jueves, 11 de agosto de 2022

María Ibánez y Jesús Jiménez, psicólogos: "Hay que aprender a ser investigador de uno mismo"


ALDARA MARTITEGUI    |     Nius diario     |     02/01/2022

Entrevistamos a los psicólogos María Ibáñez y Jesús Jiménez, autores de ‘Ordena tu mente para ordenar tu vida’


En su libro, nos enseñan a pensar de manera inteligente, dándonos cuenta de los errores que cometemos


Los autores explican por qué los errores del pensamiento son una fuente de sufrimiento para el ser humano

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Los niños deberían aprender desde muy pequeños en el colegio y en casa a pensar bien, a comprender cómo funciona la mente; cómo los pensamientos, muchas veces, nos llevan de acá para allá como si estuviéramos cabalgando un caballo desbocado; a darse cuenta de que los humanos tendemos a creernos casi todo lo que pensamos sin cuestionarnos nuestros propios pensamientos y que, por ello, cometemos innumerables errores cognitivos que afectan de manera directa a nuestro bienestar y a nuestra manera de vivir. Estoy segura de que si me hubieran enseñado a pensar de manera inteligente en el cole, mi vida hubiera sido muy diferente…pero ¿quién me lo iba a enseñar, si hace 35 años se sabía muy poco de esto y lo que se sabía quedaba muy restringido al ámbito de la psicología?

 

“Es que la gente enseña lo que sabe, no puede enseñar lo que no sabe” explica la psicoterapeuta María Ibáñez, coautora -junto al psicólogo Jesús Jiménez- del libro Ordena tu mente para ordenar tu vida (La Esfera de los libros, 2021). “El ser humano está evolucionando, ¿quién te iba a enseñar todo eso si la gente no lo sabía?...si tus padres no lo saben ¿quién te lo iba a enseñar si a ellos no se lo enseñaron?” puntualiza Jesús Jiménez.

 

Tomo nota de este sesgo de negatividad que tengo y, desde este momento, me comprometo a dejar de lamentarme y de culpar al sistema educativo de haberme empujado a acumular contenidos en mi memoria como si fuera un disco duro, en vez de enseñarme a pensar con inteligencia. Si no lo hicieron, probablemente fue… ¡porque no sabían cómo!

 

La clave es que ahora sí sabemos cómo hacerlo. De hecho, María Ibáñez y Jesús Jiménez dan buena cuenta de ello en su último libro. Ahora sí ha llegado el momento; ahora sí estamos preparados para aprender a pensar correctamente: porque hay personas que nos pueden enseñar y porque hay personas con interés por aprender. La pandemia, por ejemplo -explica Jesús Jiménez- ha despertado mucho interés por la introspección, porque hay una necesidad muy grande de entenderse a uno mismo. Esta tendencia “se va a acabar imponiendo, porque la gente lo necesita, la gente necesita dejar de sufrir”, asegura.

 

Pregunta: Vuestro libro, Ordena tu mente para ordenar tu vida

 

María Ibáñez: Fíjate que todo el mundo piensa, pero muy poca gente sabe reflexionar, darse cuenta de los errores del pensamiento…y sobre la inteligencia emocional pues decir que una persona cuando es inteligente, es inteligente en todos los campos, no solo emocionalmente.

 

Jesús Jiménez: En este libro lo hablamos poco, pero en el anterior lo hablábamos más: que lo que llaman inteligencia emocional, es muy racional. O sea, no se explica adecuadamente cómo se afronta una emoción (…) las soluciones para las emociones suelen ser racionales: Haz deporte, cuenta hasta diez, piensa en otra cosa…en realidad, la inteligencia emocional y la racional van juntas, no hay dos…solo hay una y, para ser realmente inteligente emocionalmente, hay que comprender la causa de la emoción, no vale solo con gestionarla, que es lo que se está diciendo mucho ahora.

 
El ser humano tiene que darse cuenta de que lo de fuera es muy importante, pero lo de dentro es vital y, por lo tanto, tiene que parar a observarse (María Ibáñez, psicoterapeuta)
 

P: En el libro habláis mucho de lo necesaria que es la introspección -parar y mirar para adentro- para uno poder darse cuenta de cómo piensa, de sus errores y, desde ese darse cuenta, poder cambiar la manera de pensar. ¿No os parece que la sociedad actual a lo que nos empuja es a hacer todo lo contrario? Me refiero a no dejar nunca de hacer cosas, a ser muy productivos…


María Ibáñez: Es verdad que el sistema empuja a hacer; a hacer siempre hacia fuera, desde uno mismo hacia fuera. Pero el sistema lo componemos cada ser humano, luego no podemos cambiar el sistema si no cambiamos como seres humanos, si no entendemos la importancia de investigarse a uno mismo, de pararse a observar lo que uno piensa, cómo piensa, lo que siente, por qué…tiene que haber curiosidad, tiene que haber que uno se dé cuenta de que la felicidad no viene de fuera (…) el ser humano tiene que darse cuenta de que lo de fuera es muy importante, pero lo de dentro es vital y, por lo tanto, tiene que parar a observarse, a observar qué tipo de pensamientos tiene, cuáles son los correctos, los incorrectos, los que le perjudican, los que no. Eso es muy importante (…) Hay que aprender a ser investigador de uno mismo, tener curiosidad por conocerte, por saber dónde sientes una emoción, de dónde nace un pensamiento, tener curiosidad por indagar, por ahondar en el conocimiento de uno mismo.

 

Jesús Jiménez: En el libro, aclaramos que uno no puede parar de vivir hasta estar bien y luego empezar otra vez, sino que tienes que incorporarlo a tu vida diaria sin mucha exigencia, sin querer hacerlo todo en un día, sino ir incorporando la atención al día a día, para ir dándote cuenta de cosas…es como si tuvieras que hacer un puzle a la vez que trabajas…pues de vez en cuando te acercas, pones una pieza, luego sigues…otro rato te acercas y pones otra pieza (…) En el libro vamos dando pistas para ir incorporando esto a la vida cotidiana, por ejemplo, hacemos mucho hincapié en no caer en la exigencia, sino en ir apoyándote para ir aprendiendo, cada uno desde donde está, a tratar de ir incorporando esto, pero sin exigirte, sino más bien como si fuera un viaje o un paseo…

 

P: ¿Es necesaria siempre la ayuda de un psicoterapeuta para hacer este trabajo de introspección?

 

Jesús Jiménez: Nosotros tratamos de dar herramientas, porque no todo el mundo puede ir a terapia o no todo el mundo tiene acceso, o no todo el mundo tiene un trastorno tan grave como para sentirse en peligro e ir a terapia. Pero sí hay pautas que le pueden ayudar a entender qué es lo que le pasa. Ese es nuestro objetivo con este libro (…) hacemos el libro lo más accesible posible y ponemos casos de la vida cotidiana, reales, pero a pesar de la dificultad, no nos resignamos a que cada persona pueda intentarlo por su cuenta a pesar de que el camino es arduo, es largo. Desde luego que alguien que te pueda ayudar, que entienda bien de eso, pues desde luego que es una ayuda. Pero no queremos banalizarlo: decir que se puede ser feliz en tres días y tampoco transmitir la idea de que es muy difícil o es imposible o que sin ayuda no puedes conseguirlo.

 

María Ibáñez: De lo que se trata es de cambiar la dirección. En la vida, el ser humano, tiene una dirección y es la de conseguir, lograr, la autoexigencia, ser mejor que los demás, conseguir lo que uno se propone, las metas…con los libros que escribimos, lo que intentamos es que la gente cambie de dirección, porque ese rumbo que le ha dado a su vida es una vida de sufrimiento, de competitividad, de lucha contra uno mismo y contra los demás y nosotros proponemos dejar de luchar, empezar a vivir aprendiendo, con afecto hacia uno mismo, sin exigencia. Y eso es como un cambio de rumbo que no es muy difícil y que poco a poco la gente lo puede hacer…y ¿cómo lo puedes hacer?, dándote cuenta de los errores que cometes…

 

Si uno se va dando cuenta de esos errores, el simple hecho de darse cuenta, hace que pierdan fuerza (Jesús Jiménez, psicólogo)
 
P: Y la cantidad de errores de pensamiento que cometemos es una barbaridad, como contáis en el libro…en los casos reales que compartís, vemos que son errores como fáciles de detectar desde fuera en los demás. Pero los nuestros…no es tan sencillo verlos.

 

Jesús Jiménez: Pero fíjate es que están tan extendidos [los errores] que mucha gente nos dices: ¡es que parece que el libro está escrito para mí! Eso es porque se sienten identificados, porque son errores comunes de la mayoría de la gente. Con más o menos gravedad o intensidad, pero son errores muy comunes.

 

María Ibáñez: Por ejemplo, hay mucha gente que tiene mucho miedo a no saber, gente que dice; “yo, en la carrera, nunca hice una pregunta en público porque me daba terror hacer el ridículo”. Son personas a las que les cuesta mucho mostrar que no saben algo. Ese miedo a mostrar que no saben algo, les va a hacer exigirse, disimular…y eso es sufrimiento. Eso no es un defecto, sino es un problema en su propia mente que les lleva a sufrir. Por lo tanto, a esa persona le interesa darse cuenta y decir ¿cómo resuelvo esto?, ¿cuál es la causa? y esta causa ¿de dónde viene? Y por ahí, ir resolviéndolo.

 

P: Uno de los problemas más extendidos es que nos identificamos con lo que pensamos, ¿creemos que somos lo que pensamos?

 

María Ibáñez: Digamos que el pensamiento es un instrumento: uno no es el pensamiento, pero ni siquiera la gente es consciente de su propio pensamiento. Si tú revisas a lo largo de tu día y dices: "¿qué he pensado de 11 a 12?" Igual ni te acuerdas, no sabes, porque el pensamiento no es solo el pensamiento consciente, sino que hay una gran parte del pensamiento que pasa de manera inconsciente y que sigue afectándote, porque el pensamiento produce emociones y además el pensamiento tiene su propia causa, luego está en un proceso de retroalimentación positiva que a la gente le hace sufrir y que no consigue parar ese tipo de pensamiento porque cuando intenta pararlo el pensamiento se activa, no puede parar. Lo que hay que hacer es entender la causa, entonces sí, el pensamiento se detiene. Pero el problema es que la gente no es consciente de su propio pensamiento. Es como si fueran sentados encima de un caballo salvaje, no saben dónde les lleva el pensamiento. A ratos cortos es consciente de lo que piensa, pero hay mucha gente que dice: "me paso el día pensando en qué voy a hacer mañana: esto y lo otro…pero ¡si ya me lo sé! ¿porque lo tengo que pensar?” Pues porque es una huida hacia delante, porque el pensamiento está siendo utilizado para escapar de la parte interna, de las emociones y, lo que hay que hacer, es ser consciente de esa causa. No reprimirla, sino entenderla.

 

Jesús Jiménez: Una de las dificultades más grandes, es identificarse con el pensamiento y no ser consciente de él. Pero todos estos errores en realidad son aprendidos, son aprendidos porque son comunes y se transmiten incluso sin proponérselo. Por ejemplo, cuando eres pequeño y te dicen: “no te enfades”…pues el niño dice “¿y cómo hago?” Pues va aprendiendo y se pregunta “¿cómo hacen los demás? Pues mi padre, cuando se enfada, aprieta los dientes y piensa en otra cosa...pues yo voy a hacer lo mismo”. O sea, se va imitando sin ser conscientes y se van asumiendo los errores comunes y eso se retroalimenta. Pero si uno se va dando cuenta de esos errores, el simple hecho de darse cuenta, hace que pierdan fuerza. Y luego puede ir cambiando eso, porque uno no es eso, sino que uno ha aprendido a reaccionar así.

 

P: ¿Cuáles son los errores más comunes que cometemos las personas?

 

Jesús Jiménez: La mayoría comete errores de interpretación; los sesgos cognitivos son muy conocidos, lo de criticarse, desear el mal al otro cuando te enfadas, reaccionar con ira, querer resolver las cosas a la fuerza…todos esos son errores muy comunes y que, además, hace unos años se han difundido hasta la saciedad : “persigue tus sueños, lucha, no desfallezcas,” en vez de “entiende qué pasa, mira a ver si eso te va bien o mal”…o sea, esta idea de la fuerza como solución, se ha difundido mucho y la gente lo adopta. Son errores compartidos.

 

María Ibáñez: Es por ejemplo como el metaverso que está ahora tan de moda, eso ya es el colmo de la fantasía: vive mal, que luego ya te metes en tu casa, te pones a fantasear y ya lo solucionas...¡eso es un desastre para la mente! porque la fantasía es un gasto energético y es muy adictiva, es muy perjudicial, gastas la energía en una cosa ficticia en vez de resolver tu vida y ponerla en orden.

 

P: ¿Creéis que cualquier método de introspección es bueno?, ¿o necesitamos filtrar? Porque ahí fuera, en el ‘mercado de felicidad’ vemos que hay ofertas de todo tipo y gente que dice que a ellos les funcionan...

 

Jesús Jiménez: No, nosotros hemos investigado de todo, además de estudiar una carrera, verás que esto no es así (…) en realidad es como si fueran niveles de profundidad. No es que valga todo para todo, es como si alguien dice: "es que a mí, cuando se me estropea el coche le doy una patada y arranca otra vez". Bueno, pero claro eso no es una solución, de momento sí funciona: debe haber una pieza suelta y cuando le das una patada se coloca en su sitio, pero eso no puede ser la solución. Entonces, las diferentes técnicas tocan hasta un punto determinadas cosas…unas con más acierto, otras con menos y otras, en realidad, no sirven para nada. Pero aunque suene un poco fuerte decirlo así, en realidad, solo hay una manera de resolver los problemas, que es comprendiéndolos. Todo lo que te acerca a comprender el problema racional y emocionalmente sí va a servir. Si lo entiendes bien, no necesitas tantas técnicas y tantos abordajes. Es que comprender y resolver van juntos. Cuanto más comprendes en profundidad, más resuelves, porque es así…-llevamos 25 años haciendo terapia y vemos que es así: cuando la gente comprende, cambia. Cuando la gente se convence de algo, no cambia.

miércoles, 10 de agosto de 2022

La mujer que fue amable con todo el mundo un año: esto es lo que aprendió


BEATRIZ BENÉITEZ BURGADA      |      La Vanguardia     |     22/03/2022
 
Diversos estudios demuestran que realizar actos de bondad, ser amable y ayudar a otros puede ser bueno para la salud y el bienestar de las personas.
 
Realizar actos de bondad, ser amable y ayudar a otros puede ser bueno para la salud y el bienestar de las personas. Así lo recoge un estudio publicado por la Asociación Estadounidense de Psicología, publicado en Psychological Bulletin que añade que “el comportamiento prosocial (altruismo, cooperación, confianza y compasión) son ingredientes necesarios para una sociedad armoniosa y que funcione bien”. Así lo explicó Bryant PH Huy, profesor de investigación en la Universidad de Holg Kong, autor principal de este metaanálisis.
 
Estudios anteriores han sugerido que las personas que se involucran en un comportamiento más prosocial son más felices y tienen una mejor salud física y mental que aquellas que no dedican tanto tiempo a ayudar a los demás. Una nueva investigación realizada en la Universidad de Missouri, encontró que las relaciones positivas entre maestros y estudiantes también conducen a una mejor enseñanza. Los hallazgos muestran la importancia de que los maestros sean amables, compasión y preocupación por los demás, en comparación con enseñar a los estudiantes únicamente las habilidades tradicionales.
 
 Más allá de nuestro comportamiento hacia los demás, ser amable con uno mismo es beneficioso para la salud. Así lo afirma un equipo de investigadores de Psicología de la Salud de la Universidad de Pittsburg en un estudio reciente: las mujeres que practican la autocompasión tenían un menor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, independientemente de otros factores de riesgo tradicionales.
 
La ciencia ha demostrado que la amabilidad desencadena una serie de neurotransmisores en el cerebro, que no son otra cosa sino mensajeros químicos que ayudan a controlar nuestro estado de ánimo y a ayudan a que aumente la sensación de que conectamos con otras personas, además de alejar de la mente y, por lo tanto, del cuerpo, sensaciones desagradables como el estrés y la ansiedad.
 
Una experiencia conmovedora, pero agotadora
 
Bernadette Rusell ha contado a la BBC la experiencia que decidió vivir: ser especialmente amable con todo el mundo durante un año. Según ella misma explica, fue muy inspirador, pero también agotador y añade que “estaba como drogada todos los días”, ya que durante doce meses se dedicó a ayudar a todas las personas que podía, algo que llegó a resultar conmovedor, ocasionalmente caro e, incluso en alguna ocasión, físicamente peligroso (por ejemplo, cuando llevó la bolsa de la compra a una señora durante más de seis kilómetros).
 
Esta historia comenzó, según cuenta a la BBC su protagonista, en el año 2011, cuando ella estaba sentada en un café disfrutando de su desayuno, cuando vio en la televisión un autobús en llamas en Londres. Eran los disturbios desatados por la muerte de Mark Duggan, un joven de 29 años que había sido asesinado a tiros por la polícía en agosto de ese año en Tottenham.
 
La visión de las imágenes de los disturbios , así como la respuesta a los mismos, impactaron a Bernadette y le parecieron aterradoras. Cuenta que empezó a desesperarse “más y más, por lo que sentía como la enormidad de los problemas del mundo” y quería hacer algo, pero no sabía exactamente el qué.
 
La respuesta le llegó tiempo más tarde, cuando se encontraba en una oficina de correos. Fue entonces cuando vio que a otra persona le faltaban unos peniques para comprar un sello. Ella se los dio y su sorpresa fue la enorme muestra de gratitud que recibió por parte de aquel extraño. Pensó entonces lo poco que le había costado dibujar una sonrisa en el rostro de la persona a la que había ayudado.
 
Ese día, en el camino de vuelta a casa, se inventó el temerario plan de tratar de ser bondadosa con los extraños durante un año algo que, asegura, le cambió la vida. Bernadette cuenta que la mayor parte del tiempo sentía “una especie de resplandor cálido que envolvía mi corazón”. Relata que se sentía muy bien y añade que para ella “ser amable es parte del propósito de estar vivo”.
 
Parece claro que la amabilidad y la bondad tienen el potencial de hacer del mundo un lugar más feliz, de aumentar los sentimientos de confianza, optimismo y alegría. Y, en estos tiempos de guerra y pandemia, parece más necesaria que nunca.    
 

domingo, 7 de agosto de 2022

Hipocondría y nosofobia: cuando la enfermedad se convierte en obsesión


Dr. SERGIO OLIVEROS CALVO       |      TopDoctors
Editado por Patricia Pujante Crespo

 “Sé que me estoy muriendo, doctor. Nadie da con lo que tengo pero estoy seguro de que es un tumor. La resonancia magnética sale negativa pero el dolor de cabeza me indica que el tumor está ahí. Pero es tan pequeño que la resonancia no lo ve. Ya lo verá en dos meses, cuando me haya muerto. He aceptado venir a su consulta para que consiga hacerme dormir, llevo tres días sin pegar ojo, pero usted no me va a hacer creer que no tengo nada”. Este es el testimonio de Jerónimo, un paciente que acudió a consulta con un trastorno de ansiedad por enfermedad, nueva denominación para la hipocondría por el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders 5 (DSM).
 
Vivimos en una sociedad continuamente pendiente de mejorar y mantener su salud. Sin embargo, una pequeña proporción de la población vive aterrorizada por sufrir una enfermedad que no padecen. Son aquellos que sufren nosofobia e hipocondría. Para ellos una cefalea es un redoble de tambor por una muerte próxima. Sin embargo, son dos conceptos que suelen agruparse erróneamente y confundirse bajo el término genérico de hipocondría. Pero esta confusión de términos puede suponer un abordaje erróneo de los pacientes.
 
Una pequeña proporción de la población vive aterrorizada por sufrir una enfermedad que no padecen
 
Hipocondría o trastorno de ansiedad por enfermedad
 
La hipocondría es un trastorno en el que el paciente cree firmemente ser víctima de una enfermedad grave y que no se le está diagnosticando. Afecta al 5% de la población y suele aparecer entre los 20 y 30 años, alcanzando su máximo sobre los 40.
 
No hay diferencias entre sexos. Se cree que las personas que sufren de hipocondría suelen tener una alta tasa de enfermedades médicas en la infancia, así como crianzas sobreprotectoras y demasiado preocupadas por las enfermedades. Además, frecuentemente hay una exposición precoz a la muerte o algún familiar con enfermedades graves.
 
Las personas con hipocondría pueden tener síntomas físicos o no, a partir de los cuales establecen su creencia. No obstante, la persona con hipocondría pasa muchas horas buscando información en internet, en asociaciones… sobre la enfermedad que cree tener, así como el porcentaje de fiabilidad de las pruebas diagnósticas que existen. La abundante cantidad de información que hay en internet ha agravado la hipocondría hasta el punto de llamarse cibercondría.
 
Por otra parte, que haya una prueba negativa no tranquiliza al paciente, al contrario, ya que cree que se han equivocado, que su sensibilidad no es suficiente o que aún no era el momento de realizarla, y que cuando se vuelva a hacer saldrá positiva. Creen que el médico que no les ha sabido diagnosticar no es buen médico y de ahí que no haya sabido llegar al diagnóstico. Eso les hace buscar “otro mejor”, y se les considera adictos al “doctor shopping”.
 
A menudo estas personas tienen otros síntomas como insomnio, tristeza, llanto, dificultades para concentrarse y disminución del rendimiento laboral, doméstico o académico. Además, es normal el absentismo laboral por bajas por enfermedad y visitas médicas, así como cierta inestabilidad laboral y problemas económicos derivados, incluyendo gastos médicos.
 
Tipos de hipocondría y cómo distinguirlos
 
Existen diversos tipos de hipocondría, según las características y síntomas que presente el paciente, según establece el Dr. Brian Fallon, psiquiatra de la Universidad de Columbia:
 
  • Hipocondría obsesivo-ansiosa. Es la hipocondría más común. El paciente está continuamente atento a nuevos síntomas, comprueba continuamente las pruebas y se muestra un pensamiento rígido. Sin embargo, no suele tener síntomas físicos, o son mínimos.
  • Hipocondría depresiva: abundan los síntomas de depresión, ya que el temor hipocondríaco guarda relación con los sentimientos de culpa. El paciente vive la enfermedad como un castigo merecido. Puede haber riesgo de suicidio.
  • Hipocondría somatoforme: son predominantes lo síntomas físicos, que ponen de manifiesto una enfermedad real, si bien esta no tiene la gravedad que el paciente considera.
¿Qué es la nosofobia?
 
La nosofobia se parece a la hipocondría pero en este tipo de paciente el temor a sufrir una enfermedad mortal en un futuro indeterminado es irracional e incontrolable. En estos casos el miedo a tener alguna enfermedad es tan intenso que el paciente intenta evitar cualquier circunstancia que pueda confirmarlo. Así, prefiere cerrar los ojos y vivir sin saberlo porque, a veces, la ansiedad es tan intensa que impide ver incluso películas sobre enfermedades.
 
Es frecuente que los pacientes con nosofobia tengan también miedo a envejecer. Hacen todo lo posible por mantenerse y aparentar ser jóvenes. También es común que estos pacientes muestren tanatofobia, o miedo a la muerte, ya que es la mayor amenaza para ellos.
 
¿Qué diferencia la hipocondría de la nosofobia?
 
En ambos trastornos es la preocupación por la enfermedad el nexo común. Sin embargo, hay ciertas diferencias:
 
  • En la hipocondría el paciente está seguro de que ya padece una enfermedad, mientras que en la nosofobia el miedo es contraerla.
  • El paciente hipocondríaco se basa en un doctor shopping para demostrar que sufre la enfermedad, mientras que el paciente con nosofobia evita ir al médico.
  • El paciente con hipocondría tiene rigidez de pensamiento y cree que es portador de una enfermedad terminal. El paciente nosofóbico no se preocupa si está lejos de lo que puede causarle la enfermedad.
  • En la hipocondría el paciente se informa constantemente sobre la enfermedad. El nosofóbico, en cambio, no es ni capaz de ver una serie, por no sentirse identificado.
  • El paciente con hipocondría sufre de ansiedad, insomnio, depresión... lo que se traduce en su trabajo y relaciones familiares y sociales. 
Cómo tratar los trastornos de hipocondría o nosofobia desde la Psiquiatría
 
El tratamiento de dichos trastornos debe ser psicoterapéutico, en concreto, la terapia cognitivo conductual. En ambos casos será útil la reestructuración cognitiva. Sin embargo, mientras que en la hipocondría la exposición con prevención de respuesta ofrece buenos resultados, en la nosofobia se elegirá la desensibilización sistemática.
 
También se recomendará el tratamiento farmacológico en casos de hipocondría. El especialista en Psiquiatría será quien deba pautar, en caso necesario, el tratamiento. En pacientes con síntomas obsesivo-ansiosos y depresivos, los ISRS se demostraron útiles.

viernes, 5 de agosto de 2022

Cómo descansar sin culpa

 

ANDRÉS CAMILO ESPINOSA POVEDA    |     LA MENTE ES MARAVILLOSA    |    25 / 07/ 2022
 
¿Cómo descansamos? ¿Qué nos permitimos hacer en nuestro tiempo libre? ¿Qué pasa con esa sensación de culpa que emerge cuando tenemos la sensación de haber estado perdiendo el tiempo? En este artículo, vamos a responder a estas y otras interesantes preguntas.
 
Puede parecer extraño sentir culpa por descansar, pero es más común de lo que parece. Tal vez conozcas la sensación.

Acaba el fin de semana y pasaste todo el tiempo en casa, viendo tu serie favorita con tu familia o tus amigos. Al planear la semana laboral piensas en que no adelantaste nada de trabajo o que no hiciste las labores del mantenimiento del hogar que tenías pensadas, y te inunda una sensación de culpa. Entonces, te prometes que no volverá a pasar… ¿Te ha pasado alguna vez?

Aunque puede parecer que esos sentimientos de culpa son parte de una actitud de perseverancia y motivación por ser mejor, lo cierto es que hacen más mal que bien. Generan un malestar que irónicamente disminuye nuestra productividad.
 
Descansar sin culpa no solo es bueno para la salud, sino que es un derecho que todos tenemos. En esta ocasión vamos a desmontar algunas ideas falsas que nos impiden ejercer ese derecho.

¿De dónde viene la culpa?
La culpa es una emoción que se construye socialmente, por lo cual su funcionamiento depende de la cultura y de los valores interiorizados. Eso quiere decir que aquello que nos hace sentir culpables es, en gran parte, lo que nuestro medio social nos indica que debe hacernos sentir culpables.

Podemos decir que la culpa surge cuando alguna conducta contradice una norma que hemos interiorizado. No basta con que la norma exista o con que estemos al tanto de ella; tiene que ser una regla que se ha incorporado a nuestro sistema de creencias.

Las normas que rompemos y que generan culpa pueden ser determinadas por la religión, la ley, la tradición, entre otras. La culpa por descansar también puede estar influenciada por el modelo económico en el que vivimos.

En la actualidad se premian el éxito y la productividad, por lo que es muy fácil sentir culpa en los días libres, al no enfocarlos en hacer algo relacionado con el rendimiento.

El problema de la productividad
En nuestra cultura se resaltan conceptos como la competencia, la productividad, el éxito, y se definen bajo una mirada económica. Así, solemos entender como actividades productivas aquellas que pueden traducirse en ganancias, ya sean directas o indirectas, y el éxito se mide en función de los ingresos. Es un enfoque bastante limitado, lo sabemos, y la propia cultura denuncia ese hecho, pero sigue sucediendo.
 
En contraste, otros conceptos, como el tiempo libre, el ocio o el descanso, son valorados de manera negativa. Puedes tener tiempo libre, por supuesto, pero parece que necesariamente hay que llenarlo con algo productivo. Y claro que puedes trasgredir esta construcción, pero al hacerlo puedes tener la sensación de estar dejando de ser competitivo, de estar dejando escapar oportunidades que otros aprovecharán.
¿Puedes identificar alguna de esas ideas? A veces están tan interiorizadas que no nos damos cuenta de que las tenemos, pero están presentes en la publicidad, en las conversaciones cotidianas, en las personas que admiramos y vemos como ejemplo, y en la cultura en general.

Si no es hacer ganancias, es crecimiento personal
Tal vez no nos presionemos por ser productivos desde el punto de vista financiero, pero sí desde la idea del crecimiento personal. Está bien, no tenemos que estar generando dinero todo el tiempo, pero sí tenemos que invertir nuestra energía en actividades que produzcan un supuesto desarrollo propio. Eso suena muy bien, pero veamos cómo agrega presiones inadecuadas.
 
Vemos como aceptable dedicar el tiempo libre a pasatiempos que de alguna manera producen un valor, aunque sea intangible. Hacer ejercicio, por ejemplo, es visto como algo bueno, pero solo si produce resultados visibles. Si la actividad física no se traduce en un cuerpo más atlético y se practica solo por diversión, entonces no sirve. “¿Para qué sigues yendo al gimnasio si no está funcionando?”. Hacerlo solo por gusto no es válido.
Con la lectura pasa algo similar. Cuando una persona lee habitualmente se considera como algo positivo, pero luego entra en juego el tipo de lectura. Las novelas de ficción o la poesía no siempre son vistas como temáticas productivas, porque no generan un valor que sea fácil de medir. En lugar de eso, muchas veces se prefieren libros con temática de autoayuda, porque se tiene la idea de que transmiten un mensaje que es “útil” para el crecimiento personal.

Leer algo solo porque es divertido, relajante o emocionante a veces se interpreta como una pérdida de tiempo, irónicamente ignorando los beneficios que la literatura de ficción puede traer a nivel social y emocional.
 
Queremos medirlo todo, y mostrarlo todo
¿Ves cuál es el problema? Nuestra cultura asfixia por su obsesión por mostrar resultados, por demostrar que lo que hacemos con nuestra vida tiene un efecto medible, incluso presumible.
 
Si tenemos tiempo libre debemos invertirlo en algo, no importa mucho en qué con tal de que podamos mostrárselo a otros. Puede ser generar dinero, eso es fácil de presumir. Pero también puede ser en parecer más cultos, o en vernos atléticos, o en tener una familia que se vea feliz, o en tener una casa muy limpia…
 
La lista es muy diversa. Y todas esas cosas están bien; si las quieres, ve a por ellas sin dudarlo. El problema es pensar que la alternativa está mal, y en buscar ser productivo solo por cumplir una expectativa social.

Si haces actividad física, lo mejor es que sea una que te guste; si lees, sea lo que sea que leas, es bueno que lo disfrutes; si inicias un negocio, te irá mejor si además de en el dinero piensas en poner tu corazón en ello.

Y si no quieres hacer nada de eso, también está bien. El descanso es muy productivo en realidad: te trae bienestar, ayuda a tu cuerpo a funcionar correctamente y mejora tu humor. Claro, a esas cosas no le puedes tomar fotos para las redes sociales, ni puedes pavonearte delante de tus compañeros de trabajo. Pero esas cosas son tuyas, son para ti, y eso las hace perfectamente válidas.
 
Descansar mejora la salud física y mental.

Eliminar la culpa
Recuerda que la culpa viene cuando sentimos que hemos transgredido una norma o violado un principio. Para poder descansar sin culpa necesitamos entender que está bien no ser productivo todo el tiempo.
 
Reconocer que invertir tiempo en nosotros mismos es bueno y necesario, y que no tenemos que cumplir con expectativas ajenas; si tenemos algún deber, es buscar nuestro bienestar y el de nuestros semejantes.

jueves, 4 de agosto de 2022

¿Cómo distinguir entre la anorexia nerviosa y otros TCA?

 

AVANCE PSICÓLOGOS          |        12/07/2022
Revisado por los profesionales de Psicología y Mente
 
Así es como se distingue entre anorexia, bulimia y trastorno por atracón. 

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son alteraciones de tipo psicológico que afectan a la relación normal del individuo con la ingesta de alimentos diaria, a la percepción del propio cuerpo o a sus hábitos alimenticios. Además, están entre las psicopatologías más severas y con mayor capacidad para dañar la calidad de vida del individuo.
 
Los TCA más comunes son la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón, y debido a algunas similitudes existentes entre ellos, muchas personas no tienen del todo claro las diferencias esenciales entre todos ellos. Por eso, aquí podrás encontrar un resumen acerca de cómo distinguir la anorexia nerviosa, el TCA más “famoso” y peligroso, y el resto de TCA. Pero antes, veamos en qué consiste la anorexia nerviosa.
 
¿Qué es la anorexia nerviosa?
 
La anorexia nerviosa es uno de los Trastornos de la Conducta Alimentaria más nocivos que existen y tiene como característica esencial una disminución de peso drástica por parte de la persona que la padece, y en consecuencia, por un peso corporal alarmantemente bajo vinculado a la desnutrición.
 
Las personas que presentan anorexia nerviosa tienen una percepción distorsionada tanto de su peso como de su cuerpo y desarrollan una obsesión absoluta para controlar en todo momento su ingesta calórica, por miedo a engordar y aumentar de peso.
 
La vertiente psicológica y de angustia emocional que genera la anorexia nerviosa es otro de los pilares fundamentales de esta enfermedad, ya que la persona que la padece sufre constantemente por el miedo a engordar y por la visión distorsionada que tiene de su apariencia física.
 
Con el objetivo de no engordar, las personas con anorexia nerviosa suelen poner en práctica todo tipo de estrategias insanas que puedan afectar notablemente a su salud, entre las que podemos destacar el uso de laxantes, suplementos dietéticos, diuréticos o un ejercicio físico obsesivo.
 
Además de eso, también es habitual la práctica continuada del vómito tras una comida ocasionada por la presión social por no dejar nada en el plato (es decir, como algo planificado), y la obsesión por el consumo de calorías ingeridas, llegando incluso a contar en todo momento y de manera pormenorizada las calorías que contiene cada alimento que consumen.
 
Los síntomas físicos de la anorexia nerviosa se relacionan con el estado de inanición que acaban presentando las personas que tienen esta enfermedad y los más habituales son: el aspecto extremadamente delgado, la fatiga, los mareos o desmayos frecuentes, la presión arterial baja, el estreñimiento y la pérdida de menstruación en las mujeres.
 
Por el contrario, los principales síntomas emocionales que presentan las personas con anorexia nerviosa son: la irritabilidad, la ansiedad, el estrés, la depresión, la baja autoestima, la angustia, la dificultad para dormir y el malestar a la hora de comer.
 
Las claves para distinguir entre la anorexia nerviosa y el resto de principales TCA
 
Los TCA prevalecen especialmente entre la población más joven, particularmente entre mujeres jóvenes o en edad adolescente, y ejercen un efecto verdaderamente devastador tanto en su salud psicológica como física. Por eso, es importante saber reconocer sus síntomas y buscar ayuda profesional cuanto antes al identificarlos, para obtener un diagnóstico y empezar un tratamiento.
 
Con el objetivo de conocer a fondo las principales características de los principales TCA que existen, a continuación haremos un repaso por las claves para distinguir entre la anorexia nerviosa, por un lado, y la bulimia y el trastorno por atracón, por el otro.
 
Bulimia
 
La bulimia es un TCA caracterizado por períodos de ingesta compulsiva, a los que siguen momentos en los que la persona siente culpabilidad, malestar y angustia por toda la comida ingerida, y por períodos de vómito autoinducido en último lugar u otras formas de purga para intentar “compensar” la sobreingesta, como por ejemplo tomar diuréticos o hacer mucho ejercicio.
 
La principal diferencia entre la bulimia y la anorexia nerviosa es la presencia de atracones de comida, que preceden al uso de estrategias de compensación como el vómito o el uso indebido de diuréticos, laxantes o bien de ayuno diario.
 
Además de eso, por lo general las personas que presentan casos de bulimia no tienen una percepción tan distorsionada de su propio cuerpo ni de su peso, y su característica más definitoria son los cambios bruscos y continuados de su volumen corporal. Además, se suelen producir daños en tejidos como el tracto digestivo superior, los dientes o los dedos a causa de los vómitos autoinducidos. Por otro lado, la bulimia nerviosa se asocia más a la malnutrición que a la desnutrición, a diferencia de la anorexia nerviosa.
 
Trastorno por atracón
 
El trastorno por atracón es uno de los TCA menos conocidos, motivo por el cual puede ser confundido con cualquiera de los dos TCA mencionados anteriormente.
 
Tal y como indica su propio nombre, el trastorno por atracón se caracteriza por episodios de ingesta compulsiva de alimentos o atracones en breves períodos que tienen una gran afectación en la persona a nivel emocional.
 
Estos atracones frecuentes les generan un gran malestar psicológico principalmente por las consecuencias que esto tendrá en su apariencia física y les provoca también angustia, asco y vergüenza, motivo por el que suelen realizarlos a escondidas.
 
La principal diferencia con la bulimia y la anorexia es que posteriormente a los atracones, las personas con un trastorno por atracón no se inducen el vómito ni adoptan otra estrategia compensatoria, y no tienen tampoco una percepción muy distorsionada de su imagen física y peso corporal.