viernes, 14 de mayo de 2021

3 cuentos para gestionar el miedo

 

PEDRO GONZÁLEZ NÚÑEZ    |    La Mente es Maravillosa   |   24/12/2020 

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio de Dios González

Los cuentos son divertidos, pero también educativos. Valiéndonos de ellos, podemos mandar a los niños mensajes que queremos que integren en su manera de gestionar el miedo.

El niño todavía no se había ido a dormir, aunque ya era muy tarde… Entonces, de pronto, de la oscuridad salió un monstruo negro y gigante y… PUM, le dio un susto tremendo…“. ¿Te suena esta historia? Seguramente no, ya que la hemos inventado para este artículo en el que vamos a conocer cuentos para gestionar el miedo infantil de forma asertiva.

 

Y es que, aunque no nos guste admitirlo, los miedos aparecen tarde o temprano en la mente de los niños. De hecho, como adultos, todavía solemos conservar ciertos temores que continúan condicionando nuestra manera de pensar, actuar o sentir.

 

Entre las muchas herramientas de las que disponemos para que los niños crezcan sanos y felices, los cuentos son bastante útiles. Les divierten, les permiten mejorar su capacidad de atención y concentración y, sobre todo, les ayudan a conectar con sus emociones para comprenderlas mejor, y les sirven para interiorizar valores positivos.

El miedo en los niños

Las emociones en la infancia se caracterizan por tener una intensidad alta. Por otro lado, la capacidad de los más pequeños para regularlas está muy limitada por una corteza prefrontal que todavía no se ha terminado de formar. A medida que se hacen mayores, mejoran en este sentido, pero es un proceso lento y complejo en el que es muy valiosa la ayuda de adultos capaces de guiarles.

 

Pongamos como ejemplo la crisis provocada por el coronavirus. Los niños, habituados a sus rutinas, tienen que adaptarse a cambios repentinos y difíciles de comprender. Al cambiar las rutinas y observar la preocupación en los adultos, la afectación que puede sufrir su psique, todavía joven e inexperta, puede ser muy notable.

 

En este contexto, los cuentos se convierten en herramientas básicas para evitar que los miedos o la ansiedad alcancen una intensidad o una recursividad incapacitante.

Cuentos para gestionar el miedo

Dicho esto, veamos algunos cuentos para gestionar el miedo que serán muy útiles para que los niños aprendan, de forma sencilla, cómo evitar la ansiedad en situaciones desagradables, que se escapen de su comprensión y rutina o que simplemente no controlan.

Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak

Aunque pasen los años, este cuento infantil no pierde ni un ápice de actualidad. Un clásico de la literatura para niños que siempre merece la pena recuperar. El cuento narra las andanzas de un niño travieso pero sensible que, ante la sensación de incomprensión que experimenta, se marcha de viaje a la isla donde habitan los monstruos más feroces, pero a su vez entrañables. Allí se convertirá en su líder y será el guía, aunque pronto sabrá que no es fácil ser el jefe de un mundo feliz.

 

Este cuento ayuda al niño a comprender sus sentimientos y emociones a través de un interesante viaje a lo más profundo de su propia conciencia. Un clásico con una gran actualidad.

 

Encender la noche, de Ray Bradbury

Continuamos adentrándonos en los cuentos de mediados del siglo XX para analizar la historia creada por uno de los grandes escritores de ciencia ficción de toda la historia, Ray Bradbury. El autor nos invita al mundo de un niño que se queda paralizado por su terrible miedo a la oscuridad de la noche. El pequeño busca cualquier cosa que le pueda arrojar algo de luz, y no da con nada hasta que un día, una misteriosa niña le muestra una luz muy especial que esconde la noche a quien no la sabe ver.

 

Este cuento proyecta una visión optimista y vitalista del mundo. El mensaje que lanza a los niños es que ellos siempre van a tener al menos un poco de control sobre lo que sucede. Al menos, van a poder elegir, casi siempre, la perspectiva desde la que quieren observar y analizar los acontecimientos.

 

Tragasueños, de Michael Ende

Finalizamos nuestra trilogía de cuentos para gestionar el miedo con otro maravilloso clásico de un gran autor del siglo XX. En este caso hablamos de Tragasueños, de Michael Ende.

 

Este cuento narra la historia de una princesa que vive en un bello país donde lo más importante es dormir bien. Sin embargo, ella no deja de tener pesadillas horribles. Por eso, el rey, preocupado por su hija, se marcha de viaje para buscar el remedio llamado Tragasueño que, en realidad, es un ser entrañable que se come las pesadillas y los malos sueños.

 

Este es otro cuento que sirve para que los pequeños aprendan a hacer frente a sus miedos, sobre todo los nocturnos, ayudándose de su imaginación. Estos 3 cuentos para gestionar el miedo son una prueba del poder que tienen las historias para ayudar a los niños a vivir mejor, más felices y autosuficientes.

miércoles, 12 de mayo de 2021

¿Qué son los niveles de autoestima y cuántos existen?

ALEJANDRO VERA     |     grullapsicologiaynutrición.com   |   27/01/2021

Es frecuente  pensar que cuando una persona tiene autoestima alta, sea porque tiene una gran aptitud social; es decir, que cuenta con popularidad, triunfo, posesiones materiales, y la aclamación de los demás.  Como este pensamiento, hay muchos más que son erróneos y nublan el camino a la verdadera autoaceptación.

En este artículo vamos a deshacer alguna de las falsas creencias entorno a lo que es estar bien con uno/a mismo/a, y vamos a conocer los diferentes niveles de la autoestima que existen. 

¿Qué entendemos por autoestima?

El concepto psicológico de autoestima trata de una dimensión evaluativa, una postura negativa o positiva personal, sobre sí mismo y por lo que es. Esta valoración se acompaña de sentimientos del valor personal y de auto aceptación. Es un término difícil de definir, pero siempre ha estado presente en las explicaciones del comportamiento humano normal.

La autoestima es multidimensional, posee una naturaleza multifacética que depende de los diferentes escenarios en que el individuo convive, interactúa y desarrolla su conducta. Esto se evidencia cuando te relacionas con amigos, que ya conocen tus debilidades; y cuando convives con desconocidos, a quienes se les oculta lo malo.

Una persona con autoestima alta es quién se valora de forma positiva, pero también se acepta, y no se siente mal por el tipo de persona que es. De manera que se identifica con sus habilidades e incapacidades, y puede diferenciar cuales de estas deben ser aceptadas o modificadas en busca de mejorar.

En este sentido, se espera que alguien con autoestima aceptable se sienta capaz de enfrentar los problemas y retos que la vida presenta. Por otro lado, alguien que se valora de forma negativa, se auto rechaza y auto desprecia, se siente incapaz de resolver con éxito alguna situación.

Los 4 tipos o niveles de la autoestima

Comúnmente se utilizan los términos alta o baja para calificar la autoestima. Sin embargo, hay otros niveles que proporcionan una mejor visión y pueden ser útiles para el auto reconocimiento. No se trata de buscar cuál es el que te define, pues puede que no haya uno exacto; es más sobre conocer diferentes aspectos de la autoestima, y cuales has experimentado.

Embárcate en la aventura de pasar por los niveles, conocerte y aceptarte.

Autoestima reactiva 

También conocida como superficial, es la falsa autoestima. Es cuando la propia valoración e imagen depende de cómo los demás lo perciban; es etiquetarse según las opiniones externas. De manera que es un sufrimiento que no le agrades a alguien, luego te quiera y después te odie; tu autoestima variará según lo que los demás decidan.

En este caso deseas que todos te quieran, pero sin motivo existente. Algunas veces buscas el porqué de merecer lo que te pasa, no para reflexionar y cambiar si es necesario, sino para justificar el comportamiento de los otros.

Para estas personas, la autoestima se siente como algo no propio, una carga que no se puede controlar y es ajeno a la propia decisión. 

Autoestima activa

Esta requiere un nivel psicológico un poco más alto que el de la reactiva. A diferencia del nivel anterior, la persona no espera ser aceptada sin esfuerzo alguno, sino que intenta al máximo convencer a todos, incluso a sí mismo, de algo que no es.

Es algo similar a usar una máscara todo el tiempo, tanto que se olvida que hace parte de un disfraz y esconde algo debajo. Como consecuencia, se pierde la identidad y verdadera personalidad. Estas personas también le dan más importancia a las opiniones ajenas que a las propias.

En este nivel es posible que haya un interés en mejorar la autoestima, e inicie la experiencia de la autoconciencia.

Autoestima interna 

También se le conoce a este nivel como la búsqueda del auto reconocimiento porque desparecen las etiquetas y las máscaras. Es en donde finalmente comienzan a ser más importantes las propias valoraciones que las externas.

Inicia un dialogo interno sobre aquellas cosas que te molestan de ti mismo, sean físicas o personales. Luego analiza si realmente es malo o es lo que te han hecho creer; si es la primera opción, piensa como lo puedes mejorar. Esto va encaminado hacia la autoestima profunda.

La llegada a este nivel normalmente está impulsada por una crisis, ya que el dolor es el que nos mueve hacia el cambio. 

Autoestima profunda

En este punto, se conocen y aceptan las falencias, de manera que no son impedimento para querer o sentirse querido. La persona se siente plena, en todas las capacidades de enfrentar cualquier situación venidera porque no hay una sensación de estar en el momento inadecuado, o peor aún, ser la persona inadecuada. 

Este máximo nivel no está separado de los otros niveles; todo lo contrario, es una combinación. Si ya posees este nivel de autoestima notarás que disfrutas de la estima de los demás y que siempre fue normal el tratar de proyectar una imagen amable. 

Nathaniel propone prácticas imprescindibles para mejorar la autoestima. Algunas de estas son:

La práctica de la aceptación de sí mismo

La práctica de la autorresponsabilidad

Es evidente que todas las practicas se deben realizar por sí mismo; nadie puede mejorar la autoestima de otra persona. Es posible una orientación, pero si no estás dispuesto a cambiar, no pasará.

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Lectura recomendada: Los 6 pilares de la autoestima 

Si quieres reforzar tu autoestima, este libro es el indicado para ti. Escrito por Nathaniel Branden, es uno de los más capacitados en el tema, quien está seguro de que muchos de los problemas psicológicos son causados por una autoestima inadecuada. También asegura que la autoestima está fundamentada en la eficacia personal y el respeto a sí mismo, por lo que si alguna condición falta, la autoestima se deteriora.

  

lunes, 10 de mayo de 2021

Cómo supervisar a un adolescente sin invadir su espacio


ROXANA IBÁÑEZ MACHADO    |    la Vanguardia    |    03/01/2021

La intromisión de los padres en la vida de sus hijos adolescentes debe ser fruto de la confianza y no de la imposición  

Llega la adolescencia de tu hijo o hija y tienes miedo de quedarte fuera de juego. Aparecen las dudas. ¿Hasta qué punto hay que mantener la supervisión paternal? ¿Cómo enfocamos el control sobre cosas suyas, como las redes sociales y otros aspectos de su vida, sin vulnerar su intimidad? ¿Podemos o debemos invadir su espacio privado? ¿Cuáles son los límites?

 Lo que sí hay que tener claro es que, en cualquier caso, la intromisión de los padres en las redes sociales o en cualquier terreno debe ser siempre con consentimiento, no solo porque la ley ampara a los hijos en cuanto a su privacidad, sino porque debe ser fruto de la confianza y no de la imposición. Y siempre se puede recurrir a ciertas fórmulas para no perderlos de vista.

!Acéptalo! No siempre puedes saber todo de su vida

Es cierto que por un lado existe la responsabilidad de los padres de velar por el cuidado de los hijos. Pero también lo es que hay que preservar su derecho a la intimidad. Y aún es más importante en la adolescencia. Lo ideal será buscar el equilibrio entre estas cosas, comenta Héctor Galván Flórez, director clínico de Instituto Madrid de Psicología.

No se debe olvidar que la adolescencia es una época bisagra. Es decir, los chicos y las chicas están saliendo del “túnel” de la infancia, están atravesando un cambio social y personal muy importante en su vida, están empezando a conformar su identidad y su personalidad frente a los demás y ellos mismos, y están descubriendo que tienen más responsabilidades y menos tiempo libre, por lo cual necesitan tener esa sensación de un mundo que es único de él o de ella, afirma Galván. “A esas edades, si no sienten que tienen una vida, una información, un mundo propio, pueden tener dificultades en su desarrollo”, advierte. 

Asimismo, debemos tener en cuenta que siempre va haber un espacio de privacidad de algo que no conocemos que es íntimo y privado de nuestros hijos, apunta el psicólogo Roger Ballescà. Por muy pequeños que sean los niños, siempre tienen un espacio privado que, conforme va aumentando la edad, va haciéndose cada vez más grande. 

“Y no tiene que ser vivido como algo problemático, si no como algo natural; la intimidad forma parte de las personas y tienen derecho igual que todos,” puntualiza el experto, que es también coordinador del Comitè d'Infància i Adolescència del Col.legi Oficial de Psicologia de Catalunya (COPC).

“Cuando un hijo ya tiene entre trece y dieciséis años va a haber cosas que no las vamos a saber y es normal”, recalca Galván. “Es sano aprender a convivir con ello sin sentirse necesariamente inseguros. Todo parte porque ese hilo de relación se hace más fino durante esta época de la vida, pero ya se volverá a fortalecer más adelante; y que se mantenga va a depender exclusivamente de que los hijos nos sientan a su lado como cuidadores incondicionales” reflexiona.

Ni mucho ni poco: ¡Supervisión equilibrada!

¿Cómo hacerlo? “No hay pautas establecidas de hasta qué punto hay que mantener un control en cada momento”, dice Ballescà. “Pero nos podemos basar en algunos elementos sobre qué cosas son adecuadas para cada edad- continúa-; por ejemplo, los juegos tienen clasificaciones por edad y también el uso de redes sociales, o en otras cuestiones, como hacerse un piercing o un tatuaje, que solo están permitidos a los mayores de 18 años y los que son menores necesitan el consentimiento de los padres. Si ya la propia ley dice que necesitan del consentimiento de los padres, pues quiere decir que también pueden dar su opinión sobre eso y que pueden negarse a que lo hagan”.

Sin embargo, a la hora de aplicar la supervisión parental resulta conveniente mantener cierta sensatez. La actitud de inspección hacia los hijos es sana, pero llevada al extremo conduce a problemas importantes.  “El control de los padres a veces no es bueno o malo en sí mismo, sino en función del grado en el que se aplica”, puntualiza Ballescà.

¿Demasiado control podría debilitar la relación con los adolescentes?

Héctor Galván coincide. Y no por el hecho de que sea más o menos control, sino por la forma del mismo. “Es decir, si al ejercerlo transmitimos sensación de desconfianza, de no creer que él o ella tengan sentido común o que sepan desenvolverse, lo que va a suceder es que los adolescentes cada vez se cierren más y se comuniquen menos con nosotros”. La clave está en formarles como personas. Eso es lo que les va a proteger más antes los demás y ante el mundo externo.

Es más útil preguntar que indicar o imponer… ¿Qué tal te encuentras? ¿Cómo te va en el instituto? ¿Te preocupa algo?, etc. “Hay que dejar que ellos se expresen y, más importante aún, ¡no juzgarles!”, dice Galván. “Y además -prosigue- es bueno ayudarles a que aprendan a pensar en solucionar los problemas con preguntas como: ¿Has pensado qué hacer?, ¿Cómo lo resolverías?, ¿Qué se te ocurre si pasará tal cosa?... No tanto darle, soluciones ya hechas”. 

A estas edades, estos gestos les va creando una sensación de incondicionalidad y sienten un apego seguro, que sus padres van a intentar entenderles y apoyarles sin juzgarles inmediatamente de entrada, y que son personas con las que se puede compartir las cosas en momentos de preocupación, indica el especialista.

Dos claves para tener acceso a la vida de un adolescente

1-Ve de menos a más. La primera cosa que hay que hacer es preguntar y establecer una buena comunicación con nuestros hijos. Y solo si eso falla, hay que poder ver qué está ocurriendo, observar si hay alguna conversación que nos dé pistas, resalta Ballescà. Hay que ir de las estrategias menos invasivas a las más invasivas. La mayoría de las veces, cuando necesitamos meternos en la vida íntima a través de estrategias invasivas es porque en cierto modo ha fracasado, la comunicación con los hijos y eso ocurre frecuentemente porque no es extraño que se produzcan tensiones y haya épocas que nos explican muchas menos cosas.

2-Pregúntate: ¿cuánto sabes de tu hijo o hija?. Compartir momentos, conversaciones o actividades con ellos es la mejor forma de generar confianza e, indirectamente, de tener un control de sus vidas, dice Galván. Aunque, más que control, sería mejor hablar de conocimiento. Es decir, cuando conocemos qué o por dónde va la vida de nuestros hijos, hay un control sano y no impositivo. “No sirve de mucho que nos dediquemos el día a trabajar y no compartamos momentos con ellos y que simplemente en un momento dado le preguntemos ¿qué haces?, ¿con quién vas?, ahí el chaval se va a sentir interrogado”. Y en muchas ocasiones va a ser más fácil conocer de su vida haciendo deporte o realizando alguna actividad juntos en el que de forma natural van a ir saliendo conversaciones, preocupaciones o preguntas, pero que el chico o la chica las hacen hacia los padres, no al revés, esto les crea confianza y al final es la mejor forma de sentir ese control sano.

¿Existe algún salvoconducto que nos permita invadir su privacidad?

Nos queda claro que debemos respetar la privacidad de nuestros hijos, no solo porque la ley lo dice, sino también porque es una manera sana de sobrellevar la relación con los chavales a estas edades. Pero desde el punto de vista educativo, según explica el psicólogo Héctor Galván, podríamos darnos la licencia de “entrometernos” si detectamos indicios claros de que puede estar sucediendo algo.

Por ejemplo, si observamos que llora sin razón alguna, que tiene una mala expresión no verbal, que no quiere contar nada, que de forma repentina intenta evitar ir al colegio, o si ha dejado de golpe de verse con sus amistades de siempre. Ante estas señales, más que invadir bruscamente su espacio, es importante hablar con ellos. O, por ejemplo, con los tutores del colegio para tratar de entender si está pasando algo más.

Haz un pacto con el uso de las tecnologías

Los psicólogos insisten en que se debe respetar la intimidad de los hijos. Aunque reconocen que también se puede tener un cierto control a una determinada distancia. “Por ejemplo, en el uso de las tecnologías e internet, el móvil o el ordenador, cada vez se pueden hacer más cosas, no solo buscar información, sino también conocer gente, hacer compras, arruinarte la vida o hacerte muy exitoso”, comenta Roger Ballescà. 

“Por lo tanto- continúa- hay que pensar que es una puerta más de nuestra casa y por la cual se puede entrar y salir. Y de la misma manera que cuando nuestros hijos salen del hogar físicamente le preguntamos a qué hora van a volver y qué van hacer, pues con el uso de las tecnologías pasa exactamente lo mismo, tenemos que poder saber qué tipos de páginas visitan o cuáles son las actividades que realizan. Hasta qué punto debemos saberlo dependerá de la edad que tengan”.

Asimismo, los expertos ponen el foco en el uso de los móviles a estas edades. Para Galván no es recomendable que antes de los 12 años tengan smartphones porque no tienen una madurez suficiente para exponerse a todo lo que esto implica. Aunque lógicamente habrá que sortear la presión que puede suponer que los tengan sus compañeros de clases o amigos menores de esa edad. “Y de ser así, más allá de algún tipo de control, lo que realmente se trata aquí es de educarles en el uso de las tecnologías y de su propia intimidad, deben tener claro que nunca deben facilitar datos personales como dirección o el nombre completo, por ejemplo”.

Ballescà lo resume con una imagen visual: “¿Verdad que no le permitirías a tu hijo que pusiera una llave en la puerta de su habitación y que solo él o ella tuviera la llave de entrada? Sería absurdo, no?. Pues ocurre exactamente lo mismo con los dispositivos móviles.

“Es aconsejable que, hasta los 16 años como mínimo, los padres puedan tener acceso a las claves de los móviles u ordenadores, otra cosa es que hagan uso o no de ellas”, enfatiza Ballescà. “Esto establece una especie de acuerdo tácito entre los padres y los hijos- argumenta- Y en cierto modo se lo ponemos un poquito más difícil. Ellos saben que hay ciertas cosas que se abstendrán de hacer sabiendo que sus padres pueden acceder en cualquier momento a sus dispositivos. Aunque esto no quiere decir que no puedan buscar mil maneras de salirse con la suya”.

Si conviene, se puede recurrir a la ayuda de las aplicaciones o herramientas de control parental porque limitan tipos de contenidos a determinadas edades.

¿Espías sus redes sociales? ¡Alto! Hay otras maneras de llegar a ellos

Los padres no deberíamos olvidar algunas reglas cuando se habla de redes sociales o de videojuegos. La primera de ellas, según Ballescà, es que tienen una edad recomendada para empezar a hacer uso de las mismas. Y lo mejor es seguir estas recomendaciones, aunque a menudo son los padres los primeros que se saltan esa regla, agrega el experto del COPC.

Tampoco es un secreto que hoy en día la gran mayoría de los adolescentes son activos en las redes sociales, y puede que muchos padres caigan en la tentación de espiarles. Los expertos son contundentes al respecto y recuerdan que no solo es un delito que está regulado, sino que siempre, educativamente, lo mejor es preservar su intimidad. Por lo cual no debería ser el primer recurso, sobre todo cuando se intenta tener una vigilancia sana. Se podría recurrir a esta actitud como último término, dice Galván.

 “A lo mejor al chico o chica no le importa ese control en algunas redes sociales, pero en otras quiere tener su espacio de mayor privacidad y es importante tener en cuenta ese aspecto, porque si el adolescente no desea que sus padres estén en sus redes sociales va a buscar esa individualidad en otras áreas que pueden ser más peligrosas”, advierte Galván.

Es bueno ser amigos de nuestros hijos en las redes sociales sobre todo si parte de un acuerdo entre los progenitores y los chavales. Pero puede ser contraproducente si es vivido como una imposición de los padres, matiza Ballescà. Aunque deberíamos de planteárnoslo, apunta. “Entre otras cosas porque los padres debemos de entender que no somos los amigos de nuestros hijos, somos sus padres. Podemos tener una relación excelente y en algunos puntos muy parecida o muy próxima a una relación de amistad, pero ejercemos funciones diferentes y hay que tener claro eso. Lo cual no es ni mejor ni peor, es distinto”, concluye.

Supervisar amigos y relaciones de pareja ¿sí o no?

Más allá de las redes sociales también hay otros espacios en la vida de los adolescentes en los que conviene prestar atención. Por ejemplo, sus amistades. “En este aspecto la intromisión a su espacio debe hacerse solo en el caso de que detectemos que hay alguna cosa que no nos cuadra”, dice Ballescà. Es decir si observamos conductas extrañas en casa, si empieza a bajar mucho el rendimiento académico o si notamos conductas de aislamiento más exageradas de las que son normales en la adolescencia. 

También si observamos que llega en malas condiciones porque ha bebido o si huele porque ha fumado. Entonces es cuando debemos poder dar un paso adelante e inmiscuirnos en cierto modo en un ámbito de su privacidad, el mismo que debemos dejar preservado en el caso de que no haya ningún elemento que nos haga sospechar de que nada vaya mal.

En esta etapa también surgen esos primeros amores y es normal que muchos padres quieran saber un poco más sobre esas cosas que son importantes para sus hijos. Pero, ¿hasta qué punto hay que inmiscuirse en sus relaciones de pareja? Tal como explica Ballescà, una de las cosas que más les cuesta a muchos adolescentes es hablar sobre su sexualidad, y eso incluye las relaciones de pareja. 

Y el hecho de entrar en el móvil, ver sus conversaciones con la novia o el novio sería una violentación y no dejar espacio al otro, apunta el experto. “Lo ideal es tener una actitud respetuosa hacia su intimidad y abierta al diálogo, porque es más fácil que nos expliquen cosas. Si forzamos demasiado, lo único que conseguiremos es que se cierren todavía más”, enfatiza el psicólogo.

 

domingo, 9 de mayo de 2021

La personalidad divertida, rasgos psicológicos que la definen


VALERIA SABATER     |    La Mente es Maravillosa     |    1/05/2021

La personalidad divertida no es ingenua o despreocupada. Ha aprendido a mirar la vida desde otra óptica, una más relajada donde hacer incluso el día a día mucho más fácil a los demás. Todos podríamos adoptar alguna de sus características.


La vida es corta y a veces excesivamente complicada. Uno no sabe qué va a pasar mañana y cuando cree tenerlo todo bajo control, llega el destino -siempre caprichoso- y lo desbarata. ¿Qué hacer ante este panorama tan caótico a veces? Los científicos lo tienen claro: un modo de ganar en salud psicológica es desarrollando una personalidad divertida.

 

No es broma, tampoco una ironía. Poner algunas pinceladas de sentido del humor en nuestro carácter mejora el ánimo. Adoptar cierta flexibilidad mental, aplicar un poco de ironía a los días grises y unas gotas de ese entusiasmo que contagia a los demás de alegría y positividad, lejos de hacer daño, sienta realmente bien.

 

Sin embargo, ¿cómo hacerlo? ¿Qué hacer si tenemos una personalidad algo taciturna, introvertida o incluso poco social? ¿Cómo desarrollar un carácter algo más distendido? Lo cierto es que puede costar, pero todos nos beneficiaríamos si adoptáramos un enfoque más relajado, chispeante y divertidoVeamos cómo.

¿Cómo es la personalidad divertida?

La personalidad divertida no es ingenua, no se toma las cosas en broma ni es tendente a caer en el chiste fácil. En realidad, estamos hablando de un perfil tan interesante como reluciente.

Para empezar, la persona alegre, luminosa en su carácter y original en su trato, siempre evidencia una destacada brillantez intelectual. Es decir, en buena parte de los casos, el sentido del humor va de la mano de una buena inteligencia.

 

No es fácil encontrar a hombres y mujeres que hagan uso de ese delicado, pero certero sentido del humor que lejos de caer en la burla o la crítica, alegran verdaderamente el corazón.

 

Tener a alguien cerca con estas características revierte en nuestro bienestar. Ahora bien, pero ¿qué características definen su personalidad? ¿Si quisiéramos aplicar o imitar alguna de sus rasgos ¿en qué deberíamos fijarnos?

Estas son las líneas de carácter que perfilan a las personas divertidas.

Para descubrir a la personalidad divertida podemos hacer un mapeo a través de la teoría de los 5 grandes rasgos según Goldberg. Este modelo o taxonomía de los rasgos de la personalidad humana nos pueden servir para comprender un poco más a dicho perfil.

·        Son personas extrovertidas, con mucha energía, disfrutan de la conexión social y son, por lo general, muy auténticos en todo lo que hacen, dicen y sienten. No tienen vergüenza, son espontáneos y muy hábiles para aprovechar el aquí y ahora de manera distendida.

 

·        Evidencian además una buena estabilidad emocional. Lejos de caer en el neuroticismo o sentir en exceso el peso de la ansiedad o la preocupación, por lo general, manejan bastante bien estos estados.

 

·        Tienen una mente muy abierta, disfrutan aprendiendo cosas nuevas, son inteligentes, creativos y se deleitan al conectar con diferentes puntos de vista.

 

·        Son diligentes, disciplinados, correctos y muy educados. La idea de que la diversión es sinónimo de caos no encaja en la personalidad divertida. Cuando la diversión va de la mano del bienestar hay orden y equilibrio.

 

·        La amabilidad es otra de sus características. Son empáticos y solidarios.

 

En este caso, jamás hacen uso del humor que hace daño o denigra.

 

Cómo desarrollar un carácter más “divertido" para ganar en salud psicológica 

Somos conscientes de que ser divertidos, chispeantes y hábiles para sacar sonrisas en los demás es un arte que no todos podemos disponer. Sin embargo, la personalidad divertida alberga múltiples fortalezas psicológicas que todos podemos integrar para sentirnos mejor.

No es difícil, no supone variar nuestro carácter, sino albergar recursos y habilidades que nos permitirán sentirnos mucho mejor y afrontar de manera más hábil el estrés cotidiano.

Cómo desarrollar las fortalezas psicológicas de la personalidad divertida 

Sentido del humor, creatividad e inteligencia siempre van de la mano. De hecho, trabajos como los realizados en la Universidad de Tel Aviv destacan cómo mejoran los entornos de trabajo cuando se trabaja en los empleados su creatividad y también el sentido del humor. Una cosa revierte en la otra y a la inversa.

 

·        Por tanto, un primer camino para desarrollar una personalidad divertida es aplicando la flexibilidad mental. Ser capaces de ver la realidad desde múltiples prismas, ser originales a la hora de pensar, decidir y crear nos beneficiará de infinitas maneras.

 

·        Otra forma de ganar en unos rasgos más abiertos y distendidos es centrarse en el aquí y ahora. Lo que importa está en el presente, el pasado alimenta la tristeza y el rencor y la mirada que solo se focaliza en el futuro, tiembla de ansiedad y preocupación. Centrémonos en el ahora.

 

·        Cambiar el diálogo internoser amable con uno mismo, aplicar un filtro más distendido. Ser positivos no va de ser ingenuo, sino de saber qué merece nuestra atención y qué no, en comprender que lo que preocupa debe resolverse y lo que no tiene solución, se acepta.

 

·        Intentar dar lo mejor de uno mismo a los demás. Aprender a sacar sonrisas a los demás, a dejar de preocuparse por lo que dirán. Se vive mucho mejor siendo auténtico, buscando la conexión y no la distancia.

Para concluir, bien es cierto que nadie puede cambiar su forma de ser de hoy para mañana. Sin embargo, facilitar esos cambios que revierten en el bienestar psicológico siempre es una buena idea. Hacerlo no duele, sino todo lo contrario…