sábado, 5 de febrero de 2022

¿Cuánto tiempo tardamos en hacernos adictos a algo? (I)


LOIS BALADO TOMÉ   |  La voz de la salud-la voz de galicia.es  |  31/01/2022

El consumo repetido de una sustancia o una conducta puede hacer que caigamos en una adicción, pero la vulnerabilidad de cada persona es diferente.

¿Cuánto tiempo debe estar una persona en contacto con una sustancia para volverse adicto a ella? ¿Existe una respuesta científica y precisa? La televisión popularizó hace unos años aquello de los 21 días. Una fórmula sencilla, fácilmente comprensible y recordable que caló en la gente. Si la respuesta fuese tan sencilla, sería tan fácil como frenar el consumo en el día 20 para no caer presos de una adicción. Lamentablemente, en cuestiones biopsicosociales, la respuesta nunca es tan fácil.

Es cierto que, cuanto más prolongado sea un contacto con una sustancia, más probabilidades tienes de hacerte dependiente. Es solo una de las muchísimas variables. Y no debe confundirse un hábito con una adicción. Así que eviten los atajos. En este artículo trataremos de dar respuesta a algunas preguntas claves. ¿Qué es una adicción? ¿Puede una adicción ser positiva? ¿Hay un componente genético que nos hace tener más predisposición para caer? ¿Cúal es la mejor manera de ayudar a una persona adicta?
 
El mito de los 21 días
 
«Lo de los 21 días es un mito. No son 21 días», afirma con rotundidad Mercè Balcells, coordinadora de la Unidad de Conductas Adictivas del Hospital Clínic de Barcelona: «Es verdad que para hacerte adicto a alguna sustancia tienes que entrar en contacto con ella varias veces. Va a depender de la sustancia y de tu vulnerabilidad biológica que necesites más o menos contactos para hacerte adicto. En general, las adicciones tienen que ver con una vulnerabilidad genética, pero son biopsicosociales, influye mucho el entorno personal».
 
Es importante resaltar que ser adicto a algo (una conducta o una sustancia) implica cambios neuronales. Una adicción modifica el funcionamiento de nuestro cerebro. «La sustancia actúa en una parte de nuestras vías neuronales que controlan el sistema de refuerzos positivos y la parte volitiva (la función neuronal que nos mueve y que hace que queramos cosas). El alcohol, el cannabis, la cocaína... alteran esas vías neuronales , pero también tiene que ver también con la vulnerabilidad de cada persona y con su entorno», detalla la psiquiatra e investigadora del hospital catalán, uno de los más importantes de todo el país.
 
¿Hay gente que nunca se hace adicta?
 
«Es verdad que hay personas que son más resistentes a una sustancia, pero si insistimos, creo que todos podemos hacernos adictos a una sustancia con un poder adictivo, independientemente de que nos pueda costar más o menos», opina Mercè Balcells. En cualquier caso, la profesional entierra definitivamente esa fórmula tan digerible en la que los 21 días marcan un punto de inflexión. «Creo que eso tiene que ver más con los hábitos que con las adicciones. Adicción y hábito no son lo mismo. El hábito tiene que ver más con una dimensión psicológica y se requiere de un tiempo para modificarlos. Pero una adicción va más allá», detalla.
 
¿Se puede ser adicto a cualquier cosa o solo a lo que produce reacciones químicas en nuestro cuerpo?
 
Coloquialmente, cuando hablamos en un círculo de confianza tendemos a decir que somos adictos a cosas que nos gustan mucho. «Soy adicto a las pipas», «soy adicto a la novela negra» o «soy adicto a la crema de manos». Pero no somos adictos a las pipas ni a la novela negra ni a ninguna crema, aunque tú mismo sepas que te estás pasando embadurnándote las manos cada poco tiempo. «Tú puedes hacer un uso compulsivo o patológico de algo. Imaginemos que te sucede con el agua; en ningún caso tienes una adicción al agua. Puedes tener un consumo patológico de comida, pero no tienes una adicción a la comida, tienes un trastorno alimentario», dice Balcells. Es una diferencia importante y, trasladado a otro tipo de ejemplos más comunes es fácil de entender. Todo el mundo sabe que una bala puede matarte, pero eso no significa que seas alérgico a las balas.
 
Es decir, ser adicto no es lo mismo que hacer un uso patológico de algo. Una adicción tiene implicaciones a nivel neurológico y clínico.

Qué es una adicción
 
Ahora que ya sabemos qué no es, buscamos saber qué es una adicción. «Las adicciones son a sustancias adictivas o a conductas que acaban desarrollando una dependencia porque alteran estas vías neuronales de los refuerzos (aquí juega un papel esencial la dopamina) y también todas estas vías son responsables de la parte volitiva, que es la que te moviliza a hacer estas cosas», define la psiquiatra del Clínic. 
 
Una adicción tiene siempre connotaciones negativas. Es decir, ¿se puede ser adicto a «algo bueno»?, ¿ser dependientes de algo que en realidad nos viene bien porque es sano? La respuesta es que no, no existe una adicción buena. «Una adicción es siempre negativa porque lleva implícito perder la capacidad de decidir. La sustancia es la que decide por ti, altera las vías volitivas y en esta nueva escala de valores tú vas a poner por delante la adicción, que te impide hacer otras cosas» desgrana Mercé Balcells, que puntualiza: «Una definición que a mí me gusta dice que una adicción es cuando usas una sustancia a pesar de las consecuencias. El uso de la sustancia te invade. La necesitas. Y no tiene nada que ver con lo que buscas, con lo que quieres o con lo que necesitas. Pierdes libertad. Eso no puede ser bueno».
Aunque cada sustancia es diferente, sí que existen una serie de criterios comunes que pueden ayudar a identificar una adicción.
 
¿Qué tipo de adicciones hay?, ¿se puede ser adicto al deporte?

Distinguimos dos tipos de adicciones: las adicciones a una sustancia y las adicciones conductuales. Muchas de las segundas están todavía en estudio y a día de hoy, en el campo de las adicciones conductuales, solo está catalogada oficialmente la adicción al juego. Pero vendrán más. Y la adicción a las pantallas está haciendo méritos para ser incluida más pronto que tarde en esta categoría.
 
Tipos de adicciones

§  Adicción a una sustancia (alcohol, tabaco, cannabis, cocaína, heroína, etc)
§  Adicción conductual 
 
Como ya hemos comentado anteriormente, existe una predisposición genética a que acabemos siendo adictos a algo. Pero cabe aclarar que eso no significa que haya un gen identificado como el «culpable» de que no sepamos controlar el consumo. «Hay gente que sabemos que va a tener más capacidad para engancharse, por ejemplo, a una droga; a convertirse en adicto. No se trata de un gen en concreto, sino que es multicausal. Más un polimorfismo que un gen en concreto».
 
Ahora bien, qué sucede cuando no hay una sustancia por el medio. Todo el mundo ha escuchado hablar de la adicción al sexo, al juego o al móvil. ¿Son también adicciones? «Es verdad estamos empezando a ver trastornos adictivos sin sustancia, conductuales. A día de hoy, el juego ya está reconocido como una adicción. Con las pantallas vamos viendo que, seguramente, en los próximos años, será reconocida como tal», pronostica Balcells.
 
¿Se puede ser adicto al deporte, por ejemplo? «A día de hoy no», responde la jefa de la Unidad de Adicciones del Clínic de Barcelona, que matiza: «Para que pudiéramos a la larga ser adictos al deporte, tendría que tener connotaciones negativas. Si a ti te gusta mucho el deporte y lo practicas mucho, perfecto. Pero si no puedes evitarlo y lo pones por delante de otras cosas que son importantes para ti, o incluso por delante de la propia salud… La vigorexia, por ejemplo, acaba perjudicando en vez de ser saludable».
 
Lourdes Suárez, psicóloga y también directora de una unidad de trastornos adictivos en Galicia (Carballo, A Coruña), sí ve claramente las características típicas de un trastorno adictivo en las adicciones comportamentales. «Algunas conductas son potencialmente adictivas, como el juego, el sexo, las redes socialeslas compras o la comida. Al igual que sucede con las adicciones a sustancias psicoactivas, activan el circuito cerebral de recompensa y pueden convertirse en conductas repetitivas, compulsivas, que generen pérdida de control, dependencia y craving».
 
Y el consumo ocasional y controlado, ¿existe o es un mito?

Todos conocemos a alguien que se autodefine como «fumador social». Tal vez también se les venga alguien a la cabeza que consume ocasionalmente cocaína, en noches señaladas o alguna boda. ¿Es realmente esto un consumo controlado? «Sabemos que el consumo de bajo riesgo existe. Con el alcohol, incluso lo tenemos tipificado, aunque la OMS acaba de hacer una corrección. Si antes se establecía el límite en menos de 40 g de alcohol al día para hombres y de 20 para una mujer, en el 2021 se modificó y ya es menos de 20 g para el hombre y de 10 para la mujer. Consideramos que ese consumo es de bajo riesgo, aunque lógicamente para las otras drogas no lo tenemos tan tipificado», comentan desde el Clínic.
 
En el hospital catalán, a través de una beca de investigación, están trabajando en los efectos del cannabis sobre nuestro cuerpo. «Estamos estudiando si es posible un consumo de bajo riesgo de cannabis. Sabemos que es una sustancia que está disponible en nuestro entorno y sabemos que aún lo va a estar más, queremos saber si es posible que exista un consumo de bajo riesgo. No lo sabemos. Para otras drogas no está tan estudiado, aunque seguramente pueda existir», aventura Mercè, que sin embargo advierte: «También es cierto que todas las adicciones suelen empezar como conductas de bajo riesgo. No puedo decir que eso no exista pero tampoco lo voy a recomendar a nadie. No sabemos cuál es tu vulnerabilidad genética. Cuando más tarde se introduzca una droga en nuestro entorno y menos contactos se tengan con ella, menos números tendremos de desarrollar una adicción».
 

viernes, 4 de febrero de 2022

Tipos de estrés


SANITAS  

Antes de referirse a los diferentes tipos de estrés patológico, también denominado distrés, es importante resaltar el hecho de que el estrés es también un mecanismo de respuesta que el organismo tiene ante estímulos exteriores y que es, cuando se produce en su justa medida, bueno y saludable, ya que genera satisfacción, alegría, mejora la actividad cardiaca y la resistencia física, así como la actividad mental. En este caso recibe el nombre técnico de estrés.

El problema surge cuando el estrés es una respuesta a situaciones de conflicto, de duelo, de accidentes traumáticos, desengaños, pérdida de empleo y una larga lista de situaciones negativas.

En tales ocasiones se producen una serie de síntomas claros que determinan una situación patológica que debe ser convenientemente tratada:
   

·        Emocionales: irascibilidad, frustración, ansiedad, pánico o miedo.

·        Físicos: dolor de cabeza, de espalda o cuello.

·        Intestinales: diarrea o estreñimiento, acidez, calambres estomacales, reflujo gástrico o náuseas.

·        Fisiológicos: dolor en el pecho, dificultad para respirar, palpitaciones o aumento de la frecuencia cardiaca y de la presión arterial. 

Establecidos los síntomas posibles de un cuadro de estrés, cabe diferenciar tres tipos:
   

·        Estrés agudo: es el tipo más frecuente de estrés y se produce fundamentalmente como reacción a la exigencia o la presión puntual, por lo que es de corta duración y es fácilmente manejable y tratable. Se manifiesta con cansancio y síntomas tensionales, sobreexcitación, pies y manos fríos, sentimientos depresivos o una ligera ansiedad.
  

·        Estrés agudo episódico: se refiere a las personas que sufren situaciones de estrés agudo de forma repetitiva y que parecen acabar atrapadas en una espiral de asunción excesiva de responsabilidades, que las sumerge en una vida desordenada, regida por la presión autoimpuesta e inmersa en una crisis continua. Son personas  que suelen mostrarse con un carácter agrio, irritables, muy nerviosas y que están en un continuo estado de ansiedad.  Además, a menudo culpan a otras personas de todos sus problemas.
Otra forma de este tipo de estrés es el pesimismo constante que se transforma en una negatividad que se aplica a todo, esperando siempre que suceda lo peor. En cualquier caso, los síntomas son más graves, caracterizándose por la presencia frecuente de migrañas y dolores tensionales, hipertensión arteria, presión en el pecho y propensión a sufrir enfermedades cardiacas. Su tratamiento pasa por una terapia psicológica que puede durar meses, ya que son personas resistentes a los cambios.
   

·        Estrés crónico: es un estrés agotador que produce un desgaste físico y emocional continuo a la persona que lo sufre. Las situaciones de pobreza, de familias disfuncionales, tener un empleo que se desprecia son algunas de las situaciones que pueden generarlo. Nunca se ve la salida y se deja de buscar soluciones. En ocasiones hay que buscar el origen en hechos traumáticos que se han vivido durante la infancia y que marcan el desarrollo de la personalidad y de las referencias para el comportamiento. En ocasiones este tipo de estrés induce la idea de suicidio y puede estar en el origen de un infarto de miocardio o de otras enfermedades sistémicas, como el ictus. Los síntomas más severos que en los casos anteriores pueden requerir un tratamiento farmacológico, además de terapia psicológica.
   

El estrés crónico mata a través del suicidio, la violencia, el ataque al corazón, la apoplejía e incluso el cáncer. Las personas se desgastan hasta llegar a una crisis nerviosa final y fatal. Debido a que los recursos físicos y mentales se ven consumidos por el desgaste a largo plazo, los síntomas de estrés crónico son difíciles de tratar y pueden requerir tratamiento médico y de conducta y manejo del estrés.  

martes, 1 de febrero de 2022

¿Puede la psicología ayudarnos a detectar mentiras?

MARÍA GALLEGO  BLANCO      |     Top Doctors     |     03/09/2020

Editado por NICOLE MÁRQUEZ

¿Es posible para una persona como cualquiera de nosotros detectar las mentiras?

La verdad es que no es una pregunta fácil. Para intentar responderla voy a hablar un poco del hallazgo más conocido: las llamadas “microexpresiones faciales” de Paul Ekman. El Dr. Ekman, experto en el tema, al que probablemente relacionen con una serie americana que trataba precisamente de cómo desenmascarar a mentirosos y que llevaba por título “Lie to me”, “Miénteme”. 

Como digo, es probablemente la persona (o una de las personas) que más ha estudiado el tema y que, además, enseña cómo detectar la mentira en talleres que imparte, juntamente con su equipo. En palabras suyas, se puede tardar en conseguir detectar una mentira en 32 horas, si no recuerdo mal. Entrenar a la gente para detectar lo que él llama una “microexpresión”, una expresión facial que dura muy poquito, (una veinticincoava parte de un segundo) es lo más útil para conseguirlo. 

Él y su equipo han experimentado y testado a más de 15.000 personas en todos los ámbitos de la vida, y más del 99% no las ven, aunque con un entrenamiento adecuado cualquier persona podría aprender a ser consciente de ellas. ¿Qué es lo que ocurre? Que las microexpresiones, evidentemente, tienen limitaciones. Voy a hacer referencia a una: solamente pueden decirte que la persona está ocultando una emoción (lo que constituiría una mentira), pero no informarte de lo que esa persona siente realmente.

Vamos a poner un ejemplo para entenderlo mejor. Si me acusan de algo terrible que no he hecho, siento ira por ello y oculto esta emoción, manteniendo verbalmente mi inocencia, podrán detectarse elementos discordantes con lo que digo (microexpresiones). Pero eso no es necesariamente indicativo de mi culpabilidad, sino de que escondo una emoción (en este caso, como digo, la ira). La cuestión, como vemos, no es tan sencilla como parece. Detectar una emoción que alguien desea ocultar (según el Dr. Ekman) es posible, pero no hace a esa persona necesariamente culpable de nada. 

Por otra parte, también es importante hacer referencia a que las investigaciones de este psicólogo no solo tienen seguidores, sino también detractores. 

La sensación de culpabilidad disminuye contra más se practica la mentira. 

¿Cuánto más se miente, más culpable se siente uno?

No necesariamente. De hecho, hay investigaciones que han concluido lo contrario. Un estudio de científicos de Reino Unido (de la University College of London), por ejemplo, ha llegado a la conclusión de que la repetición del engaño hace que el cerebro pierda sensibilidad frente a la mentira y, como consecuencia, se produzca una escalada de falsedades. 

La investigación, publicada en la revista Nature Neuroscience, proporciona evidencia empírica de cómo ocurre este proceso en el cerebro. Es decir, cuanto más mentimos, más se adapta nuestro cerebro a la situación de mentir y nos genera menos culpa. Aunque la gente inicialmente se pueda sentir culpable, esa sensación de culpabilidad va desapareciendo (o se va difuminando) con la práctica. 

¿Hay alguna relación entre mentira y autoestima baja?

Algunas veces sí. Se me ocurre el caso de aquellas personas que tienen poca confianza en que vayan a ser aceptadas tal como son, y que podríamos decir que caen en la tentación de “adornar” su historia o sus habilidades, para intentar causar una impresión más favorable en terceros. 

¿A qué edad comenzamos a mentir?

Tempranito, diría yo. De pequeños. Un niño de alrededor de 1 año es capaz de fingir el llanto, hacer una pausa para ver si alguien viene, y continuar haciendo que llora. Cualquier padre o madre se habrá percatado de ese hecho tan curioso. Uno de 2 años ya es capaz de disimular y uno de 5 puede mentir sin reservas, abiertamente. 

En conclusión: nuestra relación con la mentira nos viene desde muy muy pequeñitos. 

¿Cómo detectarlas a través del lenguaje verbal?

Antes de hablar de este tema desde un punto de vista práctico, tengo que matizar que los datos a los que voy a hacer referencia son indicadores. Nunca (y de ninguna forma) son pruebas de que alguien intenta ocultar algo. Muchas veces, aislados, no tienen ninguna relevancia. Son el resultado de investigaciones, pero no podemos tomar uno de estos datos aislados para acusar a nadie. La realidad es mucho más compleja que eso. 

En relación con el tema del lenguaje, hay estudios que demuestran que las personas obstinadas en negar sus actos tienden a recurrir al uso del lenguaje formal, más que al informal; y a recurrir más a lo que llamamos el lenguaje distanciador (es decir: los mentirosos inconscientemente se distancian de la persona de la que hablan, utilizando como herramienta su forma de hablar, el lenguaje). Hay más elementos que pueden delatar a alguien que trata de mentir: 

Sabemos que el lenguaje calificativo quita credibilidad a la persona (“para ser honesto …” “con toda franqueza”) El hecho de repetir la pregunta completa que le acaban de hacer (de formular) a uno. Saturar el relato con detalles que no vienen al caso, puede ponernos un poquito en guardia. En relación con todo esto, una cosa que suelen hacer los interrogadores entrenados (experimentados) es pedir a la persona que narre su versión de la historia (que muchas veces, como digo, tenderá a plagar de detalles irrelevantes y contará los hechos en orden cronológico). 

El problema para quien miente, puede surgir si le piden que narre la historia hacia atrás (lo contrario al orden cronológico). Y, complicársele más aún, si el interrogador entrenado comienza (además) a fijarse en su lenguaje no verbal. ¿Por qué? Porque las personas que mienten pueden practicar lo que dicen (habitualmente en un supuesto orden cronológico), pero no suelen ensayar sus gestos. 

¿Cómo detectarlas a través del lenguaje corporal?

Hay datos curiosos. La gente, en general, tiende a creer que los mentirosos se mueven constantemente mientras mienten, pero hay investigaciones que han concluido que inmovilizan la parte superior de su cuerpo al mentir. Otro error que cometemos es pensar que no miran a los ojos mientras nos intentan engañar, pero hay estudios que han comprobado que mantienen la mirada (digamos) más de lo normal y cambian la velocidad del parpadeo.

Tienden a sujetar objetos como barreras y los colocan entre ellos y la persona que les interroga. Alteran su tono de voz, frecuentemente disminuyéndolo, y presentan otros muchos signos que son realmente comportamientos aislados y que, aisladamente (como digo), no constituyen la prueba de ningún engaño. 

Un signo que, sin duda, lleva a equívocos es el tema de la sonrisa. Las personas frecuentemente creemos que la cordialidad y la sonrisa son signos de honestidad y de sinceridad, pero un detector de mentiras un poquito entrenado puede identificar muy fácilmente una sonrisa falsa analizando los músculos que se contraen en la cara, por ejemplo, que no son los mismos cuando la contracción es consciente o es involuntaria. Esto sería fácil de detectar en alguien con mascarilla, que solo nos muestra los ojos (con los que es complicado mentir). Hay más indicios de este tipo. 

Existen ocasiones en las que decimos sí, pero nuestra cabeza (muy sutilmente) dice que no. Y otras mostramos una expresión facial con una esquina del labio levantada hacia arriba y hacia dentro. Una expresión muy característica y asimétrica, la de desprecio (que es muy fácilmente detectable). 

Son muchísimos los signos se suelen asociarse a la mentira, y resultan fácilmente reconocibles si sabemos lo que tenemos que buscar y estamos atentos. 

viernes, 28 de enero de 2022

Cinco formas de volver a incorporar lo lúdico a tu vida


STACY M. PETERSON     |     Mayo Clinic     |     29/07/2021

La creatividad, la diversión y los amigos pueden contribuir a la felicidad y la resiliencia durante toda la vida. Aprende a conectar con tu lado lúdico a cualquier edad.
¿Piensas que jugar es solo para niños? Piénsalo dos veces. De hecho, puede tener importantes beneficios para los adultos. Mantener un sentido de creatividad y diversión se relaciona con una mayor felicidad durante toda la vida. Además, se cree que contribuye a la resiliencia y al envejecimiento saludable.
Una posible razón: adoptar un enfoque lúdico puede equiparlo para enfrentar mejor el inevitable estrés de la vida. En un estudio de estudiantes universitarios, se descubrió que aquellos que se calificaban a sí mismos como más propensos a jugar podían afrontar mejor los desafíos en sus vidas.
Es normal experimentar estrés, pero la forma en que percibes ese estrés y lo que haces al respecto puede tener una gran repercusión. En el estudio mencionado, cuanto más propensa a jugar era una persona, más probable era que buscara un lado positivo cuando las cosas no salían según lo planificado, una estrategia denominada reformulación positiva. ¿Llueve cuando estás de vacaciones? Podría ser una oportunidad perfecta para beber té y jugar juegos de mesa.
Existen distintas maneras de ser alegre y divertirse. Muchas personas disfrutan de hablar y relajarse con amigos. Otras disfrutan de la actividad física, como el yoga o la gimnasia acuática. Los investigadores que estudian los beneficios del juego señalan que tiene más que ver con tu actitud que con lo que estás haciendo en realidad: cosas como vivir el momento, encontrar regocijo en los detalles cotidianos o encontrar diversión en la resolución de problemas, como acertijos y crucigramas, son todas maneras de jugar.
Y mientras que algunas personas tienen una inclinación natural hacia la diversión a través del juego, esta habilidad también puede practicarse y aprenderse, de la misma manera en que, con el tiempo, una persona puede aprender a ser más agradecida.
¿Estás listo para jugar y divertirte? He aquí algunas maneras de comenzar:
·        Programa tiempo para un pasatiempo. ¿Siempre quisiste aprender carpintería? ¿Te encanta la jardinería? Encuentra tiempo para hacer las cosas que disfrutas. Pero ponte como meta divertirte en el proceso y no te enfoques únicamente en el producto final.
·        Obtén apoyo social. Hacer cosas divertidas con otras personas es un aspecto clave de la diversión. Tal vez te gustaría unirte a una liga de fútbol para adultos. O tal vez prefieras un club de avistamiento de aves. O quizás simplemente quieras encontrarte con un amigo cercano para tomar un café y hablar acerca de la vida.
·        Juega. Según un estudio, las personas caminaban en promedio 2.000 pasos más al día cuando comenzaban a jugar con una aplicación móvil que utilizaba el GPS del dispositivo y recompensaba a los jugadores por encontrar objetos en distintos lugares. También puedes crear juegos en tu vida no digital. Sube por la escalera común y trata de llegar antes que las personas que usan la escalera mecánica. O juega al Veo, veo mientras haces un viaje en auto.
·        Visita un parque o una plaza. Estar al aire libre puede mejorar el estado de ánimo y ser una actividad social divertida. Y no existe eso de ser demasiado viejo para jugar al aire libre.
·        Disfruta del momento presente. Las personas que juegan suelen ser aquellas que se toman el tiempo para apreciar la belleza que hay en el mundo. Practica la atención plena y trata de atrapar un copo de nieve con la lengua, observa las hojas que cambian de color y cómo se ven, siente o huele este otoño, o permítete saltar en un charco durante la próxima lluvia (las botas de lluvia son opcionales).
 
En palabras simples, jugar es encontrar regocijo, humor, alegría e incluso diversión en la vida cotidiana. Y todos pueden hacerlo si se fijan la meta de involucrarse más en la diversión y las actividades placenteras.

miércoles, 26 de enero de 2022

Tipos de Trastorno Bipolar y sus características

JUAN ARMANDO CORBIN       |      Psicología y Mente

¿Qué clases de Trastorno Bipolar existen y en qué se diferencian? 

El trastorno bipolar es un trastorno grave y complejo que presenta una gran variedad de síntomas. Existen distintos tipos de este trastorno y su sintomatología también puede presentarse junto a otras psicopatologías como la esquizofrenia. 

En el artículo de hoy vamos a repasar los distintos tipos de trastorno bipolar y sus características, pues el diagnóstico de esta enfermedad mental puede ser complicado para los profesionales de la salud mental. 

Un trastorno que ha sido excesivamente diagnosticado

Algunos expertos llevan tiempo avisando de que el trastorno bipolar está siendo excesivamente diagnosticado. Por eso, la Facultad de Medicina de la Universidad de Brown, en el estado de Rhode Island, decidió estudiar este fenómeno, el de la sobrediagnosticación. Sus conclusiones fueron claras: alrededor del 50% de los casos diagnosticados de Trastorno Bipolar podrían ser equivocados.

La investigación se realizó con el análisis de los datos aportados por entrevistas tomadas a 800 pacientes psiquiátricos usando un test de diagnóstico integral la Entrevista Clínica Estructurada para los Trastornos DSM. ¿Pero cuáles son las causas de esta sobrediagnosticación? Los investigadores piensan que existe una mayor propensión especialistas a diagnosticar trastorno bipolar frente a otros desórdenes más estigmatizadores y para los cuales no hay un tratamiento claro.

Por otro lado, existe otra hipótesis que afirma que la culpa se encuentra en la publicidad agresiva por parte de las empresas farmacéuticas, pues tienen un gran interés en la comercialización de los fármacos usados en los tratamientos de esta patología. Algo que también ocurre con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). 

Síntomas del Trastorno Bipolar

Los síntomas primarios del trastorno bipolar son los cambios impredecibles del estado de ánimo, y los más característicos son los síntomas del estado de manía y del estado depresivo.

Síntomas de la fase de manía

Los síntomas de la manía incluyen excitación excesiva, percepción de grandeza, irritabilidad, falta de sueño, aumento notable de energía, alto impulso sexual y verborrea. Durante la fase de manía los individuos puede abusar de drogas, llevar a cabo conductas de riesgo y tomar decisiones perjudiciales y negativas para ellos, como dejar el trabajo.

Síntomas de la fase depresiva

Los síntomas de la fase depresiva incluyen tristeza, ansiedad, irritabilidad, pérdida de energía, llanto incontrolable, cambios en el apetito que llevan a una pérdida o aumento de peso, necesidad excesiva de dormir, dificultad para tomar decisiones y pensamientos suicidas.

Además, los síntomas maníacos y depresivos pueden aparecer juntos. Cuando esto ocurre recibe el nombre de “episodio mixto”. 

Tipos de Trastorno Bipolar

Existen distintos tipos de trastorno bipolar caracterizados por diferentes grados de los síntomas depresivos o maníacos. Los cinco tipos del trastorno bipolar son: ciclotimia, trastorno bipolar de tipo I, trastorno bipolar de tipo II, trastorno bipolar no especificado y trastorno bipolar de ciclado rápido.

Ciclotimia

La ciclotimia es una variante del trastorno bipolar pero sus síntomas son menos graves, es decir, que las personas que sufren este trastorno presentan fases leves de depresión e hipomanía. Esta última, la hipomanía, es una alteración psicológica que puede ser entendida como una versión débil, menos

 acentuada, de la manía, y de hecho no suele poner en riesgo la integridad física de la persona que la desarrolla, algo que sí ocurre con la manía propia del trastorno bipolar.

Los individuos son diagnosticados tras persistir los síntomas durante al menos dos años.

Trastorno Bipolar de tipo I

Una persona afectada por el trastorno bipolar de tipo I ha tenido al menos un episodio de manía durante su vida, pues este tipo de trastorno bipolar se caracteriza por la presencia de episodios de manía o, en algunos casos, mixtos, y no necesariamente el sujeto ha sufrido una fase depresiva. Ahora bien, aproximadamente el 90 % de los casos el paciente cursa ambas fases (manía y depresión).

Trastorno Bipolar de tipo II

El trastorno bipolar de tipo II se diagnostica cuando el sujeto ha sufrido uno o más episodios de depresión mayor y al menos un episodio de hipomanía. En ocasiones, el trastorno bipolar de tipo II puede confundirse con la depresión mayor, por lo que es imprescindible hacer un diagnóstico correcto para una mejor recuperación del paciente.

Trastorno Bipolar no especificado

Puede ser que el trastorno bipolar no pueda clasificarse dentro de los tres anteriores (ciclotimia, tipo I y tipo II) por diferentes motivos. Por ejemplo, cuando los episodios de hipomanía son recurrentes. Hay situaciones en las que el psicólogo o psiquiatra ha llegado a la conclusión de que hay un trastorno bipolar, pero es incapaz de determinar si es primario, debido a una enfermedad médica o por haber sido inducido por una sustancia.

Los subtipos de trastorno bipolar más frecuentes son los siguientes:

·        Alternancia muy rápida (en días) entre síntomas maníacos y síntomas depresivos que no cumplen el criterio de duración mínima para un episodio maníaco o un episodio depresivo mayor.

·        Episodios hipomaníacos recidivantes sin síntomas depresivos intercurrentes.

·        Un episodio maníaco o mixto superpuesto a un trastorno delirante, una esquizofrenia residual o un trastorno psicótico no especificado.

Trastorno Bipolar de ciclo rápido

Los individuos con trastorno bipolar de ciclo rápido experimentan cuatro o más episodios de manía o depresión en el periodo de un año. Alrededor del 10% al 20% de los pacientes con este trastorno sufren el tipo “ciclado rápido”.

Creencias erróneas sobre el Trastorno Bipolar

A pesar de que el trastorno bipolar es bastante conocido por la población, al menos en cuanto al nombre se refiere, existe una gran desinformación sobre esta psicopatología. Muchas personas piensan que este trastorno se caracteriza por cambios de humor repentinos en el mismo día o por altibajos emocionales.

En realidad, el trastorno bipolar es un trastorno serio que, igual que la esquizofrenia o el trastorno paranoide, requiere de la administración de fármacos y una vigilancia en los hábitos de vida de los pacientes para evitar recaídas.