viernes, 18 de noviembre de 2016

Los Neurotransmisores y su relación con la ansiedad, la depresión y la agresividad.

Evelin Doriana Castañeda Gutiérrez Blog Psicoactiva.com | 10/10/2016

Las células del cerebro son las neuronas y la comunicación entre estas células nerviosas tiene ciertas características, una de ellas es que casi nunca se tocan, aunque están separadas por pequeñísimos espacios.
A la zona de interacción de las neuronas se le llama sinapsis que significa unión- enlace. Todas las acciones del cerebro como ordenar a los músculos que se contraigan y se relajen en forma coordinada para llevar a cabo un simple movimiento, tareas intelectuales, etc., son capaces de modular nuestras emociones.

El sistema límbico tiene una gran importancia en el origen y el control de las emociones. Y dentro de este gran circuito, una pequeña región, el hipotálamo, está asociada a muchas conductas emocionales  y a funciones como el hambre y la sed. Se ha podido observar que cuando se destruyen algunos núcleos del hipotálamo, el sujeto puede dejar de comer e incluso incluso morir de hambre literalmente en medio de la más apetitosa comida. A través de este núcleo es que se siente la necesidad de comer. A esta región del hipotálamo se le conoce como centro de la saciedad.
En el hipotálamo y en otras áreas del sistema límbico se localizan los núcleos celulares que al ser estimulados provocan respuestas de cólera y agresividad en los animales.
La conversación entre las neuronas
Las neuronas tienen dos tipos de prolongaciones, unas ramificadas, que confieren a estas células su aspecto estrellado o arborizado característico, y otras más largas y más sencillas, los axones, que son aquellas a través de las cuales las neuronas se comunican entre sí. La parte final del axón, que establece la comunicación con la neurona adyacente, se llama terminal sináptica o presinapsis, y se identifica en un gran número de sinapsis por la presencia muy característica de estructuras esféricas: las vesículas sinápticas.
En el interior de las células nerviosas predomina el potasio y algunas proteínas también con carga eléctrica mientras que afuera existe una alta concentración de sodio y cloro. Cuando la neurona está “callada” su interior es más negativo eléctricamente que el exterior, pero esta situación cambia abruptamente cuando la neurona se comunica con otras neuronas. Los neurotransmisores son los comunicadores de la relación entre las neuronas.

Los transmisores químicos
Se trata generalmente de sustancias sencillas. Considerando el número enorme de contactos que se establecen entre las neuronas, es sorprendente el número tan pequeño de moléculas que la naturaleza ha diseñado para transmitir  los cientos de miles de mensajes entre las neuronas. Los neurotransmisores pueden clasificarse, desde el punto de vista de su estructura, en tres grandes grupos: los aminoácidos, las aminas y los péptidos.

Como se libera el neurotransmisor
Los neurotransmisores son expulsados de la neurona presináptica para llevar el mensaje a la postsináptica. Los neurotransmisores se almacenan en las estructuras características de la  presinapsis, las vesículas sinápticas, y permanecen ahí  secuestrados hasta que el calcio los hace salir en camino hacia la neurona a la que han de transmitir el mensaje.
Los receptores
El contacto del receptor con el transmisor origina el mensaje que reconocen las neuronas, es decir, un cambio en la permeabilidad celular a un determinado ion y el cambio consecuente en la distribución de las cargas eléctricas.
Los receptores postsináticos desempeñan un papel clave en la fisiología de la conducta. Los receptores de un mismo neurotransmisor no siempre son iguales, tienen diferencias en su estructura que obligan a pensar que son moléculas distintas. Una vez que el mensaje ha sido transmitido, el neurotransmisor, ya terminada su función, debe dejar de interactuar con el receptor y desaparecer del espacio sináptico para que pueda iniciarse una nueva comunicación, si es necesario. Existen dos tipos de acciones que permiten que esto suceda: el neurotransmisor es destruido, ese transmisor destruido es transportado de nuevo a las neuronas.

Interferencias en la comunicación neuronal
El proceso de salida del neurotransmisor se puede alterar, con sustancias que cierran la entrada de los canales del calcio, interceptando así  la señal para liberar el neurotransmisor. Otra forma de modificar el proceso de liberación del neurotransmisor es impedir su entrada a las vesículas sinápticas. Algunas toxinas, como el veneno de la viuda negra, incrementan en forma extraordinaria e indiscriminada la salida de los neurotransmisores de las vesículas, con lo que alteran los mecanismos normales de comunicación, en particular la de las neuronas con los músculos. La muerte por botulismo se debe a que la toxina impide la liberación de los neurotransmisores.
Los receptores, es decir las proteínas con las que interactúan los neurotransmisores, también pueden ser afectados por sustancias, algunas naturales, otras sintetizadas en el laboratorio.
La ansiedad natural y la ansiedad patológica
La ansiedad es una condición natural. A nivel biológico, considerada como un estado de superalerta, es un elemento clave para la supervivencia del individuo. La ansiedad, con todas sus características orgánicas (temblor ligero, palpitaciones, manos frías, sudoración). La ansiedad también puede llegar a ser una respuesta patológica.
La ansiedad se puede manipular por medio de algunos de los receptores de las neuronas
Los ansiolíticos más eficaces son compuestos conocidos como benzodiazepinas. Además de su efecto ansiolítico, las benzodiazepinas son utilizadas también como auxiliares en el control  del sueño, y contribuyen en esta forma, aunque indirectamente, a disminuir la ansiedad. Es conocido por todos la falta de sueño es una causa poderosa de ansiedad y que los problemas se agigantan durante las horas de insomnio. El efecto de las benzodiazepinas como de los barbitúricos, es el de aumentar la eficacia de este proceso de entrada de cloruros a las neuronas. La presencia en el cerebro de estos receptores a las benzodiazepinas, que son sustancias artificiales creadas por el hombre, sugiere la existencia de  una “benzodiazepina natural”, es decir, la sustancia que es legítimamente dueña del sitio de las benzodiazepinas en el receptor.


La depresión
Las fluctuaciones en el estado de ánimo no afectan las funciones orgánicas cotidianas como, comer o dormir. Tampoco infieren en sus actividades de trabajo, su desempeño intelectual y sus relaciones con otros individuos. La depresión endógena es una enfermedad tan real como la pulmonía. Las personas que padecen depresiones, los esquemas de conducta pueden aparecer en forma recurrente, es decir, desparecer por un tiempo para luego repetirse con características muy similares. Los síntomas son falta de motivación, falta de interés por actividades  que antes parecían  atractivas, pasividad, falta de concentración. Algunos pacientes depresivos adelgazan en forma notable, mientras que otros por el contrario, aumentan de peso. En algunos, el insomnio es frecuente mientras otros pasan la mayor parte del tiempo dormidos. Hay pacientes que se muestran agitados y sin reposo, y otros apenas si pueden salir de la cama. En etapas más avanzadas pueden presentarse alteraciones psícoticas como alucinaciones o sentimientos de paranoia; el número de suicidios   en pacientes depresivos es muy elevado.
En el Trastorno Bipolar, muchos enfermos responden bien a tratamientos farmacológicos con medicamentos que en su estructura y por sus efectos, tienen una relación  con los neurotransmisores del grupo de las llamadasaminas biogénicas.
El Litio se emplea también como terapia de mantenimiento para evitar la recurrencia de los estados de depresión y manía en este trastorno; el litio disminuye la severidad, duración y recurrencia de los episodios de manía y de depresión en los trastornos bipolares.

La agresividad y la pasividad, también dependen de la química del cerebro
La agresividad es el resultado de la función de las neuronas integradas en circuitos. Actualmente se conocen al menos seis áreas en el cerebro relacionadas con la agresión, de las cuales las más importantes son la amígdala y el hipotálamo, que forman parte del sistema límbico. El primero está relacionado con una actitud depredadora, el segundo se refiere a un comportamiento defensivo. En estos dos casos, la conducta agresiva se manifiesta hacia un individuo de una especie distinta. Un tercer tipo de comportamiento agresivo, es la llamada agresividad social. Este tipo de conducta se manifiesta dentro de una colonia entre individuos de la misma especie. En muchos casos este tipo de comportamiento agresivo está restringido a los machos y tiene un claro vínculo con la actividad de la hormona masculina, la testosterona.



martes, 8 de noviembre de 2016

Según la FDA, tomar opiáceos y sedantes juntos supone un riesgo de sobredosis letal

HealtDay News | 31/08/2016

Estos medicamentos tendrán ahora un 'recuadro de advertencia' en el que se indicará la amenaza
   
Mezclar analgésicos opiáceos y una clase de medicamentos que incluyen los sedantes populares como el Valium y el Xanax puede llevar a una sobredosis mortal, advirtieron las autoridades de salud de EE. UU. el miércoles.
La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE. UU. afirma que va a requerir que haya "recuadros de advertencia" en 389 productos distintos que informen a los profesionales de la salud y al público sobre esta interacción de medicamentos potencialmente mortal, comentó el Dr. Robert Califf, comisionado de la FDA, en una conferencia de prensa.
Las benzodiacepinas (que incluyen el Valium y el Xanax) afectan al sistema nervioso central, y se usan para tratar afecciones como la ansiedad, el insomnio y las convulsiones, dijo el Dr. Doug Throckmorton, subdirector de los programas reguladores del Centro de Evaluación e Investigación de Medicamentos de la FDA.
Si las benzodiacepinas se combinan con medicamentos opiáceos, como la oxicodona (Oxycontin) y la hidrocodona (Vicodin), puede ocurrir una interacción entre medicamentos que podría resultar en un coma o en la muerte, advirtió Throckmorton.
"En casi 1 de cada 3 muertes por sobredosis involuntarias de opiáceos recetados también se habían tomado benzodiacepinas", dijo la comisionada de salud de Baltimore, la Dra. Leana Wen, que trabajó con la FDA para producir la nueva advertencia.
Los productos que llevarán el recuadro de advertencia (la más estricta posible) serán las benzodiacepinas, los analgésicos opiáceos con receta, como la oxicodona y la hidrocodona, y medicamentos para la tos que contienen opiáceos, según la FDA.
La combinación de estos medicamentos puede dificultar de forma peligrosa la respiración de una persona y hacerle entrar en un estado extremadamente somnoliento, advirtió la FDA.
Califf dijo que oyó hablar de esta amenaza durante un viaje reciente a los Apalaches, una región muy afectada por la epidemia de abuso de medicamentos con receta.
"Una cosa realmente se puso de manifiesto y que escuché de forma consistente en cada lugar de nuestro viaje fue que las benzodiacepinas y los opiáceos suponían una amenaza de sobredosis cada vez mayor, tal y como se ha observado en las salas de emergencias", dijo.
"Este aumento en las sobredosis y las muertes debido al uso combinado de estos productos no es algo nuevo", añadió Califf. "Las comunidades han observado esta tendencia durante algún tiempo, pero en última instancia necesitábamos datos para actuar ahora".
Una revisión realizada por la FDA identificó una tendencia problemática en la que se receta con frecuencia a los pacientes estos medicamentos a la vez, aunque pueden interactuar de modo peligroso.
La cantidad de pacientes a los que se recetaron tanto un analgésico opiáceo como una benzodiacepina aumentó en un 41 por ciento entre 2002 y 2014. Eso se traduce en un incremento de más de 2.5 millones de pacientes que toman analgésicos opiáceos que también reciben benzodiacepinas, dijo Throckmorton.
"Sabemos que aproximadamente la mitad de las recetas de benzodiacepinas con analgésicos opiáceos se hicieron a pacientes el mismo día y los recetó el mismo profesional de atención de la salud", apuntó Throckmorton.
Hubo más personas que fallecieron de sobredosis de medicamentos recetados en 2014 que en cualquier otro año registrado, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
Los opiáceos acabaron con las vidas de más de 28,000 personas en 2014, y en al menos la mitad de las muertes había un medicamento recetado, según los CDC.
Los médicos recetan de forma rutinaria benzodiacepinas junto con opiáceos, sin ser conscientes del riesgo potencial de sobredosis, dijo Wen.
"Si un paciente sufriera un accidente de coche y experimentara un dolor de cuello, un profesional clínico le recetaría opiáceos para el dolor y benzodiacepinas para los espasmos musculares", dijo. "A un paciente que tome benzodiacepinas para un trastorno de ansiedad se le podrían recetar opiáceos para aliviar el dolor y viceversa".
Wen animó a los médicos a prestar atención a la nueva advertencia, y a los pacientes a revisar los medicamentos que estén tomando.
"Animo a los pacientes a mirar en los gabinetes de los medicamentos y a preguntarse: '¿Para qué es este medicamento? ¿Lo necesito? ¿Cuáles son los efectos secundarios? ¿Podría haber una combinación peligrosa?'", aconsejó. "Por favor, hable con su médico si tiene alguna pregunta o preocupación".

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor
FUENTES: Aug. 31, 2016, media briefing with: Robert Califf, M.D., U.S. Food and Drug Administration Commissioner; Doug Throckmorton, M.D., deputy director, regulatory programs, FDA's Center for Drug Evaluation and Research; Leana Wen, M.D., Baltimore Health Commissioner

jueves, 3 de noviembre de 2016

Mindfulness: meditación no religiosa contra el agobio y la dispersión

FERNANDO RODRÍGUEZ-BORLADO | ACEPRENSA  | 13/05/2016
El “mindfulness” está de moda. Esta forma de meditación, que literalmente significa “conciencia plena”, deriva de una técnica budista denominada sati. Los expertos la definen como “prestar atención al momento presente, de forma deliberada y sin hacer juicios”.
En Occidente comenzó a popularizarse en la década de los 70, gracias a los trabajos de un biólogo molecular de la Escuela Médica de Massachusetts, Jon Kabat-Zinn, que desarrolló unos cursos de ocho semanas para personas con dolor crónico y estrés. Desde entonces se ha aplicado fundamentalmente en contextos clínicos, pero más recientemente se ha extendido a otros ámbitos, como la empresa, la escuela, la familia o la dietética.
Aplicaciones clínicas, pero no la panacea
Para Catherine Wikholm, psicóloga del Servicio Nacional de Salud británico (donde el mindfulness ha sido aprobado como tratamiento clínico), este tipo de meditación no religiosa viene a llenar un vacío espiritual en un mundo secularizado como el occidental.

Wikholm es autora, junto con el doctor Miguel Farias –un experto en psicología de la religión–, de un libro publicado en 2015 que trata de evaluar científicamente los supuestos efectos positivos del mindfulness. El título, The Buddha Pill. Can Meditation Change you?, suscitó en su momento una encendida polémica. Para algunos demostraba que los beneficios de esta práctica se habían exagerado, mientras que los perjuicios se habían silenciado. Para otros, el enfoque “cientifista” y escéptico invalida desde el principio el estudio de algo eminentemente trascendental. También había quien, en nombre de un empirismo antirreligioso, echaba de menos un ataque aún más contundente.

En palabras de los propios autores, lo que el libro mostraba es que, junto a ciertos beneficios (que todavía no han sido convenientemente sistematizados por la investigación), el mindfulness puede provocar experiencias negativas en algunas personas, y que esta técnica no debe venderse como la panacea en terapia psicológica. La investigación llevada a cabo por Wikholm y Farias revisa los estudios sobre el tema publicados en los últimos 40 años. Su conclusión es que muchos de ellos no son científicamente rigurosos, aunque otros sí parecían indicar ciertos efectos positivos, particularmente para las personas con episodios recurrentes de depresión.

Esto concuerda con lo dicho por un informe publicado en 2011 en Clinical Psychology Review, y basado en un experimento realizado con personas que habían sufrido episodios depresivos. Aquellas que recibieron un curso de mindfulness de ocho semanas de duración mostraban una menor tendencia a recaer. No obstante, esto solo ocurría con los que habían padecido al menos tres episodios de depresión, mientras que apenas se percibían efectos positivos en los demás.

Otros creen que el verdadero potencial está en la prevención. Mark Williams, exprofesor de Psicología en Oxford y uno de los pioneros de esta técnica en Reino Unido, considera que la terapia cognitiva tradicional funciona bien para pacientes que ya están enfermos, mientras que el mindfulness ayuda a evitar el estrés y la depresión.

El lado oscuro: real pero minoritario
Wikholm y Farias dedican un capítulo a explorar los efectos negativos que el mindfulness puede provocar, particularmente en personas que están atravesando una situación traumática: una depresión aguda, la muerte de una persona cercana, etc. En estas situaciones, la “conciencia plena” puede agudizar la sensación de dolor. Por otro lado, Willoughby Britton, investigadora de la Universidad de la Brown University, ha documentado episodios de paranoia y enajenación relacionados con el “vaciamiento interior” que proponen algunas técnicas de meditación.

No obstante, para la inmensa mayoría, el mindfulness es una forma de tomar más conciencia de sus emociones, de objetivar y dimensionar los problemas, de centrar la atención. No es la panacea, ni puede sustituir a las terapias psicológicas (sobre todo en casos complicados), pero constituye una forma eficaz de protegerse contra la inmediatez y el sentido de urgencia típico de la modernidad.

Un inconveniente es que puede reforzar la autorreferencialidad, el individualismo: el mindfulness centra el horizonte de la reflexión en el propio bienestar, y no ofrece un modelo ético o moral para el comportamiento más allá del “siéntete bien contigo mismo”. Esto limita su capacidad para atajar las causas de algunas “dolencias psicológicas” típicamente modernas.

Nota.- El artículo no lo he transcrito completo pues trata también de su aplicación en el mundo laboral y no me ha parecido relevante para el blog. Si alguna persona tiene interés en ello puede encontrarlo en la referencia de la cabecera. Saludos.


lunes, 31 de octubre de 2016

Prevenir, cuidar, empoderar.

Hasta ahora la salud mental no se ha concebido como un instrumento clave del bienestar y de la felicidad del conjunto de ciudadanos y ciudadanas.

LAIA ORTIZ / GEMMA TARAFA | Barcelona | eL pAÍS | 19/08/2016

Pocos problemas han sido históricamente tan comunes, y a la vez tan ignorados y estigmatizados, como los relacionados con la salud mental, durante muchos años alimentados por el desconocimiento y el silencio que se imponía en la familia y en la sociedad, ¡y todavía hoy!

En buena parte por eso durante mucho tiempo la salud mental ha sido la Cenicienta de los sistemas de atención sanitaria y social; es más, ha sido arrinconada como una parte pequeña y marginal de estos, a pesar de que son muchos los actores con tradición en el trabajo para la mejora de la salud mental en la ciudad. Hace más de 30 años que las entidades de la sociedad civil dan respuesta a las personas afectadas y a sus familias, y trabajan en el ámbito de la prevención y la promoción de la salud mental, y lo han hecho con recursos limitados y apoyos insuficientes.

Hasta ahora la salud mental no se ha concebido como un instrumento clave del bienestar y de la felicidad del conjunto de ciudadanos y ciudadanas. Pero en realidad se trata de una necesidad no solo muy común, sino también desgraciadamente creciente en nuestras sociedades, al ritmo al que lo hacen las desigualdades. Las enfermedades mentales pueden afectar a cualquier persona, pero hay determinados grupos sociales que son más vulnerables: las mujeres, las personas en situación de paro o precariedad laboral, las personas sin hogar, las víctimas de violencia machista, las personas inmigradas, refugiadas, las personas grandes solas, etc. ¿Cómo no tiene que afectar a tu salud mental y estado de ánimo ver como pasan los meses, los años, y no encuentras trabajo? Qué angustia ver que se acerca el día del desahucio y no saber dónde dormirán mañana tus hijos. Qué estado de nervios no poder encender la luz por miedo a que te corten el suministro o tener que hacer malabarismos para llegar a fin de mes...

También hay una estrecha relación entre nuestra salud mental y el entorno urbano en el que vivimos. En una sociedad con un creciente individualismo nos encontramos cada vez con más personas aisladas y solas y que perciben la ciudad como un entorno hostil. Aquí también podemos hacer mucho para generar instrumentos y espacios que rompan estas dinámicas en la ciudad. También el aumento de la presión sobre los servicios de salud, sociales, educativos, ha condicionado fuertemente la capacidad de acompañar, apoyar y contener el malestar emocional y las dificultades que están sufriendo muchos vecinos y vecinas de la ciudad.

Por esa razón el pasado 20 de julio se presentaba el primero Plan de salud mental de Barcelona con el objetivo de promover la salud mental y prevenir y atender las enfermedades mentales con la finalidad de mejorar el bienestar psicológico y la calidad de vida de toda la población. Han sido ocho meses intensos de preparación para muchísima gente con ilusión y altas expectativas, como tiene que ser. Ha sido un trabajo en equipo, coproducido entre el Ayuntamiento donde se han implicado las diferentes áreas, administraciones y entidades sociales. Donde las protagonistas han sido personas enfermas, sus familias, el tejido social y otras instituciones. Son muchos años de ausencia de una política integral de salud mental en el ámbito de la ciudad.

Pero ha merecido la pena para incorporar este nuevo enfoque, más amplio, integral y basado, como toda la política de este gobierno municipal, en la garantía de derechos. Un enfoque que podemos resumir con “prevenir, cuidar y empoderar”.

Prevenir, actuando sobre las condiciones de la vida cotidiana de las personas, con una perspectiva de ciclo de vida y una atención especial a los grupos con más vulnerabilidad y sobre los determinantes sociales de la salud y los entornos de las personas. Hace falta una atención y detección precoz en el proceso de desarrollo de los niños y dotar de recursos de apoyo a la población infantil, adolescente y adulta joven, para evitar la cronificación o que se agudice la problemática.

Cuidar para garantizar servicios accesibles, seguros y eficaces para satisfacer las necesidades físicas, psicológicas y sociales de las personas con problemas de salud mental y de sus familias. Esto implica ampliar los servicios de atención mental, sobre todo donde son más necesarios, es decir, en los barrios con más dificultades socioeconómicas y también ampliar la intensidad de su atención. Hay que mejorar el bienestar psicológico de la población y reducir la prevalencia de problemas de salud mental y promover el acceso y el mantenimiento de la ocupación así como los servicios de vivienda para facilitar la inclusión social de las personas con enfermedad mental. Pero cuidarnos también los unos a los otros, una ciudad amable, que promueva el cuidado y los vínculos comunitarios ante la creciente soledad y aislamiento.

Y empoderar, garantizando el respeto a los derechos de las personas con problemas de salud mental, ofreciendo acceso a las oportunidades para conseguir una buena calidad de vida y luchando contra el estigma y la discriminación a que están sometidas. Tenemos que pasar de la lógica de diagnosticar y etiquetar a las personas con enfermedad mental aislando el problema y la persona a abordar la salud mental desde una perspectiva integral y comunitaria.

Es la primera vez que se hace un plan de salud mental en Barcelona. Involucra a toda la ciudad: hay que hacer de Barcelona una ciudad más saludable, creando condiciones facilitadoras de la salud mental, situando el foco especialmente en aquellas personas que viven las situaciones de más vulnerabilidad social y facilitando también que las personas con trastornos mentales puedan desarrollar un proyecto de vida lo más autónomo posible y con garantías de respeto a sus derechos de ciudadanía y a que sus familias encuentren también el apoyo necesario. Un 12% de los barceloneses y barcelonesas sufre o sufrirá algún trastorno mental a lo largo de su vida: la salud mental es cosa de todos y todas.

Por supuesto, esta es una estrategia compartida que representa un compromiso mutuo entre el Ayuntamiento, las instituciones y las entidades de la ciudad para desarrollar acciones de prevención y mejora de la atención en salud mental y porque las personas afectadas puedan participar con igualdad de oportunidades y sin discriminación en una ciudad de derechos. Ellas son las protagonistas, no solo en la definición del plan , sino también en la implementación y en el seguimiento, y los coprotagonistas somos el resto: las instituciones, las entidades, las familias, que también han sido determinantes mucho tiempo, demasiado solas, abordando esta problemática, que se ha vivido mucho en silencio.

Asimismo, tenemos que avanzar para que se comprometan tantos actores como sea posible porque la salud mental es un asunto de todo el mundo. Si queremos que Barcelona sea una ciudad promotora de derechos y de bienestar tenemos la obligación de seguir adelante con este compromiso y el cambio de planteamiento que representa. En definitiva, donde había dejadez, prioridad; donde había estigma, dignidad; donde había silencio, empoderamiento.



Laia Ortiz, Tenienta de Alcaldia de Derechos Sociales y Gemma Tarafa, Comissionada de Salud .

miércoles, 26 de octubre de 2016

¿Para cuándo un plan de prevención del suicidio?

·        Los expertos aseguran que una estrategia nacional ayudaría a reducir su incidencia
MANUEL G. PASCUAL | Madrid | Cinco Días | 20/10/2016

El suicidio es hoy un problema de primera magnitud para el país. El Instituto Nacional de Estadística (INE) sitúa en 3.910 las muertes en 2014, último año del que ofrece datos. Se trata ya de la primera causa de mortalidad no natural. Esa cifra, tildada de conservadora por muchos expertos, incluye solo las defunciones en el acto: quedan al margen las sobredosis accidentales de medicamentos, muchas precipitaciones tildadas también de accidentales o incluso algunos de quienes mueren días después de haberse tirado por la ventana, cuya causa de defunción se clasifica como politraumatismo. De ahí que algunos expertos eleven a, por lo menos, 5.000 el número estimado de muertes por suicidio, y otros lo coloquen por encima de los 7.000.

Aun tomando el dato del INE, las muertes por suicido suponen más del doble que las que acumulan los accidentes de tráfico. ¿Por qué no se pone entonces el mismo empeño en hacer lo posible por combatir el problema?

Hablar del tema ayuda a superarlo
Se estima que la gran mayoría de los casos de suicidio (la proporción podría superar el 90%, según algunas fuentes) esconden casos de problemas mentales, siendo la depresión severa el más habitual. En muchos de esos casos, los pacientes se encuentran bajo medicación, tomando normalmente antidepresivos y ansiolíticos.
Lógicamente, tomar la medicación no garantiza nada. “Si se te acaba de matar un hijo en un accidente te ayudará a dormir mejor, pero nunca te quitará el dolor emocional”, explica Javier Jiménez, presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (Aipis), compuesta principalmente por profesionales con experiencia en el trato con personas con conductas suicidas.
La mejor medicina contra el suicidio, coinciden los expertos, es hablar sobre el tema. “Antes de dar el paso definitivo, los suicidas pasan por episodios de desesperación, ambivalencia e impulsividad”, explica José Manuel Cañamares, de la fundación Intress. “Es fundamental actuar antes de que se llegue al estadio de la impulsividad”, sentencia. En algunos casos, se puede ayudar a la persona a ver que hay otras soluciones a quitarse la vida.
De ahí que la mayoría de planes de prevención incluyan medidas de seguimiento del paciente, al que se contacta regularmente por teléfono, para ver cómo evoluciona. Cecília Borràs, de DSAS, añade que, en ocasiones, ese trabajo también conviene hacerlo entre los familiares de quienes se han suicidado.

“Me parece una indecencia que no haya un plan nacional de prevención del suicidio”, espeta Cecília Borràs, presidenta de Després del Suïcidi Associació de Supervivents (DSAS), la primera asociación española de familiares de personas que han provocado su muerte. Borràs y su marido perdieron a su hijo de 19 años. “El suyo fue un caso impulsivo. Era un chico fantástico; cenamos juntos la noche anterior con la mayor normalidad. Al día siguiente se suicidó”, explica. En 2012, animada por la psiquiatra Carmen Tejedor, del Hospital de Sant Pau de Barcelona, una de las mayores autoridades del país en la materia, Borràs decidió crear la asociación. “Cuando pasas por una experiencia tan traumática como esta valoras mucho tratar con gente que te entienda”, asegura.

Los psicólogos aseguran que, con la ayuda adecuada y en ciertos casos, muertes como la que sorprendió a Borràs se pueden evitar. “El suicidio se puede prevenir, sin duda. Los mejores ejemplos están en el extranjero”, opina Javier Jiménez, presidente de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (Aipis), formada en este caso por profesionales de la psicología y psiquiatría. En Finlandia, ilustra Jiménez, se puso en marcha una estrategia nacional dirigido al sistema educativo, a la mejora del acceso a servicios de salud mental y a la aplicación de intervenciones en crisis suicidas. Se formó a profesionales sanitarios y se hizo un seguimiento y registro de las personas en situación de riesgo. Activo entre 1987 y 1996, el plan bajó la tasa de suicidios en un 8,7%. Según destaca Jiménez, si en Finlandia el 88% de las personas que han intentado suicidarse son vistas por un médico, en España la proporción es del 25%.

“La política que se ha adoptado en nuestro país es la inacción y la ocultación del problema”, señala José Manuel Cañamares, director del área de salud mental de la Fundación Intress. “Los datos oficiales sobre accidentes de tráfico se actualizan cada semana. Los de violencia de género, diariamente. Pero los de suicidios, cada dos años. Eso es muy indicativo de la poca atención que se presta al asunto”, abunda.

Existe el falso mito, reconocen los expertos en el tema, de que no se puede hacer nada para combatir el suicidio. Quien quiera matarse, se argumenta, lo hará independientemente de lo que suceda a su alrededor. Hay datos que derrumban esta suposición. “En los tres meses antes de cometer el acto, el 80% de los suicidas advierte sus intenciones y pide ayuda. Y en torno al 50% de ellos acude al médico a decir que está mal durante la misma semana en que decide suicidarse”, aseguran desde Intress.

·        Motivos para actuar
“El suicidio es una solución eterna para un problema temporal”, opina Borràs. “Quienes dan el paso de suicidarse están sufriendo tanto que no nos lo podemos ni imaginar. Lo hacen precisamente para dejar de pasarlo mal. De lo que no se dan cuenta es de que esa solución es irreversible”, subraya. Solemos tener la imagen de que los suicidas son locos, cuando eso no es así. “El 60% de las muertes por suicidio tienen detrás una depresión grave. Todos somos vulnerables a las depresiones”, añade la presidenta de DSAS, que ya cuenta con más de 85 socios. La buena noticia es que la depresión se puede tratar.

“Consideramos imprescindible un abordaje transversal del suicidio para mitigar sus efectos. Debería incluir medidas de prevención, detección, diagnóstico, tratamiento y continuidad de cuidados de los trastornos mentales”, apunta Nel Anxelu González Zapico, presidente de la Confederación Salud Mental España.

La Organización Mundial de la Salud recomendó en 1996 que los países desarrollen planes y políticas de prevención del suicidio, que califica de muy importantes porque obliga a los Gobiernos a reconocer el problema, aumentar la preocupación a nivel nacional y resultan efectivos. Veinte años después, los únicos planes de actuación contra el suicidio que hay en España son los que ha puesto en marcha cada comunidad autónoma.

·        Planes autonómicos
El más completo hasta la fecha es de Cataluña. Implantado en 2014, el Codi Risc Suicïdi, basado a su vez en un protocolo de actuación pionero del Hospital Sant Pau de Barcelona, se ha esforzado en mejorar los puntos de detección de tendencias suicidas en los centros de salud y en el teléfono de emergencias (061), ofrecer una atención proactiva a los pacientes de más riesgo, hacer un seguimiento prolongado de estos y mejorar la información disponible. Este programa asistió solo en su primer año a 1.400 personas con conductas suicidas.

En Asturias, Navarra y la Comunidad de Madrid, donde existe el Código 100 de prevención del suicidio, también hay planes activos. Pero nada similar desde el punto de vista estatal. La diputada de UPyD Rosa Díez tiene el honor de haber conseguido por primera vez en la historia poner de acuerdo a todo el Congreso en algo: propuso en 2012 la creación de una estrategia de salud mental dentro de la que se incluiría un plan contra el suicidio. Cuatro años después, dicha estrategia sigue sin ver la luz. Se creó una comisión nacional para evaluar su viabilidad y se consultó a las comunidades autónomas.

“Los psicólogos no recibimos formación sobre cómo tratar con un suicida en la universidad”, se queja Jiménez, de Aipis. Su asociación nació precisamente para dotar de herramientas útiles a sus colegas, pero también a otros colectivos sensibles, como policías, bomberos, enfermeros o maestros. En definitiva, los colectivos que más probablemente entrarán en contacto con posibles suicidas y tendrán la ocasión de intentar que reconsidere la situación.

“Solemos asociar el suicidio a una forma de locura, como lo definió el psiquiatra francés Esquirol en el siglo XIX”, lamenta Borràs. “Le puedo asegurar que el suicidios sacuden a gente y familias muy normales”.

Algunos mitos falsos.- El ‘Protocolo para la detección y manejo inicial de la ideación suicida’, elaborado por Marta de la Torre Martí, subraya y desmonta falsos mitos que rodean el suicidio:
El que se quiere matar no lo dice (o viceversa). Muy al contrario, nueve de cada diez personas que intentan el suicidio lo comunican de alguna manera en el mes anterior a la tentativa.

Quien se repone de una crisis suicida no recaerá. Casi la mitad de los que atravesaron una crisis suicida y luego consumaron el suicidio lo llevaron a cabo solo tres meses después.

Todo el que se suicida está deprimido o tiene una enfermedad mental. Son mayoría, pero no necesariamente hace falta padecer una enfermedad mental para suicidarse.
El suicidio no puede ser prevenido porque es impulsivo. La mayoría, antes de cometer un suicidio, evidencia una serie de signos y cambios que se pueden detectar.

Hablar sobre suicidio con una persona en riesgo le puede incitar a cometerlo. Está demostrado que hablar sobre el tema reduce el peligro de que se cometa.

Solo los psiquiatras pueden prevenir el suicidio. Con una actitud de escucha y exploración de alternativas, cualquiera puede ayudar.

El suicida desea morir. La mayoría de las veces, la persona que quiere suicidarse se muestra ambivalente ante la muerte, lo que hace posible intervenir para tratar de evitarlo.


jueves, 20 de octubre de 2016

Saldremos de ésta. Guía de salud mental para el entorno de la persona en crisis.

Javier Erro



Desde Locura, Comunidad y Derechos Humanos: Mad in America para el mundo hispanohablante queremos presentaros la versión digital de Saldremos de esta. Guía de salud mental para el entorno de la persona en crisis, de Javier Erro.

En determinadas situaciones personas que nos rodean entran en crisis de salud mental. Deprimirse, oír voces, tener ansiedad, abusar de las drogas… Estas son respuestas habituales ante eventos estresantes. Pero en muchas ocasiones, las personas cercanas no sabemos responder adecuadamente a las necesidades que la situación plantea y dejamos a la persona sola. En esta guía se dan algunas pinceladas acerca de cómo comunicarse, qué hacer con respecto a la ayuda profesional, cómo poner límites, cómo acompañar y, en definitiva, cómo generar el apoyo mutuo necesario para la persona que atraviesa una crisis de salud mental.
Son muchos, cada vez más, los materiales teóricos que cuestionan los modelos hegemónicos de atención en salud mental. Pero nos hacen falta herramientas prácticas… saberes ubicados más allá del conocimiento especializado que sirvan para desplegar estrategias colectivas con las que reducir todo ese dolor que brota día a día en nuestros entornos. Esta publicación pretende ser uno de los muchos pasos que nos quedan por dar en esta dirección.
Queremos recordaros que se trata de una edición autogestionada y que se pueden solicitar copias en la Biblioteca Social Hermanos Quero (Granada).



Nota.- Lo he encontrado en facebook, hoy día 20/10/2016 en "Francesc Luz – Xarxa Pro Salut Mental"

lunes, 17 de octubre de 2016

Trastornos del ritmo circadiano: causas, síntomas y efectos.

Psicología clínica

Varios problemas asociados a la falta de horarios de sueño.

Si eres una de las personas que tiene problemas a la hora de "dormir cuando toca", quizás te convendría saber lo que son los trastornos del ciclo circadiano.
Hace ya mucho tiempo que se conoce la importancia para nuestra salud que tiene dormir bien. Sin embargo, el momento en el que entramos en un estado de sueño no lo decidimos nosotros: es cosa de los llamados ritmos circadianos, que son las oscilaciones en las funciones biológicas de nuestro cuerpo que regulan los intervalos en los que dormimos y en los que estamos despiertos. Alteraciones en estas oscilaciones pueden llevar a los trastornos del ritmo circadiano, que tienen un impacto muy negativo en nuestra calidad de vida, así que merece la pena saber qué mecanismos hay tras ellos. 
Pero antes, tenemos que entender bien el concepto de homeostasis.

¿Qué es la homeostasis?

El ritmo del sueño obedece a una propiedad llamada homeostasis, que es el modo en el que los organismos procuran mantener el equilibrio bioquímico entre todas sus partes para que el conjunto funcione bien. Una manera de entender fácilmente en qué consiste la homeostasis es pensar en lo que pasa cuando corremos: al principio, el cuerpo extrae la energía necesaria para mantener los músculos en funcionamiento "quemando" el azúcar que hay disponible en la sangre, pero pasados unos minutos este empieza a escasear, así que, para no caer en un desequilibrio, nuestro organismo empieza a usar como combustible la grasa almacenada.
Lo mismo ocurre con el ritmo circadiano, que también funciona basándose en una lógica de equilibrios de la homeostasis. Si hemos dormido mucho la noche anterior, ese día no tendremos sueño hasta pasadas las 12 de la noche, pero si no hemos dormido casi nada querremos ir a dormir poco después de cenar.

¿Qué son los trastornos del ritmo circadiano?

Por supuesto, los horarios que las personas le dedican al sueño no se crean de manera espontánea independientemente del entorno del organismo; se adapta de manera que la vigilia tiende a coincidir con las horas en las que hay más luz, y el sueño se produce durante la noche. Por eso, el simple hecho de mantener los ojos cerca de una fuente de luz artificial justo de manera sostenida antes de irnos a dormir atrasa la aparición del sueño.
Como el tiempo que le dedicamos al sueño se regula de manera homeostática, no pasa nada si puntualmente nuestros horarios se ven afectados por anomalías: durante las siguientes horas, este "desfase" se regula y vuelve a la normalidad. Pero si el desfase horario en nuestras horas de dormir se mantiene durante mucho tiempo, entonces estaremos hablando de un trastorno del ritmo circadiano.

Síntomas de los trastornos del ritmo circadiano

Los trastornos del ritmo circadiano aparecen cuando hay un desfase entre los momentos en los que tenemos sueño (o no lo tenemos) y los periodos de aparición del día y la noche, que además se corresponden con los horarios consensuados socialmente.
De este modo, puede que una persona con trastornos del ritmo circadiano duerma bien, pero lo hará cuando "no toca". Las consecuencias de esto acostumbran a derivar en falta de sueño a altas horas de la madrugada y, a la vez, en la aparición de somnolencia durante el día. Estos últimos son los dos síntomas básicos de estos trastornos, y a la vez dan forma a los tipos de trastornos del ciclo circadiano.
Por un lado, está el trastorno en el que el horario del sueño se avanza, llegando temprano el momento en el que aparecen las ganas de dormir y en el que uno se despierta. Otro tipo de trastorno del ciclo circadiano es aquél en el que el sueño se retrasa, de modo que se es incapaz de dormir hasta altas horas de la madrugada y se experimenta falta de sueño si los horarios de trabajo o de estudio obligan a despertarse por la mañana. Un tercer tipo sería una mezcla caótica de los dos anteriores.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que el diagnóstico debe ser realizado por un especialista que ofrezca trato personalizado.

Posibles causas de estas alteraciones del sueño

Entre las posibles causas que explican la aparición de trastornos del ritmo circadiano hay básicamente dos:

1. Factores biológicos

Se trata de alteraciones estructurales o bioquímicas en las partes del cerebro que intervienen en la regulación del sueño, como por ejemplo el hipotálamo.

2. Factores ligados a la interacción con el entorno

Estas causas tienen que ver con el entorno y las personas con las que interactúa el individuo. Por ejemplo, empezar a trabajar en los turnos de noche de un almacén puede producir problemas en este aspecto, o bien acostumbrarse a utilizar el teléfono móvil en la cama y con las luces apagadas.

Tratamiento de los trastornos del ritmo circadiano

El modo que intervenir en este espectro de trastornos se fundamenta en dos acciones: avanzar o retrasar la aparición del sueño y avanzar o retrasar el momento de despertar. Para esto se acostumbra a utilizar la administración por vía oral de melatonina, una sustancia que también produce el cuerpo humano para regular el ritmo circadiano y cuya presencia en niveles relativamente altos está ligada a la aparición del sueño, y la exposición a la luz, que sirve para retrasar la aparición del sueño.
Ambas herramientas deben utilizarse de manera sostenida bajo supervisión profesional, y no basta con una única sesión, ya que el objetivo es modificar un hábito que por definición es persistente.