jueves, 21 de abril de 2022

Psicología del rencor: ¿qué hay detrás de las personas rencorosas?


VALERIA SABATER        |      La Mente es Maravillosa     |     05/01/2022 

El rencor es una carga que carcome a todo aquel que lo padece. Veamos qué hay detrás de este sentimiento y cómo podemos gestionarlo.

 

Las personas rencorosas sujetan de modo permanente un pedazo de carbón ardiendo. Lo hacen con la idea de poder lanzarlo en el momento menos pensado a todos aquellos que les han ofendido. Sin embargo, quienes se acaban quemando no son precisamente los demás, sino ellos mismos al estar sujetando durante tanto tiempo todo ese fuego, toda esa fuente de rabia, odio y malestar.

 

A pesar de que ahora mismo nos venga a la mente alguna que otra persona rencorosa que hemos conocido, hay un aspecto que no debemos descuidar. Esta dimensión, este sentimiento profundo (y sin duda autodestructivo) no lo experimentan de forma exclusiva quienes no saben practicar el saludable ejercicio del perdón. En realidad este tema tiene su profundidad, sus matices y dimensiones contrapuestas en las que todos nosotros podemos derivar en un momento dado.

Así, cabe decir que más allá de lo que pueda parecer estamos ante un tipo de sentimiento muy recurrente. Lo experimenta por ejemplo quien ha sido herido, abandonado o traicionado por su entorno familiar. Lo sufre quien ha sido engañado en su relación afectiva. El rencor es también esa sensación permanente que habita en quienes han sobrevivido a una guerra o un conflicto armado. Son situaciones como vemos comprensibles, aunque no saludables desde un punto de vista psicológico.


No lo es en primer lugar porque el rencor se caracteriza por un hecho altamente nocivo: la cronicidad. Son estados angustiantes que se alargan en el tiempo, que se arrastran hasta el punto de interferir en otros ámbitos de la vida. Cambia el humor, se pierde la confianza en los demás, varían las actitudes y se altera incluso el tipo de trato que prestamos a quienes nos envuelven. El rencor es como el óxido, se extiende y termina debilitando toda estructura, toda identidad.

 

“El resentimiento se deleita de antemano con un dolor que querría que sintiese el objeto de su rencor”. – Albert Camus

Personas rencorosas: características y perfil psicológico

Las personas rencorosas tienen una caja fuerte en su interior. En ella esconden el peso de un agravio, el dolor de un engaño, de una traición o incluso de un abandono u ofensa. Esa caja está blindada por una razón evidente: no desean olvidar ni un matiz de lo sucedido. Así, a todo ese daño moral comprimido y a buen recaudo, se le añade esa tristeza que en un momento dado mutó en rabia y más tarde en odio.

 

Asimismo, en todo ese tejido psicológico se le suele añadir un último componente: el del deseo de venganza. No en sentido directo o con componentes violentos. Porque lo que se desea en la mayoría de los casos es que de algún modo, le sea devuelta a esa persona que nos hizo daño la misma moneda, el mismo sufrimiento y en las mismas condiciones. Por tanto, y sabiendo esto, es común que las personas rencorosas presenten las siguientes características.


Incapacidad para perdonar

A veces perdonar resulta muy complicado, lo sabemos. Sin embargo, debemos tener claro que el perdón es ante todo ese paso que nos permite cerrar una etapa y recuperar el equilibrio emocional. Así, y en lo que se refiere a este tipo de perfil caracterizado por un rencor profundo, cabe señalar que además de no querer perdonar, alimentan su propio sufrimiento recordando a diario el peso de la ofensa o daño sufrido.

 

Hay por tanto una retroalimentación constante y con ella, una intensificación del sufrimiento. De hecho, estudios como el llevado a cabo en la Universidad de Pisa y publicado en la revista Frontiers in Human Neurosciencie, nos revelan que el hecho de alimentar el resentimiento abre aún más la herida emocional. Sin embargo, el acto de perdonar regula un gran número de estructuras neuronales, favorece la calma, reduce el estrés y activa áreas como la corteza prefrontal (relacionada con la resolución de problemas).

Pensamiento dicotómico

O estás conmigo o estás contra mí. Las cosas o son blancas o son negras, o me ayudas o me traicionas. Este tipo de enfoque conforma una clara distorsión cognitiva. Es un esquema muy rígido de pensamiento del cual, las personas rencorosas ni tan siquiera son conscientes porque están habituadas a bordear siempre los extremos, a situarse en posiciones muy polarizadas donde lo único que consiguen es establecer enormes y amargas distancias con quienes les rodean.

El orgullo que no deja tregua

El orgullo es un caballo de batalla que todo lo invade, lo arrasa y lo transforma. Esta característica hace que este tipo de personas estén siempre a la defensiva, y que a la mínima se sientan heridos y altamente dolidos. No es fácil hacer vida, dialogar o llegar a acuerdos con quien se deja llevar siempre por el orgullo, por esa actitud que todo lo toma de forma personal.

 

Incapacidad para atender necesidades emocionales y psicológicas

A todos nos pueden hacer daño. A su vez, y como es de esperar, tenemos pleno derecho a experimentar sensaciones negativas hacia quien nos lastimó. Sin embargo hay un aspecto que ya no entra dentro de la normalidad psicológica: mantener de forma permanente esa rabia, ese recuerdo doloroso y la impronta que le acompaña, el mismo que acaba transformándose en amargura crónica.

 

Tenemos la plena obligación de asumir lo aceptado y avanzar. Avanzar no es olvidar ni mucho menos, sino aprender a valernos de ciertas estrategias psicológicas para lidiar con las heridas y permitirnos nuevas oportunidades. Así, quien no lo hace, quien no es capaz de dar un escape, una salida válida a tanta rabia y amargura termina haciendo del rencor su forma de vida.

¿Cómo acabar con el rencor que nos atenaza y domina?

En un artículo publicado en una revista de psicología conductual, se hablaba de un interesante estudio llevado a cabo en la Universidad de Ontario, Canadá sobre este mismo tema. En él se argumentaba la necesidad de facilitar herramientas a las personas rencorosas para que dieran forma al perdón emocional.

Esta dimensión, este ejercicio de salud, es determinante por una razón muy simple: nos permite liberarnos de las emociones negativas para generar una nueva realidad psicológica desde la cual, empezar a trabajar.

·        Por otro lado es recomendable que este tipo de perfil trabaje la flexibilidad en su enfoque de pensamiento. Con esta dimensión facilitaremos el que puedan ver las cosas desde nuevas perspectivas.

·        Asimismo, también es conveniente ofrecer herramientas para la gestión de la rabia, una dimensión habitada siempre por pensamientos distorsionados y por una activación fisiológica poco saludable.

·        Las personas rencorosas, además, necesitan poner atención en otros aspectos con los cuales poder trasladar la mirada desde el pasado hacia el presente. Alimentarse en exclusiva de los recuerdos negativos del ayer entorpece la oportunidad de vivir con libertad. Por tanto es recomendable que inicien proyectos nuevos, que se abran a nuevas experiencias, aficiones, relaciones, etc.

 

Algunas prácticas para superar el rencor

Por su parte, cuando el rencor se apodere de ti, te aconsejamos poner en práctica las siguientes acciones:

·        Manifiesta tu dolor. Es importante que no te quedes con nada por dentro. Para ello, puedes escribir una carta donde manifiestes lo que estás sintiendo, o hablar con una persona de confianza. Poner en palabras nuestras emociones es una gran herramienta para gestionarlas. No intentes evitar o suprimir lo que sientes, esto sólo empeorará el rencor experimentado.

·        Acepta lo sucedido. No podemos cambiar las acciones de los demás y mucho menos si ya ocurrieron. Por tanto, no te enfrasques en el pasado y asume los hechos, por mas dolorosos que sean.

·        Identifica el aprendizaje. Toda situación pasada, por más negativa que nos parezca, nos puede dejar una enseñanza. Quizá sea tiempo de aprender a no confiar en cualquiera o dejar de ser tan exigente con los que nos rodean… Una vez que reconozcas lo aprendido en un futuro podrás evitar estas situaciones.

·        Trabaja en tu autoestima y autocuidado. En la medida que te sientas bien contigo mismo, tendrás una mayor fortaleza para afrontar y superar situaciones difíciles Para ello, cuida tu alimentación, practica ejercicios de relajación, haz algo de deporte, cultiva tiempo de ocio, conócete a ti mismo, acude a terapia, etc. Estas acciones sin duda te harán una personas más fuerte y sabia.

 

Para concluir, tal y como se suele decir el rencor es un abismo sin fondo o un páramo sin fronteras. Nadie merece vivir eternamente en semejante escenario. Aprendamos por tanto a construir vías de escape, caminos para liberarnos y respirar con mayor tranquilidad y dignidad.

martes, 19 de abril de 2022

Psiquiatría crítica: ¿qué es y qué reivindica?

 

GRECIA GUZMÁN MARTÍNEZ        |        Psicología y Mente

La psiquiatría ha generado grandes avances, pero es bueno revisar sus limitaciones. 

La psiquiatría, especialidad médica que se encarga de detectar y tratar las enfermedades mentales, ha atravesado una crisis importante en épocas recientes debido a la emergencia de distintos cuestionamientos sobre las características de sus conocimientos y prácticas. 

A partir de dichos cuestionamientos ha surgido la Psiquiatría Crítica, una corriente teórica que cuestiona y busca reformar las prácticas de la asistencia psiquiátrica. Entre otras cosas, pone en evidencia que la psiquiatría tradicional tiene algunos límites fundamentales en la forma de entender y tratar con el sufrimiento psíquico, lo que en concreto genera dilemas éticos en el uso de su conocimiento. 

¿De dónde surge la Psiquiatría Crítica?

Uno de los antecedentes más recientes es la conferencia de la Critical Psychiatry Network (Red de Psiquiatría Crítica) realizada en Bradford Inglaterra en 1999, donde se discutió la necesidad de promover una transformación radical en nuestro acercamiento a los problemas de salud mental; lo que han suscrito miles de profesionales alrededor del mundo, principalmente a través de publicaciones académicas, pero también mediante la movilización política.

En la misma línea, la Psiquiatría Crítica tiene muchos de sus antecedentes en la antipsiquiatría, movimiento teórico y político impulsado por profesionales de salud mental que inició en la segunda mitad del siglo pasado y que cuestionó firmemente la forma en la que la psiquiatría operaba, especialmente en Europa y Estados Unidos.

Aunque la antipsiquiatría y la Psiquiatría Crítica son movimientos que surgen en momentos distintos, lo que tienen en común es que rechazan la patologización de la heterogeneidad humana y mantienen el compromiso de transformar la asistencia psiquiátrica.

Finalmente, esta corriente ha estado impulsada por distintos movimientos asociativos en primera persona, es decir, colectivos gestionados por las personas usuarias de los servicios de atención psiquiátrica. Por ejemplo, el colectivo británico Hearing Voices Network (Escuchando voces) quienes rechazan la comprensión psiquiátrica tradicional de dicha experiencia, buscando así mismo eliminar el estigma y reforzar los grupos de ayuda mutua.

Lo anterior se articula posteriormente con el paradigma de derechos que ha quedado formalizado desde el 2006 en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad aprobada por la Organización las Naciones Unidas, así como a través de otros documentos e informes de prevención de la tortura en psiquiatría que se han desarrollado en distintos países. 

Principios fundamentales

En términos generales la Psiquiatría Crítica busca hacer visible la intersección entre las relaciones psicológicas, sociales y somáticas, tanto de las personas como de la propia práctica psiquiátrica, de manera que sea posible reformarla.

Más específicamente podemos seguir a Philip Thomas (2013) para enumerar cinco temas de discusión que emergen a partir de la Psiquiatría Crítica: el problema de los diagnósticos psiquiátricos, el problema de la medicina basada en la evidencia en psiquiatría (y su relación con la industria farmacéutica), el rol del contexto donde la psiquiatría se desarrolla y actúa, el problema de las prácticas coercitivas, y finalmente, la base teórica y filosófica del conocimiento psiquiátrico y de sus prácticas.

1. El problema de los diagnósticos psiquiátricos

La Psiquiatría Crítica hace visible que las barreras entre la “normalidad” y el “trastorno” son fácilmente manipulables y en gran medida arbitrarias. De hecho, con frecuencia varía la cantidad de diagnósticos psiquiátricos disponibles; estos aparecen y desaparecen y se actualizan cada determinado tiempo (algunos de ellos cada vez que la misma población diagnosticada se manifiesta en contra de ser considerada como enferma o trastornada, por ejemplo, lo que pasó con la homosexualidad que hasta apenas la segunda mitad del siglo pasado dejó de ser considerada un trastorno mental).

Así mismo, las bases científicas del diagnóstico psiquiátrico empezaron a cuestionarse porque si bien se han encontrado sustratos orgánicos, la evidencia científica que postula que los trastornos mentales tienen un origen biológico y una cura definitiva en el mismo sentido, es insuficiente.

2. La medicina basada en la evidencia y la industria farmacéutica

La medicina basada en la evidencia es un concepto que hace referencia a la práctica médica basada en los ensayos clínicos, las estadísticas y los manuales que ofrecen información genérica sobre una condición determinada.

Esto ha sido cuestionado por la Psiquiatría Crítica, ya que las causas de los trastornos mentales son inespecíficas, y la medicina basada en la evidencia puede promover y generalizar unas prácticas también inespecíficas, pero además potencialmente dañinas en algunos sentidos, porque en psiquiatría las prácticas son por excelencia de intervención directa (farmacológica o mecánica).

Asimismo, en muchas ocasiones los diagnósticos y el tratamiento farmacéutico están fuertemente influenciados por intereses económicos de las industrias encargadas de producir y distribuir los fármacos, así como de financiar gran parte de la formación de profesionales. Esto ha sido muy debatido en las últimas décadas por un sector importante de los profesionales de la salud mental alrededor del mundo. 

3. El contexto de la psiquiatría

El abanico de diagnósticos psiquiátricos está relacionado con el contexto donde se construyen, es decir que varía el porcentaje de gente a la que se le atribuyen ciertos problemas según la población específica a la que pertenecen.

La misma práctica psiquiátrica se encuentra dentro de un contexto social, lo que significa que en el diagnóstico y en la relación asistencial se reproducen ideologías y formas de relacionarse; y que el sufrimiento psíquico es más que una experiencia individual, es una experiencia tiene que ver con las condiciones de posibilidad o de vulnerabilidad del mismo entorno. 

4. Las prácticas coercitivas

Entre las críticas más fuertes que se han hecho a la psiquiatría desde el siglo pasado están el internamiento psiquiátrico obligado y las prácticas de contención como las ataduras, la terapia electroconvulsiva y la sobremedicalización.

Lejos de ser concebida como un conjunto de técnicas (y por lo tanto libre de valores), la Psiquiatría Crítica busca revisar constantemente las prácticas que se promueven y sus posibles efectos perjudiciales (desde el paternalismo intrínseco en la práctica clínica hasta las actitudes estigmatizantes o las prácticas explícitamente agresivas).

En muchos contextos se han promovido alternativas que van desde el cierre de hospitales psiquiátricos o la desmedicalización paulatina, hasta la creación de centros comunitarios y el reforzamiento de una salud mental que se promueva de una manera más colectiva y menos coercitiva. 

5. Base teórica y filosófica de la psiquiatría

La Psiquiatría Crítica cuestiona el dualismo mente-cuerpo que fundamenta a la psiquiatría biomédica tradicional, así como la ideología biologicista que reduce la salud y la enfermedad mental a las ciencias moleculares del cerebro.

Esto último hace que se consideren una serie de demandas sociales donde la psiquiatría se estaba posicionando como la única o la mejor solución para entender los problemas de la gente; lo que muchas veces se traduce en la omisión de las carencias afectivas, sociales o económicas promovidas por las estructuras sociales.

Finalmente y dado que la atención a los problemas de salud mental es un fenómeno globalizado, a pesar de haberse generado e impulsado con base en las necesidades del contexto europeo y estadounidense, la corriente de la Psiquiatría Crítica ha tenido repercusiones alrededor del mundo.

No obstante, esta no es la única crítica que se ha hecho a la psiquiatría tradicional. Por ejemplo, en las ciencias sociales como la antropologia, la psicologia social o la sociología en latinoamérica se han investigado recientemente las formas comunitarias de atención a la salud (incluida la salud mental), así como las formas prehispánicas de comprender lo que de momento llamamos “trastorno” o “enfermedad mental”; a la par de las carencias en la atención institucional y en los servicios de salud mental más tradicionales.

domingo, 17 de abril de 2022

Cómo la depresión cambia la forma de actuar y pensar


CUCA SUAREZ BLAY     |     TopDoctors     |     22/03/2022 

La depresión es uno de los problemas emocionales más frecuentes; este trastorno conlleva cambios en la manera en la que sentimos, pensamos y actuamos

¿Qué emociones se sienten?

  • Tristeza
  • Irritabilidad
  • Ansiedad
  • Culpa

Todas estas, entre otras emociones que nos resultan desagradables.

¿Qué sensaciones físicas hay?

  • Cansancio continuo y/o excesivo
  • Pérdida o exceso de apetito
  • Problemas de sueño
  • Tensión muscular
  • Presión en el pecho

¿Cómo cambia la forma de pensar?

Se tiende a ver una realidad distorsionada, desde el pesimismo y la negatividad. No se acaba de entender bien la vida ni cómo ni por qué suceden las cosas. No hay esperanza hacia el futuro y se tienen pocas ganas de continuar.

¿Cómo cambia la manera de actuar?

Se pierden las ganas por hacer actividades como quedar con gente, salir a la calle, dedicar tiempo a las aficiones e incluso ir al trabajo. Domina la pasividad y la inercia. 

La medicación antidepresiva funciona a corto plazo, pero el problema es que si no se acompaña de un tratamiento psicológico, cuando la persona deje de tomar el fármaco, probablemente recaiga en la depresión. 

Por lo tanto, la mejor opción es el uso de fármacos, que ayudan a estabilizar el estado de ánimo, junto al tratamiento psicológico que tiene un efecto a largo plazo, porque enseña habilidades de afrontamiento para prevenir posibles recaídas. 

En las primeras fases de la terapia cognitivo-conductual se emplean técnicas para acercarse al nivel de funcionamiento que la persona tenía antes de la depresión. A raíz de conseguir este objetivo se usan técnicas para trabajar las distorsiones cognitivas y los pensamientos negativos y automáticos.

 

sábado, 16 de abril de 2022

La solución de los problemas está en un nivel superior de consciencia


SERGI MORA      |        Psicología y Mente

Solucionar problemas implica ir más allá del puro intelecto.

No es lo mismo sabiduría que intelecto. La sabiduría es la inteligencia del corazón. El intelecto es la inteligencia de la mente.

Cuanto más amas, más sabio o consciente eres de la realidad. Cuanto más miedo tienes (lo contrario del amor), menos consciente eres y más te dejas engañar por tu propio ego (o el ego de los demás).

El corazón está gobernado por el amor, es decir, por la comprensión de que tú y yo no somos dos (igual que una ola no es distinta a otra ola, sino que son el mismo océano). Para el intelecto somos olas diferentes y punto (no ve la unidad subyacente), pero para el amor somos expresiones de la misma esencia.

La diferencia entre sabiduría e intelecto

La física cuántica empieza a acercarse al paradigma de la sabiduría cuando demuestra que “el observador influye en lo observado”. Lo que todavía no ha demostrado la ciencia es que lo observado es realmente el mismo observador. No intentes comprender intelectualmente lo que acabo de decir, pues la naturaleza dual del intelecto te lo impide.

El intelecto es muy bueno diseccionando la realidad, igual que puede diseccionar un elefante en sus partes anatómicas (trompa, oreja, cola…) pero no es nada bueno comprendiendo el conjunto (elefante) de la realidad. Para ello necesitas subir de nivel de consciencia y usar la sabiduría.

El intelecto está gobernado por el ego (que en el fondo es un pensamiento que se autodenomina “yo”). La sabiduría está gobernada por el amor y la intuición, que es una comprensión directa (y no dual) de la realidad sin la intervención de los sentidos físicos. La sabiduría sabe y el intelecto conoce (o cree conocer). El intelecto pertenece a la naturaleza inferior del ser humano, y la sabiduría pertenece a su naturaleza superior.

Del mismo modo que podemos observar distintos grados en la capacidad intelectual de las personas, existen distintos grados en el nivel de consciencia de las mismas. Y no van necesariamente de la mano. Se puede tener una gran capacidad intelectual (de memoria, de creatividad, de lógica…) pero un bajo grado de consciencia (o sabiduría). El grado de consciencia se puede medir por el grado de luz y paz que desprende esa persona. Cuanto más sabio o consciente, menos juzgas pues más comprendes. Cuanto más sabio, más ves la perfección de todo y más despiertas (con tu simple presencia) la perfección en los demás.

Cuanto más consciente te vuelves de quién eres realmente (más allá de lo que te dicen tus sentidos o tus creencias), más sabio eres. Suele ocurrir que cuanto más intelecto tienes (a menudo representado por el número de títulos académicos que tienes) más te pierdes en los árboles del ego y menos ves el bosque. Un poeta suele estar más cerca de la Verdad que un premio nobel de física. No siempre es así, pero lo que quiero decir es que hoy en día abunda mucho intelecto al servicio del ego y poco intelecto al servicio de lo que es correcto o sabio.

Cómo medir nuestro grado de sabiduría

El Doctor David R. Hawkins fue un renombrado psiquiatra que desarrolló un mapa de la consciencia del ser humano. La consciencia se puede medir (mediante un test muscular) entre 0 y 1.000 grados. Una persona que no quiere vivir (y se quiere suicidar) calibra muy bajo, cerca de 10 o 0 grados. Una persona que vive en éxtasis continuo y desprende paz, gozo y dicha, calibra a 1.000 grados y se puede considerar la más sabia.

Cuando un ser humano calibra por debajo de 200, ese ser humano vive en el paradigma del ego (cuya emoción principal es el miedo y el ansia de control o poder). Cuando un ser humano vibra por encima de los 200, empieza a estar despierto a su naturaleza superior (cuya emoción principal es el amor, la paz y la comprensión). Una persona totalmente “despierta” como cualquier gran Avatar, calibraría a 1.000 (que representa la máxima sabiduría, amor y verdad).

Alguien humilde que transmita paz tiene tremendo poder y tiene mucha más fuerza que 1.000.000 de hombres poco despiertos. Recordad por ejemplo el poder que demostró Gandhi. Ni todos los tanques y soldados del imperio británico pudieron vencer su paz. Pero no todos los hombres despiertos acaban bien.

La mayoría, en un mundo inconsciente, acaban marginados o asesinados. Un hombre sabio es una amenaza para el ego de muchos pues cuestiona la base poco sólida sobre la que sustentan sus vidas. Y el ego, que prefiere tener razón antes que reconocer la Verdad, opta por querer cambiar a los demás (o apartarlos) del sistema.

El punto de inflexión en la evolución de cada individuo

Doscientos es un nivel muy importante, pues es a partir de ese nivel de consciencia que uno tiene el coraje de ver su propia sombra psicológica e ir más allá de su ego. A partir de 200 uno empieza a mirar adentro y asumir su responsabilidad. A partir de 200 uno deja de quejarse (o sentirse víctima y vivir desde el miedo). A partir de 200, uno deja de seguir al rebaño de forma inconsciente pues se ha dado cuenta que eso es una forma de ceder su responsabilidad.

En este mundo la mayoría calibran (según el Doctor Hawkins) una media de 207. Pero un gran porcentaje de la población calibran por debajo de 200, y por eso se dejan llevar fácilmente por su propio ego y es fácilmente manipulable por los egos de los demás. Por eso tenemos un mundo convulso, lleno de corrupción e injusticias. Vivimos en un mundo de ovejas, gobernado por una panda de lobos que a su vez están influidos por un puñado de buitres. Es un mundo gobernado por personas que ansían el poder y usan el miedo como forma de control. Pero quienes calibran por debajo de 200 no son capaces de ver tal oscuridad. No tienen luz (consciencia) suficiente para ver lo falso como falso.

El sabio tiene la claridad suficiente para ver la realidad sin los filtros o distorsiones del ego o del miedo. Y cuando dice lo que percibe y cuestiona la narrativa oficial (para controlar al rebaño) es menospreciado o considerado un loco. Pero no los llaman locos sino “antisistema” o “negacionistas” o “conspiranoicos”. Todo eso son etiquetas para ridiculizar (uso de agresividad pasiva).

En una sociedad donde la mayoría calibra por debajo de 200 y por lo tanto está gobernada por su ego, el sabio no encaja. El sabio no sigue la norma y la mayoría lo considera como la oveja negra, es decir, lo ve como una amenaza a su sentido de pertenencia a una sociedad enferma (o inconsciente).

El ego busca refugio en el rebaño. El ego cree a ciegas en el pastor (papá estado o papá institución o papá amigos y familia). El ego proyecta su miedo en forma de agresividad cuando ve amenazada su falsa seguridad. El ego no sabe que vive en la oscuridad (inconsciencia) y tiene miedo de ver desmontada su realidad basada en cómodas mentiras. Cuando un ego ve a una persona despierta (sabia) se defiende atacando, juzgando, acusando y ridiculizando. No verás nunca a un sabio agredir ni ridiculizar a nadie porque el sabio vive en contacto con el amor, y vive tranquilo pues sabe discernir entre lo que es verdad y lo que no lo es.                                                                                                                                                                           Hay quien prefiere la verdad y hay quien prefiere tener razón

Cuando calibras por debajo de 200, tus prioridades son la seguridad, el confort, la riqueza o el poder por encima de la Verdad. Cuando el intelecto está al servicio de la Verdad (que calibra a 1.000) y no al servicio de intereses propios (ego), entonces tenemos un intelecto iluminado.

Einstein era una mente brillante, no solo por su alto coeficiente intelectual, sino porque su intelecto estaba al servicio de su sabiduría. Según el Doctor David R. Hawkins, Einstein calibraba a 499. Una de las frases más famosas de Einstein fue “no podemos resolver un problema en el mismo nivel donde lo hemos creado”. Por nivel, se refería al nivel de consciencia. El 100% de los problemas se resuelven a medida que incrementas tu nivel de consciencia y desaparecen del todo cuando subes al nivel de consciencia de 600 (que representa el primer grado de la iluminación).

El momento de la verdad para la humanidad

Hoy en día asistimos a un momento importante para la Humanidad. Estamos ante un momento donde cada uno debemos decidir si seguir el camino fácil (y seguro) que dicta una autoridad (y unos medios de control o comunicación que propagan una única narrativa y censuran cualquier otra posibilidad) o bien seguir el camino estrecho de escuchar nuestra intuición, aunque eso suponga dejar de seguir a la mayoría.

Sabremos cuál es el camino correcto por el grado de presión o libertad que sentimos. Si algo nos presiona (y no nos deja pensar libremente), no es el camino de la verdad. Si alguien se hace pasar por nuestro consejero y usa la amenaza o el miedo como forma de coerción, no es el camino de la verdad. El camino de la verdad nunca presiona, nunca mete miedo. La verdad nos hará libres para asumir nuestra responsabilidad y además no nos ridiculizará, sino que nos amará sea cual sea nuestra decisión.

Cómo incrementar nuestra sabiduría o nivel de consciencia

La mente debe iluminarse con la sabiduría si queremos trascender (resolver de raíz) los problemas. Y la forma más fácil de incrementar nuestro grado de luz (o consciencia) es expandiendo nuestro amor. A medida que incrementamos nuestra autoestima (y, por lo tanto, el amor a la Verdad que somos), incrementamos nuestra sabiduría.

El amor empieza a manifestarse cuando perdemos el miedo a decidir por nosotros mismos (se llama coraje). Debemos aprender a amar la Verdad, aunque eso suponga la incomodidad de tener que hacer cambios de creencias, de hábitos o de relaciones. Pero recuerda que la Verdad sólo es incómoda para nuestro ego, pues vive atrapado en un sueño de seguridad, de querer agradar y pertenecer al rebaño.

Como coach personal, una de las enseñanzas que más transmito a mis clientes es el concepto de responsabilidad. Ser responsable es tener claro que “solo tú debes estar satisfecho con tus decisiones, y sólo él/ella/ellos/ellas deben estar satisfechos o satisfechas con las suyas”. Es decir, no confundamos esto que acabo de decir con “egoísmo”.

Por ejemplo, si se trata de salud, “solo yo soy responsable de mi salud, y solo tu de la tuya. Querer que yo cambie para tu sentirte seguro es ser egoísta. Quere que tu cambies para yo tener menos miedo, es ser egoísta. Dejar que los políticos decidan sobre tu salud sin cuestionarte nada, eso es ceder tu responsabilidad, pero, al fin y al cabo, es tu decisión. Pero querer que todo el mundo haga igual (porque así nos bombardean los medios), eso es un ataque a la libertad del ser humano y tratarlo como a una oveja irresponsable.

Asumir la responsabilidad de tus propias decisiones significa pensar por ti mismo y no ceder ese poder a nadie. Y para poder tomar decisiones, lo mejor es informarse bien (intelectualmente) y, sobre todo, subir tu nivel de consciencia (sabiduría). Recuerda que lo que para el ego puede ser una verdad, desde un nivel superior de consciencia, se ve claramente la falsedad. Si para el ego una serpiente representa un problema, para la sabiduría, esa serpiente no era más que una ilusión de luces y sombras y no es más que una simple cuerda expuesta a poca luz.