en la prensa escrita-.


M. Carme Samaranch.